CASO 1
M.R.C. es un varón de 72 años, viudo, ex profesor de matemáticas, residente en Arequipa. Actualmente vive
con su hija menor, quien es su principal cuidadora. La familia refiere que, desde hace varios meses, el
paciente presenta confusión respecto al tiempo, al lugar y a sus actividades cotidianas. En los últimos tres
meses ha tenido dos episodios de desorientación al salir de casa, siendo encontrado por vecinos en calles
cercanas. Como antecedentes personales, presenta hipertensión arterial desde hace quince años y diabetes
tipo II controlada de manera irregular. Hace un año sufrió un accidente cerebrovascular isquémico en el
hemisferio derecho, con recuperación motora parcial y sin nuevas complicaciones. No hay antecedentes
familiares de demencia. Desde la muerte de su esposa hace dos años, refiere tristeza frecuente e insomnio
ocasional, aunque mantiene buena relación con su hija.
Durante la entrevista clínica, el paciente se muestra colaborador y cortés, reconociendo su nombre y a las
personas presentes, pero confunde la fecha, el día y el lugar. Pregunta reiteradamente “¿ya almorzamos?”
o “¿qué día es hoy?”. Su lenguaje es fluido y comprensible, aunque con pausas frecuentes al intentar ubicarse
temporalmente. Se observa leve ansiedad cuando nota sus errores. La hija comenta que el paciente
confunde su rutina diaria, se levanta a horas inusuales y, en ocasiones, intenta salir de noche pensando que
es de día. En dos oportunidades ha caminado por su vecindario sin poder regresar solo. Conserva buena
movilidad y comprensión de órdenes simples, pero muestra inseguridad cuando se encuentra solo.
En la evaluación neuropsicológica, obtiene 24 de 30 puntos en el Mini-Mental State Examination, con fallas
específicas en orientación temporal y espacial. En el Test del Reloj comete errores en la ubicación de los
números y las manecillas. Su memoria inmediata es adecuada, pero presenta déficit en memoria diferida,
sin poder recordar tres palabras después de diez minutos. En el Trail Making Test muestra lentitud y
dificultad para alternar secuencias, lo que evidencia un leve compromiso ejecutivo. Se observa además
frustración ante las tareas que no logra completar.
El entorno familiar refiere que la desorientación se intensifica por las tardes, fenómeno conocido como
“síndrome del atardecer”. También mencionan que el paciente suele repetir historias antiguas creyendo que
son recientes y que muestra dependencia creciente para manejar dinero o recordar citas médicas. En la
tomografía de control se observa una lesión isquémica antigua en la región parietal posterior derecha, sin
nuevas alteraciones estructurales.
El cuadro clínico global sugiere un trastorno de la orientación temporoespacial secundario a una lesión
cerebral vascular, con compromiso leve de la memoria episódica, las funciones ejecutivas y el procesamiento
visoespacial. El paciente conserva su autonomía básica, pero requiere apoyo familiar para la organización
temporal y espacial de sus actividades diarias.
CASO 2
L.P.R. es una mujer de 58 años, contadora de profesión, casada, residente en Lima. Vive con su esposo y
mantiene una vida social activa. Hace ocho meses sufrió un accidente de tránsito que le provocó un
traumatismo craneoencefálico moderado con contusión en la región occipitotemporal derecha. Desde
entonces, su esposo ha notado que presenta dificultad para reconocer objetos y rostros familiares, a pesar
de conservar la visión. La paciente refiere que puede ver claramente, pero no logra comprender lo que
observa, lo cual le genera desconcierto y ansiedad. No hay antecedentes familiares de enfermedades
neurológicas, ni antecedentes personales de demencia o alteraciones perceptivas previas. Antes del
accidente, se desempeñaba laboralmente sin dificultades cognitivas ni visuales.
Durante la entrevista clínica, la paciente se muestra colaboradora y cortés, manteniendo buena orientación
personal y temporal. Reconoce su nombre y a las personas presentes, pero confunde los objetos cotidianos
y los rostros. Puede describir con precisión las características visuales de los estímulos, como el color, la
forma o el tamaño, pero no logra identificar su significado ni nombrarlos. Al mostrarle un reloj, dice: “es
redondo y tiene una correa”, pero no puede decir qué es. Sin embargo, cuando escucha su sonido o lo toca,
lo reconoce de inmediato. Este patrón se repite con otros objetos, como una taza o un peine. Mantiene
lenguaje fluido y comprensión auditiva normal, aunque muestra leve ansiedad cuando se le insiste en
reconocer lo que ve.
En la evaluación neuropsicológica obtiene 27 de 30 puntos en el Mini-Mental State Examination, sin
alteraciones de atención, memoria verbal ni lenguaje. En pruebas de percepción visual básica presenta
visión, color y movimiento normales. Sin embargo, falla en tareas de reconocimiento visual y en la copia de
figuras complejas, donde dibuja partes correctas pero desorganizadas. En pruebas de reconocimiento facial
presenta errores frecuentes, aunque identifica las voces sin dificultad. Estos hallazgos indican una alteración
perceptiva sin déficit sensorial primario ni afasia asociada. Se descartan trastornos psiquiátricos o deterioro
cognitivo generalizado.
El entorno familiar refiere que la paciente ha reducido su independencia para algunas actividades, como
leer, cocinar o reconocer personas a distancia. Su esposo comenta que evita salir sola por temor a
confundirse, aunque conserva buena memoria y razonamiento. En la resonancia magnética se observa una
lesión focal en la unión occipitotemporal derecha, que compromete áreas visuales de asociación y parte del
giro fusiforme, sin afectación de la corteza visual primaria. No se hallan nuevas alteraciones estructurales y
las funciones motoras y auditivas se mantienen intactas.
El cuadro clínico global sugiere una agnosia visual aperceptiva secundaria a una lesión occipitotemporal
derecha postraumática, con afectación en la integración perceptual visual y conservación de las demás
funciones cognitivas. La paciente mantiene su autonomía básica, pero requiere apoyo para reconocer
objetos y rostros en su entorno inmediato. Se recomienda entrenamiento perceptivo compensatorio
mediante estrategias auditivas y táctiles, junto con orientación psicoeducativa familiar para reducir la
ansiedad y reforzar la confianza funcional.
CASO 3
J.S.V. es un varón de 64 años, carpintero de profesión, casado, residente en Trujillo. Vive con su esposa y un
hijo adulto que lo asiste en sus actividades cotidianas. Hace seis meses sufrió un accidente cerebrovascular
isquémico en el hemisferio izquierdo, con compromiso de la región parietal posterior. Desde el evento, la
familia ha notado que, aunque conserva la fuerza y la movilidad, tiene dificultad para realizar gestos o
movimientos cotidianos cuando se le piden. El paciente refiere sentirse frustrado porque entiende las
órdenes, pero “su cuerpo no responde como antes”. No hay antecedentes familiares de enfermedades
neurológicas ni psiquiátricas previas, y antes del accidente se mantenía activo y autónomo en su trabajo.
Durante la entrevista clínica, el paciente se muestra colaborador, orientado y consciente de su dificultad.
Comprende las preguntas y las órdenes simples, pero no logra ejecutar algunos gestos en forma correcta.
Cuando se le pide que salude, imite el acto de cepillarse los dientes o encienda un fósforo, hace movimientos
imprecisos o utiliza partes del cuerpo como si fueran el objeto, fenómeno conocido como “uso del cuerpo
como objeto”. No se observan alteraciones motoras ni debilidad muscular, y la coordinación fina es
adecuada. Su lenguaje es fluido, aunque presenta pausas al explicar sus dificultades. Manifiesta
preocupación y tristeza por depender de otros para tareas simples, como vestirse o manipular herramientas.
En la evaluación neuropsicológica, obtiene 26 de 30 puntos en el Mini-Mental State Examination, con
orientación, atención y memoria preservadas. En pruebas de imitación de gestos simples y complejos,
comete errores en la secuencia o la dirección del movimiento, aunque comprende perfectamente las
instrucciones verbales. En tareas de uso real de objetos, su desempeño mejora, lo que confirma una
disociación entre la comprensión y la ejecución del acto motor. La prensión, fuerza y tono muscular son
normales. No se evidencian apraxias constructivas ni déficits de reconocimiento visual. Estos hallazgos son
compatibles con una alteración en la planificación y representación mental del movimiento aprendido.
El entorno familiar refiere que J.S.V. se muestra más dependiente para tareas domésticas y personales. Su
esposa comenta que necesita ayuda para abotonarse la camisa o usar cubiertos, aunque puede caminar y
desplazarse sin problema. El hijo señala que, cuando trabaja con madera, recuerda qué hacer, pero sus
manos “no siguen la secuencia correcta”. En los estudios de resonancia magnética se observa una lesión
focal en la corteza parietal izquierda, que afecta las conexiones frontoparietales responsables de la
programación motora. No hay signos de deterioro cognitivo progresivo ni de afasia asociada.
El cuadro clínico global sugiere una apraxia ideomotora secundaria a una lesión parietal izquierda post-ACV,
caracterizada por la dificultad para ejecutar gestos aprendidos ante orden verbal, con conservación de la
comprensión, la fuerza y la coordinación. El paciente mantiene independencia parcial, pero requiere
entrenamiento funcional y estrategias compensatorias para recuperar la autonomía. Se recomienda
rehabilitación ocupacional orientada a la práctica guiada de gestos, junto con intervención neuropsicológica
centrada en la reeducación motora secuencial y apoyo emocional para disminuir la frustración y reforzar la
confianza en su desempeño diario.
CASO 4
A.G.T. es una mujer de 55 años, docente de profesión, casada, residente en Cusco. Vive con su esposo y dos
hijos adultos, con quienes mantiene buena relación familiar. Hace nueve meses sufrió un accidente
cerebrovascular isquémico en el hemisferio izquierdo, con compromiso de la región frontal inferior. Desde
entonces, presenta dificultad para hablar con fluidez y para construir frases completas, aunque comprende
lo que se le dice. La paciente manifiesta que “las palabras no le salen”, situación que le genera frustración y
tristeza. No hay antecedentes familiares de enfermedades neurológicas, ni consumo de sustancias. Antes
del evento, se encontraba laboralmente activa y con comunicación verbal normal.
Durante la entrevista clínica, la paciente se muestra atenta, colaboradora y orientada en tiempo, espacio y
persona. Comprende las instrucciones verbales y responde de forma coherente, pero su discurso es lento y
entrecortado. Pronuncia palabras sueltas o frases cortas, con esfuerzo evidente en la articulación. Por
ejemplo, al preguntarle su ocupación, dice: “Yo… maestra… colegio”, con entonación conservada pero
omitiendo conectores. El lenguaje escrito también se encuentra afectado, mientras que la comprensión
auditiva permanece casi intacta. Su rostro muestra frustración cuando intenta expresarse y no logra hacerlo
con claridad. Mantiene tono de voz adecuado y conserva la expresión gestual.
En la evaluación neuropsicológica, obtiene 25 de 30 puntos en el Mini-Mental State Examination, con
puntuaciones normales en orientación, atención y memoria, pero con déficit en la fluidez verbal y la
denominación. En la prueba de denominación de Boston, comete errores de omisión y simplificación
fonológica. En la repetición de frases largas, se observa reducción gramatical y pérdida de conectores. La
escritura muestra omisión de palabras y sustitución por gestos. El lenguaje automático (contar, decir los días
de la semana) está parcialmente conservado. Las funciones motoras, la comprensión lectora y las habilidades
visuoespaciales son adecuadas. Estos resultados son consistentes con una afasia no fluente, de tipo Broca,
asociada a lesión frontal izquierda.
El entorno familiar refiere que, desde el accidente, la paciente evita participar en conversaciones
prolongadas y tiende a comunicarse con gestos o expresiones faciales. Su esposo comenta que entiende
perfectamente lo que se le dice, pero necesita tiempo para responder. La familia ha implementado
estrategias de apoyo, como el uso de tarjetas con palabras e imágenes, y notas escritas para facilitar la
comunicación. En los estudios de neuroimagen, la resonancia magnética revela una lesión focal en la
circunvolución frontal inferior izquierda, comprometiendo el área de Broca y parte de la ínsula anterior. No
se observa deterioro cognitivo generalizado ni trastornos de la comprensión.
El cuadro clínico global sugiere una afasia de Broca secundaria a un accidente cerebrovascular isquémico
frontal inferior izquierdo, caracterizada por lenguaje no fluente, articulación laboriosa, comprensión
conservada y escritura alterada. La paciente conserva sus capacidades intelectuales, afectivas y motoras,
pero presenta limitación significativa en la comunicación expresiva. Se recomienda intervención
fonoaudiológica intensiva centrada en la rehabilitación del lenguaje expresivo, acompañada de apoyo
neuropsicológico para estimular la fluidez verbal, la construcción gramatical y la autoconfianza comunicativa,
junto con la participación activa de la familia en la terapia del habla.
CASO 5
N.M.L. es un niño de 9 años, estudiante de cuarto grado de primaria, residente en Arequipa. Vive con sus
padres y una hermana menor de cinco años. Es un niño sociable y afectuoso, pero con dificultades
académicas persistentes. Sus padres refieren que, desde los primeros años de escolaridad, muestra
problemas para concentrarse y mantenerse sentado durante las clases. En casa, le cuesta seguir
instrucciones y termina pocas tareas. No hay antecedentes familiares de enfermedades neurológicas graves,
aunque el padre reporta haber sido un niño muy inquieto. El embarazo y el parto fueron normales, y el
desarrollo motor y del lenguaje se dio dentro de los rangos esperados.
Durante la entrevista clínica, el niño se muestra simpático y espontáneo, aunque se distrae constantemente
con estímulos del ambiente. Interrumpe con frecuencia, cambia de tema rápidamente y le cuesta esperar su
turno para responder. Se levanta varias veces de la silla y juega con los objetos de la mesa mientras habla.
Su lenguaje es fluido, con vocabulario acorde a su edad, aunque tiende a responder impulsivamente sin
reflexionar. Los padres señalan que en casa olvida las indicaciones, deja las actividades a medias y presenta
dificultades para organizar su material escolar. No se observan alteraciones motoras ni emocionales graves,
aunque muestra baja tolerancia a la frustración.
En la evaluación neuropsicológica obtiene un rendimiento global dentro del rango promedio en inteligencia
general, pero presenta déficit en atención sostenida, control inhibitorio y memoria de trabajo. En el Test de
Stroop comete errores por impulsividad, y en el Test de Dígitos inversos muestra dificultad para mantener
la información activa. En tareas de planificación y secuenciación, requiere guía constante. Las funciones
visoespaciales y el lenguaje se encuentran preservados. En las escalas de conducta aplicadas a padres y
docentes (Conners 3 y EDAH), se observa un perfil compatible con TDAH de tipo combinado, con predominio
de inatención e impulsividad. No se evidencian síntomas depresivos ni trastornos del aprendizaje específicos,
aunque presenta bajo rendimiento escolar asociado a su inconstancia.
El entorno familiar refiere que N.M.L. es cariñoso, creativo y con buena memoria para temas de interés, pero
se irrita fácilmente cuando se le corrige. La madre indica que necesita supervisión constante para realizar
sus tareas y que, sin acompañamiento, se distrae con facilidad. En el colegio, los docentes informan que
conversa con sus compañeros durante la clase y que olvida los materiales escolares con frecuencia. A pesar
de su conducta inquieta, mantiene buenas relaciones sociales y no presenta problemas de agresividad. Los
padres expresan preocupación por su rendimiento académico y su bajo nivel de concentración durante los
estudios.
El cuadro clínico global sugiere un trastorno por déficit de atención e hiperactividad de tipo combinado,
caracterizado por inatención sostenida, impulsividad y exceso de actividad motora, sin deterioro intelectual
ni afectivo. N.M.L. presenta adecuada comprensión verbal, habilidades sociales conservadas y curiosidad
elevada, pero requiere intervención multidisciplinaria para mejorar su autorregulación y desempeño escolar.
Se recomienda un programa de entrenamiento cognitivo en atención y control inhibitorio, orientación a
padres y docentes sobre manejo conductual positivo, y establecimiento de rutinas estructuradas que
fortalezcan la organización y el autocontrol del niño tanto en el hogar como en el contexto escolar.
CASO 6
S.R.O. es un adolescente de 14 años, estudiante de segundo año de secundaria, residente en Arequipa. Vive
con sus padres y un hermano menor. Fue diagnosticado con trastorno del espectro autista a los seis años,
pero actualmente asiste a un colegio regular con apoyo psicopedagógico. Desde la infancia ha mostrado
intereses restringidos, dificultades para interactuar con sus compañeros y necesidad de mantener rutinas
fijas. El embarazo y el parto fueron normales, aunque presentó retraso en el desarrollo del lenguaje y escaso
contacto visual en los primeros años. No existen antecedentes familiares de autismo, discapacidad
intelectual ni trastornos psiquiátricos relevantes.
Durante la entrevista clínica, el adolescente se muestra tranquilo y educado, pero con escasa iniciativa social.
Responde a las preguntas de manera literal y con tono monótono. Mantiene poco contacto visual y prefiere
hablar de sus temas de interés —principalmente videojuegos y computadoras—, mostrando entusiasmo y
conocimiento detallado sobre ellos. Cuando se interrumpe su conversación o se cambia de tema, reacciona
con incomodidad o silencio prolongado. Su expresión facial es limitada, aunque comprende instrucciones y
coopera en las tareas solicitadas. Se observa buena memoria mecánica, pero dificultad para comprender
chistes, metáforas o doble sentido. No presenta conductas agresivas ni estereotipias motoras evidentes
durante la evaluación.
En la evaluación neuropsicológica, obtiene un rendimiento promedio en inteligencia no verbal y una ligera
discrepancia con la inteligencia verbal. Presenta adecuada memoria visual y auditiva, pero dificultades en
funciones ejecutivas relacionadas con la flexibilidad cognitiva y la planificación. En la prueba de teoría de la
mente, tiene dificultad para inferir emociones o intenciones ajenas. En tareas de lenguaje pragmático, sus
respuestas son literales y carecen de matices sociales. Las funciones de atención y memoria a corto plazo se
encuentran conservadas. Los resultados de las escalas de comportamiento (ADOS-2 y CARS) confirman un
perfil compatible con trastorno del espectro autista nivel 1, de funcionamiento alto. No se evidencian
síntomas depresivos ni ansiosos clínicamente significativos.
El entorno familiar refiere que S.R.O. prefiere actividades solitarias y se irrita cuando se modifican sus
horarios o rutinas. La madre comenta que le cuesta comprender las normas sociales y que, aunque es
responsable con sus estudios, evita participar en grupos o juegos colectivos. Su padre indica que muestra
apego excesivo a ciertos objetos y dificultad para expresar emociones. En el colegio, los docentes destacan
su rendimiento académico sobresaliente en matemáticas y tecnología, pero su escasa participación en
dinámicas sociales y trabajo en equipo. Mantiene pocas amistades y tiende a aislarse en los recreos.
El cuadro clínico global sugiere un trastorno del espectro autista de nivel 1, caracterizado por alteraciones
leves en la comunicación social, intereses restringidos y rigidez conductual, con preservación de las
habilidades cognitivas generales. El adolescente mantiene independencia funcional y rendimiento
académico adecuado, pero requiere apoyo para mejorar la comprensión social y la flexibilidad emocional.
Se recomienda intervención psicoeducativa centrada en habilidades sociales, entrenamiento en
reconocimiento emocional y estrategias de autorregulación, así como orientación a padres y docentes para
promover entornos estructurados, empáticos y consistentes que favorezcan su adaptación escolar y social.