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guitarra, tiradas rápidas y cortas, trémolos, escritura imi-
tativa, armónicos, saltos del pulgar, etc. La edición pri-
mera de este Op. 29 fue publicada por Meissonnier y, al
igual que los primeros doce, muy pronto se hizo una
edición alemana. Aparte de las cualidades técnicas de
estos estudios, su más importante cualidad probable-
mente sea su belleza: buen ejemplo de ello es el Estudio
en Si bemol, uno de los más justamente célebres entre
los de su autor.
El Gran solo, Op. 14, es la primera sonata para guita-
rra escrita por Sor, y conoció nada menos que cuatro
ediciones contemporáneas. La primera apareció en el
Journal de Musique Etrangère pour la Guitare ou Lyre,
de Castro, en París hacia 1810. Es una de las pocas obras
que nos han quedado del período español de Sor. Apar-
te de la edición de Castro se publicó una versión simpli-
ficada, otra alemana y una última arreglada por Dionisio
Aguado.
La Introducción y variaciones, Op. 28, se basa en el
celebérrimo tema de «Malbroug», o «Mambrú se fue a la
guerra», como diríamos en español. Es una obra que
consta, como tantas otras de Sor, de introducción, tema,
variaciones y coda. Una curiosidad: la coda no es, como
en la mayoría de las piezas de este tipo, un fragmento
virtuosístico, sino una vuelta al tema en tiempo lento, en
armónicos.
La Gran Sonata, Op. 22, fue casi con toda probabili-
dad escrita en España y dedicada al «príncipe de la paz»,
Manuel Godoy. Es, junto con el Op. 25, la sonata de
mayores proporciones. Del primer tiempo se ha dicho,
quizá con una cierta razón, que el desarrollo minúsculo
no corresponde a la majestuosidad de la exposición. Sin
embargo, en su conjunto la sonata es muy bella y muy
importante: su autor demuestra, quizá por primera vez,
que las obras de grandes magnitudes y amplitud de mi-
ras no están reñidas con la guitarra, instrumento íntimo.
Por otra parte, los dos últimos tiempos son más gracio-
sos y ligeros que los dos primeros: una excelente mane-
ra de mantener el equilibrio.