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Síntesis en Diseño: Claves y Tipos

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¿Qué es la síntesis en diseño?

Toda imagen comunica a través de su forma, color, textura y composición. Cada modificación en
estos componentes altera el mensaje. La síntesis es el proceso de reducir, seleccionar y depurar
elementos para destacar lo esencial, buscando claridad, pregnancia e identidad.

Objetivo de comunicación
Antes de sintetizar es indispensable definir para qué y dónde se usará la imagen. El objetivo
condiciona:
●​ Nivel de detalle necesario
●​ Grado de pregnancia
●​ Tipo de síntesis adecuada
Ejemplo: la señalética aeroportuaria requiere síntesis extremas y alta claridad.

La estructura
La estructura es el “esqueleto” que permite reconocer un objeto más allá de variaciones de color,
textura o estilo. Mientras la estructura se mantenga, los demás atributos pueden cambiar sin perder
identidad.
La estructura es la base de cualquier proceso de síntesis.

Tipos de síntesis
1. Síntesis por línea
El objeto se define únicamente mediante líneas.
La línea puede ser:
●​ Geométrica o gestual
●​ Continua o de grosor variable
●​ Capaz de sugerir flexibilidad, rigidez, volumen o dinamismo​

Ejemplos:
●​ Línea curva gestual → dinamismo
●​ Línea geométrica continua → precisión y pregnancia​

2. Síntesis por plano


El objeto se construye mediante planos de color o textura.
Funciones del plano:
●​ Mostrar partes internas
●​ Reforzar la estructura
●​ Representar volumen (luces y sombras)​
Unificar formas o jerarquizar sectores​

Tipos:
●​ Geométrico (preciso, regular)
●​ Gestual (manchas, formas libres)
●​ Liso o texturado​

El plano aporta volumen, contraste, claridad estructural y peso visual.

3. Síntesis combinada: plano + línea


Une ambos recursos y permite mayor expresividad.
Relaciones posibles:
●​ Línea y plano coinciden
●​ La línea se separa del borde
●​ La línea divide planos iguales​

Recursos fundamentales en la síntesis


La línea como límite
●​ Geométrica – rasgo continuo: limpia, estable, bidimensional, muy pregnante
●​ Geométrica – rasgo variable: sugiere luz, sombra y volumen
●​ Gestual – rasgo continuo: espontaneidad, naturalidad
●​ Gestual – rasgo variable: muy expresiva, genera movimiento y profundidad​

La línea gestual depende fuertemente de la herramienta (pincel, pluma, carbonilla).

El plano (interior de la forma)


Tipos:
●​ Geométrico: regular, preciso
●​ Gestual: irregular, espontáneo​

Ambos pueden ser lisos o texturados.


El plano refuerza:​
Volumen – estructura – contraste – peso visual

El color
Refuerza identidad, características y sensaciones.
Consideraciones:
●​ Debe fortalecer la figura, no fragmentarla
●​ El contraste afecta la percepción del dinamismo
●​ Colores saturados → energía
●​ Desaturados → calma
●​ Claros → alegría o tranquilidad
●​ Oscuros → profundidad, misterio​

El color no necesita ser literal: si la forma es clara, un árbol violeta sigue siendo un árbol.

La textura
Aporta:
●​ Materialidad
●​ Identidad del objeto
●​ Estilo expresivo​
Refuerza origen, carácter o estado de la figura.​

La composición
No solo importa la figura, sino su ubicación en el campo:
●​ Diagonales → dinamismo
●​ Equilibrio real → estabilidad
●​ Figura al corte → tensión o misterio
●​ Contrastes → profundidad​

●​ Tamaño y escala → jerarquía


●​ Color del fondo → refuerzo o atenuación
La composición potencia el sentido general del mensaje.

Resumen súper corto (para repasar)


●​ Síntesis: reducir a lo esencial sin perder identidad.
●​ Estructura: lo que permite reconocer un objeto.
●​ Criterios: línea / plano / línea + plano.
●​ Línea: geométrica o gestual; continua o variable.
●​ Plano: geométrico o gestual; liso o texturado.
●​ Color: clima, contraste, jerarquía.
●​ Textura: carácter y materialidad.
●​ Composición: determina la lectura y el sentido.​

Análisis formal morfológico / La forma en diseño


La morfología estudia la forma, su generación y sus relaciones dentro del campo visual. La forma
nunca es neutra: sus proporciones, su origen geométrico y su relación con el entorno construyen
significado.

Generación geométrica de la forma


●​ El movimiento de un punto → línea​
El movimiento de una línea → plano​
El movimiento de un plano → volumen​

Generatriz + directriz = base de la construcción formal.

La estructura interna de las formas


Tres sistemas fundamentales:
1.​ Estructura portadora: ejes, lados y diagonales que organizan la figura.
2.​ Estructura modular: divisiones proporcionales que generan retículas.
3.​ Estructura de proyección: conexiones que generan nuevas articulaciones.​

Manipular estas estructuras permite obtener variaciones formales coherentes.

Relaciones entre formas


Las formas pueden:
Distanciarse Rozarse Superponerse Unirse Sustraerse (huecos) Intersectarse Coincidir​

Las particiones permiten generar motivos mediante recortes internos. Estas relaciones determinan
composiciones dinámicas, jerarquizadas o integradas.

Leyes de las organizaciones simétricas


Cinco leyes principales:
1.​ Identidad
2.​ Traslación
3.​ Rotación
4.​ Reflexión
5.​ Extensión
Pueden combinarse para crear sistemas más complejos. Las organizaciones pueden ser:
●​ Isométricas: motivos idénticos​
Homeométricas: variaciones de tamaño o ritmo​
La forma dentro del campo
La percepción humana proyecta su propia orientación en el campo visual:
●​ Eje vertical → estabilidad​
Eje horizontal → equilibrio / horizonte​
Estructura ortogonal → claridad
●​ Zona superior → tensión
●​ Zona inferior → reposo
●​ Izquierda → entrada de lectura
●​ Derecha → mayor peso visual​

Las diagonales generan dinamismo: ascendente (positivo), descendente (negativo). El círculo permite
estructuras concéntricas, centrípetas o centrífugas.

Tramas planas
Sistemas repetitivos que cubren el plano.
Polígonos que permiten teselar sin huecos:
●​ Triángulo
●​ Cuadrado
●​ Hexágono​

Las tramas pueden ser:


●​ Uniformes
●​ Con gradaciones
●​ Con anomalías
●​ Con deformaciones​

Pueden concebirse como estructuras:


●​ Infinitas (se continúan más allá del borde)
●​ Finitas (delimitadas por el diseñador)​

Síntesis gráfica
La síntesis es la capacidad de simplificar una forma para hacerla más clara y expresiva,
manteniendo su esencia. No es “borrar detalles”, sino comprender profundamente la forma para
reconstruirla de manera pura.
Papel de la geometría
Identificar figuras geométricas internas permite obtener formas más pregnantes y eficaces.​
Curvas → suavidad, juego​
Rectas → firmeza, tensión

Proceso de síntesis
1.​ Analizar profundamente la forma.
2.​ Eliminar detalles manteniendo la reconocibilidad.
3.​ Identificar estructuras geométricas.
4.​ Sustituir trazos irregulares por geometrías claras.
5.​ Reducir al mínimo indispensable.
Resultado: forma clara, pregnante, directa y eficaz.

Síntesis en rostros y personajes


Se conservan solo los rasgos más reconocibles.​
Con pocos trazos bien seleccionados es posible construir identidades claras y fuertes.
La textura como atributo de la forma
La textura constituye uno de los atributos fundamentales de la forma y cumple un rol decisivo en la
manera en que percibimos los objetos y las superficies. A través de ella interpretamos características
como la materialidad, la suavidad o rugosidad, el brillo o la opacidad y la procedencia natural o
artificial de aquello que observamos. Estas cualidades pueden trasladarse a cualquier imagen que
incorpore textura, haciendo que una misma figura adquiera apariencia de madera, de metal o de tela
simplemente modificando la textura aplicada. Esto demuestra la capacidad de la textura para
transformar y comunicar significados visuales. Para utilizarla con intención, el diseñador debe
comprender las características morfológicas que la constituyen, ya que es en esa estructura interna
donde reside su potencia expresiva.

Origen de las texturas


Las texturas pueden clasificarse según su procedencia. Las texturas orgánicas provienen del mundo
natural y suelen manifestarse de manera irregular y espontánea. Elementos como hojas, nubes,
semillas, cortezas, dunas o superficies de agua ofrecen un repertorio muy amplio y diverso. Las
texturas gráficas, en cambio, nacen de recursos propios del diseño y de los sistemas de
representación: puntos, líneas, tramas, gestos y resoluciones tipográficas, entre otros. Finalmente,
las texturas materiales son registros visuales de superficies reales tales como madera, piedra,
metales, tejidos o alimentos. Al trasladarse a una imagen, estos registros otorgan a la forma los
mismos atributos perceptivos de la materia que representan.

Características formales de la textura


Toda textura puede analizarse a partir de sus rasgos formales. El primero es la escala, que determina
el tamaño relativo de los elementos que la componen. Cuando la textura se reduce demasiado, se
vuelve homogénea y pierde su identidad; cuando se amplifica en exceso, los elementos dejan de
funcionar como textura y se perciben como figuras aisladas. La escala también varía según el punto
de vista, ya que ciertos objetos pueden percibirse como textura desde lejos y no serlo a corta
distancia, y lo inverso ocurre cuando elementos muy pequeños adquieren carácter textural al ser
vistos de cerca.

Otra característica relevante es la organización. Una textura puede ser geométrica si su estructura se
basa en un orden regular, repetitivo o radial. Estas texturas presentan una lectura más controlada y
direccional. Por el contrario, las texturas orgánicas se caracterizan por un orden espontáneo o
irregular, aunque en muchos casos esconden estructuras naturales más sutiles. La dirección,
relacionada con la organización, surge cuando los elementos se alinean o generan recorridos
visuales perceptibles. Es más evidente en texturas geométricas, pero también puede darse en
contextos orgánicos, especialmente cuando interviene la acción humana.

La densidad se refiere a cuán cargada o abierta es la textura. Cuando los elementos están muy
próximos, la superficie se percibe cerrada y uniforme; cuando están más separados, puede aparecer
una relación de figura y fondo dentro de la misma textura. Las variaciones de densidad otorgan
carácter, ritmo y diferenciación. El contraste, por su parte, determina la profundidad perceptual de la
superficie: un bajo contraste produce una lectura plana, mientras que un contraste fuerte genera
sensación de relieve o estratificación. En composiciones donde conviven múltiples texturas, el
contraste entre ellas suele ser una de las variables perceptivamente más potentes.

Textura y profundidad
La textura es también un recurso importante para sugerir profundidad. Cuando se aplican texturas en
fondo y figura, ciertos factores influyen en su jerarquía espacial: las texturas geométricas suelen
percibirse más próximas debido a su orden interno, mientras que aquellas menos definidas o de
menor escala retroceden visualmente. El nivel de nitidez, la complejidad del detalle y el tamaño
relativo de los elementos funcionan como indicadores espaciales comparables al tamaño y al
contraste utilizados en la percepción visual.

Relación entre color y textura


La interacción entre color y textura es particularmente significativa. Aunque ambos atributos
caracterizan las formas, el color es perceptualmente más pregnante, por lo que suele dominar la
lectura cuando aparece junto a la textura. Una textura con color es interpretada primero por ese color,
y recién después por su estructura interna, lo que puede atenuar su efecto textural. Por este motivo,
en escalas acromáticas —blancos, negros y grises— la textura adquiere mayor protagonismo y
revela más claramente sus cualidades formales. Esto no significa que las texturas en color no puedan
utilizarse eficazmente, sino que requieren una mayor atención para garantizar su legibilidad y
coherencia con el mensaje.

Valor expresivo de la textura


En conjunto, las texturas constituyen herramientas expresivas de enorme potencia en el diseño.
Comprender su origen, estructura, escala, organización, densidad, contraste y relación con el color
permite al diseñador utilizarlas con precisión, logrando imágenes más ricas, profundas y
significativas. La textura no solo describe la superficie de los objetos, sino que también participa
activamente en la construcción del sentido visual y en la experiencia perceptiva del observador.

Textura y Equilibrio Compositivo


La textura es un atributo fundamental de la forma. Informa sobre la materialidad, origen y
características de los objetos. Permite reconocer si una superficie es suave o rugosa, brillante u
opaca, natural o artificial, y puede sugerir dureza, temperatura visual o procedencia. Es un recurso
expresivo capaz de modificar o reforzar el mensaje visual. Una misma imagen puede adquirir
apariencia de madera, metal o tela según la textura aplicada, cambiando así su significado.

Orígenes de la textura
Texturas orgánicas: provienen de elementos naturales como hojas, nubes, cortezas, agua o
formaciones del paisaje. Suelen ser irregulares y espontáneas, aunque la naturaleza también genera
patrones geométricos.
Texturas gráficas: creadas mediante recursos del diseño, como tramas de líneas, puntos,
manchas o intervenciones tipográficas. Son más controladas y responden a decisiones del diseñador.
Texturas materiales: registros visuales de objetos reales como metales, piedras, maderas, tejidos o
cereales. Trasladadas a una imagen, prestan sus atributos al nuevo objeto.

Características formales de la textura


Escala: determina la percepción. Si los elementos son muy pequeños, la textura se vuelve uniforme;
si son muy grandes, dejan de funcionar como textura. La escala puede cambiar según distancia y
punto de vista.
Organización: puede ser geométrica (ordenada, regular) u orgánica (espontánea, natural). Afecta la
lectura visual: lo geométrico es estructurado; lo orgánico, libre.
Dirección: surge de la distribución interna. En lo geométrico es evidente; en lo orgánico aparece con
flujos naturales o intervenciones humanas.
Densidad: indica cuán cargada está la superficie. Puede ser cerrada o permitir ver el fondo.
Variaciones de densidad generan tensiones o acentos visuales.
Contraste: bajo contraste → superficie plana; alto contraste → profundidad. Entre dos texturas, el
contraste funciona como recurso para separar planos o jerarquizar.
Profundidad: depende de estructura, escala y definición. Texturas geométricas o de elementos
grandes se perciben cerca; texturas pequeñas o difusas se perciben lejos.
Relación con el color: el color domina perceptivamente. En acromático (blanco, negro y grises) la
textura gana protagonismo. Con color, la textura está condicionada por él.

La textura como recurso comunicacional


Permite dotar a una imagen de materialidad, carácter, profundidad y significado. Su uso
consciente requiere comprender su origen, variables formales e impacto perceptivo.

Equilibrio compositivo
El equilibrio compositivo organiza los elementos para generar estabilidad visual. Según Arnheim y
Dondis, la percepción depende del contexto y de las relaciones entre formas. Toda imagen es un
campo de fuerzas donde cada elemento tiene peso visual y produce tensiones.
Arnheim describe un “mapa estructural” que organiza estas tensiones. La posición, tamaño, forma y
relación con los bordes determinan el peso visual. Elementos altos, a la derecha, aislados o muy
contrastados parecen más pesados. El equilibrio surge cuando estos pesos se compensan.

Dondis sostiene que el equilibrio depende del peso visual y la dirección: la tendencia de un elemento
a atraer la mirada o generar movimiento. Una composición equilibrada transmite calma; una
desequilibrada, dinamismo o tensión. Conocer estas fuerzas permite manipular el recorrido visual y
comunicar intenciones expresivas.

La percepción como construcción visual


La percepción es el proceso mediante el cual los estímulos que llegan a nuestros sentidos son
transformados por el cerebro en una experiencia significativa. Esa experiencia no es una copia fiel
del mundo, sino una construcción inmediata condicionada por factores biológicos, culturales y
psicológicos. En diseño, esta diferencia entre lo que es y lo que parece es crucial, porque un objeto
puede ser percibido de formas distintas según cómo se presente en el campo visual. Por ello, el
diseñador debe comprender los mecanismos perceptivos para poder anticipar distorsiones, dirigir la
lectura y asegurar que su mensaje visual sea efectivo.

El campo visual y sus recorridos


Nuestro campo visual es más amplio horizontalmente que verticalmente, y dentro de él organizamos
la información según patrones aprendidos culturalmente. En nuestra cultura, la lectura ocurre de
izquierda a derecha y de arriba hacia abajo, y esta misma dirección guía el recorrido natural que
hacemos dentro de una imagen. Al componer, el diseñador debe tener presente estas rutas
perceptivas, ya que influyen directamente en la manera en que el observador accede, recorre y
abandona el campo visual.

Estructura del campo y tensiones internas


Los elementos dispuestos en un campo nunca se perciben aislados, sino en relación con las fuerzas
invisibles que organiza ese espacio: el centro, los ejes, los bordes y las diagonales. El centro
constituye el punto de mayor estabilidad, mientras que las zonas cercanas a los bordes o vértices
producen tensiones más altas. Además, no todas las áreas del campo tienen el mismo peso visual: la
zona superior y el sector derecho suelen percibirse como más pesados o activos que la parte inferior
y la izquierda. A partir de estas tensiones se construye el equilibrio compositivo, que puede ser real,
cuando existe una simetría evidente, o aparente, cuando la compensación es más sutil y genera una
composición más dinámica.
Figura y fondo: organización perceptual básica
En toda imagen distinguimos una figura que se recorta y avanza sobre un fondo que la contiene. La
figura se percibe como más cercana, más definida y más estructurada, mientras que el fondo
funciona como soporte visual menos preciso. Sin embargo, existen formas donde la relación
figura–fondo es ambigua y puede invertirse, generando lecturas alternadas que enriquecen o
complican la percepción. La correcta gestión de esta relación es fundamental para evitar confusiones
o, por el contrario, para producir efectos expresivos intencionados.

Factores perceptivos complementarios


Las direcciones principales —horizontal y vertical— poseen tanta fuerza que incluso variaciones
mínimas respecto del ángulo recto son detectadas inmediatamente. El tamaño de los objetos también
puede engañar: no siempre vemos grande lo que es grande, sino lo que parece grande en relación
con su contexto. Los colores claros tienden a avanzar y expandirse visualmente, mientras que los
oscuros retroceden. Nuestro sistema perceptivo, por eficiencia, privilegia las formas simples y
estables, lo que se denomina principio de economía. Para sintetizar imágenes, es esencial distinguir
entre los rasgos indispensables (valencia) y los secundarios.

Principios gestálticos de organización


La teoría de la Gestalt explica cómo agrupamos y organizamos los elementos dentro del campo. La
proximidad hace que elementos cercanos se lean como unidad; la direccionalidad organiza
elementos que comparten orientación; la semejanza agrupa lo similar por encima de otras
diferencias; y la simetría, por su fuerza perceptual, puede imponer vinculaciones incluso más
potentes que el color o la proximidad. El cierre permite completar formas incompletas, y la buena
curva asegura la continuidad de una línea aunque esté interrumpida. La experiencia cultural influye
también, permitiendo reconocer figuras incluso cuando están parcial o fragmentariamente
representadas. Estos principios ayudan a construir composiciones más claras, coherentes y legibles.

Indicadores de profundidad en la imagen


La percepción de profundidad depende de varios factores. La superposición hace que un elemento
se perciba como más cercano cuando tapa parcialmente a otro. El tamaño relativo es otro indicador
importante: cuando suponemos que los objetos comparten un tamaño real similar, el más pequeño
parece estar más lejos. La pérdida de detalle y de contraste, así como la menor definición de los
bordes, suelen asociarse con la lejanía, mientras que los elementos más nítidos y contrastados
avanzan visualmente. También influye la ubicación en el campo: los objetos situados más arriba se
interpretan como más distantes. En algunas composiciones pueden aparecer figuras de perspectiva
reversible, que permiten más de una lectura espacial según el punto donde se fije la atención.

1. La forma en el diseño gráfico


En diseño gráfico, la forma puede abordarse desde dos perspectivas: como elemento individual y
como parte de una composición. Cuando se estudia como elemento, interesa su generación, sus
variantes y transformaciones; cuando se estudia como composición, el foco se desplaza hacia la
manera en que diferentes formas se relacionan dentro de un campo visual. El objetivo general del
estudio formal es comprender cómo se construyen relatos visuales utilizando tanto formas simples
como complejas, y cómo dichas formas pueden organizarse para producir sentido.

2. La forma como elemento


La generación de formas geométricas se basa en el desplazamiento de entidades básicas. El punto,
al desplazarse, genera línea; la línea, al desplazarse perpendicularmente a sí misma, genera un
plano; y el movimiento de una directriz acompañada de una generatriz permite obtener sólidos como
cilindros o conos. A partir de estas bases simples se construyen estructuras más complejas.
Toda forma geométrica puede transformarse mediante tres estructuras formales. La estructura
portadora comprende los ejes, diagonales, radios y puntos fundamentales que sostienen la figura y
orientan posibles transformaciones. La estructura modular se basa en la división proporcional del
plano o de la figura mediante retículas, permitiendo orden, repetición y subdivisiones regulares. La
estructura de proyección consiste en líneas que conectan nudos estructurales, generando
subdivisiones internas que modifican o enriquecen la forma original. Estas tres estructuras actúan
como sistemas operativos que permiten desarrollar variaciones y explorar comportamientos formales.

3. Interrelación entre formas


Cuando se combinan dos o más formas, pueden establecerse diferentes tipos de relaciones
perceptuales. La distancia marca separación sin contacto; el toque señala un mínimo contacto sin
superposición; la superposición implica que una forma cubre parcialmente a otra. También es posible
que dos formas se unan o se adicionen, generando una figura nueva; que una sustraiga parte de la
otra, creando un vacío con identidad propia; que se intersecten, de modo que solo se perciba la zona
común; o que coincidan por completo, superponiéndose exactamente. La partición, por otro lado,
introduce cortes o recortes dentro de una figura, conservando rasgos reconocibles de la forma
original. Todas estas operaciones pueden combinarse libremente, ampliando enormemente las
posibilidades expresivas.

4. Leyes de las organizaciones simétricas


La simetría constituye un principio fundamental en la organización formal, ya que establece
relaciones armónicas mediante repetición o correspondencia. La identidad implica la repetición de
una figura sin cambios; la traslación desplaza la forma siguiendo un eje que puede ser recto, curvo o
quebrado; la rotación gira la figura alrededor de un punto interior, tangente o exterior; la reflexión
especular genera un efecto espejo respecto de un eje; y la extensión modifica el tamaño del módulo
mediante ampliación o reducción. Estas leyes pueden combinarse entre sí, generando variaciones
como rotaciones con cambios de escala o reflexiones acompañadas de desplazamientos.
Desde el punto de vista organizativo, las simetrías pueden adoptar modalidades isométricas, donde
los módulos son idénticos y se repiten de manera uniforme, o homeométricas, donde existe
repetición pero con variaciones rítmicas en tamaño, dirección o ubicación. Estas organizaciones
permiten construir patrones regulares, ritmos visuales y estructuras ordenadas dentro del campo.

5. La forma como composición


Al situar elementos dentro de un campo compositivo, entran en juego fuerzas visuales derivadas de
los ejes que estructuran el espacio. El eje vertical organiza simetrías laterales y equilibrios bilaterales;
el eje horizontal ordena elementos alineados; y la combinación de ambos genera un sistema
ortogonal sumamente flexible que sostiene la mayor parte de las composiciones clásicas del diseño.
La relación arriba–abajo tiene una fuerte carga perceptual: la zona superior tiende a generar tensión
porque nada “flota” naturalmente, mientras que la zona inferior brinda reposo por su asociación con el
apoyo. Del mismo modo, la dirección izquierda–derecha está condicionada por la lectura occidental,
de modo que la derecha acumula mayor tensión visual. La diagonal introduce dinamismo y puede
interpretarse como ascendente o descendente según su sentido, transmitiendo sensaciones positivas
o negativas.

6. Campo circular y estructuras de radiación


El campo circular presenta características particulares: su centro posee una fuerza visual dominante,
y su estructura permite múltiples simetrías radiales. Dentro de esta organización aparecen tres tipos
principales de configuraciones: la centrífuga, en la que las formas o líneas se proyectan desde el
centro hacia afuera; la concéntrica, basada en círculos o bandas que comparten un mismo centro; y
la centrípeta, donde las direcciones convergen hacia el núcleo. Estas estructuras generan
movimientos visuales característicos que no se encuentran en campos ortogonales.

7. La trama como superficie


La trama es un sistema de repetición ordenada que cubre el plano mediante módulos regulares. Los
polígonos que pueden teselar el plano sin dejar huecos son el triángulo, el cuadrado y el hexágono, y
a partir de ellos se desarrollan la mayor parte de las tramas geométricas. Una trama puede ser
homogénea, cuando el módulo se mantiene constante, o graduada, cuando el módulo varía en
tamaño creando transiciones perceptuales. También puede presentar anomalías: un módulo alterado
dentro de la repetición genera un foco visual que interrumpe el ritmo regular. Las tramas pueden ser
finitas, cuando constituyen una unidad acotada, o infinitas, cuando se conciben como parte de un
patrón que podría continuar más allá del fragmento visible.

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