Adaptación de "Julio César" en Guerra
Adaptación de "Julio César" en Guerra
GUERRA
Adaptación de Adrián Cabezas del “Julio César” de W. Shakespeare.
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PRIMER ACTO
CORO Roma. ¿El año? Poco importa. La guerra civil ha sacudido el imperio
durante años. El noble César, Julio César acabó finalmente con los enemigos de Roma.
Pero a qué precio. El pueblo lo venera como un Dios, los poderes que se le habían otorgado
durante la guerra lo han hecho grande, demasiado grande. Son muchos los que ven peligro
en la ambición de César. Son muchos los que no quieren bien a Cesar. ¿Cuántas veces con
el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo
mismo? Roma se teñirá de sangre de nuevo. Silencio, César victorioso vuelve a Roma.
Cesa la música
CORO ¡César!
BRUTO No.
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CASIO Os ruego que vayáis.
BRUTO No soy aficionado a juegos. Pero no impida yo tus gustos, Casio. Id,
disfrutad.
CASIO Bruto, os observo frío, impenetrable y distante conmigo. No veo en tus ojos
miradas de afecto. No olvides que soy un amigo que te quiere.
BRUTO No, Casio. Te confundes. Mi descontento no tiene nada que ver contigo.
Llevo un tiempo luchando con pasiones contrarias, son ideas que solo tienen que ver
conmigo mismo. Puede que eso esté alterando mi carácter, no pienses que tiene que ver
contigo. Te aprecio y quiero como siempre. Estoy en guerra conmigo mismo.
CASIO Exacto. Y es muy triste que no haya objetos que reflejen tu valor, ojalá
pudieras contemplar tu propia imagen. Los hombres más respetados de Roma hablan de ti,
desearían que abrieses los ojos. Todos menos César, a decir verdad.
BRUTO ¿A qué peligros quieres arrastrarme Casio? ¿ Por qué me haces buscar en
mí mismo lo que en mí mismo no hay?
CASIO Querido Bruto, yo, vuestro espejo , te descubriré lo que existe en ti, que
todavía ignoras. Y no desconfíes de mí, estimado Bruto.
Clarines y aclamaciones
BRUTO Le amo profundamente, pero Cesar no debe ser rey. Casio, ¿qué es lo que
quieres decirme?
Aclamaciones. Clarines.
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CASIO Él se pasea por el mundo como un coloso, y nosotros, míseros mortales,
tenemos que caminar bajo sus enormes piernas . ¡Los hombres son algunas veces dueños
de sus destinos! ¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros
mismos, que consentimos en ser inferiores! ¡Bruto y César! ¿Qué diferencia hay? ¿Por qué
había de sonar su nombre más que el tuyo? Escribelos juntos: tu nombre es tan bello como
el suyo. Pronuncialo: el tuyo es igualmente sonoro. Pesalos: no pesa menos.
(Aclamaciones.) Ahora, en nombre de todos los dioses, ¿de qué alimento se nutre nuestro
César, que ha llegado a ser tan grande? ¡Qué vergüenza para nuestra época!
BRUTO Se lo que insinuas. Pero ahora no quiero saber más sobre el tema, no
insistas. Ten esto claro prefiero ser aldeano a hijo de Roma en estas condiciones.
CASIO ¡Celebro que mis débiles palabras hayan hecho brotar de Bruto esas chispas
de fuego!
BRUTO Han dado fin los juegos, César vuelve. Parece enfadado.
CÉSAR ¡Antonio!
ANTONIO ¿César?
CÉSAR No le temo. César no teme, pero prefiero evitar a ese enjuto de Casio. Lee
mucho, es un gran observador y maneja perfectamente al resto de hombres. Él no es amigo
de espectáculos, como tú, Antonio, ni oye música. Rara vez sonríe, y si lo hace es de
manera que parece mofarse de sí mismo. Tales hombres no sosiegan jamás mientras ven
alguno más grande que ellos, y son, por lo tanto, peligrosísimos. Te digo más bien lo que es
de temer que lo que yo tema, pues siempre soy César. l.
BRUTO Casca ¿qué ha sucedido? ¿Por qué César parece tan descontento?
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CASCA A César le ofrecieron la corona. Pero César la rechazó. El pueblo prorrumpió
en aclamaciones.
CASIO ¿Preso?
CASCA ¿Justicia? Poco pueden hacer los hombres sensatos hablando con
los locos.
CASCA La apartó. Pero creo que le habría gustado aceptarla, la chusma vitoreó y
aplaudió. César se desmayó.
CASCA Cayó al suelo en la plaza del mercado, echando espumarajos por la boca, y
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quedó sin habla. La chusma le palmoteó y le silbó como acostumbra hacerlo con los actores
en el teatro. ¡Adiós! ¡Más tonterías podría contaros si las recordará!
Sale CASCA
CASIO ¿Quién hay tan firme que no pueda ser seducido? Su dolor será nuestra
piedra de toque.
Sale BRUTO
CASIO ¡Bien, Bruto, eres noble! Tu metal, aunque honrado, aún puede moldearse.
Cesar me soporta con dificultad, pero ama a Bruto. Debo hacerte ver la ambición de César,
porque le echaremos abajo o sufriremos días peores.
Sale
Truenos y relámpagos.
CESAR No puedo apreciar por la marcha de las estrellas cuánto falta para que
apunte el día. Antonio. Antonio. Despierta Antonio. Despierta, digo. Quisiera tener el defecto
de dormir tan profundamente. Vamos, Antonio, despierta. Despierta.
Entra ANTONIO
CESAR Lleva una vela a mi estudio y cuando esté encendida ven y avísame.
Vuélvete a la cama, muchacho. ¿No son mañana los idus de Marzo?
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CESAR ¿Sabes leer la mente humana?
ANTONIO Sólo un coloso podría mostrarte esa amistad. Mi señor, insisto en que
deberías acostaros, la noche amenaza con más lluvia y más frío.
CESAR Cualquier final. Sobre mí recaeran todas estas vidas, sus almas, sus
deudas, sus prudentes esposas, sus hijos y sus pecados recaerán sobre mi, debes
soportarlo todo.
7
Salen
Entra CASCA
CASCA ¡De por fuerza hay empeñada en el cielo una guerra civil, o el mundo,
demasiado insolente con los dioses, los provoca a consumar la destrucción! Que nadie
diga: "Son fenómenos naturales" porque, a mi juicio, son presagios siniestros.
Entra CASIO
CASCA Casio.
CASIO Tenéis buen oído. Es ésta una época bastante extraña, pero los hombres
interpretan las cosas a su manera, contrariamente al fin de las cosas mismas.
CASCA Es propio del hombre temblar y estremecerse cuando los dioses de mayor
potencia envían para aterrarnos estos terribles mensajeros.
CASIO ¡Sea quien fuere! Porque hoy los romanos tienen músculos y nervios como
sus antepasados. Pero, ¡desdicha de los tiempos!, el alma de nuestros padres ha
desaparecido, y es el espíritu de nuestras madres el que nos gobierna. ¡Nuestro yugo y
sumisión prueba que somos afeminados!
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CASIO ¡Ya sé entonces el sitio de este puñal! ¡Casio librará a Casio de la
esclavitud! Por eso, ¡oh dioses!, convertís a los débiles en los más fuertes. Por eso, ¡oh
dioses!, os juzgáis a los tiranos. ¡Ni las torres de piedra, ni las murallas de bronce forjado, ni
las prisiones subterráneas, ni los recios eslabones de hierro pueden resistir el vigor del
espíritu! Porque la vida, fatigada de estas, barreras mortales, nunca pierde el poder de
libertarse a sí propia. Y pues yo sé esto, que el mundo entero sepa también que de la parte
de tiranía que sufro puedo sacudirme cuando me plazca. (Truenos todavía.)
CASCA ¡Igual puedo yo! ¡Cada esclavo tiene en su propia mano el poder de anular
su cautividad!
CASIO ¿Y por qué, entonces, habría de ser César un tirano? ¡Pobre hombre! ¿Qué
estercolero, qué desecho, qué inmundicia es Roma, cuando sirve de baja materia para
alumbrar una cosa tan vil como César? Pero ¡oh dolor! ¿Adonde me conduces? Quizá hablo
ante un hombre que voluntariamente es siervo, en cuyo caso me hará responder de mis
palabras; pero voy armado y el peligro me es indiferente.
CASIO ¡Queda aceptado el trato! Ahora tenemos que ir a ver a Bruto en su casa.
Salen
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SEGUNDO ACTO
CORO ¡Habla, hiere, haz justicia! Bruto, duermes. ¡Despierta! ¡Habla, hiere,
haz justicia! ¡Tiene que ser con su muerte! ¡Entre la ejecución de un acto terrible y su primer
impulso, todo el intervalo es como una visión o como un horrible sueño! ¡El espíritu y las
potencias corporales celebran entonces consejo, y el estado del hombre, semejante a un
pequeño reino, sufre entonces una verdadera insurrección!
BRUTO ¡Quisiera ceñirse la corona! El caso está en saber hasta qué punto
pueda modificar ello su naturaleza. ¿Coronarlo? Eso. Y de este modo le damos, de seguro,
un aguijón, con el que pueda crear peligros a su voluntad. El abuso de la grandeza viene
cuando se separa la clemencia del poder. A decir verdad, nunca he visto que las pasiones
de César dominasen más que su razón; pero es cosa sabida que la humildad es una
escalera para la ambición incipiente, desde la cual vuelve el rostro el trepador; quien, una
vez en el peldaño más alto, da entonces la espalda a la escala, tiende la vista a las nubes y
desdeña los humildes escalones que le encumbraron. Igual puede César; luego evitémoslo
antes de que lo haga. ¡Desde que Casio me excitó contra César no he podido dormir!
CASIO Buenos días, Bruto. ¿Te importunamos? Temo que nuestro atrevimiento turbe
tu reposo.
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CASCA ¿Cómo estar seguros pues?
BRUTO ¿Qué necesidad tenemos de más estímulo que nuestra propia causa para
decidirnos a hacer justicia? ¿Qué otro lazo que el de romanos comprometidos por el
secreto, que han empeñado su palabra y que no la burlarán? ¿Y qué mejor juramento que
el pacto de la honradez con la honradez?
CASIO Que juren los sacerdotes, los cobardes y los hombres cautelosos, los
decrépitos, los corrompidos y los desdichados que inspiran dudas a los hombres.
CASIO Si, lo eres. Igual que los galgos, podencos, mestizos, chuchos, perros lobos,
de aguas, falderos son todos llamados perros. Pero la raza distingue al rápido del lento, al
listo, al guardian, al cazador…
CASCA Majestad, soy un hombre a quien tanto han enconado los azotes
y golpes de este mundo que haría lo que fuese por desquitarme del [Link] harto de
infortunios y sacudido por mi sino que arriesgaría la vida en cualquier lance por mejorarla o
acabarla.
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BRUTO ¿Qué sucede con Antonio?
CASIO ¡Bien pensado, Casca! No creo oportuno que Marco Antonio, tan querido
de César, deba sobrevivir a César. Tendríamos en él un enemigo astuto, y si se lo llega a
proponer podría acabar con todos nosotros. ¡Antonio y César deben caer juntos!
Salen todos
Palacio de César
CÉSAR ¡Ni los cielos ni la tierra han estado en paz esta noche! Tres veces escuché
en sueños: "¡Socorro! ¡Ah! ¡Asesinan a César!" ¿Quién anda ahí dentro?
Entra ANTONIO
CÉSAR ¡César saldrá! ¡Los peligros que me han amenazado no miraron nunca sino
mis espaldas! ¡Cuando vieron el rostro de César se desvanecieron! ¿Cómo puede evitarse
que se cumpla lo que hayan dispuesto los altos dioses? No obstante, César saldrá, pues
esas predicciones lo mismo se dirigen al mundo en general que a César.
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ANTONIO Cuando muere un mendigo no aparecen cometas. La muerte de los
príncipes inflama a los propios cielos.
CÉSAR ¡Los cobardes mueren varias veces antes de expirar! ¡El valiente nunca
saborea la muerte sino una vez! ¡De todas las maravillas que he oído, la que mayor
asombro me causa es que los hombres tengan miedo! ¡Visto que la muerte es un fin
necesario, cuando haya de venir, vendrá!
ANTONIO Noble César, creo poder contarme entre vuestros amigos. Y es por
eso que me atrevo a daros un consejo, por favor, no salgáis de casa.
CÉSAR ¡César sería una bestia sin corazón si por miedo permaneciera hoy en
su casa! ¡No, no lo hará César! ¡Demasiado sabe el peligro que más temible es César que
él! ¡Somos dos leones nacidos el mismo día, pero yo vine el primero y soy más aterrador!
¡César, pues, saldrá!
ANTONIO Vuestra prudencia se deshace por vuestra confianza. ¡No salgáis hoy!
¡Decid que mi temor, y no el vuestro, os retiene en casa! ¡Enviadme al Senado y yo mismo
anunciará que os halláis indispuesto. ¡Permitid que de rodillas, Os lo suplique!
CÉSAR Marco Antonio dirá que no estoy bien, y, por satisfacer tu capricho, me
quedaré en casa. (Entra CASCA) He aquí a Casca, él lo comunicará así.
CÉSAR Id a decirle a los senadores que no iré hoy. Que no puedo, sería falso, y que
no me atrevo, más falso aún. Decidles únicamente que no iré hoy.
CÉSAR ¿César enviar una mentira? ¿He extendido tan lejos las conquistas de
mi brazo para no atreverme a decir a unos cuantos ancianos la verdad? ¡Id a comunicar que
César no irá!
CÉSAR ¡La causa es mi voluntad! ¡Que no iré! Esto es bastante para satisfacer al
Senado.
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CÉSAR ¡Qué pueriles parecen ahora tus temores, Antonio! ¡Vergüenza siento de
haber cedido ante ellos! ¡Dadme mi manto, pues iré!
CASIO Y tan cerca me pondré, que vuestros mejores amigos lamentarán que
no haya estado más lejos.
BRUTO (Aparte.) ¡Parecer una cosa, no es serla! ¡Oh César! ¡El corazón de Bruto
estalla al pensarlo!
Salen
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vivir. ¡Si no, los destinos se habrán confabulado con los traidores! ¡Ya han llegado los idus
de marzo!
TERCER ACTO
CASIO ¡Si esto se descubre, ni Casio ni César volverán jamás vivos, pues me daré
la muerte!
CÉSAR ¿Estamos todos dispuestos? ¡A ver! ¿Qué cosa hay mal hecha que
deben rectificar César y su Senado?
CASCA ¡Muy alto, muy grande y muy poderoso César! Casca depone
ante tus plantas un humilde corazón... (Arrodillándose.)
CASCA ¿No hay ninguna voz más digna que la mía que suene más grata a
los oídos del gran César, para pedirle el retorno de mi expatriado hermano?
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BRUTO Te beso la mano, César, pero sin adulación, suplicándote que otorgues al
amado hermano de Casca un regreso inmediato y sin condiciones.
CASIO ¡Perdón, César; César, perdón! Casio se postra igualmente a tus pies para
implorar la libertad de Publio Címber.
CASCA hiere primero a CÉSAR, después los demás conspiradores, y finalmente BRUTO.
Muere
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BRUTO. ¡Nada de aprestarse a la defensa! ¡Ánimo tranquilo! ¡Ningún peligro amenaza
a vuestra persona ni a la de ningún otro romano! ¡Inclinémonos, romanos, inclinémonos y
bañemos nuestras manos hasta el codo en la sangre de César, y de ella salpiquemos
nuestras espaldas! Salgamos después hasta la calle pública y, blandiendo sobre nuestras
cabezas las enrojecidas armas, clamemos todos: "¡Paz, independencia y libertad!"
CASIO Y cuantas veces suceda, otras tantas se dirá de nosotros que fuimos
hombres que dieron la libertad a su patria!
CASIO ¡Sí, en marcha todos! ¡Bruto nos guiará, y nosotros le daremos por séquito
los mejores y más valerosos corazones de Roma!
CASIO Es Antonio
CASIO Celebraría que fuese posible; pero confieso que lo temo mucho, y mis
presentimientos acertaron siempre.
ANTONIO ¡Oh César! ¿Todas tus glorias, conquistas, triunfos y despojos se han
reducido a esto? Desconozco lo que intentáis. ¡Si os soy odioso, os suplico que satisfagáis
vuestro resentimiento ahora, mientras vuestras manos purpúreas humean y exhalan el
vapor de la sangre! ¡Viviera cien años, y nunca me hallaría tan dispuesto a morir! ¡Ningún
sitio me agradaría tanto como aquí, con César!
BRUTO ¡Oh Antonio! ¡No deseeis nuestra muerte! ¡Aunque ahora parezcamos
sanguinarios y crueles, no veis nuestros corazones! Esperad únicamente a que hayamos
apaciguado a la muchedumbre loca de miedo, y entonces os explicaremos por qué yo, que
amaba a César en el instante de herirle, he procedido así.
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ANTONIO No dudo de vuestra rectitud. Tiéndame cada uno su mano ensangrentada.
Primero, Marco Bruto, estrecharé la vuestra. Mi reputación se asienta ahora sobre una
pendiente tan resbaladiza, que sólo podréis considerarme de una de estas dos odiosas
maneras: o como cobarde o como adulador.
CASIO ¿Qué pacto pensáis hacer con nosotros? ¿Queréis ser contado en el número
de nuestros amigos, o seguiremos nuestra marcha prescindiendo de vos?
BRUTO ¡De otra manera sería éste un espectáculo salvaje! Nuestras razones son
tan justas y bien fundadas, que aunque fuerais hijo de César quedaríais satisfecho, Antonio.
ANTONIO Eso es cuanto busco. Y solicito además licencia para exhibir su cuerpo
en la plaza pública y hablar desde la tribuna, como cumple a un amigo, en la celebración de
sus exequias fúnebres.
CASIO Bruto, una palabra con vos. (Aparte, a BRUTO.) ¡No sabéis lo que estáis
haciendo! ¡No permitáis que hable Antonio en el funeral! ¿Sabéis hasta qué punto puede
conmoverse el pueblo con sus palabras?
BRUTO Marco Antonio, aquí, tomad el cuerpo de César. En vuestra oración fúnebre
no nos censuréis; pero hablad de César cuanto de bueno podáis imaginar, y decid que
tenéis para ello nuestra venia. De lo contrario, no intervendréis de ningún modo en su
funeral. Y hablaréis en la misma tribuna que yo ocupe y una vez qué yo haya terminado mi
discurso.
ANTONIO ¡Te amé, César! Si tu alma nos contempla ahora, ¿no te afligirá aún más que
tu muerte ver a Antonio hacer la paz estrechando las manos sangrientas de tus enemigos
en presencia de tu cadáver? ¡Perdóname, Julio! ¡Intrépido ciervo, aquí fuiste cazado! ¡Aquí
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caíste y aquí están en pie tus cazadores con las señales de tus despojos y el carmesí de tu
sangre! ¡Oh mundo!, tú eras el bosque de este ciervo, y él era en verdad, ¡oh mundo!, tu
corazón. ¡Oh, perdóname, perdona que aparezca suave y humilde con tus carniceros! ¡Tú
representas la ruina del hombre más insigne que viviera jamás en el curso de las épocas!
¡Ay de las manos que vertieron esta preciosa sangre! ¡Ante tus heridas, frescas todavía
profetizo ahora: caerá una maldición sobre los huesos del hombre: discordias intestinas y
los furores de la guerra civil devastarán a Italia entera! ¡Sangre y destrucción serán tan
comunes y las escenas de muerte tan familiares que las madres se contentarán con sonreír
ante la vista de sus niños descuartizados por las garras de la guerra! ¡Las acciones
bárbaras sofocarán toda piedad!
El foro
BRUTO No porque amaba a César menos, sino porque amaba más a Roma.
¿Preferiríais que César viviera y morir todos esclavos a que esté muerto César y todos vivir
libres?
BRUTO ¡Entonces, a nadie he ofendido! ¡No he hecho con César sino lo que haríais
con Bruto! Los motivos de su muerte están escritos en el Capitolio. Su gloria no se
amengua, en cuanto la merecía, ni se exageran sus ofensas, por las cuales ha sufrido la
muerte.
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Aquí llega su cuerpo, que doliente conduce Marco Antonio, que, aunque no tomó parte en
su muerte, percibirá los beneficios de ella. ¿Quién de vosotros no obtendrá otro tanto? Con
esto me despido, que, igual que he matado a mi mejor amigo por la salvación de Roma,
tengo el mismo puñal para mí propio cuando plazca a mi patria necesitar mi muerte. Honrad
el cadáver de César y oíd la apología de sus glorias, que, con nuestro beneplácito,
pronunciará Antonio. ¡Os suplico que nadie, excepto yo, se aleje de aquí hasta que Antonio
haya hablado!
Sale
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CIUDADANO Luego es cierto que no era ambicioso.
TODOS ¡Bajad!
CIUDADANO ¡Descended!
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ANTONIO desciende de la tribuna
ANTONIO ¡Si tenéis lágrimas, disponeos ahora a verterlas! ¡Mirad: por aquí
penetró el puñal de Casio! ¡Ved qué brecha abrió el implacable Casca! ¡Por esta otra le hirió
su muy amado Bruto! ¡Y al retirar su maldecido acero, observad cómo la sangre de César
parece haberse lanzado en pos de él, como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan
inhumanamente abría la puerta! ¡Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César!
¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César! ¡Ése fue el golpe más cruel de todos,
pues cuando el noble César vio que él también le hería, la ingratitud, más potente que los
brazos de los traidores, le anonadó completamente! ¡Entonces estalló su poderoso corazón,
y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de
Pompeyo, que se inundó de sangre! ¡Oh, qué caída, compatriotas! ¡En aquel momento, yo,
y vosotros y todos; caímos, y la traición sangrienta triunfó sobre nosotros! ¡Oh, ahora lloráis
y percibo sentir en vosotros la impresión de la piedad! ¡Esas lágrimas son generosas!
¡Almas compasivas! ¿Por qué lloráis, cuando aún no habéis visto más que la desgarrada
vestidura de César? ¡Mirad aquí! ¡Aquí está él mismo, acribillado, como veis, por los
traidores!
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CIUDADANO ¡Silencio! ¡Oíd al noble Antonio!
ANTONIO Os lega además todos sus jardines recién plantados a este lado del
Tíber. Los deja a perpetuidad a vosotros y a vuestros herederos como parques públicos
para que os paseéis y recreéis. ¡Éste era César! ¿Cuándo tendréis otro semejante?
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CIUDADANO ¡Incendiaremos con teas las casas de los traidores! ¡Recoged el
cadáver!
ANTONIO ¡Ahora, prosiga la obra! ¡Maldad, ya estás en pie! ¡Toma el curso que
quieras!
Entra CORO.
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CORO ¿Cuál es vuestro nombre?
CORO Y brevemente.
CORO Y sensatamente.
CASCA Amigo.
Matan a CASCA,
Salen
CUARTO ACTO
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ANTONIO Bruto y Casio se preparan para el ataque. Debemos hacerles frente sin
demora.
Salen
CASIO ¡Soy yo! Pocos amigos nos quedan, no deis ese recibimiento a los que
quedan
CASIO Roma.
CASIO Roma lo ha asesinado, pues roma son su habitantes. Quienes tenian que
seguirnos le han asesinado. Quienes tenían que apoyarnos y aplaudirnos le han matado.
Roma le ha matado y Roma nos ha expulsado. Hemos perdido todo en esta empresa.
CASIO ¿Pasajeras?
BRUTO No nos rendiremos ante Antonio, jamás depondré las armas ante ese niño
Octavio.
CASIO Sabed pues que el joven Octavio y Marco Antonio avanzan sobre nosotros
con poderosas fuerzas y dirigen su marcha hacia Filipos.
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CASIO No lo creo conveniente.
BRUTO Los pueblos enclavados entre Filipos y esta región se han levantado en
nuestra contra. Si nuestro enemigo marcha entre ellos, engrosará con ellos sus filas y
vendrá refrescado, aumentado y brioso. Pero le quitaremos esta ventaja si le hacemos
frente en Filipos, dejando a nuestra espalda estos pueblos.
Las llanuras de Filipos. Entran OCTAVIO, ANTONIO, BRUTO, CASIO y sus ejércitos
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(Entra un MENSAJERO.)
ANTONIO ¡En vuestros malos golpes, Bruto, dais buenas palabras! ¡Dígalo el
taladro que hicisteis en el corazón de César gritando: "¡Viva! ¡Salve, César!"
OCTAVIO ¡Así lo espero! ¡No nací para morir por la espada de Bruto!
BRUTO ¡Oh joven! ¡Si fueras el más noble de tu sangre no podrías alcanzar una
muerte más gloriosa! .
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Salen OCTAVIO, ANTONIO y su ejército
CASIO Si perdemos la batalla, ésta es la última vez que conversaremos. En tal caso,
¿qué determinación tomaríais?
BRUTO ¡Bruto no se dejará llevar cautivo a Roma! Este día debe consumar la obra
comenzada en los idus de marzo, e ignoro sí nos volveremos a ver. Por lo tanto, démonos
un eterno adiós. ¡Por siempre y para siempre, adiós Casio!... Si volvemos a vernos,
sonreiremos de gozo. Si no, ha estado bien esta despedida.
CASIO ¡Por siempre y para siempre adiós, Bruto! Si volvemos a vernos, sonreiremos
de verdad. Si no, ha sido oportuna esta despedida.
Salen.
Se suceden los combates. ANTONIO mata a CASIO. OCTAVIO mata a CASCA. Finalmente
luchan con BRUTO. BRUTO es vencido y en un rápido movimiento se mata con su propia
daga.
CORO Julio César ha muerto. César Octavio vive y reina. César vive. ¿Otro tirano?
¿Otro héroe? De nuevo con sangre, de nuevo con muerte. Julio César ha muerto, César
Octavio vive. Esta historia la contaremos una y otra vez, hasta que olvidemos que es
mentira. ¿Qué nos queda si no? El caos. Un foso que aguarda para engullirlos a todos. El
caos no es un foso, es una escalera. Muchos intentan subirla y fracasan nunca podrán
hacerlo de nuevo, la caída los destroza. Pero otros, si se les deja subir se aferrarán al reino,
o a los dioses o al amor. Espejismos, solo la escalera es real, el ascenso es todo lo que hay.
César Octavio vive. Julio César ha muerto.
FIN
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