tema 2 Estudio del
sedimento urinario
Antonio Mesa Priego
Como hemos reflejado en el tema anterior, cuando alguno de los cuatro parámetros
anteriores supera su límite de normalidad, se deberá realizar el estudio del sedimento urinario,
un procedimiento diagnóstico muy valioso y sencillo que ayuda a un reconocimiento temprano
de las condiciones infecciosas, inflamatorias y neoplásicas que afectan al sistema urinario.
El estudio del sedimento requiere un personal cualificado y experimentado, precisando
dos condiciones la interpretación correcta y completa del mismo:
- Dedicación mínima de tiempo.
- Un conocimiento profundo no sólo de los elementos o estructuras a reconocer,
sino de la fisiopatología que los envuelve.
Para las pruebas selectivas, una muestra de orina a cualquier hora del día suele ser
satisfactoria, aunque para la evaluación de una enfermedad renal se recomienda una muestra
de la primera orina de la mañana.
En resumen, el estudio del sedimento urinario se realizará cuando se obtengan algunos
de los siguientes resultados:
- Hematíes: > 25 hematíes/microlitro.
- Leucocitos: > 25 leucocitos/microlitro.
- Nitritos: positivos.
- Proteínas: > 50 mgr/dl.
Para el estudio del sedimento es preciso centrifugar la muestra con una cantidad mínima
de 10 ml, ya que los estudios por campo del sedimento urinario se realizan en base a esta
cantidad de muestra. En caso contrario, no se realizará el mismo, introduciendo el comentario
de: «Muestra insuficiente para sedimento urinario».
Tema 2. Estudio del sedimento urinario 37
La centrifugación se hará en tubo cónico de 10 ml., durante tres minutos y a 1.500
r.p.m., con el fin de evitar la deformación de los elementos que contiene. Seguidamente, se
decanta el sobrenadante y se procederá a su observación al microscopio del sedimento, el cual
se resuspenderá con suavidad con la ayuda de una pipeta, depositándose una gota del mismo
en un porta y poniendo un cubreobjetos sobre el mismo.
El aumento idóneo de los oculares es x 7/x 8, y la del objetivo, x 40 en seco, lo que
multiplicado por el poder de resolución del microscopio (generalmente oscilante entre 1,2 y
1,3) proporciona aumentos reales de 350-450 veces. El micrométrico se girará para ambos
lados durante la lectura con el objeto de observar y distinguir bien las distintas formaciones
urinarias.
Mediante su estudio, se podrán observar una serie de organizaciones que exponemos
en los siguientes apartados.
1. CRISTALES
Los cristales son formaciones que se pueden dividir en dos grandes grupos, dependiendo
del origen de los componentes que contienen:
- Fisiológicos, que son aquellos compuestos patológicos, o no patológicos, que
son eliminados en la orina y forman parte de la bioquímica humana.
- No fisiológicos, que son aquellos que no provienen de las reacciones bioquímicas
normales del organismo y cuya procedencia es de presencia inducida (aporte
externo, como medicamentos), o de presencia secundaria (reacciones secundarias
no contempladas en la bioquímica normal del organismo).
Los cristales son hallazgos comunes en el sedimento urinario. Su presencia no tiene
especial importancia, no significando que su eliminación esté aumentada, sino la precipitación
de aquella sustancia que contienen. Los fosfatos, uratos y oxalatos son frecuentes y se
encuentran en el sedimento de la orina normal, pero, sin embargo, otros cristales sí precisan
nuestro interés. La separación preliminar entre unos cristales y otros se realiza mediante el
conocimiento del pH urinario.
La presencia de más de 5 cristales por campo microscópico debe ser tomada como un
factor predictivo de patología e informada como «abundantes».
1.1. Orinas ácidas (ph < 6,5).
1.1.1. Uratos amorfos.
Con este nombre se agrupan las sales sódicas, potásicas, cálcicas, magnésicas y amónicas
del ácido úrico. Al microscopio se presentan como un precipitado amorfo coloreado (rosa
38 Tema 2. Estudio del sedimento urinario
naranja o pardo rojizo, como «polvo de ladrillo»), prismas aciculares tricíclicos, incoloros y de
frágil constitución. Estos gránulos forman masas y se adhieren a las fibras y a las bandas de
moco.
Precisamente, este precipitado es similar al de los fosfatos amorfos, distinguiéndose
tan sólo por el color del precipitado y por el pH (fig. 1).
Fig. 1. Uratos amorfos.
1.1.2. Ácido úrico.
Forma parte de las purinas, que provienen de la degradación de los ácidos nucleicos,
liberándose entre otros componentes las bases purínicas y pirimidínicas (adenina, guanina,
timina, uracilo, citosina), cuya eliminación se realiza en forma de ácido úrico.
Normalmente se presentan como cristales rómbicos bien formados, aislados y a veces
en agrupaciones, de diverso tamaño, transparentes y coloreados de un amarillo característico.
Típicamente, presentan cuatro lados planos, amarillos o de color pardo rojizo. Otras veces
pueden formar prismas rómbicos, ovales con extremos afilados (en forma de limón), en cuña,
rosetas prismáticas o placas irregulares. También pueden aparecer como placas irregulares de
forma rectangular o hexagonal, como los de cistina. Ocasionalmente puede aparecer amorfo
el ácido úrico. Se forman a un pH bajo (5-5,5).
Se encuentran en el 16 % de los pacientes de gota. Sin embargo, su presencia en el
sedimento no indica necesariamente ni la presencia de una condición patológica, ni una
concentración elevada de ácido úrico urinario (figs. 2).
Figs. 2. Cristales de ácido úrico.
Tema 2. Estudio del sedimento urinario 39
1.1.3. Oxalato cálcico.
Tienen el aspecto de un «sobre de carta», con forma bipirámide tetragonal y transparente;
son pequeños, incoloros y octaédricos. También pueden ser grandes, a veces en grupos. Rara
vez se ven las formas ovoides, en reloj de arena o más largas del oxalato monohidrato de calcio.
Aparecen a un pH de 6 o en orinas neutras, en ocasiones.
- Oxalato cálcico monohidratado. Se presentan en forma de discos bicóncavos
alargados de tamaño considerable con una depresión central poco visible, que
les dan aspecto de «reloj de arena» y o «pesas de gimnasia».
- Oxalato cálcico dihidratado. Se presentan como unidades aisladas, incoloras
y transparentes, cuyo tamaño es variable. Les da figura «en sobre de carta».
- Oxalato cálcico trihidratado. Se presenta como placas cristalinas birrefringentes,
de configuración pseudohexagonal, bordes finos e incoloras.
Están relacionados con los cálculos urinarios, pudiendo provocar una insuficiencia
renal. La ingesta excesiva de alimentos ricos en oxalato (tomates, ajos, ruibarbo, naranjas,
espárragos), o la presencia de condiciones patológicas como diabetes o hepatopatía suelen
indicar su existencia (fig. 3).
Fig. 3. Cristales de oxalato cálcico.
1.1.4. Cistina.
Se observan como cristales brillantes, incoloros y transparentes, bastante gruesos y de
bordes definidos, aislados o formando masas irregulares. Forman prismas hexagonales con un
alto grado de refracción las cuales, cuando están bien formadas, poseen una faceta perfecta
y las dos contiguas imperfectas. Pueden confundirse con las formas hexagonales del ácido
úrico, o formando parejas.
Su estudio se debe realizar en orina fresca y no debe demorarse, ya que las bacterias
acaban rápidamente con ellos. Junto con la formación de cálculos en la vejiga, puede aparecer
un extenso depósito tisular de cristales de cistina en el hígado y el riñón (fig. 4).
40 Tema 2. Estudio del sedimento urinario
Fig. 4. Cristales de cistina.
1.1.5. Tirosina y leucina.
Son aminoácidos de cristalización ácida muy raros de observar. Muy refringentes la
tirosina se dispone en haces o acumulaciones en rosetas de agujas finas (también en forma
tubular), de color amarillo debido a la presencia de ictericia (bilirrubina), parecen negros al
enfocar el microscopio. Suelen aparecer como resultado de una grave enfermedad hepática.
Por su parte la leucina lo hace en forma de gotas de aceite, con estrías circulares
concéntricas, en forma poliédrica o como glóbulos que presentan una cruz de extinción
típica cuando se observan bajo luz polarizada; esferas amarillentas de aspecto aceitoso con
estriaciones radiales y concéntricas.
Ambos cristales pueden aparecer en el mismo sedimento, precipitando la leucina con
los cristales de tirosina al añadir alcohol a la orina.
1.1.6. Ácido hipúrico.
Se encuentran raramente. Suelen presentarse como acúmulos estrellados de agujas o
prismas alongados. Se tiñen de color amarillo por los pigmentos urinarios.
1.1.7. Bilirrubina.
Aparecen en forma de delicadas agujas ortorrómbicas con un color marrón rojizo. Estas
agujas son birrefringentes y pueden colorear y modificar la estructura de otros cristales, en
particular los de ácido úrico.
1.1.8. Creatina.
Aparece en orina cuando existe una aceleración en el proceso de destrucción endógena
del músculo, por lo que suelen observarse tras existir una serie de procesos asociados con la
lisis directa o indirecta de células musculares. Presentan formas biaxiales, pseudohexagonales,
con birrefringencia positiva.
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1.1.9. Colesterol.
La orina posee en la quiluria un aspecto lechoso, en especial tras la ingestión de una
comida rica en grasas. Estos cristales se presentan como placas transparentes, hendidas regular
o irregularmente. Las formas prismáticas se confunden con facilidad debido a su semejanza con
el sulfato cálcico o talco. Bajo luz polarizada, pueden mostrar una cruz de extinción o «cruz de
Malta» típica. La forma en «sombrero chino» es especialmente llamativa.
1.2. Orinas alcalinas (ph >6,5).
Son aquellos fosfatos que forman sales solubles de sodio y potasio, y menos solubles
de calcio y magnesio.
1.2.1. Fosfatos amorfos (calcio y magnesio).
Se ven en forma de delgados prismas (forma de agujas), aislados o formando haces
más o menos tupidos. Los fosfatos cálcico-magnésico se presentan como cristales incoloros
de aspecto cuboideo y muy refringentes en contraste de fases.
También adoptan formas de acumulaciones o masas de gránulos incoloros amorfos,
que aparecen en la orina de pH alcalino o ligeramente ácido, mostrando un sedimento de color
blanquecino por un precipitado fino o en encaje típico. No presentan interés clínico.
1.2.2. Fosfato triple (fosfato amónico-magnésico).
Se presentan como formas de ocho prismas incoloros y transparentes, que le dan el
inconfundible aspecto de «tapa de ataúd». Con aspecto de prismas incoloros con tres a seis
lados y extremo oblicuos, menos a menudo en forma de helecho plano. Fosfato de hidrógeno
dicálcico: prismas largos de tres lados con extremo puntiagudo. Forma acumulaciones o rosetas.
Fosfato magnésico: formas romboides incoloras, algunos con esquinas o extremos hendidos.
Se reconocen rara vez (figs. 5 y 6).
1.2.3. Carbonato cálcico.
Aunque suelen ser amorfos, pueden presentarse como romboedros o espátulas con
ligero tinte amarillo y transparente, pudiéndose llegar a confundir con cristales de ácido
úrico, diferenciándose en su pH alcalino. En ocasiones se observan formas de aguja. También
presentan forma de pequeños gránulos o esferas incoloras, en parejas o dobles parejas. Podemos
encontrarlos formando cálculos.
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Fig. 5. Cristal de fosfato triple.
Fig. 6. Cristales monoamónico.
Con frecuencia están presentes en cálculos compuestos principalmente por otros
componentes inorgánicos.
1.2.4. Urato amónico.
Tienen forma de gránulos redondeados, con o sin espículas, fuertemente estriados a
partir de un punto central y de un color pardoamarillenta, estriaciones radiales o concéntricas
y proyecciones irregulares o espinas, a menudo denominadas manzanas con pinzas, pues
presentan estriaciones radiales o concéntricas y proyecciones irregulares. Con frecuencia
acompaña a los cristales de fosfato y los fosfatos amorfos. También pueden presentarse en
forma en las neutras y a veces en las ligeramente ácidas.
2. HEMATÍES
Los hematíes normales se presentan en el sedimento con tonos pálidos, carentes de
núcleo y en forma de discos bicóncavos, por lo que parecen células vacías y transparentes. Su
membrana es más oscura y mejor delimitada; con el movimiento sucesivo del micrómetro, se
puede observar como una doble membrana concéntrica, que no es más que un efecto óptico
debido a la proyección vertical. Su diámetro es de unas 7,5 micras y su espesor de unas 2
micras. Es normal la presencia de 2-3 hematíes/campo (fig. 7).
Conforme pasa el tiempo, los hematíes van perdiendo este aspecto a causa de la
disolución o pérdida de su hemoglobina, adquiriendo una forma de círculos tenues incoloros o
«sombras de células». También pueden aparecer dentadas en orina hipertónica y como células
pequeñas y toscas, con bordes arrugados, plegados o dentados.
En ocasiones los hematíes pueden confundirse con dos formaciones muy similares:
- Levaduras, que son células esféricas, pero con pequeñas gemaciones en su
membrana y que suelen estas unidas entre sí.
Tema 2. Estudio del sedimento urinario 43
- Gotas de aceite, que presentan una gran variación de tamaño y son altamente
refringentes, o bien las cremas vaginales, cuya forma no es totalmente
redondeada (ovoide, incoloras y con una pared de doble refracción) y poseen
un pequeño núcleo con forma de tricornio.
Fig. 7. Hematíes.
Como dijimos en el tema anterior, puede haber discrepancia entre los resultados de las
tiras reactivas y los observados con el sedimento, debido a que la conversión del contenido de
hemoglobina a elementos formes realizada por los aparatos automáticos o la escala patrón
manual suministrada por el fabricante, rinde casi siempre resultados superiores a los del
sedimento. La liberación de hemoglobina por rotura de los hematíes puede producirse por
múltiples causas durante el trayecto o almacenaje en la vejiga, o bien durante el procesamiento
de la muestra.
Por tanto, las tiras reactivas podrían dar resultados positivos cuando existe hemoglobina
en la orina, ya sea por que hay hematíes (hematuria), o por la presencia de hemoglobina
libre (hemoglobinuria). La mioglobina suele dar también un resultado positivo. La hematuria
microscópica puede presentarse aislada o junto a otras alteraciones de la orina (proteinuria o
bacteriuria).
El uso de microscopia de luz ordinaria tiende a infravalorar el número de hematíes,
debido a que pasan desapercibidos aquellos hematíes poco contrastados (hematíes fantasmas),
los cuales son claramente visibles en contraste de fases.
Cuando se encuentran cifras aumentadas de eritrocitos en orina, en unión con cilindros
eritrocitarios, puede suponerse que la hemorragia es de origen renal. En ausencia de cilindros
o proteinuria, un aumento de su cifra sugiere hemorragia distal al riñón.
La hematuria patológica puede tener su origen en cualquier nivel del aparato urinario,
desde el glomérulo renal, hasta la uretra anterior.
Toda hematuria obliga a:
- Confirmar la presencia de sangre en orina mediante estudio del sedimento
urinario.
- Investigar si la hematuria es inicial, terminal o total.
44 Tema 2. Estudio del sedimento urinario
- Determinar si es aislada o se acompaña de otras alteraciones, como: proteinuria,
cilindros hemáticos o bacterias).
La hematuria que se manifiesta al final de la micción suele estar causada por lesiones en
el cuello vesical o la uretra posterior. La hematuria que sólo afecta el primer chorro miccional
se debe a procesos de la uretra anterior. La hematuria que persiste durante toda la micción
sugiere un proceso patológico localizado en la vejiga, el uréter, la pelvis o el riñón.
Cuando la hematuria es total, el paso siguiente consiste en averiguar si se acompaña de
otras alteraciones urinarias. El hallazgo de proteinuria significativa (superior a 1 g/24 horas),
cilindros hemáticos o hematíes dismórficos indica que la hematuria tiene su origen en la
nefrona. La infección urinaria es una causa frecuente de hematuria que desaparece una vez
cesa la infección.
3. LEUCOCITOS
Son células redondas, cuyo citoplasma está ocupado por uno o varios núcleos. Presentan
un tamaño uniforme, más grande que los hematíes y más pequeño que las células epiteliales.
Es normal la presencia de 2-5 leucocitos/campo (fig. 8).
Fig. 8. Leucocitos.
La leucocituria es el término apropiado para describir la presencia de leucocitos más
que el de piuria, que tiende a asociar la presencia de leucocitos con infección urinaria. Aunque,
en la mayoría de los casos, la leucocituria se debe a una infección aguda o crónica del tracto
urinario (uretritis, cistitis, prostatitis, pielonefritis), se trata de un hallazgo inespecífico que
indica inflamación del riñón o de la vía excretora. La presencia, al mismo tiempo, de bacterias
es el signo más seguro para definir un proceso infeccioso en el árbol urinario.
En la orina fresca, las características nucleares se hallan bastante bien definidas, los
segmentos nucleares presentan el aspecto de núcleos redondeados y están bien diferenciados.
Los leucocitos se lisan con rapidez en la orina hipotónica y también en la alcalina. Alrededor
del 50 % se pierde al cabo de 2-3 horas a temperatura ambiente, comenzando su degeneración
Tema 2. Estudio del sedimento urinario 45
celular mediante la pérdida de sus detalles nucleares hasta el punto de ser difícil distinguirlos
con las células epiteliales del túbulo renal.
Un aumento de los leucocitos en la orina (principalmente neutrófilos) se observa en casi
todas las enfermedades renales y de las vías urinarias. Pueden también estar transitoriamente
aumentados en la fiebre y después de un ejercicio intenso. Cuando van acompañados de cilindros
leucocitarios y/o bacterianos, este aumento se considera de origen renal (en la nefrona).
Cuando la piuria es abundante, la orina es turbia y muestra un aspecto lechoso; sin
embargo, esta apariencia no es indicativa de leucocituria, ya que la fostaturia presenta un
aspecto similar.
4. CÉLULAS DE VÍAS BAJAS, DE TRANSICIÓN Y ESCAMOSAS
Las células de las vías bajas proceden la pelvis renal, uréteres, vejiga o uretra. Son
células de gran tamaño, con un núcleo bien diferenciado y una forma irregular. Aparecen por
insuficiente lavado de los genitales, tras arrastre de la micción a partir de su descamación,
pero es normal la presencia de hasta 2 células/campo. Su aumento puede indicar condiciones
inflamatorias, cateterización o un proceso patológico, algunas veces de tipo maligno.
Las células transicionales o uroteliales revisten las vías urinarias desde la pelvis renal
hasta los dos tercios proximales de la uretra. Presentan formas redondas o «de pera». Los núcleos
son redondos y centrales, algunas veces binucleadas.
Por su parte, las células epiteliales escamosas revisten el tercio distal de la uretra y se presentan
como grandes y planas, con citoplasma abundante y núcleos centrales redondos y pequeños. Sus
márgenes a menudo están plegados y algunas veces aparecen enrolladas dentro de cilindros.
Muchas de estas células derivan, en la mujer, de la vagina y de la vulva (fig. 9).
Fig. 9. Células vía de transición.
46 Tema 2. Estudio del sedimento urinario
5. CÉLULAS DE VÍAS ALTAS. CÉLULAS TUBULARES
Son células de tamaño menor que las de vías bajas, muy bien redondeadas y con un
núcleo visible. Van desde un tamaño grande, ovoide y oblongas, con gránulos citoplásmicos
eosinófilos característicos, hasta células algo menores, de forma cuboidea o poligonal y con
un núcleo grande y habitualmente excéntrico.
Pueden proceder de los túbulos proximal, distal y tubos colectores. A medida que nuevas
células del epitelio renal reemplazan a las viejas o enfermas, las del nefrón son exfoliadas con
la formación de orina. Su aumento suele ser indicativo de lesión renal o tubular.
En la orina normal pueden observarse escaso número que corresponden al proceso
normal de descamación, normalmente 2 células/campo. Su cifra es algo mayor en los recién
nacidos (figs. 10 y 11).
Fig. 10. Células descamativas. Fig. 11. Células epitelio transicional.
6. CILINDROS
El glomérulo normal filtra una pequeña cantidad de proteínas, siendo rápidamente
absorbida, en su mayor parte, por los túbulos. La cantidad normal en la orina emitida suele
oscilar entre 40-80 mg/día, pero se considera dentro de límites normales cualquier cifra que
no exceda los 100-150 mg/día. Una proteinuria superior a la citada indica, por lo general, la
existencia de una lesión en la membrana basal del glomérulo, con el consiguiente aumento
de permeabilidad, tal como ocurre en la glomerulonefritis.
Su formación aumenta cuando entran en los túbulos proteínas plasmáticas en cantidades
superiores a las normales, adquiriendo la forma del conducto donde se forman. Los más
grandes proceden de los túbulos dilatados de procesos de estasis en los colectores. Los más
finos derivan de los túbulos comprimidos por un tejido intersticial tumefacto o se deben a una
desintegración. A veces son contorneados y ocasionalmente muestran ramificaciones; otros
pueden ser cortos y gruesos, o largos. Tienen lados paralelos y, en general, bordes romos. Al
Tema 2. Estudio del sedimento urinario 47
envejecer empiezan a desintegrarse y muestran zonas más finas e irregularidades, pasando a
denominarse cilindroides. En general, los cilindros son incoloros y con un índice de refracción
medio. Presentan longitud variable, bordes regulares y puntas redondeadas, dependiendo su
tamaño del lugar de formación.
Existen unas condiciones fisiopatológicas que favorecen la formación de cilindros:
- Descenso marcado del flujo urinario, con un éxtasis u obstrucción de la nefrona
por células o restos celulares.
- Anormal concentración alta de sales.
- El incremento de la acidez.
- Presencia de constituyentes iónicos o proteicos anormales.
El conducto contorneado distal y los conductos colectores son sus principales lugares
de formación, posiblemente porque la orina que llega será ácida y altamente concentrada. Se
desintegran en la orina diluida o alcalina, así como en presencia de bacterias, que probablemente
contribuyen a la alcalinización.
Siempre que se encuentren cilindros se debe sospechar una alteración en la filtración de
proteínas, en su absorción, o en ambas, ya que la proteinuria suele acompañar a su formación.
Un aumento en su número indica que la enfermedad renal está diseminada, con afectación
intrínseca del riñón a través de una alteración de la función de las nefronas. La enfermedad
puede asentar en la estructura noble del aparato urinario, el riñón, o bien, ser de causa
sistémica que incide más o menos directamente sobre el mismo. A menudo, hacen frecuencia
referencia al estadio evolutivo o severidad del proceso; en concreto, los cilindros bacterianos
son patognomónicos de pielonefritis.
Los cilindros se clasifican según su matriz, sus inclusiones, sus pigmentos y sus células
en los diferentes tipos existentes.
6.1. Matriz de los cilindros.
6.1.1. Cilindros hialinos.
Son casi inapreciables y traslúcidos, y se distinguen por no tener ningún componente
intracelular y apreciándose levemente su membrana. Se forman cuando se incorporan a la
matriz proteica las células presentes en los túbulos en el momento de la formación.
Para su observación se recomienda usar el micrómetro girándolo en un sentido y en
otro, buscando las tenues líneas de definición de los bordes laterales. Probablemente, sean una
mezcla de sustancia mucoide producida por el epitelio tubular y de una globulina coagulable
que atraviesa la membrana glomerular. Su presencia aislada carece de importancia, pero su
aumento suele indicar una alteración importante del parénquima renal (fig. 12).
48 Tema 2. Estudio del sedimento urinario
Fig. 12. Cilindro hialino.
6.1.2. Cilindros cerúleos.
Difieren de los anteriores en que se visualizan con facilidad gracias a su alto índice de
refracción. Implican una obstrucción localizada de la nefrona y oliguria. Muestran un aspecto
liso homogéneo, sus límites son netos, sus extremos romos y en sus lados se aprecian a menudo
hendiduras u ondulaciones, lo que indica cierto grado de fragilidad. Se asocian a inflamaciones
y degeneraciones tubulares.
6.2. Cilindros de inclusión
La presencia de gránulos pequeños (finos) y grandes (gruesos) representa la agregación
de las proteínas plasmáticas que pasan al túbulo desde los glomérulos lesionados y también los
restos celulares de leucocitos, hematíes o células tubulares dañadas, así como finos precipitados
salinos. Los agregados proteicos están formados por fibrinógeno, complejos inmunes y
globulinas.
6.2.1. Cilindros granulosos.
Son frecuentes. Se distinguen de los hialinos por presentar en su interior granulaciones
de diferentes formas.
Adoptan varias formas, siendo curvos por una zona y rectos por otra, más delgados por
una zona que otra. En general, poseen una forma regular con contornos bien definidos, uno de
los lados puede ser curvo y el otro recto, mientras que los extremos pueden ser redondeados
o estar parcialmente rotos.
Contienen gránulos que proceden de la destrucción de las células tubulares, tras
degeneración de los cilindros del epitelio tubular. Son siempre patológicos, significando
descamación y lesión tubular. Probablemente estén compuestos por células epiteliales
degeneradas, leucocitos o eritrocitos, albúmina y grasa en proporciones variables (fig. 13).
Tema 2. Estudio del sedimento urinario 49
Fig. 13. Cilindros hialino-granulosos.
6.2.2. Cilindros grasos.
El material graso pasa a la matriz del cilindro desde las células ricas en lípidos del túbulo
renal. Se observan habitualmente durante las proteinurias intensas.
6.2.3. Cilindros de hemosiderina.
Los gránulos de hemosiderina proceden de las células tubulares cargadas de pigmento.
6.2.4. Cilindros cristalinos.
Son cilindros que contienen uratos, oxalato cálcico y sulfamidas, donde se puede
observar una matriz. Los cristales polarizan la luz y se identifican en el interior y alrededor de
los cilindros.
6.3. Cilindros pigmentados.
6.3.1. Cilindros de hemoglobina.
Son de color amarillo a rojo, a veces pálidos y difíciles de interpretar. Suelen acompañar
a los cilindros de eritrocitos y a la enfermedad glomerular.
6.3.2. Cilindros de mioglobina.
Son de color rojo pardo y aparecen en la mioglobinuria, después de una lesión muscular
aguda. Pueden asociarse a insuficiencia renal aguda.
6.3.3. Cilindros de bilirrubina y otros derivados de fármacos.
La bilirrubina se aprecia en la orina cuando hay ictericia obstructiva, y coloreará los
cilindros de un color amarillo pardusco oscuro. También los medicamentos colorearán los
cilindros y las células, produciendo un color amarillo brillante a naranja en la orina ácida.
50 Tema 2. Estudio del sedimento urinario
6.4. Cilindros celulares
6.4.1. Cilindros hemáticos.
Contienen hematíes, cuyas membranas se pueden identificar con claridad por los bordes
bien definidos y con una forma uniformemente esférica, aunque a veces estén deteriorados y
fundidos en masas de restos celulares. Su presencia indica hemorragia dentro de la nefrona,
provocada por una lesión glomerular, una enfermedad manifestada por necrosis vascular o
del penacho vascular, o alteraciones de la coagulación (fig. 14).
Fig. 14. Cilindro hemático.
6.4.2. Cilindros leucocitarios.
Engloban leucocitos polimorfonucleares en el momento de su formación, o que se
adhieren posteriormente a su superficie. Los leucocitos pueden penetrar en la luz de los túbulos
desde el intersticio, a través de las células epiteliales tubulares y entre ellas. A veces, suele ser
difícil diferenciarlos de células epiteliales degeneradas y de aquellos que contienen mezcla
de células epiteliales, blancas y rojas, debido a que los leucocitos se encuentran en estado de
degeneración, sin netos detalles de su estructura citológica.
Suelen indicar infección renal. Aparecen en pielonefritis, cuya procedencia del
parénquima renal (túmulos) es indicativa de alteraciones renales intrínsecas. En general, reflejan
una enfermedad tubulointersticial (fig. 15).
Fig. 15. Cilindro leucocitario.
Tema 2. Estudio del sedimento urinario 51
6.4.3. Cilindros de células epiteliales tubulares renales.
Contienen poca matriz proteica. Engloban en su interior células tubulares descamadas
resultantes de una enfermedad renal intrínseca con afectación tubular. En general, estas
células son mayores que los leucocitos y suelen presentar más degeneración citoplasmática
hialina y grasa, la cual se hace cada vez más aparente al aumentar la degeneración, pudiendo
dificultarse su distinción con los cilindros leucocitarios. Suelen indicar lesión tubular (fig. 16).
Fig. 16. Cilindro células epiteliales.
6.4.4. Cilindros tubulares mixtos.
Se forman cuando en un cilindro coexisten dos tipos distintos de células, resultando
un híbrido mixto.
6.5. Cilindros de morfología especial
6.5.1. Cilindros anchos.
Son aquellos que tienen un diámetro de 2-6 veces mayor que los normales e indican
una dilatación tubular y/o estasis en el conducto colector distal. Cualquier cilindro puede ser
ancho.
Pueden ser «hialinos», o contener una serie de inclusiones como células o cristales, pero
en general pertenecen a la variedad cérea o epitelial. Suelen indicar una marcada reducción
de la capacidad funcional de la nefrona, debido a un marcado descenso del flujo urinario en
la región de los conductos afectados. Cuando aparecen en gran número sugieren un estadio
final de una enfermedad renal grave, pues tienen mal pronóstico.
6.5.2. Cilindros estrechos.
Su diámetro es inferior al de los cilindros usuales. Puede ser de naturaleza hialina o
cérea, o contener diversas inclusiones. Se pueden considerar una alteración tubular intrínseca
en el lugar de formación.
52 Tema 2. Estudio del sedimento urinario
6.5.3. Cilindros contorneados.
Presentan cambios en su diámetro que indican que se forman a nivel de la unión de un
túbulo tributario y conducto grande. Su composición depende de la naturaleza del material
existente en la luz tubular, en el momento de su formación.
6.5.4. Cilindroides.
Poseen extremos afilados, curvados o retorcidos, irregulares y estriados. Pueden aparecer
en su interior gran cantidad de glóbulos de grasa. Se suelen encontrar asociados a cilindros
hialinos y la hematuria.
6.6. Otros cilindros o estructuras cilindroides.
6.6.1. Cilindros bacterianos.
Se trata de cilindros formados por bacterias ligadas entre sí por hebras fibrilares de
proteínas acompañados, con frecuencia, de leucocitos en varias etapas de degeneración.
6.6.2. Cilindros céreos.
Formados por un material homogéneo, de color amarillento, de carácter muy refractario.
Suelen ser más cortos, anchos y opacos, pudiendo confundirse con cilindros hialinos.
Corresponden a una lesión avanzada de los túbulos, con profundos y avanzados trastornos
degenerativos tubulares.
6.6.3. Cilindros amiloides.
Se forman con una mezcla variable de proteínas y polisacáridos.
6.6.4. Cilindros de uratos.
Es una mezcla de varias sales de ácido úrico. Las masas de urato sódico pueden semejar
cilindros granulosos.
7. OTRAS ESTRUCTURAS
7.1. Bacterias, hongos y parásitos.
Su presencia indica infección y siempre suelen aparecer ante la existencia de nitritos
positivos en la tira reactiva. Son de tamaño diminuto y pueden ser tanto de forma redondeada
(cocos) como alargada (bacilos), moviéndose a lo largo del campo de forma rápida o acompasada.
Ocasionalmente existe dificultad para diferenciar las bacterias de los cristales amorfos.
Tema 2. Estudio del sedimento urinario 53
Las bacterias dependen, para ser tenidas en cuenta, del método adecuado y aséptico
de la recogida de orina para que esté carente de contaminación. Los microorganismos más
frecuentes son los bacilos, ya que la mayoría de las infecciones del tracto urinario se deben a
microorganismos entéricos. Por lo general, si existe infección del tracto urinario, el sedimento
presenta numerosos leucocitos (fig. 17).
Fig. 17. Bacterias.
Las levaduras son similares al hematíe, pero muestran un tamaño variable y gemaciones
que las diferencia del hematíe. Son incoloras y poseen paredes con doble refracción. Tienden
a la forma ovoide más que a la redondeada.
En las infecciones urinarias pueden detectarse levaduras (Candida), pero se trata de
microorganismos que con frecuencia se hallan en el aire y en la piel. Los parásitos y sus huevos
pueden observarse por contaminación fecal o vaginal. Si aparecen, debe tomarse una nueva
muestra de orina.
Las trichomonas son protozoos que pueden producir infecciones en el tracto urinario.
Su forma es piriforme, de tamaño algo mayor al de un leucocito, y son muy móviles debido
a la presencia de uno o más flagelos polares, que se extienden hacia delante a partir de un
cuerpo oval o piriforme. Se suelen encontrar en los exámenes de orina como resultado de la
contaminación de ésta por las secreciones vaginales.
Si se sospecha infección uretral o vesical, hay que estudiar de inmediato la presencia de
protozoos en una muestra fresca de sedimento.
Las amebas se aprecian en orina rara vez. Estos organismos pueden alcanzar la vejiga
a través de los linfáticos o proceder de una contaminación fecal de la muestra.
7.2. Espermatozoides.
Se presentan como una célula pequeña, de contorno regular, ovalada (cabeza) y muy
refringente, de la cual emerge un flagelo polar (cola), bien visible y que, respecto a la cabeza,
es extremadamente largo. Puede estar móvil o inmóvil.
En la mujer pueden aparecer después del coito. Su presencia en la orina del hombre
puede significar una disfunción de la próstata, por hipotonía de los conductos eyaculadores
54 Tema 2. Estudio del sedimento urinario
que hace que los espermatozoides no se retengan en la ampolla deferente, o bien posterior a
una eyaculación.
7.3. Polvo del latex de los guantes.
Similar al hematíe, lo diferencia en que en su centro existe una especie de núcleo no
redondeado y en forma de estrella con tres picos, o «tricornio». Se encuentra por contaminación
de la muestra a la hora de la recogida (guantes de látex).
7.4. Cuerpos grasos ovales.
Son células epiteliales de los túbulos renales repletas de lípidos absorbidos o que han
sufrido cambios celulares degenerativos. Están asociados a menudo a lipiduria y se observan
en el síndrome nefrótico y diabetes mellitus.
7.5. Otros cuerpos extraño.
Cabellos, granos de polen, hilos de algodón, caspa, ceniza, etc...
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