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Filosofía y Ciencia en Debate

Andrés regresa a Madrid y discute con su tío Iturrioz sobre la filosofía y la ciencia, cuestionando la validez de las religiones y la importancia de la razón. Iturrioz defiende la realidad práctica y la utilidad de la fe, mientras que Andrés aboga por un análisis crítico y la búsqueda de verdades más allá de lo científico. La conversación refleja un conflicto entre el idealismo filosófico y el pragmatismo, así como la tensión entre la búsqueda de conocimiento y la aceptación de ilusiones.

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Filosofía y Ciencia en Debate

Andrés regresa a Madrid y discute con su tío Iturrioz sobre la filosofía y la ciencia, cuestionando la validez de las religiones y la importancia de la razón. Iturrioz defiende la realidad práctica y la utilidad de la fe, mientras que Andrés aboga por un análisis crítico y la búsqueda de verdades más allá de lo científico. La conversación refleja un conflicto entre el idealismo filosófico y el pragmatismo, así como la tensión entre la búsqueda de conocimiento y la aceptación de ilusiones.

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CUARTA PARTE: “INQUISICIONES”

I: “Plan filosófico”​
Regresó a Madrid. Se encontró con Fermín Ibarra, ya no estaba enfermo, aunque
cojeaba un poco. Estudiaba para ingeniero y era inventor, lo llevó a su casa y le
enseñó algunos. Andrés lo tomó por loco hasta que vio las llantas con trozos de metal
que él había diseñado.​
Le gustaba visitar a su tío Iturrioz y charlar con él. La práctica de la medicina no lo
atraía como un buen laboratorio de fisiología, pero ni existían laboratorios, ni la
preparación científica era la adecuada, “los profesores solo sirven para
entretenernos, solo piensan en cobrar el sueldo. Son vagos, fanáticos y farsantes”. Su
plan era vivir de su trabajo de forma independiente, “Aquí en España no se paga el
trabajo, sino la sumisión”. En cuanto a la filosofía, sigue buscando una síntesis que
explique el hombre y el universo por Kant y Schoopenhauer. Iturrioz prefería a los
filósofos ingleses, más apegados a la vida que los alemanes.​
Andrés se siente estéril en un intelectualismo malo. Kant demostró que los dos
pilares de las religiones, Dios y la libertad, eran indemostrables, todo está sometido a
una concatenación causa-efecto sin que exista causa primera. Y puede que todo
exista solo dentro de nosotros. La realidad acaba con nosotros, el espacio, el tiempo,
la causalidad, todo se apaga cuando morimos. Y eso lo tranquiliza. Pero para su tío
Iturrioz, todo eso son ideas absurdas, juegos de ingenio y fantasías. [169]

II: “La realidad de las cosas”​


Para Iturrioz la realidad es algo práctico y todo lo demás poesía. La duda lo destruye
todo. Las verdades lo son no porque creamos en ellas, sino porque son verdades, por
ejemplo, la gravedad. La ciencia no puede llegar hasta el final, pero para Andrés ahí
es donde entra la filosofía, para elaborar hipótesis que nos ayuden a comprender lo
que no alcanza la ciencia. La ciencia es una fortaleza del hombre que lo arrolla todo.
“También al hombre”, comenta Iturrioz. [173]

III: “El árbol de la ciencia y el árbol de la vida”​


Para su tío Iturrioz, se ha idolatrado la ciencia, la vida necesita del capricho y hasta
de la mentira. El instinto de supervivencia nos hace ver la realidad que nos interesa,
confirma Andrés. Es como dice el Génesis, en el paraíso estaba el árbol de la ciencia:
“Si coméis de este árbol, moriréis”. El árbol de la vida nos hubiera llevado a vivir
como animales, es el estado de conciencia el que corrompe la vida, afirma Iturrioz.​
Las religiones semíticas suponen una gran impostura para Andrés, es la ciencia la
que está devolviendo al mundo la cordura [176], y fue Kant quien dejó
definitivamente abierto el camino de la ciencia. Schopenhauer situó junto a la ciencia
la libertad, la responsabilidad y el derecho. Y todo ello movido por la voluntad que, a
veces, produce el reflejo de la inteligencia. Hoy no fracasa la ciencia, sino la mentira.​
Iturrioz, en cambio, opina que las religiones seguirán prosperando. Si caemos en el
relativismo por aceptar que no podemos conocer más allá de los principios
científicos, caeríamos en una inacción paralizante. Por ello hemos de decantarnos
por el principio de utilidad, porque hay que seguir viviendo. Sin embargo, Andrés ve
peligroso este principio de utilidad porque nos lleva a aceptar como válidas ilusiones
falsas, como el fanatismo religioso.​
Incluso la fe es, sin embargo, útil según su tío porque cuando crees en algo, la fe te
ayuda a lograrlo. Pero eso no sería, para Andrés, más que la conciencia de la propia
fuerza, la otra fe habría que destruirla porque detrás de ella están todas las locuras
humanas. “En cambio, cerrando esa puerta –dice Iturrioz- la vida languidece. Razón
y ciencia nos apabullan”. [182]

IV: “Disociación”​
El intelectualismo, la filosofía, nos lleva a la destrucción sistemática según Iturrioz,
pero para Andrés no se trata de destrucción sino de análisis; ¿por qué no aplicar a la
filosofía procedimientos que tan buenos resultados han dado en la ciencia? Sin
embargo, la disociación moral nos llevaría a una nueva sociedad que no tendría por
qué ser mejor porque la maldad social proviene del egoísmo del hombre y forma
parte de su misma naturaleza.​
Iturrioz no cree en el cambio gradual, lo que mueve a la masa son las promesas de
felicidad y paraíso como bien sabían los semitas y también los anarquistas, unos
neocristianos que prometen el paraíso en vida. “Alguna vez tendremos que dejar de
ser niños para mirar alrededor con serenidad y superar nuestros miedos”, concluye
Andrés. [185]

V: “La compañía del hombre”​


Pero Iturrioz es un romántico, para él acabar con el misterio sería acabar con la sal
de la vida. Hay que ser práctico, tienes que vivir con tus ideas, cuidándolas,
aprovechándote de ellas, aunque a los ojos de los demás puedan parecer ridículas. Si
hay que luchar es por dar a los hombres una regla común, una disciplina como
hiciera Ignacio de Loyola con la Compañía de Jesús, para enseñar los valores puros, a
ser hidalgos limpios de semitismo, de espíritu cristiano. Andrés ya lo corta:
“Escríbame al pueblo cuando la funde”. Cansados de hablar, guardan silencio,
anochece. [190]

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