Espacios Normados: Conceptos y Ejemplos
Espacios Normados: Conceptos y Ejemplos
Espacios normados
1
Índice general
I Espacios normados 1
1. Cuestiones básicas en espacios normados 4
1.1. Norma y distancia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
1.2. Topología de la norma . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
1.3. Subespacios y bases algebraicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
1.4. Espacios vectoriales topológicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
1.5. Completitud y espacios de Banach . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10
1.6. Series . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
2
Tema I. 3
Estas condiciones implican claramente que ϕ (0) = 0 y ϕ (x) ⩾ 0 para todo x ∈ X, así
que una seminorma no puede tomar valores negativos. Cuando la igualdad ϕ (x) = 0 sólo se
verifica para x = 0 , decimos que ϕ es una norma. Para x ∈ X , se suele escribir entonces ∥ x ∥
en lugar de ϕ (x).
Así pues, una norma en X es una función x 7→ ∥ x ∥ , de X en R , verificando:
(i) ∥ x + y ∥ ⩽ ∥ x ∥ + ∥ y ∥ ∀ x, y ∈ X
(ii) ∥ λ x ∥ = | λ | ∥ x ∥ ∀λ ∈ K, ∀x ∈ X (1)
(iii) x ∈ X , ∥ x ∥ = 0 =⇒ x = 0
4
Tema I. Bloque 1. Cuestiones básicas en espacios normados 5
d (x , y) = ∥ y − x ∥ ∀ x, y ∈ X (2)
Es fácil ver, usando las propiedades de la norma, que en efecto d es una distancia en X. Nótese
que d permite a su vez recuperar la norma, pues se tiene ∥ x ∥ = d (0 , x) para todo x ∈ X.
Observemos también que la distancia d tiene un buen comportamiento con respecto a la
estructura de espacio vectorial. Más concretamente, fijado z ∈ X , la aplicación x 7→ x + z , de
nuevo una biyección de X en sí mismo, es la traslación determinada por el vector z , y la
distancia d es invariante por traslaciones, pues evidentemente verifica que:
d (x + z , y + z) = d (x , y) ∀ x, y, z ∈ X
Por otra parte, la distancia d es invariante por giros y homogénea por homotecias, ya que
d (λ x , λ y) = | λ | d (x , y) ∀ λ ∈ K , ∀ x, y ∈ X
Para la demostración denotamos por B1 y B2 a las bolas unidad de X para las normas ∥ · ∥1
y ∥ · ∥2 respectivamente.
(i) ⇒ (ii) . Como B2 es un entorno de cero para ∥ · ∥2 , de (i) deducimos que también lo
es para ∥ · ∥1 , luego existe δ ∈ R+ tal que δ B1 ⊂ B2 , es decir, B1 ⊂ ρ B2 donde ρ = 1/δ .
Para x ∈ X, escribiendo x = ∥ x ∥1 u con u ∈ B1 , tenemos ∥ u ∥2 ⩽ ρ , de donde deducimos
claramente (ii) , ya que ∥ x ∥2 = ∥ u ∥2 ∥ x ∥1 ⩽ ρ ∥ x∥1 .
(ii) ⇒ (i) . De (ii) deducimos B1 ⊂ ρ B2 , es decir, (1/ρ)B1 ⊂ B2 . Si A es un subconjunto
abierto de X para la norma ∥ · ∥2 y x ∈ A , existe un r ∈ R+ tal que x + r B2 ⊂ A , de donde
deducimos que x + (r/ρ) B1 ⊂ x + r B2 ⊂ A . Esto prueba que A es abierto para la norma ∥ · ∥1 ,
luego se cumple (i) . ■
Del resultado anterior deducimos obviamente la siguiente caracterización:
Dos normas ∥ · ∥1 y ∥ · ∥2 en un mismo espacio vectorial X son equivalentes si, y sólo si,
existen dos constantes α, β ∈ R+ tales que
α ∥ x ∥1 ⩽ ∥ x ∥2 ⩽ β ∥ x ∥1 ∀x ∈ X
Destacamos una consecuencia importante del criterio anterior, que se refiere al concepto de
acotación en espacios normados.
Resaltemos ahora una propiedad de los espacios normados que usaremos con frecuencia.
Es claro que Lin E es un subespacio de X que contiene a E, así como que, todo subespacio
de X, que contenga a E, ha de contener también a Lin E. Así pues, Lin E es el mínimo
subespacio de X que contiene a E , por lo que le llamamos subespacio engendrado por E .
(x + y) − (u + v) = x − u + y − v ∀ x, y, u, v ∈ X
λ x − µ u ⩽ λ (x − u) + (λ − µ) u ⩽ λ x−u + λ−µ ∥u
Contra lo que la intuición parece indicar, pronto veremos que un subespacio de un espacio
normado puede no ser cerrado.
Para un conjunto A ⊂ X y un punto x ∈ X, sabemos que x ∈ A si, y sólo si, existe una
sucesión {xn } de puntos de A tal que {xn } → x . Por tanto, A es cerrado si, y sólo si, para toda
sucesión convergente {xn } de puntos de A se tiene lı́m xn ∈ A . De esta forma, la convergencia
n→∞
de sucesiones caracteriza a los conjuntos cerrados, y por tanto a la topología de X.
Recordemos que una sucesión {xn } de puntos de X es una sucesión de Cauchy cuando,
para cada ε > 0 , puede encontrarse n0 ∈ N tal que, para n, m ⩾ n0 se tiene ∥ xn − xm ∥ < ε .
Es bien sabido que toda sucesión convergente es siempre una sucesión de Cauchy y, cuando se
verifica el recíproco decimos que la norma de X es completa, o que el espacio normado X es
completo. A los espacios normados completos también se les llama espacios de Banach, en
honor del matemático polaco Stefan Banach (1892-1945), el padre del Análisis Funcional.
De manera más general, dado un subconjunto A de un espacio normado X, decimos que A
es completo cuando toda sucesión de Cauchy de puntos de A converge a un punto de A; en tal
caso, es claro que A tiene que ser cerrado en X. El recíproco es cierto cuando el propio X es
completo, es decir: si A es un subconjunto de un espacio de Banach X, entonces A es completo
si, y sólo si, A es cerrado en X.
El criterio probado anteriormente, para la equivalencia entre dos normas, implica claramente
que dos normas equivalentes, en un mismo espacio vectorial, dan lugar a las mismas sucesiones
de Cauchy, luego una de ellas es completa si, y sólo si, lo es la otra. Por tanto, un espacio de
Banach lo sigue siendo cuando sustituimos su norma por otra equivalente a ella.
1.6. Series
Nociones conocidas sobre convergencia de series numéricas pueden extenderse fácilmente
para aplicarlas a series en espacios normados. A cada sucesión {xn } de vectores de un espacio
normado X asociamos la serie ∑ xn de término general {xn } , que es la sucesión {Sn } definida
n⩾1
n
por Sn = ∑ xk para todo n ∈ N . Cuando dicha serie converge, como sucesión que es, su límite
k=1
∞
recibe el nombre de suma de la serie y se denota por ∑ xn . Más concretamente,
n=1
∞ n
∑ xn = lı́m Sn = lı́m
n→∞ n→∞
∑ xk
n=1 k=1
claramente que {xn } → 0 . Como bien sabemos, el recíproco es falso, incluso en el caso X = R .
Por otra parte, decimos que la serie ∑ xn es absolutamente convergente cuando la serie
n⩾1
numérica ∑ ∥ xn ∥ es convergente. Por tratarse de una serie de términos positivos, esta última
n⩾1
∞
afirmación suele expresarse simplemente escribiendo ∑ ∥ xn ∥ < ∞ .
n=1
Como ocurre con las series de números reales, en todo espacio de Banach, la convergencia
absoluta de una serie implica su convergencia. Pero además, esta implicación caracteriza los
espacios de Banach como probamos a continuación.
Criterio de completitud. Un espacio normado X es completo si, y sólo si, verifica que
toda serie absolutamente convergente de vectores de X es convergente.
1
xσ(k+1) − xσ(k) < ∀k ∈ N
2k
Tomando y1 = xσ(1) e yn+1 = xσ(n+1) − xσ(n) para todo n ∈ N , vemos que la serie ∑ yn
n⩾1
es absolutamente convergente, luego es convergente. Pero observamos que dicha serie coincide
con la sucesión {xσ(n) } , pues para n ∈ N con n ⩾ 2 se tiene claramente
n n
∑ yk = xσ(1) + ∑ xσ(k) − xσ(k−1) = xσ(1) + xσ(n) − xσ(1) = xσ(n)
k=1 k=2
Así pues, la sucesión {xσ(n) } es convergente, luego {xn } también lo es, por tratarse de una
sucesión de Cauchy que posee una sucesión parcial convergente. Hemos probado así que toda
sucesión de Cauchy en X es convergente, es decir, X es un espacio de Banach, como queríamos
demostrar. ■
Merece la pena resaltar la idea clave del último razonamiento: toda sucesión de Cauchy en
un espacio normado admite una sucesión parcial, que es una serie absolutamente convergente.
Vamos a presentar una amplia colección de espacios, que permitan ilustrar los principales
teoremas del Análisis Funcional. Para ello, juegan un papel clave dos herramientas muy útiles:
las desigualdades de Hölder y Minkowski. A partir de ellas se define fácilmente una amplia
gama de normas en el espacio vectorial producto K N , con N ∈ N arbitrario, obteniendo así
numerosos espacios normados de dimensión finita. Casi con la misma facilidad, se construyen
los que se conocen como espacios de Banach clásicos, agrupados en dos grandes familias. Por
una parte, los espacios clásicos de sucesiones son los ejemplos más sencillos de espacios de
Banach de dimensión infinita. Por otra, tenemos los espacios de funciones integrables, cuya
construcción involucra de manera decisiva la integral de Lebesgue. Su completitud se conoce
como teorema de Riesz-Fischer, y se considera como el detonante que dio lugar al nacimiento
del Análisis Funcional. Presentaremos también algunos espacios de funciones continuas. En
conjunto, obtenemos una amplia gama de espacios de Banach, que muestra la gran variedad de
contextos en los que el Análisis Funcional tiene importantes aplicaciones.
13
Tema I. Bloque 2. Ejemplos de espacios normados 14
∗
Demostración. Aquí y en todo lo que sigue, se entiende obviamente que 0 p = 0 p = 0 .
Si a = 0 o b = 0 no hay nada que demostrar y, en otro caso, usando que el logaritmo es una
función cóncava obtenemos
∗
!
ap bp 1 1 ∗
log + ∗ ⩾ log a p + ∗ log b p = log a + log b = log ( a b )
p p p p
La desigualdad buscada se obtiene usando que la exponencial es una función creciente. ■
!1/p !1/p ∗
N N
∗
Demostración. Llamando α = ∑ ak p y β= ∑ bk p a los dos factores
k=1 k=1
que aparecen en el segundo miembro de (1) , podemos claramente suponer que α > 0 y β > 0 ,
pues en otro caso (1) es evidente. Usando la desigualdad de Young, podemos ahora escribir
p∗
p
!
1 N N
ak bk N ak bk
∑ ak bk = ∑ α β ⩽ ∑ p α p + p ∗ β p ∗
α β k=1 k=1 k=1
1 N p 1 N
p∗ 1 1
= ∑ a k + ∗ ∑ b k = + =1
p α p k=1 p ∗ β p k=1 p p∗
de donde se deduce claramente (1) . ■
Para cada uno de los sumandos que han aparecido en el segundo miembro de la igualdad
anterior, usamos ahora la desigualdad de Hölder. Como (p − 1) p ∗ = p , obtenemos:
!1/p ∗
N
p/p ∗
p
p
γ ⩽ α+β ∑ ak + bk = α+β γ
k=1
Si γ = 0 no hay nada que demostrar y, en otro caso, podemos dividir ambos miembros de
∗
la desigualdad anterior por γ p/p > 0 . Teniendo en cuenta que p − (p/p ∗ ) = 1 , obtenemos
directamente la desigualdad buscada. ■
∀ x ∈ KN
∥ x ∥∞ = máx | x(k) | : k ∈ N , k ⩽ N (3)
Comprobemos ahora que todas las normas recién definidas en K N son equivalentes. Para
ello usamos la base usual {e1 , e2 , . . . , eN } de K N , que viene dada por ek (k) = 1 y ek ( j) = 0
x ∞
⩽ x p
⩽ x 1
⩽N x ∞
∀ x ∈ KN
Esto prueba claramente que todas las normas ∥ · ∥ p , con 1 ⩽ p ⩽ ∞ son equivalentes a ∥ · ∥∞ ,
luego son equivalentes entre sí.
Es claro que las bolas abiertas para la norma ∥ · ∥∞ son productos cartesianos de bolas
abiertas (intervalos o discos) en K . Por tanto, la topología de la norma ∥ · ∥∞ es la topología
producto en K N , a la que llamamos topología usual de K N . Por supuesto, la topología de la
norma ∥ · ∥ p también es la usual de K N , para 1 ⩽ p ⩽ ∞ .
Para cualesquiera x, y ∈ K N y k ∈ N con k ⩽ N , se tiene claramente
N
y(k) − x(k) ⩽ y − x ∞
⩽ ∑ y( j) − x( j) (4)
j=1
Si {xn } es una sucesión de Cauchy para la norma ∥ · ∥∞ , usando la primera desigualdad de (4)
vemos claramente que {xn (k)} es una sucesión de Cauchy en K , luego es convergente. Existe
por tanto x ∈ K N tal que {xn (k)} → x(k) para
todo k ∈ N con k ⩽ N , y la segunda desigualdad
de (4) nos permite claramente deducir que ∥xn − x∥∞ → 0 . Esto prueba que la norma ∥ · ∥∞
es completa, luego ∥ · ∥ p también lo es, para todos los valores de p .
En resumen, para cualesquiera N ∈ N y 1 ⩽ p ⩽ ∞ , hemos comprobado que K N , con la
norma ∥ · ∥ p definida en (2) y (3) , es un espacio de Banach, que se suele denotar por l pN y cuya
topología es la usual de K N . Por supuesto, dicho espacio tiene una versión real y otra compleja,
según tomemos K = R o K = C .
Vamos a considerar una amplia gama de subespacios de K N que, dotados de la norma apropiada
en cada caso, se convertirán en importantes ejemplos de espacios de Banach.
Para 1 ⩽ p < ∞ , denotaremos por l p al conjunto de todas las sucesiones x ∈ KN tales que
p
la serie ∑ x(n) es convergente, abreviadamente:
n⩾1
∞
N p
lp = x∈K : ∑ |x(n)| <∞ (5)
n=1
Vemos en particular que l1 está formado por los términos generales de todas las series
de escalares absolutamente convergentes. En general, nuestro objetivo es convertir a l p en un
espacio de Banach cuya norma vendrá dada por
!1/p
∞
p
x p
= ∑ x(n) ∀ x ∈ lp (6)
n=1
x, y ∈ l p =⇒ x + y ∈ l p , x+y p
⩽ x p
+ y p
Por otra parte es del todo evidente que, para cualesquiera x ∈ l p y λ ∈ K se tiene λ x ∈ l p
con ∥ λ x ∥ p = | λ | ∥ x ∥ p . Finalmente, de ∥ x ∥ p = 0 se deduce obviamente que x = 0 . De hecho
conviene resaltar algo que usaremos muy a menudo:
x(k) ⩽ x p
∀ x ∈ lp , ∀ k ∈ N (7)
Para probar que ∥ · ∥ p es completa, sea {xn } una sucesión de Cauchy en l p . Fijado k ∈ N ,
de la desigualdad (7) deducimos claramente que {xn (k)} es una sucesión de Cauchy en K ,
luego es convergente. Definiendo x(k) = lı́m xn (k) para todo k ∈ N , obtenemos x ∈ K N y la
n→∞
demostración se concluirá probando que x ∈ l p y ∥ xn − x ∥ p → 0 .
Fijado ε > 0 , por ser {xn } una sucesión de Cauchy, existe n0 ∈ N tal que, para n, m ⩾ n0
se tiene ∥ xn − xm ∥ p < ε . Fijado n ∈ N con n ⩾ n0 , observamos que
N
p p
m, N ∈ N , m ⩾ n0 =⇒ ∑ xn (k) − xm (k) ⩽ ∥ xn − xm ∥ p < εp
k=1
Se dice que en es el n-ésimo vector unidad, y es obvio que en ∈ l p , luego l p contiene a todos
los vectores unidad, que claramente son linealmente independientes, luego l p tiene dimensión
infinita. Observemos ahora el subespacio de l p engendrado por los vectores unidad.
Fijado N ∈ N , en l p tenemos el subespacio Lin {e1 , e2 , . . . , eN } engendrado por los N
primeros vectores unidad, que tiene dimensión N y se convierte en espacio normado con la
norma inducida por l p . Dicho espacio normado se identifica totalmente con l pN , pues existe una
obvia biyección lineal entre ambos que preserva la norma. Así pues, podemos ver el espacio de
Banach l pN como subespacio cerrado de l p .
Como es la primera vez que aparece, conviene resaltar el criterio que permite identificar
dos espacios normados X e Y . Un isomorfismo isométrico de X sobre Y es una biyección
lineal Φ : X → Y que preserva la norma, es decir, verifica que ∥Φ(x)∥ = ∥x∥ para todo x ∈ X .
Como es natural, dos espacios normados se consideran idénticos, cuando son isométricamente
isomorfos, es decir, existe un isomorfismo isométrico de uno sobre el otro. Acabamos de ver
que, para todo N ∈ N , el espacio de Banach l pN es isométricamente isomorfo a un subespacio
cerrado de l p .
Pero nos interesa ahora el subespacio de K N engendrado por todos los vectores unidad, que
tiene dimensión infinita, pero numerable, y se denota por K (N) , es decir
K (N) = Lin en : n ∈ N
como suma de una serie que converge en l p . Además, dicho desarrollo en serie es único
∞
en el siguiente sentido: si x = ∑ α n en , donde α n ∈ K para todo n ∈ N y la serie
n=1
converge en l p , entonces α k = x(k) para todo k ∈ N .
Hemos probado ya la validez del desarrollo (8) , luego sólo queda comprobar su unicidad.
Sea {α n } la sucesión de escalares del enunciado y fijemos k ∈ N para probar que α k = x(k) .
n
Si para cada n ∈ N escribimos yn = ∑ α j e j , tenemos por hipótesis ∥ yn − x ∥ p → 0 y la
j=1
desigualdad
(7) nos dice que y n (k) → x(k) , pero es claro que para n ⩾ k se tiene yn (k) = α k ,
luego yn (k) → α k y concluimos que α k = x(k) como se quería. ■
Siempre para 1 ⩽ p < ∞ , se tiene K (N) ̸= l p , pues tomando por ejemplo x(n) = 2−n para
/ K (N) . Así pues, el espacio de Banach l p contiene un
todo n ∈ N , se tiene x ∈ l p , pero x ∈
subespacio K , que no es cerrado. Por tanto K (N) , con la norma inducida por l p , es un
(N)
Así pues, para 1 ⩽ p < q < ∞ , vemos que l p está contenido en lq . Tal inclusión es estricta
como muestran las series armónicas. En concreto, definiendo x(n) = n−1/p para todo n ∈ N ,
/ l p . Puesto que K (N) es denso en lq y está contenido en l p , vemos
es claro que x ∈ lq pero x ∈
que también l p es un subespacio denso en lq .
Debe quedar claro que l p está contenido en lq como espacio vectorial, pero en l p usamos
la norma ∥ · ∥ p , que no coincide con la norma inducida por lq , que es la restricción a l p de
la norma ∥ · ∥q . Estas dos normas en l p no son equivalentes, pues ∥ · ∥ p es completa, pero la
norma inducida por lq no lo es, ya que l p no es cerrado en lq como acabamos de ver. Tenemos
así el primer ejemplo de dos normas en un mismo espacio vectorial, que no son equivalentes.
De hecho, la desigualdad de (9) nos dice que en l p , la topología de la norma ∥ · ∥ p contiene
estrictamente a la inducida por lq .
Está claro que ∥ · ∥∞ es una norma en l∞ , cuya completitud vamos a comprobar. Si {xn } es
una sucesión de Cauchy en l∞ , para cada ε > 0 existe n0 ∈ N tal que
Para todo k ∈ N , vemos claramente que {xn (k)} es una sucesión de Cauchy en K , luego
converge, lo que nos permite definir x(k) = lı́m xn (k) . Obtenemos así una sucesión x ∈ KN ,
n→∞
y la demostración se concluirá comprobando que x ∈ l∞ y ∥ xn − x∥∞ → 0 . Dado ε > 0
tenemos n0 ∈ N verificando (10) y fijamos n ∈ N con n ⩾ n0 . Para todo k ∈ N se tiene
En el espacio l∞ seguimos teniendo los vectores unidad {en : n ∈ N} . Por razones que
se irán comprendiendo más adelante, cuando el espacio K (N) de las sucesiones de soporte
finito se considera como subespacio de l∞ , se le denota por c0 0 . A diferencia de lo que ocurría
para p < ∞ , vamos a comprobar que c0 0 no es denso en l∞ . De hecho vamos a describir
explícitamente el cierre de c0 0 en l∞ .
Si x ∈ c0 0 y fijamos ε > 0 , ha de existir y ∈ c0 0 tal que ∥ x − y ∥∞ < ε . Como y tiene
soporte finito, existe m ∈ N tal que y(n) = 0 para n ⩾ m . Entonces, también para n ⩾ m
tenemos claramente |x(n)| = |x(n) − y(n)| ⩽ ∥ x − y ∥∞ < ε . Esto prueba que lı́m x(n) = 0 ,
n→∞
lo cual es válido para todo x ∈ c0 0 . Deducimos que c0 0 no es denso en l∞ , pues abundan las
sucesiones acotadas que no convergen a cero.
Denotamos por c0 al subespacio de KN formado por las sucesiones convergentes a cero:
c0 = x ∈ KN : lı́m x(n) = 0
n→∞
n
Conviene empezar probando el desarrollo (12) . Fijado x ∈ c0 , escribimos sn = ∑ x(k) ek
k=1
para todo n ∈ N , y se trata de probar que {∥ x − sn ∥∞ } → 0 . Para n, k ∈ N se tiene sn (k) = x(k)
cuando k ⩽ n , mientras que sn (k) = 0 si k > n , luego
∥ x − sn ∥∞ = sup |x(k)| : k ∈ N , k > n ∀n ∈ N
Dado ε > 0 , existe un m ∈ N tal que | x(k) | < ε para k ⩾ m . La igualdad anterior nos dice
entonces que para n ⩾ m se tiene ∥ x − sn ∥∞ ⩽ ε , luego {∥ x − sn ∥∞ } → 0 , como se quería.
Como sn ∈ c0 0 para todo n ∈ N , tenemos x ∈ c0 0 , lo cual es válido para todo x ∈ c0 , luego
vemos que c0 ⊂ c0 0 , pero ya teníamos la otra inclusión, así que c0 = c0 0 . Por tanto, c0 es un
subespacio cerrado de l∞ , luego c0 es un espacio de Banach con la norma inducida por l∞ .
Para tener (11) , dado x ∈ c0 , debemos ver que el supremo que define a ∥ x ∥∞ es un máximo,
cosa obvia si x = 0 . En otro caso, existe m ∈ N tal que | x(n) | < ∥ x ∥∞ / 2 para n > m . Está
claro entonces que ∥ x ∥∞ = | x(k) | para algún k ∈ N con k ⩽ m , como queríamos.
Sólo queda la unicidad del desarrollo (12). Para x ∈ c0 , supongamos que ∥ x−yn ∥∞ → 0 ,
n
donde yn = ∑ α k ek para todo n ∈ N , con α k ∈ K para todo k ∈ N . Fijado k ∈ N , tenemos
k=1
claramente | x(k) − yn (k) | ⩽ ∥ x − yn ∥∞ para todo n ∈ N , luego {yn (k)} → x(k) , pero es claro
que yn (k) = α k para n ⩾ k , luego {yn (k)} → α k , de donde α k = x(k) como queríamos. ■
Veamos finalmente la relación entre los espacios l p con 1 ⩽ p < ∞ y los recién estudiados
para p = ∞ . Para x ∈ l p , la serie ∑ |x(n)| p es convergente, luego lı́m |x(n)| p = 0 , o lo que es
n→∞
n⩾1
lo mismo, x ∈ c0 . Además, sabemos que |x(n)| ⩽ ∥ x ∥ p para todo n ∈ N , luego ∥ x ∥∞ ⩽ ∥ x ∥ p .
Así pues, la relación buscada es la siguiente
1 ⩽ p < ∞ , x ∈ lp =⇒ x ∈ c0 , ∥ x ∥∞ ⩽ ∥ x ∥ p
serie que converge en la topología de X . Se dice que (13) es el desarrollo en serie de x con
respecto a la base de Schauder {un } .
Por supuesto, la sucesión {en } de los vectores unidad es una base de Schauder, tanto de l p
para 1 ⩽ p < ∞ , como de c0 , llamada base de vectores unidad de l p o c0 .
El concepto de base de Schauder es uno de los más útiles e importantes en el estudio de
los espacios de Banach, pero por ahora sólo haremos alguna observación sencilla sobre dicho
concepto. En lo que sigue fijamos una base de Schauder {un } de un espacio de Banach X,
escribimos U = {un : n ∈ N} , y consideramos el subespacio engendrado Y = Lin U ⊂ X .
Cada vector y ∈ Y es combinación lineal de vectores de U , luego puede escribirse en la
∞
forma y = ∑ α n un donde α n ∈ K para todo n ∈ N y el conjunto {n ∈ N : α n ̸= 0} es finito,
n=1
lo que obviamente hace que la serie converja. Hemos obtenido así el desarrollo en serie de y
con respecto a {un } , que por hipótesis es único, lo que tiene dos consecuencias. Por una parte,
el desarrollo en serie de cada vector y ∈ Y con respecto a {un } se reduce a una suma finita. Por
otra, la expresión de cada vector y ∈ Y como combinación lineal de vectores de U también es
única. Esto significa que los vectores de U forman una base del espacio vectorial Y , es decir,
son linealmente independientes y, en particular, un ̸= 0 para todo n ∈ N . Por tanto, Y tiene
dimensión infinita y numerable, es decir, como espacio vectorial se puede identificar con K (N) .
La definición de base de Schauder implica claramente que Y es denso en X y vamos a
comprobar que Y ̸= X . Para ello consideramos la serie ∑ xn donde xn = 2−n un / ∥un ∥ para
n⩾1
todo n ∈ N . Es una serie absolutamente convergente, ya que ∥ xn ∥ = 2−n para todo n ∈ N ,
luego por ser X un espacio de Banach, del criterio de completitud deducimos que dicha serie
es convergente. Escribiendo
∞ ∞
1
x= ∑ xn = ∑ 2 n ∥ un ∥ un
n=1 n=1
tenemos claramente el desarrollo en serie de x con respecto a {un } en el que ninguno de los
escalares que aparecen se anula. Esto implica que x ∈/ Y , pues en otro caso dicho desarrollo
se reduciría a una suma finita como hemos visto antes. Así pues, una base de Schauder de un
espacio de Banach X nunca es una base algebraica de X. Más adelante probaremos un resultado
más general: un espacio de Banach no puede tener dimensión infinita y numerable.
Por contener un subespacio denso de dimensión numerable, todo espacio de Banach con
base de Schauder tendrá una propiedad topológica, que ahora vamos a comentar. Recordemos
que un espacio topológico es separable cuando contiene un subconjunto denso, numerable.
Para espacios métricos, esta propiedad tiene una útil caracterización:
Un espacio métrico X es separable si, y sólo si, su topología tiene una base numerable.
En tal caso, todo conjunto no vacío Y ⊂ X es separable con la topología inducida.
Naturalmente, nos interesa sobre todo el caso particular de un espacio normado, en el que
la separabilidad se caracteriza como sigue.
Un espacio normado es separable si, y sólo si, tiene un subespacio denso, de dimensión
numerable.
Vemos que En es numerable, pues existe claramente una aplicación sobreyectiva del conjunto
numerable ∆ n ×U n sobre En . Además, usando que ∆ es denso en K , comprobamos fácilmente
que En contiene a todas las combinaciones lineales de n elementos cualesquiera de U .
∞
Lo anterior es válido para todo n ∈ N , luego el conjunto E =
S
En es numerable, por ser
n=1
una unión numerable de conjuntos numerables. Pero además, como En ⊂ E para todo n ∈ N ,
deducimos que E contiene a todas las combinaciones lineales de elementos de U, es decir, se
tiene Y = Lin U ⊂ E . Finalmente, como Y es denso en X, vemos que X = E , luego E es un
conjunto numerable denso en X. Por tanto, X es separable, como queríamos demostrar. ■
Así pues, todo espacio de Banach con base de Schauder es separable y, en particular, los
espacios de Banach l p con 1 ⩽ p < ∞ y c0 son separables. Durante algún tiempo, en todos los
espacios de Banach separables conocidos, se disponía de una base de Schauder, lo que llevó al
propio Stefan Banach a preguntar si en todo espacio de Banach separable se puede encontrar una
base de Schauder. El problema, abierto durante más de cuarenta años, fue resuelto en 1973 por el
matemático sueco Per Enflo, construyendo una amplia gama de espacios de Banach separables
sin base de Schauder. Volviendo a cuestiones más sencillas, vemos a continuación un ejemplo
de espacio de Banach que no es separable.
χ J (n) = 1 ∀ n ∈ J y χ J (n) = 0 ∀ x ∈ N \ J
Sea ahora BJ la bola abierta en l∞ de centro χ J y radio 1/2 . Para J, K ∈ P(N) con J ̸= K ,
existe n ∈ N tal que |χ J (n) − χ K (n)| = 1 , luego ∥ χ J − χ K ∥∞ ⩾ 1 , de donde BJ ∩ BK = 0/ . Así
pues, BJ : J ∈ P(N)} es una familia no numerable de subconjuntos abiertos de l∞ , que son
dos a dos disjuntos. Esto impide que l∞ pueda ser separable, como vamos a ver.
Si E es un conjunto denso en l∞ , para cada J ∈ P(N) se tiene E ∩BJ ̸= 0/ , lo que nos permite
elegir yJ ∈ E ∩ BJ . Claramente la aplicación J 7→ yJ de P(N) en E , es inyectiva, luego E no
es numerable. Hemos probado que ningún subconjunto denso de l∞ puede ser numerable, es
decir, que l∞ no es separable. ■
se obtiene una norma en l∞ (Γ) . Exactamente igual que hicimos en el caso Γ = N , se comprueba
que dicha norma es completa, obteniendo el siguiente resultado.
y esto significa que la sucesión de funciones {xn } converge uniformemente a x en Γ . Así pues,
la convergencia en el espacio de Banach l∞ (Γ) equivale a la convergencia uniforme en Γ .
Nos interesa sobre todo un subespacio de l∞ (Γ) que aparece de forma natural cuando Γ
está provisto de una topología adecuada. Cambiamos la notación, para usar la más habitual.
Si K es un espacio topológico compacto y de Hausdorff, es bien sabido que toda función
continua f : K → K está acotada, y la función | f | tiene máximo en K . Por tanto, podemos
considerar el subespacio de l∞ (K) formado por todas las funciones continuas en K con valores
escalares, al que denotamos por C(K) . Como la convergencia en l∞ (K) es la uniforme, que
preserva la continuidad, C(K) es subespacio cerrado de l∞ (K) , luego espacio de Banach con la
norma inducida. Resaltamos la nueva gama de espacios de Banach que acaba de aparecer.
Cabe destacar por ejemplo el caso en que K = [0, 1] con su topología usual, la inducida
por R . Por un conocido teorema de Weierstrass, para cada f ∈ C[0, 1] existe una sucesión de
funciones polinómicas que converge a f uniformemente en [0, 1] . Por tanto, C[0, 1] tiene un
subespacio denso de dimensión numerable, es decir, es un espacio de Banach separable.
incluso con cualquier otra medida, obteniendo resultados similares en algunos aspectos, aunque
no en todos. Sin embargo, preferimos discutir un ejemplo concreto.
Trabajaremos con funciones medibles de [0, 1] en K , identificando funciones que coincidan
casi por doquier (abreviado c.p.d.), esto es, que coincidan salvo en un conjunto de medida nula.
Denotamos por L al espacio vectorial formado por tales funciones. En rigor, los elementos
de este espacio son clases de equivalencia, pero casi siempre las manejaremos como si fuesen
funciones, con las debidas precauciones.
Si ϕ ∈ L y ϕ(t) ∈ R+ 0 para casi todo (abreviado p.c.t.) t ∈ [0, 1] , siempre tiene sentido la
integral de ϕ sobre [0, 1] , o sobre subconjuntos medibles de dicho intervalo, que puede ser ∞ .
Fijado p con 1 ⩽ p < ∞ , para f ∈ L se tiene | f | p ∈ L , luego podemos definir,
Z 1
p
Lp = f ∈ L : | f (t) | dt < ∞ (14)
0
y esto prueba que f + g ∈ L p . Por otra parte, es evidente que λ f ∈ L p para todo λ ∈ K . Por
tanto, L p es un espacio vectorial, subespacio de L .
Con el fin de convertir a L p en un espacio normado, definimos:
Z 1
1/p
p
f p
= | f (t) | dt ∀ f ∈ Lp (15)
0
f g ∈ L1 con fg 1
⩽ f p
g p∗
f +g p
⩽ f p
+ ∥g p
Demostración. Suponemos que p > 1 pues en otro caso el resultado es evidente. Usaremos
la desigualdad obvia
| f + g | p ⩽ | f | | f + g | p−1 + | g | | f + g | p−1
y aplicaremos la desigualdad integral de Hölder a los dos sumandos del segundo miembro.
Observamos que | f + g | p−1 ∈ L p∗ , ya que
Z 1 p∗ Z 1 p
| f (t) + g(t) | p−1 dt = | f (t) + g(t) | p dt = ∥ f + g ∥ p <∞
0 0
Los espacios recién presentados, para la medida de Lebesgue en [0, 1] o para cualquier otra
medida, se conocen como espacios de Lebesgue. Su completitud tiene útiles consecuencias,
que convirtieron la integral de Lebesgue en herramienta indispensable del Análisis Matemático,
pero también mostraron la utilidad del estudio abstracto de los espacios de funciones. Es por
ello que la integral de Lebesgue y el teorema de Riesz-Fischer se consideran como dos de las
claves que dieron lugar al nacimiento del Análisis Funcional.
Para entender mejor la estructura de los espacios de Lebesgue, conviene conocer, igual que
con los espacios de sucesiones, un subespacio común, denso en todos ellos. Dada una función
continua f ∈ C[0, 1] , y 1 ⩽ p < ∞ , es claro que la clase de equivalencia de f pertenece a L p .
Además, el conjunto {t ∈ [0, 1] : f (t) ̸= 0} es abierto, luego si tiene medida nula, ha de ser
vacío. Dicho de otra forma, si f = 0 c.p.d., entonces f es idénticamente nula. Por tanto, si a
cada función continua asociamos su clase de equivalencia, obtenemos una aplicación lineal e
inyectiva de C[0, 1] en L p . Como espacio vectorial, podemos por tanto identificar C[0, 1] con
el subespacio de L p formado por las clases de equivalencia que contienen una (y sólo una)
función continua, y escribir C[0, 1] ⊂ L p .
Obviamente, la norma inducida por L p en C[0, 1] no coincide con la natural de C[0, 1] , la
norma del máximo, que lo convierte en espacio de Banach. De hecho, ambas normas no son
equivalentes, como consecuencia del siguiente resultado básico, que tampoco demostraremos.
Decimos que f ∈ L es una función esencialmente acotada, cuando ess sup | f | < ∞ , o si
se quiere, cuando existe M ∈ R+ 0 tal que | f (t) | ⩽ M p.c.t. t ∈ [0, 1] . Denotamos por L ∞ al
conjunto de todas las funciones esencialmente acotadas,
L ∞ = f ∈ L : ess sup | f | < ∞
∥ f ∥∞ = ess sup | f | ∀ f ∈ L∞
Para razonar con claridad, distinguimos entre funciones y clases de equivalencia. Si {Fn }
es una sucesión de Cauchy en L ∞ , para cada n ∈ N podemos claramente elegir una función fn
en la clase de equivalencia Fn , de forma que se verifiquen todas las desigualdades siguientes:
Entonces { fn } es una sucesión de funciones acotadas en [0, 1] , pero de hecho vemos que { fn }
es una sucesión de Cauchy en el espacio de Banach l∞ [0, 1] . Por tanto { fn } converge en l∞ [0, 1] ,
es decir, uniformemente en [0, 1] , a una función acotada f . Como f es medible, da lugar a una
clase de equivalencia F ∈ L ∞ . Finalmente, para todo n ∈ N se tiene evidentemente
∥ Fn − F ∥∞ = ess sup | Fn − F | ⩽ sup | fn (t) − f (t)| : t ∈ Ω
Esto significa que, considerando a C[0, 1] como espacio de Banach con la norma del máximo,
al asociar a cada función continua la clase de equivalencia a la que pertenece, se obtiene una
aplicación lineal e isométrica de C[0, 1] en L ∞ . Por tanto, el espacio de Banach C[0, 1] es
isométricamente isomorfo a un subespacio de L ∞ , que obligadamente ha de ser cerrado.
f ∈ Lq =⇒ f ∈ L p , ∥ f ∥ p ⩽ ∥ f ∥q (16)
Suponiendo primero que q < ∞ , usaremos la desigualdad integral de Hölder, pero con el
exponente r = q / p > 1 . Observamos claramente que
Z 1 Z 1
p r
q
| f (t) | q dt = ∥ f ∥q
| f (t) | dt = <∞
0 0
q/r p
luego | f | p ∈ Lr con | f |p r
= f q
= f q
.
Por otra parte, tomamos g(t) = 1 p.c.t. t ∈ [0, 1] , con lo que evidentemente tenemos
Z 1
∗
| g(t) | r dt = 1 , luego g ∈ Lr∗ , ∥ g ∥r∗ = 1
0
luego f ∈ L p con ∥ f ∥ p ⩽ ∥ f ∥∞ . ■
1
g(t) = 2 ∀t ∈ ] 0 , 1/2 ] y g(t) = 0 ∀t ∈ ] 1/2 , 1 ] ∪ {0}
t log t
Fijado n ∈ N con n ⩾ 3 , el cambio de variable t = 1/s nos permite escribir
Z 1 Z 1/2 Z n n−1 Z k+1
dt ds ds
g(t) dt = 2 = 2 2 = ∑
1/n 1/n t log t s log s
2 s log s k=2 k
2 2
Para k ∈ N con 2 ⩽ k ⩽ n − 1 y s ∈ [ k , k + 1 ] se tiene s log s ⩾ k log k , de donde
Z 1 n−1 Z k+1 n−1
ds 1
g(t) dt = ∑ 2 ⩽ ∑ 2
1/n k=2 k s log s k=2 k log k
1
pues sabemos que la serie de Riemann ∑ 2 es convergente.
k⩾2 k log k
Por otra parte, fijemos r ∈ R con 1 < r < 2 y sea de nuevo n ∈ N con n ⩾ 3 . El mismo
cambio de variable usado antes nos permite ahora escribir
Z 1 Z 1/2 Z n n−1 Z k+1
dt ds ds
g(t) r dt = 2r = 2r = ∑ 2r
1/n 1/n t r log t 2 s 2−r log s k=2 k s 2−r log s
2r 2r
Para s ∈ [ k , k +1 ] con k = 2, . . . , n−1 , usamos que s 2−r log s ⩽ (k +1) 2−r log(k +1) ,
con lo cual obtenemos ahora
Z 1 n−1 n
1 1
g(t)r dt ⩾ ∑ 2r = ∑ 2r
1/n k=2 (k + 1) 2−r log(k + 1) k=3 k 2−r log k
1
Esta vez la serie de Riemann ∑ 2r diverge, ya que 2 − r < 1 , y el teorema de la
k⩾3 k 2−r log k
convergencia monótona nos da
Z 1 Z 1 ∞
r r 1
g(t) dt = lı́m g(t) dt ⩾ ∑ 2r = ∞
0 n → ∞ 1/n 2−r log k
k=3 k
Sea {Jn } una sucesión de intervalos abiertos no vacíos, contenidos en [0, 1] y dos a dos
disjuntos. Para cada n ∈ N , sea χn : [0, 1] → R la función característica de Jn y ρn ∈ R+ la
longitud de Jn . Por ejemplo, para todo n ∈ N podemos tomar
1 1 1
Jn = , y ρn =
n+1 n n (n + 1)
Entonces f es medible, por ser el límite puntual de una sucesión de funciones medibles, y el
teorema de la convergencia monótona nos permite escribir
|x(n)| p
Z ∞ Z 1 ∞
p
Ω
| f (t) | dt = ∑ ρn 0
χn (t) dt = ∑ |x(n)| p < ∞
n=1 n=1
Viendo a fx como clase de equivalencia, tenemos por tanto fx ∈ L p , lo cual es válido para toda
sucesión x ∈ l p . Pero de hecho vemos que ∥ fx ∥ p = ∥ x ∥ p para todo x ∈ l p , donde no hay
problema en denotar por ∥ · ∥ p a la norma de L p y también a la de l p . La aplicación x 7→ fx es
evidentemente lineal, luego es un isomorfismo isométrico de l p sobre un subespacio de L p .
En el caso p = ∞ , para cada x ∈ l∞ , en vez de (17) definimos
∞
fx = ∑ x(n) χn
n=1
Llega ahora el momento de trabajar con las aplicaciones, entre espacios normados, que
tienen un buen comportamiento algebraico y topológico: los operadores lineales continuos.
El punto de partida será una caracterización de la continuidad de un operador lineal mediante
una sencilla desigualdad. Como consecuencia, veremos que el espacio vectorial de todos los
operadores lineales continuos entre dos espacios normados, se convierte a su vez de manera
natural en un espacio normado. Ello da lugar a una nueva familia de espacios normados y
espacios de Banach, conocidos de manera genérica como espacios de operadores.
Prestaremos especial atención al caso en que el espacio de llegada es el cuerpo escalar.
Entonces, el término “operador” no resulta ya tan conveniente, por lo que es preferible hablar
de funcionales lineales continuos en un espacio normado. Estos funcionales forman un espacio
de Banach, que es el dual del espacio en el que están definidos. Daremos una descripción muy
concreta de los duales de algunos espacios conocidos.
∃ M ∈ R+
0 : ∥ T (x) ∥ ⩽ M ∥ x ∥ ∀x ∈ X (1)
34
Tema I. Bloque 3. Operadores y funcionales lineales continuos 35
Demostración. Nótese que, siguiendo una sana costumbre, denotamos de la misma forma
a las normas de X e Y , lo que no tiene por qué causar confusión alguna.
Supongamos primero que T es continuo, para comprobar (1) . Por ser T continuo en cero,
existe δ > 0 tal que, para z ∈ X con ∥ z ∥ ⩽ δ se tiene ∥ T (z) ∥ ⩽ 1 . Dado x ∈ X , podemos
escribir x = ∥ x ∥ u con u ∈ X y ∥ u ∥ ⩽ 1 . Tomando z = δ u , tenemos ∥ z ∥ ⩽ δ y deducimos
claramente que δ ∥ T (u) ∥ = ∥ T (z) ∥ ⩽ 1 , de donde ∥ T (u) ∥ ⩽ 1/δ . Como T (x) = ∥ x ∥ T (u) ,
concluimos que ∥ T (x) ∥ = ∥ x ∥ ∥ T (u) ∥ ⩽ (1/δ)∥ x ∥ . Como esta desigualdad es válida para
todo x ∈ X, hemos probado (1) con M = 1/δ .
Recíprocamente, si existe M ∈ R+0 verificando (1) , para cualesquiera u, v ∈ X se tiene
claramente que ∥T (u) − T (v)∥ = ∥ T (u − v) ∥ ⩽ M ∥u − v∥ , con lo que T es una aplicación
lipschitziana, luego continua. ■
Es rutinario comprobar que T + S y λ T son operadores lineales, pero además, usando que la
la suma y el producto por escalares de Y son funciones continuas, la continuidad de T y S nos
lleva fácilmente a la de T + S y λ T , así que T + S , λ T ∈ L(X,Y ) . De nuevo se comprueba
de forma rutinaria que L(X,Y ) , con la suma y el producto por escalares recién definidos, es un
espacio vectorial. Nuestro objetivo es convertir a L(X,Y ) en un espacio normado.
Fijado ahora un operador T ∈ L(X,Y ) , y en vista de la caracterización de la continuidad
antes obtenida, cabe pensar en hacer que la desigualdad que aparece en (1) sea la mejor posible,
es decir, en considerar la mínima constante M ∈ R+ 0 que la verifique. Observamos claramente
+
que, para M ∈ R0 se tiene
∥T ∥ = mı́n M ∈ R+
0 : ∥T (x)∥ ⩽ M ∥x∥ ∀ x ∈ X (2)
Vamos a obtener a continuación otras expresiones útiles para la norma de un operador. Para
ello, descartamos el caso trivial X = {0} .
Recordemos la razón por la que el conjunto que aparece en el segundo miembro de (2)
tiene mínimo: para M ∈ R+ 0 la desigualdad ∥T (x)∥ ⩽ M ∥x∥ es trivial si x = 0 , y en otro caso
equivale a ∥T (x)∥ / ∥x∥ ⩽ M , luego buscamos el mínimo mayorante de un conjunto no vacío y
mayorado de números reales, que obviamente existe, es el supremo de dicho conjunto:
∥T (x)∥
∥T ∥ = sup : x ∈ X \ {0} (3)
∥x∥
Para x∈ X \ {0} tenemos obviamente ∥T (x)∥/∥x∥ = T x/∥x∥ y está claro que el
conjunto x/∥x∥ : x ∈ X \ {0} es la esfera unidad de X, es decir, S = {z ∈ X : ∥z∥ = 1} .
Por tanto la igualdad (3) equivale a
∥T ∥ = sup ∥T (z)∥ : z ∈ S = sup ∥T (z)∥ : z ∈ X , ∥z∥ = 1 (4)
El conjunto que aparece en el segundo miembro de (4) aumenta si sustituimos S por la bola
unidad B = {x ∈ X : ∥x∥ ⩽ 1} , pero su supremo no varía, como vamos a ver.
Observemos finalmente que también se puede sustituir la bola cerrada B por la bola abierta
unidad U , es decir,
∥T ∥ = sup ∥T (u)∥ : u ∈ U = sup ∥T (u)∥ : u ∈ X , ∥u∥ < 1 (6)
Hemos obtenido cinco formas de expresar la norma de un operador, entre las que (2) y (5) son
las que se usan con más frecuencia.
Antes de comprobar que en efecto hemos definido una norma en el espacio vectorial L(X,Y ) ,
expliquemos la forma en que suele usarse la expresión (2) . Si ya sabemos que T ∈ L(X,Y ) ,
podemos escribir ∥T (x)∥ ⩽ ∥T ∥ ∥x∥ para todo x ∈ X, y tenemos una desigualdad óptima, pues
la constante ∥T ∥ que en ella aparece es la mínima posible.
Pero en la práctica, lo habitual es empezar comprobando que un operador lineal T : X → Y
es continuo, encontrando M ∈ R+ 0 tal que ∥T (x)∥ ⩽ M ∥x∥ para todo x ∈ X. Sabemos entonces
que ∥T ∥ ⩽ M , y se dará la igualdad cuando la desigualdad que hemos probado sea óptima.
Comprobemos ya que tenemos una norma en L(X,Y ) . Para T, S ∈ L(X,Y ) , se tiene
∥ (T + S)(x) ⩽ ∥ T (x) ∥ + ∥ S(x) ∥ ⩽ ∥ T ∥ + ∥ S ∥ ∥ x ∥ ∀x ∈ X
de donde ∥T + S∥ ⩽ ∥T ∥ + ∥S∥ . Por otra parte, para λ ∈ K , usando por ejemplo (5) tenemos
∥ λ T ∥ = sup ∥λ T (x)∥ : x ∈ B = |λ| sup ∥T (x)∥ : x ∈ B = |λ| ∥T ∥
Está claro que, de ∥Tn − T ∥ → 0 , se deduce que {Tn (x)} → T (x) para todo x ∈ X, pero
más adelante veremos que el recíproco no es cierto, es decir, la convergencia puntual en X no
es suficiente para asegurar la convergencia en L(X,Y ) .
Podemos ahora probar que, si Y es un espacio de Banach, L(X,Y ) también lo es, con un
tipo de argumento que ya debe ser familiar. Si {Tn } es una sucesión de Cauchy en L(X,Y ) , para
cualesquiera x ∈ X y n, m ∈ N se tiene ∥Tn (x) − Tm (x)∥ ⩽ ∥Tn − Tm ∥ ∥x∥ , luego {Tn (x)} es
una sucesión de Cauchy en Y . Como Y es completo, podemos definir T (x) = lı́m Tn (x) para
n→∞
todo x ∈ X, obteniendo una aplicación T : X → Y . La continuidad de la suma y el producto por
escalares de Y permiten comprobar rutinariamente que T es un operador lineal, y acabaremos
probando que T es continuo con ∥Tn − T ∥ → 0 . Fijado ε > 0 , existe un n0 ∈ N tal que
n, m ∈ N , n, m ⩾ n0 =⇒ ∥Tn − Tm ∥ ⩽ ε =⇒ ∥Tn (x) − Tm (x)∥ ⩽ ε ∥x∥ ∀ x ∈ X
Fijado n ∈ N con n ⩾ n0 , para todo x ∈ X tenemos claramente
∥Tn (x) − T (x)∥ = lı́m ∥Tn (x) − Tm (x)∥ ⩽ ε ∥x∥
m→∞
Más adelante veremos que, excluido el caso trivial X = {0} , la completitud de Y no sólo es
suficiente, sino también necesaria, para la completitud del espacio de operadores L(X,Y ) . Por
otra parte, la completitud de Y , junto con la continuidad uniforme de los operadores lineales y
continuos, tienen otra importante consecuencia, ya que las funciones uniformemente continuas,
con valores en un espacio métrico completo, pueden extenderse de un conjunto a su cierre,
preservando la continuidad uniforme. En vez de probar este resultado más general, para luego
aplicarlo a operadores, preferimos obtener directamente el caso que nos interesa:
Extensión de operadores. Sea Y un espacio de Banach, M un subespacio de un espacio
normado X y consideremos, tanto en M como en M , la norma inducida por X. Entonces, para
cada T ∈ L(M,Y ) , existe un único Te ∈ L(M,Y ) que extiende a T , es decir, Te(u) = T (u) para
todo u ∈ M. Además, se tiene ∥Te∥ = ∥T ∥ .
Demostración. Fijado x ∈ M , existe una sucesión {un } en M tal que {un } → x , con lo
que {un } es una sucesión de Cauchy en M. Como ∥T (un ) − T (um )∥ ⩽ ∥T ∥ ∥un − um ∥ para
cualesquiera n, m ∈ N , deducimos que {T (un )} es una sucesión de Cauchy en el espacio de
Banach Y , luego converge. Para poder definir Te(x) como el límite de la sucesión {T (un )} ,
debemos ver que dicho límite no depende de la sucesión {un } elegida. En efecto, si {vn } es
otra sucesión en M con {vn } → x , tenemos {un − vn } → 0 , luego {T (vn ) − T (un )} → 0 , pero
las sucesiones {T (un )} y {T (vn )} son convergentes, así que sus límites coinciden.
Así pues, para cada x ∈ M definimos Te(x) = lı́m T (un ) , donde {un } es cualquier sucesión
n→∞
de puntos de M tal que {un } → x . Se comprueba rutinariamente que Te : M → Y es un operador
lineal. Si u ∈ M, podemos obviamente tomar un = u para todo n ∈ N , para tener Te(u) = T (u) ,
luego Te extiende a T . Fijando x ∈ M y {un } → x con un ∈ M para todo n ∈ N , usamos ahora
que ∥T (un )∥ ⩽ ∥T ∥ ∥un ∥ para todo n ∈ N , de donde se deduce que ∥Te(x)∥ ⩽ ∥T ∥ ∥x∥ , y esto
prueba que Te ∈ L(M,Y ) con ∥Te∥ ⩽ ∥T ∥ . La otra desigualdad es clara, pues Te extiende a T ,
luego tenemos
∥Te∥ = ∥T ∥ . Finalmente, si Tb : M → Y es cualquier extensión continua de T , el
conjunto x ∈ M : Tb(x) = Te(x) es cerrado y contiene a M , luego coincide con M , es decir,
se tiene Tb = Te . Esto prueba de sobra la unicidad de Te , concluyendo la demostración. ■
| f (x)| ⩽ M ∥x∥ ∀x ∈ X
Esto a su vez ocurre si, y sólo si, f está acotado en cada subconjunto acotado de X, para lo cual
es suficiente que f esté acotado en la bola unidad de X.
El espacio vectorial formado por todos los funcionales lineales continuos en X se denota
por X ∗ , en vez de L(X, K) , y en él disponemos de una norma que se puede expresar de varias
formas, entre las que destacamos dos. Para todo f ∈ X ∗ se tiene:
∥ f ∥ = mı́n M ∈ R+
0 : | f (x)| ⩽ M∥x∥ ∀ x ∈ X = sup | f (x)| : x ∈ X , ∥x∥ ⩽ 1
Un funcional lineal en un espacio normado es continuo si, y sólo si, su núcleo es cerrado.
Conviene resaltar una consecuencia fácil del resultado anterior. Si un funcional lineal f ,
en un espacio normado X, no es continuo, entonces ker f es denso en X. En efecto, hemos
visto que ker f no puede ser cerrado, pero entonces ker f es un subespacio de X que contiene
estrictamente a ker f , de donde se deduce claramente que ker f = X .
N N
∑ ak bk ⩽ máx a1 , a2 , . . . , aN ∑ bk
k=1 k=1
que puede entenderse como la desigualdad de Hölder para los casos p = ∞ y p = 1 . Veamos
pues la forma en que podemos usar dicha desigualdad, sin excluir los casos p = 1 y p = ∞ , y
sin distinguirlos de los que ya conocíamos. Para 1 ⩽ p ⩽ ∞ se tiene claramente:
N
∑ |x(k)| |y(k)| ⩽ ∥x∥ p ∥y∥ p ∗ ∀ x, y ∈ K N (7)
k=1
y p∗
⩽ yb (9)
p ∗ −1
Finalmente, si 1 < p < ∞ , tomamos x(k) = α k y(k) para todo k ∈ {1, 2, . . . , N} .
Entonces, por una parte tenemos
N N
p ∗ −1 p∗ p∗
yb(x) = ∑ αk y(k) y(k) = ∑ y(k) = ∥ y ∥ p∗
k=1 k=1
y por otra vemos que
!1/p !1/p
N N
(p ∗ −1)p p∗ p ∗ /p
x p
= ∑ y(k) = ∑ y(k) = y p∗
k=1 k=1
Enlazando las dos últimas igualdades obtenemos
p∗ p ∗ /p
∥ y ∥ p∗ = yb(x) ⩽ yb x p
= yb y p∗
Suponiendo que y ̸= 0 , pues en otro caso (9) es evidente, podemos dividir ambos miembros
p ∗ /p
por y p∗ > 0 , y como p ∗ − (p ∗ /p) = 1 , obtenemos (9) .
Así pues, en todos los casos hemos probado (9) y, como ya teníamos la otra desigualdad,
concluimos que
yb = ∥ y ∥ p ∗ (10)
∗
Consideremos la aplicación Φ : l pN∗ → l pN , definida por Φ(y) = yb para todo y ∈ l pN∗ , que
evidentemente es lineal. En (10) vemos que Φ es isométrica, luego en particular inyectiva, pero
comprobamos enseguida que también es sobreyectiva. En efecto, denotando por {e1 , e2 , . . . , eN }
a la base usual de K N , si f es cualquier funcional lineal en K N , se tiene claramente que f = yb,
sin más que tomar y(k) = f (ek ) para todo k ∈ {1, 2, . . . , N} . Destacamos el resultado obtenido,
que describe perfectamente toda una gama de espacios duales.
∗
Para N ∈ N y 1 ⩽ p ⩽ ∞ , los espacios l pN∗ y l pN son isométricamente isomorfos. De
hecho, definiendo
N
yb (x) = ∑ x(k) y(k) ∀ x, y ∈ K N
k=1
∗
la aplicación y 7→ yb es un isomorfismo isométrico de l pN∗ sobre l pN .
Como esto es válido para todo n ∈ N , la serie ∑ x(n) y(n) es absolutamente convergente con
n⩾1
∞ ∞
∑ x(n) y(n) ⩽ ∑ x(n) y(n) ⩽ x p
y p∗
(11)
n=1 n=1
Es claro que yb es un funcional lineal en l p y (11) nos dice que yb ∈ l p∗ con yb ⩽ y p ∗ , pero
probaremos la igualdad, viendo que y p ∗ ⩽ yb . Para n ∈ N , escribimos | y(n) | = αn y(n)
con αn ∈ K y | αn | = 1 , y distinguimos ahora los tres casos que pueden darse.
Si p = 1 , usando los vectores unidad {en : n ∈ N} , para todo n ∈ N tenemos
y(n) = yb(en ) ⩽ yb en 1
= yb
p ∗ −1
Finalmente, si 1 < p < ∞ , tomando x(n) = α n y(n) para todo n ∈ N , tenemos de
entrada que
∞ ∞ ∞
p (p ∗ −1)p p∗
∑ x(n) = ∑ y(n) = ∑ y(n) <∞
n=1 n=1 n=1
p ∗ /p
luego x ∈ l p con x p
= y p∗
. Pero ahora vemos también que
∞ ∞
p ∗ −1 p∗ p∗
yb (x) = ∑ αn y(n) y(n) = ∑ y(n) = y p∗
n=1 n=1
En todos los casos, dado f ∈ l p∗ , hemos comprobado que y ∈ l p ∗ , donde y(n) = f (en ) para
todo n ∈ N . Nos preguntamos ahora si yb = f , y comprobamos enseguida que la respuesta es
afirmativa para 1 ⩽ p < ∞ .
En efecto, como yb (en ) = f (en ) para todo n ∈ N , por linealidad deducimos que yb ha de
coincidir con f en el subespacio engendrado por los vectores unidad, que es denso en l p . Por
tanto tenemos dos funciones continuas en l p que coinciden en un conjunto denso, luego son
iguales, como queríamos. Así pues, cuando 1 ⩽ p < ∞ , la aplicación Φ es sobreyectiva. Antes
de discutir lo que ocurre para p = ∞ , destaquemos todo lo demostrado en los demás casos.
Nótese que, para 1 < p < ∞ , el resultado anterior también es válido sustituyendo p por p ∗ ,
y tenemos la misma simetría observada en dimensión finita: cada uno de los espacios l p y l p ∗
se identifica con el dual del otro. En particular, l2 se identifica con su propio dual.
En el caso p = ∞ el resultado anterior no es válido como demostraremos más adelante.
La aplicación lineal Φ : l1 → l∞∗ es isométrica, luego l1 es isométricamente isomorfo a un
subespacio cerrado de l∞∗ , pero Φ no es sobreyectiva. De hecho veremos que, si X es un
espacio normado y X ∗ es separable, entonces X es separable. Por tanto, l∞∗ no es separable,
luego no puede ser siquiera homeomorfo a l1 . Tenemos así un ejemplo en el que no se presenta
la simetría entre un espacio y su dual que hasta ahora veníamos observando. El dual de l1 se
identifica con l∞ , pero el dual de l∞ no se puede identificar con l1 . Pronto veremos otro ejemplo
de esta situación, que no requiere esperar a la demostración de otros resultados.
El motivo por el que no podemos razonar con l∞ como hemos hecho con l p , para p < ∞ ,
salta a la vista: el subespacio engendrado por los vectores unidad no es denso en l∞ . Esto sugiere
la posibilidad de trabajar con c0 en vez de l∞ , como haremos ahora.
Para y ∈ l1 , consideramos la restricción de yb a c0 que denotaremos por ye, siendo evidente
que ye ∈ c0∗ con ye ⩽ yb ⩽ y 1 . En vez de Φ , usaremos ahora la aplicación Ψ : l1 → c0∗
dada por Ψ(y) = ye para todo y ∈ l1 . Para ver que Ψ es isométrica, dado y ∈ l1 , para cada k ∈ N
escribimos y(k) = α k y(k) con α k ∈ K y |α k | = 1 . Para todo n ∈ N se tiene
!
n n n
∑ y(k) = ye ∑ α k ek ⩽ ye ∑ α k ek ⩽ ye
k=1 k=1 k=1 ∞
de donde y 1 ⩽ ye , como se quería. Para ver que Ψ es sobreyectiva, dado f ∈ c0∗ , para
cada n ∈ N tomamos y(n) = f (en ) y escribimos | y(n) | = αn y(n) con αn ∈ K y | αn | = 1 .
Entonces, para todo n ∈ N , se tiene
!
n n n
∑ y(k) = f ∑ α k ek ⩽ f ∑ α k ek ⩽ f
k=1 k=1 k=1 ∞
luego y ∈ l1 como se quería. Finalmente está bien claro que ye = f , porque el subespacio
engendrado por los vectores unidad es denso en c0 igual que lo era en l p para 1 ⩽ p < ∞ .
Como ye(en ) = f (en ) para todo n ∈ N , se tiene ye = f . Hemos probado el siguiente resultado,
con el que concluimos el estudio de los duales de los espacios de sucesiones.
Tenemos ya el ejemplo prometido, para el que no hay simetría entre un espacio de Banach
y su dual: el dual de c0 se identifica con l1 , pero el dual de l1 se identifica con l∞ , que no se
puede identificar con c0 , ya que c0 es separable y l∞ no lo es.
En todos los casos, hemos probado que la aplicación Φ definida en (13) es isométrica.
Cuando p < ∞ , dicha aplicación es también sobreyectiva, cosa que no vamos a demostrar.
Enunciamos sin embargo este importante resultado.
Teorema de representación de Riesz, para los espacios de Lebesgue. Para 1 ⩽ p < ∞ , los
espacios de Banach L p∗ y L∗p son isométricamente isomorfos. Más concretamente, definiendo
Z
gb( f ) = f (t) g(t) dt ∀ f ∈ L p (Ω) , ∀ g ∈ L p∗ (Ω)
Ω
la aplicación g 7→ gb es un isomorfismo isométrico de L p∗ sobre L∗p .
En lo que sigue vamos a usar con frecuencia la noción de isomorfismo entre dos espacios
normados, que es menos restrictiva que la de isomorfismo isométrico, pero hasta cierto punto
permite identificarlos, de ahí su nombre. Aclarado este concepto, estudiaremos dos operaciones
que, a partir de dos espacios normados conocidos, permiten obtener otros nuevos: producto y
cociente. Al discutir la relación entre ellas, van a aparecer otras dos nociones importantes: las
de suma topológico-directa y subespacio complementado.
48
Tema I. Bloque 4. Operaciones con espacios normados 49
Para tener ejemplos de isomorfismos entre espacios normados, que no son isométricos, basta
pensar que dos normas en un espacio vectorial X son equivalentes si, y sólo si, la identidad es
un isomorfismo, de X con una de las normas, sobre X con la otra. Dicho isomorfismo sólo es
isométrico, cuando ambas normas coinciden. En cierto modo, todo los isomorfismos son del
mismo tipo que los recién presentados, como vamos a ver.
Si X e Y son espacios normados, y T : X → Y un isomorfismo, tenemos
∥ T (x) ∥ ⩽ ∥ T ∥ ∥ x ∥ ∀x ∈ X y ∥ T −1 (y) ∥ ⩽ ∥ T −1 ∥ ∥ y ∥ ∀y ∈ Y
Dado x ∈ X , podemos tomar y = T (x) en la segunda desigualdad para obtener
1
∥ x ∥ ⩽ ∥ T (x) ∥ ⩽ ∥ T ∥x∥ ∀x ∈ X
∥ T −1 ∥
Vemos en particular que T es isométrico si, y sólo si, ∥ T ∥ = ∥ T −1 ∥ = 1 .
En cualquier caso, si definimos ∥ x ∥T = ∥ T (x) ∥ para todo x ∈ X , está claro que obtenemos
una nueva norma ∥·∥T en X , que por las desigualdades anteriores es equivalente a la de partida.
Ahora bien, es obvio que T es un isomorfismo isométrico de X con la norma ∥ · ∥T , sobre Y .
Podemos por tanto identificar esos dos espacios normados, y está claro que entonces T se
convierte en el operador identidad, de X con la norma de partida, en X con la norma · T ,
siendo dichas dos normas equivalentes. Así pues, cuando dos espacios normados X e Y son
isomorfos, podemos perfectamente pensar que cualquiera de ellos se obtiene a partir del otro,
sustituyendo su norma por otra equivalente a ella.
Para tener un ejemplo de dos espacios normados isomorfos, que no son isométricamente
isomorfos, observamos los espacios reales l12 y l22 . Como ∥·∥1 y ∥·∥2 son normas equivalentes
en R2 , pero distintas, la identidad en R2 es un isomorfismo entre dichos espacios que no
es isométrico. Pero eso no basta para asegurar que no son isométricamente isomorfos, podría
existir un isomorfismo isométrico entre ellos, distinto de la identidad. Supongamos por tanto
que T es un isomorfismo isométrico de l12 sobre l22 , para llegar a una contradicción. Si J es
el segmento de extremos (1, 0) y (0, 1) , contenido en la esfera unidad de l12 , entonces T (J) ,
que es el segmento de extremos T (1, 0) y T (0, 1) , estará contenido en la esfera unidad de l22 ,
una circunferencia que no contiene segmentos no triviales. Esto implica que T (J) se reduce a
un punto, es decir, T (1, 0) = T (0, 1) , lo cual es una contradicción, porque T era inyectivo.
Por otra parte, es obvio que para λ ∈ K y (x, y) ∈ X ×Y se tiene ∥ λ (x, y) ∥ p = | λ | ∥ (x, y) ∥ p ,
así como que, de ∥ (x, y) ∥ = 0 se deduce que x = y = 0 .
Fijando (x, y) ∈ X ×Y , la desigualdad triangular para , ∥ · ∥ p nos dice que
pero es evidente que ∥ (x, y) ∥∞ ⩽ ∥ (x, y) ∥ p y que ∥ (x, y) ∥1 ⩽ 2 ∥ (x, y) ∥∞ . Enlazando las tres
desigualdades anteriores, obtenemos
y esto prueba que todas las normas que estamos considerando en X ×Y son equivalentes.
Denotemos por T a la topología producto en X × Y , que sabemos tiene como base a la
familia B formada por todos conjuntos del tipo U × V donde U y V son abiertos de X e Y
respectivamente. Por otra parte, sea T∞ la topología de la norma ∥ · ∥∞ que tiene como base a
la familia B∞ formada por todas las bolas abiertas para ∥ · ∥∞ . Cada una de estas bolas es el
producto cartesiano de una bola abierta en X por una bola abierta en Y , luego tenemos B∞ ⊂ B ,
de donde T∞ ⊂ T . Pero recíprocamente, si U y V son abiertos en X e Y , ambos son uniones
de bolas abiertas en sus respectivos espacios, luego U ×V es unión de elementos de B∞ . Esto
prueba que B ⊂ T∞ , de donde T ⊂ T∞ . Concluimos que T = T∞ , y por tanto T es también la
topología de la norma ∥ · ∥ p , para 1 ⩽ p < ∞ . ■
Es costumbre llamar espacio normado producto de X por Y , a cualquiera que se obtenga
dotando a X ×Y de una norma cuya topología sea la producto, por ejemplo, cualquiera de las
normas ∥ · ∥ p con 1 ⩽ p ⩽ ∞ . Está claro que todos estos espacios normados son isomorfos,
o por así decirlo, existe salvo isomorfismos un único espacio normado producto de X por Y ,
que se suele denotar simplemente por X × Y . Ciertamente es una notación ambigua, pero ello
no es problema para estudiar propiedades que se conservan por isomorfismos, como ocurre por
ejemplo con la completitud. El siguiente enunciado tiene por tanto perfecto sentido:
Para trabajar con el cociente X/M , conviene siempre usar la aplicación cociente, que a cada
vector x ∈ X asocia la clase de equivalencia a la que pertenece, esto es
q : X → X/M , q x = x+M ∀x ∈ X
Equivalentemente, se tiene
∥ q(x) ∥ = ∥ x + M ∥ = ı́nf ∥ x + y ∥ : y ∈ M ∀x ∈ X (4)
Fijados x1 , x2 ∈ X e u, v ∈ M se tiene
∥ q(x1 + x2 ) ∥ ⩽ ∥ x1 + x2 + u + v ∥ ⩽ ∥ x1 + u ∥ + ∥ x2 + v ∥
∥ q(x1 + x2 ) ∥ ⩽ ∥ x1 + u ∥ + ∥ q(x2 ) ∥
Entendemos ahora la razón para suponer que M es cerrado: en otro caso la definición (3)
nos daría una seminorma en X/M , pero no una norma.
Como es natural, la norma definida en (3) se conoce como norma cociente, y su topología
recibe el nombre de topología cociente. También es habitual decir que X/M , con dicha norma,
es el espacio normado cociente de X por M .
Para trabajar en el espacio normado cociente se aprovechan sobre todo las propiedades de
la aplicación cociente que se recogen en el siguiente enunciado:
(i) . Por definición de la norma cociente, se tiene evidentemente que ∥ q(x) ∥ ⩽ ∥ x ∥ para
todo x ∈ X , luego q ∈ L(X, X/M) y por ahora tenemos ∥ q ∥ ⩽ 1 .
(ii) . Para x ∈ U se tiene ∥ q(x) ∥ ⩽ ∥ x ∥ < 1 , lo que nos da una inclusión. Pero si w ∈ X/M
verifica que ∥ w ∥ < 1 , por definición de ínfimo ha de existir x ∈ w tal que ∥ x ∥ < 1 , de donde
se deduce que w = q(x) ∈ q(U) , y tenemos la otra inclusión.
(iii) . Suponiendo que M ̸= X , de (ii) deducimos claramente que
∥ q ∥ = sup ∥ q(x) ∥ : x ∈ U = sup ∥w∥ : w ∈ X/M , ∥w∥ < 1 =1
La afirmación (vi) nos interesa sobre todo cuando Y es un espacio normado y f es lineal.
En particular nos da información sobre la factorización canónica de un operador lineal, que
pasamos a recordar.
Sea T : X → Y un operador lineal entre espacios vectoriales y consideremos su núcleo e
imagen, ker T y T (X) , subespacios de X e Y , respectivamente. Consideramos la aplicación
cociente q : X → X/ ker T , lineal y sobreyectiva, y la inclusión natural J : T (X) → Y , que es
lineal e inyectiva. Entonces existe una única biyección lineal S : X/ ker T → T (X) , verificando
la igualdad T = J ◦ S ◦ q , que se conoce como factorización
canónica del operador lineal T .
De hecho, está claro que S ha de verificar que S q(x) = T (x) para todo x ∈ X, y esa misma
igualdad permite definir correctamente S , obteniendo la biyección lineal buscada.
Pues bien, supongamos ahora que X e Y son espacios normados y tomemos T ∈ L(X,Y ) .
Entonces ker T es un subespacio cerrado de X, que da lugar al espacio normado cociente, y
sabemos que q ∈ L(X, X/ ker T ) . Por otra parte, en T (X) tenemos la norma inducida por Y , con
la que J es isométrica. Pero la clave está en comprobar que el operador S también es continuo.
En efecto, como T = J ◦ S ◦ q es continuo, y J es una isometría, vemos que S ◦ q es continuo
y basta usar la afirmación (vi) del resultado anterior. Por tanto, la factorización canónica de T
lo expresa como composición de tres operadores lineales continuos, como debe ser.
Finalmente, cabe preguntarse por la completitud del espacio normado cociente. La respuesta
no puede ser más diáfana:
Si X es completo, M también lo es, por ser cerrado en X. Para probar que X/M también
es un espacio de Banach, usaremos el criterio de completitud en términos de series.
Sea pues ∑ wn una serie absolutamente convergente en X/M y, para cada n ∈ N , usemos
n⩾1
la definición de la norma cociente para encontrar xn ∈ X tal que
1
wn = q(xn ) y xn ⩽ wn +
2n
∞ ∞ ∞
1
De esta forma, ∑ xn ⩽ ∑ wn + ∑ 2n < ∞ , luego la serie ∑ xn es absolutamente
n=1 n=1 n=1 n⩾1
convergente y, por la completitud de X, es convergente. Como q es un operador lineal continuo,
deducimos que la serie ∑ q(xn ) = ∑ wn es convergente, como se quería.
n⩾1 n⩾1
Supongamos que M y X/M son completos, y sea {xn } una sucesión de Cauchy en X.
Entonces la sucesión { q(xn ) } es de Cauchy en X/M , luego converge a un w ∈ X/M , que se
puede escribir como w = q(z) con z ∈ X . Entonces q(xn − z) → 0 , y la definición de la
norma cociente nos permite encontrar una sucesión {yn } en M , tal que xn − z + yn → 0 .
Entonces {xn − z + yn } y xn − z } son sucesiones de Cauchy, de donde deducimos que {yn }
también lo es, ya que yn = (xn − z + yn ) − (xn −z) para todo
n ∈ N . Usando entonces que M es
completo, tenemos {yn } → y ∈ M , de donde xn = (xn − z + yn ) + z − yn → z − y . Esto
prueba que X es completo y concluye la demostración. ■
Se tiene X = M ⊕ Z si, y sólo si, existe una proyección lineal P en X tal que M = P(X)
y Z = ker P. En tal caso, si ϕ es la restricción a M × Z de la suma de X , se tiene:
ϕ−1 (x) = P(x) , x − P(x)
∀x ∈ X (6)
El siguiente enunciado resume toda la discusión anterior, resaltando las tres condiciones
equivalentes que deben cumplirse, para que la descomposición de un espacio normado, como
suma directa de dos subespacios cerrados, tenga utilidad.
Vamos a presentar dos resultados básicos acerca de los espacios normados más sencillos, los
de dimensión finita. En primer lugar, un teorema probado por F. Hausdorff en 1932, afirmando
que, para cada N ∈ N , todas las normas en K N son equivalentes. De hecho obtendremos un
resultado formalmente más fuerte, del que se deducen varias consecuencias relevantes. Por otra
parte, veremos un clásico teorema probado por F. Riesz en 1918, que nos da una caracterización
puramente topológica de los espacios normados de dimensión finita.
Lema. Para N ∈ N , todo operador lineal, de KN con la topología usual, en cualquier otro
espacio normado, es continuo.
Pasamos a probar un primer resultado clave sobre espacios normados de dimensión finita.
58
Tema I. Bloque 5. Espacios normados de dimensión finita 59
Teorema de Hausdorff. Toda biyección lineal, entre dos espacios normados de dimensión
finita, es un isomorfismo.
Este teorema suele enunciarse diciendo que, para cada N ∈ N , todas las normas en K N
son equivalentes. Se puede comprobar que tal enunciado es equivalente, valga la redundancia,
al que hemos usado, pero nos parece menos conveniente, porque lo queramos o no, al hablar
de K N tenemos presente su base usual, mientras que si hablamos de un espacio normado de
dimensión N , está claro que no estamos pensando en ninguna base de dicho espacio.
Fijado N ∈ N , el teorema anterior deja bien claro que K N , con cualquier norma, es salvo
isomorfismos, el único espacio normado de dimensión N , pero da una información adicional
que conviene resaltar. Si X e Y son dos espacios normados de dimensión N , el teorema no
sólo nos dice que X e Y son isomorfos, sino que toda biyección lineal de X sobre Y es un
isomorfismo. Merece la pena detenerse a explicar el mayor interés de esta segunda afirmación.
Si X es un espacio vectorial de dimensión N , la forma natural de definir una norma en X
es bastante obvia: usar coordenadas. Fijada una base de X, tenemos una biyección lineal de X
sobre K N , que nos permite trasladar a X cualquier norma de K N , por ejemplo, la euclídea.
La norma que obtenemos en X depende obviamente de la base que hemos usado, dos bases
distintas dan lugar a dos biyecciones lineales distintas Φ1 , Φ2 : X → K N , con las que obtenemos
dos normas distintas, dadas por ∥ x ∥1 = ∥ Φ1 (x) ∥ y ∥ x ∥2 = ∥ Φ2 (x) ∥ para todo x ∈ X. Si
el teorema anterior sólo dijese que dos espacios normados de la misma dimensión finita son
isomorfos, tendríamos tan solo un isomorfismo, de X con la norma ∥ · ∥1 sobre X con la
norma ∥ · ∥2 . Esto es evidente, Φ2−1 ◦ Φ1 es un tal isomorfismo, que de hecho es isométrico. Sin
embargo, el teorema asegura que la identidad en X es otro isomorfismo, es decir, que ambas
normas son equivalentes. Así pues, en X existe una única topología común a todas las normas,
que no depende de la base que podamos usar para definirla, o para trabajar con ella.
5.2. Consecuencias
El teorema de Hausdorff tiene varios corolarios destacables, algunos de los cuales equivalen
al propio teorema. En primer lugar, el lema previo tiene ahora una versión más general:
Cabe preguntarse lo que ocurre cuando es el espacio de llegada de nuestro operador lineal
el que tiene dimensión finita. La respuesta es el siguiente resultado, que generaliza lo que ya
sabíamos para funcionales lineales.
En cualquier espacio normado, todos los subespacios de dimensión finita son cerrados.
Como última consecuencia del teorema de Hausdorff, obtenemos una condición suficiente
para que un subespacio cerrado de un espacio normado esté complementado. Recordemos que,
si M es un subespacio de un espacio vectorial X, la codimensión de M en X es la dimensión
del cociente X/M , que coincide con la de cualquier complemento algebraico de M en X.
x= ∑ fγ (x) uγ ∀x ∈ X
γ∈Γ
Obsérvese que, para cada x ∈ X, esta suma es en realidad finita, pues sólo hay un conjunto finito
de sumandos no nulos. Podemos entonces definir
x = ∑ fγ (x) ∀x ∈ X
γ∈Γ
pues de nuevo, cada una de estas sumas es finita. Es inmediato comprobar que de esta forma
hemos definido una norma en X. ■
Ahora podemos observar también que el teorema de Hausdorff está muy lejos de ser cierto
en espacios de dimensión infinita:
Sea f un funcional lineal en X que no sea continuo, cuya existencia acabamos de probar, y
sea u ∈ X tal que f (u) = 1 . Consideramos el operador lineal T : X → X definido por:
T (x) = x − 2 f (x) u ∀x ∈ X
Para cada x ∈ X tenemos f T (x) = f (x) − 2 f (x) f (u) = − f (x) , de donde
T T (x) = T (x) − 2 f T (x) u = x − 2 f (x) u + 2 f (x) u = x ∀x ∈ X
lo que prueba que T es biyectivo con T −1 = T . Finalmente, como x − T (x) = 2 f (x) u para
todo x ∈ X, si T fuese continuo, f también lo sería. ■
Por llamativo que parezca, este resultado es consecuencia directa del anterior. Para abreviar,
llamamos X1 al espacio normado que se obtiene considerando en X, la norma de partida ∥ · ∥1 .
Tenemos una biyección lineal T : X1 → X1 , que verifica T = T −1 , y no es continua. Definimos
entonces
x 2 = T (x) 1 ∀x ∈ X
con lo que obviamente tenemos una norma ∥ · ∥2 en X, y llamamos X2 al espacio normado que
se obtiene dotando a X de esta nueva norma. Se cumple la segunda parte del enunciado, puesto
que T es un isomorfismo isométrico, de X2 sobre X1 . En particular, tenemos T ∈ L(X2 , X1 ) ,
pero también T = T −1 ∈ L(X1 , X2 ) .
Como T ∈ L(X2 , X1 ) , si la topología de X1 contuviese a la de X2 , se tendría T ∈ L(X1 , X1 ) ,
cosa que no es cierta. Pero como T ∈ L(X1 , X2 ) , si la topología de X2 contuviese a la de X1 ,
se tendría igualmente T ∈ L(X1 , X1 ) . Por tanto, las topologías de X1 y X2 no son comparables,
como se quería. ■
Para 1 ⩽ p < ∞ , es fácil ver que la esfera unidad de l p no es compacta. De hecho, si {en }
es la sucesión de los vectores unidad, para n, m ∈ N con n ̸= m se tiene ∥ en − em ∥ p = 21/p .
Tenemos así una sucesión en la esfera unidad de l p , que claramente no admite ninguna sucesión
parcial convergente, luego dicha esfera unidad no es compacta. Pues bien, el lema anterior
permite probar fácilmente que lo mismo ocurre en todo espacio normado de dimensión infinita:
Demostración. Fijemos ρ ∈ R , con 0 < ρ < 1 , por ejemplo ρ = 1/2 . Las bolas abiertas
de radio ρ , centradas en puntos de S , forman un recubrimiento de S por abiertos, del que podrá
extraerse un subrecubrimiento finito. Existen por tanto n ∈ N y z1 , z2 , . . . , zn ∈ S tales que
n
[
S⊂ x ∈ X : ∥ x − zk ∥ < ρ (2)
k=1
Tomando M = Lin z1 , z2 , . . . , zn } , por un corolario al teorema de Hausdorff, sabemos que M
es cerrado en X, y de hecho veremos que M = X , con lo que X tendrá dimensión finita. En
efecto, si fuese M ̸= X, el lema anterior nos daría un x ∈ S tal que d(x, M) ⩾ ρ , y en particular
se tendría ∥ x − zk ∥ ⩾ ρ para todo k ∈ {1, 2, . . . , n} , en clara contradicción con (2) . ■
Resaltamos lo más llamativo del teorema anterior: la afirmación (ii) , que sólo involucra la
topología de X, y no su estructura de espacio vectorial, es equivalente a (i) , que sólo involucra
la estructura de espacio vectorial de X, pero no su topología.
Para trabajar en espacios normados de dimensión infinita, la conclusión más relevante que
debemos extraer del teorema anterior, es la escasez de conjuntos compactos en tales espacios.
Como lo bola unidad no es compacta, ninguna bola cerrada de radio positivo puede serlo, luego
un conjunto compacto no puede contener bolas no triviales:
Las nociones que siguen tienen sentido en cualquier espacio métrico, pero las planteamos
en el caso que nos interesa. Sea X un espacio normado y A un subconjunto no vacío de X.
Dado x ∈ X, se dice que y ∈ A es una mejor aproximación de x en A , cuando verifica que
En general, una tal mejor aproximación puede no existir, y cuando existe, puede no ser única.
Se dice que A es un conjunto proximinal en X, cuando todo punto x ∈ X tiene al menos una
mejor aproximación en A . Es claro que para ello A tiene que ser cerrado en X, pues para x ∈ A
se tiene d(x, A) = 0 , luego si existe y ∈ A tal que ∥ x − y ∥ = 0 , se tiene x = y ∈ A . Es natural
preguntarse hasta qué punto es cierto el recíproco, pregunta cuyo estudio es uno de los objetivos
generales de toda una rama de la Matemática, la Teoría de Aproximación.
Cuando el conjunto A está contenido en un subespacio de dimensión finita, es fácil probar
que la pregunta planteada tiene respuesta afirmativa:
En la demostración anterior, la compacidad juega un papel clave, lo que nos hace sospechar
que el resultado no va a ser cierto en general. como efectivamente vamos a comprobar.
Pensemos en la proximinalidad de un subespacio cerrado M de un espacio normado X, el
caso que tiene más interés. Un vector x0 ∈ X tiene una mejor aproximación en M si, y sólo si,
el ínfimo que define a la norma cociente de la clase
de equivalencia x0 + M es un mínimo, es
decir, existe y0 ∈ M tal que ∥ x0 − y0 ∥ = mı́n ∥ x0 − y ∥ : y ∈ M = ∥ x0 + M∥ . Cuando M
tiene codimensión 1 en X, es decir, cuando M = ker f con f ∈ X ∗ \ {0} , podemos calcular
fácilmente la norma cociente, y la posible proximinalidad de M equivale a otro problema, que
hasta ahora no habíamos abordado.
f (x)
d x , ker f = ∀x ∈ X
∥f∥
Además, las siguientes afirmaciones son equivalentes:
(i) ker f es proximinal en X
(ii) La función | f | tiene máximo en la esfera unidad de X.
Veamos ahora un ejemplo sencillo en el que no se verifica la afirmación (ii) del enunciado
anterior. Recordemos para ello la identificación de l1∗ con l∞ . Cada sucesión acotada z ∈ l∞ se
z ∈ l1∗ definido por
identifica con el funcional b
∞
z (x) =
b ∑ x(n) z(n) ∀ x ∈ l1
n=1
Pues bien, supongamos que la función b z tiene máximo en la esfera unidad de l1 , es decir,
que existe u ∈ l1 con ∥ u ∥1 = 1 tal que bz (u) = b
z = z ∞ . Se tiene entonces que
∞ ∞
z ∞
= b
z (u) ⩽ ∑ u(n) z(n) ⩽ z ∞ ∑ u(n) = z ∞
u 1
= z ∞
n=1 n=1
luego todas la desigualdades que han aparecido en la cadena anterior han de ser igualdades.
En particular, se tiene que u(n) z(n) = u(n) z ∞ para todo n ∈ N . Como u ̸= 0 ,
deducimos que existe un n ∈ N tal que z(n) = z ∞ , luego el supremo que define a ∥ z ∥∞
es un máximo. Pero en general, esto no tiene por qué ocurrir: tomando v(n) = 1 − (1/n) para
todo n ∈ N , es obvio que v ∈ l∞ con ∥ v ∥∞ = 1 , pero | v(n) | < 1 para todo n ∈ N .
Deducimos que la función vb no tiene máximo en la esfera unidad de l1 . Por el resultado
anterior, tomando M = ker vb, tenemos un subespacio cerrado de l1 que no es proximinal en l1 .
Concretamente dicho subespacio viene dado por
( )
∞
n−1
M = y ∈ l1 : ∑ y(n) = 0
n=1 n
Aunque resulte un poco repetitivo, conviene resaltar que el ejemplo anterior da respuesta
negativa a cuatro cuestiones que han aparecido anteriormente. En primer lugar, en el espacio de
Banach X = l1 tenemos un funcional lineal y continuo f = vb ∈ X ∗ , tal que la función | f | no
tiene máximo en la esfera unidad de X. Equivalentemente, el hiperplano cerrado M = ker f no
es proximinal en X, luego en segundo lugar, tenemos un ejemplo de un subconjunto cerrado M
de un espacio de Banach X, tal que M no es proximinal en X.
En tercer lugar, existe x0 ∈ X que no tiene mejor aproximación en M , luego tenemos un
ejemplo en el que el ínfimo que define a la norma cociente ∥ x0 + M ∥ no es un mínimo. De
hecho, como X/M tiene dimensión 1 , veremos que lo mismo ocurre para cualquier otro x ∈ X
tal que x ∈
/ M . En efecto, escribiendo x0 + M = λ (x + M) con λ ∈ K \ {0} , tenemos
∥ x0 + y ∥ : y ∈ M = ∥ λ (x + z) ∥ : z ∈ M = | λ | ∥ x + z ∥ : z ∈ M