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Casación por Femicidio en Mendoza

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SUPREMA CORTE DE JUSTICIA - SALA SEGUNDA

PODER JUDICIAL MENDOZA

CUIJ: 13-06920377-3/1((018601-710971))

F. Y QUER. C/ NAVIA FRANCO HUMBERTO NICOLÁS


(710971) P/ RECURSO [Link] CASACIÓN

*106166322*
En Mendoza, a los diecisiete días del mes de mayo del año dos mil
veintitrés, reunida la Sala Segunda de la Suprema Corte de Justicia en acuerdo
ordinario, tomó en consideración para dictar sentencia definitiva la causa n° 13-
06920377-3/1 caratulada “Fc/N. F., H. N. P/FEMICIDIO S/ CASACIÓN”.

De conformidad con lo determinado en audiencia de deliberación


quedó establecido el siguiente orden de votación de la causa por parte de los
señores Ministros del Tribunal: primero, DR. JOSÉ V. VALERIO, segundo DR.
MARIO D. ADARO y tercero DR. OMAR A. PALERMO.

La defensa de H. N. N. F. interpone recurso extraordinario de


casación contra la sentencia n° 2.149 pronunciada por el Primer Tribunal Penal
Colegiado de la Primera Circunscripción Judicial, por cuanto condenó al acusado
a la pena de prisión perpetua, luego de que el veredicto emitido por el jurado
popular constituido para el caso lo declarase culpable del delito de femicidio (arts.
80 inc. 11 del CP) que se le atribuyó en los autos n° P-710.971/19; la que unificó
con la pena impuesta por ese mismo tribunal en la sentencia n° 1.738 en los autos
n° P-740.194/19 y sus acumulados, imponiendo la pena única de prisión perpetua
(art. 58 del CP).

De conformidad con lo establecido por el artículo 160 de la


Constitución de la Provincia, esta Sala se plantea las siguientes cuestiones a
resolver:

PRIMERA: ¿Es procedente el recurso interpuesto?

SEGUNDA: En su caso, ¿qué solución corresponde?

SOBRE LA PRIMERA CUESTIÓN, EL DR. JOSÉ V. VALERIO, DIJO:

1.- La resolución recurrida


La decisión impugnada condenó a H. N. N. F. a raíz de que el
jurado popular constituido en autos, conforme a las previsiones de la ley 9.106, lo
encontró culpable del hecho que se le atribuyó.

Este suceso, según el alegato de apertura del Ministerio Público


Fiscal, fue el siguiente: «[e]l día 8 de mayo 8 de mayo de 2019, en el horario
comprendido entre las 02.00hs y las 04.00hs de la madrugada, H. N. N. F.
ingresó junto a M. G. V. al descampado ubicado entre las calles ….del
Departamento de Guaymallén, lugar donde N. agredió a G. V., quien se resistió
al ataque, sin perjuicio que aquél la golpeó con un elemento contundente en la
cabeza provocándole fractura de cráneo que ocasionó su muerte, luego de lo cual
N. utilizó un elemento punzo cortante para arrancar el rostro y parte del cuero
cabelludo de la víctima» (v. registro audiovisual, audiencia del día 13/06/22 de las
15:27 hs., min. 00:24:47/00:25:40).

Debe aclararse que las partes estipularon tener por probado: a) la


identidad de la víctima (M. G. V.); b) el informe psicológico del acusado (posee
capacidad psíquica para comprender la criminalidad del acto); c) la causa de
muerte (traumatismo encéfalo craneano); y, finalmente, d) fecha y lugar del
hecho.

La sentencia n° 2.149 y sus fundamentos dan cuenta de las


instrucciones iniciales impartidas al jurado, de las instrucciones finales que se le
proporcionaron una vez clausurado el debate, del veredicto unánime de
culpabilidad que éste emitió y de la individualización de la pena e imposición de
costas efectuada por el juez técnico.

2.- El recurso de casación interpuesto por la defensa

La defensa del acusado plantea su impugnación con base en las


previsiones del inc. d del art. 41 de la ley 9.106, por cuanto considera que la
sentencia condenatoria se deriva de un veredicto de culpabilidad del jurado
popular que se aparta manifiestamente de la prueba producida en el debate.

En forma preliminar, luego de exponer los antecedentes relevantes


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del caso y reseñar la prueba rendida por las partes, considera que el Ministerio
Público Fiscal no probó, más allá de toda duda razonable, la autoría del acusado
en el hecho del proceso.

Considera que el presente recurso tiene como fin, entre otros,


reafirmar la vigencia del instituto de jurados, al posibilitar la revisión integral del
veredicto y, así, lograr un estándar de doble instancia real y no meramente formal,
donde se reconozca que el sistema ha fallado en esta oportunidad, permitiendo la
restauración de la justicia.

Indica que las proposiciones fácticas sobre las que se asentó la


acusación fueron las siguientes: 1) que el hecho ocurrió el día 8 de mayo de 2.019,
en la madrugada, entre las 2:00 y las 4:00 hs, en el interior de un descampado en
calle ….., Guaymallén, Mendoza; 2) que H. N. ingresó junto a G. V. al
descampado; 3) que en el interior del descampado, el N. agredió a V., quien se
resistió, la golpeó con un elemento contundente y le provocó la muerte; 4) que
posteriormente, el acusado utilizó un elemento cortopunzante, le arrancó el rostro
y el cuero cabelludo.

Considera que la única prueba de la acusación sobre la autoría de


N. F., es el testimonio de J. B. quien, durante el debate, dijo haber visto al acusado
la misma noche del hecho en cuatro oportunidades, las que se corresponden con
las veces que el dicente manifestó haber salido de su casa a comprar cervezas; y
que la última de esas veces, primero observó el ingreso al descampado de N. F.
con V., y luego de unos quince minutos, al acusado salir solo y nervioso de ese
lugar.

Estima que ese testigo no es creíble porque existen indicios que


contradicen su testimonio, y ponen en duda su versión de los hechos, entre ellos,
los siguientes: a) la enemistad manifiesta entre B. y N. F.; b) las circunstancias
que afectaron la capacidad de percepción del testigo –nocturnidad, escasa
luminosidad, efectos del consumo de alcohol–; c) la distancia desde el lugar
donde B. dijo haber visto entrar y salir a N., y el descampado, comprobable con el
video aportado a la causa por la defensa; y, finalmente, d) la modalidad del ataque
a la víctima y las heridas provocadas post mortem, y su imposibilidad con una
materialización en el espacio de tiempo señalado por el testigo.

Seguidamente, señala que los testimonios de los hermanos M. S.


M. –testigo de la fiscalía– y de A. S. M. –testigo de la defensa–, son
contradictorios, y también desacreditan a J. B..

Refiere que los audios aportados por la Fiscalía sobre las


conversaciones que mantuvieron G. N. y A. S. M. -padre y tío del acusado
respectivamente-, quienes telefónicamente le dijeron a un tercero que el autor del
hecho había sido H. N. F., es una información de pésima calidad que, además, no
aporta ningún dato relevante para definir la autoría. Ello por cuanto, si bien todos
dicen que «fue H.», en relación con el homicidio de la víctima, ninguno señala
cómo lo hizo, por qué lo hizo, con qué lo hizo, qué hizo después, cómo lo saben, o
algún dato extra que no surgiera de la causa para cuando se efectuaron esas
comunicaciones. Ello, a criterio de la recurrente, acreditaría la expresiones
vertidas en esas comunicaciones telefónicas sólo repiten información, mientras se
agregaba a la causa principal (expediente papel).

Estima que las conclusiones brindadas por personal de Policía


Científica y del Cuerpo Médico Forense sobre la agresión padecida por la víctima,
confirman que las lesiones frontales por la izquierda fueron realizadas por un
apersona diestra, al igual que las lesiones posteriores por la derecha, lo que fue
omitido de toda valoración por el jurado popular. Por ello, el acusado no puede ser
el autor de esas lesiones, porque se acreditó en juicio que era zurdo, sin que la
Fiscalía brindara explicaciones plausibles de cómo una persona zurda podría
cometer las lesiones de ese modo.

Menciona que no se halló evidencia científica que vincule a N. F.


con el crimen investigado, en tanto no se recolectaron rastros genéticos del
acusado, ni sus huellas en el lugar del hecho y/o en el cuerpo de V..

Por otro lado, expresa que la defensa ofreció una tesis alternativa a
la versión acusatoria, que surge de la vinculación entre el homicidio de la víctima
y el asesinato de su marido –D. Q.– a manos de E. S.. Así, dado que V. era la
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única testigo presencial del asesinato de Q., y que su muerte antes del debate le
permitió a S. obtener un cambio de calificación legal, realizar un juicio abreviado,
y ser condenado por un delito menor, tales circunstancias explican los tintes
mafiosos del crimen aquí investigado. Considera que esa tesis no es especulativa,
sino que tiene asidero en la propia investigación fiscal, porque fue aportada
primigeniamente por personal de la unidad investigativa y, luego, por el círculo
íntimo de G. V.: su hermana P., su amiga R. y su pareja G..

En otro orden, la defensa cuestiona la calificación legal de los


hechos intimados.

Considera que no existen elementos que acrediten las


características elementales del tipo objetivo de esa figura delictiva, de acuerdo con
las instrucciones finales impartidas. Refiere que la causa de muerte fue un golpe
efectuado con un elemento contundente, y no las demás lesiones en el cuerpo de
la víctima, cuya espectacularidad seguramente influyó en la voluntad del jurado, y
en su decisión de condenar al acusado por el delito de femicidio. Agrega que la
Fiscalía tampoco acreditó ni la motivación especial, ni el contexto en que se funda
la violencia, ni el motivo estructural que une la muerte con el agresor, lo que se
debió no a un olvido de su parte, sino a la inexistencia de argumentos razonables
para justificar esa calificación.

Concluye que, en el presente caso, no se superó el estándar de más


allá de toda duda razonable sobre la autoría del acusado en el hecho investigado,
porque existe prueba que niega los celos del acusado hacia la víctima y que,
además, sitúa a N. F. fuera del escenario de los hechos. Extremos que acreditan
los testimonios de sus progenitores y, particularmente, por su ex pareja –A. S.–,
quien reconoció haber estado con el acusado al momento del hecho.

Por todo lo expuesto, señala que aún si el jurado popular


descreyera de toda la teoría del caso defensiva, la teoría del caso de la Fiscalía no
logró acreditar los extremos fácticos de la acusación. Por ello, solicita se revoque
la sentencia condenatoria por arbitrariedad del veredicto del jurado popular, y se
absuelva al acusado del delito enrostrado; o, en subsidio, se revoque el fallo y se
ordene un nuevo juicio oral.

Formula reserva del caso federal.

3.- El dictamen del señor Procurador General

En oportunidad de contestar la vista de ley conferida, el señor


Procurador General considera que el recurso es formalmente procedente, aunque
debe ser rechazado en el fondo.

En cuanto al apartamiento manifiesto de las pruebas producidas en


debate, sostiene que el veredicto al que arribó el jurado popular, a la luz del plexo
probatorio exhibido y analizado, no surge como arbitrario, sino el fruto de haber
valorado toda la prueba rendida en el juicio, obteniendo la seguridad que los
delitos atribuidos fueron probados y que el imputado fue su autor.

Refiere que los miembros del jurado fueron especialmente


instruidos en cuanto a la valoración de la totalidad de la prueba, tal como surge de
la instrucción general n° 6 –«Cuestiones sobre la prueba»–. Es decir que, atento a
ello, el jurado obró en consecuencia, no alcanzando la discrepancia defensiva
puesta de manifiesto al expresar que el veredicto es arbitrario y que se aparta
manifiestamente de la prueba producida en el debate, a menoscabar la validez de
lo actuado.

Manifiesta que, luego del análisis de la prueba testimonial y


material exhibida de acuerdo con las precisas instrucciones impartidas, el jurado
tomó la decisión en el sentido recomendado en la instrucción, que prescribe que si
al finalizar el juicio y después de haber valorado toda la prueba rendida, están
convencidos de la culpabilidad del acusado más allá de toda duda razonable, es su
deber emitir un veredicto de culpabilidad.

Expresa que, respecto al cuestionamiento sobre la calificación del


hecho como femicidio, que en el punto «E» de las instrucciones finales al jurado –
«Ley aplicable al caso»–, se explica y diferencia acertadamente entre homicidio,
homicidio agravado: femicidio, y homicidio simple. Considera que a la luz de las
instrucciones brindadas, no cabe duda que en el presente caso, y de acuerdo con la
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teoría del caso presentada por la acusación, y que el jurado tuvo por acreditada,
las razones de género incidieron en la motivación de la que partió el agresor para
consumar el femicidio, lo que también se vincula con los objetivos pretendidos a
través de su conducta criminal.

Por todo ello, concluye en que los agravios defensivos constituyen


una discrepancia con el resultado adverso del fallo para su representado, que
deben ser desestimados al no comprobarse un supuesto de arbitrariedad ni de
apartamiento de prueba en el veredicto emitido por el jurado popular.

4.- Audiencia de informe oral del recurso

En fecha veintisiete de marzo del corriente año se realizó la


audiencia oral solicitada por la parte recurrente en modalidad virtual. Participaron
la defensa del acusado, los representantes del Ministerio Público Fiscal y de la
querella particular, quienes –en ese orden– expusieron sus respectivos
argumentos, los que han sido digitalmente registrados en el soporte de audio y
video correspondiente.

5.- La solución del caso

Puesto a resolver la cuestión en tratamiento, adelanto que –en base


a los motivos que expondré a continuación– corresponde rechazar el recurso de
casación formulado por la defensa de H. N. N. F., y confirmar la sentencia
pronunciada por el Tribunal Penal Colegiado Nº 1 de la Primera Circunscripción
Judicial en base al veredicto de culpabilidad al que llegó el jurado popular.

El repaso de los agravios expresados por la defensa en su escrito


casatorio, los que esencialmente fueron reiterados durante la audiencia de informe
oral, verifica que el eje de la impugnación bajo análisis se vincula con lo que esa
parte considera un notorio apartamiento de las pruebas producidas durante el
debate por parte del jurado popular, en función del supuesto previsto en el art. 41
inc. d de la ley 9.106. Crítica que impacta sobre dos aspectos centrales de la
resolución objetada: autoría y calificación legal.

En esa doble dirección se encuentran dirigidos los argumentos


defensivos. Por un lado, en demostrar que la prueba producida no supera el
estándar de la duda razonable para acreditar las principales proposiciones fácticas
que sustentaron la teoría del caso de la acusación, particularmente que la
responsabilidad penal del acusado en el homicidio investigado. Por otro lado, en
que la arbitrariedad de la valoración de la prueba también determinó a que el
jurado popular califique legalmente el hecho enrostrado en el delito de femicidio,
siendo que no se verificaron ninguno de los elementos objetivos del mismo, de
acuerdo con las instrucciones finales suministradas por el juez técnico.

A los efectos de brindar un adecuado tratamiento a cada uno de los


agravios planteados por la defensa del acusado, me ocuparé de su examen en el
orden en que han sido formulados. Sin perjuicio de ello, y advertido que los
agravios están entrelazados y vinculados con la valoración de la prueba en el
juicio por jurado popular, estimo pertinente formular algunas breves reflexiones
preliminares sobre las particularidades que asume el control casatorio en ese
aspecto.

a.- Consideraciones en relación con la valoración de prueba


realizada por el jurado popular

En primer lugar, brevemente corresponde delimitar la función


revisora de esta instancia. Al respecto, este Tribunal –con diferentes
integraciones– ha sostenido que la revisión de la valoración probatoria realizada
por el jurado popular –que, a diferencia de los tribunales de jueces profesionales,
no exterioriza su mérito de la prueba– no consiste en una «superposición» del
criterio del tribunal de casación con el del jurado popular, sino en una evaluación
acerca de la posibilidad y razonabilidad de la hipótesis acusatoria que el jurado
consideró acreditada, en relación con las pruebas que fueron producidas durante el
juicio. Ello, si bien impone redoblar el esfuerzo, ante la mayor dificultad que
representa la tarea de revisar la prueba y revalorarla en términos de su
razonabilidad, cumple mucho mejor –y en forma objetiva– la revisión amplia, ya
que no será sobre el discurso de la valoración de la prueba, sino el análisis directo
de la prueba lo que determinará, en definitiva, si la solución arribada (veredicto
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del jurado) es posible (conf. mi voto en «Petean Pocoví», «Tizza»,», posición que
fue reafirmada por la mayoría del Tribunal que resolvió en Pleno en las causas
«Acuña», «Zuñiga», «Vildoza Soria«, «Hisa»; en el mismo sentido, CSJN
«Canales» y Corte IDH «VRP VPC vs Nicaragua»).

Dado el plus de legitimidad que rodea al veredicto del jurado


popular, la única ocasión en que los jueces y juezas profesionales de esta instancia
podemos examinar el resultado de la valoración probatoria realizada por el jurado
popular, es cuando ésta acoge la teoría del caso de la acusación o cuando, aún sin
acogerla completamente, su veredicto es de culpabilidad (art. 41, primera parte, de
la ley 9.106).

Pues, cuando se trata de un veredicto de no culpabilidad, la


solución al respecto surge del texto expreso de la ley. Aquí, el legislador
provincial ha establecido, en forma excluyente, que: «Si el veredicto es de no
culpable, será obligatorio para el Juez y hará cosa juzgada material,
concluyendo definitiva e irrevocablemente el procedimiento y la persecución
penal en contra del acusado. Contra el veredicto de no culpabilidad y la
sentencia absolutoria correspondiente no se admite recurso alguno, salvo que el
acusador demuestre fehacientemente que el veredicto de no culpabilidad fue
producto de soborno. Tampoco se admitirá recurso alguno contra la sentencia
absolutoria dictada por el Juez ante un Jurado estancado, salvo que fuera
producto de soborno» (conf. art. 38, inc. d de la ley 9.106).

En segundo lugar, específicamente en lo que se refiere al alcance y


la amplitud de la labor de revisión extraordinaria de los veredictos condenatorios
emitidos por un jurado popular, conviene mencionar aquí que ese control
casatorio debe ejercerse con una gran «deferencia» por el rol de determinación de
los hechos que efectúa el jurado. Tal decisión merece su irrestricto respeto, desde
que ella es consecuencia directa del ejercicio pleno de la soberanía que el pueblo
se ha reservado constitucionalmente, y cuya efectivización se realiza en un marco
legalmente definido, esto es, en un juicio único y público, con control adversarial
de las partes en la selección (deselección) en la audiencia de voir dire, como al
ingreso de la prueba, con inmediación y ejercicio efectivo de la técnica del
examen y contraexamen de los testigos y de litigación de las instrucción finales, y
lo que significa la poderosa deliberación secreta de los doce miembros y veredicto
unánime (v., al respecto, mi voto en «Tizza», luego reafirmado por la mayoría que
resolvió en Plano en las causas «Acuña», «Zuñiga», «Vildoza Soria«, «Hisa»).

De tal manera, ese particular respecto que merece la decisión del


jurado popular, determina que la tarea de revisión encomendada a esta instancia
no consiste en un control de la deliberación del jurado popular –la cual es secreta,
conf. art. 33 de la ley 9.106–, sino en una evaluación de la posibilidad de la teoría
del caso que el jurado popular consideró acreditada o que dio lugar a su veredicto
de culpabilidad. Ese control debe revisar específicamente si «[…] la sentencia
condenatoria o la que impone medidas de seguridad se derive[a] de un veredicto
de culpabilidad del Jurado que sea arbitrario o se aparte manifiestamente de la
prueba producida en el debate» (conf. art. 41, inc. d, ley 9.106). Dicho en otras
palabras, nos toca corroborar que exista alguna interpretación razonable de la
prueba que permita sostener el veredicto del jurado popular y, en ese caso,
confirmar la decisión condenatoria arribada cuando resulte posible según las
instrucciones impartidas y la prueba producida e incorporada al debate (ver al
respecto, mi voto en «Petean Pocoví», el voto de la mayoría en «Tizza», el voto
de la mayoría del Pleno del Tribunal en «Acuña», «Zúñiga», «Vildoza» e «Hisa»;
todo de conformidad con lo señalado en «Canales» de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación y «V.R.P., V.P.C. y otros vs. Nicaragua» de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos).

De ese modo, cuando lo que se cuestiona es una eventual


arbitrariedad del veredicto –caso de autos– debe observarse la aludida regla de la
deferencia en la instancia revisora. Ello, no implica de modo alguno una
limitación al recurso del acusado, ni un impedimento para la revisión de una
sentencia emitida como consecuencia de un veredicto de culpabilidad del jurado
popular; sino que compromete y obliga a que la tarea revisora se centre en
determinar si aquella decisión del jurado popular que se cuestiona, se encuentra
dentro del elenco de opciones probables y racionales que surgen de las pruebas
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producidas durante el debate. Labor en la que debe guardarse la especial


deferencia al buen juicio y al sentido común del colectivo del jurado.

Para ello, corresponderá determinar: a) si de acuerdo a las


evidencias utilizadas en el juicio, es posible arribar al veredicto condenatorio al
que llegó el jurado; y b) si con las teorías del caso presentadas por las partes en
sus alegatos e instrucciones, el jurado tuvo los instrumentos mínimos necesarios y
esenciales para deliberar válidamente y dictar aquel veredicto posible según la
prueba. Si la respuesta es afirmativa respecto de ambas cuestiones, la sentencia
debe ser confirmada.

b.- Cuestionamientos de la defensa a la valoración probatoria


realizada por los integrantes del jurado popular

La tesis central que propone la defensa en este punto es que no


resultó acreditado que N. F. ingresó junto a G. V. al descampado ni, por ende, que
la golpeó con un elemento contundente que le ocasionó la muerte. En esa
directriz, primero, cuestiona la credibilidad del testimonio de J. B., al que
considera mendaz, inverosímil, interesado, contradictorio y sin sustento en el resto
de los elementos probatorios producidos durante el debate (b.1); segundo, advierte
sobre la existencia de prueba que acredita la hipótesis alternativa que sustenta la
inocencia del acusado (b.2); y, tercero, insiste en que se trató de un crimen con
connotaciones mafiosas, que fue perpetrado contra la víctima por su calidad de
testigo en otra causa, donde se investigaba el homicidio de quien, en vida, era su
marido (b.3) –ver, en extenso, la reseña del recurso efectuada en el punto 2 de este
voto–.

Con respecto a lo primero, elabora su razonamiento crítico a partir


de una serie de argumentos que –expositivamente– pueden ser agrupados y
resumidos del siguiente modo: enemistad manifiesta entre el testigo y el acusado
(i); concurrencia de condicionantes de la capacidad de percepción y visualización
del testigo la noche del hecho (ii); y, finalmente, falta de correspondencia entre la
modalidad del ataque y lo relatado por el testigo sobre las circunstancias de
tiempo del hecho (iii). Por ello, considera que toda la versión de B. se asienta
sobre proposiciones débiles, que desacreditan su testimonio e impiden validar
como lógico y racional el veredicto del jurado popular.

En orden a lo segundo, luego de criticar el sentido cargoso que la


acusación le asignó al contenido de diferentes comunicaciones telefónicas,
sostiene que hay testimonios que demuestran la ausencia del acusado del
escenario de los hechos.

En relación con lo tercero, alega que el vínculo entre el homicidio


de la víctima y el asesinado de su marido, cometido por E. S. M., no es una teoría
especulativa o imaginaria, sino que surge de la propia investigación fiscal. Ello,
por cuanto, con la muerte de G. V., única testigo presencial del homicidio de su
marido –D. Q.–, se mejoro la situación procesal del autor de este último, dado que
la Fiscalía se vio forzada a acordar un cambio de calificación legal y a realizar un
juicio abreviado, que determinó que S. M. resultara condenado a la pena de
catorce años de prisión.

Al respecto, debo decir que ninguno de los argumentos señalados


por la defensa resulta suficiente para controvertir el veredicto condenatorio
emitido por el jurado popular, quien consideró que los hechos que conformaron la
teoría del caso de la acusación –Ministerio Público Fiscal y querella– se
encontraban probados más allá de toda duda razonable, y que fue el acusado N. F.
quien los cometió. Doy razones.

b.1.- Sobre el grado de veracidad del testimonio de J. B.

En cuanto a la objeción relativa a la credibilidad del principal


testigo de la acusación, esto es, a los dichos de J. B., se advierte con claridad que
ésta ha sido la estrategia argumentativa que reiteradamente utilizó la defensa a lo
largo de todo el desarrollo del juicio, incluida esta fase extraordinaria de revisión,
para controvertir la tesis incriminatoria. Ello, se patentiza con el visualizado de los
registros audiovisuales de las respectivas audiencias de juicio, en particular,
cuando la defensa de N. F. realizó sus alegatos de apertura y clausura del debate
(véanse registros audiovisuales, audiencia del día 13/06/22 de las 15:38hs., min.
00:34:40/00:42:44, audiencia del día 16/06/22 de las 10:26 hs., min.
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00:53:35/1:33:01, respectivamente). Razón por la cual aquellas valoraciones


negativas acerca de la credibilidad intrínseca y extrínseca de su testimonio, no
quedaron al margen de la apreciación de los miembros del jurado.

Asimismo, advierto que los integrantes del jurado popular fueron


expresamente instruidos por el juez técnico sobre el modo en que debían examinar
y valorar la credibilidad de un testimonio. Así, mediante las instrucciones
generales, se les informó que: «[…] Al decidir sobre la fiabilidad de un testigo,
ustedes deben examinar todo el testimonio y pueden considerar, entre otros, los
factores siguientes: la oportunidad y capacidad que tuvo el testigo para ver, oír,
percibir con cualquiera de sus sentidos o conocer acerca de los asuntos sobre los
que está testificando; la calidad de la memoria que tiene el testigo respecto de lo
que está declarando; si el testigo tiene algún motivo para mentir o callar la
verdad; cuán razonable es el testimonio del testigo al poner su declaración en
relación con el resto de la prueba producida en el juicio; sí tiene algún tipo de
relación con el imputado o con la víctima que pueda influir en el contenido de su
declaración. No es relevante la actitud del testigo, [sino] lo que dice y su
correlato o coherencia con otras pruebas […]» (instrucción general n° 6, pág. 4
de la sentencia, orden n° 247 del sistema LeD).

Aspecto sobre el cual, el juez técnico, sobre la base de lo litigado


por las partes, insistió a través de las instrucciones finales, donde se deja expresa
constancia que la principal obligación del jurado es «decidir cuáles son los hechos
de este caso», debiendo para ello evaluar «qué prueba es fidedigna y creíble» y
considerar «qué tanto o qué tan poco creerán y confiarán en el testimonio de
cualquier testigo», pudiendo «no creer o creer sólo una parte o en la totalidad de
la prueba».

Labor valorativa para la cual se les mencionó algunos de los


aspectos que podían considerar al momento de evaluar la credibilidad de un
testigo. Así, a través de preguntas formuladas en términos genéricos, se instruyó
al jurado para que examinara, entre otros, los siguientes aspectos: sinceridad –
«¿Pareció sincero el testigo?», motivación para declarar «¿Tenía el testigo un
interés en el resultado del juicio, o tuvo alguna razón para aportar prueba más
favorable a una parte que a la otra?»–, capacidad y condiciones en las que se
encontraba el testigo al momento de presenciar aquello que declara en juicio –
«¿Cuáles fueron las circunstancias en las que realizó la observación?»–,
razonabilidad y consistencia del relato –«¿Parecía razonable y consistente el
testimonio del testigo mientras declaraba?¿Era “similar” o “distinto” de lo que
otros testigos dijeron acerca del mismo evento?¿Dijo el testigo o hizo algo
diferente en una ocasión anterior?»–, influencia externa –«¿Hubo alguna presión
o amenaza usada contra el testigo que afectara la verdad de su testimonio?»–
(pág. 11/12).

De allí que las conclusiones que efectuara el jurado acerca de la


credibilidad del testimonio puesto en crisis por la defensa integró la labor
valorativa efectuada sobre la base de las precisiones convenidas entre los
litigantes, expresadas mediante las pertinentes instrucciones, por lo que no se
advierte elementos que permitan avizorar un sesgo de arbitrariedad de su parte.

Seguidamente, se analizaran los argumentos de la defensa para


sustentar el desvalor que le asigna a la versión de los hechos aportada por el
testigo de mención, de acuerdo con el orden expositivo y analítico presente en el
escrito casatorio.

b.1.1.- Relación de enemistad entre el testigo y el acusado

Los argumentos dados por la parte recurrente para sostener


insistentemente que el testigo declaró falsamente, siendo movilizado a ello por
mantener un interés en el resultado del proceso no pueden tener acogida favorable
en esta instancia, desde que estas críticas se fundamentan, lisa y llanamente, en
especulaciones de la defensa sobre la tarea que llevó a cabo el jurado en su
deliberación, desvinculadas de elemento probatorio alguno.

No existe elemento alguno que permita comprobar la alegada


falsedad o ganancialidad en sus declaraciones. En efecto, de la reproducción de la
audiencia del debate no se observan circunstancias gravemente relevantes que
lleven a suponer que el jurado popular tergiversó el contenido de esa prueba
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testimonial y realizó inferencias abiertamente erróneas.

Sobre este aspecto en particular, durante su declaración en el marco


del debate, J. B. admitió que si bien no mantenía una buena relación con el
acusado, éste no era su enemigo. En ese sentido, aclaró que conocía a H. N. del
barrio donde vivían, que en una oportunidad aquél le pidió que lo ayudara para
eludirse de la búsqueda policial, petición a la que B. accedió, alojándolo
brevemente en su propio domicilio. Identificó que, a raíz de ello, comenzaron los
problemas con el acusado, dado que éste observó en el referido inmueble unas
prendas de vestir que vendía su hermana, y creyó que B. se las había sustraído.
Algo que, según el testigo, no ocurrió, sino que se trató de ropa que le había
comprado la esposa del hermano del acusado. Episodio que ocurrió antes del
homicidio de la víctima de autos (ver constancia audiovisual, audiencia del día
14/06/22, de las 10:32 hs., a partir del min. 00:01:55, en particular, mins.
00:02:11, 00:08:10, y, especialmente, min. 00:32:12/00:33:34).

Sin perjuicio de ello, el testigo también aseguro que esa relación no


condicionaba el contenido de su declaración. Así, cuando el representante del
Ministerio Público Fiscal le preguntó si lo que había declarado en la audiencia de
debate tenía que ver con un sentimiento de enemistad para con el acusado, el
testigo fue claro al responder que: «No. Yo acá vengo a decir la verdad. No vengo
por bronca a decir las cosas. Yo estoy comprometido, tengo que decir la verdad.
Yo sé que a él no lo quiero, pero yo estoy diciendo lo justo, lo que realmente sé y
lo que vi. Otra cosa no voy a inventar» (min. 00:23:14/00:23:40).

Con lo cual, la modalidad de la relación personal entre el testigo y


el acusado, no estuvo ausente del conocimiento de las partes ni, por ende, de los
integrantes del jurado popular. Recordemos en este aspecto que, como se señaló
anteriormente, el jurado fue expresamente advertido e instruido sobre la necesidad
de analizar la presencia de algún aspecto de la declaración del testigo que permita
comprobar cierto interés de su parte en el resultado del proceso, que pueda afectar
o condicionar la credibilidad del relato. Entiéndase por ello, un especial ánimo de
amistad o enemistad que lo motive a declarar en forma más o menos favorable a la
situación procesal del acusado, lo que se conoce como ganancialidad.

b.1.2.- La incidencia de condicionantes sobre las aptitudes


cognitivas del testigo. Posible afectación de su capacidad de percepción de lo
vivido

Entiendo que tampoco pueden ser de recibo los argumentos de la


defensa mediante los cuales cuestiona la capacidad del testigo al momento de
observar los hechos que relató en su declaración. Entiendo que se trata de críticas
que se sustentan en conjeturas y suposiciones, insuficientes para demostrar que J.
B. no se encontraba de adecuadas condiciones para visualizar los hechos que,
luego, y en diferentes instancias, describió a lo largo del proceso. Ni mucho
menos para objetar el veredicto del jurado sobre la base de la valoración que
realizó el jurado popular de la credibilidad de su testimonio.

En la prudente, equilibrada y respetuosa revisión que le


corresponde efectuar a este Cuerpo sobre ese aspecto de la resolución atacada,
considero que la nocturnidad, el horario, la escasa luminosidad, la distancia o,
incluso, el consumo de alcohol al que alude la defensa, son circunstancias que
estuvieron presentes en los dichos del propio testigo cuando declaró ante el jurado
popular y que, por lo tanto, integraron la ponderación que de ellos hicieron los
integrantes del jurado popular. Repárese que el juez técnico los instruyó a apreciar
las circunstancias y las condiciones en las que se encontraba el testigo al momento
de realizar la observación, como uno de los aspectos a considerar en la evaluación
del nivel de verdad del testimonio de un testigo.

Las circunstancias de tiempo y lugar del hecho fueron objeto de un


acuerdo probatorio entre las partes quienes, por ello, dieron por probado sin
discusión que la muerte de la víctima se produjo durante la noche, en horas de la
madrugada, en el interior de un lugar descampado. Ese fue el marco o ambiente
que describió J. B. al contextualizar su conocimiento de los hechos, donde explicó
–con cierto nivel de detalle– la cronología temporal y espacial de su intervención
como testigo de los mismos, así como también, sobre la conducta que asumió al
respecto. Aspectos sobre los cuales, las partes, tuvieron la posibilidad de exponer
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las calidades y/o vulnerabilidades de su testimonio, y así lo hicieron.

No puede desconocerse que la contextualización que realiza el


declarante al describir las circunstancias de lugar y tiempo en el que los hechos
tuvieron lugar, cuando se corrobora empíricamente a través de las constancias
comprobadas de la causa, configura un indicio de verosimilitud. Si bien no se trata
de un elemento dirimente de credibilidad, sino simplemente un dato objetivo más
a valorar, suele ser difícil demostrar que el testigo miente cuando recuerda
espontáneamente qué hizo antes o después del hecho, o qué estaba escuchando, o
qué programa de televisión estaba viendo, o simplemente que informe de la
luminosidad del lugar en el que sucedieron los hechos, y esa información se
corroboran –indirectamente– por otros datos. Pues, en definitiva, se trata de
declaraciones del deponente que añaden más elementos de juicio para valorar la
coherencia y la consistencia de su relato. Por lo tanto, cuando la deposición se
refiere más a detalles fácticos, que dejan poco lugar para la valoración, tanto más
posibilidades existen de verificar la sinceridad de su contenido.

En ese marco, de acuerdo con lo que surge de su declaración, el


testigo manifestó haber visto al acusado la noche del hecho en cuatro
oportunidades, cuando salía de su domicilio caminando para dirigirse a un local
comercial donde se vendían bebidas alcohólicas. En este orden, el testigo
contextualizó sus dichos. Situó temporalmente aquello en relación con un
acontecimiento deportivo que se transmitía en vivo a través de la televisión
(partido de fútbol entre un conjunto nacional y otro extranjero, en el marco de un
campeonato internacional).

Indicó los distintos horarios en los que observó al acusado junto


con la víctima: –aproximadamente alrededor de las 22:00 hs, la primera vez, y
entre las 23:00 y las 00:00 hs, la segunda vez, ambas del día 7 de mayo del año
2.019; y a las 2:00 hs, la tercera vez y, finalmente, a las 4:00 horas, la cuarta vez,
ambas del día 8 de mayo del mismo año–. Por su parte, señaló en qué lugares se
encontraba él y el acusado, con qué personas, cuál era el comportamiento de ellos,
entre otros datos circunstanciales (v. entre otros, min. 00:06:01/0010:40, en
especial, 00:24:15/00:26:16, 00:50:12/00:53:11).

En directa referencia a las condiciones de iluminación del


descampado, afirmó con contundencia que era un lugar «oscuro [aunque] hay un
poco de claridad» (mins. 00:10:43/00:10:52). Ello, motivó que el representante
del Ministerio Público Fiscal le pregunte cómo supo que las personas que
ingresaron en ese descampado, pese a las condiciones de escasa luminosidad, eran
N. F. y V., y que el testigo respondiera con contundencia que los identificó
«porque yo los había visto antes sentados, y sé que eran los únicos que estaban.
Aparte les conocí la vestimenta. Sé que eran ellos» (00:10:53/00:11:12;
00:53:12/00:53:24).

No resulta ilógico, arbitrario ni contrario a las reglas de la


experiencia, como lo considera la defensa, que la escasa luminosidad del lugar del
hecho no haya representado para el testigo un impedimento para observar y
reconocer que el acusado ingresó junto a la víctima al lugar descampado –donde
ésta última fue hallada sin vida–, así como el egreso posterior de N. F., a quien
describió desplazándose solo y nervioso (00:24:20; 00:25:39). Descripción que
coincide y se complementa con su primera declaración testimonial, la que
parcialmente fuera leída por el propio testigo a instancias del Ministerio Público
Fiscal, en el pasaje donde describe las condiciones en las que observó que el
acusado salía del descampado, cuando además de mencionar que lo vio ingresar
junto a la víctima al descampado, y salir del mismo solo, sin llevar nada encima,
agregó que vio «asustado […] escondiéndose atrás de los árboles, en la
oscuridad» (00:26:29/00:29:47)

En ese sentido, la sindicación cargosa que hizo el testigo encuentra


una racional explicación en los propios dichos del deponente, particularmente
cuando aclara que, aún cuando la iluminación no era buena, reconoció a la víctima
y al victimario ingresando al lugar donde se desarrollaron los acontecimientos al
verificar en ellos diversos aspectos, tales como su fisonomía y su vestimenta.
Nótese aquí que las personas involucradas no eran extrañas sí. Todos se conocían
del lugar donde vivían, se relacionaban de distinto modo, hubo varios contactos
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directos y personales entre los involucrados momentos previos a que ocurriera el


hecho delictivo.

Por lo tanto, es razonable valorar que el testigo resulta creíble


cuando, en las condiciones señaladas, no sólo describe esa última secuencia
fáctica que asumieron los acontecimientos que conformaron el objeto del proceso,
que lo tuvieron como un espectador directo, sino que, también, con contundencia
y sin dudar, situó en ella al acusado, desplegando las conductas mencionadas.

Por otra parte, otro aspecto más que denota el carácter especulativo
de las alegaciones defensivas, es la incidencia que habría tenido el consumo de
alcohol en la capacidad de percepción del testigo. Para la defensa, esa capacidad
resultó seriamente afectada por el consumo de alcohol durante toda la noche, por
lo que no resultaría posible que, en esas condiciones, una persona pueda distinguir
personas y acciones en horas de la noche.

Sin embargo, en ningún pasaje de su declaración, el testigo


menciona un consumo de alcohol que pueda haber afectado de algún modo
relevante, sea por la cantidad o por el tipo de bebida que se trate, su capacidad
cognitiva, en los términos que lo entiende la defensa. Las únicas referencias a la
ingesta de bebidas alcohólicas aparecen cuando, por un lado, a instancias de
preguntas de la defensa, el testigo indica que la noche del hecho se encontraba
junto a un vecino –S. B.–, en su domicilio, observando por televisión un partido
de fútbol y «tomando cerveza» (mins. 00:37:06/00:37:18). Por otro lado, cuando
señaló que las veces que salió de esa vivienda fue para dirigirse a comprar a un
kiosco que comercializaba bebidas alcohólicas durante las veinticuatro horas del
día, para lo cual debía, necesariamente, transitar por el lugar donde se encontraba
el acusado junto a la víctima –domicilio de A. S. M.–.

No hay más nada que esos comentarios del testigo sobre el


consumo de alcohol. Ni siquiera fue interrogado al respecto por la defensa sobre
aspectos que podrían haber sido relevantes para comprobar la premisa fáctica
sobre la que asienta este extremo de su teoría del caso, tales como: qué tipo de
bebida consumió y, en su caso, en qué cantidad; si compró bebidas alcohólicas en
el kiosco y, en su caso, en cuál de las veces que salió; qué compró y en qué
cantidad; si consumió alcohol solo o con alguien más y, en su caso, con quién o
quiénes, entre otros. Evidentemente, esa información no resultaba relevante para
la teoría del caso de la defensa.

A ello surge relevante mencionar que la defensa desistió de la


declaración testimonial de S. B. (v. constancia de audiencia realizada del día
14/06/22, orden n° 244 del sistema LeD). Nótese que se trata de la persona que,
según sus dichos, se encontraba junto a J. B. consumiendo cerveza y mirando
fútbol, en su vivienda particular.

Finalmente, en cuanto tiene que ver con la concurrencia de


condicionantes de la capacidad de percepción y visualización del testigo, la
defensa considera que la inverosimilitud del relato del testigo también surge de
identificar a las personas que ingresaron al descampado –N. F. y V.– desde el
lugar en el que se encontraba, a una distancia de cuarenta metros, con «poca luz
artificial» y luego de consumir «varias cervezas». Extremo sobre el cual ofreció
prueba, consistente en una filmación del lugar, acompañada de un informe
elaborado por el licenciado en Criminalística Facundo Cabeza, (prueba que fue
admitida por el tribunal, orden n° 235 del sistema LeD).

En cuanto a las pruebas que aportó la defensa, debe señalarse que


el profesional arriba mencionado –licenciado Cabeza– declaró ante los miembros
del jurado popular, oportunidad en la cual, al mismo tiempo de su deposición, se
exhibió ante las partes el registro fotográfico, fílmico y planimétrico efectuado
durante la inspección ocular y reconstrucción del hecho realizada por el mismo.
Visualización que fue acompañada por explicaciones del declarante, sobre la base
del interrogatorio de la defensa, y contrainterrogatorio de la acusación (v.
audiencia del día 15/06/2022, de las 11:54 hs., a partir del min. 00:01:25).

Lo descripto, sumado a las instrucciones suministradas por el juez


técnico sobre valoración de la prueba, demuestra que se trata de elementos
probatorios que estuvieron a disposición del jurado, quienes pudieron valorarlos
de acuerdo con las instrucciones que les fueron suministradas por el juez técnico.
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Sin perjuicio de ello, efectuada la revisión casatoria sobre la base


de los cuestionamientos defensivos, también debe decirse que la defensa no
expresa las razones por las cuales su valoración por el jurado habría sido
arbitraria. O bien, en qué sentido una valoración distinta contradeciría la teoría del
caso de la parte acusadora, a cuyos fines también esa parte puso a disposición del
jurado extremos para valorarlas. En ese sentido, interesa destacar que la
descripción que hizo J. B. sobre el recorrido que realizó a pie aquellas en
oportunidad de dirigirse al local comercial –kiosco– la noche en que ocurrió el
hecho delictivo, particularmente del momento donde afirmó haber observado el
ingreso al descampado del acusado junto con la víctima, concuerda con el material
que integró el informe elaborado por el perito criminológico de la defensa, así
como con las explicaciones brindadas en la audiencia ante el jurado.

Aún a fuerza de ser reiterativo, el testigo detalló que la cuarta vez


que salió de su casa al kiosco «[…] pasé por la casa de A. [S. M.], llegué a la
esquina, hice dos cuadras más[…] iba llegando casi a la casa de A. cuando ellos
[por N. F. y V.] iban entrando. Serán tres o cuatro casitas más» (min.
00:24:47/00:25:20, y en forma coincidente, min. 00:53:25/00:54:30). Esa
descripción que reiterada y coincidentemente realizó el dicente, se corresponde
con el trayecto que señaló el perito de control de la defensa en la planimetría que
obra en el informe elaborado y también, con sus explicaciones sobre las
características de los lugares detallados por el testigo en su deposición –domicilio
de J. B., domicilio de A. S. M., obra en construcción, calles e intersecciones,
ingresos al descampado, ubicación del kiosco al que se dirigió en varias
oportunidades y lugar del hallazgo del cuerpo sin vida de la víctima–.

Lo expuesto torna ciertamente posible la decisión del jurado


popular que, al escuchar las declaraciones de J. B., observar el informe aportado
por la defensa y escuchar las explicaciones que del mismo realizó el profesional
que intervino en su elaboración, pudiera evaluar que no se estaba ante la presencia
de una prueba desincriminatoria, que sustente mínimamente un margen de duda
razonable sobre la presencia del acusado en el lugar del hecho. Particularmente,
en lo que hace a su ingreso al descampado junto con la víctima alrededor de las
cuatro de la madrugada del día 8 de mayo del año 2.019, y su retirada del mismo
en forma solitaria. Todo, de conformidad con lo declarado por el testigo de
referencia, cuya credibilidad es materia de cuestionamiento de la parte recurrente.

b.1.3.- Los datos de tiempo y su correspondencia con la dinámica


del hecho

Según afirma la defensa, la mendacidad del testimonio de J. B.


también surge de la individualización del lapso que hubo entre que dijo haber
visto al acusado ingresar al descampado junto a la víctima y luego salir solo. Ello
por cuanto, no resultaría posible inferir que el ataque contra la víctima, en las
circunstancias modales que resultaron acreditadas en la causa, pudiera haberse
consumado en un espacio de quince minutos, como lo indicó el testigo.

Considero que este argumento tampoco logra desvirtuar lo resuelto


por el jurado popular mediante el veredicto condenatorio emitido, dado que las
alegaciones de la impugnante no logran evidenciar la concurrencia de un flagrante
desvío del raciocinio o la existencia de un juicio arbitrario sobre el punto en
cuestión.

En efecto, las explicaciones que ofreció ante los miembros del


jurado la médica Cecilia Herrera, del Cuerpo Médico Forense, sobre la necropsia
elaborada sobre el cadáver de la víctima, no resultan incompatibles con las
manifestaciones que realizó el testigo. A instancias de preguntas de la Fiscalía, J.
B. se refirió a la última ocasión que se dirigió al kiosco la noche del hecho, y dijo
que se demoró «quince minutos en ir a comprar» (min. 00:25:20). Luego fue
consultado sobre el mismo tópico por la parte querellante, oportunidad en la que
aclaró que desde que vió ingresar al descampado a N. F. junto con G. V., hasta
que vió que aquel salía solo de ese lugar, habían transcurrido aproximadamente
quince minutos (min. 00:30:23/00:30:35). Mientras que, por su parte, la médica
forense explicó que la secuencia completa del ataque –incluyendo las lesiones
post mortem– pudo haber insumido hipotéticamente un tiempo aproximado de
entre quince minutos a media hora. Incluso aclaró que, dependiendo de la
habilidad de la persona, las incisiones sobre el cuerpo de la víctima podían
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realizarse en un período de tiempo inferior a diez minutos (ver audiencia del día
14/06/22, de las 10:08 hs., min. 00:20:01).

La semejanza entre ambos testimonios sobre ese aspecto,


proporciona otro elemento que corrobora la credibilidad de J. B., ahora sobre un
aspecto especialmente relevante en la determinación de las circunstancias
materiales que rodearon los hechos –tiempo en el que tuvo lugar el ataque que
ocasionó la muerte de la víctima a manos de su agresor–. Labor que les
corresponde esencialmente a los miembros del jurado popular, y cuya conclusión
al respecto, por lo dicho, resulta a todas luces razonable y posible.

En otros términos, no es incompatible con la plataforma fáctica que


conformó la teoría del caso de la acusación, avalada mediante el veredicto de
culpabilidad del jurado popular, la circunstancia según la cual la secuencia
conformada entre la agresión del atacante, la resistencia de la víctima –confirmada
con el informe de la necropsia que revela lesiones de tipo defensivas en el cuerpo
de la víctima–, y las lesiones post mortem, pudo insumir un tiempo aproximado
de quince minutos.

b.1.4.- Las declaraciones testimoniales que restarían credibilidad al


testimonio de J. B.

La defensa advierte que los testimonios de M. S. M. y A. S. M. son


contradictorios entre sí, y que desmienten a J. B.. Expone esas desavenencias a
través de un gráfico de tablas, donde cita alguno de los pasajes las declaraciones
de los referidos testigos.

Al respecto debe decirse que, como se ha dicho con anterioridad,


los miembros del jurado han sido debidamente instruidos sobre el modo de valorar
la prueba testimonial –extremo que no ha sido puesto en tela de juicio por la
defensa–. Así, además de J. B., los testigos señalados por la defensa también
prestaron declaración testimonial durante el debate (ver audiencia de debate de los
días 14 y 15 de junio del 2.022).

El repaso del registro audiovisual correspondiente permite


comprobar que ninguno de esos testimonios desacredita a J. B. ni, por ende,
sustenta mínimamente la inocencia de N. F. en el hecho enrostrado.

Esa afirmación surge, incluso, del propio cuadro comparativo que


presentó la defensa en su escrito casatorio, como también lo hizo en el marco de la
audiencia de informe oral, donde se expone con claridad que las pretendidas
desavenencias o contrariedades no son tales. Por el contrario, los tres testimonios
coinciden sobre aspectos centrales de la reconstrucción histórica de los sucesos
investigados. En particular, sobre los siguientes: confirman que H. N. F. estuvo la
noche del hecho junto con A. S. M. y G. V. en la casa de aquel; ratifican que A. y
G., en un momento determinado de la noche, dejaron solo al acusado; afirman
que, luego, H. se quedó solo con G., porque A. se fue a dormir; y, finalmente,
asienten sobre la presencia de J..

Por lo demás, las posibles discordancias se reflejan sobre aspectos


intrascendentes, que no inciden en forma decisiva sobre el modo en que se
produjeron los hechos, ni muchos menos en la responsabilidad del acusado como
autor del homicidio de la víctima.

b.2.- Acerca de la hipótesis alternativa de la defensa. La coartada


del acusado. Las lesiones en el cuerpo de la víctima y las comunicaciones
telefónicas

La estrategia defensiva, tal como se dijo, tiende a demostrar la


inocencia del acusado con base en los puntos que entiende contradictorios o poco
asertivos de la prueba de cargo –argumentos que fueron tratados y descartados en
los puntos anteriores–. Además, enfatiza en demostrar que su teoría del caso
encuentra asidero en los elementos de prueba producidos en la causa.
Particularmente, en el testimonio de la ex pareja del acusado –A. S.– y de la
madre de ella –A. B.–.

Ahora bien, en orden a la versión del acusado, debe decirse que ella
no aparece verosímil, en tanto no se encuentra respaldada en prueba alguna más
que sus dichos. En efecto, y por un lado, debe referirse que no sólo elementos
probatorios en base a los cuales la defensa pretende respaldar sus dichos fueron
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ponderados por los miembros del jurado. Por otro lado, debe señalarse que uno de
los testigos de descargo a los que hace referencia de la defensa, esto es, a A. S., si
bien declaró haber estado con N. F. el día y a la hora en que se cometió el hecho,
en la vivienda de su madre, durmiendo juntos en el mismo dormitorio (v.
audiencia del día 14/06/22, de las 16:17 hs., a partir del min. 00:04:07) , sus
manifestaciones no se condicen con las pruebas que obran en la causa.

En este punto, debe destacarse que la presencia del acusado en el


escenario donde se produjeron los hechos no solamente aparece sindicada en las
diversas declaraciones que efectuó J. B. a lo largo de proceso, particularmente al
hacerlo durante el debate y ante los miembros del jurado. También, por otros
testigos que declararon en juicio, con la particularidad que uno de ellos fue
ofrecido por la propia defensa del acusado. Me estoy refiriendo a A. S. M. (v.
audiencia del día 15/06/22, de las 9:45 hs., min. 00:12:40).

Pero, además, nótese que esa coartada defensiva quedó desprovista


de un elemento probatorio central. Se trata del testimonio de A. G. B., del que
desistió la defensa pese a estar involucrado directamente en la versión
desincriminatoria, por ser la dueña de la vivienda en la que habrían estado juntos
N. F. y la hija de aquélla la noche del hecho (v. audiencia del día 14/06/22, de las
16:18 hs., min. 00:00:37).

En base a esa información incorporada como evidencia por los


testigos a la causa, resulta posible que a los miembros del jurado, siempre sobre la
base de las instrucciones impartidas por el juez técnico para la valoración de la
prueba producida, no les haya resultado convincente ni ajustada a las resultas de
las restantes constancias probatorias producidas durante el debate, la hipótesis
alternativa de sentido desincriminatoria alegada en su descargo por el acusado y
su defensa técnica. Esta conclusión de ninguna manera importa una alteración de
la regla de la carga probatoria, en tanto las hipótesis alternativas de la defensa a la
cimentada por la acusación deben constituir, al menos, alternativas racionales
respaldadas en las constancias de la causa, lo que en el presente caso no ocurre.

Resta hacer mención a dos cuestiones que introdujo la defensa para


respaldar su versión de los hechos: la ubicación de las lesiones de la víctima, y el
contenido de las llamadas telefónicas entre el progenitor del acusado con su
hermano y con otro de sus hijos.

En cuanto al lugar donde fueron constatadas las lesiones frontales y


posteriores de la víctima –lado izquierdo–, y la imposibilidad que las mismas
hayan sido producidas por el acusado, dado que, según la defensa, se acreditó que
N. F. era zurdo, considero que ello se trata de una interpretación completamente
hipotética en dos sentidos. Primero, porque no se advierte que la cuestión referida
a qué mano usa preferentemente el acusado, es decir, si es la derecha o la
izquierda, haya sido un aspecto controvertido del debate, o sobre el cual, las partes
hicieron hincapié al momento de interrogar y contrainterrogar al acusado. O, en su
caso, a la profesional del Cuerpo Médico Forense que realizó la necropsia
respectiva para que explique este aspecto de los hechos; es decir, si existe una
relación directa entre la ubicación de las lesiones y el uso de la mano izquierda o
derecha por parte del atacante. Ello, revela la falta de decisividad para la
determinación de la dinámica modal de la violencia desplegada por el atacante
sobre la integridad física de la víctima.

Segundo, porque tampoco se observa cuál sería la incompatibilidad


absoluta que una persona que usa o se sirve preferentemente de la mano izquierda,
pueda lesionar partes del cuerpo de otra persona ubicadas del lado derecho. Más
aún si por la dinámica del hecho es probable que el atacante haya utilizado ambas
manos, desde que, además de las lesiones en el cráneo, la víctima presentó
diferentes lesiones –equimosis violáceas– en muñeca, antebrazo y codo izquierdo,
que fueron interpretadas como maniobras defensivas por la médica Herrera.

Respecto de los audios de las escuchas telefónicas obrantes en la


causa, debe decirse que tampoco se comparten en esta instancia los argumentos de
la defensa, referidos a la alegada intrascendencia de la información que se
introdujo al debate a través de esas pruebas. Se observa que el sentido cargoso que
le asignó el Ministerio Público Fiscal a esos elementos probatorios, en aras de
acreditar la autoría del acusado –teoría del caso de la acusación– se justifica si se
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analiza el tenor de esas comunicaciones dentro del contexto fáctico que rodeó
posteriormente los hechos juzgados, de acuerdo con la reconstrucción que
razonablemente pudo realizar el jurado popular, en función de la prueba
incorporada, y la sustanciada durante el debate.

En este aspecto, conviene destacar la declaración de J. D. C. G.


durante el debate, quien intervino durante la investigación de los hechos como
Subcomisario Principal de la División Escuchas Telefónicas y Antisecuestros de
la Dirección de Investigaciones. Luego de exponer detalladamente los
mecanismos y procedimientos que se despliegan cuando se ordena judicialmente
una intervención telefónica, el testigo explicó que en el curso de la investigación
del presente hecho, se detectaron conversaciones entre las líneas telefónicas
intervenidas, en las que G. N., su hijo G. J. N. y su hermano L. N. hacían
referencias al autor del homicidio de la víctima (v. aud. del día 14/06/2022, de las
12:13 horas, a partir del min. 00:07:40).

Al referirse a ellas, puntualizó, primero, en la comunicación


telefónica que mantuvo desde el complejo penitenciario donde se encontraba
alojado, G. N. –padre del acusado– con su hijo, G. J. N., el día 02/07/2019 a la
13:57 hs. –Incidente P-31496/20–. En ella, aquel le expuso al interlocutor que su
hijo, por H. N. F., había sido el autor del homicidio de G. V. (00:08:00/00:08:50).
Luego de esas declaraciones, el fiscal interviniente le solicitó al juez técnico
autorización para reproducir en la sala de debates el contenido de esa
conversación, lo que fue permitido por el magistrado (00:08:51), y así se hizo.

En este sentido, dado que se trata de uno de los elementos de


prueba que valoró la acusación –pública y privada– para sostener sus respectivas
teorías del caso, surge pertinente transcribir aquí los pasajes más relevantes de ese
diálogo.

En esa conversación, G. N. –padre–, cuya línea se encontraba


intervenida, le manifestó a su hijo G. J. N. lo siguiente «[...] yo ahora me enteré
[...] mira yo viste lo que pensaba, que decía que ojalá no sea este [...]. Acá ya es
[...] el H. está ahí metido [...]. Qué cagada [...] tengo una bronca [...] me dijeron
allá [...] el H. es [...]. Yo sabía de más antes. Yo me hacía el boludo nomás y no
quería decir nada yo [...]. Hasta testigos hay que lo han visto [...]»
(00:08:53/00:12:36).

Seguidamente, el testigo explicó que, en ese mismo marco, existían


otras conversaciones en las que se sindicaba al acusado como el autor del hecho
objeto del presente proceso. Se trata, en segundo lugar, de la comunicación que G.
N. tuvo con su hermano, L. N., el día 03/07/2019 a las 16:10 hs., cuya
reproducción fue –también– solicitada por el representante fiscal, y autorizada por
el juez (00:12:40/00:13:05).

Por la pertinencia de esa conversación, es que se transcribe los


segmentos más relevantes. Así, puede escucharse a G. N. expresarle a su L. N.
que «[...] porque ya sabemos quién ha sido más o menos [...] ya sabemos quién ha
sido eso del coso ahí [...] de la G. [...] porque para colmo es el H. [...]. No vas a
decir nada vos a nadie [...]. Ha sido el H. viste [...]». A lo que L. N. responde
«[...] yo ya sabía [...]. Yo ya lo sabía nada más que yo no puedo acusar...no podía
decirte de mi sobrino porque yo no lo voy a decir [...]» (00:13:07/00:16:35).

Acto seguido, el testigo explicó que se requirió colaboración del


Departamento de Escuchas Telefónicas en el marco de una causa en la que se
investigaba un robo agravado –Incidente N° P-53880/20–, donde se realizaron una
serie de intervenciones telefónicas para dar con el paradero de uno de los
involucrados, entre quienes se encontraban H. N. –hijo–– y A. S. M..

En ese contexto investigativo, C. refiere que se comprobó la


existencia de llamadas telefónicas con referencias al homicidio de la víctima de
autos. Entre ellas, puntualiza, por un lado, la comunicación que se produjo el día
2/9/20 a las 18.20hs., entre L. del R. A. (progenitora de F. F.) y un sujeto, de
nombre C. –alojado en Penitenciaria Provincial–. Luego de ser autorizado por el
juez técnico, se reprodujo ante el jurado popular los términos de esa
comunicación.

La importancia de esa conversación sugiere la necesidad de


reproducir por escrito algunos fragmentos. En especial, cuando L. del R. A. le
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dice a C. «vinieron a buscar al F. [...] porque le quieren echar el garrón de la G.


[...]; pero el F. no estuvo [...]». Seguidamente, luego de comentar sobre la
presencia policial en su vivienda, L. del R. A. añade «[...] y porque quieren que
salga el boliviano culiado ese que la mató a la chabona, quieren que salga y
están mandando al frente a cualquiera [...]»; a lo que C. acotó «[...] el H.»;
indicando L. «[...] sí [...] y hay un testigo que sabe que él la mató pero no quiere
ir porque está amenazado dice [...] es el Y. B. [...] pero no quiere ir el chabón
[...]» (00:17:02/00:22:24).

Finalmente, el testigo recordó la existencia de otra conversación


telefónica relevante para la investigación de la presente causa. Se trataba de la
conversación que mantuvo A. S. M. –alojado en Penitenciaría Provincial– y un
amigo suyo –alias «El Polaco»–, en día 23/11/2019, a las 20:50 hs., la que
también fue reproducida en debate, previa autorización del juez técnico.

El tenor de los términos expresados por los interlocutores, y la


vinculación de ellos al presente caso, torna relevante la transcripción de algunos
pasajes de la conversación. En especial, allí donde A. S. M. le dice a su amigo que
estaba «[...] rodeado de violines [...] no estoy ni ahí [...] vos sabes que odio a los
violines y mira por odiar tanto a los violines mira estoy por violín [...] encima ni
fui yo [...] encima ni me la violé [...] porque le hice el amor re rico a la guacha
[...] si le gustó [...] y se fue a la casa de ella y después se la llevó el gato culiado
del H. y la mataron [...]» (00:23:11/00:25/06).

A ello, cabe adicionar que la prueba que ahora cuestiona la defensa,


por ser contraria a su teoría del caso, fue ofrecida por el Ministerio Público Fiscal
y por la parte querellante y admitida por el juez técnico, en dos oportunidades
procesales diferentes. Primero, cuando se desarrolló la primera audiencia
preliminar, marco donde el acusado era asistido técnicamente por un abogado
particular de su confianza (orden n° 146). Por otro lado, cuando a pedido de la
actual defensa (orden n° 195), se ordenó la reapertura de una nueva instancia de
ofrecimiento de prueba y planteo de hipótesis (orden n° 235 del sistema LeD).
Obsérvese que en ninguna de esas audiencias, se visualizan planteos defensivos
que canalicen objeciones a la introducción de esos elementos de prueba al debate.

Conforme se desprende de lo transcripto, el análisis integrado de


las cuatro conversaciones reseñadas precedentemente, tornan ciertamente posible
la decisión de los integrantes del jurado popular en el sentido de que, al escuchar
la declaración del testigo C., como los audios de los diálogos aludidos entre
interlocutores que integraban el entorno más cercano al acusado –entre ellos, su
padre, su tío y su hermano– luego de ocurrido el hecho, pudieran considerar que
se trata de elementos que, sumados a la declaración de J. B., resultan suficientes
para considerar al acusado culpable, de acuerdo con la teoría del caso de la
acusación. En efecto, aquellos elementos acreditan la verosimilitud del testimonio
de J. B., a quien se lo nombra directamente en las conversaciones como testigo
directo de los hechos. Sus interlocutores acusan lisa y llanamente a H. N. como el
autor de la muerte violenta de G. V..

b.3.- Las características del hecho y su posible significación


mafiosa como aspectos que impiden acreditar la autoría del acusado

Para la defensa, las particularidades que presenta la muerte de G.


V. demuestran que ese resultado mortal se produjo con el fin de impedir que la
misma declare en el marco de una causa penal donde se investigaba el homicidio
de quien, en vida, era su marido –D. Q.–. Por ese hecho resultó condenado E. S.
M., hermano de A. S. M. y de M. S. M..

Ahora bien, este argumento no es novedoso. Se trata de una de las


premisas en las que la defensa del acusado basó su teoría del caso, y que le
presentó a los miembros del jurado al momento de efectuar sus alegatos de
apertura del debate, y que luego les reiteró al cierre del juicio (v. audiencia del día
13/06/22, de las 15:03 hs., a partir del min. 00:41:03; y audiencia del día
16/06/22, de las hs., a partir del min. 01:07:52, respectivamente).

Ahora bien, del análisis de la prueba efectuado en los términos aquí


propuestos y, particularmente, del visualizado del soporte audiovisual respectivo,
no se observa la presencia de elementos que de algún modo acrediten una
vinculación entre ambos homicidios. Mucho menos en la línea hipotética que
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propone la defensa para desincriminar a su representado. En efecto, según la


defensa, la muerte de G. V. representó el motivo central y determinante para que
la Fiscalía que intervino en la causa donde se investigaba el homicidio de D. Q.
acordara con la defensa de E. S. M. un cambio de calificación legal y la
realización de un juicio abreviado, pactando una condena por un calificación legal
y una penalidad menor y más beneficiosa a la que originariamente se exponía el
acusado, la que aparecería sustentada únicamente en el preterido testimonio de la
víctima de los presentes obrados.

En efecto, debe mencionarse que si bien es innegable que las


personas involucradas en ambos hechos se conocían, y que, de algún modo, se
relacionaban entre sí, ello no permite, por sí, vincular causalmente ambos
acontecimientos, como lo hace la defensa. Admitir una incidencia de tal modo,
que excede lo fáctico y se introduce en el ámbito de lo jurídico y el desarrollo de
los procesos judiciales, e, incluso, de la actuación del Ministerio Público Fiscal,
sin más elementos probatorios que alegaciones o suposiciones de la defensa,
resultaría ciertamente artificioso y desarticulado de las probanzas de la causa.

Pero también debe decirse que esa hipótesis defensiva, integró el


ámbito de cuestiones sobre las cuales debieron debatir los integrantes del jurado
popular. Ello, por cuanto, la presentación que hizo en ese sentido la defensa en los
alegatos de apertura y clausura del debate, fue debidamente contestada –y
contrarrestada– por la acusación, exponiendo las razones por las cuales entendía
que la pretendida vinculación no era tal. Argumentos que estuvieron al alcance del
jurado y que, examinados a la luz de las constancias probatorias sustanciadas,
tornan ciertamente posible que sus miembros los hayan descartado como
suficientes para sustentar válidamente una hipótesis alternativa desincriminante.

En síntesis, las características violentas del hecho de modo alguno


sugieren inequívocamente que el acusado no haya sido el autor de la muerte de la
víctima, por lo que la decisión del jurado de rechazar esa tesis no es arbitraria.

b.4.- Conclusión sobre los cuestionamientos en relación con


valoración de la prueba y la acreditación de la autoría del acusado en el hecho
juzgado

Luego de lo analizado y transcripto en los párrafos precedentes,


queda claro que las diversas afirmaciones formuladas por la defensa, no logran
demostrar que el veredicto de culpabilidad emitido por el jurado popular resulte
irrazonable o dictado sin superar el estándar de la duda razonable –aspecto sobre
el que también se ilustró al jurado mediante las instrucciones impartidas y no
controvertidas al jurado, en las que se expresó y desarrolló claramente el estado de
presunción de inocencia del que gozaba el acusado y cuál era el alcance de la duda
razonable–. Con lo cual, se advierte que el temperamento esbozado por la defensa
no es más que un intento de privilegiar su teoría del caso, sin que medien razones
que permitan descartar, en forma incontrovertible, la conclusión a la que llegó en
su veredicto.

Por estos motivos se entiende que este cuestionamiento a la labor


del jurado no puede tener acogida favorable en esta instancia.

c.- Acerca de la calificación legal del hecho

En este tramo de su impugnación, la defensa considera que la


arbitrariedad en la valoración de la prueba determinó que el jurado popular
califique legalmente el hecho bajo el delito de femicidio cuando, a su criterio, la
acusación no acreditó ninguno de los elementos que conforman el aspecto
objetivo de aquella figura, de acuerdo con las instrucciones que el juez técnico les
suministró.

Entiendo que el cuestionamiento defensivo, vinculado con la


aplicación del derecho al caso concreto, debe ser rechazado

Respecto a este tema, objeto de agravio, en primer lugar, debe


señalarse que la compulsa de la audiencia en la cual las partes litigaron las
instrucciones da cuenta de que, en el modelo de instrucciones elaborado por el
juez y facilitado a las partes para que las controlaran y formularan observaciones,
habían instrucciones claras, precisas y detalladas sobre los aspectos jurídico-
penales relevantes para la solución del caso, que incluían no sólo reglas de
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valoración sobre los elementos típicos que requería la aplicación de la figura


contenida en el artículo 80 inc. 11 del CP, esto es, en el homicidio agravado de
una mujer perpetrado por un hombre mediando violencia de género –hipótesis de
la acusación–. Por su parte, también, se incluyó en el ámbito de discusión del
jurado el análisis de los hechos a través de la figura del homicidio simple, como
propuesta alternativa de delito menor (v. audiencia del día 15/06/2022, de las
13:28 hs., min. 00:21:23/00:29:24).

En ese orden, conviene destacar y reproducir en esta instancia, que


las instrucciones sobre el delito de «femicidio» que se le suministró finalmente al
jurado popular, tal y como lo exigía el caso, incluyeron reglas para el análisis
probatorio y jurídico de los acontecimientos con una marcada perspectiva de
género.

Así, integra la fundamentación jurídica de la sentencia emitida


como consecuencia de un veredicto condenatorio, que «[…] el homicidio de una
mujer puede, además, resultar agravado por haber sido cometido en un contexto
de violencia de género, del hombre hacia la mujer. Aquí, además de la intención
de matar a la mujer el autor debe ejecutar la muerte mediando violencia de
género. Para que se configure este delito es necesario que el autor sea un hombre
-biológicamente hablando- y el sujeto pasivo (la víctima) una mujer y que además
haya mediado un contexto circunstancial que pueda catalogarse como propio de
la “violencia de género”».

«Ese contexto de violencia de género existe si se da una relación


de subordinación y sometimiento de la mujer hacia el varón, basada en una
relación desigual de poder, o inspirada en una idea de superioridad del hombre
sobre la mujer».

«Los casos de femicidio son variados, incluyen diversas


circunstancias de comisión, pero tienen en común el desconocimiento de la mujer
como persona libre de realizar su proyecto de vida».

«No todo homicidio de una mujer es femicidio. De este modo,


aunque la muerte de una mujer puede ser violenta, como por ejemplo en un
accidente de tránsito, el móvil del hecho puede no estar relacionado con su
condición de ser mujer o no estar motivado por razones de género, como por
ejemplo cuando la muerte de una mujer se presenta como consecuencia del robo
de su vehículo»

«Se considera femicidio, entonces, a las muertes violentas de


mujeres que denotan una motivación especial o un contexto que se funda en una
cultura de violencia y discriminación por razones de género. Los factores que
hacen diferente el delito de femicidio con el homicidio de un hombre, e incluso
con el homicidio común de una mujer, destacan que, a través de la muerte
violenta, se pretende refundar y perpetuar los patrones que culturalmente han
sido asignados a lo que significa ser mujer: subordinación, debilidad,
sentimientos, delicadeza, feminidad, etc. Esto significa que el autor reúne alguno
o algunos patrones culturales arraigados en ideas misóginas de superioridad del
hombre, de discriminación contra la mujer y de desprecio contra ella y su vida.
Tales elementos culturales y su sistema de creencias le hacen creer que tiene el
poder suficiente para determinar la vida y el cuerpo de las mujeres, para
castigarlas o sancionarlas, y en última instancia, para preservar los órdenes
sociales de inferioridad y opresión. Esos mismos elementos culturales permiten
que el victimario se vea reforzado como hombre a través de la conducta
realizada».

«Por ello, las razones de género inciden en la motivación de la que


parte el agresor para llevar a cabo el femicidio, y en los objetivos que pretende
conseguir a través de su conducta criminal».

«Como vimos, si bien todo femicidio es homicidio la regla no


aplica a la inversa. o que diferencia al delito de femicidio con el homicidio de un
hombre e incluso con el homicidio simple de una mujer, se vinculan al motivo
estructural que une esa muerte violenta al agresor quien pretende, con su
accionar, reproducir y perpetuar los patrones que culturalmente han sido
asignados y que el Estado debe intentar erradicar. Esto significa que el agente en
sus actos reúne alguno de los patrones culturales arraigados en ideas misóginas
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de superioridad del hombre, de discriminación contra la mujer y de desprecio


contra ella y su vida. Esos elementos culturales y su sistema de creencias le hacen
pensar que tiene el poder suficiente para determinar la vida y el cuerpo de las
mujeres, para castigarlas o sancionarlas, y en última instancia “eliminarlas” Por
último, la figura no requiere la prueba del sometimiento o dominación efectiva
sobre la mujer, basta con acreditar que el autor desconoce a la víctima mujer
como sujeto libre, como un par, con capacidad de autodeterminación y con
asiento en una idea de superioridad, termine con su vida».

Por su parte, en cuanto tiene que ver con el delito menor incluido,
se instruyó al jurado que «Si consideran que no se ha probado por parte de los
acusadores, más allá de toda duda razonable, que se cometió un femicidio, el
hecho puede considerarse homicidio simple. Se trata […] de matar a una
persona, pero sin que medie violencia de género».

En segundo lugar, debe mencionarse que la parte recurrente no


cuestiona en esta instancia de revisión extraordinaria, el contenido de esas
instrucciones. Lo que considera es que la acusación no probó ni la motivación
especial del autor, ni el contexto en que se funda la violencia, ni el motivo
estructural que une la muerte con el agresor.

Sin embargo, se observa que se trata de apreciaciones o


conclusiones que realiza la defensa sin apoyo argumentativo alguno.

Olvida en este sentido la defensa que el jurado popular determinó


por unanimidad que, de acuerdo con la prueba rendida durante la audiencia de
debate, los hechos ocurrieron en las circunstancias de tiempo, lugar y modo en
que fueron expresados en la acusación por los órganos correspondientes. Es decir,
convalidó la teoría del caso de Ministerio Público Fiscal y de la querella
particular, que le atribuía al acusado el homicidio de la víctima dentro de un
contexto de violencia de género. Por lo tanto, al decidir que los hechos quedaron
probados de ese modo, el jurado concretó la aplicación de la ley los hechos así
determinados, y optó por aplicar la calificación legal contenida en la hipótesis
acusatoria principal.
De manera tal que, para emitir el veredicto condenatorio y, en
consecuencia, encontrar al acusado responsable del femicidio de G. V., el jurado
contó con información bastante y suficiente para adjudicar esa infracción penal –
homicidio agravado– a los hechos en juzgamiento, descartando de ese modo la
posible aplicación del delito menor incluido –homicidio simple–. Para lo cual,
consideró acreditada la existencia de elementos que, según las instrucciones
finales, demostraban un contexto de violencia de género, esto es: una relación de
subordinación y sometimiento de la víctima mujer hacia el atacante varón, basada
en una relación desigual de poder; que con la muerte violenta de M. G. V., H. N.
F. pretendió reproducir y perpetuar los patrones culturalmente asignados a lo que
significa ser mujer: subordinación, debilidad, delicadeza, feminidad, etc.; y,
finalmente, que el autor, con asiento en una idea de superioridad, desconoció a la
víctima mujer como sujeto libre, como par y con capacidad de autodeterminación.

Por último, cabe señalar que los presupuestos del delito por el cual
resultó condenado el acusado, también se encuentran justificados por la prueba
producida en el debate. Particularmente, aquellos que revelan que la víctima se
trataba de una mujer vulnerable –madre, viuda, con problemas de adicción–, que
resultó sometida y subordinada a la decisión y los intereses del victimario, quien
actuó motivado por la mala relación del agresor con la víctima a causa del vínculo
que ésta mantenía con su padre. Aspecto al que se refirió, entre otros, la hermana
de la víctima, P. V. (v. audiencia del 13/06/2022, de las 12:52 hs., a partir del min.
00:07:10).

Como corolario de lo expuesto, no puede soslayarse que el tipo


penal aplicado para subsumir jurídicamente la conducta del acusado, contiene una
clase específica de violencia cometida, la violencia de género, cuyo contenido y
sentido están referidos a lo establecido en la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de
Belém do Pará), en la ley 26.485 y su decreto reglamentario 1011/2010.

Resulta importante subrayar tres aspectos que hacen a la


configuración típica de este especial delito.
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Primero, que resulta suficiente la realización de un solo ataque


perpetrado en el marco de una relación desigual de poder, por lo que no es un
requisito indispensable que el autor haya ejercido violencia previa contra la mujer,
ni que esto se prolongue en el tiempo.

Segundo, que la violencia de género es un aspecto objetivo del


delito. La figura no exige una motivación especial ni otros elementos subjetivos
distintos del dolo, sino que la agresión se haya producido en un contexto de
dominación o que, mediante ella, se haya podido desplegar un control general
coercitivo.

Tercero, que la violencia de género puede exteriorizarse a través de


distintos factores, entre los que se puede citar a modo de ejemplo: la modalidad de
comisión del hecho –presente en el sub iúdice, dado que el autor golpeó el cráneo
de la víctima con una piedra de aproximadamente 31 kg de peso, que fue hallada
en el mismo lugar del hecho con manchas hemáticas–; la violencia previa y la
reacción defensiva de la víctima para intentar, sin lograrlo, escapar a la intención
de dominación del autor –lesiones en muñeca, antebrazos y brazos de la víctima,
causadas por su intento de resistencia y defensa–; el aprovechamiento del estado
de indefensión, de inferioridad física; la forma de selección y abordaje de la
víctima –nocturnidad, lugar despoblado y descampado, escasa luminosidad
artificial–; la especial saña o violencia desplegada como medio de comisión; el
contexto femicida, caracterizado por el ámbito del vínculo entre el victimario y la
víctima –hijo de la pareja de su padre–.

En función de lo expuesto, los agravios vinculados con la


calificación del hecho no pueden ser de recibo.

d.- Conclusión

Por todo lo expuesto, considero que corresponde responder de


manera negativa a la primera cuestión planteada y, en consecuencia, confirmar la
sentencia impugnada.

ASÍ VOTO.
SOBRE LA MISMA CUESTIÓN, EL DR. MARIO D. ADARO, POR SU

VOTO, DIJO:

Comparto la solución a que se arriba en el voto preopinante en


cuanto corresponde desestimar los agravios esgrimidos por la defensa técnica del
acusado N. F., y en consecuencia, confirmar la sentencia impugnada. En cuanto a
las consideraciones sobre la importancia de la institución del juicio por jurados y
su compatibilidad con el derecho del acusado a la revisión de la sentencia
condenatoria me remito, en lo pertinente, a mi voto en el precedente «Petean
Pocoví».

En otro orden, cabe señalar que en anteriores precedentes he


destacado la importancia de que los distintos operadores del derecho introduzcan
la perspectiva de género al momento de valorar los elementos de prueba para
determinar los hechos, como así también, las circunstancias en las que éstos
sucedieron. En este sentido, sostuve que se debe partir de un análisis de los hechos
en los que las mujeres son víctimas de violencias en sus diversas manifestaciones,
por encontrarse histórica, sistemática y estructuralmente sujetas a patrones de
dominación masculina que reproducen discriminaciones y estereotipos negativos
de género en los distintos ámbitos donde desarrollan sus relaciones
interpersonales, producto de relaciones jerárquicas desiguales de poder y
sometimientos, generadas y reforzadas por un sistema patriarcal (ver «Merlo
Lassa», «Concha, J.», «Alaniz Pineira», «Reyes Cortelezzi», «Di Césare»,
«Acuña», «Hisa», entre otros).

A su vez, en los precedentes «Acuña» e «Hisa» analicé los distintos


estándares internacionales de protección de los derechos humanos de las mujeres
víctimas de violencias por razones de género, que deben guiar la investigación y
juzgamiento de femicidios, tales como el derecho a la igualdad y no
discriminación, el derecho a la vida libre de violencias, la debida diligencia
reforzada en la investigación y sanción de este tipo de delitos, el derecho de las
mujeres en situación de vulnerabilidad y la amplitud probatoria.

Por otra parte, en el precedente «Di Cesare», al analizar los


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criterios que deben guiar el juicio de subsunción de un hecho en la agravante


prevista en el inciso 11º del art. 80 del CP, sostuve que «[…] toda agresión
perpetrada contra una mujer tiene alguna característica que permite identificarla
como violencia de género. Esto significa que está directamente vinculada a la
desigual distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen
entre varones y mujeres en nuestra sociedad, que perpetúan la desvalorización de
lo femenino y su subordinación a lo masculino».

Referí que en el precedente «Cruz Huanca» sostuve que para


considerar acreditado que el hecho tuvo lugar en un contexto de violencia de
género «[…] entre la ejecución del homicidio y la violencia de género debe existir
una relación de mediación no en tanto elemento subjetivo ultra intencional, sino
como contexto objetivo de violencia que precede y motiva la ejecución. Este
último hace referencia a una relación de sometimiento entre victimario y víctima
(asimetría) que coloca a esta última en una especial posición desventajosa por su
condición de mujer».

Destaqué que en aquellos vínculos en donde no se ha podido


acreditar un historial de violencia, como parece ser el caso bajo estudio, la tarea
de interpretar si el contexto que precedió y motivo la violencia desplegada sobre
la victima tuvo razones de género implica –según advierto– un mayor esfuerzo
por interpretar el contenido material de lo que el legislador quiso visibilizar, y
pretende sancionar y erradicar a través de la incorporación de la figura de
femicidio al Código Penal.

Dicho de otra forma, advierto que para una mayor comprensión del
elemento normativo en cuestión, resulta necesario indagar sobre cuáles son
aquellos patrones culturales e ideológicos que conforman el sistema patriarcal.

En este sentido, sostuve que R. S. al analizar la contribución de la


perspectiva de género a la elaboración de una teoría del poder destaca que «(e)s
significativo que la perspectiva interdisciplinaria de los estudios postcoloniales,
que tratan sobre la subalternidad en el mundo contemporáneo, toma la jerarquía
de género, la subordinación femenina, como un prototipo a partir del cual se
puede comprender mejor el fenómeno del poder y de la sujeción en general»
(Segato, Rita Laura, «Las estructuras elementales de la violencia», Ensayos sobre
género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos, Ed.
Universidad Nacional de Quilmes, 2003, p. 55).

Así también, para S. el término «masculinidad» representa una


identidad de un estatus que engloba, sintetiza y confunde poder sexual, poder
social y poder de muerte. Refiere que los «hombres», según dice Ken Plummer,
«[…] se autodefinen a partir de su cultura como personas con necesidad de estar
en control, un proceso que comienzan a aprender en la primera infancia. Si este
núcleo de control desaparece o se pone en duda, puede producirse una reacción a
esa vulnerabilidad» ([Link]., p.37).

Al explicar la citada autora la existencia de dos sistemas que se


superponen: uno que eleva a la mujer a un estatus de individualidad y ciudadanía
igual al del hombre, y otro que le impone su tutela; y las consecuencias que el
primero de los sistemas avance en forma repentina y abarcativa sobre el segundo,
destaca que «[…] las brechas de descontrol social abiertas por este proceso de
implantación de una modernidad poco reflexiva, como en la desregulación del
sistema de estatus tradicional, que deja expuesto su lado más perverso, a través
del cual resurge el derecho natural de apropiación del cuerpo femenino cuando
se lo percibe en condiciones de desprotección, vale decir, el afloramiento de un
estado de naturaleza» ( Ob. cit., p.31).

En el precedente «Alaniz Pineira» sostuve que «[…] para juzgar


los conflictos en los cuales las mujeres son víctimas de violencia en sus distintas
manifestaciones, hay que partir de aceptar que la realidad se encuentra
polarizada en torno a patrones de dominación masculina que reproducen la
discriminación en los distintos ámbitos en donde la mujer desarrolla sus
relaciones interpersonales». También referí que «[e]l concepto de género […]
alude, tanto al conjunto de características y comportamientos, como a los roles,
funciones y valoraciones impuestas dicotómicamente a cada sexo a través de
procesos de socialización, mantenidos y reforzados por la ideología e
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instituciones patriarcales» (Facio, Alda, Fries, L., Género y Derecho, Ed. La


Morada, Santiago de Chile, 1999, p. 17).

De los conceptos brevemente reseñados resulta claro, entonces, que


estas estructuras de subordinación son anteriores a cualquier concreción de
violencia hacia la mujer. Dicho de otra forma, sólo la existencia de una estructura
cultural profundamente arraigada al sujeto que ejecuta un acto de una violencia
aparentemente incomprensible –como manifestación de un acto de poder y
sometimiento– nos permite hacer esta lectura.

De este modo, y trasladados estos conceptos al caso bajo estudio,


entiendo que la configuración de los hechos que sustentaron la teoría del caso de
la acusación, contiene elementos de género. Así, la situación de vulnerabilidad de
la víctima, la escena del crimen, el mecanismo violento utilizado por el acusado
para terminar con la vida de M.G.V. y el desprecio demostrado por el cuerpo sin
vida de la víctima mediante actos particularmente violentos, nos permiten concluir
sobre la comisión de un homicidio motivado y en un contexto de género.

Por las razones expuestas debe contestarse de manera negativa la


primera cuestión planteada.

ASÍ VOTO.

SOBRE LA MISMA CUESTIÓN, EL DR. OMAR A. PALERMO, POR SU


VOTO, DIJO:

Puesto a resolver el recurso casatorio promovido, comparto la


solución a la que llega mi colega preopinante. Sin perjuicio de ello, en cuanto a
las consideraciones sobre el alcance de la revisión del veredicto condenatorio en
el juicio por jurado popular, me remito en lo pertinente a lo referido en el
precedente «Petean Pocoví».

ASÍ VOTO.

SOBRE LA SEGUNDA CUESTIÓN, EL DR. JOSÉ V. VALERIO, DIJO:

Corresponde omitir pronunciamiento sobre este punto, puesto que


se ha planteado para el eventual caso de resolverse afirmativa la cuestión anterior.

ASÍ VOTO.

Sobre la misma cuestión, los DRES. MARIO D. ADARO Y OMAR A.


PALERMO adhieren al voto que antecede.

Con lo que se dio por terminado el acto, procediéndose a dictar la


sentencia que a continuación se inserta.

S E N T E N C I A:

Por el mérito que resulta del acuerdo precedente, la Sala Segunda


de la Suprema Corte de Justicia

RESUELVE:

1.- Rechazar el recurso de casación interpuesto por la defensa del


acusado H. N. N. F..

2.- Tener presente la reserva del caso federal efectuada.

3.- Remitir los presentes obrados al tribunal de origen, a sus


efectos.

Regístrese. Notifíquese.

DR. OMAR A. PALERMO DR. JOSÉ V. VALERIO


Ministro Ministro

DR. MARIO D. ADARO


Ministro
CERTIFICO que el presente instrumento concuerda fielmente con su matriz, obrante a
fojas............................. del Tomo.....................del Libro de Protocolo de Sentencias Penales de esta
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA - SALA SEGUNDA
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Suprema Corte de Justicia de Mendoza (art. 412 del C.P.P.). Secretaría, 17 de mayo de 2023.-

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