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Adaptación de "Julio César" en Guerra

La adaptación de 'Julio César' de Shakespeare, titulada 'Los perros de la guerra', presenta la tensión en Roma tras la victoria de César, quien es venerado pero también temido por su ambición. A medida que se desarrolla la trama, personajes como Casio y Bruto discuten la creciente influencia de César y la posibilidad de que se convierta en rey, lo que provoca una conspiración en su contra. El acto inicial establece un ambiente de inestabilidad política y presagios ominosos, sugiriendo que la guerra civil podría reanudarse.

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Adaptación de "Julio César" en Guerra

La adaptación de 'Julio César' de Shakespeare, titulada 'Los perros de la guerra', presenta la tensión en Roma tras la victoria de César, quien es venerado pero también temido por su ambición. A medida que se desarrolla la trama, personajes como Casio y Bruto discuten la creciente influencia de César y la posibilidad de que se convierta en rey, lo que provoca una conspiración en su contra. El acto inicial establece un ambiente de inestabilidad política y presagios ominosos, sugiriendo que la guerra civil podría reanudarse.

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LOS PERROS DE LA

GUERRA
Adaptación de Adrián Cabezas del “Julio César” de W. Shakespeare.

1
PRIMER ACTO

CORO​​ ​ Roma. ¿El año? Poco importa. La guerra civil ha sacudido el imperio
durante años. El noble César, Julio César acabó finalmente con los enemigos de Roma.
Pero a qué precio. El pueblo lo venera como un Dios, los poderes que se le habían otorgado
durante la guerra lo han hecho grande, demasiado grande. Son muchos los que ven peligro
en la ambición de César. Son muchos los que no quieren bien a Cesar. ¿Cuántas veces con
el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo
mismo? Roma se teñirá de sangre de nuevo. Silencio, César victorioso vuelve a Roma.

Entre música, pétalos y danza aparece Cesar. Procesión. Fiesta.

CORO​​ ​ ¡César! ¡César! ¡Cesar!

CÉSAR​ ​ ¡Que cese todo ruido! ¡Silencio!

Cesa la música

CORO​​ ​ ¡César!

CÉSAR​ ​ Habla; César se vuelve para oírte.

CORO​​ ​ ¡Guárdate de los idus de marzo! ¡Guárdate de los idus de marzo!

Música. Salen todos menos CASCA



CASCA​ ¡Estúpidos pedazos de pedernal, peores que cosas insensibles!
¡Regocijaros! ¿De qué? ¿Qué conquista trae Cesar a la patria? ¡Ingratos hijos de Roma!
¡Idos! ¡Corred a vuestras casas, doblad vuestras rodillas y suplicad a los dioses que
suspendan el castigo que forzosamente ha de acarrear esta ingratitud! Bajad por esa vía
hacia el Capitolio. Despojad las estatuas si las halláis engalanadas con trofeos. ¡Estas
plumas en crecimiento, arrancadas a las alas de César, le harán mantenerse en un vuelo
ordinario, quien, de otro modo, se remontaría sobre la vista de los hombres y nos sumiría a
todos en un sobrecogimiento servil!

Salen. Entra BRUTO, al poco, aparece CASIO.

CASIO​​ ¿Iréis a presenciar los juegos en honor a Cesar?

BRUTO​ No.

2
CASIO​​ Os ruego que vayáis.

BRUTO​ No soy aficionado a juegos. Pero no impida yo tus gustos, Casio. Id,
disfrutad.

CASIO​​ Bruto, os observo frío, impenetrable y distante conmigo. No veo en tus ojos
miradas de afecto. No olvides que soy un amigo que te quiere.

BRUTO​ No, Casio. Te confundes. Mi descontento no tiene nada que ver contigo.
Llevo un tiempo luchando con pasiones contrarias, son ideas que solo tienen que ver
conmigo mismo. Puede que eso esté alterando mi carácter, no pienses que tiene que ver
contigo. Te aprecio y quiero como siempre. Estoy en guerra conmigo mismo.

CASIO​​ Pues dime, querido Bruto, ¿puedes verte a ti mismo?

BRUTO​ ¿Verme a mí mismo? Casio, los ojos no pueden verse a sí mismos si no es


por refracción, mediante otros objetos.

CASIO​​ Exacto. Y es muy triste que no haya objetos que reflejen tu valor, ojalá
pudieras contemplar tu propia imagen. Los hombres más respetados de Roma hablan de ti,
desearían que abrieses los ojos. Todos menos César, a decir verdad.

BRUTO​ ¿A qué peligros quieres arrastrarme Casio? ¿ Por qué me haces buscar en
mí mismo lo que en mí mismo no hay?

CASIO​​ Querido Bruto, yo, vuestro espejo , te descubriré lo que existe en ti, que
todavía ignoras. Y no desconfíes de mí, estimado Bruto.

Clarines y aclamaciones

BRUTO​ Aclaman a Cesar. Temo que el pueblo le escoga como rey.

CASIO​​ No quieres que ocurra. ¿De verdad te da miedo?

BRUTO ​ Le amo profundamente, pero Cesar no debe ser rey. Casio, ¿qué es lo que
quieres decirme?

CASIO​​ No se cual será tu pensamiento o el de los demás hombres, pero no quiero


vivir bajo el terror de un semejante. Yo nací libre igual que César, igual que tu. César no es
un dios. Le he salvado la vida en muchas ocasiones, le he visto temblar, enfermar y pedir
ayuda ¡Y ese hombre ha llegado ahora a ser un dios, y Casio es una miserable
criatura que ha de inclinarse humildemente si César se digna hacerle un ligero saludo!
No entiendo que un hombre de constitución tan débil pueda marchar a la cabeza del
majestuoso mundo y llevar él solo la palma.

Aclamaciones. Clarines.

3
CASIO​​ Él se pasea por el mundo como un coloso, y nosotros, míseros mortales,
tenemos que caminar bajo sus enormes piernas . ¡Los hombres son algunas veces dueños
de sus destinos! ¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros
mismos, que consentimos en ser inferiores! ¡Bruto y César! ¿Qué diferencia hay? ¿Por qué
había de sonar su nombre más que el tuyo? Escribelos juntos: tu nombre es tan bello como
el suyo. Pronuncialo: el tuyo es igualmente sonoro. Pesalos: no pesa menos.
(Aclamaciones.) Ahora, en nombre de todos los dioses, ¿de qué alimento se nutre nuestro
César, que ha llegado a ser tan grande? ¡Qué vergüenza para nuestra época!

BRUTO​ Se lo que insinuas. Pero ahora no quiero saber más sobre el tema, no
insistas. Ten esto claro prefiero ser aldeano a hijo de Roma en estas condiciones.

CASIO ​ ¡Celebro que mis débiles palabras hayan hecho brotar de Bruto esas chispas
de fuego!

BRUTO​ Han dado fin los juegos, César vuelve. Parece enfadado.

Vuelven a entrar CÉSAR y su séquito.

CÉSAR​ ¡Antonio!

ANTONIO​ ¿César?

CÉSAR​ Rodéame de hombres fuertes, de poca cabeza y que de noche duerman


bien. Mira a Casio con su figura hambrienta. ¡Piensa demasiado! ¡Semejantes hombres son
peligrosos!

ANTONIO​ No le temáis, César; no es peligroso; es un noble romano y de rectas


intenciones.

CÉSAR​ No le temo. César no teme, pero prefiero evitar a ese enjuto de Casio. Lee
mucho, es un gran observador y maneja perfectamente al resto de hombres. Él no es amigo
de espectáculos, como tú, Antonio, ni oye música. Rara vez sonríe, y si lo hace es de
manera que parece mofarse de sí mismo. Tales hombres no sosiegan jamás mientras ven
alguno más grande que ellos, y son, por lo tanto, peligrosísimos. Te digo más bien lo que es
de temer que lo que yo tema, pues siempre soy César. l.

Salen CÉSAR y su séquito, menos CASCA

BRUTO​ Casca ¿qué ha sucedido? ¿Por qué César parece tan descontento?

CASCA​ ¿No estabais con él?

BRUTO​ Si así fuese no te estaría preguntando.

4
CASCA​ A César le ofrecieron la corona. Pero César la rechazó. El pueblo prorrumpió
en aclamaciones.

BRUTO​ ¿Qué motivó el segundo clamoreo?

CASCA​ Pues lo mismo.

CASIO​​ Hubo tres vítores.

CASCA​ Tres veces le ofrecieron la corona.

BRUTO​ ¿Le ofrecieron tres veces la corona?

CASCA​ Sí y la apartó tres veces.

CASIO ​ ¿Quién le ofreció la corona?

CASCA​ Antonio. Fue pura farsa.

BRUTO​ ¿Como se encuentra vuestro hermano?

CASCA​ ​ Sigue preso en manos de César.

CASIO​​ ¿Preso?

CASCA​ ​ Bien lo sabes tu. Mi hermano es un preso de guerra. César se niega a


liberarlo a pesar de toda la sangre que ha vertido por Roma.

CASIO​​ Cesar castiga duramente a los traidores.

CASCA​ ​ Mi hermano no es ningún traidor. Luchó contra César como muchos


hermanos.

BRUTO​ Le liberaremos noble Casca. Haremos justicia.

CASCA​ ​ ¿Justicia? Poco pueden hacer los hombres sensatos hablando con
los locos.

CASIO​​ ¿Qué hizo César al recibir la corona?

CASCA​ La apartó. Pero creo que le habría gustado aceptarla, la chusma vitoreó y
aplaudió. César se desmayó.

BRUTO​ ¡Cómo! ¿Se desmayó César?

CASCA​ Cayó al suelo en la plaza del mercado, echando espumarajos por la boca, y

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quedó sin habla. La chusma le palmoteó y le silbó como acostumbra hacerlo con los actores
en el teatro. ¡Adiós! ¡Más tonterías podría contaros si las recordará!

Sale CASCA

BRUTO​ ¡Qué carácter más áspero!

CASIO​​ Su rudeza es el condimento de su buen criterio, que hace que el estómago


de las gentes digiera sus palabras con mejor apetito.

BRUTO​ ¿Se unirá a nosotros?

CASIO​​ ¿Quién hay tan firme que no pueda ser seducido? Su dolor será nuestra
piedra de toque.

BRUTO​ Os dejo por ahora. Si queréis hablar conmigo mañana, avisadme.

CASIO​​ Iré a veros. Hasta entonces, reflexionad.

Sale BRUTO

CASIO​​ ¡Bien, Bruto, eres noble! Tu metal, aunque honrado, aún puede moldearse.
Cesar me soporta con dificultad, pero ama a Bruto. Debo hacerte ver la ambición de César,
porque le echaremos abajo o sufriremos días peores.

Sale

CORO​​ ​ Los engranajes han comenzado a moverse. La conspiración se pone


en marcha. Dijo el sabio: “la vida es un tablero de ajedrez. De noches y días. Donde dios,
con hombres como piezas juega. Mueve aquí y allí. Da jaque, y mata. Y pieza por pieza
vuelve a ponerlos en la caja, pues hay un destino para la pieza, para el jugador y para dios.
El destino siempre se cumple. º

Truenos y relámpagos.

CESAR​ No puedo apreciar por la marcha de las estrellas cuánto falta para que
apunte el día. Antonio. Antonio. Despierta Antonio. Despierta, digo. Quisiera tener el defecto
de dormir tan profundamente. Vamos, Antonio, despierta. Despierta.

Entra ANTONIO

ANTONIO​ ​ ¿Llamabais, Señor?

CESAR ​ ​ Lleva una vela a mi estudio y cuando esté encendida ven y avísame.
Vuélvete a la cama, muchacho. ¿No son mañana los idus de Marzo?

ANTONIO​ ​ No lo sé, Señor, pero os noto muy agitado. ¿Qué os atormenta?

6
CESAR ​ ​ ¿Sabes leer la mente humana?

ANTONIO​ ​ Es mi afecto el que os habla, Señor.

CESAR​ ​ Eso es lealtad, Antonio. ¡Ah, si supieran lo que este caballero y yo


hemos visto! ¿He dicho bien?

ANTONIO​ ​ Oíamos las campanadas de medianoche, señor.

CESAR​ ​ Vaya que sí.

ANTONIO​ ​ Señor, deberías volver a la cama.

CESAR​ ​ ¿No son mañana los idus de Marzo?

ANTONIO​ ​ Si, señor.

CESAR​ ​ Antonio, si ves que he caído en la pelea, cúbreme a horcajadas; es un


gesto de amistad.

ANTONIO​ ​ Sólo un coloso podría mostrarte esa amistad. Mi señor, insisto en que
deberías acostaros, la noche amenaza con más lluvia y más frío.

CESAR​ ​ Ojalá fuese hora de acostarse,Antonio, con todo en orden. Antonio,


¿quien soy?

ANTONIO​ ​ Sois nuestro emperador, señor.

CESAR​ ​ ¿Tu tienes fe en tu emperador?

ANTONIO​ ​ Vuestros hombres, mi señor, os seguiríamos a cualquier final.

CESAR​ ​ Cualquier final. Sobre mí recaeran todas estas vidas, sus almas, sus
deudas, sus prudentes esposas, sus hijos y sus pecados recaerán sobre mi, debes
soportarlo todo.

ANTONIO​ ​ El honor nos empuja a avanzar.

CESAR​ ​ Honor, hermano gemelo de la grandeza. El honor, ¿puede unir una


pierna? No. ¿O un brazo? No. ¿O quitar el dolor de una herida? No. Entonces el honor, ¿no
sabe cirugía? No. ¿Qué es el honor? Una palabra. ¿Qué hay en la palabra honor? ¿Qué es
ese honor? Aire. ¡Bonita cuenta! ¿Quién lo tiene? El que murió el otro día. ¿Lo siente? No.
¿Lo oye? No. ¿Es que es imperceptible? Para los muertos, sí. Pero, ¿no vive con los vivos?
No. ¿Por qué? Porque no lo permite la calumnia. Entonces, yo con él no quiero nada. El
honor es un blasón funerario, y hasta aquí se acabó mi catecismo.

7
Salen

Entra CASCA

CASCA​ ¡De por fuerza hay empeñada en el cielo una guerra civil, o el mundo,
demasiado insolente con los dioses, los provoca a consumar la destrucción! Que nadie
diga: "Son fenómenos naturales" porque, a mi juicio, son presagios siniestros.

Entra CASIO​
CASCA​ Casio.

CASIO​​ Tenéis buen oído. Es ésta una época bastante extraña, pero los hombres
interpretan las cosas a su manera, contrariamente al fin de las cosas mismas.

CASCA​ ¡Qué noche, Casio!

CASIO​​ Una noche muy grata para los hombres de bien.

CASCA​ ¿Quién ha visto jamás un cielo tan airado?

CASIO​​ ¡Los que saben lo llena de delitos que está la tierra!

CASCA​ Es propio del hombre temblar y estremecerse cuando los dioses de mayor
potencia envían para aterrarnos estos terribles mensajeros.

CASIO​​ Sois torpe, Casca. Os veo pálido y pusilánime, lleno de temor y


repentinamente estupefacto ante la rara impaciencia de los cielos. Ahora podría yo, Casca,
nombraros a un hombre muy semejante a esta terrible noche, que truena, relampaguea,
abre tumbas y ruge; un hombre que en valor personal no es más fuerte que vos y que yo, y
que, sin embargo, ha crecido prodigiosamente y es tan aterrador como esas extrañas
conmociones.

CASCA​ Es a César a quién os referís, ¿no es así, Casio?

CASIO​​ ¡Sea quien fuere! Porque hoy los romanos tienen músculos y nervios como
sus antepasados. Pero, ¡desdicha de los tiempos!, el alma de nuestros padres ha
desaparecido, y es el espíritu de nuestras madres el que nos gobierna. ¡Nuestro yugo y
sumisión prueba que somos afeminados!

CASCA​ Se dice, efectivamente, que los senadores pretenden mañana aclamar a


César como rey, y que llevará su corona por mar y tierra en todas partes, menos aquí en
Italia.

8
CASIO​​ ¡Ya sé entonces el sitio de este puñal! ¡Casio librará a Casio de la
esclavitud! Por eso, ¡oh dioses!, convertís a los débiles en los más fuertes. Por eso, ¡oh
dioses!, os juzgáis a los tiranos. ¡Ni las torres de piedra, ni las murallas de bronce forjado, ni
las prisiones subterráneas, ni los recios eslabones de hierro pueden resistir el vigor del
espíritu! Porque la vida, fatigada de estas, barreras mortales, nunca pierde el poder de
libertarse a sí propia. Y pues yo sé esto, que el mundo entero sepa también que de la parte
de tiranía que sufro puedo sacudirme cuando me plazca. (Truenos todavía.)

CASCA​ ¡Igual puedo yo! ¡Cada esclavo tiene en su propia mano el poder de anular
su cautividad!

CASIO​​ ¿Y por qué, entonces, habría de ser César un tirano? ¡Pobre hombre! ¿Qué
estercolero, qué desecho, qué inmundicia es Roma, cuando sirve de baja materia para
alumbrar una cosa tan vil como César? Pero ¡oh dolor! ¿Adonde me conduces? Quizá hablo
ante un hombre que voluntariamente es siervo, en cuyo caso me hará responder de mis
palabras; pero voy armado y el peligro me es indiferente.

CASCA​ ¡Habláis a un hombre incapaz de violar un secreto! ¡Tomad mi mano! ¡Alzad


la voz para remediar todos estos males, e iré tan lejos en mis pasos como el más atrevido!

CASIO​​ ¡Queda aceptado el trato! Ahora tenemos que ir a ver a Bruto en su casa.

Salen

9
SEGUNDO ACTO

Roma. Jardín de Bruto.

CORO​​ ​ ¡Habla, hiere, haz justicia! Bruto, duermes. ¡Despierta! ¡Habla, hiere,
haz justicia! ¡Tiene que ser con su muerte! ¡Entre la ejecución de un acto terrible y su primer
impulso, todo el intervalo es como una visión o como un horrible sueño! ¡El espíritu y las
potencias corporales celebran entonces consejo, y el estado del hombre, semejante a un
pequeño reino, sufre entonces una verdadera insurrección!

BRUTO​ ​ ¡Quisiera ceñirse la corona! El caso está en saber hasta qué punto
pueda modificar ello su naturaleza. ¿Coronarlo? Eso. Y de este modo le damos, de seguro,
un aguijón, con el que pueda crear peligros a su voluntad. El abuso de la grandeza viene
cuando se separa la clemencia del poder. A decir verdad, nunca he visto que las pasiones
de César dominasen más que su razón; pero es cosa sabida que la humildad es una
escalera para la ambición incipiente, desde la cual vuelve el rostro el trepador; quien, una
vez en el peldaño más alto, da entonces la espalda a la escala, tiende la vista a las nubes y
desdeña los humildes escalones que le encumbraron. Igual puede César; luego evitémoslo
antes de que lo haga. ¡Desde que Casio me excitó contra César no he podido dormir!

Entran los conspiradores y CASIO, CASCA

CASIO​​ Buenos días, Bruto. ¿Te importunamos? Temo que nuestro atrevimiento turbe
tu reposo.

BRUTO​ He estado en pie, despierto toda la noche. ¿Qué vigilantes afanes se


interponen entre vuestros ojos y la noche? ¡Dadme vuestras manos!

CASIO​​ ¡Y juremos cumplir nuestra resolución!

BRUTO​ ¡No, nada de juramentos!

10
CASCA​ ​ ¿Cómo estar seguros pues?

BRUTO​ ​ ¡Si la mirada de los hombres y el sufrimiento de


nuestras almas, separémonos aquí mismo y vuelva cada cual al ocioso descanso de su
lecho!

CASCA​ El noble Bruto tiene razón. No hay necesidad de juramento.

CASIO​​ De esa forma nadie podrá retractarse.

BRUTO​ ¿Qué necesidad tenemos de más estímulo que nuestra propia causa para
decidirnos a hacer justicia? ¿Qué otro lazo que el de romanos comprometidos por el
secreto, que han empeñado su palabra y que no la burlarán? ¿Y qué mejor juramento que
el pacto de la honradez con la honradez?

CASIO​​ Que juren los sacerdotes, los cobardes y los hombres cautelosos, los
decrépitos, los corrompidos y los desdichados que inspiran dudas a los hombres.

BRUTO​ Casca, ¿finalmente os unís a nuestra empresa?

CASCA​ ​ Deseo liberar a mi hermano, nadie puede dudar de ello. Pero me


compadezco de César, temo que el remedio pueda ser peor que la enfermedad.

CASIO​​ ¿Tanto te domina la paciencia que puedes perdonar esto?

CASCA​ ​ Soy un hombre…

CASIO​​ Si, lo eres. Igual que los galgos, podencos, mestizos, chuchos, perros lobos,
de aguas, falderos son todos llamados perros. Pero la raza distingue al rápido del lento, al
listo, al guardian, al cazador…

CASCA coge a CASIO por el cuello.

BRUTO​ ​ ¡Basta! Noble Casca si no deseas unirte, decídmelo, que yo


encomendaré a vuestro pecho una tarea cuya ejecución os librará del enemigo
y os unirá a mí en afecto y amistad.

CASCA​ ​ Majestad, soy un hombre a quien tanto han enconado los azotes
y golpes de este mundo que haría lo que fuese por desquitarme del [Link] harto de
infortunios y sacudido por mi sino que arriesgaría la vida en cualquier lance por mejorarla o
acabarla.

CASIO​​ Todo está dispuesto.

CASCA​ ​ Todo no, ¿Qué hacemos con Antonio?

11
BRUTO​ ¿Qué sucede con Antonio?

CASCA​ ​ Es el hombre más leal a Cesar.

CASIO​​ ¡Bien pensado, Casca! No creo oportuno que Marco Antonio, tan querido
de César, deba sobrevivir a César. Tendríamos en él un enemigo astuto, y si se lo llega a
proponer podría acabar con todos nosotros. ¡Antonio y César deben caer juntos!

BRUTO​ Demasiada sangre, demasiada muerte. No actuemos con ira, Antonio no


morirá.

CASCA​ Mantener a Antonio con vida sólo alargará la guerra.

CASIO​​ Nadie ha hablado aquí de guerra Casca.

BRUTO​ Hacemos esto por la paz.

Salen todos

CORO​​ ​ ¡César, escucha los presagios! ¡Una leona ha parido en medio de la


calle, y las tumbas se han entreabierto y vomitado a sus difuntos! ¡Guerreros feroces
combatían encolerizados entre las nubes en filas y escuadrones y en exacta formación
militar, haciendo lloviznar sangre sobre el Capitolio! ¡El fragor de la lucha atronaba los aires,
y se oía el relinchar dé los caballos, y el estertor de los moribundos, y los gritos y alaridos
que daban en las calles los espectros! ¡Oh César! ¡Estas cosas son inusitadas y os han de
infundir pavor!

Palacio de César

Truenos y relámpagos. Entra CÉSAR

CÉSAR​ ¡Ni los cielos ni la tierra han estado en paz esta noche! Tres veces escuché
en sueños: "¡Socorro! ¡Ah! ¡Asesinan a César!" ¿Quién anda ahí dentro?

Entra ANTONIO

ANTONIO​ ¡Señor! ¿Qué intentáis, César? ¿Pensáis salir?

CÉSAR​ ¡César saldrá! ¡Los peligros que me han amenazado no miraron nunca sino
mis espaldas! ¡Cuando vieron el rostro de César se desvanecieron! ¿Cómo puede evitarse
que se cumpla lo que hayan dispuesto los altos dioses? No obstante, César saldrá, pues
esas predicciones lo mismo se dirigen al mundo en general que a César.

12
ANTONIO​ ​ Cuando muere un mendigo no aparecen cometas. La muerte de los
príncipes inflama a los propios cielos.

CÉSAR​ ¡Los cobardes mueren varias veces antes de expirar! ¡El valiente nunca
saborea la muerte sino una vez! ¡De todas las maravillas que he oído, la que mayor
asombro me causa es que los hombres tengan miedo! ¡Visto que la muerte es un fin
necesario, cuando haya de venir, vendrá!

ANTONIO​ ​ Noble César, creo poder contarme entre vuestros amigos. Y es por
eso que me atrevo a daros un consejo, por favor, no salgáis de casa.​

CÉSAR​ ​ ¡César sería una bestia sin corazón si por miedo permaneciera hoy en
su casa! ¡No, no lo hará César! ¡Demasiado sabe el peligro que más temible es César que
él! ¡Somos dos leones nacidos el mismo día, pero yo vine el primero y soy más aterrador!
¡César, pues, saldrá!

ANTONIO​ ​ Vuestra prudencia se deshace por vuestra confianza. ¡No salgáis hoy!
¡Decid que mi temor, y no el vuestro, os retiene en casa! ¡Enviadme al Senado y yo mismo
anunciará que os halláis indispuesto. ¡Permitid que de rodillas, Os lo suplique!

CÉSAR​ ​ Marco Antonio dirá que no estoy bien, y, por satisfacer tu capricho, me
quedaré en casa. (Entra CASCA) He aquí a Casca, él lo comunicará así.

CASCA​ ​ ¡César, salud! ¡Buenos días, digno César! Vengo a acompañaros al


Senado.

CÉSAR​ Id a decirle a los senadores que no iré hoy. Que no puedo, sería falso, y que
no me atrevo, más falso aún. Decidles únicamente que no iré hoy.

ANTONIO​ ​ Aseguradles que está enfermo.

CÉSAR​ ​ ¿César enviar una mentira? ¿He extendido tan lejos las conquistas de
mi brazo para no atreverme a decir a unos cuantos ancianos la verdad? ¡Id a comunicar que
César no irá!

CASCA​ ​ ​ Poderosísimo César, dejadme alegar alguna causa para que


no se burlen de mí cuando lo anuncie.

CÉSAR​ ¡La causa es mi voluntad! ¡Que no iré! Esto es bastante para satisfacer al
Senado.

CASCA​ ​ El Senado ha resuelto conceder hoy la corona al poderoso César. Si


mandáis a decir que no iréis, podría cambiar de deseo. Además, probablemente se hallaría
alguno que respondiera con burla. Si César se esconde, ¿no susurrarán entre ellos: "¡Ya lo
veis! ¡César tiene miedo!" Perdonadme, César, pero el profundo afecto que os guardo me
impulsa a condenar vuestro proceder, y la razón ha sido siempre dócil a mis cariños.

13
CÉSAR​ ¡Qué pueriles parecen ahora tus temores, Antonio! ¡Vergüenza siento de
haber cedido ante ellos! ¡Dadme mi manto, pues iré!

Entran, BRUTO y CASIO

CASIO​​ ​ ¡Feliz madrugada, César!

CÉSAR​ ​ ¡Bienvenido, Casio! ¡Cómo! ¿También vos os habéis levantado tan


temprano, Bruto? ¡Buenos días, Casca! ¿Qué hora es?

BRUTO​ ​ Han dado las ocho, César.

CÉSAR​ ​ Os agradezco vuestra solicitud y cortesía.

CASIO​​ ​ Mirad: Antonio, que se divierte hasta altas horas de la noche, se ha


levantado. ¡Buenos días, Antonio!

ANTONIO​ ​ Así los tenga el muy noble Casio.

CÉSAR​ ​ ¡Que se preparen dentro! Hago mal en hacerme esperar tanto.


¡Vamos, Casca; en seguida! ¿Qué hay, Bruto? Tengo reservada una hora para charlar con
vos. Acordaos de venir hoy a verme. Poneos cerca de mí para que no lo olvide.

BRUTO​ ​ ¡Lo haré, César!

CASIO​​ ​ Y tan cerca me pondré, que vuestros mejores amigos lamentarán que
no haya estado más lejos.

CÉSAR​ ​ Buenos amigos, entrad y tomad conmigo un poco de vino, y después,


como amigos, partiremos juntos.

BRUTO​ (Aparte.) ¡Parecer una cosa, no es serla! ¡Oh César! ¡El corazón de Bruto
estalla al pensarlo!

Salen

CORO​​ ​ "César, guárdate de Bruto, ten cuidado con Casio, no te acerques a


Casca, no apartes tus ojos de Casca, no te fíes de Casio, observa bien a Casca. Bruto no te
quiere. Has ofendido a Casca. Todos estos hombres no tienen más que un pensamiento, y
éste se dirige contra César. Si no eres inmortal, vela por ti. La seguridad abre el camino a la
conspiración. Los prepotentes dioses te defienden. Si escuchas esto, ¡oh César!, podrás

14
vivir. ¡Si no, los destinos se habrán confabulado con los traidores! ¡Ya han llegado los idus
de marzo!

TERCER ACTO

Roma. -El Capitolio. -El Senado en sesión

CASCA​ ​ ¡Debemos ser rápidos, antes de que César se prevenga!

CASIO​​ ¡Si esto se descubre, ni Casio ni César volverán jamás vivos, pues me daré
la muerte!

BRUTO​ ¡Firmeza, Casio!

CASCA​ ¿Dónde se encuentra Antonio?

CASIO​​ Sale ahora raudo del capitolia.

CASCA​ ¿Por qué motivo?

CASIO​​ Una carta falsa, con un falso pretexto.

CASCA​ ¿Cuánto tiempo lo mantendrá alejado?

CASIO​​ El suficiente, espero.

Salen ANTONIO. CÉSAR y los senadores ocupan sus asientos

CÉSAR​ ¿Estamos todos dispuestos? ¡A ver! ¿Qué cosa hay mal hecha que
deben rectificar César y su Senado?

CASCA​ ​ ¡Muy alto, muy grande y muy poderoso César! Casca depone
ante tus plantas un humilde corazón... (Arrodillándose.)

CÉSAR​ ¡Debo advertirte, Casca, que estas genuflexiones y rastreras cortesías


pueden conmover a un hombre vulgar y transformar las sentencias y decretos primordiales
en juego de niños! No te ilusiones pensando que César lleva una sangre tan rebelde que
pueda cambiar su verdadera calidad con dulces palabras, con humillantes y encorvadas
reverencias y bajas adulaciones serviles. ¡Tu hermano está desterrado por un decreto! ¡Si te
postras y ruegas y adulas por él te apartaré de mi camino como a un perro! ¡Sabes que
César no es injusto, ni sin causa se dará por satisfecho!

CASCA​ ​ ¿No hay ninguna voz más digna que la mía que suene más grata a
los oídos del gran César, para pedirle el retorno de mi expatriado hermano?

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BRUTO​ Te beso la mano, César, pero sin adulación, suplicándote que otorgues al
amado hermano de Casca un regreso inmediato y sin condiciones.

CÉSAR​ ¡Cómo! ¡Bruto!

CASIO​​ ¡Perdón, César; César, perdón! Casio se postra igualmente a tus pies para
implorar la libertad de Publio Címber.

CÉSAR​ ¡Podría ablandarme si fuera como vosotros! Si pudiera rebajarme a


suplicar, los ruegos me conmoverían, pero soy constante como la estrella polar.
¡Esmaltados están los cielos con innumerables chispas, todas de fuego y todas
resplandecientes, pero entre ellas sólo una mantiene su lugar! Así ocurre en el mundo:
poblado está de hombres, y los hombres se componen de carne y sangre y disfrutan de
inteligencia. Y sin embargo, sólo conozco uno entre todos que permanezca en su puesto,
inquebrantable a la presión. ¡Y ese soy yo! ¡Y que ése soy yo lo probaré de la siguiente
manera: firme he sido en que se desterrase a tu hermano, Casca , y firme soy en
mantenerlo así!

CASCA​ ​ ¡Oh César!...

CÉSAR​ ¡Fuera! ¿Pretendes elevar el Olimpo?

CASIO​​ ¡Gran Cesar!...

CÉSAR​ ¿No está Bruto arrodillado en vano?

CASCA​ ​ Hablen mis manos por mí.

CASCA hiere primero a CÉSAR, después los demás conspiradores, y finalmente BRUTO.

CÉSAR​ Et tu, Brute! ¡Muere entonces, César!

Muere

CASCA​ ¡Libertad! ¡Independencia! ¡La tiranía ha muerto! ¡Corred, proclamadlo,


pregonadlo por las calles!

CASIO​​ "¡Libertad, independencia y Paz!"

BRUTO​ ¡Pueblo y senadores, no os asustéis! ¡No huyáis! ¡Permaneced quietos! ¡La


ambición ha pagado su deuda!

CASCA​ ¡Ocupad la tribuna, Bruto! ¡Aprestémonos juntos a la defensa, no sea que


algún amigo de César
intentara...!

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BRUTO.​ ¡Nada de aprestarse a la defensa! ¡Ánimo tranquilo! ¡Ningún peligro amenaza
a vuestra persona ni a la de ningún otro romano! ¡Inclinémonos, romanos, inclinémonos y
bañemos nuestras manos hasta el codo en la sangre de César, y de ella salpiquemos
nuestras espaldas! Salgamos después hasta la calle pública y, blandiendo sobre nuestras
cabezas las enrojecidas armas, clamemos todos: "¡Paz, independencia y libertad!"

CASIO​​ ¡Inclinémonos, pues, y lavémonos en su sangre! ¡Cuántos siglos verán


representar esta sublime escena en naciones que están por nacer y en lenguas aún
desconocidas!

BRUTO​ ¡Cuántas veces se verá sangrar a César sobre el teatro!

CASIO​​ Y cuantas veces suceda, otras tantas se dirá de nosotros que fuimos
hombres que dieron la libertad a su patria!

CASCA​ ​ ¿Qué? ¿Salimos?

CASIO​​ ¡Sí, en marcha todos! ¡Bruto nos guiará, y nosotros le daremos por séquito
los mejores y más valerosos corazones de Roma!

BRUTO​ ¡Atención! ¿Quién llega?

CASIO​​ Es Antonio

BRUTO​ Espero tenerle por amigo.

CASIO​​ Celebraría que fuese posible; pero confieso que lo temo mucho, y mis
presentimientos acertaron siempre.

Vuelve a entrar ANTONIO

BRUTO​ ¡Bienvenido, Marco Antonio!

ANTONIO​ ¡Oh César! ¿Todas tus glorias, conquistas, triunfos y despojos se han
reducido a esto? Desconozco lo que intentáis. ¡Si os soy odioso, os suplico que satisfagáis
vuestro resentimiento ahora, mientras vuestras manos purpúreas humean y exhalan el
vapor de la sangre! ¡Viviera cien años, y nunca me hallaría tan dispuesto a morir! ¡Ningún
sitio me agradaría tanto como aquí, con César!

BRUTO​ ¡Oh Antonio! ¡No deseeis nuestra muerte! ¡Aunque ahora parezcamos
sanguinarios y crueles, no veis nuestros corazones! Esperad únicamente a que hayamos
apaciguado a la muchedumbre loca de miedo, y entonces os explicaremos por qué yo, que
amaba a César en el instante de herirle, he procedido así.

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ANTONIO​ No dudo de vuestra rectitud. Tiéndame cada uno su mano ensangrentada.
Primero, Marco Bruto, estrecharé la vuestra. Mi reputación se asienta ahora sobre una
pendiente tan resbaladiza, que sólo podréis considerarme de una de estas dos odiosas
maneras: o como cobarde o como adulador.

CASIO​​ ¿Qué pacto pensáis hacer con nosotros? ¿Queréis ser contado en el número
de nuestros amigos, o seguiremos nuestra marcha prescindiendo de vos?

ANTONIO​ De todos vosotros soy amigo y a todos os aprecio, en la esperanza de que


me daréis razones de cómo y por qué era César peligroso.

BRUTO​ ¡De otra manera sería éste un espectáculo salvaje! Nuestras razones son
tan justas y bien fundadas, que aunque fuerais hijo de César quedaríais satisfecho, Antonio.

ANTONIO​ Eso es cuanto busco. Y solicito además licencia para exhibir su cuerpo
en la plaza pública y hablar desde la tribuna, como cumple a un amigo, en la celebración de
sus exequias fúnebres.

BRUTO​ Lo harás, Marco Antonio.

CASIO​​ Bruto, una palabra con vos. (Aparte, a BRUTO.) ¡No sabéis lo que estáis
haciendo! ¡No permitáis que hable Antonio en el funeral! ¿Sabéis hasta qué punto puede
conmoverse el pueblo con sus palabras?

BRUTO​ (Aparte.) Con vuestro permiso. Yo mismo subiré primero a la tribuna y


expondré los motivos de la muerte de César; diré que hablará Antonio; que cuanto diga
lleva nuestro consentimiento y sanción, y que nos complacemos en que se tributen a César
todos los ritos y ceremonias legales. Esto nos proporcionará más ventaja que culpabilidad.

CASIO​​ ¡No sé lo que pueda sobrevenir! ¡No me gusta esto!

BRUTO​ Marco Antonio, aquí, tomad el cuerpo de César. En vuestra oración fúnebre
no nos censuréis; pero hablad de César cuanto de bueno podáis imaginar, y decid que
tenéis para ello nuestra venia. De lo contrario, no intervendréis de ningún modo en su
funeral. Y hablaréis en la misma tribuna que yo ocupe y una vez qué yo haya terminado mi
discurso.

ANTONIO​ Sea así; no deseo más.

BRUTO​ Recoged, pues, el cuerpo y seguidnos.

(Salen todos, menos ANTONIO.)

ANTONIO​ ¡Te amé, César! Si tu alma nos contempla ahora, ¿no te afligirá aún más que
tu muerte ver a Antonio hacer la paz estrechando las manos sangrientas de tus enemigos
en presencia de tu cadáver? ¡Perdóname, Julio! ¡Intrépido ciervo, aquí fuiste cazado! ¡Aquí

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caíste y aquí están en pie tus cazadores con las señales de tus despojos y el carmesí de tu
sangre! ¡Oh mundo!, tú eras el bosque de este ciervo, y él era en verdad, ¡oh mundo!, tu
corazón. ¡Oh, perdóname, perdona que aparezca suave y humilde con tus carniceros! ¡Tú
representas la ruina del hombre más insigne que viviera jamás en el curso de las épocas!
¡Ay de las manos que vertieron esta preciosa sangre! ¡Ante tus heridas, frescas todavía
profetizo ahora: caerá una maldición sobre los huesos del hombre: discordias intestinas y
los furores de la guerra civil devastarán a Italia entera! ¡Sangre y destrucción serán tan
comunes y las escenas de muerte tan familiares que las madres se contentarán con sonreír
ante la vista de sus niños descuartizados por las garras de la guerra! ¡Las acciones
bárbaras sofocarán toda piedad!

CORO​​ ¡Y el espíritu de César, hambriento de venganza, vendrá en compañía de Atis


(La diosa de la venganza), salida del infierno, y gritará en estos confines con su regia voz:
"¡Matanza!", y desencadenará los perros de la guerra! ¡Este crimen se extenderá a todo el
universo por los ayes de los moribundos solicitando sepultura!

El foro

BRUTO​ ¡Romanos, compatriotas, amigos! Guardad silencio, dejadme defender mi


causa. Amigos de Cesar os digo que el afecto de Bruto por César no era menos que el
vuestro.

CORO​​ ¿Por qué Bruto se alzó contra César?

BRUTO​ ​ No porque amaba a César menos, sino porque amaba más a Roma.
¿Preferiríais que César viviera y morir todos esclavos a que esté muerto César y todos vivir
libres?

CORO​​ ¿Por qué llora Bruto?

BRUTO​ Porque César me apreciaba. Porque fue afortunado, le celebro; como


valiente, le honro; pero por ambicioso, le maté. Lágrimas hay para su afecto, gozo para su
fortuna, honra para su valor y muerte para su ambición. ¿Quién hay aquí tan abyecto que
quisiera ser esclavo? ¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido! ¿Quién hay aquí tan
estúpido que no quisiera ser romano? ¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido!
¿Quién hay aquí tan vil que no ame a su patria? ¡Si hay alguno, que hable, pues a él he
ofendido!

CORO​​ ¡Nadie, Bruto, nadie!

BRUTO​ ¡Entonces, a nadie he ofendido! ¡No he hecho con César sino lo que haríais
con Bruto! Los motivos de su muerte están escritos en el Capitolio. Su gloria no se
amengua, en cuanto la merecía, ni se exageran sus ofensas, por las cuales ha sufrido la
muerte.

Entran ANTONIO y otros con el cuerpo de CÉSAR.

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Aquí llega su cuerpo, que doliente conduce Marco Antonio, que, aunque no tomó parte en
su muerte, percibirá los beneficios de ella. ¿Quién de vosotros no obtendrá otro tanto? Con
esto me despido, que, igual que he matado a mi mejor amigo por la salvación de Roma,
tengo el mismo puñal para mí propio cuando plazca a mi patria necesitar mi muerte. Honrad
el cadáver de César y oíd la apología de sus glorias, que, con nuestro beneplácito,
pronunciará Antonio. ¡Os suplico que nadie, excepto yo, se aleje de aquí hasta que Antonio
haya hablado!

Sale

ANTONIO​ ¡Por consideración a Bruto me veis ante vosotros!

CIUDADANO ​​ ¡Lo mejor sería que no hablase aquí mal de Bruto!

CIUDADANO ​​ ¡César era un tirano!

CIUDADANO​ ​ Sin duda alguna, y es una bendición para nosotros que


Roma se haya librado de él.

CIUDADANO ​​ ¡Silencio! ¡Escuchemos lo que Antonio diga!

ANTONIO​ ​ ¡Amigos, romanos, compatriotas, prestadme atención! ¡Vengo a


inhumar a César, no a ensalzarle! ¡El mal que hacen los hombres les sobrevive! ¡El bien
queda frecuentemente sepultado con sus huesos! ¡Sea así con César! El noble Bruto os ha
dicho que César era ambicioso. Si lo fue, ha pagado ya su falta. Con la venia de Bruto que
es un hombre honrado, como son todos ellos, hombres todos honrados vengo a hablar en el
funeral de César. Era mi amigo leal y sincero, pero Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es
un hombre honrado. Llenó las arcas públicas de roma con el oro de sus victorias. ¿Parecía
esto ambición en César? Siempre que los pobres dejaran oír su voz lastimera, César
lloraba. ¡La ambición debería ser de una sustancia más dura! No obstante, Bruto dice que
era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Todos visteis que en las Lupercales le
presenté tres veces la corona real, y tres veces la rechazó. ¿Era esto ambición? No
obstante, Bruto dice que era ambicioso, y, ciertamente, es un hombre honrado. ¡No hablo
para desaprobar lo que Bruto habló! ¡Pero estoy aquí para decir lo que sé! Todos le
amasteis alguna vez, y no sin causa. ¿Qué razón, entonces, os detiene ahora para no
llevarle luto? ¡Oh raciocinio! ¡Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los hombres
han perdido la razón! ¡Toleradme! ¡Mí corazón está ahí, en ese féretro, con César, y he de
detenerme hasta que torne a mí...

CIUDADANO ​​ Pienso que tiene mucha razón en lo que dice.

CIUDADANO ​​ Si lo consideras detenidamente, se ha cometido con César una gran


injusticia.

CIUDADANO ​​ ¿Habéis notado sus palabras? No quiso aceptar la corona.

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CIUDADANO ​​ Luego es cierto que no era ambicioso.

CIUDADANO ​​ ¡Pobre alma! ¡Tiene enrojecidos los ojos por el fuego


de las lágrimas!

CIUDADANO ​​ ¡En Roma no existe un hombre más noble que Antonio!

CIUDADANO ​​ Observémosle ahora. Va a hablar de nuevo.

ANTONIO​ ​ ¡Ayer todavía, la palabra de César hubiera podido hacer frente al


universo! ¡Ahora yace ahí, y nadie hay tan humilde que le reverencie! ¡Oh señores! Si
estuviera dispuesto a excitar al motín y a la cólera a vuestras mentes y corazones, sería
injusto con Bruto y con Casio, quienes, como todos sabéis, son hombres honrados. ¡No
quiero ser injusto con ellos! ¡Prefiero serlo con el muerto, conmigo y con vosotros, antes
que con esos hombres tan honrados! pero he aquí un pergamino con el sello de César. Lo
hallé en su gabinete y es su testamento. ¡Oiga el pueblo su voluntad e irá a besar las
heridas de César muerto y a empapar sus pañuelos en su sagrada sangre!

CIUDADANO ​​ ¡Queremos conocer el testamento! ¡Leedlo, Marco Antonio!

TODOS​ ​ ¡El testamento! ¡El testamento! ¡Queremos oír el testamento de


César!

ANTONIO​ ​ ¡Sed pacientes, amables amigos! Pues siendo hombres y no leños ni


piedras, ¡sino hombres!, al oír el testamento de César os enfureceríais llenos de
desesperación.

CIUDADANO ​​ ¡Leed el testamento, queremos oírlo! ¡Es preciso que nos


leáis el testamento! ¡El testamento!

ANTONIO​ ​ Temo agraviar a los honrados hombres cuyos puñales traspasaron a


César. ¡Lo temo!

CIUDADANO​ ​ ¡Son unos traidores! ¡Hombres honrados!

TODOS​ ​ ¡Su última voluntad! ¡El testamento!

ANTONIO​ ¿Queréis obligarme entonces a leer el testamento? Pues bien: formad


círculo en torno del cadáver de César y dejadme enseñaros al que hizo el testamento.
¿Descenderé? ¿Me dais vuestro permiso?

TODOS​ ​ ¡Bajad!

CIUDADANO​ ​ ¡Descended!

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ANTONIO desciende de la tribuna

CIUDADANO ​​ Estáis autorizado.

CIUDADANO ​​ Formad círculo. Colocaos alrededor

CIUDADANO​ ​ ¡Apartaos del féretro, apartaos del cadáver!

CIUDADANO ​​ ¡Lugar para Antonio, para el muy noble Antonio!

ANTONIO​ ​ ¡No, no os agolpéis encima de mí! ¡Quedaos a distancia!

CIUDADANOS ​ ¡Atrás! ¡Sitio! ¡Echaos atrás!

ANTONIO​ ​ ¡Si tenéis lágrimas, disponeos ahora a verterlas! ¡Mirad: por aquí
penetró el puñal de Casio! ¡Ved qué brecha abrió el implacable Casca! ¡Por esta otra le hirió
su muy amado Bruto! ¡Y al retirar su maldecido acero, observad cómo la sangre de César
parece haberse lanzado en pos de él, como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan
inhumanamente abría la puerta! ¡Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César!
¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César! ¡Ése fue el golpe más cruel de todos,
pues cuando el noble César vio que él también le hería, la ingratitud, más potente que los
brazos de los traidores, le anonadó completamente! ¡Entonces estalló su poderoso corazón,
y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de
Pompeyo, que se inundó de sangre! ¡Oh, qué caída, compatriotas! ¡En aquel momento, yo,
y vosotros y todos; caímos, y la traición sangrienta triunfó sobre nosotros! ¡Oh, ahora lloráis
y percibo sentir en vosotros la impresión de la piedad! ¡Esas lágrimas son generosas!
¡Almas compasivas! ¿Por qué lloráis, cuando aún no habéis visto más que la desgarrada
vestidura de César? ¡Mirad aquí! ¡Aquí está él mismo, acribillado, como veis, por los
traidores!

CIUDADANO ​​ ¡Oh lamentable espectáculo!

CIUDADANO ​​ ¡Oh noble César!

CIUDADANO​ ​ ¡Oh desgraciado día!

CIUDADANO ​​ ¡Oh traidores, villanos!

CIUDADANO​ ​ ¡Oh cuadro sangriento!

CIUDADANO ​​ ¡Seremos vengados!

TODOS​ ​ ¡Venganza!... ¡Pronto!... ¡Buscad!... ¡Quemad!... ¡Incendiad!...


¡Matad!... ¡Degollad!... ¡Que no quede vivo un traidor!...

ANTONIO​ ​ ¡Deteneos, compatriotas!...

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CIUDADANO ​​ ¡Silencio! ¡Oíd al noble Antonio!

CIUDADANO ​​ ¡Le escucharemos! ¡Le seguiremos! ¡Moriremos con él!

ANTONIO​ ​ ¡Buenos amigos, apreciables amigos, no os excite yo con esa


repentina explosión de tumulto! Los que han consumado esta acción son hombres dignos.
¿Qué secretos agravios tenían para hacerlo? Lo ignoro. Ellos son sensatos y honorables, y
no dudo que os darán razones. ¡Yo no vengo, amigos, a concitar vuestras pasiones! Yo no
soy orador como Bruto, sino, como todos sabéis, un hombre franco y sencillo, que amaba a
su amigo, y esto lo saben bien los que públicamente me dieron licencia para hablar de él.
¡Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la
oratoria, que enardece la sangre de los hombres! Hablo llanamente y no os digo sino lo que
todos conocéis. ¡Os muestro las heridas del bondadoso César, pobres, pobres bocas
mudas, y les pido que ellas hablen de mí! ¡Pues si yo fuera Bruto y Bruto fuera Antonio, ese
Antonio exasperaría vuestras almas y pondría una lengua en cada herida de César, capaz
de conmover y levantar en motín las piedras de Roma!

TODOS​ ​ ¡Nos amotinaremos!

CIUDADANO ​​ ¡Prendamos fuego a la casa de Bruto!

CIUDADANO ​​ ¡En marcha, pues! ¡Venid! ¡Busquemos a los conspiradores!

ANTONIO​ ​ ¡Habéis olvidado el testamento de que os hablé!

TODOS​ ​ ¡Es verdad! ¡El testamento! ¡Quedémonos y oigamos el testamento!

ANTONIO​ ​ Aquí está, y con el sello de César. A cada ciudadano de Roma, a


cada hombre, individualmente, lega setenta y cinco dracmas.

CIUDADANO ​​ ¡Qué noble César! ¡Vengaremos su muerte!

CIUDADANO ​​ ¡Oh regio César!

ANTONIO​ ​ ¡Oídme con paciencia!

TODOS​ ​ ¡Silencio, eh!

ANTONIO​ ​ Os lega además todos sus jardines recién plantados a este lado del
Tíber. Los deja a perpetuidad a vosotros y a vuestros herederos como parques públicos
para que os paseéis y recreéis. ¡Éste era César! ¿Cuándo tendréis otro semejante?

CIUDADANO​ ​ ¡Nunca, nunca! ¡Venid! ¡Salgamos! ¡Salgamos!

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CIUDADANO​ ​ ¡Incendiaremos con teas las casas de los traidores! ¡Recoged el
cadáver!

CIUDADANO​ ​ ¡Id en busca de fuego!

CIUDADANO​ ​ ¡Destrozad los bancos!

CIUDADANO​ ​ ¡Haced pedazos los asientos, las ventanas, todo!

Salen los CIUDADANOS con el Cuerpo.

ANTONIO​ ​ ¡Ahora, prosiga la obra! ¡Maldad, ya estás en pie! ¡Toma el curso que
quieras!

Entra CORO.

CORO​​ ¿Cuántas veces, con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones


piadosas, engañamos al diablo mismo? Antonio ha hecho correr la pólvora por toda Roma.
Antonio solo queda prenderla con una llama. Una pequeña llama. ¿Y entonces? La guerra.
Y es aquí donde aparece Octavio. Octavio ha llegado a Roma. Las noticias vuelan. Octavio
es el sobrino de César. Octavio viene para vengar la muerte de César. Octavio viene
dispuesto para la guerra. Bruto y Casio han conseguido huir de Roma. Los honorables Bruto
y Casio. Cina y Casca no han tenido tanta suerte. Antonio irá a reunirse con Octavio. Ambos
unirán sus ejércitos y llevarán de nuevo la guerra a Roma. Pero Octavio es joven y
ambicioso. Nadie sabe cuales son sus verdaderas intenciones. Que cada cual mantenga
sus ojos abiertos y confíe en su instinto.

Una calle, las muertes se suceden.


Entra CASCA

CASCA​ ​ He pasado una noche horrorosa, soñé que huía de Roma y me


embarcaba para sicilia, venía conmigo mi hermano que me invitaba a caminar por cubierta,
al pasear, soñé que tropezaba y caía y al a ir socorrerle me arrojaba a las olas agitadas del
abismo. Dios mío qué angustia sentí al ahogarme que ruido mas horrible el del agua en mis
oído, que visión tan horrible la de la muerte. Vi mil naufragios aterradores, hombres
despedazados por tiburones, tesoros hundidos, anclas gigantescas. Restos de perlas y
piedras preciosas, dispersas por el fondo del mar. Algunas adornando calaveras de los
muertos, y en cuencas donde antes habitaron los ojos escondidas como si fueran ojos
maliciosos, gemas relucientes observaban el fondo fangoso del mar y se burlaban de los
huesos de los muertos que yacían desparramados, mi sueño se prolongaba más allá de la
vida y entonces empezó la tempestad de mi alma, vi que una legión de sucios demonios me
rodeaba y aullaba en mis oídos gritos tan horrendos que el propio griterío me despertó y
durante varios minutos tuve la certeza de haber bajado al infierno. Tanto me impresiono el
sueño...

24
CORO​​ ¿Cuál es vuestro nombre?

CORO​​ ¿Adónde vais?

CORO​​ ¿Dónde vivís?

CORO​​ ¿Sois casado, o soltero?

CORO​​ Responded a cada uno inmediatamente.

CORO​​ Y brevemente.

CORO​​ Y sensatamente.

CORO​​ Y francamente, os trae cuenta.

CORO​​ ¿Amigo o enemigo?

CASCA​ Amigo.

CORO​​ Vuestro nombre, señor.

CASCA​ Mi nombre es Casca.

CORO​​ ¡Desgarradle en pedazos! ¡Es un conspirador!

Matan a CASCA,

CORO​​ ¡Desgarradle! ¡Desgarradle! ¡A casa de Bruto! ¡A casa de Casio! ¡Arda todo!


¡Buscad a Cina! ¡En marcha! ¡Vamos!

Salen

CUARTO ACTO

Roma. - Habitación en casa de Antonio

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ANTONIO​ Bruto y Casio se preparan para el ataque. Debemos hacerles frente sin
demora.

OCTAVIO​ ​ Hagámoslo así. Numerosos contrarios nos rodean, y me temo que


algunos de los que nos sonríen abrigan en su corazón infinitas maldades.

Salen

BRUTO espera, entra CASCA.

BRUTO​ ¡Alto, eh!

CASIO​​ ¡Soy yo! Pocos amigos nos quedan, no deis ese recibimiento a los que
quedan

BRUTO​ ¿Dónde está Casca?

CASIO​​ ¡Bruto! Casca ha sido asesinado.

BRUTO​ ¿Cómo decís?

CASIO​​ Su cadaver ha aparecido colgado, deformado en la plaza del foro.

BRUTO​ ¿Quien ha sido?

CASIO​​ Roma.

BRUTO​ No es el momento de poemas.

CASIO​​ Roma lo ha asesinado, pues roma son su habitantes. Quienes tenian que
seguirnos le han asesinado. Quienes tenían que apoyarnos y aplaudirnos le han matado.
Roma le ha matado y Roma nos ha expulsado. Hemos perdido todo en esta empresa.

BRUTO​ ​ ¡Mal aplicáis vuestra filosofía si cedéis a desdichas pasajeras!

CASIO​​ ¿Pasajeras?

BRUTO​ No nos rendiremos ante Antonio, jamás depondré las armas ante ese niño
Octavio.

CASIO​​ Sabed pues que el joven Octavio y Marco Antonio avanzan sobre nosotros
con poderosas fuerzas y dirigen su marcha hacia Filipos.

BRUTO​ Debemos marchar inmediatamente a Filipos.

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CASIO​​ No lo creo conveniente.

BRUTO​ ¿Por qué razón?

CASIO​​ Es preferible que el enemigo nos busque. Así consumirá sus


recursos y cansará a sus soldados, haciéndose la ofensa a sí propio. En tanto nosotros,
permaneciendo inmóviles, estamos descansados, fuertes para la defensa, y ágiles.

BRUTO​ Los pueblos enclavados entre Filipos y esta región se han levantado en
nuestra contra. Si nuestro enemigo marcha entre ellos, engrosará con ellos sus filas y
vendrá refrescado, aumentado y brioso. Pero le quitaremos esta ventaja si le hacemos
frente en Filipos, dejando a nuestra espalda estos pueblos.

CASIO​​ Como deseeis. Nos pondremos en marcha y los encontraremos en Filipos.

BRUTO​ ¡Noble, noble Casio, buenas noches y buen reposo!

CASIO​​ ¡Oh mi querido hermano!

BRUTO​ ¡Todo ha pasado ya!

CASIO​​ ¡Felices noches, señor!

BRUTO​ ¡Felices noches, querido hermano!

Sale CASIO. Entra LA SOMBRA DE CÉSAR

BRUTO​ ¿Quién viene? ¡Dime qué eres!...

CESAR​ ¡Tu espíritu malo, Bruto!.

BRUTO​ ¿Por qué vienes?...

CESAR​ ¡A decirte que me verás en Filipos!...

BRUTO​ Bien. Entonces, ¿he de verte de nuevo?...

CESAR​ Sí, en Filipos,..

BRUTO​ Pues te veré entonces en Filipos... (Desaparece la sombra.) ¡Ahora que he


recobrado el ánimo te desvaneces!;.. ¡Mal espíritu, quisiera hablar más contigo!...
QUINTO ACTO

Las llanuras de Filipos. Entran OCTAVIO, ANTONIO, BRUTO, CASIO y sus ejércitos

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(Entra un MENSAJERO.)

CORO​​ ¡Preparaos, generales! ¡El enemigo avanza en bizarra ostentación!


¡Ha enarbolado su sangrienta bandera de combate, y es preciso tomar en seguida las
medidas necesarias! Los hombres de Octavio y Antonio se encuentran con los de Bruto y
Casio. Hombres honorables que prefieren evitar la guerra. Hombres honorables todos.
Espadas en mano, hombres honorables.

OCTAVIO​ ¡Que nadie se mueva hasta mi señal!

BRUTO​ ¡Palabras antes que golpes! ¿No es así, compatriotas?

OCTAVIO​ ¡No porque prefiramos las palabras, como vosotros!

BRUTO​ ¡Buenas palabras son mejor que malos golpes, Octavio!

ANTONIO​ ¡En vuestros malos golpes, Bruto, dais buenas palabras! ¡Dígalo el
taladro que hicisteis en el corazón de César gritando: "¡Viva! ¡Salve, César!"

CASIO​​ Antonio, aún ignoro la naturaleza de vuestros golpes.

ANTONIO​ ¡Miserables! ¡No hicisteis lo mismo cuando vuestros viles puñales


tropezaron uno con otro en los costados de César! ¡Enseñabais los dientes como monos, os
arrastrabais como perros y os prosternabais como esclavos, besando los pies de César,
mientras el maldito Casca, como un dogo callejero, hería por la espalda el cuello de César!
¡Oh farsantes!

OCTAVIO​ ¡Vamos, vamos al asunto! ¡Desenvaino la espada contra los conspiradores y


no regreserá a su sitio, mientras las veintitrés heridas de César no queden bien vengadas!

BRUTO​ ¡Ocatvio, tú no morirás a manos de traidores, a no ser que los traigas


contigo!

OCTAVIO​ ¡Así lo espero! ¡No nací para morir por la espada de Bruto!

BRUTO​ ¡Oh joven! ¡Si fueras el más noble de tu sangre no podrías alcanzar una
muerte más gloriosa! .

CASIO​​ ¡Escolar impertinente, indigno de tal honor, ligado a un farsante y


juerguista!

ANTONIO​ ¡Silencio, Casio! ¡Mantén tu lengua bífida tras tus colmillos!

OCTAVIO​ ¡Venid, Antonio! ¡Fuera! ¡Traidores, os arrojamos el reto a la cara! ¡Si


os atrevéis a pelear hoy, salid al campo!

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Salen OCTAVIO, ANTONIO y su ejército

CASIO​​ Si perdemos la batalla, ésta es la última vez que conversaremos. En tal caso,
¿qué determinación tomaríais?

BRUTO​ ¡Bruto no se dejará llevar cautivo a Roma! Este día debe consumar la obra
comenzada en los idus de marzo, e ignoro sí nos volveremos a ver. Por lo tanto, démonos
un eterno adiós. ¡Por siempre y para siempre, adiós Casio!... Si volvemos a vernos,
sonreiremos de gozo. Si no, ha estado bien esta despedida.

CASIO​​ ¡Por siempre y para siempre adiós, Bruto! Si volvemos a vernos, sonreiremos
de verdad. Si no, ha sido oportuna esta despedida.

BRUTO​ ¡Avancemos entonces! jVeníd! ¡Marchemos!

Salen.

Se suceden los combates. ANTONIO mata a CASIO. OCTAVIO mata a CASCA. Finalmente
luchan con BRUTO. BRUTO es vencido y en un rápido movimiento se mata con su propia
daga.

OCTAVIO victorioso acepta la corona.

CORO​​ Julio César ha muerto. César Octavio vive y reina. César vive. ¿Otro tirano?
¿Otro héroe? De nuevo con sangre, de nuevo con muerte. Julio César ha muerto, César
Octavio vive. Esta historia la contaremos una y otra vez, hasta que olvidemos que es
mentira. ¿Qué nos queda si no? El caos. Un foso que aguarda para engullirlos a todos. El
caos no es un foso, es una escalera. Muchos intentan subirla y fracasan nunca podrán
hacerlo de nuevo, la caída los destroza. Pero otros, si se les deja subir se aferrarán al reino,
o a los dioses o al amor. Espejismos, solo la escalera es real, el ascenso es todo lo que hay.
César Octavio vive. Julio César ha muerto.

FIN

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