Tania Jasmin Cuico de la cruz
Código: 22030010
El tema de la enfermedad y la sátira a los doctores en Caviedes
Uno de los ejes fundamentales de la poesía de Caviedes es la sátira contra los médicos y la
práctica médica de su tiempo. En la Lima virreinal del siglo XVII, el ejercicio de la medicina
estaba lleno de ambigüedades: había médicos titulados, curanderos, barberos y una
multiplicidad de prácticas empíricas muchas veces más dañinas que beneficiosas. Caviedes
convierte a los médicos en símbolos del engaño, la avaricia y la ignorancia, al punto de
representarlos como agentes de la muerte en lugar de la curación. En poemas como
“Coloquio que tuvo con la Muerte un médico moribundo” o “Fe de erratas”, el poeta se burla
del lenguaje técnico vacío, las recetas ineficaces y la soberbia de los doctores. Uno de los
versos más contundentes, “Por cada mes de vida te daré treinta y un muertos”, muestra a un
médico que negocia con la Muerte, revelando la ironía de que quienes deberían combatirla en
realidad la alimentan. La sátira médica en Caviedes no solo busca ridiculizar, sino advertir y
denunciar la connivencia entre saber, poder y lucro, convirtiendo al médico en una caricatura
moral y social de la Lima colonial.
2. Los tipos sociales en la poesía de Caviedes y sus defectos
Caviedes retrata con aguda ironía y desencanto a los personajes representativos de su
sociedad. Su poesía despliega un catálogo de tipos sociales: médicos ineptos, abogados
corruptos, nobles presuntuosos, clérigos hipócritas, beatas falsas, damas vanidosas, criados
habladores, viejas ridículas y comerciantes usureros. Estos personajes son presentados en
situaciones grotescas que resaltan sus vicios: codicia, hipocresía, ignorancia, lujuria, vanidad
o soberbia. Por ejemplo, en “A un usurero que al morir se hizo fraile”, critica a quienes
simulan religiosidad para expiar pecados tardíamente. También denuncia la falsa devoción y
el fariseísmo. Caviedes no construye personajes individuales, sino arquetipos sociales que
funcionan como máscaras que representan el orden colonial decadente, regido por la
apariencia y la corrupción. Esto responde a una intención crítica: el poeta busca exhibir los
males estructurales de su entorno —un sistema injusto, excluyente y moralmente doble—
valiéndose del humor ácido, la exageración barroca y el retrato caricaturesco.
3. El tema de la muerte
La muerte en Caviedes tiene una doble dimensión: es tanto un destino inevitable como una
figura activa que irrumpe en la vida cotidiana. Aparece como castigo, como compañera,
como desenlace irónico, pero también como símbolo del desengaño. En poemas como “A mi
muerte próxima”, el autor no teme al final, sino a la indignidad de una vida enferma o
envilecida por la sociedad. En otros textos, como el ya mencionado “Coloquio con la
Muerte”, la muerte asume un rol dialógico, donde responde con ingenio al médico que busca
evitar su destino, burlándose de sus ruegos con un humor negro propio del barroco. En este
sentido, la muerte en Caviedes no es sólo final biológico, sino crítica del poder humano:
nadie escapa a ella, ni el sabio ni el ignorante, ni el rico ni el pobre. Esto revela una visión
profundamente igualitaria, en la que la muerte desenmascara la vanidad social. Además, la
enfermedad, la podredumbre del cuerpo, la fugacidad del placer, todo se entrelaza en una
poética de la descomposición que recuerda a Quevedo, pero con un tono aún más mordaz y
directo.
4. La representación de la mujer: fealdad, belleza, virtud, vicio y amor
La imagen de la mujer en Caviedes oscila entre la sátira grotesca y la crítica moral. En
muchos poemas, las mujeres son retratadas como vanidosas, feas, promiscuas o interesadas.
Aparecen mujeres que intentan ocultar su edad o su deformidad con maquillaje, mujeres
lujuriosas o que fingen devoción. Un ejemplo, donde critica a una mujer que se obsesiona por
la blancura del rostro. En estos retratos domina un tono burlesco, que en ocasiones raya en la
misoginia, pero que también puede leerse como parte del estilo satírico general del autor: los
defectos que critica en las mujeres también los critica en hombres. Sin embargo, hay
excepciones. En algunos versos, se advierte una visión más compleja: puede reconocer la
virtud o la belleza con admiración. El amor, cuando aparece, es tratado casi siempre desde la
óptica del desencanto o la decepción. No hay idealización, como en Garcilaso o Góngora,
sino ironía, burla o resignación. En Caviedes, el amor es un campo más donde se evidencia el
engaño, la apariencia y la descomposición del cuerpo.
5. ¿Es la poesía de Caviedes didáctica y moralizante?
Sí, aunque no lo sea en el sentido tradicional y solemne de la poesía moralizante del Siglo de
Oro. La poesía de Caviedes busca enseñar, pero a través de la risa, la exageración y la burla.
Sus versos no proponen modelos edificantes de virtud, sino que muestran los vicios y males
de la sociedad colonial para que el lector los reconozca y, eventualmente, los rechace. Como
un Quevedo limeño, Caviedes moraliza desde el escarnio. Su poesía es profundamente ética,
pues detrás de cada burla hay una crítica seria al poder, al saber corrompido, a la hipocresía y
a la vanidad. Es una poesía al servicio del desengaño: enseña que la ciencia sin conciencia es
peligrosa, que la fe sin humildad es farsa, que el cuerpo es corruptible, que la vida es breve, y
que toda pompa social es una máscara. Incluso en su tono popular y vulgar, hay una función
pedagógica: el lector debe “ver el mundo como es” y no como se lo presentan las apariencias.