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Encomiendas en Salta del Siglo XVII

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ANDES

VOL. 2 | N° 29 | 2018 | ISSN 1668-8090

“Las encomiendas de Salta (Gobernación del Tucumán)”. Artículo de Isabel Castro Olañeta.
Andes, Antropología e Historia. Vol. 2, N°29, 2018, pp. 1-41 | ISSN N° 1668-8090

LAS ENCOMIENDAS DE SALTA (GOBERNACIÓN


DEL TUCUMAN, SIGLO XVII)
THE SALTA ENCOMIENDAS (GOVERNANCE OF
TUCUMAN, XVIITH CENTURY)
Fecha de ingreso: 09/04/18 Isabel Castro Olañeta1
Fecha de aceptación: 12/08/18 Universidad Nacional de Córdoba
Facultad de Filosofía y Humanidades
Escuela de Historia: Cátedras de Historia
de América I y Etnohistoria Andina
CIFFyH/IDH-CONICET: Programa
de Historia Regional Andina
(Córdoba, Argentina)
isabelcastrox@[Link]

Resumen
El artículo se propone en las ubicaciones y traslados de los pueblos
primer lugar, ordenar y sistematizar de indios y encomiendas, proponiendo
información que proviene de fuentes que en Salta estuvieron asentados en dos
diversas con la intención de aproximarse espacios cercanos a la ciudad: Pulares y
a una reconstrucción del universo de las Guachipas, donde se asentaban varios
encomiendas y pueblos de indios de la pueblos de indios colindantes entre sí,
jurisdicción de la ciudad de San Felipe cuyos habitantes estaban encomendados
de Lerma, en el valle de Salta a lo largo a diferentes vecinos. Finalmente, se
del siglo XVII considerando un corpus concluye analizando la Visita de Luján
documental variado que incluye: la Visita de Vargas para mostrar cómo los grupos
de Luján de Vargas, los expedientes de que conservaban sus tierras en pueblos de
confirmación de encomiendas remitidos indios en estas macro-reducciones, en la
al Consejo de Indias, padrones y pleitos mayoría de los casos dividían su residencia
por encomiendas. Como segundo objetivo entre su pueblo y las tierras privadas de sus
se propone presentar la historización de encomenderos asistiendo en sus chacras y

1
Agradezco especialmente a Gabriela Sica los comentarios y referencias que me ayudaron a
completar este artículo.
Esta obra está bajo Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional
[Link] ISSN N° 1668-8090

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estancias, a veces de manera más o menos residiendo cada vez menos en las tierras de
definitiva y otras veces estacionalmente; las reducciones y más tiempo en las tierras
proponiendo como hipótesis que a fines del de su encomendero, pero sin abandonar
siglo XVII se hace manifiesta una tendencia totalmente las primeras.
por la cual, los indios de encomienda iban
Palabras claves: Encomiendas, Gobernación del Tucumán, Salta, Siglo XVII

Abstract
In first place, the article proposes several indigenous villages adjoining each
to organize and systematize information other, whose inhabitants were entrusted to
that comes from different sources for different neighbors. Finally, it analyzes the
reconstructing of the universe of the visit of Luján de Vargas to show how the
encomiendas and indigenous peoples in groups having lands in indigenous villages,
the jurisdiction of the city of San Felipe de in macro-reducciones, in most cases divided
Lerma, in the Salta Valley, throughout the their residence between their town and
seventeenth century. It considers a varied the private lands of their encomenderos
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES EN CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

documentary corpus that includes: the attending in their farms and ranches,
Visit of Luján de Vargas, the Confirmation sometimes, more or less definitively,
UNIVERSIDAD NACIONAL DE SALTA - FACULTAD DE HUMANIDADES

Files of encomiendas sent to the Council of and other times, seasonally. The paper
the Indies, census registers and lawsuits proposes as hypothesis that at the end of the
for encomiendas .The second objective is to seventeenth century there was a tendency
present the historicization of the locations by which, the encomienda Indians were
and transfers of the indigenous peoples and residing less in the reducciones and more
encomiendas, proposing that in Salta they time in the lands of their encomendero, but
were settled in two spaces near the city: without totally abandoning the former.
Pulares and Guachipas, where there exist
Key words: Encomiendas, Government of Tucumán, Salta, Century XVII

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ISABEL CASTRO OLAÑETA

Presentación

A fines del siglo XVII, a 30 años de la derrota militar y desnaturalización


de las últimas poblaciones rebeldes del valle Calchaquí, en la Gobernación
del Tucumán el sistema colonial se encontraba consolidado. Las encomiendas
en manos privadas habían sobrevivido y, sin pasar a Reales Cajas, los indios
encomendados continuaban pagando sus tributos de manera directa a sus
encomenderos. Estos tributos, establecidos por las Ordenanzas 1612 en 5 pesos,
se conmutaban por especies monetizadas o por tiempo de trabajo; encontrando
los encomenderos una forma -enmarcada en las normas legales vigentes, pero
controlada en ocasiones de Visita- de sostener el antiguo sistema de servicios
personales bajo diferentes formas.
Lejos de transformarse en tributarios de la Corona, a fines del siglo XVII
los indígenas del Tucumán continuaron adscriptos a un sistema de encomiendas
en manos privadas, revitalizado con las guerras calchaquíes en la década de 1660
y con las primeras entradas al Chaco unos años después. El avance guerrero
sobre la frontera calchaquí y chaqueña les permitió a los militares y soldados
españoles convertirse en encomenderos gracias al otorgamiento que hicieron los
gobernadores de nuevas mercedes y a la composición de familias y piezas de
desnaturalizados; y a los antiguos encomenderos, les permitió extender sus vidas
y acrecentar el número de tributarios2.
Entre 1692 y 1694, el oidor de la Audiencia de Charcas don Antonio
Martínez Luján de Vargas visitó y registró la población indígena que estaba
sujeta al régimen de encomienda en la gobernación del Tucumán. Sin embargo,
sabemos que esta Visita no sólo no incorporó toda la población indígena del
Tucumán, sino que, dentro del universo de indios encomendados y registrados por

2 Contamos con recientes estudios sobre la coyuntura de fines del siglo XVII, el sistema de
encomiendas y las formas que adoptó la integración de los desnaturalizados del valle Calchaquí al
sistema colonial. Algunos de ellos: Gonzalez Navarro, Constanza, “La incorporación de los indios
desnaturalizados del valle Calchaquí y de la región del Chaco a la jurisdicción de Córdoba del
Tucumán. Una mirada desde la visita del oidor Antonio Martines Luxan de Vargas, 1692-1693”, en
Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, N° 46, 2009, pp. 231-259. Zelada, Virginia, “Desnaturalizados
Calchaquíes en Córdoba a fines del siglo XVII”, en Estudios del ISHiR, Unidad Ejecutora en Red
ISHiR-CONICET. UNR-UNCo-UNJu. Vol. 5, N° 12, pp. 105-132 [En línea] [Link]
[Link]/ojs/[Link]/revistaISHIR/article/view/543 (Consultado el 10 de diciembre de
2017). Zelada, Virginia, “El control sobre las encomiendas de la gobernación del Tucumán. Un Auto
del gobernador Martín de Jáuregui y las presentaciones de los vecinos de Córdoba (1693)”, en Corpus.
Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 7-2, 2017 [En línea] [Link]
org/corpusarchivos/1920 (Consultado el 27 de diciembre de 2017). Zelada, Virginia, «Entrega y
distribución de indios desnaturalizados en Córdoba. Promesas, normativas y disposiciones de
gobierno en torno al “problema” Calchaquí, 1659-1693”, en este mismo Dossier.

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el oidor, es posible identificar ciertas diferencias. Los repartimientos podían estar


compuestos por grupos indígenas tempranamente encomendados que residían en
pueblos de indios, indios trasladados luego de las desnaturalizaciones del valle
Calchaquí y reasentados en nuevos pueblos de indios, o indios residentes en
unidades productivas españolas como estancias y chacras trasladados en diferentes
momentos por sus encomenderos, sin derechos reconocidos a la tierra.
Estas diferencias al interior del mundo indígena encomendado fueron
el resultado de procesos que enlazaron las historias específicas de cada grupo
indígena con los procesos de otorgamientos y re-otorgamientos de mercedes
de encomienda que favorecieron a los integrantes de la elite española local
desde fines del siglo XVI y, especialmente, a lo largo del siglo XVII. Procesos
que, en el caso de Salta, se encuentran marcados por las coyunturas políticas de
las dos últimas grandes rebeliones vallistas y que conllevaron, por parte de los
gobernadores, en primer lugar la estrategia de alentar la participación militar
ofreciendo en encomienda los grupos que fueran sometiéndose, y en segundo
lugar, la política de las desnaturalizaciones como solución final contra los rebeldes.
De estos procesos históricos particulares poco puede decirnos una fuente como
la Visita a las encomiendas de Salta de 1693 y éstos no pueden ser conocidos ni
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reconstruidos, si no es contrastándola con otros documentos.


Gastón Doucet en un trabajo detallado sobre una de las encomiendas
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salteñas, la de pulares y tonocotés de la familia Diez Gómez e Isasmendi,


reconstruyó la historia de una de las pocas encomiendas que -a diferencia de
la tendencia de disgregación que fue general para el Tucumán-, se caracterizó
por haber sido un feudo que se vio incrementado por agregación (anexando a
la encomienda original de indios pulares, una parcialidad de tonocotés) y que
manifestó un aumento en el número de tributarios a lo largo del siglo XVII y
especialmente en el siglo XVIII3. Precisamente, en el mencionado estudio de caso,
el autor señalaba que

el estudio del régimen de encomienda en una provincia o reino indiano, si pretende


penetrar adecuadamente, más allá de superficiales generalizaciones, en la vida íntima
de la institución, comprender su funcionamiento y apreciar su significación histórica,
exige reconstruir la historia particular, si no de todos, cuando menos de una proporción
considerable de los repartimientos que existieron en el ámbito examinado; sólo el análisis
sistemático de una multitud de casos individuales suministrará los elementos necesarios
para alcanzar los objetivos4.

3 Doucet, Gastón, “Un Feudo Salteño: La encomienda de Pulares y Tonocotes de los Diez Gómez
e Isasmendi”, en Publicaciones del Instituto de Estudios Iberoamericanos, Buenos Aires, III/IV, 1984,
pp.183-220.
⁴ Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit., pp. 183-184.

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En este sentido, este artículo se propone en primer lugar, ordenar y


sistematizar información que proviene de fuentes diversas con la intención de
aproximarse a una reconstrucción de las encomiendas y pueblos de indios de la
jurisdicción de la ciudad de San Felipe de Lerma, en el valle de Salta a lo largo del
siglo XVII considerando un corpus documental variado que incluye: la Visita de
Luján de Vargas5, los expedientes de confirmación de encomiendas remitidos al
Consejo de Indias a lo largo del siglo XVII que se conservan en el Archivo General
de Indias, Sevilla (en adelante, AGI)6, los padrones levantados por orden del
gobernador Ángel de Peredo en 1673-16747 y pleitos por encomiendas ubicados
en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (en adelante, ABNB), además de
otros documentos éditos.
Cualquier intento de reconstrucción de las historias de las encomiendas
y los encomendados en Salta, debe tener en cuenta no sólo toda la tradición
académica aportada por la etnohistoria andina para el análisis de pueblos
indígenas, sino también los aportes de trabajos fundamentales, el primero
de Ana María Lorandi y Roxana Boixadós sobre la etnohistoria de los valles
calchaquíes durante los siglos XVI y XVII8, así como sus posteriores síntesis y
revisiones9; la ya mencionada investigación de Gastón Doucet sobre la historia

⁵ El documento ha sido recientemente publicado: “Visita del Oidor don Antonio Martínez Luján
de Vargas a las encomiendas de la jurisdicción de la ciudad de San Felipe de Lerma en el valle
de Salta”, en Castro Olañeta, Isabel: La Visita del Oidor Antonio Martínez Luján De Vargas a las en-
comiendas de Catamarca, Santiago del Estero y Salta. (Gobernación Del Tucumán, 1693-1694), Programa
de Historia Regional Andina (CIFFyH-UNC) Ferreyra Editor, Córdoba, pp. 567-713.
⁶ En este acercamiento, el análisis de dichos expedientes intenta lograr un aporte -más bien
descriptivo- que sistematice y organice la información que sobre estos pueblos de indios y
encomiendas contamos para el siglo XVII a partir de estas fuentes. De un conjunto compuesto
por más de 120 expedientes de confirmaciones de encomiendas de la gobernación del Tucumán
durante el siglo XVII (AGI, Charcas, 101-111), se conservan 19 remitidos al Consejo de Indias por
los encomenderos de la jurisdicción de Salta (el primero en 1617 y el último en 1689). Dentro de este
subconjunto, 11 de estos expedientes incorporan padrones de la población tributaria realizados
con el objeto de establecer la renta de la encom²ienda, valor sobre el cual debían pagarse las
cargas impositivas y otras pensiones (media anata, corridos del período de vacante), así como
señalar claramente quiénes eran los caciques, alcaldes y mandones, los indios tributarios y sus
familias, los reservados, huérfanos y viudas, que quedaban bajo la merced de la encomienda
otorgada por el gobernador de turno.
⁷ Archivo General de Indias (AGI), Contaduría, 1876.
⁸ Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, “Etnohistoria de los valles calchaquíes en los siglos
XVI y XVII”, en Runa, XVII-XVIII, 1987-1988, pp. 263-419.
9
Lorandi, Ana María, “Los Valles Calchaquíes revisitados”, en Anales Nueva Época, N°. 6,
Universidad de Göteborg, 2003, pp. 273-285. Lorandi, Ana María; Boixadós, Roxana; Bunster, Cora y
Palermo, Miguel Ángel, “El valle Calchaquí”, en Lorandi, Ana María (Comp.): El Tucumán Colonial
y Charcas, Vol.1, Buenos Aires, 1997, pp. 205-251. Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, “Sobre
clasificaciones y descalificaciones. Una revisión crítica de Etnohistoria de los Valles Calchaquíes,
veinte años después” en Anuario IEHS, N° 24, 2009, pp. 15-38.

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de la encomienda de la familia Díez Gómez e Isasmendi de los indios pulares y


tonocotés10; el trabajo sobre la Visita de Luján de Vargas en clave comparativa de
Judith Farberman y Roxana Boixadós11; y desde la perspectiva de una historia
económica-social de Salta en la segunda mitad del siglo XVIII, la investigación
de Sara Mata12. Finalmente, a estos trabajos podemos agregar los estudios sobre
la condición de frontera del valle Calchaquí13 y dos recientes investigaciones que
dialogan con la nuestra por sus preocupaciones y fuentes analizadas pero que
se focalizan en el período temprano de la dominación sobre los indios pulares
y andiafacos que quedaron en la jurisdicción de Salta y bajo el control de sus
vecinos encomenderos14.
Las fuentes incorporadas y los aportes de los investigadores antes
mencionados nos permitirán reconstruir las historias particulares de los grupos
que fueron encomendados y reducidos en la jurisdicción de Salta a lo largo
del siglo XVII cuya imagen cristalizada conocemos gracias a la Visita de 1693,
así como identificar algunos grupos que en dicha fuente fueron registrados de
manera indiferenciada como pulares o calchaquíes, inscribiendo sus características
y su relación con el sistema colonial con mayor profundidad temporal.
Paralelamente, como segundo objetivo se propone presentar la historización
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de las ubicaciones y traslados de los pueblos de indios y encomiendas en la


jurisdicción colonial de Salta. Para ello, debemos aclarar que dentro de nuestro
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universo de análisis, nos referiremos a grupos encomenda dos y asentados en


pueblos de indios cuando hablemos de aquellos que fueron reducidos y a los que
se les señalaron tierras comunales para residencia y producción, mantuvieron
sus autoridades (caciques, mandones y/o la figura colonial del alcalde) y estaban
adscriptos a un régimen tributario (que para esta región se mantenía bajo la forma

10
Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit.
11
Farberman, Judith y Boixadós, Roxana, “Sociedades indígenas y encomienda en el Tucumán
Colonial: un análisis comparado de la visita de Luján de Vargas”, en Revista de Indias, Vol. 66, Nº
238, 2006, pp. 601-628.
12
Mata de López, Sara, Tierra y poder en Salta. El Noroeste argentino en vísperas de la independencia,
Diputación de Sevilla, Sevilla, 2000.
13
Giudicelli, Christophe, “Encasillar la frontera clasificaciones coloniales y disciplinamiento del
espacio en el área diaguito-calchaqui, Siglos XVI-XVII”, en Anuario IEHS, N° 22, 2007, pp. 161-
211. Quintián, Juan Ignacio, “Articulación política y etnogénesis en los Valles Calchaquíes: Los
Pulares durante los siglos XVII y XVIII”, en Andes, Nº 19, Salta, 2008, pp. 299-325.
14
Quiroga, Laura; Alvarado, Ana Emilse y Hopkins Cardoso, Nicolás, “Andiafacos: geografía y
resistencia (Gobernación del Tucumán, Siglos XVI- XVII)”, en Mundo de Antes, Nº 11, 2017, pp.1-
32. [En línea] [Link] (Consultado
el 20 de diciembre de 2017) Quiroga, Laura, Hopkins Cardozo, Miguel Nicolás, Alvarado, Ana
Emilse, “Pulares: entre la guerra y la encomienda en las tierras altas del Tucumán colonial,
virreinato del Perú (1577-1630)”, en este mismo Dossier.

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directa de conmutación del tributo en servicios personales)15. Proponemos que en


el caso de Salta, éstos -con excepción del pueblo de Luracatao que fue reducido
en el valle de Perico, en el límite de la jurisdicción entre Salta y Jujuy- estuvieron
asentados en dos espacios diferentes que presentan la particularidad de funcionar
como dos grandes espacios reduccionales, conjuntos de pueblos de indios o
macro-reducciones en Pulares y Guachipas, territorios donde se asentaban varios
pueblos de indios colindantes entre sí, cuyos habitantes estaban encomendados
a diferentes vecinos. A este universo de indios de encomienda reducidos en
pueblos, la visita de Luján nos permitirá agregar otras de corto número formadas
por familias o piezas sueltas -de indios calchaquíes desnaturalizados en la última
campaña contra los rebeldes- que fueron entregados a particulares sin habérseles
señalado tierras para su reducción.
Finalmente, este trabajo concluirá analizando la Visita de Luján de Vargas
para mostrar cómo los grupos que conservaban sus tierras en pueblos de indios
en estas macro-reducciones, en la mayoría de los casos dividían su residencia entre
su pueblo y las tierras privadas de sus encomenderos asistiendo en sus chacras y
estancias, a veces de manera más o menos definitiva y otras veces estacionalmente;
proponiendo como hipótesis que a fines del siglo XVII se hace manifiesta una
tendencia por la cual, los indios de encomienda iban residiendo cada vez menos
en las tierras de las reducciones y más tiempo en las tierras de su encomendero,
pero sin abandonar totalmente las primeras. En este sentido, proponemos como
hipótesis que -para fines del siglo XVII-, cuando este proceso aún estaba en
marcha, aún no encontramos una división tajante entre indios de pueblo e indios
sin pueblo, excepto para el caso de aquellos que nunca estuvieron residiendo en
pueblos de indios coloniales como son las piezas o familias entregadas sueltas
luego de las guerras calchaquíes.

Pulares y calchaquíes encomendados y reducidos en la jurisdicción de Salta

Dos quebradas comunican el valle de Lerma con el valle Calchaquí: la


quebrada de Escoipe (formada por el río del mismo nombre) que permite la
comunicación entre Chicoana en el valle de Lerma y Cachi en el valle Calchaquí; y
la quebrada de las Conchas (formada por el río Guachipas) que comunica el valle
de Lerma con Cafayate en el Calchaquí. Asimismo, desde el valle Calchaquí la
15
Tomamos la definición de “pueblo de indios” colonial para la provincia del Tucumán, de Castro
Olañeta, Isabel, “Pueblos de indios en el espacio del Tucumán colonial”, en Mata de López, Sara y
Areces, Nidia (Coords.), Historia regional. Estudios de casos y reflexiones teóricas, Edunsa y CEPIHA
Editorial, Salta, 2006, pp. 37-49. Tell, Sonia y Castro Olañeta, Isabel, “Los pueblos de indios de
Córdoba del Tucumán y el pacto colonial (Siglos XVII a XIX)”, en Revista del Museo de Antropología,
FFyH-UNC, Vol. 9-2, Córdoba, 2016 pp. 209-220 [En línea] [Link]
php/ antropologia/article/view/15894/16047 (Consultado el 05/10/2017).

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comunicación con la Puna es posible por la quebrada del río Luracatao (afluente
occidental del río Calchaquí) y desde el valle de Lerma por la Quebrada del Toro.
Precisamente en estos espacios de comunicación y en las cercanías
del valle de Lerma fueron reducidos y asentados los grupos indígenas de las
encomiendas que fueron tributarios de la ciudad de Salta. Sin embargo, no se
trataba en todos los casos de indios originarios o naturales de dichos asientos
-Pulares y Guachipas- y los mismos, desde fines del siglo XVI y a lo largo de todo
el siglo sufrieron desmembraciones, agregaciones y traslados que dificultan los
intentos de dilucidar sus adscripciones étnicas o geográficas y las relaciones que
mantenían entre ellos, debido a que sus historias comienzan muy tempranamente
a mezclarse y confundirse con las historias de las encomiendas que, en el caso
de la jurisdicción de Salta a su vez, no puede ser entendida fuera del proceso
de conquista, resistencia y desnaturalizaciones de los valles calchaquíes en sus
sucesivas etapas.
Lorandi y Boixadós en su trabajo pionero sobre la etnohistoria de los valles
calchaquíes plantearon como objetivo lograr tanto la definición de las unidades
sociales, políticas y culturales como la distribución espacial de los grupos que
estaban asentados en el valle Calchaquí a partir de un análisis exhaustivo de
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fuentes de los siglos XVI y XVII, reflexionando acerca de las categorías usadas en
los documentos y entrecruzando la información etnohistórica con los aportes de
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la arqueología sobre la región, convirtiéndose en un estudio de ineludible lectura


tanto por sus aportes como por las sugerentes hipótesis planteadas. Las autoras
proponen una segmentación étnico-política del área calchaquí que tendría su
correlato en la distribución espacial de los grupos en tres sectores: al norte el
valle de los Pulares, el área central del valle Calchaquí y al sur el valle Yocavil. El
valle de los pulares se extendía entre la actual localidad de La Poma y el pueblo
de Atapsi (cercano al actual Seclantás), recorrido por el río Calchaquí y bordeado
por las sierras subandinas al este y las estribaciones de la puna al occidente16.
Las referencias a los pulares en los documentos coloniales son de tres órdenes,
como habitantes del valle homónimo, como habitantes de un pueblo específico
(Escoipe, Chicoana, Cachi, Atapsi, Payogasta) y como una nación diferente a la
de los calchaquíes o diaguitas asentados en de los sectores medio y sur del valle
Calchaquí. Asimismo, Lorandi ha señalado la posible existencia de un grupo
pular propiamente dicho asentado en la quebrada de Escoipe que controlaba
ambas vertientes de la sierra17. En este sentido, en 1659, Alonso de Mercado
señalaba que:

16
Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, [Link]., pp. 273-282.
17
Lorandi, Ana María, 1997, Ob. Cit., Nuevos estudios sobre los pulares en Quintian, Juan Ignacio,
2008, Ob. Cit. y Quiroga, Laura, et. al, 2017 y en este Dossier, Ob. Cit.

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Su naturaleza son las tierras del Valle de los Pulares, de que toman el nombre, el
qual esta en lo alto de la cordillera mas vecina a esta ciudad a veinte leguas de distancia
en donde por tierra llana y con un mismo rio confinan con los indios del Valle de
Calchaquí y con su primera poblacion llamada Pompoma18.

La conclusión a la que arriban las autoras en relación a las adscripciones


étnicas de estos grupos es que sólo los pulares y los escoipes encomendados en
1582 se reconocieron como pulares y que el resto de los pueblos del sector norte
del valle se reconocen con el nombre del pueblo que habitaban antes de su traslado
(Cachi, Chicoana, Atapsi y Payogasta): “la generalización de la designación
pular para este sector del valle no se corresponde con la homogeneidad étnica
de los grupos que lo habitaban. Sin embargo, la interacción entre los mismos
pudo tender a recomponer una nueva identidad. La pregunta es ahora: ¿el grupo
pular ejerció algún tipo de hegemonía política sobre los otros durante los siglos
XVI y XVII?19 Esta pregunta es importante en tanto que la generalización de la
designación pular para todos los grupos del valle ha llevado a pensar que el área
pular era un señorío organizado en torno a la hegemonía del grupo homónimo.
Contra esto, las autoras llaman la atención acerca de la ausencia de referencias a
señoríos en las fuentes, todo lo contrario, en la mayoría de los casos cada pueblo
reconoce un cacique sin señalar relaciones de sujeción o jerarquía entre ellos. Por
otra parte, los indios de Payogasta, Cachi y Chicoana a diferencia del resto de
los pulares, hablaban el quechua. El problema de la identificación de los grupos
pulares resulta complicado en tanto muchas veces las fuentes homogenizan el
apelativo pular al conjunto de grupos de indios amigos de los españoles durante
la rebelión iniciada en 163020.
18
AGI, Charcas, 122, f.41r. En esta cita y en todas las siguientes, los resaltados y corchetes que
hubieren, nos pertenecen.
19
Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., pp. 304-306.
20
Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., p. 306. Lorandi, Ana María [Link].,
1997, Ob. Cit., pp. 223-224. La supuesta homogeneidad de los grupos que habitaban el sector norte
del valle Calchaquí adquiere mayor complejidad al incorporar los aportes de la arqueología que
han demostrado la presencia incaica en los sitios y asentamientos originarios de estos grupos
antes de ser encomendados e incorporados al sistema colonial, sugiriendo las autoras una serie
de preguntas acerca de la integración de estos grupos al sistema estatal incaico, la presencia de
mitmakunas y su impacto sobre las poblaciones locales, poco puede recuperarse de estas hipótesis
y preguntas a partir de la documentación que en esta oportunidad trabajamos, pero creemos
que es relevante marcar este problema antes de comenzar, especialmente debido a su posterior
opción por participar como indios amigos en la rebelión de 1630-43 y su reasentamiento temprano
cerca de la ciudad de Salta y su rápida rendición (en los casos de los grupos que se acercaron a
Bohórquez) luego de 1659. En contraposición, C. Giuducelli ha propuesto que en realidad, la
designación pular (al igual que la diaguita y la calchaquí) no refiere a una distinción étnica sino

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Existe un acuerdo en que los pulares fueron los primeros grupos que los
conquistadores encomendaron luego de la fundación de la ciudad de San Felipe
de Salta en 158221, sin embargo, hemos consultado algunos documentos que nos
permiten hipotetizar que algunos grupos podrían haber sido encomendados
previamente, por Gonzalo de Abreu desde su segunda malograda fundación de
San Clemente en el valle de Salta en 1577 y, probablemente se re-otorgaron y/o
se hicieron efectivas recién luego de la fundación de San Felipe por Hernando de
Lerma22.
Posteriormente, a estos grupos se fueron agregando y trasladando otros,
luego de las campañas militares de Felipe de Albornoz (1630-1643) y de Alonso
de Mercado y Villacorta (1658-1666), terminando todos adscriptos a encomiendas
diferentes, pero reducidos en conjuntos. La relación del gobernador Mercado
describe que los pulares eran vecinos de los calchaquíes rebeldes y que en la
década de 1630 bajaron a poblarse “voluntariamente” cerca de la ciudad,
permitiéndoles regresar a sus tierras el gobernador Acosta y Padilla (cerca de
1645) donde permanecieron hasta que se incorporaron al ejército liderado por
Pedro Bohórquez, siendo muy cercanos a él debido a ser indios ladinos y a haber
permanecido tantos años cerca de la ciudad, lo que les brindaba un conocimiento
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excepcional para ser usado contra los españoles.


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Esta vecindad de Calchaqui en el levantamiento passado de aquellos barvaros, obligo,


a estos indios pulares, temerosos de no ser invadidos de ellos y de su creçido numero a
bajarse voluntariamente con sus mugeres y familias a poblarse en lo llano desta jurisdiçion
y al abrigo de los españoles en donde se conservaron los onçe años que duro la guerra y
algunos mas hasta que en tiempo del governador don Gutierre de Acosta y Padilla y con
orden suia, se les permitió la buelta a sus tierras y poblar de nuevo el Valle de los Pulares

al proceso de definición de la frontera y la evolución de la misma en el discurso colonial. Para


el autor, asimismo, la “separación [pular] del polo calchaquí es claramente la consecuencia de su
posición dentro de la economía de vigilancia de la provincia, y nada indica que se deba a razones
culturales, ni tampoco a una vieja rivalidad nacida a la sombra de la intervención incaica.”
Giudicelli, Christophe, 2007, Ob. Cit., p. 189.
21
Los autores coinciden en señalar que la fundación de Lerma se realizó en el valle de Salta,
merced a un acuerdo con los grupos pulares que permitía la protección de la frontera norte del
valle Calchaquí. Quintian, Juan Ignacio, 2008, Ob. Cit., p. 301. Un estudio novedoso sobre los
pulares: Quiroga, Laura, Hopkins Cardozo, Miguel Nicolás, Alvarado, Ana Emilse, “Pulares:
entre la guerra y la encomienda en las tierras altas del Tucumán colonial, virreinato del Perú (1577-
1630)”, en este mismo Dossier. En documentos más tempranos referidos a las acciones de Núñez
de Prado, los pulares aparecerán ligados a los indios de guerra de Chicoana, probablemente
implicados en la destrucción de la ciudad de Córdoba del Calchaquí y a las fundaciones de
Gonzalo de Abreu. Giudicelli, Christophe, 2007, Ob. Cit., pp.189-192.
22
Desarrollaremos esta hipótesis cuando tratemos la historia de la encomienda de pulares de
Bartolomé Valero.

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que avian desamparado, resolucion que entonces pareçio conveniente, oy, a mostrado la
experiençia bien a nuestra costa, lo contrario. [...] En este estado les hallo la novedad de
don Pedro Bohorques a quien acudieron [...] por ser tan ladinos y por la comunicacion
que tenian con las ciudades, los admitio con diferente estimacion a su lado, valiendosse
de su consejo y industria desde que rompio la guerra, en la qual le guiaron. bajando los
primeros a la batalla del dia 23 de septemre del año pasado [1658]23

En esa misma carta del 6 de diciembre de 1659, el gobernador Mercado


decía que 300 familias de pulares habían sido indultadas por el oidor don Juan
de Retuerta de haber “bajado con don Pedro Bohorques” y repartidas en siete
encomenderos a quienes “pagan tassa y reconoçen servidumbre”. Entendemos
que este indulto fue el origen de la conformación de este asentamiento colectivo
en la boca de la Quebrada de Escoipe denominado Pulares y donde estaban
congregados, junto con el pueblo de los Pulares, los pueblos de indios de Chicoana,
Cachi, Atapsi y Payogasta, trasladados después de su derrota.
El segundo espacio de reducción cercano a la ciudad de Salta fue
Guachipas, donde se ubicaron los pueblos de Animaná, Bombolán, Anguingasta,
Pompoma, Gualfin, Ampascachi, en su mayoría compuestos por grupos del
sector medio del valle Calchaquí desnaturalizados luego de las campañas del
gobernador Mercado y Villacorta después de 1659. Este sector del valle, el llamado
Calchaquí propiamente dicho (y diferenciado de la región pular al norte y de
la región diaguita-Yocavil al sur) del cual eran originarios los indios reducidos
luego en Guachipas, se extendía desde Pompoma al norte, hasta Colalao al sur
y estaba recorrido por el tramo sur del río Calchaquí y por el tramo norte del río
Santa María24. Los grupos que habitaban este sector del valle y que participaron
activamente de la rebelión de 1630-43 y especialmente en la de 1659-6625, serán
mayoritariamente asentados en el valle de Guachipas, sin embargo algunos de
ellos serán reducidos junto con los grupos pulares y en las cercanías de Chicoana
como los indios de Taquigasta, Sicha y Cafayate.
En el padrón levantado por Francisco de Olea en 1673 por orden del
gobernador Ángel de Peredo, se declaraba que “Hasta aquí son las encomiendas que
hay en esta dicha ciudad y su jurisdicción de indios ladinos que pagan tributo y las que
siguen son de nación calchaquí recién reducidos”26.

23
AGI, Charcas, 122, f.41v.
24
Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., p. 313.
25
Hemos considerado aquí los grupos y parcialidades que fueron encomendados a los vecinos
de la ciudad de Salta, dejando de lado el caso de los tolombones que fueron desnaturalizados al
valle de Choromoros y encomendados en la jurisdicción de San Miguel.
26
AGI, Contaduría, 1876, f.1248v.

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Esta línea divisoria ubicaba como indios ladinos a las encomiendas de Pulares,
Escoipe, Cachi, Pulares de Lara, Milicay Pulares, Chicoana y Atapsi, Tilian,
Locloc y Payogasta, todos asentados y reducidos en los Pulares. Luego, le siguen
los de nacion calchaqui recien reducidos, Sicha y Taquigasta, también en los Pulares
y el resto en Guachipas: Bombolan y Animana, Anguingasta, Ampascachi,
Pompoma y Gualfin. A este esquema se sumaban tres capitanes beneficiados
por Alonso de Mercado y Villacorta con una cantidad tenue de familias compuestas
de desnaturalizados del valle Calchaquí y que no tenían pueblo o tierras de
reducción y, por lo tanto, no se les hizo padrón27.
El gobernador Esteban de Urízar remitía una carta al Rey desde Salta en
noviembre de 1719, en la cual advertía que los indios calchaquíes desnaturalizados
por las armas y asentados por el gobernador Mercado y Villacorta en reducciones
en el valle de Guachipas, a 20 leguas de la ciudad, “aborresen sus curas
doctrineros” y resistían la evangelización. Por cuya causa, propone “que se muden
las reduciones a mayor sercania” de la ciudad de Salta28. Recuperamos esta carta
porque nos brinda información acerca de la clara diferenciación que mantenían
las reducciones de calchaquíes desnaturalizados en el sitio de Guachipas (de las
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de Pulares), incluso luego de 40 años de su extrañamiento definitivo.


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27
AGI, Contaduría, 1876. En el caso de Salta, los padrones de Peredo tienen la particularidad de
que el criterio de Francisco de Olea fue registrar solamente aquellas encomiendas que estuviesen
asentadas en tierras de reducción, en pueblos de indios. Este no fue un criterio compartido por
otros empadronadores en otras jurisdicciones. Esta fuente, que fue sintetizada por Ravignani en
1932, espera un estudio sistemático. Ravignani, Emilio, “La población indígena de las regiones
del Río de la Plata y Tucumán en la segunda mitad del siglo XVII”, en XXVº Congreso Internacional
de Americanistas. Separata de las Actas, Tomo II, Universidad Nacional de La Plata, La Plata, 1932,
pp. 287-305.
28
AGI, Charcas, 210.

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Mapa
Encomiendas y pueblos de la jurisdicción de Salta, siglo XVII

Macro-reducción de los Pulares. Encomiendas de indios pulares en la boca de


la Quebrada de Escoipe

A continuación, presentamos aportes para la reconstrucción de la historia


de cada uno de los grupos encomendados y reducidos en pueblos en la boca
quebrada del Escoipe en lo que hemos denominado, macro-reducción de los
Pulares.
El asentamiento de los pulares en la boca de la Quebrada fue de larga data,
incluso, en el conocido documento del cacique de los pulares, Calibay, de 1582

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éste solicita que les sean otorgadas en merced las tierras que

corran hasta la poblazón del dicho governador Gonzalo de Abrego en una legua de ancho
por cualquier parte [...] cerca de la boca de la quebrada por donde va el camino del Perú
y por sima della yendo por la dicha cordillera y falda della en derecho de la parte donde
estuvo poblado el gobernador [San Clemente] 29

Su encomendero en funciones de teniente de gobernador dio por

presentada la dicha petición el señor capitán [Bartolomé Valero] teniente de gob. y


justicia mayor en esta ciudad y jurisdicción dijo que su md está informado como persona
antigua de treynta años a esta parte como los dichos casiques e yndios pulares en tiempos
pasados estuvieron poblados en la parte y lugar questa petición refiere y al presente sabe y
está ynformado asimismo que algunos de los dichos yndios tienen chacaras en las dichas
tierras por lo qual dijo que en nombre de su magestad y por virtud del poder que para ello
tiene y si necessario es como justicia desta ciudad declarava y declaro las dichas tierras asi
deslindadas y declaradas ser y perteneser a los dichos yndios30

Ya presentamos los movimientos de los pulares y escoipes relacionados


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con las guerras calchaquíes en las décadas de 1640 y 1660, hasta quedar confinados
en la boca de la Quebrada de Escoipe hasta el siglo XIX.
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Si bien la primera cédula de encomienda de los pulares a favor de


Bartolomé Valero en 1582 no aclara su ubicación precisa, se sabe que ocupaban
las tierras cercanas a la ciudad de Lerma y documentos posteriores indican que
se habrían asentado en la boca de la quebrada de Escoipe31. Lorandi y Boixadós
señalan que los indios asentados en ese sitio adoptaron el nombre homónimo de
Escoipe, pero lo que no pueden determinar es si se trataba de un grupo que ya
vivía anteriormente en la mencionada quebrada, en 1582 o si fueron los mismos
pulares encomendados los que adoptaron el nombre de su nuevo asentamiento32.

La encomienda de Pulares, Escoipes (y Guachipas) de Bartolomé Valero

Bartolomé Valero tuvo la encomienda de pulares, escoipes y guachipas


junto con la fundación de la ciudad de San Felipe de Salta, el 8-IV-1583 de mano
29
En Giudicelli, Christophe, “Calibay o la tempestad. Debate en torno a un documento “indígena”
de la Salta primitiva”, en Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 3, N°1, 1er.
semestre 2013, pp. 2-3 [En línea] [Link] (Consultado el 10 de
diciembre de 2017).
30
En Giudicelli, Christophe, 2013, Ob. Cit., pp. 2-3.
31
Ver Quiroga, Laura; Alvarado, Ana Emilse y Hopkins Cardoso, Nicolás, en este mismo Dossier.
32
Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., pp. 288-290.

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del gobernador Hernando de Lerma33. Hizo dejación de la encomienda ante el


gobernador Ramírez de Velasco, quien la encomendó por mitades al hijo natural
de Bartolomé, Pedro Valero y a su sobrino Román Valero en 1586,34 siguiendo un
pleito desde 1589 entre Román contra Pedro y Bartolomé para que le entregaran
la mitad de los indios que correspondían a su merced.
Pedro Valero murió sin dejar sucesión y la encomienda fue re-otorgada
nuevamente y en primer vida, a su padre Bartolomé Valero y, esta vez, luego de
su muerte, heredó en segunda vida a Ana Valero, su hija mayor35 Desconocemos
el año de la muerte de Pedro, pero ya en 1590 la encomienda de esta mitad estaba
nuevamente en manos de Bartolomé, a quien Román Valero pidió a través del
gobernador y con un mandamiento, cumpliera y le diera la mitad de los indios
de mita y de servicio personal36.
Luego de la muerte de Ana Valero, el gobernador Felipe de Albornoz dividió
esta mitad otorgándola en merced a Miguel de Elizondo, Álvaro Vélez de Alcocer
y Pedro de Aguirre37, quiénes recibieron respectivamente los indios escoipes,
pulares y guachipas en 162938. De la otra mitad de los pulares y conservando ese
nombre, sabemos que luego de la muerte de Román Valero, pasó a manos de su
hijo, Francisco Valdenebro, siendo luego de su muerte encomendada a Andrés
de Frías Sandoval en 163139.
A continuación incorporaremos nuevos datos que permitirán revisar y
profundizar el proceso de divisiones, agregaciones y traslados de los grupos
encomendados originalmente en 1582, a partir de nueva información brindada
por los expedientes de confirmación, dejando de lado el tercio de guachipas
encomendado a Pedro de Aguirre para retomarlo en el próximo apartado.

33
Sin embargo, es posible sospechar que la primera merced sobre estos indios la haya recibido
anteriormente, del gobernador Gonzalo de Abreu al momento de la malograda fundación de San
Clemente.
34
ABNB, EC. 1631, 9, fs.118v-119r. Título de merced de encomienda de Román Valero, Salta, 14-
VI-1586.
35
ABNB, EC. 1631, 9, fs. 112r-112v.
36
ABNB, EC. 1631, 9, fs. 120r-120v.
37
Sobre el tercio de la encomienda sobre los indios de Guachipas a Pedro de Aguirre, remitimos
al apartado sobre Anguingasta, en Guachipas.
38
ABNB, EC. 1631, 9 y Quiroga, Laura; Alvarado, Ana Emilse y Hopkins Cardoso, Nicolás, en
este mismo Dossier.
39
AGI, Charcas, 101, N. 54

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Pulares escoipes: el tercio de escoipes de la mitad de Pedro Valero, Bartolomé Valero y


Ana Valero

La parte de esta encomienda que correspondía al pueblo de Escoipe fue


otorgada por el gobernador Felipe de Albornoz en 1629, luego de la muerte de
Ana Valero, a Miguel de Elizondo, recibiendo su confirmación real en 1631:

encomiendo en vos el dicho Miguel de Elisondo los indios del dicho pueblo de Escoype
contenidos en el dicho auto ques uno de los tres pueblos [pulares, escoipes y guachipas] del
dicho repartimiento de los pulares que asi baco por fin y muerte de la dicha doña Ana Valero40.

El pueblo en 1629 contaba con su cacique principal don Domingo Quiache y


con un alcalde, don Lorenzo Ansuele, a quienes le siguen 45 indios tributarios. Es
significativo el número de indios ausentes que, en todos los casos se encuentran
concertados o trabajando en distintas estancias de españoles. Un detalle a señalar
que ayuda a diferenciar el pueblo y encomienda de Escoipe del de los Pulares
propiamente dicho (a pesar que las fuentes señalen su pertenencia a una misma
nación) es que tres de los ausentes se encuentran en el pueblo grande de los Pulares
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visitando a su familia. Esta referencia estaría indicando no sólo la diferencia


entre los lugares de asentamiento de los pulares y los escoipes, sino también que
continúan manteniendo relaciones entre ellos.
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La encomienda de Escoipe otorgada a Elizondo también fue sujeta a


un litigio. En 1687 el cacique de la encomienda, Fernando Aquinchai, recurrió
a la Real Audiencia denunciando que Juan de Elizondo usurpaba el título de
encomendero en tercera vida y que además sufrían de malos tratos y alquileres
a terceros. Finalmente, se demostró que Juan de Elizondo tenía investidura en
segunda vida y no en tercera, debido a que cuando el gobernador Joseph de
Garro visitó el pueblo inhibió a su padre -Andrés Félix de Elizondo- de heredar
la encomienda de su abuelo, Miguel de Elizondo, encomendero en primera vida:

le condeno en privasion de la subcesion que le pertenese de dicha encomienda en segunda vida


por muerte del dicho su padre y en que no entre en dichos pueblos pena de quinientos pesos
corrientes [...] y pasara la subcesion de la segunda vida de la dicha encomienda a otro eredero
lexitimo del dicho maestre de campo Miguel de Lisondo conforme a la ley de la subcesion41

40
ABNB, EC. 1688, 31. AGI, Charcas, 101, N. 51. Recordemos que luego de la muerte de Ana
Valero, se encomendaron en tercios: el tercio de los pulares a Miguel de Elizondo, el tercio de
Escoipe a Álvaro Vélez de Alcocer y el tercio de Guachipas (Anguingasta) a Pedro de Aguirre.
Este otorgamiento por tercios generó un litigio importante por la sucesión de la encomienda que
ha sido analizado por Quiroga, Laura, Alvarado, Ana y Hopkins Cardoso, Nicolás, en este mismo
Dossier.
41
ABNB, EC.1688, 31, f.31r.-31v.

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Este resquicio legal permitido por la sentencia de Joseph de Garro en


1676 permitió que Juan de Elizondo, nieto de Miguel de Elizondo heredada la
encomienda de Escoipe (y tercio de Sicha) en segunda vida y, por supuesto,
alargara la vida de la merced en manos de esta familia.

Pulares grandes: el tercio de pulares de la mitad de Pedro Valero, Bartolomé Valero y Ana
Valero

Como adelantamos, luego de la muerte de Ana Valero a fines de la década


de 1620, el gobernador Albornoz dividió el repartimiento de indios pulares entre
distintos titulares, los escoipes fueron otorgados a Elizondo y los pulares a Álvaro
Vélez de Alcocer en 1629.
El expediente de confirmación iniciado en 163742 incluye una relación e
información ad perpetuam rey memoriam sobre la historia del grupo de los pulares
elevada por Vélez de Alcocer y ratificada por testigos españoles. Esta relación
señala que los indios pulares y otros circunvecinos que tenian sus asientos,
reducciones y naturales en el valle Calchaquí al principio de la guerra no se declararon
a favor de los españoles, sin embargo un año y medio después se declararon
como indios amigos y huyeron de su natural y se redujeron a cinco leguas de la
ciudad de Salta “adonde al presente estan y todo el dicho tiempo que a durado la guerra
los dichos indios an servido en ella por amigos de los españoles por cuya caussa se an
venido a conseguir las pases que ay ahora”43.
Si bien hemos podido corroborar que la encomienda de Álvaro Vélez
de Alcocer fue confirmada en 1640, a su muerte, en 1655, fue declarada vaca
por no constar la confirmación, publicándose los edictos para la oposición de
beneméritos, proceso del cual resultó beneficiado su hijo, José Vélez de Alcocer,
a quien le habían denegado la segunda vida44.

Milipicay pulares: los pulares de la mitad de Román Valero y Francisco de Valdenebro

Habíamos señalado que luego de la muerte de Román Valero, una de las


mitades, esta encomienda pasó a manos de su hijo Francisco de Valdenebro en
segunda vida. Quedando vaca luego de su fallecimiento, el gobernador Felipe de
Albornoz otorgó en 1631 la merced de encomienda sobre estos pulares a Andrés

42
AGI, Charcas, 102, N.9.
43
AGI, Charcas, 102, N.9.
44
Al hacerse la oposición luego de declararla vacante fue beneficiado el mismo a quien le hubiera
correspondido en segunda vida, el Consejo de Indias confirmó esta nueva encomienda en 1661
luego de imponerle el pago de una multa de 80 pesos por las irregularidades del caso. AGI,
Charcas, 102, N. 22.

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de Frías Sandoval45.
En 1632 se realizaba el padrón en el sitio de los pulares donde se an poblado
los que salieron de su pueblo a valerse de los españoles (se trata del establecimiento de
los indios amigos cerca de la ciudad de Salta en la época del gran levantamiento
de 1630). En este padrón se registran los nombres indígenas de todo el grupo,
varones, mujeres, niñas y niños. El pueblo de los pulares cuenta con su cacique
don Pedro Millipicay46 y el fiscal Domingo Valacnay, a los que se sujetaban 66
indios tributarios más sus mujeres, hijos y reservados. Por otra parte, al final del
padrón se dice que participó en su confección otro cacique de mayor jerarquía,
don Felipe Colca, cacique principal y gobernador de los indios (quien hizo a su
vez de intérprete en su lengua y la del inca)47. En 1638 otra referencia presenta
a don Felipe Colca como cacique y gobernador de los indios pulares, chicoanas,
escoipe, cachi y payogasta (y probablemente luracatao), lo que nos hace suponer,
junto a Lorandi y Boixadós48, la existencia de cierta unidad de estos grupos,
pudiendo comprobar que esta unidad que se mantuvo durante los primeros años
del siglo XVII a pesar de las encomiendas y las divisiones que éstas implicaron.
El extenso padrón de 1632 nos brinda información acerca de un conflicto
por la adscripción de ciertos tributarios a esta encomienda o al pueblo de Locloc,
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conflicto que enfrenta a los encomenderos y caciques de cada uno de los pueblos.
Por otra parte, un número significativo de tributarios llevan como nombre
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indígena Tilian, lo que nos lleva a preguntarnos acerca de las relaciones entre
los indios de esta encomienda y la encomienda sobre los indios de Tilian, lo cual
desarrollaremos en un próximo apartado49.
En 1673 la encomienda de Andrés Frías de Sandoval se referencia
específicamente como “el pueblo de Milicay Pulares”50 y, en 1693, bajo la
titularidad de Juan Frías de Sandoval, el oidor Luján de Vargas sólo señala que
se encuentra en la reducción de los pulares.

45
AGI, Charcas, 101, N. 54
46
Sabemos que en el padrón de 1673 esta encomienda era denominada de Milipicay Pulares, lo
que nos permite afirmar que el pueblo y la encomienda habían tomado el nombre indígena del
cacique don Pedro Millipicay. En la visita de Luján el pueblo no cuenta con autoridad de cacique
ni tampoco se registran los nombres indígenas en el padrón lo que nos impide conocer si se
mantuvo la línea del cacicazgo en los Millipicay o Milipica.
47
AGI, Charcas, 101, N. 54
48
Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, [Link]., pp. 286-287. Sobre luracataos, las
autoras dudan de su adscripción a los grupos pulares o calchaquíes.
49
AGI, Charcas, 101, N. 54
50
AGI, Contaduría, 1876, f. 1247r.

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Tilian

Contamos con referencias muy tempranas sobre los indios de Tilian,


originarios de la quebrada de Humahuaca y encomendados por Gonzalo de
Abreu y por Hernando de Lerma51. Hasta el momento sabíamos que en 1596
los tilianes estaban encomendados a Román Valero, quien otorgó un poder a
don Francisco Guamán para que “… tengays en administracion los indios de mi
encomienda que tengo…que son los yndios del pueblo de tilian”52
Un dato novedoso sobre esta encomienda es que Bartolomé Valero, su
anterior encomendero, en un pleito sustanciado en Salta en 1588 dice que otro
encomendero de Salta, Antonio Núñez, alega tener

algun derecho a la encomienda que Gonçalo de Abrego me hiso en cuyo derecho


susedieron mis partes [Román Valero y Pedro Valero] por ser primera que la del
dicho Antonio Nuñes satisfago que en virtud della tome posesion en esta çiudad y si
alguna hizo el licenciado Ernando de Lerma no me pudo perjudicar como no me perjudico
pues siempre en birtud della que me iso Gonçalo de Abrego e estado y estan los dichos
mis partes sin contradicion de ninguna persona y jamas la an tenido53

A esto agrega que él hizo dejación de su encomienda efectivamente ante


Ramírez de Velasco y que, por lo tanto, solicita que “meta a los dichos mis partes
en su primera posesion”54.
Por otra parte, sabemos que se desarrolló este pleito en Salta (antes de la
fundación de Jujuy) entre Bartolomé Valero -en representación y con poder de
Pedro y Román- contra Pedro Marcos y contra Antonio Núñez “sobre el despojo que
han echo a los dichos mis partes del casique Tilian e indios pulares a él sujetos” 55.

51
Sabemos que los tilianes eran naturales de la Quebrada de Humahuaca, cercanos a Purmamarca
(probablemente, actual Volcán). Una declaración de 1596, refiere al “valle de Purumamarca y
Tilian” (Doucet, Gastón, “Acerca de los churumatas con especial referencia a los de Tucumán”,
en Revista Histórica N° 17, PUCP, Lima, 1993, p. 65). Vergara señala que los tilianes fueron
encomendados a Román Valero y que eran originarios del actual Volcán (Vergara, Miguel Ángel,
Compendio de la Historia de Jujuy, Jujuy, 1968, p. 37). Gabriela Sica aclara que el gobernador Lerma
otorgó varias encomiendas en 1582 desde la ciudad de Salta a sus vecinos: Tilian, Purmamarca,
Ocloya, Churumatas, Yala y Paipaya. (Sica, Gabriela, “Procesos comunes y trayectorias diferentes
en torno a las tierras de los pueblos de indios de Jujuy. Siglo XVI al XIX”, en Revista del Museo de
Antropología, FFyH-UNC, Córdoba, 2016, p. 172).
52
En Sica, Gabriela, en prensa, Ob. Cit., Cap. 4.
53
ABNB, EC. 1688, 31, fs. 123v-124r.
54
ABNB, EC.1688, 31, f.124r.
55
ABNB, EC.1688, 31, f. 123r-123v.

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En este punto, no podemos aclarar por ahora la relación entre Tilian y


Pulares previa a la encomienda, si existía alguna relación o sujeción entre el cacique
Tilian y los pulares, si la misma era prehispánica, si respondía a movimientos
de población anteriores a la llegada de los españoles por intervención incaica,
o si fue el sistema de encomiendas español posterior a las entradas de Lerma
y Abreu al valle de Salta y a la fundación de la ciudad lo que unió la historia
de estos pueblos, o si en realidad fue un ardid de Valero para unificar bajo una
única encomienda a todos sus indios dispersos en el valle de los pulares y en
la quebrada de Humahuaca; así que nos limitaremos a suponer lo que por el
momento nos permiten las fuentes: que Marcos y Núñez probablemente habían
recibido encomiendas en la quebrada de Humahuaca al igual de Bartolomé Valero
y que una vez fundada Jujuy, en incluso antes, trasladaron compulsivamente a
los indios de Tilian originarios de Tumbaya y Volcán, a la jurisdicción de Salta,
incluyendo aquellos que eran de Bartolomé Valero56.
Entonces, estas líneas del pleito nos permiten suponer que la primera
encomienda sobre los pulares y sobre los tilianes probablemente fue otorgada
desde la fundación de San Clemente por Gonzalo de Abreu y que luego,
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Hernando de Lerma en 1582, otorgó nuevas encomiendas y re-otorgó otras sobre


los mismos grupos, pudiendo generarse así el conflicto por los indios Tilian. El
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traslado compulsivo de los indios de Tilian se realizó a fines del siglo XVI de la
mano de Pedro Marcos y de Antonio Núñez, vecinos de Salta, desde la Quebrada
de Humahuaca a la boca de la Quebrada de Escoipe, lo que puede haber sido el
origen de su reducción junto con los pueblos pulares.
Gabriela Sica recupera fuentes producidas en la reciente fundada ciudad
de Jujuy, por las cuales en 1595 se solicita que: “los yndios de tilian que pedro marcos
vezino de salta llevo de su pueblo y natural sin orden de gobernador estando como estaban
en la jurisdiccion desta ciudad [...] y se an quedado asta agora en la jurisdiccion de salta”57.
Y en 1601, se lo vuelve a denunciar a

pedro Marcos vecino de la ciudad de Salta de su propia autoridad sin orden de ninguna
justicia desnaturalizo y saco de su pueblo llamado Tumbaia todos los indios que estaban
en el y residian a cinco leguas de esta ciudad camino de Piru en la jurisdicción de ella y
llevados con fuerza y violencia con poder absoluto como encomendero de ellos58

56
Que Antonio Núñez tenía una encomienda litigiosa y pleitos sobre los indios de la quebrada
entre Tumbaya y Volcán, no solo contra Valero sino también con Bartolomé Miguel Quintana se
desprende de Sica, Gabriela, en prensa, Ob. Cit., Cap. 4.
57
En Sica, Gabriela, Del pukara al pueblo de indios. El proceso de construcción de la sociedad indígena
colonial en Jujuy, siglo XVII. PHRA y Ferreyra Ediciones, Córdoba, en prensa. Cap. 4.
58
En Sica, Gabriela, en prensa. Cap. 4.

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Sica demuestra que esta “desnaturalización” privada de los tilianes se


explica en el marco de las tensiones políticas y jurisdiccionales generadas luego
de la fundación de Jujuy, ya que ésta recortaba o subsumía parte del territorio
que había sido del distrito de Salta fundada 10 años antes: “En este contexto, el
encomendero de Tilián trató de evitar que su encomienda cambiara de jurisdicción
con el correspondiente cambio de vecindad que ello le implicaba”59. Sin embargo,
podemos suponer por las referencias documentales sobre el pleito entre los Valero
por una parte y Núñez y Marcos por la otra, que el traslado de los indios de Tilian
comenzó incluso antes de la fundación de Jujuy, probablemente con el objetivo
de tenerlos más cerca de la ciudad de Salta y gozar más cómodamente de sus
servicios personales, sin negar la posibilidad de que hubieran existido relaciones
entre Tilian y Pulares previas a la invasión y a las encomiendas españolas.
Sobre el pueblo y encomienda de Tilian reducido en la boca de la
quebrada de Escoipe, Sica propone que “una hipótesis probable es que el mismo
[pueblo de Tilian] haya tenido su origen en el grupo desnaturalizado por Pedro
Marcos, mientras que los de Román Valero fueron reasentados con los pulares
y terminaran confundiéndose con ellos”60. Los avances que se presentan en
este artículo nos permiten reafirmar esa hipótesis y precisarla un poco más, en
tanto podemos comprobar que mientras los tilianes que originalmente habían
sido encomendados a Valero se subsumieron y confundieron con los escoipes
Milipicay, en cuyo padrón de 1632 aparecen muchos nombres indígenas Tilian61.
En esta misma dirección, en la década de 1640 existía otro pueblo reducido en
los Pulares, denominado Tilian que tenía por encomendero a Antonio Marcos,
probablemente hijo de Pedro Marcos (?) ya que la gozaba en segunda vida62.
El pueblo de Tilian, luego de la muerte del capitán Antonio Marcos, fue
encomendado al capitán Diego de Leguisamo por el gobernador Gutierre de
Acosta y Padilla y luego pasó en segunda vida a su hijo, Bernardo de Leguizamo63.
Luego de su muerte en 1686 el gobernador Tomas Félix de Argandoña encomendó
a Juan de Córdoba los indios de Tilian64, en quien estaban encomendados cuando

59
Sica, Gabriela, “Forasteros, originarios y propietarios en la quebrada de Humahuaca, Jujuy
(siglos XVII y XVIII)”, en Estudios Sociales del NOA, N° 14, 2014, pp. 19, 30.
60
En Sica, Gabriela, en prensa. Cap. 4.
61
AGI, Charcas, 101, N. 54
62
Archivo y Biblioteca Históricos de Salta (ABHS), EJ, Carpeta 1, Legajo 5, 1652, f.6r.
63
AGI, Contaduría, 1876. La encomienda era de “tilianes y biniaquas” y su encomendero Diego de
Leguizamo, en 1650, solicitó merced sobre las tierras vacas de los biniaquas por “aversse consumido”.
ABHS, EJ, Carpeta 1, Legajo 5, 1652. No contamos al momento con ninguna referencia sobre este grupo
de biniaquas, ausencia que sumamos a las dudas sobre los tilianes que hemos venido presentando.
64
AGI, Charcas, 107, N. 13

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fueron visitados por Luján de Vargas en 1693.65

Locloc

Muy poco hemos podido reconstruir de este pueblo y encomienda. Locloc


no fue visitado por el oidor Luján a fines del siglo, lo que no podemos establecer
si se habían transformado en indios domésticos al servicio de casas, chacras o
estancias, si habían sido trasladados, o si fueron registrados con otro nombre
tal como ocurre en el caso del pueblo de Tilian que, en 1693, sólo se referencia
como pulares de Juan de Córdoba. Un indicio de su proceso de desaparición en
el registro colonial lo brinda el padrón de 1673, en el cual se registra a Diego
de Trejo como encomendero de Locloc y se señala “no pareció el susodicho por
asistir en la ciudad de Santiago del Estero ni tampoco pareció administrador y
solo por noticias se sabe poseerla” 66.

Atapsi y Chicoana

Una referencia señala que el gobernador Juan Ramírez de Velasco entregó


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una extensa encomienda que integraba los pueblos de Payogasta, Atapsi y


Chicoana a Gonzalo Duarte de Meneses (c.1588)67. Si bien no hemos encontrado
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referencias documentales sobre esta entrega inicial, fuentes de años posteriores


continúan asociando esos tres sitios y grupos, a los que se suma Cachi.
Atapsi se ubica en el límite sur del valle de los Pulares, ocupando
precisamente el punto de comunicación entre este valle y el Calchaquí68. Esta
situación lo expuso a los avances de los calchaquíes alzados en 1630 de quienes
sufrieron sus ataques por ser indios amigos de los españoles.
Sobre Chicoana, solo contamos con la referencia de que fue encomendada
por el gobernador Alonso de Vera y Zárate en 1619 a Juan Ramírez de Velasco
65
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 666 y ss.
AGI, Contaduría, 1876, f.1248r. En el mismo documento, se registra a Juan de Trejo y a
66

Diego de Trejo como encomenderos en la jurisdicción de Santiago del Estero.


67
Fortuny, Pablo, Nuevos descubrimientos en el norte argentino. Históricos: Salta, Chicoana, etc.,
Ediciones Paulinas, Buenos Aires, 1972, p. 40.
68
Los atapsis hablaban el quechua lo que, sumado a las evidencias arqueológicas del sitio, de
origen incaico, pueden ser tomados como indicadores de multietnicidad y de integración al
sistema estatal incaico, ocurriendo lo mismo en el caso de Chicoana. Chicoana presenta mayores
problemas debido a que ha sido identificada como una de las provincias incaicas al mismo
tiempo que como la cabecera de la misma, generando este hecho la hipótesis de que se trataría de
un asentamiento multiétnico de mitimaes incaicos en el sitio de La Paya, así como un centro de
almacenamiento de alimentos y productos. Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988,
Ob. Cit., pp. 291-293; 296-299.

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(nieto del gobernador), vacante por la muerte de Juan Arias de Velásquez y


porque Hernando Arias, su padre y heredero, hizo dejación por no tener caudal
para pagar las cargas de la encomienda69. Sabemos que la encomienda de Arias
de Velásquez era de Payogasta y Chicoana (ver apartado siguiente) y podemos
suponer que probablemente Hernando Arias haya hecho la dejación de los indios
de Chicoana, pero no de los de Payogasta. Así, los chicoanas probablemente
fueron “agregados” a los atapsis y otorgados juntos en encomienda desde la
década de 1640, o incluso antes.
Atapsi fue encomendado en 1637 a Pedro Olmos de Aguilera70 y luego,
Atapsi y Chicoana por el gobernador Acosta y Padilla a mediados de la década
de 1640 a Tomás de Escobar Castellanos. En el padrón de 1673 la encomienda de
“Chicoana y Atapsi” se mantiene en primera vida con el mismo encomendero71 y,
a fines del siglo XVII cuando el oidor Luján empadronó y visitó esta encomienda
ya estaba en segunda vida bajo la titularidad de Joseph de Escobar Castellanos.72
Lo que queda claro de la declaración del encomendero es la pertenecía de los
indios del pueblo de Atapsi a la macro-reducción de los pulares, la cual coincide
con el curato de San Pedro de los Pulares:

Preguntado si los dichos indios tienen pueblo y reducsion y si en él ay capilla y que


numero es y con que titulo los posee, dijo que tienen pueblo y reducsion que se llama
Atasis y que estan devajo de la doctrina y curato de San Pedro de los Pulares 73.

Payogasta

Luego de la muerte de Hernando Arias de Velásquez quien la poseía


en tercera vida, su hijo Luis Arias Velásquez se opuso como benemérito a la
vacante de la encomienda de los indios de Payogasta, obteniéndola en 1642 por
el gobernador Miguel de Sesse y, a pesar de una primera denegación del Consejo
por esta irregularidad (encubierta prorrogación de vidas), su confirmación en
164674. Este expediente poco dice acerca de la composición y características de
estos grupos, sin embargo se intuye una relación mantenida entre los indios
de Payogasta y los de Chicoana; ya que probablemente la dejación que hizo
Hernando Arias de Velásquez de Chicoana en 1619, hizo que separándose de la

69
AGI, Charcas, 101, N. 26.
70
Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., p. 292.
71
AGI, Contaduría, 1876, f. 1247v.
72
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 572 y ss.
73
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p.576.
74
AGI, Charcas, 102, N. 10. AGI, Contaduría, 1876, f.1248v.

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de Payogasta, se uniera la encomienda de Chicoana a la de Atapsi75.


A fines del siglo XVII estaban situados, junto con otros grupos, en la macro-
reducción de los Pulares y la encomienda de Payogasta estaba bajo la titularidad
de Luis Arias de Navamuel cuando fue visitada por Luján de Vargas y su cacique
era don Felipe Colque de 35 años76.

Cachi

En la época del gran levantamiento de 1630 el pueblo de Cachi y los grupos


pulares participaron como indios amigos de los españoles. Esta participación
será el motivo de un conflicto posterior por la exención tributaria de los indios de
Cachi como derecho a perpetuidad, lo que finalmente no pudieron conseguir77.
Con motivo de la rebelión del valle incentivada por Bohórquez sabemos que el
cacique del pueblo de Cachi, don Bartolomé Banastar tuvo participación, e incluso
sirvió como testigo, en la causa que se inició contra el gobernador Alonso de
Mercado Villacorta. Este cacique principal del pueblo de Cachi -ladino en lengua
española- declaró en 1660 que Pedro Bohórquez le encomendó que entrase a los
pueblos de los pulares para que los caciques le acompañaran a su encuentro con
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el gobernador78.
En 1689 el gobernador Tomás Félix de Argandoña luego de la muerte de
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Margarita de Chávez del Sueldo, encomendera en tercera vida de los indios del
pueblo de Cachi, declaró vacante y en cabeza real dicha encomienda y la otorgó
en depósito y administración a Diego Díez Gómez para que enterara los tributos
durante el período de la vacante en las reales cajas. Luego de la oposición de
tres beneméritos de Salta, el gobernador benefició con la encomienda de Cachi
a Pascual de Elizondo y Buitrón quien se opuso a los indios domesticos de Cachi
de nacion pular asitiados en los llanos de la ciudad de Salta. La posesión en 1689 la
tomaba sobre el cacique don Marcos Calante, ladino en lengua española y del
Cuzco79.
En 1693, al contestar la acusación del visitador Luján de Vargas, Pascual
de Elizondo dirá que los indios de Cachi eran calchaquíes reducidos al pueblo
de San Pedro de los Pulares, encontrando en este caso la misma doble referencia
pular-calchaquí que señaláramos para los indios de Atapsi.

75
Aunque también es posible que tanto la de Atapsi como la de Payogasta tuvieran indios de
Chicoana.
76
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 594 y ss.
77
Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., pp. 299-303.
78
AGI, Charcas, 122.
79
AGI, Charcas, 110, N.8, fs.4r-4v.

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Pulares de Lara

Por otra parte, otro repartimiento también denominado “de pulares” fue
encomendado a Diego de Lara Manxarrés en 1617 por Luis de Quiñones Osorio
y gozada desde 1620 por su hijo Pedro de Lara Manxarrés, por lo menos hasta
167380, los cuales comenzaron a ser identificados posteriormente como “pulares
de Lara”, pero desconocemos al momento, la relación de este grupos con los
pulares encomendados a Valero.
En 1617 el gobernador Quiñones Osorio encomendó en Pedro de Lara
Manjarrés tomando la investidura del mismo a su sucesor en 162081. Este
repartimiento vacó por su muerte y el gobernador Tomás Félix de Argandoña lo
otorgó en merced a Diego Díez Gómez (h), produciéndose la vacancia del feudo
luego de su muerte en 1694 sin sucesión y siendo otorgado nuevamente por el
gobernador Martín de Jáuregui en 1695 a Diego Díez Gómez (p), su padre82.
Hemos señalado que este grupo estaba reducido en la boca de la quebrada de
Escoipe y se lo reconocía como Pulares de Lara, sin embargo, al momento de la
visita de Luján de Vargas en 1693 se hallaban en la estancia de Tatigasta de su
encomendero Diego Díez Gómez (h).
Gastón Doucet se dedicó a investigar este caso con gran detalle, en tanto se
trata “del que quizá sea el más conocido de los feudos o encomiendas de la ciudad
de Lerma: la encomienda de pulares y tonocotés, que en la siguiente centuria
tuvo por sucesivos titulares a Domingo y a Nicolás Severo de Isasmendi”83. Para
el autor, esta encomienda transitó por el camino inverso al de la mayoría, de
orígenes modestos (es decir, repartimientos de corto número) y gracias a las
estrategias de algunos de sus titulares, pasó a convertirse en la más importante
de la jurisdicción de Salta en el siglo XVIII y una de las que subsistió hasta el siglo
XIX.

La encomienda de pulares y tonocotés constituye un caso notable de integración de un


repartimiento de indios a una hacienda y de perpetuación de un feudo dentro de una
misma línea de sucesión familiar a través de varias generaciones, aspectos ambos que
en el Tucumán a despecho de las leyes que regulaban la institución, tuvieron destacada
presencia en el funcionamiento de ésta84

80
AGI, Contaduría, 1876, f-1247r.
81
Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit., pp. 188-189.
82
Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit., pp. 185-186.
83
Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit., p. 183.
84
Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit., p. 184.

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En 1695, el mismo año en que le fue otorgada a Diego Díez Gómez (p) la
encomienda de pulares, recibió una nueva merced de indios tonocotés vacantes
por la muerte de María Martínez de Pastrana, y, de la mano del gobernador
Zamudio se aplicó la ordenanza 113 de las Ordenanzas de Alfaro por la cual se
“agregaron” los indios tonocotés (encomienda denominada así por primera vez
y seguramente compuesta por yanaconas)85 a los pulares.
En 1709 murió Díez Gómez y la encomienda pasó en segunda vida a su hija
María Magdalena Díez Gómez, casada primero con José de Aguiriano y luego de
enviudar, en 1726 con Domingo de Isasmendi. Lo importante es que Domingo
de Isasmendi en 1737 presentó una petición solicitando que se le otorgara la
encomienda por dos vidas, para garantizar luego de la muerte su esposa, la
producción de la Hacienda de San Pedro Nolasco en Molinos, sustentada con
el trabajo de los indios de la encomienda. Aceptada la petición, Isasmendi pasó
de encomendero consorte a titular del repartimiento86. Sin embargo, en España
fue denegada la confirmación y, una vez muerta la encomendera y vacante el
feudo, Isasmendi fue el único opositor y a él se le otorgó en 1742 “legalmente”
la encomienda de pulares y tonocotés, asentada en la hacienda de San Pedro
Nolasco por dos vidas -la propia y la de su hijo Nicolás Severo de Isasmendi- y
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confirmada por la Corona en 174487.


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Cafayate

Contamos con poco información sobre la encomienda y pueblo de Cafayate.


Esto se debe, probablemente a que se trata de una encomienda que se mantuvo
en una misma familia, sin cargo de llevar confirmación y sin pleitos a lo largo del
siglo XVII, lo que explica la ausencia de la misma en el registro colonial.
Otorgada tempranamente y por tres vidas, fue gozada primero por Pedro
Díaz (padre), luego por Pedro Díaz de Loria (hijo) quien fue investido por Felipe
de Albornoz en 1629 y que seguía siendo su titular en 1673. Podemos afirmar que
la primera vida de esta encomienda fue otorgada antes de las Ordenanzas de
Francisco de Alfaro de 1612, debido a que los indios aun tienen una obligación
tributaria de 10 pesos88.
85
Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit., p. 193.
86
Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit., p. 202.
87
Doucet, Gastón, 1984, Ob. Cit., pp. 204-205.
88
AGI, Contaduría, 1876, f.1249r. Sobre el tributo de 10 pesos establecido por Alfaro por la presión
de los encomenderos locales, ver: Palomeque, Silvia, “Crecimiento de la población tributaria
originaria de Cochinoca y Casabindo en la segunda mitad del siglo XVII”, en Estudios del ISHiR,
12, 2015, pp. 9-53 [En línea] [Link]
article/view/540 (Consultado el 10 de diciembre de 2017), donde, asimismo, se analizan sus
posibles efectos sobre la población de Casabindo y Cochinoca hasta el cambio de encomendero

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Antonio Martínez Luján de Vargas la visitó en 1693, la cual estaba reducida


en los Pulares y su encomendero era Pedro Díaz de Loria (nieto), el cual los poseía
en tercera vida89.

Taquigasta

Taquigasta y Sicha son los únicos de los pueblos reducidos en los Pulares
que íntegramente están compuesto por indios desnaturalizados del valle
Calchaquí por el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta (la mayoría de los
indios calchaquíes fueron asentados y reducidos en la región de Guachipas más
que en la región de los Pulares, tal como veremos en el apartado siguiente).
El pueblo de Taquigasta fue encomendado luego de la muerte de Francisco
García de Rojas, a Alonso de Salcedo Poblete, vecino de Jujuy, en 1626 por el
gobernador Alonso de Vera y Zárate y confirmada la merced por el Consejo en
162890. Luego de esta temprana encomienda, sabemos que pocos años después
Taquigasta y Sicha participaron activamente en la gran rebelión91 y lo volverán a
hacer en la siguiente y última, por lo que no sabemos hasta donde esta encomienda
fue gozada efectivamente.
Luego de su derrota, la mayoría de los indios de Taquigasta fueron
desnaturalizados del valle Calchaquí y poblados en la boca de la quebrada de
Escoipe, y sabemos que otras 80 familias fueron llevadas a la jurisdicción de Jujuy.
Lo importante es que tanto las familias que quedaron asentadas en la de
Salta como las de Jujuy, se mantuvieron en manos de los Salcedo Poblete. Las
80 familias fueron asentadas por orden de Mercado y Villacorta en la hacienda
de Los Alisos en tierras de la familia Salcedo Poblete. Gabriela Sica señala que
a pesar que en 1671 se le ordenó dejarlos en libertad para que se mudaran a la
jurisdicción de Salta, en 1677 aun se encontraban en Jujuy92 y, de hecho, en 1673

en 1654. En el caso de Cafayate, estamos frente a un caso que por Ordenanza estaba obligado a
tributar hasta fines del siglo XVII, una altísima tasa de 10 pesos, lo cual no solo está expresado en el
padrón de 1673, sino también en la Visita de 1693: “que no a cobrado tributo de los dichos yndios
que el que le deben pagar es de diez pessos por ser de las antiguas su encomienda” (Declaración
del encomendero, en Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 639).
89
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p.635 y ss.
90
AGI, Charcas, 101, N. 41. La cédula de 1626 dice expresamente “los indios pueblos y repartimiento
del balle de Tagaygasta y Ambaquixo” y la posesión fue tomada a través del cacique don Lorenzo
Sichagua.
91
Boixadós, Roxana, “Rebeldes, soldados y cautivos. Etnografía de un episodio en la frontera del
valle Calchaquí (1634)”, en Rodríguez, Lorena (Comp.): Resistencias, conflictos y negociaciones. El
valle Calchaquí desde el período prehispánico hasta la actualidad, Prohistoria ediciones, Rosario, 2011,
pp. 93-121.
92
Sica, Gabriela, en prensa. Cap. 4.

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en los padrones levantados por orden del gobernador Angel de Peredo, 8


tributarios taquigastas se encontraban en segunda vida bajo la titularidad de
doña Maria de Salcedo Poblete desde 1662, mujer de Juan Costilla Gallinato93.
En los padrones de 1673 los taquigastas fueron registrados en Salta y
en Jujuy y, en este último caso, se los referencia como “el tercio” de los indios
taquigastas. Sin embargo, hasta el momento solo hemos podido verificar su
división en dos partes y a miembros de la misma familia, es decir, a los dos
sucesores de Alonso de Salcedo y Poblete, tocándole a una parte a María de
Salcedo y Poblete en la estancia de Los Alisos (Jujuy) y la otra, a su hermano,
Jorge de Salcedo y Poblete en el pueblo de Taquigasta (Salta). Ya veremos que
finalmente Jorge Salcedo y el cacique de los taquigastas lograrán reunir los
taquigastas en una única encomienda.
Tres expedientes se refieren a esta encomienda y sus solicitudes de
confirmación. La primera, de 1681, de Francisco de Arias Gaitán -denegada
por el Consejo de Indias-, la segunda de 1689 del encomendero cuya merced
fue confirmada y será su titular al momento de la Visita de Luján de Vargas,
Francisco Vélez de Alcocer; y el tercer documento es una solicitud del cacique
don Lorenzo Guaichava pidiendo que se unieran dos de las partes en las que se
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había dividido la encomienda94.


Don Lorenzo Guaichava95 remitió una relación al Consejo de Indias en
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la cual indicaba que los indios de Taquigasta habían sido divididos en dos
encomiendas: la de Juan Costilla Gallinato (marido de Maria Salcedo Poblete)
y Jorge Salcedo Poblete. Al morir Costilla Gallinato y haciendo dejación de la
encomienda su viuda, el cacique solicitó que los 5 tributarios y un reservado de
esta parte asentada en la estancia de Los Alisos, fueran agregados a la otra parte
de la encomienda sin que el gobernador la otorgara a un nuevo encomendero96.
Fue así como Jorge Salcedo Poblete se vio beneficiado con la agregación de los
indios de su tía a su encomienda, lo que asimismo significó la unión en una misma
encomienda de grupos que habían sido divididos y asentados en jurisdicciones
diferentes, quizá gracias a un arreglo entre el encomendero Jorge Salcedo con el

93
AGI, Contaduría, 1876.
94
AGI, Charcas, 104, N.7; Charcas, 105, N. 1 y Charcas, 105, N. 4.
95
En el Auto y Memoria de los pueblos y caciques del valle Calchaquí de 1657 de Bohórquez el
mismo don Lorenzo Guaychaua aparece como cacique de los taquigastas. (Lorandi, Ana María y
Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., pp. 315)
96
En 1681 Francisco Arias Gaitán solicitaba la merced sobre el tercio de la encomienda de
Taquigasta que había quedado vacante por la dejación de María de Salcedo Poblete, otorgada
el mismo año que el cacique Guaichava remitía su pedido al Consejo y quizá, por ese motivo, le
fuera denegado, a pesar que el fiscal no señale la causa.

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cacique Guaichava, incorporando 5 indios tributarios a los 25 de la encomienda


principal de Taquigasta.
Luego de la muerte de Jorge Salcedo Poblete, en 1685 se le otorgó la merced
sobre los indios de Taquigasta a Francisco Vélez de Alcocer97, la cual incorporaba
ya la encomienda dejada por María de Salcedo Poblete que le habían denegado
a Arias Gaitán. Cuando Luján de Vargas visitó las encomiendas de Salta, los
taquigastas seguían bajo el mismo encomendero Francisco Vélez de Alcocer.

Sicha

Al igual que el caso de Taquigasta, los indios de Sicha reducidos en los


pulares, habían sido desnaturalizados del Calchaquí luego de la primera campaña
de Alonso de Mercado y Villacorta en 1659.
En 1670 el gobernador Mercado, luego de la muerte de María de Tapia y
Loaysa que la gozaba en tercera vida, concedió la merced de encomienda sobre
los indios de Sicha, a Leonardo Rodrigo de Valdés. Este expediente consta de un
detallado padrón realizado en 1670 donde se registra en primer lugar el cacique
don Pablo Francisco, indio principal que ha hecho oficio de cacique de este tercio de
indios desde que fueron separados por orden de dicho gobernador hasta hoy, registrando
15 indios de tasa y 3 reservados pertenecientes a este tercio, número que se ve
reducido en la visita de Luján a 10 tributarios98.
El único indicio con el que contamos para reconstruir la división en tercios
de este grupo en tres encomiendas nos la brinda el padrón de 1673, donde se
menciona que

el pueblo de Sicha de nación calchaquí [...] cuando se desnaturalizó de dicho


valle de Calchaquí, la dividió el gobernador don Alonso de Mercado y Villacorta
en tres tercios dejando el uno a la dicha doña María de Tapia como encomendera de
dichos indios y del segundo hizo merced al maestre de campo Miguel de Lisondo y del
tercero, al teniente de maestre de campo don Diego de Caravajal. Al tiempo que se
acabo la conquista y habiendo muerto la dicha doña María de Tapia, y quedando vaco el
tercio que poseía, don Alonso de Mercado y Villacorta, hizo merced por encomienda real
al capitán Leonardo Rodrigo de Valdés” [en 1670]99.

El tercio de los indios de Sicha encomendados a Diego de Caravajal, fue


heredado por su hija, Margarita de Caravajal y bajo su titularidad fueron visitados

97
Encomienda confirmada en 1687 por el Rey. ABNB, RC-534.
98
AGI, Charcas, 103, N. 9
99
AGI, Contaduría, 1876, f. 1248v.

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por Luján en 1693 y, al igual que los indios Sicha de Leonardo Rodrigo de Valdés,
ambos estaban reducidos en los Pulares.
Suponemos que el tercio de la encomienda que había quedado bajo
la titularidad de Miguel de Elizondo, fue agregado de hecho a la encomienda
grande de Pulares de la cual también era encomendero. Sabemos que en 1672,
Sicha aun se encontraba diferenciada de la de Pulares100 pero que en 1676, la Visita
del gobernador Joseph de Garro ya fue realizada sobre “los indios del pueblo
de Escoipe y del tercio de los del pueblo de Sicha, encomienda del maestre de
campo Miguel de Elisondo”101. A partir de este dato es que podemos suponer que
posteriormente a esa fecha el tercio de Sicha de la encomienda en manos de los
Elizondo quedó subsumida dentro de la de Escoipe y, por lo tanto, desapareció
del registro colonial de manera diferenciada.
El cacique del pueblo de Sicha, de la encomienda de Leonardo Rodrigo de
Valdés, declaraba ante el visitador Luján de Vargas en 1693 que

como emos sido y somos recien reducidos y sacados del valle de Calchaqui a este de Salta
donde actualmente estoi poblado en un pedaso de tierras que se me señalo por pueblo y
compro mi encomendero y en ellas no tengo yo ni mis sugetos comodidad ninguna asi por
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el corto sitio como por la mala calidad de dichas tierras y estar sercado dicho mi pueblo
por la parte de arriva y de distancia dos o tres quadras los pueblos de Atacsi y Chacuana
[sic] y por la de avajo otras quatro quadras de Cafayate y el de Tilian y por el de un
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costado la estancia y almona del capitan Fernando Arias y otra de Diego de Herrera y por
el otro costado la chacra y estancia de los padres de la Compañia y acimesmo otra chacra
del dicho Fernando Arias [...] no tenemos donde sembrar para nuestro sustento si no nos
balieramos por prestamo de las tierras de los dichos tileanes y lo que mas es de nuestro
daño es no poder tener bueies y cabalgaduras ni otro genero de ganados para nuestro
ministerio por cuia causa y de su propia bolumtad algunos de dichos mis sugetos se an
retirado a la estansia y chacra de mi encomendero como lo tenemos declarado en la vicita
que Vuestra Señoria a hecho de nosotros y ser materia imposible el conservarnos en el
dicho pedaso de tierras102.

Se desprende de su denuncia la configuración de la macro-reducción


Pulares que estamos reconstruyendo, por la cual los indios de cada encomienda
tienen asignadas sus tierras de reducción, probablemente compradas para
poder asentarlos en la boca de la quebrada del Escoipe; al mismo tiempo que se
vislumbran dos procesos que generarán conflictos de larga data por los derechos
a las tierras: que los pueblos están cercados por las estancias y propiedades

100
González Rodríguez, Adolfo, “Notas sobre el traslado de los indígenas en la jurisdicción de
Salta”, Temas Americanistas, N° 1, 1982, p. 54.
101
ABNB, EC.1688, 31, fs. 29v.
102
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., pp. 599-600.

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privadas de particulares, incluyendo la Compañía de Jesús, y que los tributarios


se trasladan a trabajar a otras unidades productivas de sus encomenderos103.

Encomiendas y reducciones de indios calchaquíes en Guachipas

Tal como adelantamos la mayoría de los grupos desnaturalizados del


Calchaquí a las tierras bajas de la jurisdicción de Salta fueron reducidos y sitiados
en la zona de Guachipas, al sur del valle de Lerma. Los grupos de calchaquíes
reducidos allí fueron los de Animaná, Bombolán, Anguingasta, Pompoma,
Gualfin104, Ampascachi, de los cuales desarrollaremos a continuación algunos
detalles de sus procesos de traslados, separaciones y agregaciones, y cómo sus
historias se enlazaron con las de sus encomenderos.

Bombolán y Animaná

Pedro de Abreu (nieto de Gonzalo de Abreu) recibió de manos del


gobernador Luis de Quiñones Osorio en diciembre de 1611, la encomienda de
Palinda, Animaná, Bombolán, Bilte, Calian y Famayas o Famayux, que había
pertenecido a su padre Juan de Abreu. La política del gobernador Quiñones se
destacaba tanto por ser favorable al sector encomendero, como por su habilidad
por enmarcar dentro de la normativa, beneficios a dicho sector105. En este caso,
Quiñones, luego de que Juan de Abreu, padre del beneficiado, hizo dejación de
la encomienda de dichos pueblos y de los yanaconas que tenía por otorgamientos
de los primeros gobernadores del Tucumán, en lugar de otorgarle la investidura
en segunda vida de la encomienda, se la otorgó en primera vida con el gravamen

103
Desnaturalizados del valle Calchaquí, el gobernador Mercado y Villacorta negoció con los
encomenderos que les vendieran las tierras a los indios. En 1669 los hermanos Diego y Álvaro
Vélez de Alcocer vendieron tierras en la boca de la quebrada de Escoipe a los indios para que
quedaron como tierras de reducción (pago que se hizo efectivo como adelanto a cubrir con
servicios. Mata de López, Sara, “La propiedad de la tierra en el valle de Lerma, valle Calchaquí y
frontera este (1750-1800). Andes. Antropología e Historia, N° 1, Salta, 1990, pp. 53-55.
104
No contamos con ningún expediente de solicitud de confirmación de encomienda de los indios
de Gualfin, sólo sabemos que fueron empadronados en 1673 y visitados en 1693, mientras tenían
como encomendero a Hernando Arias de Velásquez. Por otra parte, otra parcialidad indios
Gualfín en 1693 se correspondía a la encomienda de Pedro Ruiz de Villegas.
105
Castro Olañeta, Isabel, “Vuestra Magestad se sirva de ordenar al Governador, que no
apriete en las ordenanzas del Visitador. Gobierno colonial y poder local en la Gobernación del
Tucumán (1603-1619)” en. Bibliographica Americana. Revista Interdisciplinaria de Estudios Coloniales,
N° 9, 2013, pp. 23-48 [En línea] [Link]
bibliographica-americana-1 (Consultado el 10 de diciembre de 2017).

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de casarse con Catalina Valero, hija del capitán Bartolomé Valero106.


La misma estrategia realizó el gobernador Felipe de Albornoz luego de la
muerte de Pedro de Abreu y Figueroa, cuando en 1635, re-otorgó nuevamente
en primera vida la encomienda a su hijo Juan, a pesar de las prohibiciones de la
Corona al respecto, legalizando de hecho una tercera y cuarta vida de goce de
esta encomienda en la misma familia107. El expediente de confirmación señala
que se trata de los indios calchaquíes de los pueblos de Animaná, Bombolán,
Polinda, Vilti con su cacique don Pedro Vilti, Calian y Famayux, asentados en
el Río Segundo y en las chacras de Abreu. Cuando avanzamos en el siglo XVII, la
encomienda sigue remitiendo solo a Animaná y Bombolán, desapareciendo del
registro las otras denominaciones.
En 1673 la encomienda continuaba bajo la titularidad de Juan de Abreu y
en 1719 de su hija Josefa de Abreu y Figueroa, teniendo 66 tributarios108.

Encomienda de indios de Ampascachi

Los indios de Ambacache o Ampascachi fueron desnaturalizados a los


valles de Salta luego de su derrota por Mercado y Villacorta en la campaña de
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1659. El gobernador dividió en tercios la encomienda y los otorgó a Fernandez de


Santa Cruz, Mateo de Frias y Sandoval y Antonio de Ubierna y Sandoval.
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El expediente de confirmación de la merced109 reseña la historia de esta


encomienda de indios calchaquíes rebeldes con su cacique don Diego Capajax
que fueron desnaturalizados y otorgados en merced en 1659 por Alonso Mercado
106
ABNB, EC.1671, 25.
107
AGI, Charcas, 102, N.2. ABNB, EC.1671, 25. En 1630 y 1631 se registraron una serie de dejaciones
de encomiendas del valle Calchaquí en favor del gobernador Felipe de Albornoz, a los fines de poner
a disposición del mismo el capital necesario para convencer a nuevos españoles, no encomenderos,
de participar en la guerra contra los rebeldes, motivados por el premio de las encomiendas. Por
otra parte, muchas de esas dejaciones eran sobre encomiendas que nunca habían tributado o
servido a sus titulares, o habían dejado de hacerlo luego de la gran rebelión, lo que hacía que sus
encomenderos buscaran conseguir que efectivamente le rindieran sus frutos. En general, la dejación
era de “un tercio” de las encomiendas, lo que permitía al mismo tiempo garantizar un premio para
futuros encomenderos mientras que el antiguo encomendero reservaba dos tercios de la misma
mediante la promesa de que, después de la derrota, podría lograr que esos indios le tributaran.
Entre esas encomiendas estaba la de Pedro Abreu y Figueroa, quien en 1630 y 1631, dejó un tercio
de la misma a favor del gobernador a los fines de fundar una ciudad en el valle Calchaquí. (En
Lizondo Borda, Manuel, Documentos Coloniales. Relativos a San Miguel de Tucumán y a la Gobernación
de Tucumán. Siglo XVI, Vol. 1, Publicaciones de la Junta Conservadora del AHT, 1936, pp. 243-244)
Probablemente, la ilegalidad de Albornoz se relacionaba con este contrato previo.
108
AGI, Contaduría, 1876, f.1249r. y Charcas, 210.
109
AGI, Charcas, 103, N. 7

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y Villacorta a Mateo de Frías Sandoval (hijo de Andrés Frías de Sandoval) y


en un hijo de Antonio de Ubierna Sandoval, considerando el gobernador que
debido a ser indios alzados y que se ganaron por las armas convenía darles dos
encomenderos

por mitad y partes yguales en el numero asi de yndios tributtarios como reservados
muchachos y muchachas guerfanas sin que se entienda que esta parte de yndios que a cada
uno tocare ayan de ser divididos y destroncados ni apartados en diferentes reduçiones
sino que ayan de estar todos juntos en un cuerpo y reduçion110.

Sin embargo, la composición de esta encomienda es aun más complicada


de lo que reseña el documento que acabamos de citar. Sabemos por una fuente
posterior que existió una tercera parte del pueblo de Ampascachi que vacó casi
al mismo tiempo que las otras dos. Habiendo fallecido Agustín Fernández de la
Cruz en 1667, quien poseía un tercio en segunda vida; muerto también el titular
del segundo tercio, Mateo de Frías Sandoval, en manos de los indios durante la
campaña del valle Calchaquí en 1665, y fallecido en el Perú el hijo de Antonio de
Ubierna Sandoval, poseedor del último tercio con que redondamente a quedado baco
este feudo, el gobernador Mercado y Villacorta publicó los edictos de la vacante
para que se opusieran los beneméritos.
Cabe destacar que, quien fue el beneficiario de la merced, Francisco de
Villagra y Aguilera se había casado con Josefa de Frías Sandoval, hermana de
Mateo de Frías Sandoval, uno de los anteriores encomenderos del tercio de
Ampascachi y asimismo pariente de Antonio Ubierna de Frías Sandoval, quedando
nuevamente -y esta vez de manera completa- los dos tercios de la encomienda en
manos de la familia. Se señala expresamente en el expediente que al ser indios
desnaturalizados en el año 1659, gozan de la exención del pago de tributos por
diez años, es decir hasta el año 1669. Contamos con un padrón realizado en 1667
que incluye tanto los indios desnaturalizados y encomendados en 1659, como
otra parcialidad incorporada y agregada en 1665 que se encontraba en depósito y
bajo la administración de Diego Ruiz de Alarcón Villaseñor111.
La vacancia de la encomienda de Ampascachi se produjo en el año 1667
y fue otorgada por Alonso de Mercado y Villacorta definitivamente en 1669 a
Francisco de Villagra y Aguilera, quien fue el titular de los dos tercios de los Frias

110
AGI, Charcas, 110, N. 8, f.52r.
111
La información brindada por los expedientes de confirmación es bastante confusa en este
punto, sin embargo, podríamos preguntarnos si el tercio que tenía primero en administración y
luego en encomienda Diego Ruiz de Alarcón y Villaseñor no era en realidad aquel perteneciente
a Agustín Fernández de la Cruz, parcialidad reducida en 1665 separada de los indios reducidos
en 1659 y divididos en las mitades antes señaladas.

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Sandoval. Dentro de los opositores a la encomienda vacante de Ampascachi en


1669 se encontraba Diego Ruiz de Alarcón Villaseñor, quien obtendrá primero la
administración y luego una merced de una de las parcialidades, el tercer tercio,
ya que sabemos que aparece como su titular en el padrón de 1673 y en la visita
de Luján de 1693112.
La parte principal de la encomienda mantuvo su mismo titular, Francisco
de Villagra y Aguilera en primera vida, manteniéndose en 1673 y 1694. En 1694,
Luján de Vargas realizó el padrón de los indios de esta encomienda que continuaba
con el mismo encomendero (también llamado Francisco de Olmos y Aguilera).
Recién en 1719 se encuentra gozando la segunda vida de la encomienda su hijo
Agustín de Olmos y Aguilera113.
La parcialidad que tenía bajo administración y luego titularidad Diego
Ruiz de Alarcón y Villaseñor, también fue empadronada en 1673 y visitada en
1693 por Luján, lo que nos permite comprobar que la división del pueblo se
mantuvo por lo menos hasta fin del siglo y continuaban reducidos todos en el
pueblo de Guachipas según la condición de unidad impuesta por Mercado luego
de su desnaturalización.
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Encomienda de calchaquíes de Anguingasta


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Contamos con dos expedientes referidos al pueblo de Anguingasta lo que


nos permite identificar con mayor claridad las historias de las encomiendas de
esta reducción visitada a fines del siglo XVII por el oidor Luján de Vargas. Así
como en el caso anterior de los indios de Ampascachi puede observarse que un
mismo grupo fue dividido en tres partes, luego unificado en una sola encomienda
e incorporando en la reducción otra parcialidad. En el caso de Anguingasta la
Visita de Luján tampoco nos permitiría saber que el pueblo fue reducido en
conjunto, pero fue otorgado en momentos diferentes a dos encomenderos.

Anguingasta

Los “indios de los pueblos Anguingasta, Guachipas y Yacampis,


calchaquies” formaron parte de una encomienda otorgada a Francisco de Aguirre
en 1583-84 como uno de los primeros pobladores de la ciudad de Salta, por lo
que la merced fue otorgada por tres vidas, tal como lo permitía una Real Cédula
para primeros pobladores de ciudades recién fundadas. Luego fue investido en
segunda vida Pedro de Aguirre y, Ventura de Aguirre, su nieto, solicitó y recibió

112
AGI, Charcas, 103, N. 7
113
AGI, Contaduría, 1876; AGI, Charcas, 210; en Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 654 y ss.

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la investidura de la tercera vida ante el gobernador Lucas de Figueroa en 1663114.


La cédula de encomienda original115 otorgada por Hernando de Lerma a
Francisco de Aguirre en Salta el 8-IV-1583, es sobre

el pueblo y repartimiento de Anguingasta con el cassique Payauca con todos sus indios y
prinssipales a el subjeto y mas os encomiendo los Guachipas quarenta indios de vissita”
[...] “Otro ssi con las dichas condiçiones teniendo conssideraçion a lo mucho que le importa
al serviçio de Su Magestad el sustento de esta nueba çiudad y poblaçion os encomiendo
en nombre de Su Magestad los dichos indios y repartmiento por terçera vida con que
dentro de quatro años traigais aprovaçion y confirmaczion de Su Magestad 116

Luego, en otra cedula, Lerma le encomienda también el pueblo de Yacampis


con el cacique Cauto y el pueblo Culeaqua con el cacique Yaute Mayre y 100
indios de visita de los primeros que vacaren o descubrieren en los términos de la
ciudad de Salta. Al igual que la cedula anterior, la encomienda es por tres vidas
con cargo de “traer validación” en 4 años, otorgada en Salta el 17-XII-1584117.
Sin embargo, los anguingastas participaron de la rebelión y el gobernador
Alonso de Mercado y Villacorta, al ser uno de los grupos rebelados, declaró un
tercio de la encomienda vacante. En Sicha dictó el “Auto General de Vacantes”
en 1659, por el cual declaró por vacos los pueblos rebelados en el alzamiento
general con el objeto de remunerar a los beneméritos y militares que acudieran
con las armas “a su castigo, conquista y pacificación”, con una estrategia similar
a la usada por Alonso de Ribera en 1609 y Felipe de Albornoz en 1630118, Mercado
declaraba vacante un tercio de las encomiendas de los rebelados, los cuales
quedaban a su disposición para remunerar servicios militares119

siendo justo que lo que su balor a granjeado reduciendo a la pas tantas familias de barbaros
y infieles no sea solo premio de los que no aviendo tenido a mas servidumbre destos indios
ni hecho caso dellos pretendan oi a titulo de encomendados suios y poco justificados
derechos gosar desta combeniencia que las heridas y sudor ajeno, [...] dexando a los

114
ABNB, EC, 1680, 1.
115
ABNB, EC, 1680, 1, f.7r y ss.
116
ABNB, EC, 1680, 1, fs. 7r y ss.
117
ABNB, EC, 1680, 1, f.10r y ss.
118
Ver nota 108.
119
Quiroga, Laura “Las granjerías de la tierra: actores y escenarios del conflicto colonial en el
valle de Londres (gobernación del Tucumán, 1607-1611)”, en Surandino Monográfico, Vol. II, N°.
2, Buenos Aires, 2012 [En línea] [Link]
ravignani/prohal/surandino2/dossier/Surandino_Monografico_II_2_Laura_Quiroga.pdf
(Consultado el 10 de diciembre de 2017).

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encomenderos de dichos pueblos reducidos, su derecho a salvo de las contradiciones que


an echo y pretendieren haser en las dos partes de dichos yndios, a paresido al señor
governador conbeniente y del servicio de su majestad assi para que todas las ciudadaes
se arrimen a lo que falta de la conquista como para el remunerar los servicios hechos en
tan sangrientas ocasones repartir y encomendar un tercio de cada uno de dichos
pueblos de indios calchaquies desnaturalisados120.

Entre los pueblos declarados vacantes estaba el de Anguingasta y a la


vacante de su tercio se opuso Alonso de Ribera Villagrán, recibiéndola de mano
de Mercado y Villacorta en febrero de 1660, mientras que los dos tercios restantes
quedaron en manos de los Aguirre121. Esta división se hizo efectiva en el 17 de
mayo de 1674 cuando se hizo “padrón y repartición de la parte que toca de dicho
pueblo a don Alonso de Ribera y Billagran”, quedando los indios sujetos al don
Pablo Aballai “curaca que se nombra para este tercio” pero “sin destroncarle
dejandole unido con el resto”122.
En 1694 el gobernador Martín de Jáuregui otorgaba la merced de
encomienda sobre el pueblo de Anguingasta a Pedro Quijano Velasco, luego que
vacara en 1692 por la muerte de Ventura de Aguirre quien gozaba la encomienda
de dos tercios en tercera vida y que quedaran durante la vacante en cabeza del
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rey y en depósito bajo la administración de Pedro Arias Rengel123.


Debemos aclarar que el padrón realizado en 1692 con motivo de la vacante
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de la encomienda incorporaba también y por separado el tercio y parcialidad de


Anguingasta perteneciente a Alonso de Villagra deste mismo pueblo y naturaleza
como se hallan todos juntos. La existencia de esta parcialidad y tercio de Anguingasta
discriminada en el padrón de 1692, explica que en 1694 se visitara la encomienda
de Manuel de Villagra del pueblo de Anguingasta, separada y diferente de la que
estaba en el año de vacante y bajo la administración de Pedro Arias Rengel, la
cual sería otorgada el año siguiente a Pedro Quijano Velasco.
En 1719 el tercio de Anguingasta seguía en manos de Pedro de Quijano y
Velasco, mientras que la otra parte de la encomienda se encontraba re-otorgada
en primera vida a Juan Gregorio Sáenz pero con una novedad, la encomienda se
componía de tres parcialidades: la primera, de indios anguingastas, la segunda
agregada: de indios motechiris; y la tercera agregada: de indios pompomas124.

120
ABNB, EC 1680, 1, f.32r.
121
Esta encomienda ocasionó un conflicto que llegó a la Audiencia entre Ventura de Aguirre y
Alonso de Ribera, por el tercio de la encomienda de Anguingasta. ABNB, EC 1680, 1.
122
ABNB, EC, 1680, 1, f. 41r.; 50v. Debido a que se hizo efectiva en 1674, el tercio de esta encomienda
no fue empadronado por Peredo.
123
AGI, Charcas, 111, N. 19
124
AGI, Charcas, 210.

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Parcialidad de Casminchango o Caspinchango reducida en el pueblo de Anguingasta125

En 1671 el gobernador Ángel de Peredo encomendaba a Domingo


Pérez de Quintana unas familias de indios calchaquíes de la parcialidad del pueblo de
Anguingasta que desnaturalizaron del valle las armas el año passado de seisçientos y
çinco y por este govierno se mandaron poner separados del dicho pueblo. Es decir, esta
parcialidad de Capinchao o Casmichango de desnaturalizados y puestos separados
del pueblo y encomienda de Anguingasta por cuerpo aparte y distinto en 1665 cuando
fueron derrotados, se había separado del pueblo y se mantenía en cabeza real
para encomendar a beneméritos, tal como se hizo en 1671 con Domingo Pérez de
Quintana cuyo título de merced indicaba que se ponía perpetuo silencio a qualquier
derecho y acsion que intentare tener el encomendero de Anguingasta por aver sido como
fue esta dicha parcialidad revelde y conquistada de mas tiempo de cinquenta años que
fueron alzados y fieros enemigos, a lo que se agrega la exención del pago de tributo
durante los 10 años siguientes a su desnaturalización y la necesidad de que su
encomendero les dé tierras para asentarse y hacer sus sementeras126.
En resumen, los indios de la parcialidad de Casmichango, calchaquíes
rebeldes127, fueron desnaturalizados en 1665 y reducidos en el pueblo de
Anguingasta de indios y encomendados anteriormente a Ventura de Aguirre -y
a Alonso de Ribera Villagrán-, pero como parcialidad separada e independiente
de éstas, bajo cabeza real y bajo la administración de Francisco de Villagra y
Aguilera hasta tanto se encomendaran a los beneméritos que hubiesen servido
en las guerras contra los calchaquíes, lo que se hizo en 1671 a favor de Domingo
Pérez de Quintana, dejando asentado claramente en el título de la merced que se
trataba de indios de una parcialidad diferente al tronco principal de Anguingasta
y por lo tanto excluidos de la encomienda de Ventura de Aguirre.
De esta parcialidad de Casmichango o Campichao reducida en el pueblo
de Anguingasta se hizo un padrón en 1667, las autoridades que realizan el padrón
nombran por mandón a Juan Vallcumay indio de más de 50 años por ser el más
respetado por todos para que tengan quien los gobierne. En 1673 fue empadronada
por Peredo, estando aun encomendada a Domingo Pérez Quintana128.

125
AGI, Charcas, 108, N. 11
126
AGI, Charcas, 108, N. 11
127
Probablemente se trata de la parcialidad de Caspinchango relacionada con los cafayates y
quilmes que fue analizada por Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, Ob. Cit., 1987-1988, pp.
327-329.
128
En 1719 ha desaparecido del registro la parcialidad de Casmichango pero se incorpora en el
informe de las encomiendas del gobernador Urizar, en la jurisdicción de Salta, la encomienda del
pueblo de Quilmes gozada en segunda vida doña María Lisperger, hija de Fernando de Lisperger;
hasta el momento no registrada como tal a lo largo de todo el siglo XVII, por lo que nos preguntamos
acerca de la posibilidad de que sea -o no- la parcialidad de Casmichango. (AGI, Charcas, 210).

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Pompoma

La encomienda de Pompoma de indios diaguitas129, también conocida


como Guajil, junto a un grupo de indios lules de Yarame, vacaron por la muerte
de Diego de Tapia, encomendándose nuevamente a Diego Granero de Alarcón.
Sin embargo, la mujer de Granero de Alarcón era la titular de la encomienda
de Laqueme, Silipica y Paquiligasta en la jurisdicción de San Miguel, haciendo
escogencia por esta última para quedar vacante nuevamente la encomienda de
la ciudad de Salta. En 1617 el gobernador Luis de Quiñones Osorio la otorgó en
merced a Juan Bravo de Zamora con el gravamen expreso que se casara con Luisa
de Villarroel130.
Se indica en el auto de merced que por cuanto los indios an servido
ordinariamente de estancieros y chacareros y en trajines. Luego de la muerte de Juan
Bravo de Zamora y que su sucesor hiciera escogencia por otra encomienda en
Santiago del Estero, se declaró nuevamente vaca la encomienda de Pompoma,
otorgándose a Francisco Arias de Velásquez y luego de su muerte a su hijo
Lorenzo en 1672, que era su encomendero al momento del empadronamiento de
Peredo y de la visita de Luján de Vargas131
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En 1719 los pompomas aparecen registrados como una parcialidad agregada


a anguingastas y motechiris.
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Luracatao

Los luracataos, originarios del valle Calchaquí y con relaciones tanto con
grupos calchaquíes como con pulares, participaron de manera pertinaz tanto en
la gran rebelión de la década de 1630 como en la última guerra calchaquí, cuando
fueron derrotados por Mercado y Villacorta y trasladados a la región de Perico,
en el límite con la jurisdicción de Jujuy.

sin parar paso a Jujuy [el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta] donde
condujo el pueblo de luracathao que hizo sentar en Perico y que se señalasen tierras a los
taquigastas, que dio en encomienda al capitan Alonso de Salcedo132

129
Este es el único caso que hemos encontrado para la jurisdicción de Salta en el cual se menciona
la adscripción diaguita de los encomendados.
130
AGI, Charcas, 101, N. 16 y Charcas, 106, N. 12.
131
AGI, Contaduría, 1876. Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., pp. 702-703.
132
En Sica, Gabriela, en prensa, Ob. Cit., Cap.4.

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Los luracataos habían sido encomendados en 1654 por el gobernador


Roque Nestares Aguado a Agustín Martínez de Iriarte, vecino de Salta133. La
desnaturalización de los luracataos fue un acuerdo entre Alonso de Mercado y
su encomendero Martínez de Iriarte, vecino de Salta que tenía una hacienda en
Perico y con el traslado logró instalar la mano de obra necesaria para su hacienda
y efectivizar su explotación. “Al ser desnaturalizados estos indios recibieron
de Iriarte la promesa de que les daría tierras para establecerse ellos y sus
descendientes”, las cuales compró “desde las Tres Cruces hasta el Río de Buena
Voluntad, poniéndoles el nombre de Luracatau, por traerlo desde su origen los
dichos indios”134.
En 1673 los luracataos seguían encomendados a Agustín Martínez de
Iriarte en primera vida y, luego de su muerte (c.1686), los heredó en segunda vida
Agustín Martínez de Iriarte (h), siendo visitados por el oidor Luján en 1693135.
Para 1719 la encomienda había pasado en segunda vida a Bárbara Martínez de
Iriarte136.
El proceso de apropiación y disputa por las tierras de Luracatao comenzó
muy tempranamente. En 1643 Casilda de Barrios pide licencia para vender dos
estancias que tiene en Salta por ausencia de tres años de su marido “y que en la
ciudad de Salta tiene la susodicha dos estancias cuyas tierras están situados los
indios pulares y luracatao de mas de diez años a esta parte sin haberlos podido
echar de allí… que no le son de ningún provecho”137 Y finalmente, en 1800 se
desarrolló un pleito ante la Audiencia de Buenos Aires entre María Luisa Aguirre,
propietaria de las tierras de Río Blanco,138 y el pueblo de indios Huracataos, por
el cual se apeló la “sentencia contra dichos indios declarando pertenecerle a la
referida doña María las tierras del mismo pueblo, sin embargo de que hasen
serca de dos siglos poseen los indios de esta nacion este terreno”, pidiendo la
restitución ante el despojo139.

133
AGI, Contaduría, 1876, f.1248r.
134
Vergara, Miguel Ángel, Estudios sobre historia eclesiástica de Jujuy, UNT, Tucumán, 1942, p. 106-
107. Lo que se correspondería con la margen sur del Río Perico, en la jurisdicción de Salta.
135
Visita a la encomienda y pueblo de Uracatan, en Castro Olañeta, Isabel, 2017, [Link]., p. 675 y ss.
136
AGI, Charcas, 210.
137
Archivo de Tribunales de Jujuy (ATJ), Legajo 228, año 1643. Referencia de Gabriela Sica.
138
Agustín Martínez de Iriarte, encomendero de los luracataos era el propietario de la hacienda de
San Juan de Perico, pero además, la familia también poseía la estancia de Río Blanco, colindante
de la anterior y del pueblo de indios. Vergara, Miguel Angel, 1942, Ob. Cit., p.106-108.
139
Archivo General de la Nación (AGN), Sala 9, Legajo 3, Expediente 89, 1800.

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Fines del siglo XVII: los indios encomendados visitados y registrados por el
oidor Luján de Vargas

En el mapa realizado en 1800 por Nicolás León Ojeda con motivo de


un litigio por las tierras de los pueblos de indios y las que habían sido de los
jesuitas, se representaban en el mismo asentamiento, las reducciones de los
pueblos de las antiguas encomiendas de Pulares Grandes, Pulares Chicos, Pulares
de Lara, Escoipe, Payogasta, Taquigasta, Chicoana, Sichas, Cafayate, Atapsi y Tilian;
incluyendo también un arroyo llamado Locloc que remite al nombre del grupo
homónimo encomendado en el siglo XVII. Muchos de estos pueblos conservaban
a principios del siglo XIX sólo la denominación que remitía a las encomiendas o a
los lugares originarios de los pueblos antes de su desnaturalización y reducción
colonial, ya que habían sido abandonados140.
Cien años antes, el oidor Luján de Vargas visitaba las 30 encomiendas
de la jurisdicción de Salta, la mayoría asentadas en los dos espacios que
concentraban los pueblos muy cerca unos de otros y, en el caso de Pulares, unos
contiguos a los otros. Las características y composición de las macro-reducciones
de pueblos de encomienda de esta jurisdicción en Pulares y Guachipas fueron
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resultado del asentamiento de las primeras encomiendas del siglo XVI, de las
desnaturalizaciones y traslados posteriores a las rebeliones calchaquíes de 1630-
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43 y de 1659-66 y los posteriores otorgamientos, divisiones y agregaciones de


encomiendas a lo largo de todo el siglo XVII. La composición de estos espacios
de reducción puede verse como una imagen tomada por el visitador en 1693 que
omite en algunos casos y en otros desdibuja, los procesos seculares precedentes.
Gracias al trabajo pionero y detallado que Lorandi y Boixadós, conocemos
los grupos indígenas, sus asentamientos originales, sus relaciones políticas y
étnicas en el sector norte o pular y en el sector medio del valle calchaquí y, gracias
a la Visita de Luján de Vargas podemos avanzar en el estudio de las características
de los grupos que continuaban bajo el régimen de encomienda a fines del siglo
XVII. En este artículo nos propusimos reconstruir los procesos de asentamiento,
reducción, separación y agregación de cada uno de los grupos, discriminando
los originarios del valle de los Pulares y los del valle Calchaquí y los sitios de
reducción, Pulares o Guachipas, valiéndonos de una amplia variedad de fuentes
que incluyen la Visita de 1693, pero también los expedientes de confirmación de
encomienda (AGI), pleitos por la titularidad de las encomiendas (ABNB), los

140
Remitimos a la imagen digital del “Paño de pintura, suplemento del Mapa de foxas [...] por la
Junta Municipal de Temporalidades de Salta; y este por el Protector [...] de Indios, para que se vea
el despojo que se ha hecho [...] de los Indios, situados entre los Ríos de Chicuana y Pulares. Año
de 1800”. [En línea] [Link] (Consultado el
10 de diciembre 2017)

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empadronamientos de los gobernadores Angel de Peredo y Esteban de Urizar


(AGI) y otros documentos que nos brindaron información e indicios sobre las
encomiendas y sus titulares y que hemos ido detallando.
De los indios originarios del valle de Lerma sabemos que fueron los
primeros en ser encomendados junto con los grupos de nación pular como los
pulares propiamente dichos, escoipes, atapsis, payogastas y cachis, todos
tempranamente encomendados y reducidos en la boca de la quebrada de Escoipe
-asentamiento original de uno de estos grupos- y zonas aledañas a Chicoana y al
valle de Lerma. Los pulares, en la rebelión iniciada en 1630, optaron por actuar
como indios amigos141 ayudando a los españoles contra los calchaquíes del sector
medio del valle y, por eso mismo, varios de ellos fueron trasladados a los llanos
de Salta para protegerlos de la amenaza de los levantados, para luego de una
década, permitirles el regreso a sus tierras, de las cuales volvieron a bajar en el
contexto de la última guerra calchaquí.
Asimismo, el mapa de estas reducciones de indios de encomienda se
vio transformado cuando, luego de las campañas de Felipe de Albornoz, se
encomendaron y agregaron indios calchaquíes a estos asentamientos; lo que
ocurrió nuevamente luego de 1659 con el inicio de las campañas de Mercado
y Villacorta. Los nuevos grupos de calchaquíes desnaturalizados (sichas,
taquigastas, cafayates y gualfines) fueron asentados en las mismas reducciones
de las encomiendas más tempranas (pulares escoipes, atapsis, payogastas y cachis),
transformándose en pueblos colindantes e incluso compartiendo su capilla.
El grupo pular más grande fue dividido muy tempranamente entre
varios encomenderos, escindiéndose cada parcialidad y siguiendo una historia
particular ligada a la encomienda y a sus sucesivos titulares; hasta el siglo XIX
seguimos encontrando referencias a los Pulares Grandes, Pulares Chicos, Pulares
de Lara o Escoipes como pueblos y encomiendas distintas que compartían una
misma reducción. Otros desaparecieron o fueron agregados a encomiendas y
pueblos que los subsumieron, perdiendo sus identificaciones originales, tal como
ocurrió con los indios de Locloc. Finalmente, otros grupos como los de Taquigasta
fueron primero escindidos y luego reagrupados (quizá gracias al modelo
alfariano de reducción y la previsión de la ordenanza 113, quizá por interés de
los encomenderos o arreglos con los caciques), todo lo cual significó nuevos
procesos de reconfiguraciones identitarias al interior de cada grupo y de estas
macro-reducciones.
Lo primero que surge a partir de esta dificultosa reconstrucción es que

141
Recuperando la hipótesis de Lorandi y Boixadós, podríamos inscribir la tradición de
colaboración y de rápida inserción en el sistema colonial (como indios encomendados e indios de
mita) en las relaciones que estos grupos mantenían con el Incario antes de la invasión.

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Luján de Vargas con su Visita registró en 1693 un estado, una fotografía, que poco
nos dice sobre los procesos previos de la sociedad indígena encomendada en la
jurisdicción de Salta, que es lo que hemos intentado reconstruir. Pero, por otra
parte, lo que proponemos es una estrategia metodológica que “lea” y analice la
Visita de manera diacrónica o procesal, ya que “ésta no solo muestra una imagen
estática o fotográfica de las sociedades indígenas al momento de su registro,
sino también muestra un conjunto muy variado de situaciones o momentos
de procesos diferenciados de las poblaciones encomendadas”142. Desde esta
perspectiva la Visita nos permite identificar situaciones diferentes de los grupos
encomendados: pueblos de indios constituidos y que conservan derechos a las
tierras en común y sus autoridades; pueblos en proceso de abandono, población
que mantiene su vivienda en los pueblos pero que estacionalmente se instala
en las tierras privadas de sus encomenderos para trabajar, indios sin derechos
a tierras de comunidad asentados en unidades productivas o en chacras de sus
encomenderos. Esta variedad permite rescatar una serie de situaciones que
complejizan la simple separación entre pueblos de indios e indios sin pueblo.
La hipótesis que presentamos es que a fines del siglo XVII lo que se manifiesta
en Salta es el inicio de un proceso, de una tendencia al asentamiento de la
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población indígena encomendada en tierras privadas pero sin abandonar aún ni


definitivamente las tierras de los pueblos en las reducciones.
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En noviembre de 1693, Luján de Vargas se apersonó en la ciudad de San


Felipe de Salta, ordenando que los encomenderos se presentasen con sus indios
con motivo de la Visita. Claramente, el visitador había sido informado acerca de
la distribución de las encomiendas del distrito salteño:

mando que dicha cedula se publique para que llegue a noticia de todos y los encomenderos
recojan los indios de sus encomiendas y los traygan a esta ciudad, los de la reducsion
del valle de Guachipas dentro de quatro dias, y dentro de dos dias los de los pueblos
de San Pedro de los Pulares, y los de compocicion que estan en las haciendas de
los encomenderos dentro del mismo termino de dos dias, y dentro del termino asignado
que señalo por ultimo y perentorio compareseran personalmente en esta dicha ciudad los
dichos encomenderos 143

Luján de Vargas convocó a los encomenderos en tres grupos: aquellos


cuyos indios estaban reducidos en Guachipas, aquellos reducidos en Pulares
o San Pedro de los Pulares y, finalmente, “los de composición”, aquellos
sin derechos reconocidos a la tierra que se asentaban en propiedades de sus

142
Castro Olañeta, Isabel, 2015, Ob. Cit., p. 86.
143
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 571.

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encomenderos y cuyo origen se rastrea a las entregas de familias desnaturalizadas


por el gobernador Mercado y Villacorta después de la última campaña contra los
rebeldes del Calchaquí.
Una vez pregonada la orden, se detalló el Interrogatorio o Memorial de
cinco preguntas, que era igual al que el visitador venía aplicando en La Rioja,
Catamarca, Santiago del Estero y San Miguel de Tucumán y que se centraba
en averiguar si tenían pueblo de reducción, tierras y capilla144; qué tributo
pagaban, en qué especie, si trabajaban bajo la forma de servicios personales o
se les retribuía con un jornal fijo; si las indias y muchachos pagaban tributo o
entregaban trabajo; si recibían malos tratos; y, finalmente, si el encomendero los
alquilaba o sacaba en viajes145. Nos centraremos en la cuestión de las tierras y los
traslados compulsivos o acordados desde la reducción a las chacras, estancias o
haciendas de sus encomenderos, traslados que para el momento de la Visita no
necesariamente eran definitivos, sino que darían cuenta de una doble residencia.
Los testigos interrogados por el visitador señalan que el padre de Bernardo
Vélez de Alcocer, el encomendero anterior, sacó algunos indios del pueblo y los
llevó a su chacra y estancia de Guachipas, declarando los indios al visitador sus
deseos de regresar al pueblo de Taquigasta en los Pulares. Esta primera referencia,
que se repetirá en otros casos, nos permite señalar que los indios provenientes de
un pueblo y trasladados a estancias mantienen su intención de reintegrarse a su
pueblo e, indirectamente, la persistencia del pueblo con sus antiguas relaciones.
Dentro de los Pulares, los grupos encomendados con doble residencia eran
los de la encomienda de Atapsi y Chicoana de Escobar Castellanos, los de Francisco
Vélez de Alcocer del pueblo de Taquigasta de indios calchaquíes desnaturalizados,
los de Escoipe de Juan de Elizondo, los de Tilian de Juan de Córdoba, los de Cachi
de Pascual de Elizondo, los de Sicha de Leonardo Rodríguez de Valdés y los de
los Milipicay Pulares de Juan Frías de Sandoval. De este conjunto de pueblos en
los Pulares en los que hemos constatado la doble residencia, dos casos presentan
diferencias: el de Sicha y el de Milipicay Pulares, ya que en ambos casos se solicitó
al visitador el traslado definitivo a tierras privadas y la consecuente asignación

144
La existencia de una capilla -derruida para 1693- para la macro-reducción de los Pulares,
compartida por todos los pueblos de indios allí asentados, se comprueba también gracias a los
descargos realizados por los encomenderos por la parte que les toca de responsabilidad para su
reconstrucción. La existencia de una única capilla a la que concurriesen todos los indios de la
macro-reducción de los Pulares podría ser un elemento importante para pensar las relaciones
trabadas entre ellos al compartir estos espacios comunes, sin embargo, por la visita sabemos
que debido a su caída los indios no asistían a misa ni a las fiestas o lo hacían en las capillas de
las tierras privadas de sus encomenderos. Desconocernos por el momento si dicha iglesia fue
reconstruida siguiendo las órdenes del visitador y en qué momento.
145
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., pp. 571-572.

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y señalamiento de nuevas tierras. En el primer de los casos se trata de un pedido


conjunto entre el cacique y el encomendero, en el segundo, del encomendero,
pero en ambos, Luján accede con orden de que el encomendero les señalase tierras
suficienttes [...] para que las tengan por propias para tener su reducsion y haser sus
sementeras para sus aprovechamientos y paga del tributo y que esto se haga en instrumento
autentico.146
La visita a los indios de Sicha de la encomienda de Leonardo Rodríguez
de Valdés nos brinda una serie de indicios para comprender la composición y las
relaciones de los pueblos de la macro-reducción de los Pulares que encontrábamos
representada gráficamente en el mapa de 1800 al que hemos hecho referencia.
El cacique don Francisco Chumbicha, con anuencia con el encomendero
solicitó al visitador

que como emos sido y somos recien reducidos y sacados del valle de Calchaqui a este de
Salta donde actualmente estoi poblado en un pedaso de tierras que se me señalo por pueblo
y compro mi encomendero y en ellas no tengo yo ni mis sugetos comodidad ninguna asi
por el corto sitio como por la mala calidad de dichas tierras y estar sercado dicho mi pueblo
por la parte de arriva y de distancia dos o tres quadras los pueblos de Atacsi y Chacuana
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[sic] y por la de avajo otras quatro quadras de Cafayate y el de Tilian y por el de un


costado la estancia y almona del capitan Fernando Arias y otra de Diego de Herrera y por
el otro costado la chacra y estancia de los padres de la Compañia y acimesmo otra chacra
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del dicho Fernando Arias [...] sin que io ni mis sugetos tengamos como no tenemos donde
sembrar para nuestro sustento si no nos balieramos por prestamo de las tierras de los
dichos tileanes [...] por cuia causa y de su propia bolumtad algunos de dichos mis sugetos
se an retirado a la estansia y chacra de mi encomendero [...] por lo qual a Vuestra Señoria
pido y suplico con el rendimiento que devo en nombre de todos mis indios me mande
dar tierras comodas para mi conservasion [...] y que de no aver modo de ensancharnos
en dicho paraje se nos conseda licencia y facultad para poner mi pueblo en la estancia
de dicho mi encomendero mandandole me señale tierras y agua y que ninguna persona
eclesiastica ni secular me impida toda el agua que io ubiere menester para dicho mi pueblo
del rio de la quebrada que es realengo147.

Lo interesante del caso, más allá que podamos suponer cierta conveniencia
del encomendero en el traslado de los indios, es que se describe cómo la reducción
de los Pulares alberga los pueblos de indios con tierras y agua señaladas de
distintas encomiendas, así como algunas tierras privadas.
Si entrecruzamos distintas referencias de la Visita de Luján sobre la
conmutación del tributo en servicio personal, que los indios que residen en
las haciendas quieren volver a sus tierras del pueblo donde mantienen sus

146
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 602.
147
En Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 599.

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autoridades, e incluso mención sobre la rotación anual de los indios del pueblo
para trabajar estacionalmente en la hacienda (indios de Cafayate, encomendados
a Pedro Díaz de Loria), bien podemos desprender que sólo una parte de la
población de los pueblos se traslada a la unidad de producción del encomendero
para entregar su tributo en trabajo, que probablemente ese traslado es rotativo
anualmente, que el encomendero despliega los habituales mecanismos de
coacción, seducción y endeudamiento para lograr el asentamiento definitivo de
estos trabajadores estacionales y, sobre todo, que la visita de Luján sólo nos está
informando sobre la actividad económica de los indígenas que entregan tributo
en servicios por todo el pueblo y no sobre el conjunto de la población reducida
en el pueblo.
En este sentido, a partir de las fuentes que hemos analizado en esta
oportunidad poco podemos hipotetizar acerca de quiénes o qué sector de la
sociedad indígena se asentaba o asistía en las estancias y chacras y cuál era el
grado de decisión comunitaria sobre estos traslados definitivos o temporarios y
el rol de los caciques en esta decisión, sin embargo creemos que la pregunta debe
mantenerse abierta. En relación con esto, sabemos que las autoridades, caciques,
mandones y alcaldes, en todos los casos en que se comprueba la residencia
compartida entre pueblo y estancia o chacra, continuaban viviendo en el pueblo
de la reducción.
Lo anterior nos estaría indicando que el proceso de abandono y traslado
de los indios encomendados a las tierras privadas de los encomenderos, si bien
comenzó muy pocos años después de las desnaturalizaciones, fue gradual y
desparejo y que debe distinguirse entre aquellas familias y piezas que, una vez
desnaturalizados, fueron asentados en las chacras de sus nuevos encomenderos,
con los grupos de calchaquíes que fueron reducidos en pueblo o los pulares
de tempranas encomiendas que para fines del siglo XVII mantenían sus tierras
comunales al mismo tiempo que se habían trasladado o asistían en las haciendas.
Paralelamente a este proceso por el cual los indios de los pueblos de
reducción se habían descarriados destroncados en distintas chacaras y estançias
hordinariamente separados por no querer ellos redusirse a junta como por no tener la
combeniençia neçessaria para sus sementeras y cabalgaduras148, puede comprobarse
la existencia de otros grupos de indios que residen en conjunto en las tierras
privadas de los encomenderos sin tener pueblo ni reducción. En todos estos casos
se trata de pocas familias de calchaquíes asentados en chacras o estancias, como
es el caso de los indios de Juan Hidalgo Montemayor que estan desde que fueron

148
Declaración del encomendero Juan de Córdoba de los indios de Tilian. En Castro Olañeta,
Isabel, 2017, Ob. Cit., p. 669.

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conquistados en la chacara de su encomendero nombrada Los Serrillos. Son las familias


de desnatualizados que el visitador agrupó como “de composición”.
Alonso de Mercado y Villacorta, a medida que avanzaba la guerra calchaquí
y se volvía cada vez más necesario conseguir recursos económicos, diseñó una
serie de estrategias para conseguirlos y entre ellos estableció el mecanismo de la
composición de las piezas capturadas o familias, “como forma de obtener aportes
económicos a cambio de entregar, luego de la derrota militar, indios calchaquíes
desnaturalizados, como retribución a dicha entrega económica”149, en La Rioja se
tomaban adelantos en concepto de composición de 50 pesos por familia, alentados
por la promesa de ser recompesados con los desnaturalizados una vez concluida
la guerra. Este mecanismo permitió una importante recaudación destinada a las
campañas militares150. Contamos con el Auto del gobernador Mercado por el cual
se definieron las condiciones del otorgamiento y del goce de estas encomiendas
por composición para las ciudades de La Rioja y de Catamarca (parcialidades
yocavil, yngamana y tucumangasta), sin embargo, podríamos sugerir que no
deben haber variado mucho las de Salta y otras jurisdicciones. En este sentido,
Mercado y Vilacorta estableció que estas familias compuestas “an de quedar
naturalisados en dichas sus haziendas y chacras tierras y agua de comodidad
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sufissientte para su poblassion y en que sembrar y con que poder sustentarse”,


“aplicado y señalado desde luego a dichas chacras y haziendas la mita que
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conforme a hordenanças podia perteneçer por la sexta partte a las plaças”,


quedando bajo este regimen de servidumbre por 10 años151. En 1674 se dictó una
Real Cédula por la cual se extendía el plazo a 20 años, estableciendo que luego de
cumplido los indios debían ser considerados como tributarios de encomienda152.
En el caso de estas encomiendas de corto número, de familias y piezas
compuestas, no fue registrada la presencia de caciques, mandones o alcaldes,
pero en estos casos, el visitador ordena a los encomenderos a señalarles tierras
aptas para el cultivo, considerándolos como el resto de los visitados, indios de

149
Zelada, Virginia y Castro Olañeta, Isabel, “Documentos sobre la guerra y la desnaturalización
calchaquí. Los autos del gobernador Alonso de Mercado y Villacorta”, en Revista TEFROS, Vol.
15, N° 1, 2017, p. 190. [En línea] [Link]
view/492/467 (Consultado el 10 de diciembre de 2017).
150
Boixadós, Roxana, “El fin de las guerras calchaquíes. La desnaturalización de la nación yocavil
a La Rioja (1667)”, en Corpus, Archivos virtuales de la alteridad americana, 1-1, 2011. [En línea]
[Link] (Consultado el 03 de febrero
de 2017).
151
“Auto de Gobierno dictado por el gobernador del Tucumán Alonso de Mercado y Villacorta,
en La Rioja el 17 de mayo de 1667”, en Zelada, Virginia y Castro Olañeta, Isabel, 2017, Ob. Cit.,
pp. 202-203.
152
AGN. Biblioteca Nacional. Manuscritos, Tomo 181, N° 870.

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encomienda que, debían tener tierras de reducción. Sin embargo, a diferencia de


Córdoba donde se realizó un proceso de ejecución de las sentencias de Luján por el
cual se asignaron tierras con instrumento legal y, por lo tanto, se crearon “nuevos
pueblos de indios” con desnaturalizados153, en el caso de Salta desconocemos
hasta el momento que se haya ejecutado un proceso similar posterior a la visita,
que ejecutase o controlase la ejecución de las sentencias.
En la región de Guachipas donde fueron instalados los indios calchaquíes
rebeldes desnaturalizados de Ampascachi, Anguingasta, Pompoma, Bombolán y
Animaná, con respecto a la relación con la tierra, la situación es similar a la de
los Pulares pero contamos con menos información acerca de la composición y
relaciones de los pueblos reducidos allí.
El caso de los indios de Ampascachi de Diego de Alarcón, es similar al caso
de los Milipicay Pulares, en tanto su encomendero solicitó al visitador que les
señalara tierras en su estancia, otorgándolo Luján. La otra parte del grupo original
de Ampascachi perteneciente a la encomienda de Francisco de Villagra y Aguilera,
presenta al visitador la declaración de que desde hacía diez años algunos habían
sido trasladados a la estancia de su encomendero a cinco leguas de la ciudad,
mientras que otros continuaban residiendo en el pueblo de la reducción donde
había quedado el cacique.
Los indios de la encomienda de Anguingasta de Manuel de Villagra y los
de Bombolán y Animaná reflejan la misma situación, mantienen sus tierras en
el pueblo y asisten con su servicio personal en la chacra de su encomendero,
funcionando aquí también esta suerte de doble residencia. El caso de los indios
de la parcialidad de Casmichango de Domingo Pérez de Quintana, es un ejemplo
similar al de Cafayate, en tanto declaran ante el visitador que asisten con sus
servicios personales en la hacienda del encomendero sólo estacionalmente,
durante el período de la siembra y siega del trigo, regresando a su pueblo el resto
del año.
El resto de las encomiendas visitadas, tal como adelantáramos, son de
corto número y formadas por familias o piezas de calchaquíes desnaturalizados
obtenidos por el mecanismo de la composición y no reducidos en pueblo por
Mercado y Villacorta u otro gobernador, estando todos asentados en estancias
y chacras privadas sin tierras propias señaladas. Son las encomiendas de Luis
de Pedroza, Bernardina Díaz Rodríguez, Juan Arias Rengel, Juana Gutiérrez,
Francisco González, Pedro Pacheco, Agustina de Silva, y no exceden los cuatro
tributarios.

153
Sobre las ejecuciones de las sentencias en Córdoba, ver Castro Olañeta, Isabel, 2015. Ob. Cit. y
Tell, Sonia, 2017, Ob. Cit.

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Boixadós y Farberman han abordado el universo de encomiendas de fines del


siglo XVII con una mirada macrorregional y comparativa a partir de un corte
sincrónico dado por la Visita de Luján de Vargas. Es así proponen como hipótesis
que ambas rebeliones hicieron posible la aplicación gradual del modelo alfariano
de reducciones en pueblos de indios, causando una transformación del mapa
étnico de la región, proceso del cual la Visita podría aportar algunas “pistas”154.
En este sentido, para la jurisdicción de Salta creemos que el presente estudio
ha aportado una mirada diacrónica a la vez que permite precisar, gracias a la
incorporación de otras fuentes, algunas líneas e hipótesis acerca de los procesos
de transformación y diferenciación al interior de los indios encomendados y
asentados en pueblos o en tierras privadas.
Esperamos que este artículo haya podido sentar las bases para un futuro
estudio e investigación específica sobre el derrotero de los pueblos de indios de
Salta, el proceso de expropiación y las luchas por la conservación de sus tierras
de comunidad durante los siglos XVIII y XIX.
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154
Farberman, Judith y Boixadós, Roxana, 2006, Ob. Cit.

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