Alexia De Rada Salinas
No se fue
Ella siempre había sido su refugio, la calma en medio de su tormenta. Juntos
construyeron un amor estable, tan firme que creía que nada podría destruirlo. Pero
una mañana, al despertar, ella ya no estaba. Solo una carta en la mesa.
"Te amo más de lo que jamás podrías imaginar. Pero el amor no siempre se trata de
estar juntos. Esta es la última vez que te hago daño. Tal vez nunca lo entenderás, pero
algún día lo sabrás. Siempre estaré cerca."
Lentamente, leyó las palabras una y otra vez, sin comprender del todo. ¿Qué quería
decir con "siempre estaré cerca"? Miró alrededor, buscando una señal. Y entonces, en
la pared del pasillo, vio una fotografía que nunca antes había notado: ella, con una
sonrisa que ahora le parecía extraña, y un mensaje al pie de la foto: "El amor no se
mide por la distancia, sino por las huellas que deja."
Despertó de golpe. Un estremecimiento recorrió su cuerpo. Recordó la conversación
que tuvieron esa mañana, cuando ella le había dicho: "Hoy te haré un último regalo".
La carta, la foto, el mensaje...
Y entonces, el miedo lo invadió. Ella nunca se fue.
¿Por qué?
La mujer se miró en el agua oscura, sus cabellos serpenteaban como veneno, cayendo
en su propia desesperación. Cada mirada se convertía en piedra, cada suspiro en
tormenta. La diosa la había marcado, condenada a reflejar la rabia de un cielo roto.
“¿Por qué?”, gritó hacia el viento, su voz rasgando las nubes. “¿Por qué me diste esta
corona de veneno, este rostro que nunca volverá a ser belleza? ¿Por qué me arrastraste
al abismo de mis propios ojos?”
Un eco lejano respondió, sin piedad:
“Porque la belleza te traiciona, y te condena”
El silencio la aplastó.
EL SECTRETO
Cada día la veía desde lejos, disfrutando de su presencia sin atreverse a hablarle. Le
gustaba cómo se reía, cómo movía las manos al hablar, cómo sus ojos brillaban al
contar historias. Ella se enamoró en secreto, atesorando cada mirada furtiva, cada
cruce de caminos. Nunca se atrevió a acercarse; el miedo al rechazo la consumía.
Un día, él la vio. Sus ojos se encontraron, y ella sintió un escalofrío en su pecho.
Él sonrió, se acercó, y le dijo: “Lo siento, ¿nos conocemos?”
Ella, en shock, respondió sin poder creerlo: “Soy la novia de tu hermano.”