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rosarios y muchas canciones españolas. Salvo probable-
mente alguna de las canciones españolas, ninguna de es-
tas obras se conserva. La misma suerte corrió su melodra-
ma La Elvira portuguesa, compuesto en una segunda
visita a Madrid hacia 1804. Entre este año y el de 1808
encontramos a Sor en Andalucía como jefe de una pe-
queña administración real. Su cargo le permitía pasar la
mayor parte del tiempo en Málaga, en donde solía dirigir
los conciertos del cónsul norteamericano, Kirkpatrick.
Saldoni se refiere a esta época en los siguientes términos:
...Hallándose (Sor) de guarnición en Málaga, o
muy cerca de esta ciudad, dio el cónsul de Austria (sic),
Sr. Quipatri (sic), un gran concierto, en que reunió to-
do lo más elegante y notable que encerraba Málaga, en
el cual tocó Sors un solo de contrabajo con variaciones
que dejó admirados y sorprendidos a cuantos le oyeron,
incluso a los músicos que estaban presentes, entre los
que se hallaba don Vicente Ribera, maestro de trompa y
músico mayor que había sido durante muchos años, y
que en aquella noche tocaba el serpentón en la orques-
ta, siendo dicho señor Ribera quien contó el asombro
que había causado Sor, el que nos lo ha escrito a nos-
otros y cuyo documento conservamos.
Probablemente Sor se encontraba en Madrid durante
los sucesos del 2 de mayo de 1808; lo cierto es que des-
pués de la batalla de Bailén le encontramos como capi-
tán del regimiento de voluntarios cordobeses. A partir
de enero de 1810, con toda España -salvo Cádiz- ocu-
pada por los franceses, se le presenta a Sor el dilema,.
como a tantos otros españoles contemporáneos suyos,
de luchar contra los franceses o aceptar la ocupación: se
decide por esto último, es decir, por el partido de los
progresistas que veían en la monarquía de José Bona-
parte la esperanza de una España reformada. Según sus
mismas palabras, Sor siguió el ejemplo de tantos otros;
creyó que el poder de José estaba consolidado y le prestó
juramento. Ocupó entonces el cargo de comisario gene-
ral de policía de la provincia de Jerez hasta la retirada
de los ejércitos franceses. Cuando éstos y José Bonaparte
se retiraron a Valencia, en el verano de 1812, Sor se fue
con ellos, y en 1813 se vio obligado a tomar el camino
del exilio. Como tantos músicos españoles -desde Se-
bastián Durón hasta Manuel de Falla-, Sor abandona de-
finitamente España a causa de sus ideas: se dirige, como
tantos otros españoles, a Francia.
En 1813 llega Sor a París, el París de Cherubini, de
Méhul y del aún niño Berlioz. Permanecería allí solo