Estrategia de Seguridad Nacional 2025
Estrategia de Seguridad Nacional 2025
IV. La Estrategia
1. Principios
La pol¡tica exterior del presidente Trump es pragm tica sin ser “pragmatista”, realista sin
ser “realista”, basada en principios sin ser “idealista”, musculosa sin ser “belicista” y
moderada sin ser “pacifista”. No se basa en la ideolog¡a pol¡tica tradicional. Est motivada
sobre todo por lo que funciona para Estados Unidos, o, en dos palabras, “America First”
(Estados Unidos Primero). El presidente Trump ha cimentado su legado como El Presidente
de la Paz. Adem s del notable xito logrado durante su primer mandato con los hist¢ricos
Acuerdos de Abraham, el presidente Trump ha aprovechado su capacidad de negociaci¢n
para asegurar una paz sin precedentes en ocho conflictos en todo el mundo en el
transcurso de solo ocho meses de su segundo mandato. Negoci¢ la paz entre Camboya y
Tailandia, Kosovo y Serbia, la RDC y Ruanda, Pakist n e India, Israel e Ir n, Egipto y
Etiop¡a, Armenia y Azerbaiy n, y puso fin a la guerra en Gaza con todos los rehenes vivos
devueltos a sus familias. Detener los conflictos regionales antes de que se conviertan en
guerras globales que arrastren continentes enteros es digno de la atenci¢n del Comandante
en Jefe y una prioridad para esta administraci¢n. Un mundo en llamas, donde las guerras
llegan a nuestras costas, es malo para los intereses estadounidenses. El presidente Trump
utiliza la diplomacia no convencional, el poder militar de Estados Unidos y la influencia
econ¢mica para extinguir quir£rgicamente las brasas de divisi¢n entre naciones con
capacidad nuclear y guerras violentas causadas por odios de siglos de antigedad.
El presidente Trump ha demostrado que las pol¡ticas exterior, de defensa y de inteligencia
estadounidenses deben estar impulsadas por los siguientes principios b sicos:
Definici¢n Enfocada del Inters Nacional - Desde al menos el final de la Guerra Fr¡a, las
administraciones a menudo han publicado Estrategias de Seguridad Nacional que buscan
expandir la definici¢n del “inters nacional” de Estados Unidos de tal manera que casi ning£n
problema o esfuerzo se considere fuera de su alcance. Pero enfocarse en todo es enfocarse
en nada. Los intereses centrales de seguridad nacional de Estados Unidos ser n nuestro
enfoque. Paz a Travs de la Fuerza - La fuerza es el mejor disuasivo. Los pa¡ses u otros
actores suficientemente disuadidos de amenazar los intereses estadounidenses no lo
har n. Adem s, la fuerza puede permitirnos lograr la paz, porque las partes que respetan
nuestra fuerza a menudo buscan nuestra ayuda y son receptivas a nuestros esfuerzos para
resolver conflictos y mantener la paz. Por lo tanto, Estados Unidos debe mantener la
econom¡a m s fuerte, desarrollar las tecnolog¡as m s avanzadas, reforzar la salud cultural
de nuestra sociedad y desplegar el ejrcito m s capaz del mundo. Predisposici¢n al No
Intervencionismo - En la Declaraci¢n de Independencia, los fundadores de Estados Unidos
establecieron una clara preferencia por el no intervencionismo en los asuntos de otras
naciones y dejaron clara la base: as¡ como todos los seres humanos poseen derechos
naturales iguales dados por Dios, todas las naciones tienen derecho por “las leyes de la
naturaleza y del Dios de la naturaleza” a una “posici¢n separada e igual” con respecto a las
dem s. Para un pa¡s cuyos intereses son tan numerosos y diversos como los nuestros, la
adherencia r¡gida al no intervencionismo no es posible. Sin embargo, esta predisposici¢n
deber¡a establecer un list¢n alto para lo que constituye una intervenci¢n justificada.
Realismo Flexible - La pol¡tica de EE. UU. ser realista sobre lo que es posible y deseable
buscar en sus tratos con otras naciones. Buscamos buenas relaciones y relaciones
comerciales pac¡ficas con las naciones del mundo sin imponerles cambios democr ticos u
otros cambios sociales que difieran ampliamente de sus tradiciones e historias.
Reconocemos y afirmamos que no hay nada inconsistente o hip¢crita en actuar de acuerdo
con tal evaluaci¢n realista o en mantener buenas relaciones con pa¡ses cuyos sistemas de
gobierno y sociedades difieren de los nuestros, incluso mientras presionamos a amigos de
ideas afines para defender nuestras normas compartidas, promoviendo nuestros intereses
mientras lo hacemos. Primac¡a de las Naciones - La unidad pol¡tica fundamental del
mundo es y seguir siendo el estado-naci¢n. Es natural y justo que todas las naciones
pongan sus intereses primero y protejan su soberan¡a. El mundo funciona mejor cuando las
naciones priorizan sus intereses. Estados Unidos pondr nuestros propios intereses primero
y, en nuestras relaciones con otras naciones, las alentar a priorizar tambin sus propios
intereses. Defendemos los derechos soberanos de las naciones, contra las incursiones que
socavan la soberan¡a por parte de las organizaciones transnacionales m s intrusivas, y por
reformar esas instituciones para que asistan en lugar de obstaculizar la soberan¡a individual
y promuevan los intereses estadounidenses. Soberan¡a y Respeto - Estados Unidos
proteger sin disculpas nuestra propia soberan¡a. Esto incluye prevenir su erosi¢n por parte
de organizaciones transnacionales e internacionales, intentos de potencias o entidades
extranjeras de censurar nuestro discurso o restringir los derechos de libre expresi¢n de
nuestros ciudadanos, cabildeo y operaciones de influencia que buscan dirigir nuestras
pol¡ticas o involucrarnos en conflictos extranjeros, y la manipulaci¢n c¡nica de nuestro
sistema de inmigraci¢n para construir bloques de votantes leales a intereses extranjeros
dentro de nuestro pa¡s. Estados Unidos trazar nuestro propio curso en el mundo y
determinar nuestro propio destino, libre de interferencias externas. Equilibrio de Poder -
Estados Unidos no puede permitir que ninguna naci¢n se vuelva tan dominante que pueda
amenazar nuestros intereses. Trabajaremos con aliados y socios para mantener equilibrios
de poder globales y regionales para prevenir el surgimiento de adversarios dominantes.
Como Estados Unidos rechaza el concepto desafortunado de dominaci¢n global para s¡
mismo, debemos prevenir la dominaci¢n global, y en algunos casos incluso regional, de
otros. Esto no significa desperdiciar sangre y tesoro para restringir la influencia de todas las
grandes y medianas potencias del mundo. La influencia desmesurada de naciones m s
grandes, ricas y fuertes es una verdad atemporal de las relaciones internacionales. Esta
realidad a veces implica trabajar con socios para frustrar ambiciones que amenazan
nuestros intereses conjuntos. Pro-Trabajador Estadounidense - La pol¡tica estadounidense
ser pro-trabajador, no simplemente pro-crecimiento, y priorizar a nuestros propios
trabajadores. Debemos reconstruir una econom¡a en la que la prosperidad se base
ampliamente y se comparta extensamente, no concentrada en la cima o localizada en ciertas
industrias o en unas pocas partes de nuestro pa¡s. Justicia - Desde alianzas militares hasta
relaciones comerciales y m s all , Estados Unidos insistir en ser tratado justamente por
otros pa¡ses. Ya no toleraremos, y ya no podemos permitirnos, el aprovechamiento
gratuito, los desequilibrios comerciales, las pr cticas econ¢micas depredadoras y otras
imposiciones sobre la buena voluntad hist¢rica de nuestra naci¢n que perjudican nuestros
intereses. As¡ como queremos que nuestros aliados sean ricos y capaces, nuestros aliados
deben ver que es de su inters que Estados Unidos tambin permanezca rico y capaz. En
particular, esperamos que nuestros aliados gasten mucho m s de su Producto Interno Bruto
(PIB) nacional en su propia defensa, para comenzar a compensar los enormes
desequilibrios acumulados durante dcadas de un gasto mucho mayor por parte de los
Estados Unidos. Competencia y Mrito - La prosperidad y seguridad estadounidenses
dependen del desarrollo y la promoci¢n de la competencia. La competencia y el mrito se
encuentran entre nuestras mayores ventajas civilizacionales: donde se contrata, promueve y
honra a los mejores estadounidenses, siguen la innovaci¢n y la prosperidad. Si se
destruyera o desalentara sistem ticamente la competencia, los sistemas complejos que
damos por sentados -desde la infraestructura hasta la seguridad nacional, pasando por la
educaci¢n y la investigaci¢n- dejar¡an de funcionar. Si se sofocara el mrito, las ventajas
hist¢ricas de Estados Unidos en ciencia, tecnolog¡a, industria, defensa e innovaci¢n se
evaporar¡an. El xito de ideolog¡as radicales que buscan reemplazar la competencia y el
mrito con el estatus de grupo favorecido har¡a que Estados Unidos fuera irreconocible e
incapaz de defenderse. Al mismo tiempo, no podemos permitir que la meritocracia se utilice
como justificaci¢n para abrir el mercado laboral de Estados Unidos al mundo en nombre de
encontrar “talento global” que socava a los trabajadores estadounidenses. En cada uno de
nuestros principios y acciones, Estados Unidos y los estadounidenses deben estar siempre
primero.
2. Prioridades
La Era de la Migraci¢n Masiva ha Terminado - A quin admite un pa¡s dentro de sus
fronteras -en qu n£meros y de d¢nde- definir inevitablemente el futuro de esa
naci¢n. Cualquier pa¡s que se considere soberano tiene el derecho y el deber de definir su
futuro. A lo largo de la historia, las naciones soberanas prohibieron la migraci¢n
incontrolada y otorgaron la ciudadan¡a solo en raras ocasiones a extranjeros, quienes
tambin deb¡an cumplir con criterios exigentes. La experiencia de Occidente en las £ltimas
dcadas reivindica esta sabidur¡a perdurable. En pa¡ses de todo el mundo, la migraci¢n
masiva ha tensado los recursos internos, aumentado la violencia y otros delitos, debilitado la
cohesi¢n social, distorsionado los mercados laborales y socavado la seguridad nacional. La
era de la migraci¢n masiva debe terminar. La seguridad fronteriza es el elemento principal
de la seguridad nacional. Debemos proteger a nuestro pa¡s de la invasi¢n, no solo de la
migraci¢n no controlada, sino de amenazas transfronterizas como el terrorismo, las drogas,
el espionaje y el tr fico de personas. Una frontera controlada por la voluntad del pueblo
estadounidense, implementada por su gobierno, es fundamental para la supervivencia de los
Estados Unidos como una rep£blica soberana. Protecci¢n de Derechos y Libertades
Centrales - El prop¢sito del gobierno estadounidense es asegurar los derechos naturales
dados por Dios a los ciudadanos estadounidenses. Con este fin, se han otorgado poderes
temibles a los departamentos y agencias del Gobierno de los Estados Unidos. Esos poderes
nunca deben ser abusados, ya sea bajo la apariencia de “desradicalizaci¢n”, “protecci¢n de
nuestra democracia” o cualquier otro pretexto. Cuando y donde se abusen esos poderes,
los abusadores deben rendir cuentas. En particular, los derechos de libertad de expresi¢n,
libertad de religi¢n y de conciencia, y el derecho a elegir y dirigir nuestro gobierno com£n
son derechos centrales que nunca deben ser infringidos. Con respecto a los pa¡ses que
comparten, o dicen compartir, estos principios, Estados Unidos abogar firmemente para
que se respeten en letra y esp¡ritu. Nos opondremos a las restricciones antidemocr ticas
impulsadas por las lites sobre las libertades fundamentales en Europa, la Anglosfera y el
resto del mundo democr tico, especialmente entre nuestros aliados. Reparto de Cargas y
Transferencia de Cargas - Los d¡as en que Estados Unidos sosten¡a todo el orden mundial
como Atlas han terminado. Contamos entre nuestros muchos aliados y socios a docenas de
naciones ricas y sofisticadas que deben asumir la responsabilidad principal de sus regiones
y contribuir mucho m s a nuestra defensa colectiva. El presidente Trump ha establecido un
nuevo est ndar global con el Compromiso de La Haya, que compromete a los pa¡ses de la
OTAN a gastar el 5 por ciento del PIB en defensa y que nuestros aliados de la OTAN han
respaldado y ahora deben cumplir. Continuando con el enfoque del presidente Trump de
pedir a los aliados que asuman la responsabilidad principal de sus regiones, Estados Unidos
organizar una red de reparto de cargas, con nuestro gobierno como convocante y
partidario. Este enfoque asegura que las cargas se compartan y que todos esos esfuerzos se
beneficien de una legitimidad m s amplia. El modelo ser n asociaciones espec¡ficas que
utilicen herramientas econ¢micas para alinear incentivos, compartir cargas con aliados de
ideas afines e insistir en reformas que anclen la estabilidad a largo plazo. Esta claridad
estratgica permitir a los Estados Unidos contrarrestar influencias hostiles y subversivas de
manera eficiente, evitando al mismo tiempo la sobreextensi¢n y el enfoque difuso que
socavaron los esfuerzos pasados. Estados Unidos estar listo para ayudar -potencialmente a
travs de un trato m s favorable en asuntos comerciales, intercambio de tecnolog¡a y
adquisiciones de defensa- a aquellos pa¡ses que asuman voluntariamente m s
responsabilidad por la seguridad en sus vecindarios y alineen sus controles de exportaci¢n
con los nuestros. Realineaci¢n a Travs de la Paz - Buscar acuerdos de paz bajo la
direcci¢n del Presidente, incluso en regiones y pa¡ses perifricos a nuestros intereses
centrales inmediatos, es una forma efectiva de aumentar la estabilidad, fortalecer la
influencia global de Estados Unidos, realinear pa¡ses y regiones hacia nuestros intereses y
abrir nuevos mercados. Los recursos requeridos se reducen a la diplomacia presidencial,
que nuestra gran naci¢n puede abrazar solo con un liderazgo competente. Los dividendos -
el fin de conflictos de larga data, vidas salvadas, nuevos amigos hechos- pueden superar
con creces los costos relativamente menores de tiempo y atenci¢n. Seguridad Econ¢mica -
Finalmente, debido a que la seguridad econ¢mica es fundamental para la seguridad nacional,
trabajaremos para fortalecer a£n m s la econom¡a estadounidense, con nfasis en: o
Comercio Equilibrado - Estados Unidos priorizar el reequilibrio de nuestras relaciones
comerciales, reduciendo los dficits comerciales, oponindose a las barreras a nuestras
exportaciones y poniendo fin al dumping y otras pr cticas anticompetitivas que perjudican a
las industrias y trabajadores estadounidenses. Buscamos acuerdos comerciales justos y
rec¡procos con naciones que quieran comerciar con nosotros sobre una base de beneficio
y respeto mutuos. Pero nuestras prioridades deben ser y ser n nuestros propios
trabajadores, nuestras propias industrias y nuestra propia seguridad nacional. o Asegurar el
Acceso a Cadenas de Suministro y Materiales Cr¡ticos - Como argument¢ Alexander
Hamilton en los primeros d¡as de nuestra rep£blica, Estados Unidos nunca debe depender
de ninguna potencia externa para componentes centrales -desde materias primas hasta
piezas y productos terminados- necesarios para la defensa o la econom¡a de la
naci¢n. Debemos reasegurar nuestro propio acceso independiente y confiable a los bienes
que necesitamos para defendernos y preservar nuestra forma de vida. Esto requerir
expandir el acceso estadounidense a minerales y materiales cr¡ticos mientras se
contrarrestan las pr cticas econ¢micas depredadoras. Adem s, la Comunidad de Inteligencia
monitorear cadenas de suministro clave y avances tecnol¢gicos en todo el mundo para
asegurar que entendemos y mitigamos las vulnerabilidades y amenazas a la seguridad y
prosperidad estadounidenses. o Reindustrializaci¢n - El futuro pertenece a los creadores.
Estados Unidos reindustrializar su econom¡a, repatriar (re-shore) la producci¢n industrial
y fomentar y atraer inversiones en nuestra econom¡a y nuestra fuerza laboral, con un
enfoque en los sectores tecnol¢gicos cr¡ticos y emergentes que definir n el futuro. Lo
haremos a travs del uso estratgico de aranceles y nuevas tecnolog¡as que favorezcan la
producci¢n industrial generalizada en cada rinc¢n de nuestra naci¢n, eleven el nivel de vida
de los trabajadores estadounidenses y aseguren que nuestro pa¡s nunca vuelva a depender
de ning£n adversario, presente o potencial, para productos o componentes cr¡ticos. o
Reviviendo nuestra Base Industrial de Defensa - Un ejrcito fuerte y capaz no puede existir
sin una base industrial de defensa fuerte y capaz. La enorme brecha, demostrada en
conflictos recientes, entre drones y misiles de bajo costo frente a los costosos sistemas
requeridos para defenderse de ellos, ha dejado al descubierto nuestra necesidad de cambiar
y adaptarnos. Estados Unidos requiere una movilizaci¢n nacional para innovar defensas
poderosas a bajo costo, para producir los sistemas y municiones m s capaces y modernos
a escala, y para repatriar nuestras cadenas de suministro industrial de defensa. En
particular, debemos proporcionar a nuestros combatientes la gama completa de
capacidades, desde armas de bajo costo que pueden derrotar a la mayor¡a de los
adversarios hasta los sistemas de alta gama m s capaces necesarios para un conflicto con
un enemigo sofisticado. Y para realizar la visi¢n del presidente Trump de paz a travs de la
fuerza, debemos hacerlo r pidamente. Tambin alentaremos la revitalizaci¢n de las bases
industriales de todos nuestros aliados y socios para fortalecer la defensa colectiva. o
Dominio Energtico - Restaurar el dominio energtico estadounidense (en petr¢leo, gas,
carb¢n y nuclear) y repatriar los componentes energticos clave necesarios es una prioridad
estratgica m xima. La energ¡a barata y abundante producir empleos bien remunerados en
los Estados Unidos, reducir los costos para los consumidores y empresas estadounidenses,
impulsar la reindustrializaci¢n y ayudar a mantener nuestra ventaja en tecnolog¡as de
vanguardia como la IA. Expandir nuestras exportaciones netas de energ¡a tambin
profundizar las relaciones con los aliados mientras reduce la influencia de los adversarios,
protege nuestra capacidad para defender nuestras costas y -cuando y donde sea necesario-
nos permite proyectar poder. Rechazamos las desastrosas ideolog¡as del “cambio clim tico”
y “Cero Neto” que han da¤ado tan grandemente a Europa, amenazan a los Estados Unidos
y subsidian a nuestros adversarios. o Preservando y Creciendo el Dominio del Sector
Financiero de Estados Unidos - Estados Unidos cuenta con los principales mercados
financieros y de capitales del mundo, que son pilares de la influencia estadounidense que
otorgan a los responsables pol¡ticos un apalancamiento y herramientas significativos para
promover las prioridades de seguridad nacional de Estados Unidos. Pero nuestra posici¢n
de liderazgo no puede darse por sentada. Preservar y aumentar nuestro dominio implica
aprovechar nuestro din mico sistema de libre mercado y nuestro liderazgo en finanzas
digitales e innovaci¢n para asegurar que nuestros mercados contin£en siendo los m s
din micos, l¡quidos y seguros y sigan siendo la envidia del mundo.
3. Las Regiones
Se ha convertido en costumbre que documentos como este mencionen cada parte del
mundo y cada problema, bajo la suposici¢n de que cualquier descuido significa un punto
ciego o un desaire. Como resultado, tales documentos se vuelven inflados y desenfocados:
lo opuesto a lo que deber¡a ser una estrategia. Enfocar y priorizar es elegir: reconocer que
no todo importa por igual, para todos. No es afirmar que algunos pueblos, regiones o
pa¡ses son de alguna manera intr¡nsecamente irrelevantes. Estados Unidos es, en todos los
sentidos, la naci¢n m s generosa de la historia; sin embargo, no podemos permitirnos estar
igualmente atentos a cada regi¢n y cada problema en el mundo. El prop¢sito de la pol¡tica
de seguridad nacional es la protecci¢n de los intereses nacionales centrales; algunas
prioridades trascienden los l¡mites regionales. Por ejemplo, la actividad terrorista en un rea
que de otro modo ser¡a menos consecuente podr¡a forzar nuestra atenci¢n urgente. Pero
saltar de esa necesidad a una atenci¢n sostenida a la periferia es un error. A. Hemisferio
Occidental: El Corolario Trump a la Doctrina Monroe Despus de a¤os de negligencia,
Estados Unidos reafirmar y har cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia
estadounidense en el Hemisferio Occidental, y para proteger nuestro territorio nacional y
nuestro acceso a geograf¡as clave en toda la regi¢n. Negaremos a los competidores no
hemisfricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de
poseer o controlar activos estratgicamente vitales, en nuestro Hemisferio. Este “Corolario
Trump” a la Doctrina Monroe es una restauraci¢n de sentido com£n y potente del poder y
las prioridades estadounidenses, consistente con los intereses de seguridad
estadounidenses. Nuestros objetivos para el Hemisferio Occidental se pueden resumir como
“Alistar y Expandir”. Alistaremos a amigos establecidos en el Hemisferio para controlar la
migraci¢n, detener los flujos de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y
mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios mientras reforzamos el
atractivo de nuestra propia naci¢n como el socio econ¢mico y de seguridad preferido del
Hemisferio.
Alistar
La pol¡tica estadounidense debe centrarse en alistar campeones regionales que puedan
ayudar a crear una estabilidad tolerable en la regi¢n, incluso m s all de las fronteras de esos
socios. Estas naciones nos ayudar¡an a detener la migraci¢n ilegal y desestabilizadora,
neutralizar c rteles, acercar la fabricaci¢n (near-shore) y desarrollar econom¡as privadas
locales, entre otras cosas. Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos
pol¡ticos y movimientos de la regi¢n ampliamente alineados con nuestros principios y
estrategia. Pero no debemos pasar por alto a los gobiernos con perspectivas diferentes con
los que, no obstante, compartimos intereses y que quieren trabajar con nosotros. Estados
Unidos debe reconsiderar nuestra presencia militar en el Hemisferio Occidental. Esto
significa cuatro cosas obvias: Un reajuste de nuestra presencia militar global para abordar
amenazas urgentes en nuestro Hemisferio, especialmente las misiones identificadas en esta
estrategia, y lejos de teatros cuya importancia relativa para la seguridad nacional
estadounidense ha disminuido en las £ltimas dcadas o a¤os; Una presencia m s adecuada
de la Guardia Costera y la Armada para controlar las rutas mar¡timas, frustrar la migraci¢n
ilegal y otras no deseadas, reducir el tr fico de personas y drogas, y controlar rutas de
tr nsito clave en una crisis; Despliegues espec¡ficos para asegurar la frontera y derrotar a
los c rteles, incluido cuando sea necesario el uso de fuerza letal para reemplazar la
estrategia fallida de solo aplicaci¢n de la ley de las £ltimas dcadas; y Establecer o expandir
el acceso en ubicaciones estratgicamente importantes. Estados Unidos priorizar la
diplomacia comercial, para fortalecer nuestra propia econom¡a e industrias, utilizando
aranceles y acuerdos comerciales rec¡procos como herramientas poderosas. El objetivo es
que nuestras naciones socias construyan sus econom¡as nacionales, mientras que un
Hemisferio Occidental econ¢micamente m s fuerte y sofisticado se convierte en un
mercado cada vez m s atractivo para el comercio y la inversi¢n estadounidenses. Fortalecer
las cadenas de suministro cr¡ticas en este Hemisferio reducir las dependencias y aumentar
la resiliencia econ¢mica estadounidense. Los v¡nculos creados entre Estados Unidos y
nuestros socios beneficiar n a ambos lados mientras hacen m s dif¡cil para los
competidores no hemisfricos aumentar su influencia en la regi¢n. E incluso mientras
priorizamos la diplomacia comercial, trabajaremos para fortalecer nuestras asociaciones de
seguridad, desde ventas de armas hasta intercambio de inteligencia y ejercicios conjuntos.
Expandir
A medida que profundizamos nuestras asociaciones con pa¡ses con los que Estados Unidos
tiene actualmente relaciones fuertes, debemos buscar expandir nuestra red en la
regi¢n. Queremos que otras naciones nos vean como su socio de primera elecci¢n, y (a
travs de varios medios) desalentaremos su colaboraci¢n con otros. El Hemisferio
Occidental es el hogar de muchos recursos estratgicos que Estados Unidos deber¡a
asociarse con aliados regionales para desarrollar, para hacer que los pa¡ses vecinos, as¡
como el nuestro, sean m s pr¢speros. El Consejo de Seguridad Nacional comenzar
inmediatamente un robusto proceso interinstitucional para encargar a las agencias,
apoyadas por el brazo anal¡tico de nuestra Comunidad de Inteligencia, identificar puntos
estratgicos y recursos en el Hemisferio Occidental con miras a su protecci¢n y desarrollo
conjunto con socios regionales. Los competidores no hemisfricos han hecho grandes
incursiones en nuestro Hemisferio, tanto para perjudicarnos econ¢micamente en el
presente, como de maneras que pueden da¤arnos estratgicamente en el futuro. Permitir
estas incursiones sin un rechazo serio es otro gran error estratgico estadounidense de las
£ltimas dcadas. Estados Unidos debe ser preeminente en el Hemisferio Occidental como
condici¢n de nuestra seguridad y prosperidad; una condici¢n que nos permite afirmarnos
con confianza donde y cuando lo necesitemos en la regi¢n. Los trminos de nuestras
alianzas, y los trminos bajo los cuales proporcionamos cualquier tipo de ayuda, deben estar
supeditados a la reducci¢n de la influencia adversaria externa: desde el control de
instalaciones militares, puertos e infraestructura clave hasta la compra de activos
estratgicos definidos en sentido amplio. Alguna influencia extranjera ser dif¡cil de revertir,
dadas las alineaciones pol¡ticas entre ciertos gobiernos latinoamericanos y ciertos actores
extranjeros. Sin embargo, muchos gobiernos no est n ideol¢gicamente alineados con
potencias extranjeras, sino que se sienten atra¡dos a hacer negocios con ellas por otras
razones, incluidos bajos costos y menos obst culos regulatorios. Estados Unidos ha logrado
xito en hacer retroceder la influencia externa en el Hemisferio Occidental demostrando, con
especificidad, cu ntos costos ocultos -en espionaje, ciberseguridad, trampas de deuda y
otras formas- est n incrustados en la supuesta asistencia extranjera de “bajo costo”.
Deber¡amos acelerar estos esfuerzos, incluido el uso del apalancamiento de EE. UU. en
finanzas y tecnolog¡a para inducir a los pa¡ses a rechazar dicha asistencia. En el Hemisferio
Occidental -y en todas partes del mundo- Estados Unidos debe dejar claro que los bienes,
servicios y tecnolog¡as estadounidenses son una compra mucho mejor a largo plazo,
porque son de mayor calidad y no vienen con el mismo tipo de condiciones que la
asistencia de otros pa¡ses. Dicho esto, reformaremos nuestro propio sistema para acelerar
aprobaciones y licencias, nuevamente, para hacernos el socio de primera elecci¢n. La
elecci¢n que todos los pa¡ses deben enfrentar es si quieren vivir en un mundo liderado por
Estados Unidos de pa¡ses soberanos y econom¡as libres o en uno paralelo en el que est n
influenciados por pa¡ses del otro lado del mundo. Todo funcionario de EE. UU. que trabaje
en o sobre la regi¢n debe estar al tanto de la imagen completa de la influencia externa
perjudicial mientras aplica simult neamente presi¢n y ofrece incentivos a los pa¡ses socios
para proteger nuestro Hemisferio. Proteger con xito nuestro Hemisferio tambin requiere una
colaboraci¢n m s estrecha entre el Gobierno de EE. UU. y el sector privado estadounidense.
Todas nuestras embajadas deben estar al tanto de las principales oportunidades de negocios
en su pa¡s, especialmente los grandes contratos gubernamentales. Todo funcionario del
Gobierno de EE. UU. que interact£e con estos pa¡ses debe entender que parte de su trabajo
es ayudar a las empresas estadounidenses a competir y tener xito. El Gobierno de EE. UU.
identificar oportunidades estratgicas de adquisici¢n e inversi¢n para empresas
estadounidenses en la regi¢n y presentar estas oportunidades para su evaluaci¢n por cada
programa de financiamiento del Gobierno de EE. UU., incluidos, entre otros, los de los
Departamentos de Estado, Guerra y Energ¡a; la Administraci¢n de Peque¤as Empresas; la
Corporaci¢n Financiera de Desarrollo Internacional; el Banco de Exportaci¢n e
Importaci¢n; y la Corporaci¢n del Desaf¡o del Milenio. Tambin deber¡amos asociarnos con
gobiernos y empresas regionales para construir infraestructura energtica escalable y
resiliente, invertir en acceso a minerales cr¡ticos y endurecer las redes de comunicaci¢n
ciberntica existentes y futuras que aprovechen al m ximo el potencial de cifrado y
seguridad estadounidense. Las entidades del Gobierno de EE. UU. mencionadas
anteriormente deben utilizarse para financiar algunos de los costos de la compra de bienes
estadounidenses en el extranjero. Estados Unidos tambin debe resistir y revertir medidas
como impuestos selectivos, regulaci¢n injusta y expropiaci¢n que perjudican a las empresas
estadounidenses. Los trminos de nuestros acuerdos, especialmente con aquellos pa¡ses que
dependen m s de nosotros y, por lo tanto, sobre los cuales tenemos m s influencia, deben
ser contratos de fuente £nica para nuestras empresas. Al mismo tiempo, debemos hacer
todo lo posible para expulsar a las empresas extranjeras que construyen infraestructura en
la regi¢n.
B. Asia: Ganar el Futuro Econ¢mico, Prevenir la Confrontaci¢n Militar
Liderando desde una Posici¢n de Fuerza
El presidente Trump revirti¢ por s¡ solo m s de tres dcadas de suposiciones
estadounidenses equivocadas sobre China: a saber, que al abrir nuestros mercados a China,
alentar a las empresas estadounidenses a invertir en China y externalizar nuestra fabricaci¢n
a China, facilitar¡amos la entrada de China en el llamado “orden internacional basado en
reglas”. Esto no sucedi¢. China se hizo rica y poderosa, y utiliz¢ su riqueza y poder para su
considerable ventaja. Las lites estadounidenses -a lo largo de cuatro administraciones
sucesivas de ambos partidos pol¡ticos- fueron habilitadores dispuestos de la estrategia de
China o estaban en negaci¢n. El Indo-Pac¡fico ya es la fuente de casi la mitad del PIB
mundial basado en la paridad del poder adquisitivo (PPA), y un tercio basado en el PIB
nominal. Esa participaci¢n seguramente crecer durante el siglo XXI. Lo que significa que
el Indo-Pac¡fico ya es y seguir siendo uno de los campos de batalla econ¢micos y
geopol¡ticos clave del pr¢ximo siglo. Para prosperar en casa, debemos competir con xito
all¡, y lo estamos haciendo. El presidente Trump firm¢ importantes acuerdos durante sus
viajes de octubre de 2025 que profundizan a£n m s nuestros poderosos lazos de comercio,
cultura, tecnolog¡a y defensa, y reafirman nuestro compromiso con un Indo-Pac¡fico libre
y abierto. Estados Unidos conserva activos tremendos -la econom¡a y el ejrcito m s fuertes
del mundo, innovaci¢n insuperable, “poder blando” inigualable y un historial hist¢rico de
beneficiar a nuestros aliados y socios- que nos permiten competir con xito. El presidente
Trump est construyendo alianzas y fortaleciendo asociaciones en el Indo-Pac¡fico que
ser n la base de la seguridad y la prosperidad en el futuro.
Econom¡a: Lo que est en juego
Desde que la econom¡a china se reabri¢ al mundo en 1979, las relaciones comerciales entre
nuestros dos pa¡ses han sido y siguen siendo fundamentalmente desequilibradas. Lo que
comenz¢ como una relaci¢n entre una econom¡a madura y rica y uno de los pa¡ses m s
pobres del mundo se ha transformado en una relaci¢n entre casi pares, incluso cuando,
hasta hace muy poco, la postura de Estados Unidos segu¡a arraigada en esas suposiciones
pasadas. China se adapt¢ al cambio en la pol¡tica arancelaria de EE. UU. que comenz¢ en
2017 en parte fortaleciendo su control sobre las cadenas de suministro, especialmente en
los pa¡ses de ingresos bajos y medios del mundo (es decir, PIB per c pita de $13,800 o
menos), entre los mayores campos de batalla econ¢micos de las pr¢ximas dcadas. Las
exportaciones de China a pa¡ses de bajos ingresos se duplicaron entre 2020 y 2024.
Estados Unidos importa productos chinos indirectamente de intermediarios y f bricas
construidas por China en una docena de pa¡ses, incluido Mxico. Las exportaciones de
China a pa¡ses de bajos ingresos son hoy casi cuatro veces sus exportaciones a los Estados
Unidos. Cuando el presidente Trump asumi¢ el cargo por primera vez en 2017, las
exportaciones de China a los Estados Unidos representaban el 4 por ciento de su PIB, pero
desde entonces han ca¡do a poco m s del 2 por ciento de su PIB. Sin embargo, China
contin£a exportando a los Estados Unidos a travs de otros pa¡ses proxy. De cara al futuro,
reequilibraremos la relaci¢n econ¢mica de Estados Unidos con China, priorizando la
reciprocidad y la justicia para restaurar la independencia econ¢mica estadounidense. El
comercio con China debe ser equilibrado y centrado en factores no sensibles. Si Estados
Unidos permanece en una senda de crecimiento -y puede mantener eso mientras mantiene
una relaci¢n econ¢mica genuinamente ventajosa para ambas partes con Pek¡n- deber¡amos
pasar de nuestra actual econom¡a de $30 billones en 2025 a $40 billones en la dcada de
2030, colocando a nuestro pa¡s en una posici¢n envidiable para mantener nuestro estatus
como la econom¡a l¡der del mundo. Nuestro objetivo final es sentar las bases para la
vitalidad econ¢mica a largo plazo. Es importante destacar que esto debe ir acompa¤ado de
un enfoque robusto y continuo en la disuasi¢n para prevenir la guerra en el Indo-Pac¡fico.
Este enfoque combinado puede convertirse en un c¡rculo virtuoso a medida que una fuerte
disuasi¢n estadounidense abre espacio para una acci¢n econ¢mica m s disciplinada,
mientras que una acci¢n econ¢mica m s disciplinada conduce a mayores recursos
estadounidenses para sostener la disuasi¢n a largo plazo.
Para lograr esto, varias cosas son esenciales.
Primero, Estados Unidos debe proteger y defender nuestra econom¡a y a nuestra gente de
da¤os, de cualquier pa¡s o fuente. Esto significa poner fin (entre otras cosas) a: Subsidios
y estrategias industriales depredadoras dirigidas por el estado; Pr cticas comerciales
injustas; Destrucci¢n de empleos y desindustrializaci¢n; Robo de propiedad intelectual a
gran escala y espionaje industrial; Amenazas contra nuestras cadenas de suministro que
ponen en riesgo el acceso de EE. UU. a recursos cr¡ticos, incluidos minerales y elementos
de tierras raras; Exportaciones de precursores de fentanilo que alimentan la epidemia de
opioides en Estados Unidos; y Propaganda, operaciones de influencia y otras formas de
subversi¢n cultural.
Segundo, Estados Unidos debe trabajar con nuestros aliados de tratados y socios -que
juntos suman otros $35 billones en poder econ¢mico a nuestra propia econom¡a nacional
de $30 billones (constituyendo juntos m s de la mitad de la econom¡a mundial)- para
contrarrestar las pr cticas econ¢micas depredadoras y utilizar nuestro poder econ¢mico
combinado para ayudar a salvaguardar nuestra posici¢n principal en la econom¡a mundial y
asegurar que las econom¡as aliadas no se subordinen a ninguna potencia competidora.
Debemos continuar mejorando las relaciones comerciales (y otras) con India para alentar a
Nueva Delhi a contribuir a la seguridad del Indo-Pac¡fico, incluso a travs de la cooperaci¢n
cuadrilateral continua con Australia, Jap¢n y los Estados Unidos (“el Quad”). Adem s,
tambin trabajaremos para alinear las acciones de nuestros aliados y socios con nuestro
inters conjunto en prevenir la dominaci¢n por parte de cualquier naci¢n competidora.
Estados Unidos debe al mismo tiempo invertir en investigaci¢n para preservar y avanzar
nuestra ventaja en tecnolog¡a militar y de doble uso de vanguardia, con nfasis en los
dominios donde las ventajas de EE. UU. son m s fuertes. Estos incluyen submarino,
espacial y nuclear, as¡ como otros que decidir n el futuro del poder militar, como la IA, la
computaci¢n cu ntica y los sistemas aut¢nomos, m s la energ¡a necesaria para alimentar
estos dominios. Adem s, las relaciones cr¡ticas del Gobierno de EE. UU. con el sector
privado estadounidense ayudan a mantener la vigilancia de las amenazas persistentes a las
redes de EE. UU., incluida la infraestructura cr¡tica. Esto, a su vez, permite la capacidad
del Gobierno de EE. UU. para llevar a cabo el descubrimiento, la atribuci¢n y la respuesta
en tiempo real (es decir, defensa de redes y operaciones cibernticas ofensivas) mientras
protege la competitividad de la econom¡a de EE. UU. y refuerza la resiliencia del sector
tecnol¢gico estadounidense. Mejorar estas capacidades tambin requerir una desregulaci¢n
considerable para mejorar a£n m s nuestra competitividad, estimular la innovaci¢n y
aumentar el acceso a los recursos naturales de Estados Unidos. Al hacerlo, deber¡amos
aspirar a restaurar un equilibrio militar favorable a los Estados Unidos y a nuestros aliados
en la regi¢n. Adem s de mantener la preeminencia econ¢mica y consolidar nuestro sistema
de alianzas en un grupo econ¢mico, Estados Unidos debe ejecutar un compromiso
econ¢mico robusto, liderado por la diplomacia y el sector privado, en aquellos pa¡ses donde
es probable que ocurra la mayor¡a del crecimiento econ¢mico global en las pr¢ximas
dcadas. La diplomacia de “America First” busca reequilibrar las relaciones comerciales
globales. Hemos dejado claro a nuestros aliados que el dficit de cuenta corriente de Estados
Unidos es insostenible. Debemos alentar a Europa, Jap¢n, Corea, Australia, Canad , Mxico
y otras naciones prominentes a adoptar pol¡ticas comerciales que ayuden a reequilibrar la
econom¡a de China hacia el consumo domstico, porque el Sudeste Asi tico, Amrica Latina y
el Medio Oriente no pueden absorber por s¡ solos la enorme capacidad excedente de China.
Las naciones exportadoras de Europa y Asia tambin pueden mirar a los pa¡ses de ingresos
medios como un mercado limitado pero creciente para sus exportaciones. Las empresas
dirigidas y respaldadas por el estado de China sobresalen en la construcci¢n de
infraestructura f¡sica y digital, y China ha reciclado quiz s $1.3 billones de sus super vits
comerciales en prstamos a sus socios comerciales. Estados Unidos y sus aliados a£n no
han formulado, y mucho menos ejecutado, un plan conjunto para el llamado “Sur Global”,
pero juntos poseen recursos tremendos. Europa, Jap¢n, Corea del Sur y otros poseen
activos extranjeros netos de $7 billones. Las instituciones financieras internacionales,
incluidos los bancos multilaterales de desarrollo, poseen activos combinados de $1.5
billones. Si bien la desviaci¢n de la misi¢n (mission creep) ha socavado la efectividad de
algunas de estas instituciones, esta administraci¢n est dedicada a usar su posici¢n de
liderazgo para implementar reformas que aseguren que sirvan a los intereses
estadounidenses. Lo que diferencia a Estados Unidos del resto del mundo -nuestra apertura,
transparencia, confiabilidad, compromiso con la libertad e innovaci¢n y el capitalismo de
libre mercado- continuar hacindonos el socio global de primera elecci¢n. Estados Unidos
todav¡a mantiene la posici¢n dominante en las tecnolog¡as clave que el mundo necesita.
Deber¡amos presentar a los socios un conjunto de incentivos -por ejemplo, cooperaci¢n de
alta tecnolog¡a, compras de defensa y acceso a nuestros mercados de capitales- que
inclinen las decisiones a nuestro favor. Las visitas de estado del presidente Trump en mayo
de 2025 a los pa¡ses del Golfo Prsico demostraron el poder y el atractivo de la tecnolog¡a
estadounidense. All¡, el Presidente gan¢ el apoyo de los Estados del Golfo para la tecnolog¡a
de IA superior de Estados Unidos, profundizando nuestras asociaciones. Estados Unidos
deber¡a alistar de manera similar a nuestros aliados y socios europeos y asi ticos, incluida
India, para cimentar y mejorar nuestras posiciones conjuntas en el Hemisferio Occidental y,
con respecto a los minerales cr¡ticos, en Africa. Deber¡amos formar coaliciones que
utilicen nuestras ventajas comparativas en finanzas y tecnolog¡a para construir mercados
de exportaci¢n con pa¡ses cooperantes. Los socios econ¢micos de Estados Unidos ya no
deber¡an esperar obtener ingresos de los Estados Unidos a travs del exceso de capacidad y
los desequilibrios estructurales, sino buscar el crecimiento a travs de una cooperaci¢n
gestionada vinculada a la alineaci¢n estratgica y recibiendo inversi¢n estadounidense a largo
plazo. Con los mercados de capitales m s profundos y eficientes del mundo, Estados
Unidos puede ayudar a los pa¡ses de bajos ingresos a desarrollar sus propios mercados de
capitales y vincular sus monedas m s estrechamente al d¢lar, asegurando el futuro del d¢lar
como la moneda de reserva del mundo. Nuestras mayores ventajas siguen siendo nuestro
sistema de gobierno y nuestra din mica econom¡a de libre mercado. Sin embargo, no
podemos asumir que las ventajas de nuestro sistema prevalecer n por defecto. Una
estrategia de seguridad nacional es, por lo tanto, esencial.
Disuadiendo Amenazas Militares
A largo plazo, mantener la preeminencia econ¢mica y tecnol¢gica estadounidense es la
forma m s segura de disuadir y prevenir un conflicto militar a gran escala. Un equilibrio
militar convencional favorable sigue siendo un componente esencial de la competencia
estratgica. Hay, con raz¢n, mucho enfoque en Taiw n, en parte debido al dominio de
Taiw n en la producci¢n de semiconductores, pero principalmente porque Taiw n
proporciona acceso directo a la Segunda Cadena de Islas y divide el noreste y el sudeste de
Asia en dos teatros distintos. Dado que un tercio del transporte mar¡timo mundial pasa
anualmente por el Mar de China Meridional, esto tiene importantes implicaciones para la
econom¡a de EE. UU. Por lo tanto, disuadir un conflicto sobre Taiw n, idealmente
preservando la superioridad militar, es una prioridad. Tambin mantendremos nuestra
pol¡tica declaratoria de larga data sobre Taiw n, lo que significa que Estados Unidos no
apoya ning£n cambio unilateral al status quo en el Estrecho de Taiw n. Construiremos un
ejrcito capaz de negar la agresi¢n en cualquier lugar de la Primera Cadena de Islas. Pero el
ejrcito estadounidense no puede, y no deber¡a tener que, hacer esto solo. Nuestros aliados
deben dar un paso al frente y gastar -y lo m s importante, hacer- mucho m s por la defensa
colectiva. Los esfuerzos diplom ticos de Estados Unidos deben centrarse en presionar a
nuestros aliados y socios de la Primera Cadena de Islas para que permitan al ejrcito
estadounidense un mayor acceso a sus puertos y otras instalaciones, gasten m s en su
propia defensa y, lo m s importante, inviertan en capacidades destinadas a disuadir la
agresi¢n. Esto interconectar los problemas de seguridad mar¡tima a lo largo de la Primera
Cadena de Islas mientras refuerza la capacidad de EE. UU. y los aliados para negar
cualquier intento de apoderarse de Taiw n o lograr un equilibrio de fuerzas tan desfavorable
para nosotros como para hacer imposible la defensa de esa isla. Un desaf¡o de seguridad
relacionado es el potencial de cualquier competidor para controlar el Mar de China
Meridional. Esto podr¡a permitir que una potencia potencialmente hostil imponga un sistema
de peaje sobre una de las rutas comerciales m s vitales del mundo o -peor a£n- cerrarla y
reabrirla a voluntad. Cualquiera de esos dos resultados ser¡a perjudicial para la econom¡a de
EE. UU. y los intereses m s amplios de EE. UU. Se deben desarrollar medidas fuertes junto
con la disuasi¢n necesaria para mantener esas rutas abiertas, libres de “peajes” y no sujetas
a cierre arbitrario por parte de un pa¡s. Esto requerir no solo una mayor inversi¢n en
nuestras capacidades militares -especialmente navales-, sino tambin una fuerte cooperaci¢n
con cada naci¢n que pueda sufrir, desde India hasta Jap¢n y m s all , si este problema no se
aborda. Dada la insistencia del presidente Trump en un mayor reparto de la carga por parte
de Jap¢n y Corea del Sur, debemos instar a estos pa¡ses a aumentar el gasto en defensa,
con un enfoque en las capacidades -incluidas nuevas capacidades- necesarias para disuadir
a los adversarios y proteger la Primera Cadena de Islas. Tambin endureceremos y
fortaleceremos nuestra presencia militar en el Pac¡fico Occidental, mientras que en
nuestros tratos con Taiw n y Australia mantenemos nuestra ret¢rica decidida sobre el
aumento del gasto en defensa. Prevenir conflictos requiere una postura vigilante en el Indo-
Pac¡fico, una base industrial de defensa renovada, una mayor inversi¢n militar de nosotros
mismos y de aliados y socios, y ganar la competencia econ¢mica y tecnol¢gica a largo
plazo.
C. Promoviendo la Grandeza Europea
Los funcionarios estadounidenses se han acostumbrado a pensar en los problemas
europeos en trminos de gasto militar insuficiente y estancamiento econ¢mico. Hay verdad
en esto, pero los problemas reales de Europa son a£n m s profundos. La Europa continental
ha estado perdiendo participaci¢n en el PIB mundial -bajando del 25 por ciento en 1990 al
14 por ciento hoy- en parte debido a regulaciones nacionales y transnacionales que socavan
la creatividad y la laboriosidad. Pero este declive econ¢mico se ve eclipsado por la
perspectiva real y m s cruda del borrado civilizacional. Los problemas m s grandes que
enfrenta Europa incluyen actividades de la Uni¢n Europea y otros organismos
transnacionales que socavan la libertad pol¡tica y la soberan¡a, pol¡ticas de migraci¢n que
est n transformando el continente y creando conflictos, censura de la libertad de expresi¢n
y supresi¢n de la oposici¢n pol¡tica, tasas de natalidad que se desploman y prdida de
identidades nacionales y autoconfianza. Si las tendencias actuales contin£an, el continente
ser irreconocible en 20 a¤os o menos. Como tal, est lejos de ser obvio si ciertos pa¡ses
europeos tendr n econom¡as y ejrcitos lo suficientemente fuertes como para seguir siendo
aliados confiables. Muchas de estas naciones actualmente est n redoblando su apuesta en
su camino actual. Queremos que Europa siga siendo europea, que recupere su
autoconfianza civilizacional y que abandone su enfoque fallido en la asfixia regulatoria. Esta
falta de autoconfianza es m s evidente en la relaci¢n de Europa con Rusia. Los aliados
europeos disfrutan de una ventaja significativa de poder duro sobre Rusia en casi todas las
medidas, salvo las armas nucleares. Como resultado de la guerra de Rusia en Ucrania, las
relaciones europeas con Rusia est n ahora profundamente atenuadas, y muchos europeos
consideran a Rusia como una amenaza existencial. Gestionar las relaciones europeas con
Rusia requerir un compromiso diplom tico significativo de EE. UU., tanto para restablecer
las condiciones de estabilidad estratgica a travs de la masa terrestre euroasi tica, como para
mitigar el riesgo de conflicto entre Rusia y los estados europeos. Es un inters central de los
Estados Unidos negociar un cese expedito de las hostilidades en Ucrania, con el fin de
estabilizar las econom¡as europeas, prevenir la escalada involuntaria o la expansi¢n de la
guerra y restablecer la estabilidad estratgica con Rusia, as¡ como permitir la reconstrucci¢n
posterior a las hostilidades de Ucrania para permitir su supervivencia como un estado
viable. La Guerra de Ucrania ha tenido el efecto perverso de aumentar las dependencias
externas de Europa, especialmente de Alemania. Hoy, las empresas qu¡micas alemanas est n
construyendo algunas de las plantas de procesamiento m s grandes del mundo en China,
utilizando gas ruso que no pueden obtener en casa. La Administraci¢n Trump se encuentra
en desacuerdo con funcionarios europeos que tienen expectativas poco realistas para la
guerra, encaramados en gobiernos minoritarios inestables, muchos de los cuales pisotean
los principios b sicos de la democracia para suprimir la oposici¢n. Una gran mayor¡a
europea quiere la paz, sin embargo, ese deseo no se traduce en pol¡tica, en gran medida
debido a la subversi¢n de los procesos democr ticos por parte de esos gobiernos. Esto es
estratgicamente importante para los Estados Unidos precisamente porque los estados
europeos no pueden reformarse a s¡ mismos si est n atrapados en una crisis pol¡tica. Sin
embargo, Europa sigue siendo estratgica y culturalmente vital para los Estados Unidos. El
comercio transatl ntico sigue siendo uno de los pilares de la econom¡a global y de la
prosperidad estadounidense. Los sectores europeos, desde la fabricaci¢n hasta la
tecnolog¡a y la energ¡a, siguen estando entre los m s robustos del mundo. Europa es el
hogar de investigaciones cient¡ficas de vanguardia e instituciones culturales l¡deres en el
mundo. No solo no podemos permitirnos descartar a Europa, sino que hacerlo ser¡a
contraproducente para lo que esta estrategia pretende lograr. La diplomacia estadounidense
debe continuar defendiendo la democracia genuina, la libertad de expresi¢n y las
celebraciones sin disculpas del car cter e historia individual de las naciones europeas.
Estados Unidos alienta a sus aliados pol¡ticos en Europa a promover este renacimiento del
esp¡ritu, y la creciente influencia de los partidos patri¢ticos europeos de hecho da motivos
para un gran optimismo. Nuestro objetivo debe ser ayudar a Europa a corregir su
trayectoria actual. Necesitaremos una Europa fuerte que nos ayude a competir con xito y a
trabajar en concierto con nosotros para evitar que cualquier adversario domine Europa.
Estados Unidos est , comprensiblemente, apegado sentimentalmente al continente europeo -
y, por supuesto, a Gran Breta¤a e Irlanda. El car cter de estos pa¡ses tambin es
estratgicamente importante porque contamos con aliados creativos, capaces, seguros y
democr ticos para establecer condiciones de estabilidad y seguridad. Queremos trabajar con
pa¡ses alineados que quieran restaurar su antigua grandeza. A largo plazo, es m s que
plausible que dentro de unas pocas dcadas a m s tardar, ciertos miembros de la OTAN se
conviertan en mayor¡a no europea. Como tal, es una pregunta abierta si ver n su lugar en el
mundo, o su alianza con los Estados Unidos, de la misma manera que aquellos que firmaron
la carta de la OTAN.
Nuestra pol¡tica general para Europa debe priorizar:
Restablecer condiciones de estabilidad dentro de Europa y estabilidad estratgica con Rusia;
Permitir que Europa se sostenga por s¡ misma y opere como un grupo de naciones
soberanas alineadas, incluso asumiendo la responsabilidad principal de su propia defensa,
sin ser dominada por ninguna potencia adversaria; Cultivar la resistencia a la trayectoria
actual de Europa dentro de las naciones europeas; Abrir los mercados europeos a los
bienes y servicios de EE. UU. y asegurar un trato justo a los trabajadores y empresas de
EE. UU.; Construir las naciones saludables de Europa Central, Oriental y del Sur a travs de
lazos comerciales, ventas de armas, colaboraci¢n pol¡tica e intercambios culturales y
educativos; Poner fin a la percepci¢n, y prevenir la realidad, de la OTAN como una alianza
en perpetua expansi¢n; y Alentar a Europa a tomar medidas para combatir el exceso de
capacidad mercantilista, el robo tecnol¢gico, el ciberespionaje y otras pr cticas econ¢micas
hostiles.
D. El Oriente Medio: Transferir Cargas, Construir Paz
Durante al menos medio siglo, la pol¡tica exterior estadounidense ha priorizado el Oriente
Medio por encima de todas las dem s regiones. Las razones son obvias: el Oriente Medio
fue durante dcadas el proveedor de energ¡a m s importante del mundo, fue un teatro
principal de competencia de superpotencias y estuvo plagado de conflictos que amenazaban
con extenderse al mundo en general e incluso a nuestras propias costas. Hoy, al menos dos
de esas din micas ya no se sostienen. Los suministros de energ¡a se han diversificado
enormemente, con Estados Unidos siendo una vez m s un exportador neto de energ¡a. La
competencia de superpotencias ha dado paso a las maniobras de grandes potencias, en las
que Estados Unidos conserva la posici¢n m s envidiable, reforzada por la exitosa
revitalizaci¢n de nuestras alianzas en el Golfo por parte del presidente Trump, con otros
socios rabes y con Israel. El conflicto sigue siendo la din mica m s problem tica del
Oriente Medio, pero hoy hay menos en este problema de lo que los titulares podr¡an llevar a
creer. Ir n -la principal fuerza desestabilizadora de la regi¢n- se ha visto muy debilitado por
las acciones israel¡es desde el 7 de octubre de 2023, y por la Operaci¢n Martillo de
Medianoche del presidente Trump en junio de 2025, que degrad¢ significativamente el
programa nuclear de Ir n. El conflicto israel¡-palestino sigue siendo espinoso, pero gracias
al alto el fuego y la liberaci¢n de rehenes que negoci¢ el presidente Trump, se ha avanzado
hacia una paz m s permanente. Los principales patrocinadores de Ham s se han debilitado o
se han apartado. Siria sigue siendo un problema potencial, pero con el apoyo
estadounidense, rabe, israel¡ y turco puede estabilizarse y reasumir el lugar que le
corresponde como un actor integral y positivo en la regi¢n. A medida que esta
administraci¢n rescinde o alivia las pol¡ticas energticas restrictivas y la producci¢n de
energ¡a estadounidense aumenta, la raz¢n hist¢rica de Estados Unidos para centrarse en el
Oriente Medio retroceder . En cambio, la regi¢n se convertir cada vez m s en una fuente y
destino de inversi¢n internacional, y en industrias mucho m s all del petr¢leo y el gas,
incluidas la energ¡a nuclear, la IA y las tecnolog¡as de defensa. Tambin podemos trabajar
con socios de Oriente Medio para promover otros intereses econ¢micos, desde asegurar
cadenas de suministro hasta reforzar oportunidades para desarrollar mercados amigables y
abiertos en otras partes del mundo como Africa. Los socios de Oriente Medio est n
demostrando su compromiso de combatir el radicalismo, una tendencia que la pol¡tica
estadounidense deber¡a seguir alentando. Pero hacerlo requerir abandonar el experimento
equivocado de Estados Unidos de sermonear a estas naciones -especialmente a las
monarqu¡as del Golfo- para que abandonen sus tradiciones y formas hist¢ricas de
gobierno. Deber¡amos alentar y aplaudir la reforma cuando y donde surja org nicamente,
sin intentar imponerla desde fuera. La clave para relaciones exitosas con el Oriente Medio
es aceptar la regi¢n, sus l¡deres y sus naciones tal como son, mientras trabajamos juntos en
reas de inters com£n. Estados Unidos siempre tendr intereses centrales en asegurar que
los suministros de energ¡a del Golfo no caigan en manos de un enemigo absoluto, que el
Estrecho de Ormuz permanezca abierto, que el Mar Rojo permanezca navegable, que la
regi¢n no sea una incubadora o exportadora de terror contra los intereses estadounidenses
o el territorio nacional estadounidense, y que Israel permanezca seguro. Podemos y
debemos abordar esta amenaza ideol¢gica y militarmente sin dcadas de guerras
infructuosas de “construcci¢n de naciones”. Tambin tenemos un claro inters en expandir
los Acuerdos de Abraham a m s naciones en la regi¢n y a otros pa¡ses en el mundo
musulm n. Pero los d¡as en que el Oriente Medio dominaba la pol¡tica exterior
estadounidense tanto en la planificaci¢n a largo plazo como en la ejecuci¢n diaria han
terminado afortunadamente; no porque el Oriente Medio ya no importe, sino porque ya no
es el irritante constante y la fuente potencial de cat strofe inminente que alguna vez fue.
M s bien est emergiendo como un lugar de asociaci¢n, amistad e inversi¢n, una tendencia
que debe ser bienvenida y alentada. De hecho, la capacidad del presidente Trump para unir
al mundo rabe en Sharm el-Sheij en busca de la paz y la normalizaci¢n permitir a los
Estados Unidos priorizar finalmente los intereses estadounidenses.
E. Africa Durante demasiado tiempo, la pol¡tica estadounidense en Africa se ha centrado en
proporcionar, y m s tarde en difundir, la ideolog¡a liberal. Estados Unidos deber¡a, en
cambio, buscar asociarse con pa¡ses seleccionados para mejorar los conflictos, fomentar
relaciones comerciales mutuamente beneficiosas y pasar de un paradigma de ayuda exterior
a un paradigma de inversi¢n y crecimiento capaz de aprovechar los abundantes recursos
naturales y el potencial econ¢mico latente de Africa. Las oportunidades de compromiso
podr¡an incluir negociar acuerdos para conflictos en curso (por ejemplo, RDC-Ruanda,
Sud n) y prevenir otros nuevos (por ejemplo, Etiop¡a-Eritrea-Somalia), as¡ como acciones
para enmendar nuestro enfoque de ayuda e inversi¢n (por ejemplo, la Ley de Crecimiento y
Oportunidades para Africa). Y debemos permanecer cautelosos ante la resurgente actividad
terrorista islamista en partes de Africa, evitando al mismo tiempo cualquier presencia o
compromiso estadounidense a largo plazo. Estados Unidos deber¡a pasar de una relaci¢n
centrada en la ayuda con Africa a una relaci¢n centrada en el comercio y la inversi¢n,
favoreciendo las asociaciones con estados capaces y confiables comprometidos con abrir
sus mercados a los bienes y servicios de EE. UU. Un rea inmediata para la inversi¢n de EE.
UU. en Africa, con perspectivas de un buen retorno de la inversi¢n, incluye el sector
energtico y el desarrollo de minerales cr¡ticos. El desarrollo de tecnolog¡as de energ¡a
nuclear, gas licuado de petr¢leo y gas natural licuado respaldadas por EE. UU. puede
generar ganancias para las empresas de EE. UU. y ayudarnos en la competencia por
minerales cr¡ticos y otros recursos.