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Don Quijote y la esencia del amor caballeresco

Don Quijote argumenta que todo caballero andante debe tener una dama a quien amar, mencionando a Dulcinea del Toboso como su amada ideal. En un encuentro con arrieros yangüeses, Don Quijote y Sancho Panza intentan vengar a Rocinante, quien fue maltratado, pero son rápidamente superados y derrotados. Sancho, siendo más pacífico, expresa su deseo de evitar conflictos, mientras que Don Quijote se siente culpable por haber desafiado a hombres no armados.

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Don Quijote y la esencia del amor caballeresco

Don Quijote argumenta que todo caballero andante debe tener una dama a quien amar, mencionando a Dulcinea del Toboso como su amada ideal. En un encuentro con arrieros yangüeses, Don Quijote y Sancho Panza intentan vengar a Rocinante, quien fue maltratado, pero son rápidamente superados y derrotados. Sancho, siendo más pacífico, expresa su deseo de evitar conflictos, mientras que Don Quijote se siente culpable por haber desafiado a hombres no armados.

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digo que no puede ser que haya caballero

andante sin dama, porque tan propio y tan


natural les es a los tales ser enamorados, como
al cielo tener estrellas, y a buen seguro que" no
se haya visto historia donde se halle caballero
andante sin amores, y por el mesmo caso que"
estuviese sin ellos no sería tenido por legítimo
caballero.
-Luego si es de esencia que todo caballero
andante haya de ser" enamorado, dijo el cami-
nante, bien se puede creer que" vuestra mer-
ced lo es, pues es de la profesión; y le suplico
nos diga el nombre, patria, calidad y hermo-
sura de su dama, que ella se tendría por dichosa
de que todo el mundo sepa que es querida y ser-
vida de un tal caballero como vuestra merced
parece.
Aquí dió un gran supiro don Quijote y dijo:
-Yo no podré afirmar si la dulce mi ene-
miga" gusta o no de que el mundo sepa que yo
la sirvo; sólo sé decir que su nombre es Dulci-
nea, su patria El Toboso, un lugar de la Man-
cha, su calidad por lo menos ha de ser de prin-
cesa, pues es reina y señora mía, su hermosura
sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer
verdaderos" todos los imposibles y quiméricos
atributos de belleza que los poetas dan a sus
damas; que sus cabellos son oro, su frente
campos ellseos, su cejas arcos del cielo, sus ojos
soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, per-
las sus dientes, alabastro su cuello, mármol su
pecho, marfil sus manos, su blancura nieve".
-El linaje, prosapia y alcurnia" querria-
mas: saber, replicó Vivaldo.

59
A lo cual respondió don Quijote:
-Es de los del Toboso de la Mancha, linaje
aunque moderno tal, que puede dar generoso
principio a las más ilustres fanúlias de los veni-
deros siglos.
Con gran atención iban escuchando todos los
demás la plática de los dos, y aun hasta los
núsmos cabreros y pastores conocieron la dema-
siada falta de juicio* de nuestro don Quijote.
Sólo Sancho Panza pensaba que cuanto su amo
decía era verdad, sabiendo él quién era y
habiéndole conocido desde su nacimiento; y en
lo que dudaba algo era en creer aquello de la
linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal
nombre ni tal princesa había llegado jamás a su
noticia aunque vivía tan cerca del Toboso.
(Cap. XIII)

NOTAS

lo Que le movía. Qui l'incitait, qui le poussait.


2. La profesión de mi ejercicio. L'exercice de ma profession.
3. El buen paso. La vie radIe, la bonne vie.
4. El regalo. La bonne chere.
5. Allá. Marque combien ces choses-Ia lui sont étran-
ghes.
6. Cortesanos; caballeros cortesanos. Chevaliers [Link]
vivant a la cour, par opposition aux chevaliers
errants.
7. Aquel. Valeur emphatique du relatif aquel dans tout
le passage.
8. Que qué quería decir. Le prernier que, explétif, donne
a
plus de rcHef l'interrogation.

60
9. Extendiéndosey dilatdndose ... por muchas y diversas partes...
fueron famosos y conocidos. - Le ton de don Qui~
ehotte est aussi creux que le style des Tomans
dont il imite le langage.
1 o. Ca.~i que = casi.
1 J. Comunicamos. NOllS avons connu.
12. Amadis de Gaula, Felixmarte de Hircania, Tirante el
Blanco, B,lianls de Grecia. Quelque,-uns de, héros
les plus connus des romans de chevalerie.
13. Hacer fnqfesión. ProfesseT; le mot proftsi6n gardait a
eette époque un caractere religieux.
14. Con dnimo deliberado de. Bien résolu a.
15. A la más ptligTosa (al'enluTa) que.
16. Q!¡e la suerte me deparare. Que la fortune me présentera.
17. Flaco. 10) maigre. 2°) faible.
18. ro tengo para mi que. Quant a moi je m'imagine que.
19. r a huen seguro que. Locution qui équívaut a un verbe :
iI est bien certain que.
20. Por el mesmo caso que. Par cda meme que, du fait
méme de.
2 I. Hqya de ser. Doive ctre.
Bien se puede creer que. On peut done bien craire que.
La dulce mi enemiga. Ma douee ennemie.
Se uienen a hacer verdaderos. En viennent a etre vrais,
Su blancura nieve. Ces K attributs de beauté)l étaient
lieux [Link] le langage poétique du temps.
Linaje, prosapia y alcurnia. Mats approximativement
synonymes : sa lignée, son origme et ses ancétres.

x - Los YANGÜESES'
Amo y escudero se internaron luego en un bosque.
Vinieron a parar a un prado lleno de fresca
yerba junto del cual corría un arroyo apacible
y fresco, tanto que convidó y forzó a pasar allí
las horas de la siesta que rigurosamente comen-
zaba ya a entrar. Apeáronse don Quijote y San-
cho, y dejando al jumento y a Rocinante a sus
anchuras pacer de la mucha yerba que alli
había, dieron saco a las alforjas, y sin ceremonia
alguna en buena paz y compañía amo y mozo
comieron lo que en ellas hallaron.
No se había curado* Sancho de echar trabas'
a Rocinante. Ordenó pues la suerte' y el diablo,
que no todas veces duerme, que andaban por
aquel valle paciendo una manada de hacas'
gallegas de unos arrieros yangüeses, de los cuales
es costumbre' sestear con su recua en lugares y
sitios de yerba yagua, y aquel donde acertó* a
hallarse don Quijote era muy a propósito de los
yangüeses. Sucedió pues que a Rocinante le
vino en deseo de refocilarse' con las señoras
facas, y saliendo, así como las olió, de su natural
paso' y costumbre, sin pedir licencia a su dueño
tomó un trotico algo picadillo', y se fué a comu-
nicar su necesidad con ellas'; mas ellas, que a lo
que pareció debían de tener más gana de pacer
que de ál lO , recibiéronle con las herraduras y
con los dientes, de tal manera que a poco espa-
cio* se le rompieron las cinchas, y quedó sin
silla en pelota", pero lo que él debió más de
sentir fué que, viendo los arrieros la fuerza que
a sus yeguas se les hacía, acudieron con esta-
cas", y tantos palos" le dieron que le derribaron
malparado" en el suelo.
Ya en esto don Quijote y Sancho, que la
paliza de Rocinante habían visto, llegaban
ijadeando", y dijo don Quijote a Sancho:
-A lo que yo veo, amigo Sancho, estos no
son caballeros sino gente soez" y de baja ralea";
dígolo porque bien me puedes ayudar a
tomar la debida venganza del agravio que
delante de nuestros ojos se le ha hecho a
Rocinante.
-,¿ Qué diablos de venganza hemos de tomar,
respondió Sancho, si" éstos son más de veinte, y
nosotros no más de dos, y aun quizá no somos
sino uno y medio?
-Yo valgo por ciento, replicó don Quijote;
y sin hacer más discursos echó mano a su espada
y arremetió* a los yangüeses, y lo mismo hizo
Sancho Panza incitado y movido del ejemplo de
su amo; y a las primeras" dió don Quijote una
cuchillada a uno, que le abrió un sayo" de cuero
de que venía vestido, con gran parte de la
espalda. Los yangüeses, que se vieron maltratar
de aquellos dos hombres solos siendo ellos tantos,
acudieron a sus estacas, y cogiendo a los dos en
medio comenzaron a menudear" sobre ellos con
grande ahinco y vehemencia": verdad es que al
segundo toque" dieron con Sancho en el suelo,
y lo mesmo le avino a don Quijote, sin que le
valiese" su destreza y buen ánimo, y quiso su
ventura que viniese a caer a los pies de Roci-
nante, que aún no se había levantado; donde"
se echa de ver la furia con que machacan estacas
puestas en manos rústicas y enojadas. Viendo
pues los yangüeses el mal recado" que habían
hecho, con la mayor presteza que pudieron car-
garon su recua y siguieron su camino, dejando
a los dos aventureros de mala traza y de peor
talante" .
El primero que se resintió" fué Sancho Panza,
y hallándose junto a su señor, con voz enferma
y lastimada dijo:
, Señor don Quijote, ah señor don Quijote.
-,¿Qué quieres, Sancho hermano? respondió
don Quijote con el mismo tono afeminado y
doliente que Sancho.
-'Querría si fuese posible, respondió Sancho
Panza, que vuestra merced me diese dos tragos
de aquella bebida del feo Bias", si es que" la
tiene vuestra merced ahí a mano, quizá será
de provecho para los quebrantamientos de
huesos como lo es para las feridas.
-Pues a tenerla yo aquí", desgraciado yo,
¿qué nos faltaba?" respondió don Quijote; mas
yo te juro, Sancho Panza, a fe de caballero
andante, que antes que pasen dos días, si la for-
tuna no ordena otra cosa, la tengo de" tener en
mi poder. Mas yo me tengo la culpa" de todo,
que no había de" poner mano a la espada contra
hombres que no fuesen armados caballeros
como yo, y así creo que en pena de haber
pasado" las leyes de la caballería ha permitido
el Dios de las batallas que se me diese este cas-
tigo; por lo cual, hermano Sancho, conviene
que estés advertido" en esto que ahora te diré,
porque importa mucho a la salud de entrambos;
y es que, cuando veas que semejante canalla
nos hace algún agravio, no aguardes a que yo
ponga mano a la espada para ellos", porque no
lo haré en ninguna manera, sino pon tú mano
a tu espada y castígalos muy a tu sabor", que si
en su ayuda y defensa acudieren caballeros, yo
te sabré defender y ofendellos con todo mi poder,
que ya habrás visto por mil señales y experien-
cias hasta adonde se extiende el valor de este mi
fuerte brazo.
Mas no le pareció tan bien a Sancho Panza
el aviso de su amo, que dejase de responder"
diciendo:
-Señor, yo soy hombre pacífico, manso,
sosegado *, y sé disimular" cualquiera injuria,
porque tengo mujer y hijos que sustentar y criar:
así que séale a vuestra merced también aviso,
pues no puede ser mandato, que en ninguna
manera pondré mano a la espada ni contra vi-
llano ni contra caballero, y que desde aquí para
delante de Dios", perdono cuantos agravios me
han hecho y han de hacer, ora me los haya
de hacer persona alta o baja, rico o pobre,
hidalgo o pechero", sin eceptar estado ni condi-
ción * alguna".
(Cap. XV)

NOTAS

1. rangiieses. Yangois, natifs de ranguas, dans la pro~


vince de Ségovie.
2. Echar trabar. Mettre des entraves.
3. Oráen.ó la suerte. Le sort disposa.
4. Haca. Jument, cavale; mot andalou avec h aspiree,
transcrite en castillan par une jota :jiUa. Quelques
lignes plus has, par une fausse étymologie savante :
faca, ironiquement employé par Cervant~s.
5. De los cuale.J es costumhre. Qui ont accoutumé de.
6. Refocilarse. Prendrc ses "balS.
7. Su natural paro. Son alIure naturelle.
8. Un tTOUro algo picadillo. Un petit trot d'une coquetterie
affectée.
g. Comurdcar su necesidad con ellas. Leur faire part de

son enVle.
10. Al. Gr.
n. 28, ch. 11.
JI. En pelota = en cueros. Tout nu.
1'2. Estaca. Pieu. piquet.
13. Pala. Batan; ici coup de baton; plus loin : paliza.
bastonnade.
Le derribaron malparado. L'abattirent le lais'iant mal

en pomt.
Ijadeando. Haletant (dérivé de ijada : le flanc j modo
jadoa,.)
16. Soez. Vil.
17· Ralea. Cf n. 2g, ch. v; de haja ralea. De basse extrac-
tion.
18. Si éj/as. La [Link] si sert a détaeher une objr-c-
tion : vous ne voyez done pas que ceux-ei.
19· A las primeras. Tout d'aboro; sous entendu : veces;
cf. de buenas a primeras.
20. Sayo. Casaque.
'21. [Link]. Faire pleuvoir les coups, pleuvoir menu.
22. Con ahinco)' vehemencia. Avec une véhémence obstinéej
ou avec une obstination véhémente.
23. Al segunfÚJ toque. Au second assaut.
24. Valer = servir en algo, oJJudar,' cf Válgame Dios.
25. Donde. En quoi.
26. El mal recado. Le mauvais parti.
27. De mala traza y de peor talante. Mal en point et plus
mal disposés encere.
28. Resentirse. Reprendre ses sens.
29. El feo Bias peur Fierabrás (ef. ch. VIII).
30. Si es que. Si toutefois.
3 I. A tenerla yo aqui. Si je l'avais id.
32. r: Qué nos faltaba? Que pouvait-il nous manquer?
33. Tener de. Demeuré dans l'usage populaire; tener qUl
est seul admis dans la langue httéraire.

66
34· ro me tengo la culpa. e'est moi le seu! coupable.
35· No habla de. Je n'aurais pas dúo
3 [Link] pasado, Avoir outrepassé.
37· Que estés advertido. Que tu soi.~ prévcnu.
38 .Para e[[r:;s. Pour m~attaqtter ti. eux.
39· Muy a tu sabor. Tout a ton aise.
4°· Tan bien ... que dejase de responder. Si bien ... qu'il
s'abstint de répondre; assez ban pour s'abstenir.
Disimular = perdonar.
Desde aquf para delante de Dios. Des cet imtant et
. "a ma mort.
Jusqu
43· Pechero. ObJigé a payer tribut (pecho)~' roturter.
44· Noter comment dans sa réponse Sancho couvre habi-
lernent sa couardise de cOTIceptions religieuses
dignes des sermons de son village : ser hombre
pacifico, disimular las injurias, sustentar lafamilia ...

XI - LA VENTA

Sancho logró poner a su amo atravesado en el asno,


ya que Rocinante no podía llevar a nadie. Avanzando
htu:ia el camino real divisaron una venta que fué, a la
cuenta de don [Link], un castillo ...
El ventero, que vió a don Quijote atravesado
en el asno', preguntó a Sancho qué mal traía.
Sancho le respondió que no era nada sino que
había dado una caída de una peña abajo, y que
venía algo brumadas las costillas'.
Tenía el ventero por mujer a una no de la
condición* que suelen tener las de semejante
trato', porque naturalmente era caritativa, y se
dolía de las calamidades de sus prójimos; y así
acudió luego a curar* a don Quijote, y hizo que
una hija suya doncella', muchacha' y de muy
buen parecer', la ayudase a curar a su huésped.
Servía en la venta asimesmo* una moza astu-
riana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz
roma, del un ojo tuerta, y del otro no muy sana:
verdad es que la gallardía del cuerpo' suplía las
demás faltas : no tenía siete palmos' de los pies
a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le
cargaban', la hacían mirar al suelo más de lo
que ella quisiera. Esta gentil moza", pues,
ayudó a la doncella, y las dos hicieron una muy
mala cama a don Quijote, en un camaranchón"
que en otros tiempos" daba manifiestos indicios
que había servido de pajar muchos años, en el
cual también alojaba un arriero, que tenía su
cama hecha un poco más allá de la de nuestro
don Quijote, y. aunque era de las enjalmas" y
mantas de sus machos, hacía mucha ventaja" a
la de don Quijote, que sólo contenía" cuatro
mal lisas tablas sobre dos no muy iguales bancos,
y un colchón que en lo sutil" parecía colcha,
lleno de bodoques", que a no mostrar" que eran
de lana por algunas roturas, al tiento, en la
dureza, semejaban de guijarro, y dos sábanas
hechas de" cuero de adarga, y una frazada"
cuyos hilos si se quisieran contar no se perdiera
uno solo de la cuenta.
En esta maldita cama se acostó don Quijote;
y luego la ventera y su hija le emplastaron de
arriba abajo alumbrándoles Maritornes, que
así se llamaba la asturiana; y como al bizmalle
viese la ventera tan acardenalado" a partes" a
don Quijote, dijo que aquello más paredan
golpes que caída.

68
-No fueron golpes", dijo Sancho, sino que la
peña tenia muchos picos y tropezones, y que
cada uno habia hecho su cardenal. Y también le
dijo: Haga vuestra merced, señora, de manera
que queden algunas estopas", que no faltará
quien las haya menester, que también me due-
len a mí un poco los lomos.
-Desa manera, respondió la ventera ¿tam-
bién debistes vos de caer?
-No caí, dijo Sancho Panza, sino que del
sobresalto que tomé de ver caer a rrú amo, de tal
manera me duele a mí el cuerpo que me parece
que me han dado mil palos.
-.Bien podría ser eso, dijo la doncella, que a
mí me ha acontecido muchas veces soñar que
caía de una torre abajo, y que nunca acababa
de llegar al suelo, y cuando despertaba del
sueño hallarme tan molida * y quebrantada
como si verdaderamente hubiera caído.
-.Ahí está el toque", señora, respondió San-
cho Panza, que yo sin soñar nada, sino estando
más despierto que ahora estoy, rrie hallo con
pocos menos cardenales que mí señor don
Quijote.
-,¿Cómo se llama este caballero? preguntó
la asturiana Maritornes.
-Don Quijote de la Mancha, respondió
Sancho Panza, y es caballero aventurero", y de
los mejores y más fuertes que de luengos tiem-
pos" acá se han visto en el mundo.
-,¿Qué es caballero aventurero? replicó la
moza.
-,¿Tan nueva sois en el mundo que no lo
sabéis vos?" respondió Sancho Panza: pues

69
sabed, hermana mía, que caballero aventurero
es una cosa que en dos palabras" se ve apa-
leado" y emperador: hoy está" la más desdi-
chada criatura del mundo y la más meneste-
rosa, y mañana tendrá dos o tres coronas de
reinos que dar a su escudero.
-,¿Pues cómo vos, siéndolo deste tan buen
señor, dijo la ventera, no tenéis a lo que parece
siquiera algún condado?
-,Aún es temprano, respondió Sancho, por-
que no ha sino un mes que andamos buscando
las aventuras, y hasta ahora no hemos topado
con ninguna que lo sea, y tal vez hay que" se
busca una cosa y se halla otra: verdad es que si
mi señor don Quijote, sana desta herida o caída,
y yo no quedo contrecho" della, no trocaria mis
esperanzas con el mejor título de España ...

El duro, estrecho, apocado" y fementido"


lecho de don Quijote, estaba primero" en mitad
de aquel estrellado establo", y luego junto a él
hizo el suyo Sancho: sucedía a estos dos lechos
el del arriero. Después de haber visitado éste
a su recua, y dádole el segundo pienso, se tendió
en sus enjalmas, y se dió a esperar a Maritornes.
Ya estaba Sancho bizmado y acostado, y aunque
procuraba dormir no lo consentía el dolor de sus
costillas, y don Quijote con el dolor de las suyas
tenía los ojos abiertos como liebre. Toda la'
venta estaba en silencio, y en toda ella no había
otra luz que la que daba una lámpara que col-
gada en medio del portal ardía.
Esta maravillosa quietud, y los pensamientos
que siempre nuestro caballero traía de los
sucesos que a cada paso se cuentan en los libros
autores de su desgracia, le trujo a la imagi-
nación una de las extrañas locuras que buena-
mente imaginarse pueden; y fué que él se
imaginó haber llegado a un famoso ca5tillo,
y que la hij a del ventero lo era del señor del
castillo, la cual vencida de su gentileza" se
había enamorado dél, y prometido que aquella
noche, a finto de" sus padres, vendria a estar
con él una buena pieza". Pensando pues en estos
disparates *, se llegó el tiempo y la hora (que
para él fué menguada") de la venida de la astu-
riana, la cual en camisa y descalza, cogidos los
cabellos en Una albanega de fustán", con tácitos
y atentados pasos" entró en el aposento donde
los tres alojaban, en busca del arriero; pero
apenas llegó a la puerta, cuando don Quijote
la sintió", y sentándose en la cama a pesar de
sus bizmas y con dolor de sus costillas, tendió
los brazos para recebir a su fermosa doncella la
asturiana, que toda recogida y callando iba con
las manos delante buscando al arriero: topó con
los brazos de don Quijote, el cual la asió fuerte-
mente de una muñeca, y tirándola hacia sí,
sin que ella osase hablar palabra, la hizo sentar
sobre la cama; tentóle luego la camisa, y aunque
ella era de arpillera", a él le pareció ser de finí-
simo y delgado cendal". Traía en las muñecas
unas cuentas de vidro", pero a él le dieron vis-
lumbres de preciosas perlas orientales": los
cabellos, que en alguna manera tiraban* a
crines, él los marcó por" hebras de lucidísimo
oro de Arabia, cuyo resplandor al del mismo sol
escurecia", y el aliento, que sin duda * alguna

71
olía a ensalada fiambre y trasnochada", a él le
pareció que arrojaba de su boca un olor suave y
aromático; y era tanta la ceguedad del pobre
hidalgo, que el tacto ni el aliento no le desen-
gañaban, los cuales pudieran hacer vOlnitar a
otro que no fuera arriero; antes* le parecía que
tenía entre sus brazos a la diosa de la henno-
sura: y teniéndola bien asida, con voz amorosa
y baja le comenzó a bablar.
El bueno del arriero se fué llegando· más"
al lecho de don Quijote y estúvose quedo hasta
ver en qué paraban aquellas razones que él no
podía entender; pero como vió que la moza
forcejaba por desasirse y don Quijote traba-
jaba por tenerla, pareciéndole mal la burla,
enarboló el brazo en alto", y descargó tan
terrible puñada sobre las estrechas quijadas del
enamorado caballero, que le bañó toda la boca
en sangre, y no contento con esto, se le subió
encima de las costillas, y con los pies más que
de trote" se las paseó todas de cabo a cabo. El
lecho, que era un poco endeble y de no firmes
fuudamentos, no pudiendo sufrir la añadidura"
del arriero, di6* consigo en el suelo a cuyo
gran ruido despertó el ventero, y luego imaginó
que debían de ser pendencias de Maritornes
porque habiéndola llamado a voces no respon-
día. Con esta sospecha se levantó, y encen-
diendo un candil se fué hacia donde había
sentido la pelaza". La moza, viendo que su
amo venía, y que era de condición * terrible,
toda medros¡ca y alborotada se acogió a la
cama de Sancho Panza, que aún dormía, y allí
se acorrucó" y se hizo un ovillo".
El ventero entró diciendo :
-¿Adónde estás, perra? A buen seguro que
son tus cosas éstas.
En esto despertó Sancho, y sintiendo aquel
bulto casi encima de sí pensó que tenía la pesa-
dilla, y comenzó a dar puñadas a una y otra
parte, y entre otras alcanzó con no sé cuántas a
Maritornes, la cual sentida del dolor, echando a
rodar la honestidad" dió el retorno a Sancho
con tantas", que a su despecho le quitó el
sueño, el cual viéndose tratar de aquella manera
y sin saber de quién, alzándose como pudo se
abrazó con Maritornes", y comenzaron entre
los dos la más reñida y graciosa" escaramuza
del mundo.
Viendo pues el arriero a la lumbre" del
candil del ventero cuál andaba su dama",
dejando a don Quijote acudió a dalle el socorro
necesario: lo mismo hizo el ventero, pero con
intención diferente, porque fué a castigar a la
moza, creyendo sin duda * que ella sola era la
ocasión * de toda aquella armonía. Y así daba
el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza
a él, el ventero a la moza, y todos menudeaban
con tanta priesa, que no se daban punto de
reposo; y fué lo bueno que al ventero se le
apagó el candil, y como quedaron a escuras",
dábanse tan sin compasión todos abulto", que
a doquiera que ponían la mano no dejaban
cosa sana.
Alojaba acaso* aquella noche en la venta, un
cuadrillero de los que llaman de la santa Her-
mandad", el cual oyendo asimesmo* el extraño
estruendo de la pelea, asió de su media vara"

73

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