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encontraríamos frente a la guitarra más antigua de seis
cuerdas simples, construida en una época en la que en
España se tañe preferentemente la guitarra de seis órde-
nes y en el resto de Europa aún la de cinco. Ante estos
datos cabría pensar que, por primera vez en su historia,
la guitarra española siguió un desarrollo diferente a la
guitarra europea. Pero cualquier conclusión resulta, por
el momento, precipitada: hay que esperar la aparición
de nuevos documentos.
Cualquiera que haya sido la evolución de la guitarra
en aquellos años, no parece ilógico suponer que Fer-
nando Sor comenzó sus estudios tañendo un instrumen-
to de seis órdenes dobles; incluso, cabe la posibilidad
de que haya por lo menos conocido algunas guitarras de
cinco. Tal vez esta familiaridad con los órdenes dobles
sería lo que le permitiera, en 1837, tocar el laúd en un
concierto, acompañando al guitarrista italiano Mateo
Carcassi, que tañía en esa ocasión la mandolina. Según
Richard Campbell, que sigue a Fétis, ambos músicos to-
caron una obra compuesta hacía más o menos un siglo
-caso infrecuente entre los intérpretes de principios del
siglo XIX- por el austríaco Johann Strohbach. Pero ya en
el cambio de siglo, a los veintidós años de su edad y con
algunas obras musicales famosas compuestas, Sor dedi-
có sus esfuerzos a la guitarra de seis cuerdas simples,
que era la que comenzaba a predominar en España y en
Europa. Esto no quiere decir que los instrumentos de
seis órdenes dobles se abandonaran drásticamente al
término de la centuria: de hecho, conocemos algunos
ejemplares del siglo XIX, como los firmados por Joseph
Alcañiz en Murcia en 1804 y por Joan Matabosch en Bar-
celona en 1815. Pero como suele suceder en cuestiones
organológicas, los instrumentos antiguos y los modernos
coexistieron durante un cierto período, hasta que las
preferencias de los ejecutantes se dirigieron únicamente
a los instrumentos de cuerdas simples.
Otro enigma, que tal vez nunca será resuelto, es el
de la formación «guitarrística» de Sor. Desconocemos
quién fuese su maestro en Barcelona, aunque, según pa-
rece, aprendió los rudimentos musicales y guitarrísticos
de su propio padre, que era un buen aficionado. Según
el testimonio de Saldoni, ya a los doce años de edad, es-
colano en Montserrat, Sor «hacía con la guitarra cosas tan
prodigiosas que admiraban a sus condiscípulos y a
cuantos le oían». Muchos años después, Sor reconocería,
en cuanto a la guitarra, una única influencia: la del na-
politano Federico Moretti. En la Encyclopédie Pittores-
que de la Musique, de Ledhuy y Bertini (París, 1837), en