Diplomado. Terapia Cognitivo Conductual aplicada a casos prácticos.
Módulo 3.
Exposición y Desensibilización sistemática
Instrucciones: Realiza un programa de intervención basado en Desensibilización
Sistemática basado en el siguiente caso. Recuerda seguir las recomendaciones de la lectura
básica.
Datos del caso.
Historia y evolución del problema.
El problema comenzó hace un año con un ataque de pánico inesperado cuando acudía a su
trabajo, que duró más de dos horas. Los síntomas que más llamaron la atención de la
paciente fueron los temblores en las piernas y la sensación de mareo, aunque también
recuerda taquicardia, opresión en el pecho y sensación de nudo en el estómago. En aquella
ocasión fue trasladada al servicio de urgencias del hospital, donde le diagnosticaron una
crisis de ansiedad, le dieron tranquilizantes y le aconsejaron que fuese a su médico familiar
para que la derivase a los servicios de salud mental. La paciente no creyó que lo que le
ocurría fuese a causa de la ansiedad, por lo que no tomó en cuenta las prescripciones
médicas. Recuerda que desde entonces tenía mucho miedo a lo que le había pasado y
especialmente a que se repitiera. Un mes más tarde se produjo un nuevo ataque cuando se
encontraba de compras. A partir de ahí la paciente comentaba que había tenido la
sintomatología presente prácticamente a diario y que casi todas las semanas sufría un
ataque más fuerte, lo que le hacía creer cada vez con mayor convencimiento que tenía una
enfermedad que estaba empeorando paulatinamente.
Las crisis de pánico comenzaron a limitarla aproximadamente a los seis meses de surgir la
primera de ellas. La paciente comenzó a ir acompañada por su madre o por su marido a
todas partes, dejando incluso de acudir al trabajo cuando su madre no podía acompañarla.
Dos meses más tarde los ataques comenzaron a aparecer en el lugar de trabajo, lo que le
producía mucho miedo y vergüenza. Al cabo de unos días la paciente solicitó una baja
laboral de un mes de duración; durante este tiempo solamente salió acompañada. Una vez
transcurrido el periodo de baja, los síntomas mejoraron notablemente. La paciente se
incorporó a su trabajo y los síntomas volvieron a aparecer con mayor intensidad que antes, lo
que no le permitía concentrarse en absoluto. Debido a ello acudió con el médico laboral,
durante la entrevista médica señalaba que ella era muy nerviosa, por lo que tomaba
habitualmente pequeñas cantidades de Diazepan, aclaraba que no creía que su problema
fuera de tipo psicológico, sino que simplemente estaba nerviosa porque creía que estaba
enferma, ya que desde hace un año se mareaba en la calle, le fallaban las piernas y desde
entonces le dolía la cabeza a diario y se notaba aturdida; además notaba mucho el corazón
(creía que le latía demasiado fuerte). Temía que al tener mal el corazón le pudiera dar un
paro cardiaco, aunque pensaba muy a menudo que debía de tener algo en el cerebro, de ahí
los mareos y los dolores de cabeza. Toda la exploración médica fue normal, así como los
análisis médicos solicitados. Se descartó hipertiroidismo (puede desencadenar los ataques
de pánico) Una vez obtenidos los resultados, se le comunicaron a la paciente y se le sugirió
evaluación y tratamiento psicológico. Ella aceptó la sugerencia, aunque creía que no había
causa psicológica alguna en lo que le sucedía y que lo que pasaba era que los médicos no
acertaban con su diagnóstico.
Análisis funcional de la conducta.
El análisis funcional evidenció que, a pesar de que la paciente opinaba que su problema era
de origen físico, los ataques de pánico eran disparados unas veces por factores ambientales
(quedarse sola en casa, caminar sola por la calle, grandes almacenes, aglomeraciones,
autobús) y otras por sus propios pensamientos («a ver como estoy» «me voy a quedar sola»
«si quedo sola y me pasa algo, nadie se entera»). También los dolores de cabeza leves o el
notar los latidos del corazón actuaban frecuentemente como desencadenantes del resto de
síntomas psicofisiológicos (opresión en el pecho, escalofríos, visión borrosa, mareo,
sequedad de boca, sudoración, temblor de piernas). Ante las subidas de ansiedad la paciente
llevaba a cabo conductas de evitación/escape que, por reforzamiento negativo, se iban
haciendo cada vez más frecuentes. La paciente huía de cualquier situación que le producía
ansiedad. Además de la huida, mantenía asimismo conductas de evitación que también se
reforzaban negativamente, siendo cada vez más frecuentes y más generalizadas. Evitaba
salir sola, viajar en autobús, salir con grupos de gente, ir de compras, incluso las evitaba
estando acompañada. También evitaba siempre que podía estar sola en casa. Lo único que
le daba cierta seguridad (aunque seguían presentándose crisis de ansiedad) era verse
acompañada, hablar sobre lo que le ocurría y saber que llevaba encima las pastillas por si
tenía una crisis. Todo ello reforzaba el miedo y la «sensación de no control», haciendo que
ambos se incrementasen en frecuencia e intensidad. La conducta verbal (cogniciones): «si
no llevo las pastillas y me da algo, me muero», «no podré ir sola», «si salgo me desmayaré»,
«he notado el corazón, puede que me de un ataque», desembocaba en conductas de
evitación y escape cada vez más frecuentes que estaban manteniendo el problema.