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6. Algunas consideraciones
en torno al concepto de
democracia delegativa
.C
María Paula Bertino
DD
Introducción
En este capítulo se analiza el concepto de democracia delegativa.
Como todo concepto de las ciencias sociales, las democracias de-
legativas –en adelante DD– surgieron en función de la necesidad
de caracterizar a los regímenes políticos postransicionales de la
LA
década de 1980 en América Latina.
Las democracias surgidas en aquellos años no se correspondían
con los modelos teóricos existentes. Tampoco con los ejemplos
prácticos de democracias que habían existido en años anteriores.
FI
Los expertos observaban que no se ajustaban a las tipologías pre-
vias, por lo cual tuvieron que recurrir a un nuevo concepto.
En este capítulo, en primer lugar, explicaremos el contexto de su
surgimiento relacionándolo con el período postransicional. En se-
!
gundo lugar, haremos un acercamiento a la definición planteada
por el politólogo Guillermo O’Donnell para profundizarla en el
tercer apartado.
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70 Fernando Pedrosa, Florencia Deich, Cecilia Noce (compiladores)
Surgimiento de las democracias delegativas
A lo largo de su historia contemporánea, América Latina ha sufrido
una serie recurrente de crisis, y estas no han sido solo políticas. De
hecho, fueron, ante todo, económicas y sociales. Durante el siglo
OM
XX, esas crisis se intentaron resolver a partir de la imposición de
regímenes no democráticos, generalmente derivados de golpes mi-
litares. Pero, a partir de la ola democratizadora que se inició en la
década de 1980, las respuestas no democráticas a las crisis dejaron
de ser una opción viable (Romero, 2017). La democracia se cons-
tituyó como el régimen privilegiado en el escenario internacional.
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En adelante, con algunas muy pocas excepciones, la alternativa no
democrática fue descartada y los golpes de Estado desaparecieron
del mapa político de América Latina. A pesar de esto, las transicio-
DD
nes democráticas no fueron procesos tranquilos; por el contrario,
no estuvieron exentas de crisis económicas o de representación
(véase el Capítulo 10 de N. Simone).
La combinación del retorno de la democracia y crisis económica
LA
significaba que un país pasaba de una dictadura a una democracia
en medio de la ilusión generalizada. Se recuperaba la libertad y la
democracia y, a la vez, estas sucedían con crisis económicas muy
fuertes que esos gobiernos no podían resolver.
En muchas ocasiones, las crisis no fueron pasajeras y fueron perci-
FI
bidas por la ciudadanía como situaciones límite. Según O’Donnell,
estas coyunturas produjeron un miedo y una tensión social tal que
se esperaba que la crisis “se solucionara de alguna manera”, como
!
fuera (O’Donnell, 1991: 9). Como esperando un milagro allí donde
los gobiernos y los políticos se veían impotentes.
Los contextos de gran temor y frustración predisponen a la ciu-
dadanía para el surgimiento de democracias delegativas.
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Herramientas para el análisis de la sociedad y el Estado 71
De modo que una crisis económica y social de gran magnitud pue-
de predisponer a los ciudadanos para apoyar a quien otorgue una
promesa de solución, sin preguntarse si esas promesas pueden ser
o no efectivamente cumplidas.
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Las democracias delegativas: una primera mirada
Así como existen distintos tipos de Estado, también existen dis-
tintos tipos de democracias (véase el Capítulo 4 de M. Povse y el
Capítulo 5 de M. Battle). La democracia moderna no se asemeja
en su forma actual a la que existía en épocas de la Grecia clásica.
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Las democracias representativas se consolidaron a mediados del
siglo XX en Europa continental. Las democracias representativas
son aquellos regímenes políticos en donde los ciudadanos, median-
DD
te el voto, eligen a sus representantes. La ciudadanía tiene posibi-
lidad de controlarlos y las instituciones democráticas permiten una
convivencia entre oficialismo y oposición.
Es de esperar que los representantes se encuentren observados por
LA
los representados, por ende, respondan a sus demandas. En este
sentido, las DD surgen en contraste con las democracias represen-
tativas.
Las DD aparecen como algo distinto a las democracias representa-
tivas, aunque presenten algunas similitudes. O’Donnell, el primer
FI
autor preocupado por definir estos regímenes, plantea que las DD
“tienen muchas similitudes con otras especies (de democracias) ya
reconocidas” (O’Donnell, 1991: 9). Sin embargo, es necesario di-
!
ferenciar estos casos de las democracias representativas definidas
en el párrafo anterior.
La preocupación de O’Donnell tenía que ver con el hecho de que
estos regímenes, sin dejar de cumplir algunos requisitos mínimos
establecidos por Dahl (1989), se sostienen en la existencia de
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72 Fernando Pedrosa, Florencia Deich, Cecilia Noce (compiladores)
elecciones, pero no en las acciones posteriores (véase el Capítulo 4
de M. Povse y el Capítulo 5 de M. Battle ).
Esto implica que el candidato ganador no tiene que legitimarse,
una vez ganada la elección, con un gobierno respetuoso de la ley
y de las promesas hechas a sus electores. A la inversa, una vez en
OM
el cargo, ya no existe mucho espacio para cuestionarlo y puede
hacer lo que quiera. ¿Qué significa esto último en la práctica? En
las DD las elecciones constituyen una suerte de firma de cheque
en blanco a una élite política que accede a espacios de toma de
decisiones.
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La condición delegativa de estas democracias implica que la
ciudadanía solo se limita a encomendar, confiar, otorgar, entre-
DD
gar, concretamente, delegar el poder soberano al que triunfa en
una elección.
Es sumamente importante tener en cuenta que las DD son demo-
cracias. Este tipo de regímenes no posee características autorita-
LA
rias típicas de los regímenes no democráticos.
La élite gobernante accede, como se acaba de señalar, mediante
mecanismos puramente democráticos. No hay vicios autoritarios y
se cumplen los requisitos mínimos de libertades políticas y civiles
FI
planteados por Dahl para la poliarquía.
Pero los canales de diálogo entre el gobierno y la ciudadanía se
abren solo durante las elecciones, para luego cerrarse hasta la si-
guiente elección. En las DD, no hay incorporación política de los
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sectores populares, excepto en lo discursivo. Apenas se firma un
cheque en blanco a los ganadores de la elección presidencial, y,
por el tiempo que esté constitucionalmente determinado, los votan-
tes esperan una salvación de la crisis de la mano de un líder que se
considera extraordinario e insustituible.
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Herramientas para el análisis de la sociedad y el Estado 73
Pero una vez que las elecciones se llevan adelante y un gobierno
es electo, queda poco espacio para que la ciudadanía participe del
control de la toma de decisiones. Debido al modo en el que las DD
funcionan, los ciudadanos se convierten en actores que circunstan-
cialmente intervienen en la entrega de este poder. Es decir, solo lo
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hacen el día de la emisión de su voto.
Y, aunque son fundamentales en el momento de llevar adelante
la elección, sus demandas pueden ser relegadas con posterioridad
a la elección, ya que el poder fue delegado en las autoridades y
ellas serán las que entiendan la mejor forma de gobernar (y no la
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ciudadanía).
Las autoridades electas en las DD actúan libremente para llevar
adelante el programa de gobierno que deseen, sin que se corres-
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ponda, necesariamente, con las plataformas que se presentaron en
la elección. De este modo, la ciudadanía solo podrá ejercer control
en el marco de las siguientes elecciones, cuando ya sea tarde para
cambiar o corregir las cosas.
LA
Las DD no son autoritarismos, ni democracias representativas,
ni populismos, sino un subtipo de democracia.
El gobierno es ejercido por los ganadores de la elección. Los obs-
FI
táculos que tienen son el tiempo, dado que las elecciones son pe-
riódicas y existe efectivamente la posibilidad de ser reemplazados
por otros partidos, y el desgaste que le ocasiona una oposición,
electa de forma popular. En definitiva, serán las relaciones entre
!
los poderes, y no las presiones de la ciudadanía, las que definan los
rumbos de las políticas que se prosigan desde el gobierno.
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74 Fernando Pedrosa, Florencia Deich, Cecilia Noce (compiladores)
Profundizando en el concepto
¿Cuáles son las características que permiten distinguir las
democracias delegativas de las democracias representativas?
O’Donnell plantea una serie de atributos que son propios de este
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subtipo de regímenes. El primero de ellos es el hecho de que las
DD son una forma de manejar y ejercer el poder político. De aquí
se desprende que la DD se distingue por la forma en la que se to-
man las decisiones.
Como se señaló previamente, su condición democrática es inne-
gable. Las DD son democráticas en la legitimidad de su origen,
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puesto que son gobiernos electos mediante elecciones libres, lim-
pias y competitivas. Además, existen libertades civiles y políticas.
Esto significa que en las DD, así como en las democracias repre-
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sentativas, los ciudadanos tienen la facultad de reunirse, agruparse
políticamente y competir por el voto popular.
Sin embargo, las decisiones en este tipo de regímenes no se toman
teniendo en cuenta la diversidad de opiniones en la ciudadanía, sino
LA
que tienen un alto contenido discrecional. Esto significa que solo
una persona o un grupo de personas toma las decisiones. Además,
estos no sienten la necesidad ni la obligación de consensuarlas,
ampliarlas o someterlas a la revisión de instituciones de control.
FI
La democracia delegativa se distingue de otros subtipos de ré-
gimen político por la forma en la que se toman las decisiones.
!
Las formas son muy importantes en un régimen democrático. En
democracias representativas, la toma de decisiones requiere del
acuerdo de los diferentes partidos políticos. El Congreso es enten-
dido como el espacio donde los partidos políticos ponen en dis-
cusión sus ideas, intentando llegar a acuerdos y tomar decisiones
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Herramientas para el análisis de la sociedad y el Estado 75
políticas conjuntas, considerando los diversos puntos de vista.
En cambio, en las DD esto no sucede. Principalmente porque en las
DD, el presidente tiene el derecho –y la obligación– de tomar las
decisiones que crea posibles para el país basándose en sus propias
ideas, métodos y acciones. No hace falta que consulte o atienda el
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reclamo de nadie (en esto las DD y los populismos contemporá-
neos tienen mucha relación, como puede leerse en el Capítulo 7 de
L. Petrino).
La idea central que legitima las DD es que existe una necesidad de
salir de la situación crítica de cualquier manera. Y la elección de un
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presidente fuerte, que no encuentre obstáculos, supone una salida
fácil. Así, se vota a alguien sin importar su pasado y sin conocer su
real capacidad más allá de su discurso. Es por esto que las DD se
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asocian a una lógica hiperpresidencialista.
En las DD se implementa, generalmente, un sistema de elección
mayoritario para sus presidentes, como la doble vuelta (balotaje).
En la segunda vuelta, un presidente obtendrá cifras superiores al
50%. Si se diera que el ganador de una elección presidencial se
LA
consagrara sin grandes diferencias de su competidor más cercano,
toda la estrategia de toma de decisiones se vería cuestionada.
Es que en las DD el presidente argumenta representar la voluntad
del pueblo y para eso necesita porcentajes muy altos de votación
FI
que legitimen su vocación mayoritaria.
En las DD, los liderazgos son carismáticos y se concentran en
ellos todo el saber y la toma de decisión sobre cómo salir de la
!
crisis.
Otro atributo de las DD es que se estimula la aparición de dico-
tomías del tipo “patria-antipatria” o “nación-antinación”. Se tra-
ta de una suerte de polarización social entre quienes apoyan las
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76 Fernando Pedrosa, Florencia Deich, Cecilia Noce (compiladores)
decisiones presidenciales y quienes no lo hacen (y son por ello
antipatrióticos).
En las DD, quien ocupa la presidencia por el período constitucio-
nalmente establecido afirma que no representa a un partido, sino a
la nación en su conjunto. Esta idea de suma de la totalidad de las
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voluntades hace que la disidencia, por lo menos en términos de
discurso, sea negativa.
El uso persistente de un “lenguaje de crisis” (por ejemplo, en la
Argentina hacer siempre referencia comparativa con la crisis del
2001) y el recurso de invocar constantemente los miedos desatados
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por las crisis son parte de la estrategia de sostén de este régimen
(Ippolitto-O’Donnell, 2009).
En las situaciones de crisis donde la fragmentación social y política
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así como el descrédito de los partidos políticos instalan la creencia
de que solo la superación de las diferencias puede llevar adelante un
plan, un proyecto salvador, es decir, donde la sociedad se considera
una sola, homogénea y con un solo interés; en ese marco, la disiden-
cia puede ser vista casi como sinónimo de traición a la patria.
LA
En las DD, no estar de acuerdo con la decisión presidencial es no
estar de acuerdo con la Nación. Quien se convierta en presidente,
se convertirá en la imagen del Estado, encarnará a la Nación y por
ello, la ciudadanía o los poderes que deseen contradecirlo deberán
FI
tener en claro que lo que contradicen es a la Nación.
En las DD, el presidente es la encarnación del país y del interés
general; contradecirlo es contradecir a la Nación.
!
Otra característica de las DD es la negación de las instituciones de-
mocráticas. En las DD, las decisiones presidenciales son las “me-
jores” (y únicas) para el país. Por eso, los obstáculos a ese tipo de
decisiones son considerados dañinos. La justicia, el parlamento,
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Herramientas para el análisis de la sociedad y el Estado 77
los opositores, todos ellos son obstáculos que no deben ser respe-
tados si contradicen al presidente.
En una democracia representativa, las instituciones democráticas
como el Congreso o el Poder Judicial son espacios para la revisión
de las decisiones del Poder Ejecutivo. En una democracia delegati-
OM
va, estas mismas instituciones son espacios de dilación de la toma
de decisiones, o bien de cuestionamiento al régimen. Y por ello,
el presidente afirma que deben ser dejados de lado ya que él es el
único representante del país y del pueblo.
Si el Congreso o el Poder Judicial no acuerdan con lo decidido por
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el Poder Ejecutivo, no están fortaleciendo el régimen, como se cree
en las democracias representativas. Por el contrario, están ejer-
ciendo una fuerte crítica a la democracia. No solo las instituciones
DD
políticas son obstáculos; muchas veces los grupos económicos y
la prensa resultan obstáculos para el ejercicio de la democracia
delegativa.
Esto impacta sobre la forma en la cual se toman decisiones (solo el
grupo oficialista toma las decisiones) y el tipo de políticas públicas
LA
que se ponen en marcha.
Por lo general, al no mediar instituciones como el Congreso o el
Poder Judicial, las políticas públicas son diseñadas e implementa-
das de forma abrupta, cambiante y sin consulta. Además, pueden
FI
ser fuertemente cuestionadas y cuestionables, tanto en su pertinen-
cia como en su efectividad. Y, sin duda, pueden no contar con el
aval de instituciones como el Congreso, los partidos políticos o los
grupos afectados por dicha política.
!
En las DD, la única institución legítima es la presidencia; el
resto de las instituciones debe obedecer o aparatarse de las de-
cisiones del Estado.
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78 Fernando Pedrosa, Florencia Deich, Cecilia Noce (compiladores)
Las DD se caracterizan por su condición movimientista. ¿Qué sig-
nifica esto? Significa que se apoyan en movimientos sociales, no
en partidos políticos. Esto les permite ampliar la cantidad de indi-
viduos que apoyan al candidato ya que los partidos son un compo-
nente más del movimiento.
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Los movimientos, en vez de los partidos políticos, permiten una
mejor integración de las diferencias entre sus componentes. Los
partidos políticos son considerados obstáculos para la toma de de-
cisiones porque, en general, solo integran a personas que coinciden
entre ellas y rechazan a quienes piensan distinto.
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El presidente en las DD se sostiene en movimientos amplios y he-
terogéneos más allá del partido o movimiento que lo llevó al po-
der. El gobierno de la DD se propone como representante de todos
DD
y pretende superar las facciones construyendo un movimiento en
torno a sí mismo antes que un partido.
Auge y decadencia de las DD
LA
En tanto, las DD surgen como la respuesta a una crisis –económi-
ca, social o ambas-, una vez superada la crisis, el auge del modelo
delegativo comienza a caer. La posibilidad de sostener este mo-
delo en el tiempo es poco probable, fundamentalmente, porque la
oposición –partidaria o no– puede encontrar ecos en los cuestiona-
FI
mientos al accionar unilateral de los presidentes.
Y al existir, como existen, elecciones libres, la ciudadanía puede
efectivamente votar por una alternancia. Más tarde o más tempra-
!
no en el tiempo, la ciudadanía exigirá una rendición de cuentas, ya
sea a través de sus representantes en el Congreso o en el marco de
una elección presidencial.
Las tensiones generadas por las prácticas de quien ejerce la presi-
dencia en las DD generan cansancio y un desgaste en la población
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Herramientas para el análisis de la sociedad y el Estado 79
que impactan en la desacreditación del liderazgo presidencial, que
es el sostén de la democracia delegativa.
Bibliografía
OM
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Romero, L. A. (2017): Breve historia contemporánea de la Argentina. 1916-
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México, Fondo de Cultura Económica.
LA
FI
!
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Capítulo 8
Auge y decadencia
del desarrollo económico
en la Argentina
Claudio Iglesias'
¿Por qué la Argentina, un país que se había transformado al cabo de los años
posteriores a su organización en una economía pujante y una democracia
liberal en expansión, se transformó al cabo de los años en una economía es-
tancada y un país sometido a recurrentes golpes militares y revueltas políti-
cas y sociales?
De esa manera podemos resumir, sin traicionar los detalles del desarrollo
del argumento, el interrogante que prologa el libro del sociólogo argentino
Carlos Waisman La inversión del desarrollo en la Argentina (2006).
Ahora bien, con la democracia recuperada en el año 1983, esa pregunta con la
que elegimos abrir este artículo podría parecer groseramente fuera de lugar.
Después de todo, entre aquellas elecciones de octubre de 1983, cuando los
argentinos votaron a un presidente en elecciones limpias, y nuestros días,
tuvieron lugar otras nueve elecciones presidenciales. En ellas, se eligieron
a siete personas diferentes para ocupar la primera magistratura y, además,
Capture Entire Screen — lo enclencia Política por la Facultad de Ciencias Soclales de la
amTIronze w s e ruy MAQÍSter en Economía de Goblemo por la Universidad Torcuato
y como consultor del Banco Mundial. Es profesor de Macroeconomía (Facultad de Ciencias
Socisles/ usA, CPEVUTDT), de Finanzas Públicas (Universidad de Belgrano) y de Métodos Cuantt-
…m……&…
Escaneado con CamScanner
tuvieron lugar cinco rotaciones pacíficas del signo político del personal en la
cima del gobierno nacional (1989, 1999, 2003, 2015, 2019).
Al mismo tiempo, debajo de esa explícita discontinuidad entre el ciclo abierto
en 1983 y el pasado de alternancia entre civiles y militares (o entre peronistas
y antiperonistas, visto desde otro punto de vista), aparecen varios hilos de
continuidad con el pasado de estancamiento y corporativismo señalado en
el trabajo de Waisman que necesitan ser adecuadamente registrados, en la
medida en que ellos exhiben legados impuestos a la nueva democracia.
Por un lado, existe un sindicalismo -de inspiración estatal y controlado
monopólicamente por una fuerza política- poco propenso al pluralismo de
orientaciones; por otro, gobiernos subnacionales en los que la democracia
liberal y la división de poderes no es más que una aspiración y, además, cierta
tendencia recurrente a la politización de diferentes estratos de una burocra-
cia pública que reemplaza al reclutamiento profesional.
En el contexto de esa organización social legada por el pasado, este trabajo
busca examinar aspectos que son especialmente pertinentes para dar cuenta
de la sensación de frustración y desencanto que manifiestan variados estratos
de la ciudadanía sin distinción de orientaciones o afiliaciones político-ideoló-
gicas: la sensación de que, en varios aspectos relacionados con el desarrollo
económico y los niveles de vida, la Argentina no avanza en ninguna direc-
ción. Esa sensación de malestar a la que un tanto exageradamente se suele
llamar la “antipolitica.”
Visto desde la perspectiva de la sociedad civil, tres cuestiones parecieran or-
denar y dotar de un cierto sentido la problemática que buscamos delimitar,
es decir, los problemas del crecimiento y los niveles de vida a largo plazo.
Esas cuestiones son la mejora del ingreso por habitante, el desempleo y la
distribución del ingreso. Que sean temas muy importantes para la sociedad
no implica que estén presentes en el debate público porvariadas razones que
trataré de reseñar, si no en profundidad, al menos en sus contornos.
Como el lector interesado en las contingencias del debate público puede lle-
gar a imaginar, esos temas suelen ser habitualmente desplazados por otros
que ocupan mucho más espacio en la agenda de los medios y la discusión
política. Por ejemplo, en un segmento bien delimitado de la opinión pública
se prefiere hacer énfasis en aspectos financieros de los problemas macroeco-
nómicos, la cuestión del déficit fiscal y la consecuencia del financiamiento
monetario del sector público antes que en los aspectos más estructurales que
aquí se enfatizan.
Otros, más enfocados en una visión algo estereotipada y, hasta cierto punto,
anacrónica del sistema de poder mundial, hacen énfasis en la relación que
existe entre el desarrollo y la economía mundial, a la que se caracteriza con
referencias a ideas como la soberanía nacional, el neoliberalismo, etcétera.
120 DEBATES CONTEMPORÁNEOS
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Sin entrar en polémicas con esos enfoques, quiero defender la idea de que la
sociedad prioriza aspectos mucho más relacionados con temas como el nivel
de vida que con las discusiones más ideológicas o conceptuales que acabo de
señalar. De hecho, rara vez elige votar por motivaciones muy distintas, inde-
pendientemente de cómo justifique esas elecciones personales.
La pregunta que cabe formularse es, en cualquier caso, una diferente, ¿Por qué
razón los gobiernos, los grupos políticos que compiten por las posiciones de
poder y los representantes del pueblo dedican poco espacio en sus agendas a
los temas del crecimiento, el desempleo o la distribución del ingreso y eligen
esas formulaciones, por así llamarlas, más ideológicamente articuladas?
Una conjetura preferida es que rara vez la política se desenvuelve en una are-
na dotada de eficacia para incidir en esos temas. En cambio, esas cuestiones
suelen ser impactadas por eventos más bien inhabituales en el proceso eco-
nómico, cambios y discontinuidades en la orientación a largo plazo dispara-
dos por reestructuraciones de gran alcance. El resto del tiempo, la politica se
contenta solo con administrar la coyuntura.
Algunos ejemplos de esos cambios pueden ilustrar este argumento: la organi-
zación de un espacio económico nacional entre fines del siglo XIX y comienzos
del xx bajo la inspiración de las presidencias fundadoras y, de modo especial,
por las presidencias del general Roca; más acá en el tiempo, las reformas eco-
nómicas del período 1940-1970 que van desde el ascenso del peronismo hasta
los gobiernos que lo sucedieron en la gestión del proceso social y político y que
llevaron a un mayor intervencionismo estatal en la economía; por último, y en
un sentido completamente opuesto, la privatizacién de empresas públicas y la
desregulación que siguió a la democratización de fines del siglo xx.
¿Cuáles son los factores que inciden más vigorosamente sobre la mejora del
nivel de vida a largo plazo de una sociedad, asumido genéricamente como el
ingreso promedio de sus habitantes? Si una sociedad desea mejorar el consu-
mo de bienes y servicios de que disfruta el ciudadano promedio debe ocurrir
alguna de las siguientes cosas: (1) debe tener lugar un aumento de la propor-
ción de personas que producen aquellos bienes y servicios que la sociedad
desea consumir, (2) debe destinar una mayor proporción de recursos de la
economía a producir bienes de consumo en lugar de destinarlos a producir
bienes de capital (estos son bienes que serán utilizados para producir bienes
en
el futuro) o, (3) debe tener lugar un amento
en la capacidad productiva de
la sociedad para producir esos bienes y servicios (un aumento
de la produc-
tividad global).
Si repasamos, aunque sea superficialmente esa lista, vemos que la opción (2)
1o parece ser una opción razonable: disfrutar de un mayor nivel de consumo
actual al precio de apartar una menor proporción de recursos (bienes de ca-
pital) para producir bienes futuros no parece una opción atractiva. Invertir
CAPÍTULO B. AUGE Y DECADENCIA DEL DESARROLLO ECONÓMICO
EN LA ARGENTINA 121
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menos no parece que nos conduzca a otra cosa que a unos menores niveles
de formación de capital y, por lo tanto, a una menor tasa de crecimiento de
la capacidad de producir bienes que deseamos consumir en el futuro, Que no
sea una opción razonable no quiere decir que sea una que nuestra sociedad
haya descartado.
Descartada normativamente la opción de sacrificar el consumo futuro a cam-
bio de un mayor consumo presente, podríamos pensar que una opción se-
ría hacer que muchas más personas participen activamente en el proceso de
producción de bienes y servicios. En la Argentina la cantidad de personas
que están laboralmente involucradas ha estado estancada o, incluso, ha ex-
perimentado una declinación pronunciada durante los años recientes. Las
contingencias de la prolongada recesión que la economía ha experimentado
desde 2011 se han visto adicionalmente acentuadas por las disposiciones del
gobierno para hacer frente a una pandemia global de un virus oportunamen-
te poco conocido. De ese modo, la proporción de personas ocupadas descen-
dióa un mínimo de 33,4 % y la tasa de actividad (la población económicamen-
te activa como proporción de población total) a 38,4 % en el último trimestre
de 2020.
Naturalmente, parece razonable esperar que la recuperación de la actividad
económica traiga aparejada la recuperación de la fortaleza de los mercados
de trabajo y, de esa manera, la tasa de ocupación podría volver a situarse en
las vecindades del 41 o 42 % en las que ha oscilado regularmente desde, apro-
ximadamente 2011 hasta la fecha (de hecho, en el cuarto trimestre de 2021, la
tasa de empleo del conjunto del país logró recuperarse y alcanzó el 43,6 %).
Aun así, no parece plausible que el aumento de la producción de bienes y
servicios por habitante y, por lo tanto, el aumento de los niveles de vida de
la sociedad a largo plazo pueda relacionarse solamente con el aumento del
tamaño de la población ocupada que, en cierto sentido, no puede crecer in-
definidamente, más allá de ciertos límites estructurales (ancianos, niños, es-
tudiantes, etc.).
En verdad, el único factor que podría explicar el aumento de la renta por
habitante y los niveles de vida en el largo plazo es el aumento de la producti-
vidad media del trabajo o, lo que es la misma cosa, el aumento de la producti-
vidad de la economía a secas. Es decir, un aumento sostenido de la capacidad
para producir un determinado volumen de bienes y servicios por parte de
cada trabajador.
Antes de ocuparnos de esos temas del crecimiento a largo plazo, echemos
una mirada a un momento crítico de este proceso económico que estamos
tratando de resumir en estas lineas. Se trata, en varios aspectos, de un punto
de inflexión en un modo paradigmático de funcionamiento de la economía,
de una coyuntura que ha sido invocada en el ámbito de las orientaciones
122 DEBATES CONTEMPORÁNEOS
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políticas existentes en la Argentina, pero raramente examinada en los tér-
minos propuestos,
*
El 25 de marzo de 1976, exactamente un día después del golpe de Estado que
terminó abruptamente con el gobierno de Marfa Estela Martínez de Perón,
podía leerse en un artículo publicado en el New York Times,? que llevaba por
título “Argentina at Glance” (“Argentina de un vistazo”) lo siguiente:
ESTADÍSTICAS VITALES. Argentina, con una superficie de 1.070.000 millas
cuadradas, es aproximadamente un tercio del tamaño de los Estados Unidos.
Ocupa la porción más importante de Sudamérica al sur del trópico de Capri-
cornio. Limita al este con el océano Atlántico, al oeste con Chile y al norte
con Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay.
POBLACIÓN. De aproximadamente 25 millones de habitantes, se estima que
el 85 % son blancos. Los otros son primariamente indios y mestizos, o per-
sonas de herencia mixta. Casi el 90 % de su población es católica apostólica
romana. Buenos Aires, con una población de alrededor de tres millones, es la
capital. La fuerza de trabajo del país está estimada en 9,5 millones.
HISTORIA. Isabel Martínez de Perón asumió la presidencia de la Nación en
julio de 1974, cuando su esposo, el general Juan Domingo Perón, falleció. La
pareja había sido elegida presidente y vicepresidenta en septiembre de 1973
después del regreso del general Perón a la Argentina al cabo de 18 años de
exilio en España. Presidente entre 1946 y 1955, continuó ejerciendo influen-
cia en la política argentina subsiguiente.
Antes de la elección del general Perón en 1973, el país pasó casi siete años
bajo gobiernos militares. En junio de 1966 un golpe militar derrocó a la ad-
ministración civil. En marzo de 1973 se llevaron a cabo elecciones y el Dr.
Héctor J. Cámpora, candidato justicialista, fue elegido presidente. Renunció
bajo presión en julio de 1973 para dar paso a la elección del general Perón.
ECONOMÍA. La economía de Argentina está basada principalmente en la
agricultura, con la ganadería, la lana y los granos como principales produc-
tos. En los últimos años, la inflación ha sido el principal problema, ya que el
costo de vida aumentó solo'en 1975 un 335 %. Ante el aumento de las huelgas,
el ausentismo y el aumento de los costos, los fabricantes recortaron la pro-
duccién y muchos hogares argentinos experimentaron escasez.
2 Versión original [Link] 976/03/25/archives/[Link]
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CAPÍTULO 8. AUGE Y DECADENCIA DEL DESARROLLO ECONÓMICO EN LA ARGENTINA
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Hay en ese breve texto de la reseña del New York Times varios elementos
dignos de ser comentados tanto desde el punto de vista del analista político
como desde el punto de vista la economía. Analizaremos los temas propios
de la economía. «
Si el editor del New York Times nos pidiera completar esa reseña del texto,
pero limitando nuestras apreciaciones a los temas propios de la economía
argentina, y con el punto de vista aventajado que nos confiere el paso del
tiempo, podríamos agregar algo como el texto que sigue:
La Argentina alcanzó durante 1975 una producción por habitante, en dólares
constantes de 2011, de $12.946. La tasa de desocupación -las personas que
buscan un trabajo sin encontrarlo- es de apenas un 3,3 % de la población
activa. Y la pobreza se encuentra apenas por encima del 8 % registradoen
el año 1974,
Visto desde nuestra perspectiva actual (una tasa de desempleo del 7,1 %, es
decir, mayor a la de 1975, un nivel de pobreza que quintuplica al que entonces
existía, para citar solo algunos hechos) no parece que 1975 haya sido un año
tan malo como se desprendería de la crónica periodística comentada.
Pero la crónica del New York Times nos dice que la economía pasaba por algu-
nos problemas, puntualmente un aumento del costo de vida y, asociado a ello,
la escasez de bienes en los hogares. Es decir, no teníamos los problemas que
tenemos ahora de pobreza y desempleo, pero ya teníamos otros problemas
en los que todavía seguimos atrapados a pesar de la experiencia acumulada.
¿Qué pasó con esas dos variables, la inflación y el crecimiento económico,
entre aquel año y el 2015? Son 40 años de historia que encierran algunas de
las claves de los problemas actuales. En la tabla siguiente se puede observar
la tasa de crecimiento anual promedio del producto interior bruto (PIB), me-
dido en términos reales. También la variación anual del índice de precios al
consumidor (1PC), es decir, la inflación promedio de las décadas examinadas.
Varlación % anual 1975-1985 | 1985-1995 | 1995-2005 | 2005-2015
(a)
pBI real (1) -0,08 26 22 32
IPc (2) 193,30 1739 54 56
Fuente: elaboración propia sobre la base de (1) Angus Maddison, Historical Statis-
tics, Groningen Growth and Development Centre (March 2020 release) y (2) INDEC.
Las cifras oficiales de variación del nivel de precios del período 2007-2015
(a) han
sido objetadas en varlas oportunidades, por subestimar
la verdadera inflación del
perfodo y por sobreestimar la tasa del crecimiento real de la producción.
La primera década, 1975-1985, incluye el último tramo del gobierno del gene-
ral Perón y la viuda de Perón, los gobiernos militares y los dos primeros años
124 DEBATES CONTEMPORÁNEOS
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del gobierno de la democracia recuperada en 1983. De manera incontrasta-
ble, durante esos años la actividad económica literalmente estuvo estancada
(no creció o el crecimiento fue negativo), mientras la inflación se mantuvo
elevada.
En la primera década posterior al regreso de la democracia, la tasa de creci-
miento de la producción volvió a ser positiva (aunque con grandes oscilacio-
nes interanuales), pero la inflación seguía siendo tan alta como había sido
durante los diez años precedentes a pesar de los esfuerzos hechos en ese pe-
ríodo en el que se sucedieron una variedad de planes de estabilización. El
país ingresó en un proceso de hiperinflación en el año 1989.
En la segunda década posterior al regreso de la democracia, la tasa de in-
flación anual promedio experimentó un brusco descenso como respuesta al
Plan de Convertibilidad aplicado en 1991 por el gobierno justicialista de Car-
los Menem y su ministro de finanzas Domingo Cavallo, que consistió en limi-
tar la posibilidad de que el Banco Central financie el tesoro. El crecimiento
promedio fue positivo.
Finalmente, en el período 2005-2015 la tasa de crecimiento fue positiva y la
inflación anual se mantuvo en un dígito. Sin embargo, debe formularse una
observación sobre los datos consignados: existen severas objeciones acerca
de la fiabilidad de los datos de producción y del nivel de precios de ese perío-
do, sujetos a un variable grado de manipulación por parte de los funcionarios
oficiales.
El regreso de la asistencia del Banco Central al tesoro se tradujo en un au-
mento incesante del nivel de precios (algo que no termina de visualizarse de
los datos de la tabla debido a la comentada manipulación de las estadísticas
oficiales) que, junto con la detención del crecimiento en el año 2011, han em-
pujado la economía argentina a un período de alta inflación y bajo crecimien-
to del PBr.
Desde el 2011 la política económica argentina ha oscilado entre diferentes
orientaciones y entre diferentes grupos políticos, sin poder impedir el paula-
tino deterioro de los niveles de vida de la mayoría de los argentinos. Esto se
visualiza, especialmente, en la falta de dinamismo de la economía y en bajas
tasas de formación de capital y de generación de empleos. Junto con una ma-
yor inflación, eso ha generado un mayor nivel de pobreza.
Las preguntas relevantes, referidas a las causas del estancamiento de los ni-
veles de vida de los argentinos e, incluso, al retroceso estrepitoso observado
dura últimos 10 años, se dirigen en dos direcciones que remiten a pro-
losnte
blemáticas distintas.
Por un lado, a la inhabilidad de los gobiernos para bajar de manera perma-
te un problema relacionado con los err
la inflacién,
nen s
la elección
enore
ÓMIC
CAPÍTULO 8. AUGE Y DECADENCIA DEL DESARROLLO ECONEN O 125
LA ARGENTINA
Escaneado con CamScanner
de una adecuada orientación macroeconómica que se plantee explicitamente
desde el principio reducir la tasa de crecimiento de los precios en un período
de tiempo. Por otro, a las estrategias elegidas por el Estado para lograr una
tasa de crecimiento del nivel de vida de la sociedad que aminore el nivel de
pobreza, e impulse mayores niveles de integración social y económica de am-
plios sectores de la sociedad argentina.
*
“La influencia de los factores políticos, sociales y psicológicos sobre la evolu-
ción de la economía argentina llama la atención aun del economista que no
ha profundizado en el estudio de otras ciencias sociales,” dice Carlos Federico
Díaz Alejandro en sus Ensayos sobre la historia económica argentina (2002).
Y continúa:
los objetivos principales de los elementos políticamente más activos tanto
dentro de la Argentina como de los demás países latinoamericanos son un
crecimiento económico rápido y eficiente, una mayor autonomía política y
económica y una distribución más equitativa del ingreso, la riqueza y el po-
der político entre las familias y las regiones del país. Tales objetivos tienen
hondas raíces y, aunque en estos ensayos se examinan algunas de las cir-
cunstancias históricas que han influido en su prosecución, no se profundiza
en ellas. No se discute, por ejemplo, si el nacionalismo es 0 no recomenda-
ble; pero, como los móviles nacionalistas hán llevado con frecuencia a la
adopción de ciertas políticas económicas, hay que reconocer su presencia,
así como consignar las transacciones entre esa y otras metas. El fracaso en
alcanzar un consenso nacional en el orden de prioridad de los distintos obje-
tivos ha determinado las agitaciones políticas de que la Argentina ha sido víc-
tima desde 1930, Es tipico que [...] las políticas encaminadas a obtener cierto
objetivo obstaculicen conseguir otros. Por ejemplo, las políticas tendientes
a disminuir la concentración regional suelen frenar el crecimiento econó-
mico, que también puede resentirse por medidas destinadas a incrementar
la autonomía nacional, La ardua tarea de establecer un equilibrio racional
entre esos objetivos y de fijar políticas que permitan obtener con eficiencia la
deseada combinación de ellos no solo exige que el gobierno esté respaldado
por técnicos competentes, sino que cuente con el respeto y la confianza de la
mayoría de la población.
Lo que Díaz Alejandro señala en esas líneas es, por un lado, el signo de un dra-
ma histórico: la incapacidad de la elite para enhebrar los acuerdos esenciales
que permitirían dotar a los argentinos de un horizonte de desarrollo estable.
Por otro lado, ese fragmento dispara una sensación de perplejidad en el lector:
parec ser que la búsqueda de cualquier
iera a objetivos, denegando
de esos la
legitimidad al resto de ellos, no ha hecho más que empeorar la situación de los
126 DEBATES CONTEMPORÁNEOS
Escaneado con CamScanner
objetivos relegados (algo esperable) tanto como frustrar de manera notable el
logro del propio objetivo que supuestamente ha sido privilegiado.
Así, a modo de ejemplo, los esfuerzos por impulsar el crecimiento desesti-
mando otros aspectos, como ha sido el caso del proceso que tuvo lugar entre
1989 y 1999, terminó en un colapso en el que a la fragilidad externa de la
economía se le agregó una interrupción del crecimiento para dar lugar a una
larga recesión (1998-2002) que llevó el desempleo y la pobreza a niveles des-
conocidos en el pasado.
0, dando una vuelta de pdgina, el proceso de reanudación del crecimiento
impulsado con escasa preocupación por motivaciones de eficiencia económi-
ca entre 2002 y 2015, en nombre de la reparación de la inadecuada distribu-
ción del ingreso del período precedente, condujo luego de cierto éxito inicial
a un prolongado estancamiento económico que, iniciado en 2011, persiste
actualmente,
Los propios éxitos iniciales de este último proceso aparecen empañados por
un conjunto de distorsiones introducidas en la economía que llevaron a la
Argentina a su actual situación, en tantos aspectos parecida a la situación de
finales del proceso anterior, y tal vez agravada en aspectos relacionados con
la deficiencia de la inversión pública y de la educación y la bajísima calidad
de los bienes públicos.
Espero ofrecer algunas claves de interpretación un poco a contracorriente
de lo que creo que es moneda corriente: no asumo que nuestro fracaso eco-
nómico se deba esencialmente a la influencia de ideas o lineamientos econó-
micos que han sido destilados dentro del debate político nacional, es decir, a
los efectos del “neoliberalismo” en los años 90 o del “populismo” en los años
más recientes, sin entrar aquí en los detalles sobre definiciones de esas dos
etiquetas políticas.
En cambio, tiendo a creer que la Argentina ha tenido una extraña habilidad
para alinear un conjunto de eventos desafortunados sobre cuyos efectos eco-
nómicos de largo plazo espero llamar la atención. Es decir, para elegir ob-
jetivos e instrumentos de política que llevaban incorporados unos defectos
irreparables.
De acuerdo con todas las evidencias disponibles, la Argentina es hoy un país
menos prometedor de lo que era en los años 80 0 90. La vuelta de la democra-
cia, por un lado, con la vigencia de la Constitución y los derechos humanos
y, por otro, el acortamiento de la distancia que separa a la nuestra de otras
economías visualizadas como más exitosas, caracterizaron aquellos tiempos
promisorios,
La democracia inaugurada en 1983 se apoyaba en la premisa de que cualquier
argentino o grupo de argentinos tenía el mismo conjunto de derechos para
CAPÍTULO 8. AUGE Y DECADENCIA DEL DESARROLLO ECONÓMICO EN LA ARGENTINA 127
Escaneado con CamScanner
expresar sus ideas (cualesquiera fueran) en la esfera pública, coincidieran
ellas o no con las propias del grupo eventualmente en el gobierno, Así, duran-
te años, los argentinos pudieron discutir el papel del mercado y el Estado en
la economía, el rol del sistema político, las instituciones de la sociedad civíl,
las organizaciones intermedias -como las organizaciones empresarias o los
sindicatos-, los movimientos civiles, la Iglesia católica, etc. Sin embargo, de
manera reciente, se ha producido un deslizamiento en este terreno relacio-
nado con la idea de que ciertos grupos sociales o ideas merecen el patrocinio
del gobierno y otros pueden ser, a veces solapada, a veces abiertamente, es-
tigmatizados.
Naturalmente, la naturaleza de los grupos privilegiados y postergados cam-
bia en funcién de los ocupantes de la cima del gobierno. Pero el hecho incon-
trastable es que ese nuevo clima ha contribuido a desnaturalizar el espiritu
pluralista característico de la democracia recuperada en 1983 hasta tal punto
que ni siquiera parece que estemos hablando de una misma cultura cívica:
una cultura de la ciudadanía ha sido reemplazada por una cultura de la divi-
sión y del conflicto.
Este es un hecho importante en sí mismo, Pero lo es en mayor grado porque
invoca a una institución que tiene un pesado efecto sobre nuestras vidas: el
Estado. El Estado propio de una cultura cívica como la que imperaba en los
años 80 y 90 está inescindiblemente unido a la defensa, salvaguarday promo-
ción de los derechos y garantías de las personas, más que a la promoción, no
siempre desinteresada, de ciertos grupos sociales o políticos en detrimento
de otros. En otras palabras, en una democracia representativay en una cultu-
ra cívica el Estado es uno muy diferente de un Estado organizador principal
de una cultura de la división y el patrocinio de ciertos intereses en detrimen-
to de otros.
En segundo lugar, durante los años 90 (sobre todo durante la primera mitad
de los años 90) la Argentina hizo un esfuerzo por modernizar su estructura
económica de manera tal que esta pudiera acoplarse a la nueva dinámica de
la economía mundial. Un nuevo impulso a la economía, en cualquier caso,
implicaba dejar atrás prejuicios y sesgos heredados del modelo de desarrollo
que había conducido a un camino sin salida, en nombre de temas presenta-
dos como la representación de la nación: de nuevo, la cultura de la división.
Es bastante plausible que
el deterioro
del desempeño económico de la Argen-
tina a largo plazo haya llevado detrás de sí esa mutación de la cultura política
a la que hice referencia, tanto como la transformación estructural de la or-
ganización del sector público que tendencialmente ha perdido buena parte
de su impronta
tanto en términos de imparcialidad
respecto de los planes
de vida de las personas como de la calidad de los bienes públicos: a fin de
cuentas, un Estado más interesado en la división y la promoción de algunas
128 DEBATES CONTEMPORÁNEOS
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causas que en la defensa de la autonomía de los individuos es la consecuencia
inevitable de una economía donde la puja distributiva ha logrado desplazar
al desarrollo,
En su libro Auge y decadencia de las naciones, Mancur Olson ofrece un pro-
vocador argumento acerca de las razones que impulsan a algunos países al
crecimiento a largo plazo y la mejora sostenida de los niveles de vida y a otros
al estancamiento, la pobreza persistente y la decadencia a largo plazo, El ar-
gumento del libro de Olson puede resumirse en dos planteos sencillos.
1. Los países que prosperan son los enfocados en sus ventajas comparativas,
gobernados por coaliciones de interés público enfocadas en aumentar el in-
greso nacional apoyándose en el aumento de la productividad de la econo-
mia.
2. Los paises que no logran beneficiarse del progreso a largo plazo son los
que, gobernados por coaliciones, protegen sectores de la economía más o
menos arbitrariamente en lugar de aprovechar sus ventajas comparativas.
Aun cuando el argumento de Olson puede parecer polémico, se afirma a par-
tir de un punto en el cual sus hallazgos son mucho menos controversiales de
lo que podría parecer: es el aumento de la productividad de la economía, es
decir, su capacidad de producir bienes y servicios en relación con el tamaño
de su fuerza de trabajo, el factor decisivo para la mejora social a largo plazo.
Por muchos años la Argentina se las ingenió para desafiar esos principios de
la teoría económica sin pagar un precio exageradamente alto por esa trans-
gresión: el aumento de la presencia del Estado en la economía, primero, se
benefició de una mayor participación de la inversión extranjera durante la
totalidad de la década del 60: terminales automotrices, petroleras, mineras,
etc., protagonistas de esa fase de la industrialización sustitutiva que llama-
mos “desarrollismo.” La profundización del desarrollo industrial durante los
años 60 implicaba una profundización de los problemas que presentaba en el
pasado: la estrangulación del sector externo, el deterioro de los términos del
intercambio y la falta de financiamiento para un desarrollo industrial moder-
no. Al mismo tiempo, la Argentina era aún en varios aspectos un país agroex-
portador, como señalaba la reseña del New York Times, y tendía a penalizar a
ese sector mediante diversas medidas.
Por otro lado, el aspecto crítico del tipo de transformación económica que ha-
bía dado lugar a la industrialización sustitutiva era menos un cambio cualita-
tivo —el desplazamiento del sector tradicional primario por la industria había
ocurrido mucho tiempo antes- que el que supuso el aumento de la presencia
del sector estatal y de defensa, que habían casi duplicado en pocos años su
participación en el PIB y que eran, mayormente, productores de bienes no
transables.
CAPÍTULO
8. AUGE Y DECADENCIA DEL DESARROLLO ECONÓMICO
EN LA ARGENTINA 129
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Participación
(* del rm) _ _| 1900 | 1910 | 1920 | 1930 |94oínsoiwwí
Serviclos __ — —| 39| as| a1| 42| 39| a| 39
Apdcul(ura y qmadcrin 29 22 29 21 23 17 17
Manufacturas | 21| 27| 2| 26| 28| a1| 3
Administración/ defensa | 8| 7| 9| s| m| m| n
Fuente: elaboración propia sobre la base de Historical National Accounts, Gronin-
gen Growth and Development Centre (March 2020 release).
A grandes rasgos, esos hechos contradicen en varios aspectos dos formas ca-
nónicas de presentar los eventos más salientes de la historia económica con-
temporánea de la Argentina, hasta el punto en que podrían motivar al lector
a adentrarse en los pliegues de ese desarrollo, en sus inflexiones políticas y
culturales, en busca de nuevas preguntas allí donde hasta ahora solo hemos
contado con una sobreabundancia de aseveraciones y una proliferación de
hipótesis ad hoc poco abiertas a la crítica y el contraste.
La primera gran constatación es, antes que otra cosa, de índole cuantitativa:
si miramos el proceso de formación y consolidación de una economía nacio-
nal vemos algo un poco más matizado y complejo que una simple sucesión
de un modelo agroexportador paulatina o tendencialmente reemplazado por
un modelo industrial. Al contrario, podemos ver una temprana fase de indus-
trialización que se encuentra virtualmente desarrollada hacia comienzo de
los años 40, contra lo que suele suponerse respecto de ese proceso y los años
del primer peronismo.
En segundo lugar, ya en 1900 el sector más importante de la economía argen-
tina no era ni la industria ni el sector de agricultura, ganadería y pesca. Era,
en cambio, el sector productor de servicios el que daba cuenta de casi el 40 %
del valor de la producción, y la tendencia, con las oscilaciones habituales, ha
tendido a consolidarse a lo largo del siglo xx.
Si la industrialización es un proceso anterior al régimen peronista de la se-
gunda mitad de los años 40 hasta mediados de los años 50, la emergencia de
un sector estatal ligado a los servicios públicos y a la defensa nacional, en
cambio, no lo es. En verdad, si hay algo característico en el proceso iniciado
en 1943 con la irrupción y el ascenso de las Fuerzas Armadas como un actor
central con gravitación en la política argentina es el aumento ostensible del
papel del sector estatal y de la defensa en el PIB: este pasó de representar
alrededor del 8 % del P1B al 14 % en unos pocos años.
Ese proceso introdujo, tendencialmente, dos fuentes de ineficiencia dinámi-
ca en la estructura económica: por un lado, el crecimiento relativo del sector
productor de manufacturas de sustitución de importaciones protegidas, un
deman neto de divisas, y, por otro, la declinación del sector agroexpor-
dante
tador, un oferente neto de divisas. Por otro lado, la virtual duplicación de la
130 DEBATES CONTEMPORÁNEOS
Escaneado con CamScanner
importancia del sector de la administración pública, tradicional productor de
bienes y servicios no transables y en general de baja productividad, introdujo
un problema adicional en la medida en que modificaba estructuralmente las
necesidades de financiamiento del sector público,
Podemos escribir la identidad macroeconómica fundamental de la economía
abierta del siguiente modo:
S-I=CC
donde S es el ahorro nacional, 1 es el flujo de inversión y CC es la balanza
por cuenta corriente (es decir la balanza comercial más los pagos netos del
exterior).
El ahorro nacional, S, puede descomponerse en ahorro privado, SP, más aho-
rro del gobierno, SG. Podemos expresar la anterior relación entre los agrega-
dos económicos de la economía abierta del siguiente modo:
SP +SG-I=CC
Reordenando esa expresión,
SP=1-SG+CC
Si llamamos déficit del presupuesto, DF, al segundo término del lado derecho
de esa expresión; es decir, al ahorro del gobierno con signo negativo, con-
cluimos que el ahorro privado de la economía se asigna del siguiente modo:
SP=1+DF+CC
Es decir, el aumento del déficit del presupuesto originado en el cambio cua-
litativo del papel del sector público (DF) señalado anteriormente, sumado al
déficit de cuenta corriente (CC) generado por las necesidades de importacio-
nes del sector industrial, requieren ser compensados por un mayor ahorro
privado (SP) o bien por un menor nivel de inversión interior (1) y, por lo tanto,
por un menor nivel de formación de capital y de aumento a largo plazo de los
niveles de vida.
La forma que encontró la Argentina de resolver ese problema en diferentes
momentos de su historia ha oscilado entre distintos compromisos. De a ra-
tos, eligió privilegiar el consumo reprimiendo las presiones inflacionarias
con controles y políticas de renta (1973-1975), de a ratos generando una li-
cuación de pasivos del Estado (1975-1976), de a ratos liberando la cuenta de
capital (1976-1979) o gravando a los sectores capaces de generar un excedente
(1983-1989, 2002-2015 hasta hoy); es decir, desalentando la inversión y la in-
novación.
Más recientemente, decidió cubrir las necesidades de financiamiento del te-
soro mediante la emisión de nueva deuda (es decir, aumentando la cantidad
CAPITULO 8. AUGE Y DECADENCIA DEL DESARROLLO ECONÓMICO EN LA ARGENTINA 131
Escaneado con CamScanner
de bonos en circulación) y generando asf un ciclo de endeudamiento. Por
último, la estrategía fue financiar el tesoro con emisión del Banco Central.
Tendencialmente, eso produce breves ciclos de crecimiento, detención del
crecimiento (por falta de financiamiento o por monetización del déficit) y
crisis.
“.
La disputa por la asignación de los recursos de una sociedad está en la base de
las modernas democracias competitivas: los partidos compiten por los car-
gos en el Estado para sus líderes y por la habilidad para apropiarse y hacer
un uso relativamente discrecional de los recursos extraídos a la comunidad
mediante impuestos. A veces, ese esquema de formación de políticas ha sido
compatible con la prosperidad como fue el caso de los “gloriosos 30 años”.
Pero en nuestro llamado -un tanto equívocamente- consenso keynesiano,
probablemente haya habido menos keynesianismo y menos consenso del a
menudo imaginado.
En un sentido u otro, la mayoría de los países con algún grado de desarrollo
industrial contemporáneo comparable al de la Argentina se las ingeniaron
para introducir reformas en sus economías capaces de lidiar con los proble-
mas de la crisis fiscal del Estado. Por otro lado, eso ha sido llevado a cabo me-
diante una variedad de arreglos: desde una política monetaria independizada
del gobierno (el Banco de la Reserva Federal, FED, en Estados Unidos) hasta
un acuerdo entre la elite política para sustraer los temas de la lucha contra el
déficit fiscal de la competencia electoral (Israel).
Puede pensarse que la Argentina es un país un tanto a la zaga de un conti-
nente que ha logrado ordenar su hoja de ruta, de manera de reformar sus
sistema fiscales, dotar de una amplia autonomía a los funcionarios de sus
bancos centrales y concentrar los esfuerzos del Estado en hacer predecible
el ambiente económico y volver eficiente la inversión pública, eludiendo el
tentador canto de sirena de utilizar la política fiscal y el financiamiento in-
flacionario para satisfacer las necesidades de corto plazo relacionadas con la
competencia electoral, aunque ello tenga un gran costo que muchas veces se
logra hacer pagar a otro gobierno. Una especie de procrastinador obcecado.
Dar ese salto de calidad en el funcionamiento de la democracia requiere un
conjunto de sacrificios, obviamente. Si hay algo más difícil que mantener
baja la inflación, es lograr reducir una inflación exasperantemente alta e in-
quietantemente errática, como es el caso de la Argentina. Eso es algo que no
escapa al juicio de ningún analista mínimamente serio de la realidad del país.
En otro sentido, lo mismo puede decirse de la deuda pública. Sin embargo,
es probable que una nueva organización económica, más abierta al flujo de
comercio y de capitales, pueda permitir un sendero estable de crecimiento
132 DEBATES CONTEMPORÁNEOS
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a largo plazo, apoyado en una economía más diversificada, capaz de crear
puestos de trabajo mejor calificados y remunerados, así como de expandir
el consumo en diversas direcciones. En cambio, insistir por el camino de los
subsidios cruzados financiados con emisión o penar el ahorro privado no ten-
drá otro resultado que conducir a unas nuevas frustraciones.
Si miramos el presente desde la perspectiva de aquella columna del New York
Times podemos decir, con un talante optimista, que al menos nuestro país ha
logrado superar la tentación secular a resolver las diferencias fundamentales
desplazando a un gobierno por otro mediante el uso de fuerza. Es eso que los
sociólogos politicos llaman “aprendizaje democrático”,
Pero si lo miramos desde el punto de vista de la economía podemos encon-
trarnos con un país que una y otra vez elige repetir los mismos errores, que
generan los mismos resultados: alta inflación, escasez, falta de perspectivas.
El problema fundamental, en este aspecto, es que modificar hábitos larga-
mente establecidos es más difícil de lo que habitualmente solemos creer. Aun
cuando la sentencia reza que “los pueblos que no conocen su historia están
condenados a repetirla”, pareciera ser que el conocimiento de la historia, un
aspecto necesario del cambio que requiere revertir la situación actual, no es
suficiente.
La historia, sin duda, es una fuente de aprendizaje para quien desee ver allí
las evidencias, algunas de las cuales se ofrecen en este trabajo, relativas a las
fallas en la elección de una orientación económica de largo plazo. Pero sería
extraño que la historia, per se, pueda conjurar la tendencia de una cultura
más centrada en la visualización del Estado como un botín de guerra que en
concebirlo como un conjunto de instituciones que requieren de un trabajo
cuidadoso de perfeccionamiento, y cuya meta esencial es la de asegurar a
los argentinos “los beneficios de la libertad” que consigna el preámbulo de la
Constitución Nacional.
Bibliografía
Diaz Alejandro, C. F. (2002). Ensayos sobre la historia económica argentina.
Segunda edición en español. Buenos Aires: Amorrortu.
Olson, M. (1984). The Rise and Decline of Nations: Economic Growth, Stagflation
and Social Rigidities. New Haven: Yale University Press.
Waisman,
C. (2006). La Inversión del desarrollo en la Argentina. Primera
edición
en español. Buenos Aires: Eudeba. Edición original: Waisman, C.
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8. AUGE Y DECADENCIA
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