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Despedida emotiva de un colegio

El discurso expresa la profunda conexión emocional del orador con su colegio, describiendo momentos de alegría, amistad y crecimiento personal. Agradece a profesores, padres y compañeros por su apoyo y amor, destacando la importancia de esos lazos en su vida. Aunque se despide, enfatiza que este no es un adiós definitivo, sino un 'hasta pronto', reconociendo que siempre llevará consigo esos recuerdos y experiencias compartidas.
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Despedida emotiva de un colegio

El discurso expresa la profunda conexión emocional del orador con su colegio, describiendo momentos de alegría, amistad y crecimiento personal. Agradece a profesores, padres y compañeros por su apoyo y amor, destacando la importancia de esos lazos en su vida. Aunque se despide, enfatiza que este no es un adiós definitivo, sino un 'hasta pronto', reconociendo que siempre llevará consigo esos recuerdos y experiencias compartidas.
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Queridos profesores, queridos padres y amigos:

Hoy estoy aquí intentando hablar, pero siento que el corazón se me parte en pedacitos. Nunca
pensé que este día llegaría tan rápido… y ahora que llegó, no sé cómo se supone que uno dice
adiós a un lugar que se volvió su segundo hogar.

Porque este colegio no fue solo un lugar donde estudiamos: fue donde crecimos, donde
reímos hasta que nos doliera la panza, donde lloramos en silencio, donde hicimos amigos que
se sienten como hermanos. Aquí dejamos partes de nosotros en cada pasillo.

Hoy, mientras los miro, los recuerdos me golpean tan fuerte que me aprietan el pecho. No sé
si ustedes también lo sienten… pero yo lo siento todo junto. Recuerdo los recreos eternos, las
bromas que nos salvaban incluso en los peores días, las carreras en los pasillos, los trabajos en
grupo que eran puro caos pero que al final nos hacían sentir orgullosos. Recuerdo cuando
alguno estaba mal y sin decir nada sabíamos que había que abrazarlo; esas miradas antes de
un examen que decían: “bro, estamos juntos en esto”.

Pensar que ya no viviremos esto todos los días… duele. Duele como perder algo que
amábamos mucho. Si la vida tuviera un botón para volver atrás, lo apretaría sin pensarlo.

A los profesores: gracias. Gracias por la paciencia, por enseñarnos incluso cuando parecía que
no queríamos escuchar, por levantarnos cuando ya no dábamos más, por esos consejos que
recién ahora entendemos. Ustedes no fueron solo profesores; fueron parte de este hogar. Nos
vieron crecer, equivocarnos, aprender y madurar. Si hoy estamos aquí, es en parte gracias a
ustedes.

A nuestros padres y familias: gracias por estar en los días buenos y sobre todo en los malos,
por soportar nuestro estrés, por levantaros con palabras simples cuando más las
necesitábamos, por creer en nosotros incluso cuando nosotros no lo hacíamos. Este logro
también es suyo.

A mis hermanos: Pariona, Patrick y Pancho.


Pariona, contigo viví travesuras inolvidables; aunque un día te pidieron que me alejara, no
entendieron que tú ya eras parte de mi vida.
Patrick, gracias por tus palabras y consejos que me salvaron más veces de las que imaginas.
Pancho, gracias por tus risas y por alegrarme incluso en mis peores días.
Los tres ocupan un lugar tan grande en mi corazón que no podría borrarlos ni queriendo.

A mi salón, mi familia, mi 5to “A”: este grupo se volvió parte de mi vida de una forma que no
sé explicar. Dicen que cada salón tiene algo especial, pero lo nuestro fue otra cosa: fue más,
fue fuerte, fue real. A veces pienso qué hubiera pasado si hubiese llegado antes al colegio; si
hubiera tenido más tiempo con ustedes. Llegué tarde, pero me hicieron sentir como si hubiera
estado desde el primer día. Ustedes son mi gente, mi historia y ninguna ruta que tome borrará
lo que fuimos. Fuimos un grupo, luego una familia… y ahora somos un recuerdo que va a doler
bonito toda la vida.

Y también quiero decir algo importante: cada quinto fue único. Cada salón de esta promoción
brilló a su manera, dejó su huella y escribió su propia historia. Juntos creamos una generación
irrepetible.

Hoy nos toca despedirnos, pero no es el final; es el inicio de todo. Sé que da miedo, sé que
duele, sé que cuesta soltar lo que nos hizo felices. Pero dentro de cada uno hay algo enorme y
valioso que este colegio ayudó a despertar: la capacidad de soñar, de levantarnos, de avanzar y
construir nuestro propio camino. Vengan los retos que vengan, recordemos que ya superamos
exámenes, tristezas y tropiezos. Y aun así, aquí estamos: de pie, listos.

La vida no será fácil, pero nosotros tampoco somos débiles. Lo que vivimos aquí nos hizo
fuertes. Nos hizo familia. Nos hizo inolvidables.

Para terminar, no se olviden de lo que fuimos. No se olviden de este segundo hogar, de cómo
reíamos, de cómo nos apoyábamos y de cómo crecimos juntos. Aquí dejamos nuestra infancia,
nuestros sueños, nuestras lágrimas y abrazos que ya no volverán igual. Si la vida nos separa, si
algún día no nos vemos, quiero que sepan que siempre tendrán un lugar en mi corazón.

Esto no es un adiós. Es un “hasta pronto”, aunque duela y me quiebre la voz, aunque sienta
que algo de mí se queda aquí para siempre.

Gracias por ser mi hogar.


Gracias por ser mi familia.
Gracias por existir en mi vida.

Hasta pronto, familia.

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