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Cuentos y Temas de Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen, nacido en 1805, se convirtió en un reconocido autor de cuentos, siendo sus obras más destacadas las colecciones publicadas a partir de 1835, que incluyen relatos como 'La sirenita' y 'El Patito Feo'. Sus cuentos abordan temas recurrentes como la religión, la muerte, la confrontación entre razón y sentimiento, y la importancia de las mujeres, presentando personajes que enfrentan desafíos y buscan su lugar en el mundo. A través de su estilo poético y su atención a la belleza, Andersen logra conectar con tanto niños como adultos, dejando un legado literario perdurable.
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Cuentos y Temas de Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen, nacido en 1805, se convirtió en un reconocido autor de cuentos, siendo sus obras más destacadas las colecciones publicadas a partir de 1835, que incluyen relatos como 'La sirenita' y 'El Patito Feo'. Sus cuentos abordan temas recurrentes como la religión, la muerte, la confrontación entre razón y sentimiento, y la importancia de las mujeres, presentando personajes que enfrentan desafíos y buscan su lugar en el mundo. A través de su estilo poético y su atención a la belleza, Andersen logra conectar con tanto niños como adultos, dejando un legado literario perdurable.
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HANS CHRISTIAN ANDERSEN

Referencias Biográficas:
Nace el 2 de abril de 1805 en Odensee. Tras la muerte de su padre en 1816, y las nuevas nupcias
de su madre en 1819, se marcha solo y casi sin recursos a probar suerte en Copenhague. Al
principio su aventura fracasa pero, en 1822, gracias al interés del director de teatro Jonas Collin,
obtiene una beca que le permite seguir sus estudios de forma regular. Superado el bachiller, a
partir de 1830 comienza a publicar sus primeros relatos. Su joven reputación y la ayuda de Jonas
Collin le proporcionan una beca de viaje. Entre 1833 y 1834 visita Francia e Italia. En 1835, ya en
su país, Andersen publica el primer fascículo de los Cuentos contados a los niños. Esta colección
obtiene un gran éxito y va a ser continuada casi cada año (con obras como La sirenita, La
pequeña vendedora de fósforos, Pulgarcita, El Patito Feo, La Reina de las Nieves. Una vez
alcanzado el éxito, Andersen va a repartir su tiempo entre los viajes y las estancias en casa de
amigos influyentes. Andersen también escribe relatos de viajes (Reflejo de un viaje a Harz, 1831),
piezas de teatro (El amor en la Torre de San Nicolás), poemas (Fantasías y esbozos, 1831) y
novelas (El improvisador, 1835; Las dos baronesas, 1848).

Andersen y los cuentos:


De entre todos los géneros a los que Andersen dedica su actividad literaria, son los cuentos los
que le proporcionan el reconocimiento mundial. Andersen se inspira en los relatos populares.
Escribe 164 cuentos para los que toma prestados personajes y argumentos del mundo de la
leyenda, de la Historia o de la vida. Los cuatro primeros son publicados en 1835. Aunque estos
cuentos están destinados a los niños, también resultan atractivos a los adultos por su imaginación
poética y, sobre todo, por el sentido moral y filosófico que se esconde detrás de cada anécdota.

TEMAS RECURRENTES EN LOS CUENTOS DE ANDERSEN

La religión
Los cuentos de Andersen están marcados por la religión aunque el autor mismo no fue demasiado
devoto hasta el final de su vida. La importancia que le confiere se debe seguramente al hecho de
que en la época en que Andersen escribe la religión y la literatura eran dos temas dominantes en
la sociedad danesa. En casi todos sus cuentos, encontramos al menos una referencia a la religión:
aparecen citas de oraciones, la misa, la confirmación, pasajes de la Biblia, el Paraíso, los ángeles,
la muerte y, por supuesto, Dios.

Dios
La figura de Dios aparece citada en muchos de sus cuentos. Andersen le representa como el
Todopoderoso, contra cuya voluntad el hombre no puede luchar. Dios toma decisiones por los
personajes, les guía, y ellos confían totalmente en Él. En cuentos como: Ce que racontait la vieille
Jeanne (1872) o en El compañero de viaje (1835), la voluntad de Dios siempre es favorable a los
hombres. Andersen nos presenta a personajes que, en un momento de cólera o de enorme
tristeza, dan la espalda a Dios pues no comprenden por qué Él les hace pasar semejante prueba,
pero que pronto se dan cuenta de que Él tenía razón. En El niño en la tumba (1859) una madre
que acaba de perder a su hijo sigue confiando en la voluntad de Dios.

La Muerte
Está presente en la mayor parte de los cuentos. Sin embargo, Andersen no presenta la muerte
como un hecho negativo ni un estado nefasto, sino que la describe como la prolongación de la
vida, el que muere realiza el tránsito a la vida eterna. Así, la protagonista de La Pequeña Ondine
(1835) quiere ser humana para poder tener un alma eterna.
La muerte aparece a menudo entendida como un alivio, como una liberación: así ocurre en La
pequeña vendedora de fósforos (1845), Bajo el sauce (1853) o en Anne-Lisbeth (1859). Andersen
describe físicamente la figura de la muerte, hace de ella un personaje más al que no identifica con
rasgos malvados.
En La historia de una madre (1848): la muerte aparece con los rasgos de una pobre vieja que se
limita a obedecer a Dios de quien sólo es una emisaria. Sin embargo, nunca representa
físicamente la figura de Dios, éste aparece como alguien muy vivo pero invisible.
Andersen intenta desmitificar la muerte, no la muestra como algo dramático sino como la
continuación lógica y normal de la vida terrenal: a la luz de Dios no es horrorosa. Quizás al
mencionarla, y al plasmarla en tinta sobre papel, intenta Andersen domesticarla y convencerse a
sí mismo.

Confrontación entre la razón y el sentimiento


En la obra de Andersen, muchos personajes se ven obligados a elegir entre la razón y el
sentimiento. Pero el autor no se decanta por ninguno de los dos: en algunos cuentos el personaje
elegirá obrar según la razón y en otros según los sentimientos.
No servía para nada (1853): la protagonista renuncia al amor de su vida y a la felicidad siguiendo
el dictado de la razón, por respeto al decoro. Andersen muestra cómo las pretensiones y los
prejuicios humanos pueden acabar con los idilios. Es la historia de una vida malgastada.
En La Reina de las Nieves (1844), los sentimientos son más fuertes que la razón, y son ellos los
que guían a la protagonista para liberar a su amigo. Gerda nunca renuncia a su amor por Kay
aunque en algunos momentos parezca olvidarle un poco y a pesar del desaliento de los otros
personajes. Pero, mientras que los demás se contentan con creer en su desaparición, es Gerda
quien persevera y, guiada por su amor, su bondad y su valentía, consigue liberar a su amigo Kay.
Este mismo tema podemos encontrarlo en La Pequeña Ondine: su razón no quiere cambiar, pero
lo que ella desea por encima de todo es tener un alma eterna y hará todo lo posible por
conseguirla a pesar de los discursos de todos sus amigos que intentan disuadirla. En los cuentos
de Andersen el sentimiento termina a menudo prevaleciendo sobre la razón.
Los personajes que terminan triunfando lo hacen siguiendo los dictados de la naturaleza, siendo
sinceros y puros.

Personaje incómodo en el universo en el que le ha tocado vivir


El Patito Feo (1842): el personaje es rechazado por todos a causa de su físico por lo que se ve
obligado a marcharse para no tener que soportar las burlas y los golpes de los otros. Vive solo,
puesto que nadie le acepta realmente tal como es, hasta que un día se atreve a dirigirse a los
cisnes, ellos no le rehuyen y descubre entonces que él mismo es un cisne majestuoso.
Aunque este cuento no muestra una sociedad tolerante, es sin embargo optimista con respecto a
los otros en lo tocante a este tema: el patito feo, tras pasar varios infortunios, termina encontrando
su lugar en una sociedad a su medida en la que va a encontrar la felicidad.
En los otros cuentos encontramos el caso contrario: la historia de un personaje perfectamente
integrado en la sociedad en la que vive, que lo tiene todo para ser feliz, pero que desea algo más
y hace todo lo posible para conseguirlo.
La Pequeña Ondine (1835): princesa del reino submarino, es la más hermosa de las seis sirenitas
y tiene la voz más bella. Aunque es objeto de la admiración de todos, ella desea otra vida.
Desafiando los peligros, y pasando por sacrificios terribles, va a intentar tener un alma eterna a
través de un amor humano que finalmente le es negado y muere.
La Dríade (1868): aunque vive feliz en su tierra, quiere descubrir y recorrer París. Se le ofrece
poder hacerlo a cambio de reducir su esperanza de vida al mínimo y ella acepta. Tras disfrutar
intensamente de su visita a París, muere.
Son cuentos pesimistas puesto que terminan mal. Sin embargo, los personajes no se quejan en
ningún momento, ni se arrepienten de su elección. Lo más importante para ellos es llegar hasta el
final de sus deseos y ambiciones.
Estos personajes se parecen al narrador: no tienen reparos en seguir su camino y su propia
vocación.
Joven sin ninguna posibilidad de tener éxito al que la suerte acaba sonriendo
Le briquet (1835): un encendedor mágico permite a un soldado sin dinero hacerse rico y ver sus
deseos realizados. Se verá convertido en rey y casado con una princesa.
Hans le balourd (1855): es la historia de un necio que, gracias a su original simplicidad, consigue
ganarse el corazón de una princesa.
En esta ocasión también los protagonistas están perfilados a imagen y semejanza del creador:
partiendo de unos recursos muy limitados son elegidos por el destino y tocados por la suerte.

El joven rechazado
Los cuentos en los que encontramos este tema siguen a grandes rasgos la misma historia: un
niño y una niña crecen juntos, se quieren como hermanos y se llevan de maravilla hasta el día en
que son separados. Algún tiempo después se encuentran y el joven le declara entonces su amor a
la chica quien se decanta por otro hombre. Él, desesperado, emprende un viaje para olvidar.
Bajo el sauce (1853): El enamorado protagonista se siente decepcionado por el comportamiento
de su amiga y termina muriendo de frío mientras sueña con ella bajo el sauce junto al que habían
jugado de pequeños.
Ib y la pequeña Christine (1855): en esta ocasión no es el protagonista quien muere sino la
protagonista. Tras rechazar a Ib, Christine se casa con un hombre de buena posicion pero que no
administra bien su dinero. La pareja cae muy pronto en la miseria y Christine es abandonada junto
a su hija. La casualidad hace que Ib la encuentre cuando aún está moribunda, ella le pide que
recoja y críe a su hija y él acepta.
Para escribir cuentos como Ce que racontait la vieille Jeanne (1872) y Le bonnet de nuit du
commis au poivre (1858), Andersen se inspira en su propia vida sentimental: rechazado en varias
ocasiones, nunca llego a casarse.
Bajo el sauce: en este cuento, el personaje femenino hace carrera en el mundo de la canción.
Andersen también había estado enamorado de una cantante, Jenny Lind, quien rechazó sin
miramientos su demanda de matrimonio. Cada vez que Andersen se enamoraba de una joven,
ella se decantaba por otro. Él, sin sentir rencor, continuaba manteniendo buenas relaciones con
ellas.

Una vida
A Andersen le gusta escribir la historia de una vida, la de un ser humano o la de una leyenda, un
animal, un vegetal e incluso un objeto. Es capaz de dar vida, lenguaje y sentimientos humanos a
los objetos y a los animales, como en el tradicional género de las fábulas. En ocasiones describe
la vida de un personaje desde su nacimiento a su muerte y otras veces simplemente un período
concreto de esa vida.
No servía para nada (1853): en este cuento Andersen nos presenta a una mujer de cierta edad
para revelarnos seguidamente cuáles fueron las circunstancias de su vida que han hecho de ella
una alcohólica
Bajo el sauce (1853): el autor comienza contándonos la infancia de un niño y una niña: siempre
juntos, pronto serán separados cuando la joven tiene que trasladarse a vivir a otro lugar. Al
encontrarse unos años más tarde, el joven declara su amor a la chica quien le rechaza
amablemente. Desesperado, viaja para olvidar. Un día la vuelve a ver, pero ella no le reconoce.
Entonces, desamparado, vuelve a su pueblo y al sauce bajo el que habían jugado cuando eran
niños y se deja morir de frío.
La Virgen de los hielos (1863): Andersen narra la historia de Rudy desde su nacimiento hasta su
muerte.
Andersen se recrea en la descripción de existencias pero también le gusta comparar destinos:
¿Cuál fue la más feliz? (1871): el cuento describe un rosal cuyo jardinero se pregunta por el
destino de cada flor, compara sus vidas e intenta saber cual de ellas ha tenido una existencia más
feliz
Los cinco en una vaina (1853): Andersen compara en esta ocasión las existencias de cinco
guisantes de una misma vaina que van a tener diferentes destinos.
Las luces (1871): la candela siente envidia de la vela pues aquella siempre está colocada en
objetos de plata y frecuenta la parte bonita del mundo del que comparte la felicidad y las alegrías,
mientras que ella tiene que contentarse con estar confinada en la cocina. Andersen, dando
muestras de su ironía, nos cuenta cómo un día la candela es regalada a una familia pobre... y
pronto se da cuenta de que la felicidad se encuentra a veces en los lugares más insospechados.

Importancia de las mujeres


En los cuentos de Andersen las mujeres ocupan un lugar preponderante hasta el punto de que en
algunos no encontramos la persencia masculina.
La Pequeña Ondine (1835): los hombres están casi ausentes en este cuento. Incluso el príncipe,
que debería ser un personaje importante, carece de existencia autónoma.
La Reina de las Nieves (1844): los principales personajes de esta historia son dos niños, Kay y
Gerda. Sin embargo, Andersen deja pronto de lado al niño: Kay va a ser criado por la Reina de las
Nieves y Gerda va a salir en su busca. Desde el comienzo de su búsqueda se encontrara
fundamentalmente con personajes femeninos o animales hembra (una bruja, una corneja, la nieta
de un salteador, una finesa y una lapona). Los pocos personajes masculinos o animales macho
(un reno, un cornejo, el príncipe) que salpican el cuento no tienen tanta importancia. Además, al
igual que en La Pequeña Ondine, Andersen invierte los papeles convencionales de los personajes
haciendo que sea la protagonista quien salve al chico.
Las mujeres juegan a menudo el papel tradicionalmente masculino: ellas tienen el poder, la fuerza
(la Reina de las Nieves y la Virgen de los hielos) y socorren a los hombres.
Muchos de los cuentos de Andersen están dedicados a las mujeres: La pequeña vendedora de
fósforos (1845), La historia de una madre (1848), No servía para nada (1853), La judía (1856).
Dentro de este contexto encontramos el tema de la mujer que no puede ser madre.
Pulgarcita (1836) y La fille du roi de la vase (1858): en estos cuentos, dos mujeres estériles se
encuentran inesperadamente provistas de niños un poco especiales: Pulgarcita es minúscula y la
hija del rey del barro, bella y de carácter execrable de día, se convierte por la noche en un sapo
feo pero muy gentil. Sin embargo, las madres no se quedarán con estos hijos caídos del cielo:
Pulgarcita le será arrebatada por una rana y la hija del rey del barro regresará con su madre
natural. Hay que destacar también aquí que Andersen otorga a estas mujeres hijos de sexo
femenino.

Estetismo
En sus cuentos, Andersen es sensible a la belleza y sabe otorgársela a los personajes y a las
cosas así como a la naturaleza. Su desarrollado sentido de la observación le permite ofrecernos
finas y precisas descripciones. Además, sus numerosos viajes le permiten situar sus relatos en
escenarios muy ricos y variados. La naturaleza, por la que Andersen siente respeto y amor, es
descrita de forma poética y, en ocasiones, esta dotada de un toque de lirismo romántico que
coloca ante nuestros ojos imágenes evocadoras. Así ocurre en La Virgen de los hielos que
comienza con una pormenorizada y sugerente descripción de Suiza.
Andersen nos ofrece también bellos retratos de personajes que se inscriben en la tradición poética
del cuento como ocurre en La Pequeña Ondine. El autor suele introducir en escena a artistas
(pintores, escultores o poetas) que están especializados en la belleza.
En Charmant, Hans Christian Andersen insiste en el hecho de que lo bello es importante pero no
primordial: es la historia de un escultor que se casa con una joven muy bella con la que no tarda
en aburrirse. Pronto va a sentirse seducido por una amiga de su esposa, sin belleza pero de vivo
espíritu.

Un objeto que cambia la vida


En los cuentos de Andersen, como en la mayoría de los autores, los objetos mágicos son capaces
de cambiar la vida pero no siempre en un sentido positivo: algunos se convierten pronto en
"destroza-vidas"...
Le briquet (1835): Aquí todo va bien: un soldado va a hacerse rico y poderoso gracias a un
encendedor mágico.
El baúl volador (1839): un hombre recibe un baúl como regalo de un amigo, como no tiene nada
para meter dentro, se mete él mismo y el baúl le lleva a Turquía. Gracias a este baúl va a poder
encontrarse con una princesa escondida por su padre en una torre. Tras visitar a un mago obtiene
la mano de la princesa. Pero un día antes de la boda, el baúl se quema y nuestro protagonista no
puede ir a encontrarse con su novia.
Las zapatillas rojas (1845): una niña pequeña, muy orgullosa de sus nuevas zapatillas rojas,
decide ponérselas todos los días incluso para ir a la iglesia donde no es conveniente. A partir de
entonces no volverá a poder quitárselas, tendrá que caminar, correr, bailar con ellas hasta el día
en que, extenuada, va a ver al verdugo para que le corte los pies.
Los zuecos de la felicidad (1838): cualquiera que lleve los zuecos podrá encontrarse en el lugar y
en la época que desee. Estos zuecos llevan a las personas a vivir situaciones extrañas.
Estos objetos son los principales agentes del cuento, puesto que, gracias a ellos los personajes
viven aventuras increíbles, tanto buenas como malas.

Lo maravilloso, lo fantástico y el folklore


Como en todos los cuentos, lo maravilloso está presente en los relatos de Andersen
especialmente en lo que se refiere al folklore danés.
Habla a menudo de ninfas, de pequeños duendes que habitan las casas, de trolls, de hadas, de
brujas, de gárgolas, de elfos, de ondinas, de driades.
También las maldiciones pueden ser el punto de partida de muchos cuentos de Andersen: Los
cisnes salvajes (1838), La fille du roi de la vase (1858) o Las zapatillas rojas (1845).
Hans Christian Andersen se inspira en muchas ocasiones en el folklore de los países nórdicos, en
sus creencias y leyendas. Así, encontramos en muchas ocasiones el tema de las cigüeñas que
portan bebés: Las cigüeñas (1839), Pieter, Peter, Pier (1867), La fille du roi de la vase (1858).
En leyendas nacionales como Ogier el Danés (1845), o en historias reales de personajes
históricos, lo maravilloso y lo fantástico se expresan especialmente en los cuentos escritos en su
primera época. En los demás, los poderes misteriosos tienden a desaparecer.

DIFERENCIAS ENTRE ANDERSEN, LOS HERMANOS GRIMM Y CHARLES PERRAULT


La primera diferencia reside en el hecho de que los hermanos Grimm y Perrault recogieron y
transcribieron relatos populares que circulaban de forma oral.
Pero estos cuentos fueron inevitablemente modificados: Perrault racionaliza las inocentes
creaciones de la fantasía popular y actualiza sus moralejas, mientras que los hermanos Grimm
dotan a sus narraciones de un sello literario muy particular: las estilizan e interpretan.
En lo que se refiere a Andersen, éste se limita a tomar prestadas ideas de los cuentos populares
que le proporcionan un punto de partida para poner su imaginación en marcha.
La segunda diferencia es que Perrault y los hermanos Grimm buscan transmitir un mensaje. Para
ellos el cuento tiene como finalidad la de moralizar. De hecho, los relatos de Perrault terminan con
una o dos "moralejas". Además, a menudo modifican el texto inicial jungándolo cruel e inmoral. Sin
embargo, Andersen no busca en ningún momento ser moralizante. Aunque sus cuentos porten un
mensaje, éste es impreciso y velado.
Esto puede deberse a que en Andersen no encontramos la oposición bien/mal, que sí está
presente en todos los cuentos de Perrault y Grimm.
Andersen no incluye en sus obras personajes malos, ya que para él no hay auténticos malos sino
que hay "buenos" y "menos buenos". Al contrario de lo que ocurre en las obras de Grimm y de
Perrault, en las que los malos son realmente malos y terminan siendo castigados (Barba Azul y la
bruja de Blancanieves mueren), los "menos buenos" de Andersen son sencillamente olvidados.

CONCLUSIÓN
"Mi vida es un cuento maravilloso, marcado por la suerte y por el éxito". H.C. Andersen, El cuento
de mi vida (1855).
Andersen, que siempre había querido ser cantante o bailarín para trabajar sobre un escenario
ante el público, estaba convencido desde la adolescencia de que un día sería famoso.
De hecho, aunque sus primeras obras ya le proporcionaron una apreciable notoriedad, son los
cuentos los que han hecho de él un autor verdaderamente célebre. Cuando no estaba
directamente enfrentado a un público, le gustaba leer o contar sus relatos en reuniones de amigos
y conocidos.
A pesar de haber vivido algunos fracasos, Hans Christian nunca se desanimó, y su perseverancia,
unida a su talento, hicieron posible la gran obra que hoy conocemos.
Los Cuentos, traducidos a 80 lenguas, son lo suficientemente mágicos como para fascinar a casi
todos los públicos del planeta. Provocan evocaciones y resonancias a los hombres de todas las
edades, gustan a grandes y a pequeños.
Hoy, pasado más de un siglo de su muerte, Hans Christian Andersen sigue siendo, gracias a esta
parte, la más feliz y la más rica de su gran producción literaria, uno de los autores más leídos del
mundo entero.

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