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Acatzingo de la Piedra: Historia y Tradiciones

El documento presenta un análisis sobre Acatzingo de la Piedra, un pueblo con rica historia y tradiciones, ubicado en el Estado de México. Se exploran sus orígenes, asentamientos prehispánicos, costumbres, y la importancia de la fiesta patronal, así como leyendas como la de la Cama de Moctezuma. A través de entrevistas y fuentes escritas, se destaca la influencia cultural y la vida cotidiana de sus habitantes.

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Acatzingo de la Piedra: Historia y Tradiciones

El documento presenta un análisis sobre Acatzingo de la Piedra, un pueblo con rica historia y tradiciones, ubicado en el Estado de México. Se exploran sus orígenes, asentamientos prehispánicos, costumbres, y la importancia de la fiesta patronal, así como leyendas como la de la Cama de Moctezuma. A través de entrevistas y fuentes escritas, se destaca la influencia cultural y la vida cotidiana de sus habitantes.

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Mis raíces, mi

pueblo.
(ACATZINGO DE LA PIEDRA)

Yazmin Guadalupe Velasco Cruz


Pedagogía
7º cuatrimestre
En el presente trabajo les hablaré sobre un pueblo llamado
“Acatzingo” una palabra proveniente Del náhuatl qué significa
lugar de la piedra este nombre se complementa con el
apellido de don “Epigmenio” de la piedra en honor a este se le
puso, así como este dato encontraremos más y muy
interesantes datos Pues no solo les hablaremos del origen de
este majestuoso lugar
Cómo sus costumbres su gente y todas las maravillas que
tiene este pueblo Por medio de entrevistas Internet Y Algunos
libros Logramos encontrar mucha información Valiosa
En el siglo XIII ubicado en el valle del río “taxhimay” Se
registraron distintas Asentamientos entre ellos el que llevaba
Tenancingo Proveniente del náhuatl Proveniente del náhuatl
“Tenantzinco” Qué significa “Lugar fortificado o en
amurallado”. También hablaremos sobre las maravillas que
hay en el pueblo como la malinche La cama de Moctezuma y
las cascadas también sobre la Cruz que hay en el cerro del
pueblo
La localidad de Acatzingo (Acatzingo de la Piedra)
pertenece al Municipio de Tenancingo (Estado de Estado
de México). Hay 2,275 habitantes y está a 2,157 metros de
altura.
Lo puedes encontrar a 4.2 kilómetros, en dirección Norte, de
la localidad de Tenancingo de Degollado, la cual tiene la
mayor población dentro del municipio. Para disfutar del
emplazamiento de Acatzingo (Acatzingo de la Piedra) a través
de imágenes de satélite, en la parte inferior de nuestra página
web tienes un mapa interactivo para saber dónde es.
Fue cuna de los primeros pobladores del antiguo Tenancingo,
las primeras familias que poblaron el lugar de los antiguos
mexicas fueron las de Mana Bustos, Salvador García y
Norberto Velasco.
Se tienen registros de diversos asentamientos humanos a lo
largo del territorio de Tenancingo, los cuales corresponden a
las tres grandes periodizaciones del México Prehispánico
(preclásico, clásico y el posclásico). Los más conocidos son los
asentamientos ubicados en la comunidad de Acatzingo(al sur
del municipio) y conciernen al periodo posclásico.
En la zona habitó el señorío de Tenantzinco, los recientes
estudios arqueológicos descubrieron influencia matlatzinca
que data del año 900 D.C., el pueblo fue resplandeciente, sin
embargo, sucumbió, aproximadamente en el año de 1476
D.C., junto con otros señoríos de la región, ante las campañas
militares emprendidas por la triple alianza (conformada por
Tenochtitlan, Tlacopan y Texcoco); las consecuencias de la
derrota bélica ante la poderosa coalición fueron el hacer
pagos tributarios en productos y mano de obra necesarios
para el funcionamiento del imperio mexica y por su puesto la
influencia nahua del imperio sobre el pueblo tenanzinca.
A partir de evidencias arqueológicas y etnohistóricas se sabe
que, a finales del siglo XVI, la cabecera prehispánica
Tenancingo fue reubicada a seis kilómetros al noroeste del
asentamiento original, localizado en el cerro La Malinche, que
da su nombre al sitio arqueológico.
En la región, donde se estableció el señorío, se encuentra un
petrograbado dedicado a la diosa Matlacueye, la comunidad,
en el pasado reciente, la bautizó como “malinche”; la
construcción, justamente, ocurrió durante la expansión de la
Triple Alianza
El petrograbado representativo del sitio es conocido como La
Malinche, aunque en realidad se trata de la deidad acuática
Chalchiuhtlicue, más una fecha calendárica relacionada con
sucesos trascendentes sobre el mito de la peregrinación
mexica: ce tochtli (uno conejo) denota la partida de
Chicomóztoc, y ome acatl (dos cañas) es el año en que los
mexicas abandonaron Coatepec (Valle, 2012). Las
dimensiones de la pieza son 1.90 de alto y 1.70 m de largo. El
panel muestra a la diosa sentada con un yelmo en forma de
cabeza de serpiente, con las fauces abiertas, y un tocado
compuesto de plumas de quetzal conocido como
tlaquechpanyotl. En la nuca tiene un moño de papel plisado,
elemento característico de Tláloc, pero que puede ser
atribuido a las deidades acuáticas en general (Hayden, 1983:
141); además, tiene orejeras y un collar de jade o
chalchiuhcozcatl. Viste quesquemitl y un enredo o falda, y a la
altura del codo y la rodilla tiene una bolsa de copal.
Otro elemento representativo es La cama de Moctezuma,
localizada sobre una superficie estrecha y de difícil acceso. Es
un ejemplo de arquitectura monolítica, aunque está
inconclusa; la roca, de 10 m de altura y 4 m de base, fue
cortada y completamente alisada en la parte superior. Tiene
cinco cuerpos escalonados y en talud. Se observan las huellas
del proceso de trabajo en los muros que delimitan un espacio
rectangular de 1.43 por 2.28 m. Esta edificación es distintiva
de los mexicas del Altiplano central. Los hallazgos permiten
saber que Tenancingo fue una entidad política rural que se
integró de forma pacífica al imperio mexica, lo cual le permitió
conservar a sus gobernantes, así como los cultos
característicos de su población, dedicada fundamentalmente
a la agricultura
También hablaremos un poco de las tradiciones que hay en
este pueblo la más importante de todas es la fiesta patronal
que se celebra cada 3, 4 y 5 de mayo
La cual es la fiesta más grande de todas sus celebraciones a
lo largo de un año se recolecta dinero para sustentar los
gastos de esta increíble celebración desde un arco de flores
en la estrada del pueblo hasta la decoración de la iglesia
música, fuegos pirotécnicos y todo tipo de entretenimiento
Cada año se hace esta celebración iniciando con una misa
religiosa y terminado con la quema de un castillo repleto de
fuegos pirotécnicos
Algunas otras tradiciones es subir a lo más alto del cerro por
una cruz qué hay ahí, realmente no conozco el motivo del
porqué está ahí. Algunas personas cuentan que es para
protegernos, pero son solo rumores
Al bajarla a la iglesia del pueblo, la pintan y le dan
mantenimiento para que al día siguiente se vuelva a subir
esto pasa únicamente cada 29 de septiembre en la cima del
cerro se les da de comer a todas aquellas personas que
decidieron acompañar en todo el recorrido
No olvidemos las costumbres, cada día las señoras de este
pueblo se levantan mis temprano para preparar la masa de
sus tortillas ya que están acostumbras a realizarlas ellas
mismas
También existen personas que tienen lo que llamamos
"huertas" estas son sembradíos de distintos tipos de cultivo
como el chayote, chilacayote, calabazas, aguacate, etc.
En este pueblo no alcanza a el agua potable por lo que los
pobladores decidieron poner tomas de agua y realizar tanques
en donde la gente puedo abastecerse de agua potable

LA LEYENDA DE LA CAMA DE MOCTEZUMA.


En el año Ome-Ácatl correspondiente al reinado de
Moctezuma II (Año 1507), los aztecas se preparaban para
efectuar el rito más importante de todos: La Ceremonia del
Fuego Nuevo. Para ellos, cada 52 años, en el Ome-Ácatl, podía
ocurrir que los dioses decidieran acabar con el mundo e iniciar
otra era, castigando el mal proceder de los humanos. Por eso
se realizaban sacrificios, para pedir misericordia y lograr que
el mundo siguiera existiendo por otros 52 años.
Para asegurarse el agrado de los dioses, las víctimas de los
sacrificios, a las que se les extirpaba el corazón para ofrecerlo
todavía palpitante hacia el cielo, debían ser guerreros
capturados en las “Guerras Floridas”. La sede de este
acontecimiento era el Huizachtépetl de Iztapalapa, cerca de la
Gran Tenochtitlan, pero la ceremonia del Fuego Nuevo
también era realizada en los más importantes centros
ceremoniales de todo el imperio azteca. Tenantzinco, ciudad-
fortaleza ubicada en la cima del Tetépetl, era uno de ellos.
Como parte de los preparativos para la ceremonia del Fuego
Nuevo, en Tenantzinco se mandó labrar la efigie del dios
Quetzalcóatl, con las fechas Ce-Tochtli y Ome-Ácatl en su
costado izquierdo, como se hizo también en otros lugares, por
ejemplo, en la Gran Tenochtitlan, donde el Emperador
Moctezuma mandó construir el “Teocalli de la Guerra
Sagrada”, con los mismos elementos religiosos.
Cerca de Tenantzinco se ubicaba el señorío Tzompahoacano,
el cual no había caído aún en poder de los aztecas. En una de
las incursiones bélicas que éstos realizaron allí, lograron
capturar a un príncipe guerrero y lo llevaron al Tetépetl para
prepararlo. Él sería el noble sacrificado en cuyo pecho,
después de extirparle el corazón, se encendería el Fuego
Nuevo.
Para llevarle alimento y atender todas sus necesidades se
designó a una doncella Tenantzinca, noble, educada y muy
hermosa, la cual realizaba estas tareas de buen grado, ya que
el príncipe tzompahoacano también era agradable y atractivo.
Inevitablemente, durante los pocos meses que duró el
cautiverio del guerrero ambos se enamoraron, a pesar de que
sabían que su amor era imposible, no solamente por el hecho
de que el príncipe estaba destinado al sacrificio, sino porque
el Emperador Moctezuma ya había puesto los ojos en la
doncella.
Moctezuma visitaba Tenantzinco tanto por razones de
estrategia militar, como para descansar cuando iba de camino
a las termas de Ixtapan o al pueblo sagrado de Ixcateopan. En
una de sus estancias en la fortaleza, conoció a la doncella, de
nombre Aquetzalli. Inmediatamente quedó prendado de ella y
ordenó que la prepararan, porque en su siguiente visita él la
tomaría como su concubina. Mientras tanto debería seguir
cumpliendo con sus tareas en el centro ceremonial donde
estaban los prisioneros.
Cuando ya se acercaba el día en que las Pléyades se ubicarían
en el cenit del firmamento nocturno, indicando que era el
momento de iniciar el sacrificio del Fuego Nuevo, Moctezuma
llegó a Tenantzinco y pidió que le llevaran a la doncella. En
otras circunstancias, Aquetzalli habría aceptado jubilosa su
destino, pero ahora que estaba enamorada del prisionero, se
resistió a ser llevada a la presencia del emperador, y tuvo que
ser obligada a vestirse con las ropas nupciales y a adornarse y
perfumarse con las esencias sagradas, para pasar la noche
con su rey. Moctezuma estuvo advertido de ello, y aunque su
primera reacción fue montar en cólera, el agrado que sentía
por la joven era tal, que decidió pasar la noche con ella y
convencerla.
Para colocar el majestuoso lecho nupcial se designó la atalaya
principal de la fortaleza, una gran roca desde la que se
dominaba todo el valle, hasta los mismos límites del imperio.
Ahí, Moctezuma recibió a Aquetzalli y ordenó que todos se
retiraran. Entonces le habló a la doncella.
“Mi querida niña –le dijo- lamento que mi preferencia por ti no
sea de tu agrado, pero soy el emperador por designios divinos
y debes considerar esto como un honor. Estoy en posición de
obligarte a aceptar mi voluntad y así lo haré si es preciso,
pero quiero darte la oportunidad de que aquilates el gran
honor al que has sido destinada. Hoy deberás pasar la noche
aquí, desde donde podrás apreciar parte de la magnificencia
de mi reino, y considerar el número, incontable como las
estrellas que ahora nos cobijan, de los súbditos que aquí viven
y que te servirán si tú aceptas desposarte conmigo”.
Aquetzalli lo escuchó sumisa, con la cabeza baja. Cuando
Moctezuma terminó de hablar, ella se atrevió a suplicarle:
“Mi Señor, los dioses saben que me siento muy honrada con
los sentimientos que despierto en tu alma, pero tú conoces y
has sentido la fuerza del amor verdadero, ése para el que no
existen precauciones ni prejuicio; el mismo que te hace
desear una entrega sin restriccioness. Ese amor es el que
siento hoy por tu noble prisionero. Así es que apelo a tu
bondad, oh, emperador magnánimo, y te pido humildemente
que decretes su libertad y nos permitas ser felices en tu
reino.”
Moctezuma contestó:
“No sería un buen gobernante si no procurara el bien de mi
pueblo. El Fuego Nuevo deberá celebrarse conforme a lo
planeado, y te pido que renuncies al amor de ese joven, quien
por lo demás habrá de morir de la manera más honrosa que
puede haber para un guerrero.”
Aquetzalli replicó:
“Entonces, Mi Señor, respétame esta noche y permite que yo
sea sacrificada junto con él.”
Moctezuma, acongojado, guardó silencio. Convencido de la
fuerza y sinceridad con que el amor se había apoderado de
aquellos dos jóvenes corazones, decidió no tomar a la
doncella. Entonces le dijo:
“No puede sacrificarse en la Piedra Sagrada a quien no ha
sido preparado para ello. Y no puedo devolverte a tu casa,
porque mi honra está en juego. Así pues, si estás decidida a
sacrificarte por amor, deberás morir hoy mismo y si es
voluntad de los dioses que ustedes se reúnan para ser felices
en el otro mundo, ellos habrán de acogerte. Llamaré al
sacerdote y en presencia de él habrás de ofrendarte,
lanzándote al vacío desde esta roca que debió haber sido
sagrado tálamo para nuestro amor.”
Aquetzalli lo miró agradecida y respondió:
“Estoy dispuesta, Señor.”
Al llegar el sacerdote, éste invocó a los dioses y después de
una breve ceremonia, le dijo a Aquetzalli que cumpliera con su
decisión. Ella se dirigió al borde de la atalaya y, cerrando los
ojos y abriendo los brazos, se dejó caer hacia las negras
fauces del precipicio.
Pero no cayó. Ni un ruido emitió su cuerpo al chocar con las
rocas, ni hubo sonidos de ramas resquebrajadas. En lugar de
ello, de la obscuridad surgió una enorme águila, que remontó
el vuelo frente a Moctezuma y el sacerdote. Realizó sobre
ellos un vuelo en círculos, como despidiéndose, y se perdió en
la noche.
Al otro día buscaron el cuerpo de la doncella, aunque sabían
que no lo encontrarían. Moctezuma, triste, regresó a la Gran
Tenochtitlan y, días después, se llevó a cabo la Ceremonia del
Fuego Nuevo. Cuando el príncipe tzompahoacano fue llevado
a la piedra de los sacrificios, el águila comenzó a volar dando
círculos sobre ella. El sacerdote descargó sobre el pecho del
joven el cuchillo de pedernal, y con movimientos rápidos y
precisos, extirpó el corazón ofrendándolo a los dioses. En el
momento en que se encendía el Fuego Nuevo en el pecho del
sacrificado, una centella golpeó la gran atalaya, y la brillantez
del relámpago encegueció a todos los que presenciaban la
ceremonia. Cuando recobraron la vista, el cuerpo del joven
había desaparecido, pero el Fuego brillaba intenso en el
centro de la Piedra de Sacrificios, como símbolo de la
reconciliación de los dioses con los hombres, por otros 52
años más.
En la atalaya principal, que hoy conocemos como “Cama de
Moctezuma”, el golpe de la centella desprendió una parte de
la roca. Por eso ésta tiene la forma de un águila, que 500 años
después nos recuerda la fuerza del amor de estos dos
jóvenes, que consumaron su idilio en el más allá, con la
benevolencia del Emperador Moctezuma.
Chalchiuhtlicue conocida como «La de la falda de jade» era
una diosa azteca y mexica del amor, la belleza, la juventud,
los lagos, los ríos, los mares, los riachuelos, las aguas
horizontales, las tormentas y el bautismo.
El nombre de Chalchiuhtlicue significa «La que usa una falda
de jade». También era conocida como Matlalcueye, «La que
viste falda verde». Esta diosa era la esposa (en ciertos mitos,
hermana) del dios de la lluvia, Tlaloc.
Como otras deidades del agua, de manera frecuente se la
asociaba con víboras. Ella era la madre de Tecciztecatl, un
dios lunar azteca. Fue llamado «el que viene de la tierra de la
concha de babosa de mar» por la semejanza entre la luna y la
babosa. Tecciztecatl fue retratado como un anciano que lleva
una enorme concha blanca en la espalda.
Para los aztecas, Chalchiuhtlicue era la diosa del agua que
encarnaba la belleza y el ardor de la juventud. Se la
representaba como un río del que crecía un nopal cargado de
frutos, simbolizando el corazón humano.
En el mito azteca de la creación de los Cinco Soles,
Chalchiuhtlicue presidía el cuarto sol, o creación, en su
aspecto de diosa de los riachuelos y el agua atascada. Este
planeta, en la mitología, el mundo precedente al actual
(quinto), fue destruido por una enorme inundación y su gente
se transformó en peces.
Chalchiuhtlicue simbolizaba la pureza y belleza del agua de
manantial, río y lago que se empleaba para regar los
campos. Como diosa de la fecundidad, representa el ideal
azteca de la juventud fértil.
Lo más habitual del disfraz de la diosa del agua es el distintivo
tocado que consta de múltiples bandas gruesas,
probablemente de algodón, enrolladas cerca de la cabeza y
bordeadas arriba y abajo por filas de bolas y dos grandes
borlas unidas a los lados de la cabeza.
La diosa del agua estaba estrechamente relacionada con la
diosa azteca del maíz, Chicomecóatl, a quien con frecuencia
asimismo se la muestra con este tocado, mientras sostiene
mazorcas de maíz en sus manos.
Chalchiuhtlicue no solo era apreciada por su vinculación con la
fertilidad y las aguas, sino también por su papel protector. Se
creía que cuidaba de los navegantes y pescadores y ofrecía su
protección durante las inundaciones. En los mitos aztecas, se
dice que Chalchiuhtlicue fue la deidad que presidió el Cuarto
Sol, una era que terminó en un gran diluvio que transformó a
la humanidad en peces.
Sus ceremonias eran de gran importancia para el pueblo
azteca. Durante el mes tecuilhuitontli, se llevaba a cabo una
festividad en su honor en la que se le ofrecían sacrificios y
danzas rituales, con el fin de apaciguarla y garantizar la
llegada de las lluvias beneficiosas.
La relación de Chalchiuhtlicue con el agua no solo simbolizaba
fertilidad y crecimiento, sino también el ciclo constante de la
vida y la muerte, siendo las aguas tanto un lugar de origen
como de finalización.
Los aztecas tenían una profunda reverencia por
Chalchiuhtlicue, y el sacrificio era una parte esencial de sus
rituales religiosos. Sin embargo, estos sacrificios no eran actos
de crueldad sin sentido, sino que se realizaban con un
propósito ceremonial y espiritual.
Además de los sacrificios en las cimas de las montañas, se
creía que las ofrendas de objetos preciosos, como jade y
turquesa, arrojadas a fuentes de agua sagrada, como
manantiales y lagos, podían ganar el favor de la diosa. Estas
ofrendas eran gestos para apaciguarla y asegurar que las
aguas siguieran fluyendo y las lluvias fueran benéficas.
Las ceremonias en honor a Chalchiuhtlicue también incluían
danzas y cantos específicos. Los sacerdotes y los participantes
se vestían con vestimentas acuáticas y se pintaban el cuerpo
con símbolos relacionados con el agua, reflejando su deseo de
conectarse con la esencia de la diosa.
La música, compuesta por tambores, caracoles y otros
instrumentos, resonaba con ritmos que imitaban el flujo
del agua, creando así un ambiente místico en el que los
devotos podían sentir la presencia de la diosa y rendirle
homenaje.
Aparte de estos sacrificios rituales, las ceremonias también
incluían procesiones elaboradas que se realizaban en torno a
cuerpos de agua, como ríos y lagos, para honrar a la diosa del
agua. Los sacerdotes, vestidos con ropajes que evocaban la
naturaleza líquida y las propiedades purificadoras de
Chalchiuhtlicue, llevaban consigo imágenes sagradas y
estandartes durante estos desfiles. Las oraciones y cantos
eran una parte fundamental, y a menudo se recitaban
plegarias especiales dirigidas a la diosa, solicitando su
protección y bendiciones.
Las ofrendas, que variaban desde comida hasta objetos
preciosos, eran depositadas en estos cuerpos de agua. Se
creía que, al hacerlo, los aztecas garantizaban la purificación
de sus almas y aseguraban la continuidad del ciclo de vida
que Chalchiuhtlicue representaba.
Además, los aztecas también realizaban danzas ceremoniales
específicas en honor a la diosa. Estas danzas, acompañadas
de músicos que tocaban instrumentos tradicionales, buscaban
imitar el flujo y el movimiento del agua, reconociendo así su
importancia vital en la cosmovisión azteca. Estos rituales y
celebraciones reflejaban la profunda conexión que el pueblo
azteca tenía con el mundo natural y las deidades que creían
que lo gobernaban.
El símbolo de Chalchiuhtlicue es el símbolo del jade, propio de
Chalchiuhtlicue como “ el de la falda de jade ”, y el símbolo
también está tejido a lo largo de la falda de la figura. Otras
esculturas de esta deidad llevan chalchiuhcózatl, tres sartas
de cuentas de jade, alrededor del cuello.
El jade tenía un significado especial para las civilizaciones
mesoamericanas, asociado con el agua, la fertilidad y la vida.
No es coincidencia que Chalchiuhtlicue, la diosa del agua,
estuviera tan íntimamente vinculada con este material. Su
color verde azulado evoca los tonos de las aguas sagradas,
mientras que su brillo recuerda la chispa de la vida misma.
Además del jade, en algunas representaciones de
Chalchiuhtlicue, ella es mostrada sosteniendo pequeños jarros
de agua o estando rodeada por serpientes acuáticas, símbolos
que reafirman su dominio sobre las aguas y su capacidad de
otorgar vida y renovación.
Estos símbolos, junto con los adornos de jade, no solo sirven
para identificarla fácilmente en el arte azteca, sino que
también refuerzan su importancia dentro de la cosmovisión de
este pueblo y su profunda conexión con los elementos vitales
de la naturaleza.
¿Por qué era tan importante la diosa del agua para los
mexicas y aztecas?
Como diosa del agua, era vital para todos los aspectos de la
vida. Sin ella, tanto los cultivos como los humanos morirían de
sed. Esto la convirtió en una importante diosa de la
fertilidad. Esto se reflejó en su personalidad afable y
compasión cara las madres y los bebés.
Sin embargo, a pesar de su naturaleza cariñosa,
Chalchiuhtlicue podría ser peligrosa. Aunque no era maliciosa,
Chalchiuhtlicue tenía el poder de destruir el planeta
entero. Ella hizo precisamente eso durante su breve reinado
como el cuarto sol del mundo.
A veces se afirmaba que era la esposa de Tlaloc, el dios de la
lluvia. Sin embargo, a diferencia de él, estaba asociada con
el agua subterránea en sitio de la lluvia.
Juntos, los dos gobernaron la tierra de Tlalocan. Descrito como
un paraíso, era una tierra rica y fértil donde los que morían
ahogados o por enfermedades transmitidas por el agua
pasaban el más allí.
¿Cómo era su personalidad?
halchiuhtlicue era una diosa benevolente y naturalmente
cariñosa. Mostró un enorme amor por su pueblo e hizo la
tierra fértil y rica para su beneficio.
Tezcatlipoca, sin embargo, había estado receloso de todos y
cada uno de los dioses que habían sido el sol desde su
tiempo. Incapaz de despertar en Chalchiuhtlicue la misma ira
que se había apoderado de los otros dioses del sol, usó su
corazón blando contra ella.
Tezcatlipoca se burló de la bondad de Chalchiuhtlicue. Afirmó
que ella solo estaba fingiendo el amor que sentía por su gente
y que en secreto era afable solo a fin de que la adoraran.
Chalchiuhtlicue era una diosa sensible y esta acusación la
hirió mucho. Empezó a plañir y, siendo una diosa del agua, no
podía parar.
La diosa del sol lloró durante cincuenta y dos años. Según
algunas leyendas, sus lágrimas afloraron con tanta fuerza que
se transformaron en sangre. El mundo se ahogó en su diluvio
de lágrimas. Las personas de la cuarta edad se convirtieron en
peces para subsistir.
Una historia legendaria afirmaba que la inundación fue tan
severa que los cielos se
derrumbaron. Tezcatlipoca y Quetzalcóatl debieron
convertirse en árboles gigantes para mantenerlos hasta el
momento en que la inundación de Chalchiuhtlicue
retrocediera.

Esta mujer pasó a la historia como la mano derecha del


gobernador, ayudando al ejército español a controlar el
territorio que manejaban los aztecas. Aunque ni siquiera se
sabe su verdadero nombre, se la bautizó como Marina,
'Malina' para los indígenas que no pronunciaban bien la letra
'r'. Cuando comenzó a formar parte de la diplomacia se
referían a ella como 'tzin' (doña), lo que derivó en 'Malin-tzin',
en nuestro idioma 'Malinche'. Este juego de palabras dio
nombre a esta brava mujer que, a día de hoy, es interpretada
por los mexicanos de maneras distintas: como traidora,
como víctima del choque cultural o como madre de la
cultura mestiza que surgió en el momento de la conquista
La amante olvidada
Como tantas mujeres, La Malinche no es lo suficientemente
recordada en los documentos históricos, a pesar de su
intrínseca labor en la conquista de México. Hija de señores y
caciques poderosos, nació alrededor del año 1500 en
territorio fronterizo.
Cuando el ejército español llegó a tierras aztecas en 1519 y se
enfrentó a los mayas de Tabasco, el gobernante del lugar le
hizo un presente a Hernán Cortés como símbolo de
paz: veinte esclavas indígenas, entre ellas, Malintzi. Pronto
se dieron cuenta del gran valor que poseía esa mujer por
su bilingüismo: hablaba idioma náhuatl y maya, cosa que
ayudaría a los españoles a adentrarse y comunicarse de
manera fluida con los habitantes del territorio a conquistar.
Aunque en primer lugar fue entregada a Alonso Hernández
Portocarrero, capitán de expedición, en cuanto Hernán
Cortés se dio cuenta de su gran valor la convirtió en
su traductora y amante, teniendo ella apenas 15 años.
Malintzin pasó entonces a ser tratada por el ejército español
como 'doña Marina'.
Aunque en primer lugar fue entregada a Alonso Hernández
Portocarrero, capitán de expedición, en cuanto Hernán
Cortés se dio cuenta de su gran valor la convirtió en
su traductora y amante, teniendo ella apenas 15 años.
Malintzin pasó entonces a ser tratada por el ejército español
como 'doña Marina'.
Malintzin era inteligente: pronto aprendió español, y sobre ella
recayó toda la responsabilidad de traducir e interpretar lo
que en su momento eran dos mundos y dos
culturas completamente diferentes. A pesar de los pocos
escritos que existen sobre ella, la joven alcanzó una alta
posición entre los conquistadores, ya que se convirtió en un
elemento clave para el entendimiento entre culturas. El
cronista Díez del Castillo relataba: "doña Marina tenía mucho
ser y mandaba absolutamente entre los indios en toda la
Nueva España. Sin doña Marina no podríamos entender la
lengua de Nueva España y México. Era una mujer
tremendamente entrometida y desenvuelta".
Su gran capacidad de oratoria y persuasión, describen los
historiadores, generó en Hernán Cortés un sentimiento de
confianza, tanta que la dejó actuar en su libre albedrío tras
darle las instrucciones necesarias para conseguir su objetivo.
Así pasó a ser la gran ayuda para la ocupación, llegando a
ganarse el respeto de los conquistadores.
Leal a las tropas españolas
Doña Marina no se separaba ni un segundo de Hernán Cortés,
y siempre aparece representada a su lado en las pinturas de
la época. La mujer era el hilo conductor esencial entre
ambas culturas, y los caciques volcaban en ella todas sus
quejas y peticiones.
Se probó así su lealtad a los españoles en la emboscada
de Cholula, en la que el mismo rey que mandó terminar con
la vida de su padre había trazado un plan para acabar con los
españoles antes de su llegada a Tenochtitlán: un ejército
de 20.000 hombres se ocultaba esperando generar
una masacre que eliminara rápidamente al ejército de
Cortés.
El desliz de la esposa de uno de los capitanes de Moctezuma,
que le contó el plan a Malintzin y le ofreció cobijo en su casa,
provocó el gran fracaso: la astuta mujer de Cortés fue a su
alcoba fingiendo recoger unas pertenencias, y le reveló todo
lo que estaba por suceder. El efecto mariposa que provocó
aquella esposa de un capitán azteca al revelarle el plan a
Malintzin fue la clave para el posterior triunfo de la
conquista de México.
Tras la conquista
Llegó el verano de 1521, y las tropas españolas ya habían
conquistado Tenochtitlán. Doña Marina y Hernán Cortés se
instalaron en un palacio al sur de la capital mexicana, dando a
luz a Martín, hijo de ambos. Malintzin continuó ejerciendo
su labor como traductora e intérprete del conquistador
español, y terminó siendo obligada por el mismo a casarse
con Juan Jaramillo, capitán y propietario de riquezas. Con él
tuvo a María, su segunda hija.
No se sabe exactamente cuándo ni cómo murió La Malinche,
aunque se estima que fue alrededor del año 1529 por una
fuerte epidemia de sarampión o viruela. Traidora o víctima,
creadora del mestizaje o destructora de su propia tierra, lo
que está claro es que, sin esta mujer, la conquista española
del Imperio Azteca no habría tenido lugar.

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