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cado. Eso le da, por consiguiente, un valor inestimable a
las noticias contenidas en el mismo. Lógicamente, tanto
Mariano Soriano Fuertes como Baltasar Saldoni hablan
de Sor siempre en términos muy laudatorios, aunque
contenidos y buscando la objetividad. Ya en vida de Sor,
en 1823, un corresponsal de la revista inglesa Harmoni-
con escribe, en el número de marzo de 1823, que a Sor
«habría que llamarle el Racine de la guitarra." Todavía
no hace mucho, se le solía llamar «el Beethoven de la
guitarra». Claro está que no faltó un donoso que llamaba
a Beethoven, chanceándose, «el Fernando Sor del pia-
no». Por contrapartida, entre algunos guitarristas de la
primera mitad de nuestro siglo existía cierta indiferencia,
por no decir desprecio, a la obra de Sor y de todos los
guitarristas de principios del siglo XIX.
Esta situación comenzó a cambiar a medida que fue-
ron publicándose estudios sobre el maestro y sus obras
fueron haciéndose más accesibles. Una biografía muy
interesante y en cierta forma pionera fue la escrita por
Manuel Rocamora, publicada en Barcelona en 1957.
Veinte años después apareció la que es aún ahora la bio-
grafía fundamental e ineludible sobre Fernando Sor:
Fernando Sor, composer and guitarrist, de Brian Jeffery.
Por los mismos años aparecieron, al cuidado del mismo
estudioso, las obras completas para guitarra y para dos
guitarras de Sor, en excelentes reproducciones facsimila-
res de las primeras ediciones. A partir de esas dos publi-
caciones fundamentales, las ideas sobre Sor comenza-
ron, entre el mundillo guitarrístico, a hacerse más
conscientes y amplias. Y hoy en día asistimos a un movi-
miento de búsqueda en la amplia obra guitarrística del
catalán. Por lo menos, las obras suyas que se escuchan
en los conciertos ya no son sólo las cinco o seis que se
escuchaban hace años: una buena prueba de ello es la
posibilidad de realizar ciclos como éste.