Arizmendi Barajas Diana
El delincuente honrado
La verdad es que El delincuente honrado me sorprendió bastante. Lo primero que noté es
que no es una obra “de enredos” al estilo del Siglo de Oro, sino que Jovellanos mete de
lleno un tema más serio: qué pasa cuando la ley y la justicia moral no coinciden. Eso me
parece muy valioso, porque no es solo un drama de amor, sino un pretexto para reflexionar
sobre cómo se aplican las leyes y hasta qué punto son justas.
Lo que más me gustó es cómo está construido Torcuato: no es el típico protagonista héroe
perfecto, sino un hombre atrapado entre la culpa, el honor y el amor. Esa complejidad lo
hace mucho más real. También Don Justo me pareció un personaje interesante: representa
claramente la mentalidad ilustrada, el juez humano y sensato, en contraste con Don Simón,
que es más rígido, conservador y aferrado a lo tradicional. Ese choque entre los dos resume
bastante bien el cambio de ideas de la época.
Ahora, también tengo que decir que hubo cosas que me cansaron un poco. A ratos la obra se
vuelve demasiado discursiva: los personajes hablan larguísimo, casi como si estuvieran
escribiendo un tratado en vez de actuar en una obra. Se nota que Jovellanos quería meter
sus ideas sobre la justicia y la legislación, pero a veces lo hace de manera tan directa que
corta la emoción de la trama.
Otra cosa que me incomodó es que Torcuato no deja de llamarse a sí mismo “criminal” y
“monstruo”, aunque realmente actuó más bien por defensa propia. Entiendo que quiere
mostrar su culpa, pero ese dramatismo excesivo puede hacer que uno pierda la paciencia
con él.
En resumen, lo que me pareció más maravilloso es cómo la obra pone sobre la mesa temas
de justicia y honor con una mirada moderna para su tiempo, y cómo algunos personajes
tienen una humanidad muy creíble. Lo que me disgustó un poco es que, a ratos, parece más
un ensayo disfrazado de teatro y que se excede en la culpa melodramática de Torcuato.