Denuncia de Violación de DDHH y Defensa Jurídica
Denuncia de Violación de DDHH y Defensa Jurídica
Sres Jueces
Interesa destacar que la protección de la garantía del derecho de defensa fue especial objeto
de tratamiento por parte de la CSJN y es así que refirió que: “...posee como una de sus
manifestaciones más importantes el aseguramiento de una defensa técnica a todo justiciable,
manifestación ésta que, para no desvirtuar el alcance de la garantía y transformarla en un
elemento simbólico, no puede quedar resumida a un requisito puramente formal, pues no es
suficiente en este aspecto con que se asegure la posibilidad de que el imputado cuente con
asesoramiento legal, sino que este asesoramiento debe ser efectivo” (Fallos: 329:4248,
“Schenone”, cons.6).
En un mismo andarivel de ideas, la Corte Interamericana estableció que el derecho de defensa
implica que ésta sea eficaz, oportuna, realizada por personal técnico, que permita fortalecer
la protección del interés concreto del imputado. Por ende, cualquier forma de defensa
aparente resultaría violatoria de la Convención Americana (confrontar: Caso Ruano Torres y
otros Vs. El Salvador. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 5 de octubre de 2015. Serie
C No. 303, párr. 157; Caso Martínez Coronado Vs. Guatemala. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 10 de mayo de 2019. Serie C No. 376, párr. 84; y, Caso Rosadio Villacencio Vs.
Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 14 de octubre de
2019. Serie C No. 388, párr. 176).
No es ocioso recordar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos también resaltó
como supuesto de vulneración del derecho de defensa la carencia del conocimiento técnico
jurídico del proceso penal y la indebida fundamentación de los recursos interpuestos
(confrontar: Caso Ruano Torres ya citado, párr. 166) y destacó que, si es evidente que la
defensa actuó sin la diligencia debida, recae sobre las autoridades judiciales un deber de
tutela o control. Ciertamente, la función judicial debe vigilar que el derecho a la defensa no
se torne ilusorio a través de una asistencia jurídica ineficaz.
En esta línea, resulta esencial la función de resguardo del debido proceso que deben ejercer
las autoridades judiciales. Tal deber de tutela o de control ha sido reconocido por tribunales
de nuestro continente que han invalidado procesos cuando resulta patente una falla en la
actuación de la defensa técnica (confrontar: Caso Ruano Torres ya citado, párr. 168).
En tal sentido, hubiera correspondido que una vez advertidas la evidente deficiencia que
presentaba el escrito de recurso de queja por extraordinario presentado, se intimara a la
parte y permitiera regularizar tales defectos, para evitar el menoscabo de la garantía del
derecho de defensa prevista en el artículo 18 de nuestra Carta Magna, cuya finalidad radica
en que Marcelo Alejandro Araujo tenga garantizado el acceso a la justicia, inclusive durante
las etapas recursivas del proceso.
Tampoco es ocioso señalar que la responsabilidad internacional del Estado será, pues,
también establecida si la negligencia inexcusable o falla manifiesta de la defensa debió haber
sido evidente para las autoridades judiciales o bien fueron puestas en conocimiento de las
mismas y no se adoptaron las acciones necesarias y suficientes para prevenir y/o remediar la
violación al derecho a la defensa, de modo tal que la situación condujo a la violación del
debido proceso, atribuible al Estado (Confrontar, Caso Ruano Torres ya citado, párr. 172).
Así dadas las cosas, las irregularidades relativas a la inobservancia de la Acordada N° 4/2007
que fueron descriptas precedentemente, motivan que esa Corte Suprema tome los recaudos
necesarios al respecto a los efectos de salvaguardar la integridad del derecho de defensa y la
voluntad recursiva de Araujo.
Por lo expuesto, la circunstancia de no acompañar la copia de la contestación de la vista
prevista en el artículo 257 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación importó un
menoscabo al derecho de defensa en juicio de Araujo, que determina la nulidad de las
actuaciones a partir del rechazo del recurso (artículos 18 de la Constitución Nacional; 8.1,
8.2.d, 8.2.h Y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos; y 14.3.d Y 14.5 del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos).
El servicio de patrocinio gratuito oficial, en manos del sujeto obligado del Estado, que en
Nación recaen en el MPD Nación, y en la CABA, para cuestiones del fuero CAyT al MPD CABA,
y para la asistencia a las víctimas de delito, en el GCBA, no implica solo la designación de un
abogado defensor, sino que implica mucho más, como ya pude detallar, antes, algunas de las
obligaciones en este servicio.
Demás está decir que la defensa de los derechos de la víctima deben estar acompañados por
un letrado, especialista en el tema. Tornaría ilusorio pretender hacer efectivo un derecho, por
ejemplo uno recursivo, donde de un lado están todo la fuerza y el aparato del Estado, y del
otro solamente un ciudadano que no tiene necesariamente todos los conocimientos siquiera
técnicos, ni mucho menos la experiencia, para torcer la voluntad, un decisorio, de parte del
Estado. Y los derechos no deben ser una mera ilusión, sino ser capaces de ser efectivos y
eficaces.
La "justicia protectora" o "de acompañamiento" se centra en la idea de crear un proceso de
acceso a justicia (en el sentido amplio de todo lo que ello implica) en el cual la parte más
desprotegida, dotada de inferiores recursos se encuentre en un pie de igualdad material y no
solamente formal con relación al adversario. Ya no basta la igualdad ante la ley, es
imprescindible que rija la igualdad real de posibilidades, que se materializa en la igualdad ante
la vida. Es imperioso transformar el Estado de Justicia en un Estado de Derecho, pues así como
no hay paz social sin justicia, no existe justicia sin igualdad (MORELLO, Augusto M., "Al final
de una época", La Plata, Platense, 2001, p. 45).
Oportunamente fueron definidos los principios que rigen la "justicia protectora" o "de
acompañamiento", y estos deben respetarse, por todas las partes, en especial desde los
funcionarios; respetarlos y hacerlos respetar.
En estos procesos, resulta fundamental la vigencia irrenunciable de los siguientes principios:
1) el derecho al acceso a la jurisdicción; 2) la tutela judicial efectiva; 3) la inmediación; 4) la
buena fe y lealtad procesal; 5) la oficiosidad de quien está a cargo del proceso (el "juez"); 6)
la ductibilidad y flexibilización del principio de congruencia; y 7) la carga de "producir
evidencia" a quien está en mejores condiciones de probar (Principios que rigen la justicia
"Protectora" o de "Acompañamiento", por MARIO MASCIOTRA, 2019, LA LEY 2019-B-1189, Id
SAIJ: DACF190133).
Sin perjuicio de la necesidad urgente de llevar a cabo un programa integral de reformas para
la Justicia, como política de Estado (37), la naturaleza especial de los procesos de "justicia
protectora" o "de acompañamiento" exige que los operadores jurídicos involucrados en dicha
materia gocen de la suficiente aptitud y experticia para concretar los principios
precedentemente desarrollados.
La doctrina especializada a convenido que el servicio de patrocinio técnico-jurídico resulta
indispensable y necesario a los efectos de asegurar la plenitud del ejercicio del derecho de
defensa en juicio” (conf. Carlos Eduardo Fenochietto, Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación, comentado, anotado y concordado con los códigos provinciales, tomo 1, página 250,
ed. Astrea, 2da edición, 2001). Y lo aquí expuesto redunda, a la postre, en beneficio de la
propia parte actora, cuyos derechos deben resguardarse adecuadamente, pues como
también señala esa doctrina, la exigencia del patrocinio letrado y de su firma, “…no se limita
a preparar escritos que necesariamente llevarán su firma, desentendiéndose del trámite de
la causa, sino en el pleno ejercicio del patrocinio letrado y en el cabal cumplimiento de las
obligaciones, cargas y deberes que éste le impone. El patrocinio no se limita al asesoramiento
y presentación de un acto específico (…) sino que importa la conducción técnica del juicio…”
(conf. Fenochietto, obra citada, página 252). Todo ello en pos de asegurar a la parte actora el
ejercicio de sus derechos mediante una correcta alegación de sus peticiones formuladas y
demás actos indispensables para la tramitación ordenada del litigio. (Juez Marcelo Sagon, en
CUIJ: EXP J-01-00015746-1/2024-0, en actuación 2326277/2024 del 23 de octubre de 2024).
Entonces, mutatis mutandi (pero casi sin la necesidad ni de mutatis, ni de mutandi, ni de
mutar nada de nada) "en beneficio de la parte actora, cuyos derechos deben resguardarse
adecuadamente", el servicio de patrocinio técnico-jurídico resulta fundamental a la hora de
"asegurar a la parte actora el ejercicio de sus derechos mediante una correcta alegación de
sus peticioens formuladas y demás actos" (escrito del Juez CAyT 17 Marcelo Segon, el 2024-
10-23 en amparo por asistencia requerida al GCBA). Aclaro que se refiere a mí como la parte
actora, en esas actuaciones en las que así se expidió sobre la materia.
Así que, si lo dice un juez, será verdad, no?! Vaya uno a saber. En esta tierra, y especialmente
entre los agentes de justicia y los otros que también toman decisioes y o emiten
recomendaciones y o dictámenes, con actos que claramente afectan la vida de terceros,
todos del Estado de la CABA, pasa cualquier cosa, lamentablemente, porque incumplen sus
funciones, abusan del poder que se les extiende, y violentan los derechos y garantías de los
ciudadanos ya de por sí afectados, porque por algo es que nos presentamos ante Uds, POR SI
ES QUE NO SE DIERON CUENTA.
Resulta necesario el servicio de patrocinio a tales efectos, para mi acabada defensa sobre los
actos del Estado de la CABA, en las presentes actuaciones.
Para la Corte IDH, el debido proceso, abarca las “condiciones que deben cumplirse para
asegurar la adecuada defensa de aquéllos cuyos derechos u obligaciones están bajo
consideración judicial”; a efectos de “que las personas estén en condiciones de defender
adecuadamente sus derechos ante cualquier tipo de acto del Estado que pueda afectarlos”;
constituyendo un límite infranqueable a la discrecionalidad del poder público, en cualquier
materia. (En tal sentido, Loayza Tamayo, C., El Debido Proceso en la Jurisprudencia de la Corte
Interamericana, Caso Genie Lacayo. párr. 74; Caso Las Palmeras. párr. 58; Caso Durand y
Ugarte. párr. 128; Caso Blake. párr. 96; OC-9/87 “Garantías Judiciales en Estados de
Emergencia. párr. 28; Caso Baena Ricardo. párr. 124 y Caso Las Palmeras. Voto razonado de
los Jueces Cancado y Pacheco. párr. 16).
Demás está decir que la jurisprudencia de la Corte IDH es grandísima, y de ya larga data,
respecto de los derechos de la víctima de ser parte en el proceso, cuestión que ya ha sido
contemplada por nuestros legisladores, considerando la participación de asesores tutelares
para que se respeten los derechos y garantías de la víctima en el proceso, abogado para
defender a la víctima en sus derechos y garantías, y la figura de la querella, pues reconocen
tanto el tribunal intérprete de la CADH como el legislador local que el trabajo de fiscales y de
jueces resulta falible en el proceso penal, y son susceptibles de control, por parte de la víctima
y de los agentes que la asisten en este proceso.
Respecto del servicio de patrocinio, como parte fundamental del derecho humano del debido
proceso, la Corte IDH sostiene que de la lectura literal del artículo 8.2.d de la Convención se
desprende que “toda persona tiene derecho a comunicarse libre y privadamente con su
defensor”. Asimismo, el tribunal ha resaltado que no basta que el procesado cuente con un
abogado defensor para garantizar su derecho a la defensa, sino que se debe garantizar el
ejercicio efectivo de dicha defensa, proporcionando el tiempo y los medios adecuados para
preparar la misma” (Corte IDH, caso “Valencia Campos y otros Vs. Bolivia”, Excepción
Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 18 de octubre de 2022, Serie C n° 469,
párr. 261).
En similar sentido el Tribunal de último ratio de la CADH, define que el artículo 8.2 de la
Convención establece las garantías mínimas que deben ser aseguradas por los Estados en
función del debido proceso legal, toda vez que se ha pronunciado en su jurisprudencia sobre
el alcance de este artículo y ha establecido que no se limita a procesos penales, sino que lo
ha extendido, en lo pertinente, a procesos administrativos seguidos ante autoridades
estatales y a procesos judiciales de carácter no penal en el ámbito constitucional,
administrativo y laboral. Asimismo, ha señalado que, tanto en estas como en otro tipo de
materias, “el individuo tiene también derecho, en general, al debido proceso que se aplica en
materia penal”. Esto implica que las garantías del artículo 8.2 de la Convención no son
exclusivas de los procesos penales, sino que son aplicables a procesos de carácter
sancionatorio. Lo que corresponde en cada caso es determinar las garantías mínimas que
conciernen a un determinado proceso sancionatorio no penal, según su naturaleza y alcance.”
(Corte IDH, caso “Mina Cuero Vs. Ecuador”, Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y
Costas, Sentencia de 7 de septiembre de 2022, Serie C n° 464, párr.84).
El derecho a ser asistido por un defensor está regulado por la CADH como parte de las
garantías para una defensa técnica (art.8.2.d y e).
La Corte también definió que el derecho de defensa implica que ésta sea eficaz, oportuna,
realizada por personal técnico, que permita fortalecer la protección del interés concreto. Por
ende, cualquier forma de defensa aparente resultaría violatoria de la CADH. Asimismo, el
Tribunal ha indicado que cuando el ordenamiento interno permita la defensa común de varios
coimputados, corresponde al Estado, mediante las autoridades competentes, identificar si
existen incompatibilidades y adoptar las medidas conducentes para que se garantice de forma
efectiva el derecho a la defensa de los involucrados. (Corte IDH, caso “Rosadio Villavicencio
vs. Perú”, Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas, Sentencia de 14 de
octubre de 2019, Serie C n° 388, párr. 176).
La Corte IDH consideró que este derecho se ve vulnerado cuando no se asegura que la defensa
técnica pueda participar asistiendo al imputado en actos centrales del proceso, en casos en
que no se cuente con la asistencia de su abogado defensor, es parte de un conjunto de hechos
violatorios del segundo apartado del artículo 8.2 en sus literales ‘d’ y ‘e’.” (Corte IDH, caso
“Montesinos Mejía vs. Ecuador”, Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas,
Sentencia de 27 de enero de 2020, Serie C n° 398, párr. 191).
La Constitución de la CABA, en su art. 12, inc. 6º garantiza: “El acceso a la justicia de todos sus
habitantes; en ningún caso puede limitarlo por razones económicas. La ley establece un
sistema de asistencia profesional gratuita...”. Este sistema es encabezado por el Defensor
General, como titular de uno de los ámbitos del Ministerio Público, conforme el art. 124 de la
Constitución, y con las funciones establecidas en su art. 125, especificadas en la ley N°1903 y
sus modificatorias.
El acceso al servicio de defensa sin discriminación por razones económicas debe entenderse
como el derecho a obtener una defensa de calidad similar a la que obtendría un justiciable
con posibilidades económicas de contratar un defensor de confianza. La defensa gratuita del
Ministerio Público es el instrumento principal e indispensable y el medio a través del cual se
cumple con la misión de garantizar el acceso a la justicia a fin de reclamar por el goce efectivo
de los derechos reconocidos por la Ciudad, conforme el mandato constitucional otorgado al
Defensor General (Art. 124 CCABA).
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha identificado los parámetros
para la determinación de la procedencia de la asistencia legal gratuita en los casos concretos.
Estos son: a) la disponibilidad de recursos por parte de la persona afectada; b) la complejidad
de las cuestiones involucradas en el caso; y c) la importancia de los derechos afectados (CIDH,
Informe sobre Terrorismo y Derechos Humanos, 22 octubre 2002 -OEA/Ser.L/V/ll.116-,
párrafo 341).
También la CIDH ha determinado que ciertas acciones judiciales requieren necesariamente
de asistencia jurídica gratuita para su interposición y seguimiento. Así, la CIDH ha entendido
que la complejidad técnica de las acciones constitucionales establece la obligación de
proporcionar asistencia legal gratuita para su efectiva promoción (CIDH, Informe 41/04).
De otro lado, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) ha establecido que los
costos del proceso –sea éste judicial o administrativo– y la localización de los tribunales son
factores que también pueden redundar en la imposibilidad de acceder a la justicia y en la
consecuente violación del derecho a las garantías judiciales. De esta manera, los órganos del
SIDH han determinado que un proceso que demande excesivos costos para su desarrollo,
vulnera sin más, el artículo 8 de la Convención Americana (Organización de los Estados
Americanos, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “El acceso a la justicia como
garantía de los derechos económicos, sociales y culturales. Estudio de los estándares fijados
por el sistema interamericano de derechos humanos”, OEA/Ser.L/V/II.129, Doc. 4, 7
septiembre, 2007, Original: Español, párrafos 90 a 94).
La misma CIDH también ha establecido que el recurso judicial que se establezca para revisar
el actuar de la administración, no sólo debe ser rápido y efectivo, sino también "económico".
De esta manera, los órganos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos han
determinado que un proceso que demande excesivos costos para su desarrollo, vulnera sin
más, el artículo 8 de la Convención Americana.
La Corte IDH respecto al debido proceso administrativo destacó asimismo que: “...Es un
derecho humano el obtener todas las garantías que permitan alcanzar decisiones justas, no
estando la administración excluida de cumplir con este deber. Las garantías mínimas deben
respetarse en el procedimiento administrativo y en cualquier otro procedimiento cuya
decisión pueda afectar los derechos de las personas” (del fallo “Baena vs. Panamá”, citado,
párrafo 127).
Asimismo, se pretende la unificación de criterios en materia de interpretación normativa, a la
luz de los tratados internacionales ratificados con jerarquía constitucional o supra legal y la
interpretación realizada por los órganos de aplicación atendiendo al principio pro persona
(Cfr. CSJN, “Giroldi” y otros).
En esa inteligencia, se estima que no deben considerarse evidencias que habiliten el rechazo
de la asistencia jurídica gratuita a los requirentes el hecho que sean poseedores de bienes y
servicios de uso común de los habitantes, incluso los más pobres, como por ejemplo: telefonía
celular, TV por cable, concurrencia de sus hijos a escuelas privadas de magra cuota o cuando
tuvieran beca, cuentas bancarias para el pago de salarios, tarjetas de crédito vinculadas a
estas cuentas, servicios de seguridad social, etc.
Respecto al inc. 2º, cabe destacar que el art. 45 de la ley 1.903 complementa el ámbito de
actuación en cuanto dispone que los defensores deben “contestar las consultas, que les
formulen las personas carentes de recursos, asistirlas en los trámites judiciales pertinentes
oponiendo todo tipo de defensas y apelaciones...”, lo que debe entenderse como
comprendiendo a aquéllas que aun no siendo pobres por ingresos, carecen de recursos para
financiar una defensa de calidad sin afectar la satisfacción de sus necesidades básicas de tal
forma que las tornen insuficientes o insatisfactorios.
Artículo 50.- Asistencia Jurídica: los Defensores o Defensoras deben contestar las consultas
que les formulen las personas carentes de recursos, asistirlas en los trámites judiciales
pertinentes oponiendo todo tipo de defensas y apelaciones en los supuestos que a su juicio
correspondieren y patrocinarlas para la obtención del beneficio de litigar sin gastos.
Respecto entonces de los Defensores que actúan ante el Fuero en lo Contencioso
Administrativo y Tributario, se dispondrá que en todos los casos que atienden, apliquen y
respeten las pautas que se detallarán en el Anexo A de la presente, en lo que hace al alcance
del concepto de pobreza y al procedimiento a seguir en casos de rechazo del patrocinio.
Nuestra CSJN tiene dicho que el Estado todo debe una protección especial, superior, de los
derechos de las personas con discapacidad, por lo que requiero que hagan cumplir la ley, y
que, además, como parte de sus funciones, controles que ello sea efectivo, y no una mera
ilusión, un simple formalismo con un funcionario asignado, y ya.
Los funcionarios, inclusive los del MPD, no tienen por qué dejar “en banda” a ninguna persona
por la que le hayan tomado el patrocinio, debiendo ultimar todo tipo de recursos del Derecho,
para defender los derechos vulnerados por el Estado.
Pero, tampoco, corresponde que su servicio se limite a mínimas presentaciones, dejando
pasar un montón de otras cuestiones, que son propias de la protección y de la defensa de los
derechos y garantías vulnerados.
En sentido de esto último, y más allá de si una norma lo permite o no, todo acto del Estado,
de cada funcionario, puede ser revisado por la Justicia, y esto también es un derecho humano.
Y, en idéntico sentido, y porque también es una de las garantías del art.8 CADH, en cada
proceso, ante cada decisión, la parte tiene derecho a que sea revisada por una instancia
superior, DENTRO DEL MISMO PROCESO. Y si, por ejemplo, se trata de un procedimiento
administrativo, pues allí, y aunque una norma reglamentaria, o incluso una ley, lo impida,
pues la Constitución, desde el art.75.22 y el texto de la CADH, manda a que sí, en todo tipo
de procesos, y para todas las partes, también esta garantía debe poder ejercerse, y el Estado
parte está obligada a ultimar medios y recursos para efectivizar este ejercicio del mencionado
derecho.
Nuestro ordenamiento manda, a través del principio de prelación normativa, que una norma,
un acto del Estado, debe ceder, si colisiona con el mandato de una norma de jerarquía
superior.
En cambio, por ejemplo, la CSJN determina cómo debe proceder un “juez”, cuando colisionan
dos derechos constitucionales, o sea, de misma jerarquía normativa.
Pero sí queda clarísimo el deber de todo funcionario cuando los derechos en cuestión parten
de normas de diferentes jerarquías. Funcionario que no lo haga, incumple con sus deberes,
acciona arbitrariamente y por fuera del Derecho, y todo acto en tal sentido debe caer, en
favor de la parte.
La CSJN ha venido definiendo, a lo largo de su construcción jurisprudencial, cuestiones
relativas a cuándo el accionar del Estado resulta arbitrario, y las consecuencias de ello. Y Uds
no pueden desconocer, tampoco, esto.
En tal sentido, por ejemplo, la aplicación de una norma que no era la ideal y debiendo haber
aplicado otra, el exceso de rigor procesal, el apartamiento del Derecho, el no aplicarlo como
el mismo Derecho manda, el no dar tratamiento a cada una de las manifestaciones y o
agravios y o cuestiones que expone la parte, el no fundar cada decisorio amplia y cabalmente,
con razonabilidad y proporcionalidad, y recostado en hechos y pruebas, y en Derecho, el no
haber ultimado medios ni recursos para arribar a la verdad material inclusive de oficio, el no
verificar (o bien consentir y o permitir) que se violenten en las actuaciones derechos
protegidos por normas, muy especialmente los por tratados internacionales de derechos
humanos, el no velar por las garantías de la parte, de la víctima, en el proceso, como por
ejemplo, la acabada intervención del defensor público oficial (otro cantar, pero no muy lejos
de éste, es si el abogado es a elección y de confianza, de la parte) como la del agente tutelar
cuando se trata de una persona con problemas con su salud mental, entre muchos otros, son
cuestiones de arbitrariedad, y que tornan nula las actuaciones.
Por otro lado, los jueces no pueden renunciar a la verdad jurídica objetiva por consideraciones
meramente formales por lo que los tribunales siempre deben determinar la verdad sustancial
por encima de los excesos rituales, ya que el logro de la justicia requiere que sea entendida
como lo que es, es decir una virtud al servicio de la verdad (véase, CSJN, Fallos: 339:1615;
280:228). Así, se estableció que un adecuado servicio de justicia compatible con el propósito
de preservar el derecho de defensa, debe prescindir del rigorismo formal excesivo y vacío de
contenido (véase, CSJN, Fallos: 305:419)
En la misma línea de argumentación, se afirmó que la interpretación de dispositivos
procesales no puede prevalecer sobre la necesidad de dar primacía a la verdad jurídica
objetiva, de modo que su esclarecimiento se vea turbado por un excesivo rigor formal,
incompatible con un adecuado servicio de justicia y las reglas del debido proceso, máxime
cuando la necesidad de acordar prevalencia a la primera reconoce base constitucional según
el artículo 18 de la Constitución Nacional- (véase, CSJN, Fallos: 339:444; 327:817 (disidencia
de los jueces Belluscio y Vázquez); 327:315; 325:134; 288:55; 284:375; 274:273; 268:556).
Sobre las sentencias arbitrarias, la CSJN ha ido definiendo criterios por los cuales considera
que una resolución, un decisorio, por tales motivos, en estricto sentido a la extrema gravedad
de sus desaciertos u omisiones, por lo que no pueden adquirir validez los actos que no se
ajusten a Derecho.
Nuestro máximo tribunal es claro a la hora de determinar cuándo una sentencia, una
resolución, es arbitraria o no, y en idéntico sentido, lo hace la doctrina, por ejemplo, Gordillo.
Y debe considerarse la interpretación de la norma, de las pruebas, como arbitrarias, como
también el hecho de no tratar todos y cada uno de los puntos expuestos por la parte, el de
dar apariencia de legalidad pero que en realidad no cumplen con estos requisitos, el de no
estar ante el Derecho más favorable al más débil (en caso de “colisión” de fuentes, de plazos,
del Derecho positivo).
A más detalle, debe considerarse, por ejemplo, que se está ante una sentencia arbitraria
cuando el funcionario se aparta de lo expresamente previsto por la disposición legal que
rige el caso, y prescinde la aplicación de ésta sin dar razón valedera (por ejemplo, fallos de
la CSJN 321:394; 312:1311; 293:660; 292:503), y más por el hecho que el funcionario que
resuelve, está obligado a agregar argumentos de orden normativo o fáctico que sustenten la
postura arribada, lo que tampoco hicieron (cfr en fallo CSJN 327:1020).
Se configura arbitrariedad en las reglas de la sana crítica, toda vez que, en forma ostensible,
surgen de los actos de las "sentencias" que el funcionario ha incurrido en error de derecho
en la apreciación de la prueba, cuando no se acciona de conformidad a las reglas de la sana
crítica, esto es, a las normas de la lógica formal, que obligan a formular el silogismo sentencia
con ajuste a los principios de identidad, de no contradicción, de tercero excluido y
fundamentalmente el de "razón suficiente", entre otras.
También se está ante un caso de arbitrariedad de sentencia cuando el que decide omite una
norma que resultaba fundamental, estructural, para la situación dada. Para estos casos la
norma debe siempre incluírsela en el pronunciamiento (en el inicial, pero especialmente en
el "apelado"), y que no debe excluírsela de su aplicación sin expresar razón valedera para ello
(CSJN en fallo 325:1454).
Y en idéntico sentido, por arbitrariedad de sentencia, también nuestro máximo tribunal tiene
dicho que la primera fuente de exégesis de la ley es su letra, y cuando esta no exige esfuerzo
de interpretación debe ser aplicada directamente, con prescindencia de consideraciones que
excedan las circunstancias del caso expresamente contempladas por la norma, ya que de otro
modo podría arribarse a una interpretación que, sin declarar la inconstitucionalidad de la
disposición legal equivaliese a prescindir de su texto (Fallos: 313:1007; 321:1434; 323:3139;
326:4909, 346:1501, entre otros).
Y en este mismo orden de ideas, a contrario sensu, la CSJN señaló reiteradamente que se
incurre en arbitrariedad de sentencia, si la resolución propone una exégesis irrazonable de
la norma aplicada que la desvirtúa y torna inoperante (por ejemplo, en 330:4841 y 325:1571
entre otros), por ejemplo, la importancia grande que tiene fundamentar un decisorio o lo que
se manda a hacer o se le requiere al administrado, o por ejemplo, la carga probatoria en las
relaciones de consumo, para las obligaciones contractuales.
En tal sentido, En este orden de ideas, considero que es condición de validez de los
pronunciamientos judiciales que éstos sean fundados, circunstancia que no se evidencia
cuando la decisión padece de un excesivo rigor formal y no confiere un tratamiento adecuado
al asunto, acorde con las constancias del caso y a la norma en que se sustentó la solución
(véase, CSJN, Fallos: 327:3966). Así el esclarecimiento de una verdad jurídica objetiva no
puede resultar turbado por un excesivo rigor formal en la interpretación de las normas
procesales, pues ello resulta lesivo del adecuado servicio de justicia garantizado por el artículo
18 de la Constitución Nacional (véase, CSJN, Fallos: 325:2929: 296:650).
Por otro lado, los jueces no pueden renunciar a la verdad jurídica objetiva por consideraciones
meramente formales por lo que los tribunales siempre deben determinar la verdad sustancial
por encima de los excesos rituales, ya que el logro de la justicia requiere que sea entendida
como lo que es, es decir una virtud al servicio de la verdad (véase, CSJN, Fallos: 339:1615;
280:228). Así, se estableció que un adecuado servicio de justicia compatible con el propósito
de preservar el derecho de defensa, debe prescindir del rigorismo formal excesivo y vacío de
contenido (véase, CSJN, Fallos: 305:419).
a) los jueces se arrogan el papel de legisladores sin sentirse limitados por el orden jurídico; b)
fundar la decisión en preceptos derogados o aún no vigentes;
c) dar como fundamento pautas de excesiva latitud en sustitución de normas positivas
directamente aplicables;
d) sustentar el fallo en afirmaciones dogmáticas u opiniones carentes de sustentación objetiva
o dar un fundamento sólo aparente;
e) incurrir en auto-contradicción (sea que declara un precepto aplicable y sin embargo no lo
aplica, ya porque afirma y rechaza a la vez un hecho relevante para la solución del caso, ya
porque niega en la conclusión lo que se sigue necesariamente de sus fundamentos
normativos o fácticos) y
f) incurrir en excesos rituales o en abusos de formas.
(ver CARRIO, Genaro R., "El recurso extraordinario por sentencia arbitraria en la
jurisprudencia de la Corte Suprema", Abeledo-Perrot, Bs As, 1967).
Vulnerar derechos humanos como el de acceso a la justicia (por favor, no se queden con que
este derecho implica solo la recepción de una queja, de una demanda, o de una petición, pues
va mucho, pero mucho más allá, no sean papeloneros, y no pasen vergüenza), el debido
proceso, la defensa en juicio, el de oír (acceder acabadamente a las actuaciones, por ejemplo)
y ser oído (lo que también implica mucho más, en idéntico sentido que sobre el acceso a
justicia), y el de una tutela judicial efectiva, especialmente al tratarse de una persona con
discapacidad, generan un estado de indefensión generalizada que trae acarreado, in situ, de
modo intrínseco, daños y perjuicios, inclusive con afectaciones no solo en mi salud mental,
sino con repercusiones en lo físico, cuestiones que podrán requerírselas a los profesionales
que me atienden.
Yo cuento con un certificado de discapacidad, que remite a una depresión crónica. Pero los
problemas con mi salud mental van mucho más allá, lamentablemente.
Considerando cuestiones que aquí ventilo, solictio que, al menos, inicialmente, estas
actuaciones sean inicializadas.
Además de medicación para la depresión, tomo medicación para la ansiedad, un estabilizador
emocional, y antipsicótico también.
Y porque las consecuencias y síntomas son muchos, es que se avanzó, luego de mucho yo
insistir, con más estudios, y resulta lo que yo venía suponiendo: trastorno de déficit de
atención e hiperactividad (TDAH).
Esto último, diagnosticado por el neurólogo de deterioro cognitivo que me ha atendido en el
hospital Ramos Mejía. La psicóloga y el psiquiatra, lo hacen en el hospital Ameghino.
Los resultados de los estudios que a mandado el profesional Dorman, no son normales,
propios de una persona de mi edad, e inclusive la batería de test se informan también sobre
evidencia un posible deterioro cognitivo, además de los dos estudios por imagen, una
resonancia magnética y un PET, recientes los tres.
Por el TDAH no estoy recibiendo tratamiento, porque el Sistema de Salud del GCBA no cuenta
con profesionales en la materia, para adultos. Recientemente tomó intervención a tales
efectos la Defensoría del Pueblo CABA.
Asimismo, corresponde informar, que sin contar con patrocinio del MPD Nación, y no por no
haberlo solicitado, me presenté ante el fuero Nacional Civil, a requerir apoyos, lo que se está
tratando, en el juzgado 84, no sin grandes complicaciones como, por ejemplo, comenzar a
generarse pruebas, sin yo contar con el debido servicio de patrocinio de parte del sujeto
obligado, y sin siquiera haberme puesto en conocimiento de las mismas, como para que al
menos yo pueda hacer un control, e intentar oponerme, en el caso de considerar que se están
violentando derechos fundamentales y garantáis del debido proceso, y demás cuestiones
protegidas en nuestro Derecho interno.
Demás está decir que, de yo contar con los apoyos idóneos, probos, por ejemplo, de parte del
sujeto obligado al servicio de patrocinio, o bien de una tutela judicial efectiva, de parte de los
jueces, no me vería expuesto a tener que procurar la defensa de mis derechos por mí mismo,
exponiendo mi ya de por sí frágil salud mental, emocional, y con repercusiones físicas, pues,
por ejemplo, desde al menos diciembre no logro dormir más de 3 horas (y con interrupciones)
en el mejor de los casos, y con un período de 4 meses, donde logré estirarlo a 5, pero que ya
son 3 nuevamente.
Podrán darse una idea de la implicancia de un sueño tan corto, y de tan mala calidad, a pesar
de la medicación, para la salud física y mental, descanso (ponele) que no resulta suficiente
para la recuperación de la actividad física, mucho menos la neuronal (que tiene lugar luego,
en la última parte, pero de un sueño de al menos 6/7 horas, DE CONTÍNUO, SIN
ALTERACIONES).
La misma convención de UN sostiene el preámbulo (si mal no recuerdo) que, en un alto grado,
la discapacidad es causal de vulnerabilidad socioeconómica en las personas con estas
condiciones, y también manda al Estado, por ello, a ultimar medios y recursos para un
desarrollo de vida, para un plan de vida, en igualdad de condiciones.
Existe, también, otra obligación de parte del Estado todo (de todos, en realidad), y es no solo
la de la prevención del daño, sino la de prevenirlo.
Existen, en tal sentido, por ejemplo, medidas del tipo cautelar, y otras preventivas
protectoras, a los fines de asegurar la prevención del daño los magistrados deben adoptar las
medidas necesarias a pesar de que no estén previstas en las normas de carácter adjetivo
existentes, tal y como ha dispuesto la CSJN en los fallos “Camacho Acosta” y “Pardo”, el “juez”,
el funcionario que decide, inclusive en sede administrativa, debe asegurar la tutela efectiva
de los derechos, y no solo de su reparación, sino del efectivo ejercicio de los mismos, aún a
falta de institutos procesales adecuados, reinterpretando o integrando analógicamente, las
herramientas brindadas por el Código de rito a las particularidades del caso y los principios
constitucionales.” (MONJO, Sebastián y ARGAÑARAZ, Mariángel en Dir. MARQUEZ, José
Fernando, “Responsabilidad Civil en el Código Civil y Comercial”, Ed. Zavalía, Buenos Aires,
2015. T.I. n9, p. 56)
La prevención del daño es un principio constitucional, que se deriva de un modo genérico del
deber del Estado de afianzar la justicia contenido en el Preámbulo de la Constitución nacional,
y de un modo más específico del deber de no dañar a otro (art. 19 CN), y su consagración más
concreta se encuentra en el art.43, al disponerse que toda persona puede interponer acción
expedita y rápida de amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra
todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o
inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta,
derechos y garantías reconocidos por la Constitución, un tratado o una ley. El principio de no
dañar a otro, tiene una clara vocación expansiva, que incluye el deber tanto de prevenir el
daño como el de repararlo. La prevención del daño se debe procurar por las vías más eficaces
y no reconoce exclusividades en ninguna de las ramas tradicionales del derecho. Va de suyo
que no es una temática exclusiva del derecho privado (ver sentencia del 2023 del Juzgado
Civil, Comercial, Conciliación y Familia, de Villa Carlos Paz, Córdoba, en “Altos de San Antonio
SA c/ García, Mariana - Abreviado - Otros - Tramite oral” (cfr Id SAIJ: FA23160086).
En la misma resolución, el magistrado sostuvo que la acción preventiva de daño procede
contra quien, de manera directa, indirecta, por el hecho de las cosas o por realizar actividades
riesgosas pueden ser civilmente responsables del daño que se procura evitar; de igual modo,
contra quienes tienen un deber específico de prevención impuesto por el ordenamiento
jurídico y contra todos los que sin ser productores del daño son quienes lo permiten o
coadyuvan a su producción mediante colaboración, permisividad, negligencia o
incumplimiento de una obligación de prevenir.
La acción preventiva del daño permite solicitar la intervención judicial para evitar un daño
previsible, su continuación o agravamiento. No requiere la verificación de un factor de
atribución (culpa o dolo) para su procedencia. Puede ser solicitada por cualquier persona que
pueda resultar afectada por el daño, no solo quien lo sufre directamente. Los “jueces”, ya sea
en sede administrativa o en la Jurisdicción, tienen la obligación de adoptar las medidas
necesarias para asegurar la tutela judicial efectiva, incluso si no existen instrumentos
procesales específicos, interpretando o integrando las herramientas legales disponibles.
Luego de permitírseme el acceso a las mismas, como parte, aunque no como abogado que se
auto representa, pues no tengo las condiciones cognitivas para hacerlo en igualdad de
condiciones, tal el mandato, por ejemplo, de la Convención sobre los Derechos de las
Persoans con Discapacidad, de las Naciones Unicas, es que sí, solicito que sean resevadas.
Y lo sucedido en las presentes actuaciones, son violaciones a los derechos humanos, incluidas
las garantías que me asisten en el proceso.
Así que, además de solicitar lo hasta aquí ya denunciado y reclamado, como por ejemplo un
controL de razonabilidad y legalidad, pero de constitucionalidad también, no solo de los actos,
por acción y o por omisión, del GCBA, de los agentes del MPD, en las presentes actuaciones,
pero también de la normativa en cuestión, inclusive la reglamentaria, ambién solicito que se
corra traslado, para que dictamine por todas estas cuestiones aquí volcadas, expuestas por
mí, ya desde la denuncia inicial, al Observatorio de Discapacidad, del Consejo de la
Magistratura local, resepcto de lo que estas cuestiones significan como barreras, para un
efectivo ejercicio de los derechos y garantías que me alcanzan y asisten, en igualdad de
condiciones.
Al fin de cuentas, parece que para lograr un efectivo y acabado acceso a la justicia y una tutela
judicial efectiva, hace falta dinero, con el cual pagar a un buen abogado, lo que no tengo.
Pero estoy convencido que, precisamente porque ello no lo permite ni el constitucionalista,
no los tratados internacionales, es que estos textos obligan a los Estados parte a un
compromiso, y con una tutela agravada, no por tratarse ya de una persona con vulnerabilidad
socioeconómica, sino por la condición de discapacidad, mental en mi caso.
Actualmente mi único ingreso que me permite disponibilidad de dinero es el de una PNC, la
que asciende a ars220,000.- mensuales, que se acreditan en una caja de ahorros en el Banco
Galicia. No tengo ahorros, ni bienes inmueble (con excepción del departamento que compré
en 2000 con un crédito hipotecario), ni bienes muebles registrables, de ningún tipo. Mi mamá
es una docente jubilada, también con discapacidad, de la provincia del Chaco.
Yo vivo solo en CABA; mi familia, la que me queda, vive en la provincia del norte.
Si quieren, les cito la jurisprudencia a la que refiero, pero descarto que la deben conocer, es
vtra obligación, y yo no me estoy presentando como abogado, sino como víctima, y ya, como
víctima de delito, porque estas omisiones, estas conductas, de parte de los agentes de la
justicia de la CABA, son las que están tipificadas en el art.248 del código penal nacional.
Demás está decir que no pude achacárseme cuestiones procesales, porque quien está
infringiendo aquí el plexo normativo, es el mismo Estado.
No se puede hacer recaer sobre mi persona el incumplimiento de los requisitos, de cualquier
tipo, cuya observancia diligente está a cargo de la defensa pública.
La facultad de impugnación es propia del nombrado, en cuyo beneficio fue establecida, de
modo tal que la actividad defectuosa de su defensor y/o asesor no puede perjudicar su
derecho a ser oído y o recurrir una sentencia. Pues, de otro modo, quedaría completamente
desvirtuado el sentido de la doctrina de la CSJN según la cual los recursos procesales
constituyen una facultad del imputado -en este supuesto, mutatis mutandis del actor,
aplicando los arts. 5, b), 16, 17, segundo párrafo y 42, inc. s) de la ley 27.149- y no una
potestad técnica del defensor y/o asesor (Confrontar: CSJN, Fallos: 342:162 “Iñigo”,
considerando 8° y sus citas).
RESERVAS
En caso de seguir violentándose mis derechos y garantías en las presentes actuaciones, dejo
planteadas la reserva del caso federal, y mi derecho de presentarme ante el SIDH.
PROVEER DE CONFORMIDAD
Marcelo Araujo
DNI 23949609
Tel 1164538525
Leyenda: 2024 - Año del 30° Aniversario de la Autonomía de la Ciudad de Buenos Aires
CUIJ: J-01-00056798-8/2023-0
Escrito: 2025-09-10 VÍCTIMA VULNERABLE Y CON DISCAPACIDAD MENTAL DENUNICA - VIOLACIÓN DDHH - GARANTÍAS EN EL PROCE