Asteroides: Definición y Clasificación
Asteroides: Definición y Clasificación
Durante más de dos siglos, Ceres fue considerado el primer asteroide descubierto. Tras la redefinición de
planeta de 2006, que reclasificó a este cuerpo como planeta enano, técnicamente es Palas, encontrado en
1802, el primer asteroide descubierto. En estos dos siglos el número de asteroides conocidos no ha dejado
de crecer, alcanzando valores de varios cientos de miles. No obstante, si se sumara toda su masa, el
equivalente solo daría para un porcentaje del 5 % de toda la masa de la Luna.4
Terminología
Tradicionalmente, los cuerpos pequeños que orbitaban
alrededor del Sol se clasificaban como cometas, asteroides o
meteoroides, siendo estos últimos todos lo que tenían menos
de un metro de diámetro. Un artículo de Beech y Steel de
1995 propuso una definición de meteoroide que incluía
límites de tamaño.9 10
El término «asteroide» nunca tuvo una
definición formal, y la Unión Astronómica Internacional
prefería la locución más amplia de «planeta menor».
En 2006 también se introdujo la expresión «cuerpo menor del sistema solar» para cubrir tanto la mayoría
de los planetas menores como los cometas.13 14 Otros idiomas prefieren «planetoide» (en griego,
'similar a un planeta'), y este término se usa ocasionalmente en inglés, especialmente para planetas
menores más grandes, como los planetas enanos, así como una alternativa para los asteroides dado que no
son como una estrella.15 La palabra «planetesimal» tiene un significado similar, pero se refiere
específicamente a los pequeños bloques de construcción de los planetas que existían cuando se estaba
formando el sistema solar. El término «planétulo» fue acuñado por el geólogo William Daniel Conybeare
para describir planetas menores,16 pero no es de uso común.
Los tres objetos más grandes del cinturón de asteroides,
Ceres, Palas y Vesta, crecieron hasta la etapa de
protoplanetas. Ceres es un planeta enano, el único del sistema
solar interior.
Los más internos de estos son los objetos del cinturón de Kuiper, llamados «objetos» en parte para evitar
la necesidad de clasificarlos como asteroides o cometas.19 Se cree que tienen una composición
predominantemente similar a la de un cometa, aunque algunos pueden ser más parecidos a los
asteroides.20 Además, la mayoría no tiene las órbitas altamente excéntricas asociadas con los cometas, y
los descubiertos hasta ahora son más grandes que los núcleos de los cometas tradicionales. (Se supone
que la nube de Oort, mucho más distante , es el principal reservorio de cometas durmientes). Otras
observaciones recientes, como el análisis del polvo cometario recolectado por la sonda Stardust, están
borrando cada vez más la distinción entre cometas y asteroides,21 sugiriendo «un continuo entre
asteroides y cometas» en lugar de una línea divisoria nítida.22
Los planetas menores más allá de la órbita de Júpiter a veces también se denominan «asteroides»,
especialmente en presentaciones populares.24 Sin embargo, cada vez es más común que el término
«asteroide» se restrinja a los planetas menores del sistema solar interior.19 Por ello este artículo se
limitará en su mayor parte a los asteroides clásicos: objetos del cinturón de asteroides, troyanos de Júpiter
y objetos próximos a la Tierra.
Cuando la IAU introdujo la clase de «cuerpos menores del sistema solar» en 2006 para incluir la mayoría
de los objetos previamente clasificados como planetas menores y cometas, crearon la clase de «planetas
enanos» para los planetas menores mayores —aquellos que tienen suficiente masa para volverse
elipsoidales bajo su propia gravedad. Según la IAU: «el término 'planeta menor' todavía se puede usar,
pero en general, se preferirá la expresión 'cuerpo menor del sistema solar».25 Actualmente, solo el objeto
mayor del cinturón de asteroides, Ceres, con unos 975 km de ancho, ha sido colocado en la categoría de
planeta enano.
Descubrimiento
Durante siglos, astrónomos, físicos y matemáticos se
preguntaron por el enorme vacío que había entre las órbitas
de Marte y Júpiter, pero no fue hasta el siglo xix que Piazzi
dio una primera respuesta al descubrir Ceres. En el siglo
siguiente, los astrónomos ya conocían miles de asteroides,
principalmente agrupados en el cinturón de asteroides. Con la
Impresión artística mostrando cómo un
llegada de las búsquedas automatizadas a finales del siglo xx asteroide es desgarrado por la fuerte
y principios del xxi, el número de asteroides conocido se gravedad de una enana blanca.26
disparó. En 2012 había más de seiscientas mil órbitas
computadas.27
Ya en el siglo xviii varios astrónomos estaban dispuestos a creer en la existencia de múltiples planetas
desconocidos en el sistema solar. Sin embargo, fue Johann Daniel Titius, en 1766, el primero en aportar la
explicación para la distancia entre las órbitas de Marte y Júpiter que con el tiempo se conocería como ley
de Titius-Bode. La relación numérica atrajo la atención de Johann
Elert Bode, quien no dudó de su validez y la publicó en 1772. El
descubrimiento de Urano por William Herschel en 1781 a la distancia
que vaticinaba la ley fue la confirmación definitiva de su fiabilidad y
reforzó la creencia en la existencia de un planeta entre Marte y
Júpiter.28
Para lograr sus fines, dividieron el Zodiaco en veinticuatro partes iguales y escogieron a otros astrónomos
hasta completar la cifra de las divisiones. A estos astrónomos se les conoce como la policía celeste,
aunque varios no llegaron a participar activamente en la búsqueda. Entre los seleccionados estaban
Herschel y Piazzi, quien no recibió una invitación formal para unirse a la empresa, aunque a la postre fue
el descubridor del nuevo planeta.
Con los datos que le aportaba Piazzi en su carta, Bode calculó una órbita preliminar. El 26 de marzo
comunicó en la Academia Prusiana de las Ciencias que la órbita era consistente con el planeta que faltaba
entre Marte y Júpiter y posteriormente informó a Zach para que lo publicase en Monatliche
Correspondenz. Llegó incluso a proponer el nombre de Juno para el
nuevo planeta. Piazzi ya había bautizado su descubrimiento como
Cerere Ferdinandea en honor a la diosa patrona de Sicilia y al rey
Fernando. A la larga, la comunidad astronómica aceptó el nombre de
Ceres para el nuevo objeto.
La consecuencia inmediata de la teoría de Olbers fue que podrían existir más objetos entre las órbitas de
Marte y Júpiter aún por descubrir. Así, Harding, tras constantes observaciones de la región del
firmamento donde se cruzaban las órbitas de Ceres y Palas, terminó por encontrar a Juno el 1 de
septiembre de 1804. Días después, Hofrath Huth, en una carta enviada a Bode, aventuraba que no sería el
último descubrimiento y que estos cuerpos podrían haberse originado a la vez que el resto de planetas y
de la misma forma, en contra de lo que postulaba Olbers.
Casi tres años después, Olbers descubrió un cuarto asteroide, Vesta,
en la misma región del cielo y que ha resultado ser el más brillante.
El nombre fue propuesto por Gauss. Estos cuatro descubrimientos
reforzaron la teoría olbersiana, a pesar de ser objetivamente pocos.
Sin embargo, ya en 1812, Joseph-Louis de Lagrange la cuestionaba,
afirmando que era extraordinaria, pero improbable.
Miles de asteroides
Tras los primeros
descubrimientos, pasaron cerca
de cuarenta años hasta que Karl
Ludwig Hencke encontró el
Heinrich Olbers descubrió Palas
quinto tras cinco lustros de
y Vesta y propuso la primera
teoría del origen de los
intensa búsqueda. Este largo
asteroides lapso de tiempo se puede explicar
por tres causas principales. En
primer lugar, la mayoría de
astrónomos, influidos por la teoría de Olbers, hicieron sus búsquedas
en la misma región del espacio en las que se descubrieron los
primeros cuerpos. En segundo, la búsqueda sistemática de nuevos
planetas no fue considerada una prioridad astronómica, puesto que
los primeros cuerpos se encontraron por accidente. Por último, la
ausencia de buenas cartas celestes, donde se mostrase de forma Max Wolf descubrió el primer
asteroide mediante la
inequívoca la posición de las estrellas, desalentó a los astrónomos
astrofotografía.
porque no se tenía certeza de hallarse ante un nuevo planeta o una
estrella.
Con el acceso a un número cada vez mayor de cartas celestes, los astrónomos dispusieron de medios para
emprender la tarea con suficientes garantías. Así, en 1857 ya se habían descubierto cincuenta y el número
cien se catalogó en 1868. El 22 de diciembre de 1891, Maximilian Franz Wolf descubrió Brucia mediante
la astrofotografía, técnica que aceleró el aumento de la nómina de asteroides.
Mientras aumentaba el número de asteroides, los astrónomos se cuestionaban su origen. François Arago
observó que las órbitas no se intersecaban en la misma región del espacio, lo que ponía en duda la teoría
de Olbers, aunque admitió que el entrelazamiento de las órbitas sugería algún tipo de relación. Más
adelante, en 1867, Daniel Kirkwood postuló que los asteroides se habían originado a partir de un anillo de
materia que no llegó a formar un planeta debido a la influencia gravitatoria de Júpiter. Esta teoría terminó
por convertirse en la dominante en los círculos astronómicos. El mismo Kirkwood encontró que no
existían asteroides cuyos periodos de traslación tuviesen una relación de números enteros sencillos con
Júpiter por lo que se producían huecos en la distribución de los asteroides. En 1918 Kiyotsugu Hirayama
encontró similitudes en los parámetros orbitales de varios asteroides, concluyó que tenían un origen
común, probablemente tras colisiones catastróficas, y llamó a estas agrupaciones familias de asteroides.
Métodos manuales del siglo xx e informes modernos
Hasta 1998 los asteroides se descubrían mediante un proceso de cuatro pasos. Primero, se fotografiaba
una región del cielo con un telescopio de campo amplio o astrógrafo. Se tomaban pares de fotografías,
generalmente con una hora de diferencia. Se pueden tomar varios pares durante una serie de días. En
segundo lugar, las dos películas o placas de la misma región se observaban bajo un estereoscopio.
Cualquier cuerpo en órbita alrededor del Sol se movería ligeramente entre el par de películas. Bajo el
estereoscopio, la imagen del cuerpo parecía flotar ligeramente sobre el fondo de estrellas. En tercer lugar,
una vez que se identificaba un cuerpo en movimiento, su ubicación se medía con precisión utilizando un
microscopio digitalizador. La ubicación se medía en relación con las ubicaciones de estrellas
conocidas.29
Estos tres primeros pasos no constituían el descubrimiento de un asteroide: el observador solo había
encontrado una aparición, que recibía una designación provisional, compuesta por el año del
descubrimiento, una letra que representa la quincena del descubrimiento y, finalmente, una letra y un
número que indicaba el número secuencial del descubrimiento (ejemplo: 1998 FJ74).
El último paso del descubrimiento era, desde 1947, enviar las ubicaciones y la hora de las observaciones
al Centro de Planetas Menores, donde programas informáticos determinaban si una aparición se unía a
apariciones anteriores en una sola órbita. Si era así, el objeto recibía un número de catálogo y el
observador de la primera aparición con una órbita calculada era declarado descubridor y se le otorgaba el
honor de nombrar al objeto sujeto a la aprobación de la Unión Astronómica Internacional.
Métodos informatizados
Hay un interés creciente en identificar asteroides cuyas
órbitas se cruzan con la de la Tierra y que, con el tiempo
suficiente, podrían colisionar con ella. Los tres grupos más
importantes de asteroide próximo a la Tierra son los Apolos,
Amors y Atons. Se han propuesto varias estrategias de
mitigación de asteroides, ya en la década de 1960.
Se originaron a partir de la colisión de cuerpos mayores que no llegaron a conformar un planeta por la
influencia gravitatoria de Júpiter.39
Ceres antes considerado el más grande asteroide, ha ingresado en la categoría de planeta enano. Por tanto,
ahora los de mayor tamaño son Palas y Vesta, ambos con diámetros poco mayores de 500 km. Vesta,
además, es el único asteroide del cinturón principal que, en ocasiones, puede verse a simple vista. En
contadas ocasiones, asteroides cercanos a la Tierra como Apofis pueden verse con el ojo desnudo.
La masa de todos los asteroides del cinturón principal está estimada entre 2.8 y 3.2 × 1021 kg; o, lo que es
igual, un 4 % de la masa de la Luna. Ceres, con 9.5 × 1020 kg, representa la tercera parte del total. Junto a
Vesta (9 %), Palas (7 %) e Higía (3 %) alcanza a más de la mitad de la masa. Los siguientes tres
asteroides Davida (1.2 %), Interamnia (1 %) y Europa (0.9 %) solo añaden otro 3 % a la masa total. A
partir de aquí, el número de asteroides aumenta rápidamente al tiempo que sus masas individuales
disminuyen.
El número de asteroides disminuye notablemente conforme aumenta el tamaño. Aunque esto sigue una
distribución de potencias, hay saltos para los 5 y 100 km donde se encuentran más asteroides de lo
esperado según una distribución logarítmica.
En la figura de la derecha se comparan los tamaños relativos entre un plantea, un planetesimal, cometas,
asteroides, meteoroides y granos de polvo. En esta diagrama se compara con el asteroide Chicxulub, que
según las simulaciones más recientes han acotado su tamaño entre 10 y 15 km.40
Distribución en el sistema solar
Los NEA solamente sobreviven en su órbita de 10 a 100 millones de años.46 Al final, son eliminados
por decaimiento y crecimiento de su órbita causados por el Sol, por colisiones con los planetas
internos, por perturbaciones gravitacionales con otros cuerpos o al ser expulsados del sistema solar por
alteraciones de su trayectoria al pasar cerca de los planetas. Tales procesos han debido eliminar
muchos de ellos desde hace mucho tiempo, pero también han sido reemplazados con regularidad por la
migración orbital de otros, procedentes del cinturón de asteroides. El efecto Yarkovsky contribuye a
que el suministro de asteroides a las resonancias jovianas sea continuo.47
Algunas de las órbitas de los NEA suponen un peligro de colisión para la Tierra. Por otra parte, los
NEA son más fácilmente observables desde naves espaciales que desde la Tierra misma; de hecho
algunos pueden ser alcanzados con mucho menos Delta-v que lo que lleva alcanzar a la Luna. Dos
NEA han sido visitados por naves espaciales:
Ejemplos de asteroides Atón son, además del propio Atón, Hathor, Keops, Apofis, 1999 KW4, 2017
BM3, 2018 DV1, 2002 AA29 y 2010 TK7, en el punto L4 de la órbita de la Tierra.50 Algunos
asteroides de este grupo, como Cruithne, tienen órbitas similares a la terrestre.
Son aquellos que tienen un semieje mayor inferior a 1 ua. El asteroide Atón da nombre al grupo. Si
además no cruzan la órbita terrestre se les denomina asteroides Apohele, asteroides Atira u objetos
interiores a la Tierra.51
Asteroides Apolo
Los asteroides Apolo son un grupo de asteroides cercanos a la Tierra que llevan el nombre del
asteroide Apolo, descubierto por el astrónomo alemán Karl Reinmuth en la década de 1930. Son
asteroides que cruzan la órbita de la Tierra y tienen un semieje mayor orbital mayor que el de la Tierra
(a > 1 ua) pero distancias de perihelio menores que la distancia del afelio de la Tierra
(q < 1.017 ua).52 53
Se estima que hay unos 70 millones con tamaños similares a una casa. Hermes e
Ícaro son ejemplos de asteroides Apolo. De los asteroides Apolo conocidos el mayor es Sísifo, con un
diámetro de alrededor de 10 km, aproximadamente el mismo tamaño que tenía el objeto cuyo impacto
creó el cráter de Chicxulub, que se piensa fue el causante de la extinción de los dinosaurios. Otro
asteroide Apolo de tamaño notable es Geógrafo, de 5.1 km de largo por 1.8 km de ancho.
En diciembre de 2018, el número de asteroides Apolo conocidos era de 10 485, siendo ésta clase el
grupo de más población de objetos cercanos a la Tierra (compárese a los asteroides Atón, Amor y
Atira),54 con 1409 ya numerados —no se los numera hasta ser observados en dos o más oposiciones
—, y 1648 están identificados como asteroides potencialmente peligrosos.55 56 Un acercamiento
peligroso es cuando el asteroide y la Tierra se encuentran a una distancia igual o menor a un millón de
kilómetros (para ilustrar, la distancia promedio entre la Tierra y la Luna es de 384 400 km. Tres de
ellos (1994 XM1, 1993 KA2 y 1994 ES1) pasan entre los 100 000-200 000 km (dentro de la órbita de
la Luna). El meteorito de Cheliábinsk del 15 de febrero de
2013 que explotó sobre la ciudad de Cheliábinsk al sur de
los Urales de Rusia, hiriendo a 1500 personas con los
vidrios caídos de las ventanas rotas, era un asteroide clase
Apolo.57 58
La caída de asteroides de roca o hierro mayores de 50 m de diámetro sucede con un intervalo medio de
cien años, lo que puede producir catástrofes locales y maremotos. Cada varios cientos de miles de
años, asteroides de más de un kilómetro causan catástrofes globales. En este último caso, los restos del
impacto se esparcen por la atmósfera terrestre de tal modo que la vida vegetal sufre lluvia ácida,
interrupción parcial de la luz solar y grandes incendios causados por los fragmentos de alta
temperatura que caen al suelo tras la colisión (invierno nuclear). Estos impactos han ocurrido muchas
veces en el pasado y seguirán ocurriendo en el futuro. A algunos de ellos se les atribuye la causa de
grandes extinciones, como la extinción K-T que mató a los dinosaurios o la gigante del Pérmico que
mató a más del 90 % de las especies y seres vivos. Por tanto, descubrir estos objetos y estudiarlos para
determinar su tamaño, composición, estructura y trayectoria es una actividad prudente.
El cinturón de asteroides es un disco circunestelar del sistema solar que se encuentra entre las órbitas
de Marte y Júpiter. Alberga multitud de objetos astronómicos, denominados asteroides, y el planeta
enano Ceres. Esta región también se denomina cinturón principal con la finalidad de distinguirla de
otras agrupaciones de cuerpos menores del sistema solar, como el cinturón de Kuiper o la nube de
Oort.63
Más de la mitad de la masa total del cinturón está contenida en los cinco objetos de mayor masa:
Ceres, Palas, Vesta, Higia y Juno. El más masivo de todos es Ceres, tiene un diámetro de 950 km y una
masa del doble que Palas y Vesta juntos. La mayoría de cuerpos que componen el cinturón son mucho
más pequeños. El material del cinturón, que apenas es un 4 % de la masa de la Luna, se encuentra
disperso por todo el volumen de la órbita, por lo que sería muy difícil chocar con uno de estos objetos
en caso de atravesarlo. No obstante, dos asteroides de gran
tamaño pueden chocar entre sí, formando las que se
conocen como familias de asteroides, que tienen
composiciones y características similares. Las colisiones
también producen un polvo que forma el componente
mayoritario de la luz zodiacal. Los asteroides pueden
clasificarse, según su espectro y composición, en tres tipos
principales: carbonáceos (tipo-C), de silicato (tipo-S) y
metálicos (tipo-M).
El cinturón de asteroides está dividido en varias regiones según los límites que marcan las resonancias
jovianas. Sin embargo, no todos los autores se ponen de acuerdo. Para la mayoría se divide en interior,
exterior y medio o principal propiamente dicho, cuyos límites son las resonancias 4:1 y 2:1. A su vez,
el cinturón principal se divide en tres zonas designadas con números romanos y limitadas por las
resonancias 3:1 y 5:2. Una última resonancia, 7:3, marca una interrupción en la zona III. Algunos
asteroides tienen órbitas tan excéntricas que llegan a cruzar la órbita de Marte (en inglés, Mars-
crossing asteroids).
Hungarias
Los hungarias o asteroides del grupo de Hungaria son cuerpos menores situados entre 1.78 y 2.06 ua, con
inclinaciones orbitales elevadas y excentricidad menor de 0.18. Son el resultado de una colisión
catastrófica producida hace menos de quinientos millones de años y cuyo fragmento mayor es Hungaria,
que da nombre al grupo, la región y la familia. La mayoría de los cuerpos de este conjunto pertenecen al
grupo asteroidal de Hungaria. Son objetos muy brillantes, con magnitudes absolutas inferiores a 18 y
pertenecen a los tipos espectrales E y X.64
Hildas
Los hildas o asteroides del grupo de Hilda son cuerpos menores que tienen resonancia orbital 3:2 con
Júpiternota 2 y un semieje mayor comprendido entre 3.8 y 4.1 ua aproximadamente. Los miembros
centrales del grupo tienen una alta estabilidad orbital y pertenecen a los tipos espectrales D y P. La
mayoría está agrupado en las familias de Hilda y de Schubart.65
Asteroides troyanos
El primer troyano, Aquiles, lo descubrió el 22 de febrero de 1906 el astrónomo alemán Max Wolf en el
punto L4 de la órbita joviana. Hubo de transcurrir casi un siglo para descubrir troyanos de otros
planetas. El 20 de junio de 1990 se encontró Eureka, primer troyano de Marte, y el 21 de agosto de
2001 se halló a 2001 QR322, el primero de Neptuno. Más tarde se descubrieron sendos troyanos en las
órbitas de la Tierra y Urano. Se cree que el número total de troyanos de Júpiter mayores de 1 km ronda
el millón, una cantidad similar al número de asteroides del cinturón principal del mismo tamaño.
Como en aquel, los troyanos forman familias de asteroides.
Hay dos teorías para explicar su origen y ubicación. La primera indica que se formarían durante la
última etapa de acreción planetaria en la misma región en la que se encuentran. La segunda establece
que, durante la migración planetaria, el primitivo cinturón de Kuiper se desestabilizó y millones de
objetos fueron expulsados al interior del sistema solar donde se incorporaron a los puntos de Lagrange
de los planetas gaseosos.
Los troyanos son cuerpos oscuros cuyo espectro de emisión es ligeramente rojizo y carente de
peculiaridades. No existen evidencias sólidas de la presencia de agua o materia orgánica en su interior.
Sus densidades varían entre 0.8 y 2.5 g/cm³. Se cree que fueron capturados en sus órbitas durante los
primeros estadios de la formación del sistema solar, durante la migración de los planetas gigantes.
Centauros
Ningún centauro ha sido fotografiado de cerca mediante alguna sonda espacial, aunque hay evidencia
de que la luna Febe de Saturno, fotografiada por la sonda Cassini en 2004, pudiera ser un centauro
capturado que se habría originado en el cinturón de Kuiper.73 Además, el telescopio espacial Hubble
ha obtenido información sobre las características de la superficie de (8405) Asbolo.
Ceres puede haberse originado en la región de los planetas exteriores,74 y, de ser así, podría
considerarse un antiguo centauro, pero todos los centauros que se ven hoy en día se originaron en otros
lugares.
De los objetos que se sabe que ocupan órbitas similares a las de los centauros, se ha encontrado que
aproximadamente 30 muestran comas de polvo similares a los de un cometa, siendo tres —Quirón,
Equeclo y 29P/Schwassmann-Wachmann 1—, los que tienen niveles detectables de producción volátil
en órbitas completamente más allá de Júpiter.75 Por lo tanto, Quirón y Equeclo se clasifican como
centauros y cometas, mientras que Schwassmann-Wachmann 1 siempre ha tenido la designación de
cometa. Se sospecha que otros centauros, como (52872) Ocírroe, han mostrado comas. Se espera que
cualquier centauro que sea perturbado lo suficientemente cerca del Sol se convierta en un cometa.
Clasificación de los asteroides según tipos espectrales
El estudio de la luz reflejada por los asteroides proporciona indicios de sus composiciones superficiales.
El análisis de los espectros de absorción de cientos de asteroides ha permitido clasificarlos en diferentes
tipos atendiendo a diversos criterios, siendo los principales tipos “S”, “C”, “M”, “V” y “D”. Sin embargo,
distintos materiales pueden tener similares espectros de absorción que, a su vez, pueden estar afectados
por el estado de la superficie: si es porosa o compacta; si las rocas están más o menos fragmentadas; si
está cubierta de polvo; o si ha sufrido una larga exposición a las radiaciones solar y cósmica.76 Los
principales modelos de clasificación espectral son Tholen y SMASS.
Tipo espectral S
Los asteroides del tipo representan alrededor del 17 % de los asteroides conocidos y tienen un albedo
promedio de 0.14. Contienen metales en su composición y están formados fundamentalmente por silicio.
Abundan en la parte interna del Cinturón.
Tipo espectral C
Los asteroides del tipo C tienen un albedo menor que 0.04 y constituyen más de la mitad de los asteroides
conocidos. Son extremadamente oscuros y semejantes a meteoritos. Contienen rocas con un elevado
porcentaje de carbono.
Tipo espectral M
Los asteroides del tipo M son brillantes (albedos entre 0.10 y 0.18), ricos en metales (principalmente
níquel y hierro) y parecen proceder del núcleo de asteroides diferenciados.
Tipo espectral V
Estos asteroides, también llamados vestoides, son objetos astronómicos cuyo espectro es muy similar al
de Vesta, el más grande con diferencia. La mayoría tiene valores de excentricidad e inclinación de la
órbita parecidos a los de Vesta y un rango del semieje mayor entre 2.18 y 2.5 unidades astronómicas
(hueco de Kirkwood 3:1). Esto permite suponer un origen común tras un gran impacto sobre Vesta. Son
relativamente brillantes y en composición están equiparados a los asteroides del tipo S, pero contienen
más piroxeno. Están relacionados con los meteoritos HED.
Tipo espectral D
Los asteroides del tipo D tienen un albedo muy bajo (comprendido entre 0.02 y 0.05). Son muy rojos en
longitudes de onda largas, debido quizás a la presencia de materiales con gran cantidad de carbono. Son
muy raros en el cinturón principal y se les encuentra con mayor frecuencia en distancias superiores a
3.3 unidades astronómicas del Sol, donde su período orbital es del orden de la mitad del de Júpiter; es
decir, están en las proximidades de la resonancia 2:1.
Familias de asteroides
Las familias de asteroides son agrupaciones de asteroides que comparten similares valores de semieje
mayor, excentricidad e inclinación orbital. Generalmente, se nombran a partir del asteroide con menor
número que forma parte de la familia. Fueron definidas por primera vez en 1918 por Kiyotsugu
Hirayama77 quien identificó las cinco familias que aún se llaman familias de Hirayama: la familia de
Coronis, la familia de Eos, la familia de Temis, la familia de Flora y la familia de María.78
Se originan por las colisiones entre los asteroides. La edad media de las familias de asteroides es del
orden de mil millones de años.
Satélites asteroidales
Algunos asteroides del cinturón de asteroides poseen uno o más satélites que orbitan a su alrededor. Entre
los sistemas más conocidos se encuentran el formado por (243) Ida y su satélite Dactyl, así como (87)
Sylvia, acompañado por dos lunas, Rómulo y Remo.
Actualmente existen unos 4000 objetos catalogados como NEO, según «NeoDys» (Near Earth Objects -
Dynamic Site), un proyecto de la Universidad de Pisa que proporciona información actualizada de este
tipo de astros. Finalmente, si un NEA se aproxima a menos de 0.05 unidades astronómicas (siete millones
y medio de kilómetros) de la Tierra, se le denomina PHA (asteroide potencialmente peligroso, por sus
siglas en inglés). De ellos hay clasificados unos 800 en la actualidad y son los que representan un peligro
para la civilización si en verdad alguno llegara a chocar contra nuestro planeta, ya que afectaría de
manera global al mismo. Sin embargo, los cálculos de las trayectorias y de cada aproximación a la Tierra
tienen grandes incertidumbres, debido a que los elementos orbitales (semiejes mayor y menor, distancia
mínima al Sol, excentricidad, entre otros) no se conocen con total precisión, de manera que cualquier
predicción está sujeta a un margen de error considerable.
De hecho, el PHA que durante los pasados años ha representado el mayor peligro, denominado 1950 DA,
ya no se clasifica como tal y dejó recientemente de ser un PHA. Hasta hace poco se pensaba que existía
cierta posibilidad de que impactara contra nuestro planeta el año 2880; sin embargo, el refinamiento de
los elementos orbitales ha permitido que nos demos cuenta de que tal suceso no ocurrirá. Otros PHA
conocidos poseen probabilidades muy bajas de llegar a chocar con la Tierra. De hecho ninguno está por
encima del umbral de ruido (esto es, la posibilidad no es significativa). Lo que no quiere decir que en
cualquier momento un cálculo más preciso de la trayectoria de uno de ellos, lo cual requiere
observaciones precisas y continuadas, o el descubrimiento de un nuevo PHA, indique que el impacto
llegue a ocurrir. De ahí la importancia de los grandes proyectos que coordinen observaciones sistemáticas
del cielo y el mantenimiento de bases de datos actualizadas.
En España existe un centro dedicado casi exclusivamente a este tema que está ubicado en el Observatorio
Astronómico de La Sagra, situado en plena montaña (a una altitud de 1580 m) cerca de Puebla de Don
Fadrique, en la provincia de Granada, miembro de la asociación internacional Spaceguard Foundation.
Por otro lado, dependiendo de la distancia relativa entre la superficie de la Tierra y la roca espacial
(asteroide o comenta o meteoroide) tienen diferentes nombres. En la Figura se muestra que a los restos de
la roca que quedaron después de quemarse en la atmósfera y chocar con la superficie se llama meteorito.
Si la roca está en la atmósfera se llama meteoro o lluvia de estrellas o bólido cuando es muy brillante.
Exploración
Hasta la llegada de los viajes espaciales, los objetos del
cinturón de asteroides no eran más que simples puntos de luz,
incluso para los más grandes telescopios, y sus formas y
composición eran meramente especulativas. Los mejores
telescopios terrestres y el telescopio espacial Hubble, en
órbita terrestre, son capaces de resolver unos pocos detalles
de las superficies de los asteroides más grandes, pero aun en
este caso la mayoría de esos detalles solo son manchas
borrosas. Algo más de información sobre la composición y la
forma se consigue deducir de la curva de luz y de las
características espectrales. El tamaño del asteroide se puede
saber midiendo el tiempo que duran las ocultaciones estelares
—cuando un asteroide pasa delante de una estrella— y
calculando la distancia del asteroide a la Tierra. Las imágenes
de radar proporcionan excelentes datos de las formas y los
parámetros orbitales y rotacionales, especialmente de los
asteroides cercanos a la Tierra. En cuanto a los requisitos de
delta-v y propulsión, los NEO son cuerpos más accesibles que
la Luna.79
Rocas Espaciales
Asteroides visitados por sondas espaciales
Las primeras imágenes en primer plano de objetos similares a
los asteroides se tomaron en 1971 cuando la sonda espacial
Mariner 9 sacó fotografías de Fobos y Deimos, los dos
pequeños satélites de Marte, que son probablemente
asteroides capturados.80 Estas imágenes, al igual que las
obtenidas por las Voyager de los pequeños satélites de los
gigantes gaseosos, revelaron la forma irregular de estos
cuerpos. Imagen de radar del asteroide cercano a
la Tierra (308242) 2005 GO21 tomada el
17 de junio de 2012 por la Red del
Espacio Profundo en Goldstone.
El 13 de junio de 2010 la sonda Hayabusa trajo a la Tierra material del asteroide Itokawa, lo que permitió
establecer un vínculo entre los meteoritos condríticos y los asteroides de tipo S.81 Esta fue la primera vez
que una misión espacial traía a la Tierra materiales de un asteroide. Anteriormente, los meteoritos habían
sido la única fuente de muestras procedentes de los asteroides.
La sonda Dawn fue lanzada el 27 de septiembre de 2007 con destino Vesta y Ceres. Estuvo en órbita
alrededor de Vesta entre el 16 de julio de 2011 y el 5 de septiembre de 2012. En este periodo descubrió un
enorme cráter en el hemisferio sur cuyo pico central es una de las montañas conocidas más altas del
sistema solar. Tras abandonar Vesta, emprendió viaje a Ceres. El 6 de marzo de 2015 entró en órbita
alrededor del planeta enano. Está previsto que la misión primaria concluya en julio del mismo año.82
Una vez que la órbita se ha establecido con la suficiente precisión como para poder predecir su futura
trayectoria, se le asigna un número (no necesariamente el del orden en que fue descubierto) y, más tarde,
un nombre permanente elegido por el descubridor y aprobado por un comité de la Unión Astronómica
Internacional (International Astronomical Union, IAU). Inicialmente, todos los nombres con los que se
bautizaba a los asteroides eran de personajes femeninos de la mitología griega y romana pero pronto se
optó por formas más modernas. El primer asteroide que recibió un nombre no mitológico fue el
número 125 de la serie, Liberatrix (liberadora en latín) que le fue otorgado en honor a Juana de Arco,
aunque también se especula con que tal nombre es un homenaje al primer presidente de la República
Francesa, Adolphe Thiers. Por su parte, el primer nombre masculino, lo recibió el número 433, Eros. Hoy
en día, las denominaciones son mucho menos restringidas y van desde nombres de ciudades y países
como Barcelona (945), Hiroshima (2247), Austria (132), China (1125) y Uganda (1279) hasta nombres de
personas famosas como Zamenhof (1462) o Piazzia (1000) en honor a Piazzi, personajes de ficción como
Mr. Spock (2309) y otros conceptos como razas, géneros de animales y plantas, etc. Sin embargo se ha
acordado que hay ciertos nombres y temas que están prohibidos: por ejemplo el de militares, personajes o
lugares de la II Guerra Mundial ya que la referencia a los mismos puede ser molesta o incluso insultante
para los demás. Actualmente con la propuesta del nombre se acompaña una corta nota que informa a la
comunidad internacional del porqué de dicha denominación: p. ej. «Snoopy: nombre de un personaje de
ficción, concretamente un perro blanco de orejas colgantes, que acompaña a Charlie Brown y suele
reflexionar sobre el tejado de la caseta en la que vive».
Las efemérides de los asteroides se recogen anualmente en un volumen titulado Ephemerides of Minor
Planets, que publica el Institute of Theoretical Astronomy, Russian Academy of Sciences, Naberezhnaya
Kutuzova 10, 191187 San Petersburgo, Rusia.
Véase también
Lista de asteroides
Portal:Asteroides
Cuerpo menor del sistema solar
Estrategias de mitigación de asteroides
Minería de asteroides
Objeto próximo a la Tierra
Panspermia
Planeta menor
Anexo:Designaciones provisionales de los objetos astronómicos del sistema solar
Referencias
Notas
1. Traducción: «Herschel no ha creído conveniente que sean planetas o cometas, sino
asteroides, una clase de estrellas —un nombre ideado por mi hijo, el especialista en
Grecia.»
2. Esta resonancia indica que los hildas dan 3 vueltas alrededor del Sol por cada 2 de Júpiter.
3. Anteriormente conocido como (162173) 1999 JU3.84
4. Anteriormente conocido como (101955) 1999 RQ36.86
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Enlaces externos
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