1.
Introduccion
La reanimación cardiopulmonar (RCP) es un conjunto de maniobras destinadas a mantener la circulación
sanguínea y la oxigenación en una persona que ha sufrido un paro cardiorrespiratorio. Este
procedimiento constituye una de las intervenciones más importantes en la medicina de emergencia, ya
que los primeros minutos después del colapso son determinantes para la supervivencia y el pronóstico
neurológico del paciente.
En el área de Anestesiología y en la práctica clínica en general, conocer y aplicar correctamente la RCP es
esencial, pues permite actuar de manera inmediata ante situaciones críticas tanto dentro como fuera
del hospital. Además, la actualización constante en las guías internacionales ha permitido optimizar la
calidad de las compresiones, el uso del desfibrilador externo automático (DEA) y la aplicación de
ventilaciones efectivas.
2. Anatomía básica del tórax y del sistema cardiopulmonar
El tórax es una estructura ósea protegida por el esternón, las costillas y la columna vertebral, que
forman una cavidad destinada a albergar órganos vitales como el corazón y los pulmones. Esta región es
fundamental para comprender dónde y cómo se realizan las maniobras de reanimación cardiopulmonar.
El corazón se encuentra en la parte central del pecho, ligeramente hacia la izquierda, protegido detrás
del esternón. Por esta ubicación, las compresiones torácicas se realizan sobre el tercio medio del
esternón, ya que al presionar en esta zona se consigue comprimir el corazón entre el esternón y la
columna, generando un flujo sanguíneo artificial hacia el cerebro y los órganos vitales.
Los pulmones rodean al corazón y se encargan del intercambio gaseoso. Por eso, durante la ventilación
en la RCP es necesario abrir la vía aérea mediante la elevación del mentón, permitiendo que los
pulmones reciban el aire de manera adecuada.
Además, grandes vasos como la arteria carótida se encuentran en el cuello, lo que hace que este sea el
sitio ideal para evaluar la presencia o ausencia del pulso en un adulto durante una emergencia.
3. Fisiopatología del Paro Cardiorrespiratorio
El paro cardiorrespiratorio es una situación crítica en la que se detiene de forma súbita o progresiva la
función del corazón y la respiración, impidiendo que la sangre oxigenada llegue a los órganos vitales. Su
fisiopatología explica qué ocurre dentro del cuerpo desde el momento en que el corazón deja de latir
hasta que se produce el daño orgánico irreversible.
Cuando se detiene la circulación, el organismo experimenta una suspensión inmediata del flujo
sanguíneo hacia el cerebro. Este órgano es extremadamente sensible a la falta de oxígeno: a los 10
segundos comienzan los signos de pérdida de conciencia, y a partir de los 4 a 6 minutos sin perfusión se
inicia un daño neuronal irreversible. Si el paro se prolonga más de 10 minutos sin intervención, la
probabilidad de supervivencia disminuye de forma drástica y suele dejar secuelas graves.
La interrupción del bombeo cardíaco también detiene el transporte de oxígeno y nutrientes hacia otros
órganos vitales, lo que provoca un colapso sistémico. La falta de oxígeno genera un metabolismo
anaerobio, acumulación de ácido láctico y daño celular progresivo. Además, la ausencia de circulación
provoca que los tejidos no puedan eliminar dióxido de carbono, generando acidosis metabólica que
empeora la función celular.
La fisiopatología del paro depende del tipo de alteración eléctrica o mecánica que lo causa. En los ritmos
desfibrilables (fibrilación ventricular y taquicardia ventricular sin pulso) el corazón presenta una
actividad eléctrica caótica e inefectiva. En los ritmos no desfibrilables (asistolia y actividad eléctrica sin
pulso) existe ausencia completa de actividad eléctrica o contracciones mecánicas.
El objetivo de la Reanimación Cardiopulmonar es suplir temporalmente el flujo sanguíneo mediante
compresiones torácicas, permitiendo que el mínimo de sangre posible llegue al cerebro y al corazón
hasta que se pueda restablecer la función cardíaca normal. Sin RCP temprana, la muerte celular
progresa rápidamente, reduciendo de forma notable las probabilidades de recuperación.
4. Cadena de Supervivencia
La cadena de supervivencia es un conjunto de pasos secuenciales que se deben realizar para aumentar
las probabilidades de sobrevivir a un paro cardiorrespiratorio. Cada eslabón depende del anterior y su
efectividad determina el pronóstico del paciente. Es una estrategia internacionalmente aceptada por la
American Heart Association (AHA) y los sistemas de emergencias médicas.
Existen dos versiones: la cadena de supervivencia para adultos en paro extrahospitalario y la pediátrica.
En este trabajo se abordará la cadena general para adultos, que incluye seis eslabones esenciales:
1. Reconocimiento temprano y activación del sistema de emergencias
El primer paso consiste en identificar los signos de un paro cardiorrespiratorio: ausencia de respuesta,
respiración anormal o boqueo y ausencia de pulso. Una vez reconocido, es crucial llamar
inmediatamente al sistema de emergencias. Cada minuto sin atención disminuye un 7–10% la
probabilidad de supervivencia.
2. Inicio inmediato de la RCP de alta calidad
El segundo eslabón consiste en comenzar compresiones torácicas firmes, rápidas y continuas. La RCP de
calidad mantiene el flujo sanguíneo mínimo necesario para retrasar el daño cerebral y sostener la vida
hasta que se restablezca la función cardíaca. Este paso es especialmente crítico en los primeros minutos.
3. Desfibrilación rápida
Cuando el paro es causado por ritmos desfibrilables, la desfibrilación temprana mediante un
Desfibrilador Externo Automático (DEA) puede restaurar el ritmo cardíaco normal. Por cada minuto que
pasa sin desfibrilación, la tasa de supervivencia disminuye considerablemente.
4. Soporte vital avanzado
Una vez llegan los profesionales de salud, se implementan intervenciones avanzadas como manejo
avanzado de la vía aérea, administración de medicamentos, monitoreo cardíaco y evaluación de causas
reversibles del paro.
5. Cuidados post-paro cardiaco
Incluye estabilización hemodinámica, control estricto de oxigenación y ventilación, manejo de arritmias,
control de temperatura y evaluación neurológica. Estos cuidados evitan daño secundario y mejoran el
pronóstico a largo plazo.
6. Recuperación y rehabilitación
Este eslabón fue añadido en las guías recientes. Implica la recuperación física, emocional y cognitiva del
paciente, así como la prevención de futuros eventos mediante seguimiento médico y hábitos saludables.
5. Procedimiento de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) en Adultos
El procedimiento de RCP en adultos sigue una secuencia estandarizada cuyo objetivo es mantener la
circulación y oxigenación hasta que llegue ayuda avanzada o se recupere la actividad cardíaca. Esta
secuencia corresponde al Soporte Vital Básico (SVB) recomendado por las guías internacionales.
1. Verificar la seguridad del entorno
El rescatista debe asegurarse de que la escena sea segura para acercarse a la víctima. Esto evita poner
en riesgo la integridad del socorrista.
2. Evaluar la respuesta de la víctima
Se debe aproximar y estimular al paciente golpeando suavemente los hombros y preguntando en voz
alta:
“¿Se encuentra bien?”
Si no responde, debe asumirse una posible emergencia.
3. Activación del sistema de emergencias
Si la víctima no responde, debe solicitarse ayuda inmediatamente.
Gritar por auxilio.
Pedir a alguien que llame al número local de emergencias.
Solicitar que traigan un DEA inmediatamente.
4. Evaluar respiración y pulso (durante máximo 10 segundos)
El rescatista debe:
Observar si la víctima respira normalmente o solo boquea.
Palpar el pulso carotídeo.
Si no respira y no tiene pulso, se confirma el paro cardiorrespiratorio.
5. Iniciar RCP: Compresiones torácicas
Una vez confirmado el paro, debe iniciarse RCP inmediatamente:
Compresiones
Colocar las manos en el centro del pecho, sobre el esternón.
Mantener los brazos rectos y comprimir verticalmente.
Profundidad: 5–6 cm.
Ritmo: 100–120 compresiones por minuto.
Permitir que el tórax regrese completamente después de cada compresión.
Minimizar al máximo las interrupciones.
Se deben realizar 30 compresiones consecutivas.
6. Ventilaciones
Tras completar las 30 compresiones, se dan 2 ventilaciones.
Abrir la vía aérea con la maniobra frente-mentón.
Sellar la boca de la víctima con la del rescatista o usar mascarilla de bolsillo.
Insuflar aire durante 1 segundo, observando elevación torácica.
No ventilar en exceso para evitar complicaciones como vómito o distensión gástrica.
La relación estándar es 30:2.
7. Continuar ciclos de 30:2
Se repite la secuencia 30 compresiones / 2 ventilaciones sin pausas innecesarias, hasta la llegada del
DEA o del equipo avanzado.
8. Uso del DEA
Cuando llega el DEA:
Encender el dispositivo.
Colocar los parches según las indicaciones.
Dejar que el equipo analice el ritmo cardíaco.
Si indica descarga, despejar a la víctima y presionar el botón de choque.
Reanudar RCP inmediatamente después.
9. Reevaluación periódica
Cada 2 minutos (aprox. 5 ciclos de RCP) se debe revisar si la víctima recupera el pulso o respiración.
10. Continuar hasta que:
Llegue ayuda avanzada,
El DEA indique un cambio,
El paciente recupere signos vitales,
O el rescatista esté exhausto.
Este procedimiento constituye el manejo básico estándar del paro cardiorrespiratorio en adultos y es la
base de toda acción de reanimación inicial.
6. Uso del Desfibrilador Externo Automático (DEA)
El Desfibrilador Externo Automático (DEA) es un dispositivo diseñado para analizar el ritmo cardíaco y
administrar una descarga eléctrica cuando está indicada. Su uso temprano es uno de los factores más
determinantes en la supervivencia de un paro cardiorrespiratorio, especialmente cuando se trata de
ritmos desfibrilables como la fibrilación ventricular y la taquicardia ventricular sin pulso.
El DEA es seguro, fácil de usar y está diseñado para que cualquier persona pueda activarlo siguiendo
instrucciones por voz o gráficas.
1. Encender el DEA
Al llegar al lugar con el DEA, el primer paso es encender el equipo.
La mayoría de los DEA cuentan con un botón de encendido o se activan al abrir la tapa.
Una vez encendido, el dispositivo guía al rescatista mediante instrucciones de voz.
2. Exponer el pecho del paciente
Descubrir completamente el tórax.
Secar si hay sudor.
Rasurar si hay mucho vello en las zonas de los parches (solo si el DEA trae rasuradora).
Retirar parches médicos u objetos metálicos del área si existen.
Es importante evitar colocar los parches sobre dispositivos implantados como marcapasos.
3. Colocar los parches adhesivos
Los parches deben colocarse siguiendo los dibujos que trae cada uno:
Parche 1: Debajo de la clavícula derecha del paciente.
Parche 2: En el costado izquierdo, debajo de la axila.
Esta posición permite que la descarga atraviese el corazón correctamente.
4. Análisis del ritmo
Una vez colocados los parches, el DEA comenzará a analizar el ritmo cardíaco.
En este paso, el rescatista debe asegurarse de que nadie esté tocando a la víctima, ya que cualquier
contacto puede interferir.
El DEA determinará automáticamente si el ritmo es desfibrilable o no.
5. Administración de la descarga
Si el DEA indica que la descarga está recomendada:
1. Asegurar que nadie esté tocando a la víctima.
2. Anunciar en voz alta: “¡Alejarse del paciente!”
3. Presionar el botón de descarga cuando el dispositivo lo indique.
La descarga busca restablecer un ritmo cardíaco organizado.
6. Reanudar la RCP inmediatamente
Después de la descarga:
El DEA indicará: “Inicie RCP”.
Se debe reiniciar el ciclo de compresiones torácicas sin delay.
Continuar 2 minutos de RCP antes de que el DEA vuelva a analizar.
7. Análisis repetidos cada 2 minutos
El DEA reevaluará el ritmo periódicamente.
Cada análisis puede recomendar una nueva descarga o continuar la RCP sin choque.
8. Mantener el uso del DEA hasta:
Que llegue el equipo avanzado.
Que el paciente muestre signos de vida.
O que el rescatista no pueda continuar.
Importancia del uso temprano del DEA
La tasa de supervivencia aumenta un 50–70% si la desfibrilación se realiza en los primeros minutos.
Por cada minuto sin descarga, la supervivencia disminuye entre 7–10%.
Incluso personas sin entrenamiento pueden usar un DEA gracias a las instrucciones por voz.
7. Ritmos desfibrilables y no desfibrilables
Durante un paro cardiorrespiratorio, el corazón puede presentar diferentes tipos de actividad eléctrica.
Identificar estos ritmos es fundamental para determinar si la desfibrilación puede restaurar un latido
efectivo. El DEA es capaz de reconocerlos automáticamente y guiar al rescatista.
Los ritmos se dividen en dos grandes categorías:
A. Ritmos Desfibrilables
Son aquellos en los que el corazón presenta actividad eléctrica caótica o rápida, pero sin generar un
latido efectivo. La desfibrilación puede reorganizar esta actividad eléctrica y restaurar un ritmo normal.
1. Fibrilación Ventricular (FV)
Es el ritmo más común en los paros extrahospitalarios.
El corazón tiembla de forma desordenada, sin realizar contracción efectiva.
No hay pulso ni perfusión sanguínea.
El único tratamiento efectivo es la desfibrilación inmediata.
Importancia:
Cada minuto sin desfibrilación reduce la supervivencia hasta un 10%.
2. Taquicardia Ventricular sin Pulso (TVSP)
Ritmo muy rápido originado en los ventrículos.
El corazón late tan deprisa que no logra llenarse de sangre ni bombear adecuadamente.
No genera pulso detectable.
También se trata con descarga eléctrica del DEA.
Dato clave:
Si tiene pulso, NO es paro; si no tiene pulso, es un ritmo que necesita desfibrilación.
B. Ritmos No Desfibrilables
En estos ritmos, la actividad eléctrica del corazón no responde a la desfibrilación. El tratamiento
principal es RCP de calidad y manejo avanzado por profesionales.
1. Asistolia
Es la ausencia total de actividad eléctrica cardíaca.
Se observa como una línea plana en el monitor.
No hay contracción, pulso ni flujo sanguíneo.
La descarga NO funciona en este ritmo.
Manejo:
RCP inmediata + búsqueda de causas reversibles.
2. Actividad Eléctrica Sin Pulso (AESP)
El monitor puede mostrar un ritmo aparentemente organizado, pero no genera pulso.
El corazón presenta actividad eléctrica, pero mecánicamente no bombea sangre.
No responde a desfibrilación.
Causas frecuentes:
Hipoxia, hipovolemia, taponamiento cardíaco, trombosis pulmonar, intoxicaciones, etc.
Manejo:
RCP continua + tratamiento de la causa.
Importancia de conocer los ritmos
Permite entender por qué el DEA solo descarga en ciertos casos.
Ayuda a diferenciar cuándo la supervivencia depende de la desfibrilación inmediata.
Explica la fisiopatología del paro y justifica la rapidez en la actuación.
8. Procedimiento de RCP en Niños (1 año hasta pubertad)
La reanimación cardiopulmonar en niños mantiene los mismos principios que en adultos, pero con
algunas diferencias importantes en la técnica y en las proporciones entre compresiones y ventilaciones.
La mayoría de los paros cardiacos en niños se deben a causas respiratorias, por lo que la ventilación
efectiva es especialmente importante.
1. Verificar seguridad del entorno
Antes de acercarse, el rescatista debe asegurarse de que la escena sea segura.
2. Evaluar respuesta
Estimular al niño y preguntar en voz alta:
“¿Estás bien?”
Si no responde, se asume una emergencia.
3. Pedir ayuda y activar el sistema de emergencias
Gritar por ayuda.
Solicitar un DEA.
Llamar a emergencias lo antes posible.
Si el rescatista está solo, debe realizar 2 minutos de RCP antes de salir a pedir ayuda, a menos que se
presencie el colapso.
4. Evaluar respiración y pulso (10 segundos)
Ver si respira normalmente.
Palpar el pulso carotídeo o femoral.
Si no respira o solo boquea y no hay pulso, se inicia RCP.
5. Compresiones torácicas
Características de las compresiones en niños:
Colocar una mano en el centro del pecho (o dos si el niño es grande).
Comprimir 1/3 del diámetro del tórax, aproximadamente 5 cm.
Ritmo de 100–120 compresiones por minuto.
Permitir el retroceso completo del tórax.
Minimizar las interrupciones.
Se realizan 30 compresiones si hay un solo rescatista.
6. Ventilaciones
Después de las 30 compresiones, dar 2 ventilaciones:
Abrir vía aérea con frente-mentón.
Insuflar aire 1 segundo, observando que se levante el tórax.
No ventilar en exceso.
7. Relación compresiones-ventilaciones
Un rescatista: 30:2
Dos rescatistas: 15:2
(esto está tal cual en el manual BLS)
8. Uso del DEA
Si llega un DEA:
Encenderlo.
Colocar los parches pediátricos si están disponibles.
Si no hay parches pediátricos, usar los de adulto.
Seguir instrucciones del dispositivo.
Continuar RCP después de cada análisis.
9. Continuar RCP hasta que:
Llegue ayuda avanzada,
Se recupere el pulso,
O el rescatista no pueda continuar.
9. Procedimiento de RCP en Lactantes (menores de 1 año)
La reanimación cardiopulmonar en lactantes presenta diferencias importantes con respecto a adultos y
niños. Esto se debe a que los bebés tienen una anatomía más delicada, un tórax más pequeño y una
causa respiratoria en la mayoría de los casos de paro. Por esta razón, la técnica debe adaptarse para
evitar lesiones y lograr una ventilación efectiva.
1. Verificar la seguridad de la escena
El rescatista debe asegurarse de que el entorno sea seguro para acercarse al bebé.
2. Evaluar respuesta
Estimular suavemente al bebé golpeando la planta del pie o frotando el esternón mientras se pregunta
en voz alta.
Si no responde y está flácido o inconsciente, se considera una emergencia.
3. Activación del sistema de emergencias
Si el rescatista está solo, debe realizar 2 minutos de RCP antes de ir a buscar ayuda, a menos que haya
presenciado el colapso.
Si hay más de un rescatista, uno comienza RCP y el otro llama a emergencias o busca un DEA.
4. Evaluar respiración y pulso (máximo 10 segundos)
Observar si respira con normalidad
Palpar el pulso braquial, ubicado en la cara interna del brazo del bebé
Si no respira o respira jadeante y no hay pulso, se inicia RCP.
5. Compresiones torácicas
Las compresiones en el lactante son diferentes a las del niño y del adulto:
Si hay un solo rescatista:
Usar dos dedos (índice y medio) en el centro del pecho
Colocar los dedos justo debajo de la línea intermamilar
Comprimir 4 cm de profundidad (1/3 del diámetro del tórax)
Ritmo de 100–120 por minuto
Si hay dos rescatistas:
Se usa la técnica de los pulgares rodeando el tórax
Ambos pulgares comprimen el esternón mientras las manos rodean el tórax
Esta técnica es más efectiva y genera mejor perfusión
Se deben realizar 30 compresiones si hay un rescatista
y 15 compresiones si hay dos.
6. Ventilaciones
Después de las compresiones, se administran 2 ventilaciones:
Abrir la vía aérea con la técnica frente-mentón, pero sin sobreextender el cuello, porque puede obstruir
la vía aérea
Cubrir nariz y boca del bebé con la boca del rescatista
Insuflar aire por 1 segundo
Verificar elevación visible del tórax
7. Relación compresiones–ventilaciones
Un rescatista: 30:2
Dos rescatistas: 15:2
(Exactamente como en el manual BLS)
8. Uso del DEA en lactantes
Si se dispone de parches pediátricos, deben usarse obligatoriamente
Si NO hay parches pediátricos:
Se pueden usar parches de adulto
Uno se coloca en el centro del pecho
El otro en la espalda (“posición antero-posterior”)
Seguir todas las instrucciones del DEA.
9. Continuar hasta que:
Llegue ayuda avanzada
El bebé recupere pulso y respiración
O el rescatista esté exhausto
10. Manejo de la Vía Aérea y Ventilación en el Soporte Vital Básico
El manejo adecuado de la vía aérea es fundamental para asegurar una oxigenación efectiva durante la
reanimación cardiopulmonar. Una apertura correcta de las vías respiratorias permite que las
ventilaciones sean eficaces y evita complicaciones como la aspiración o la hiperventilación. El manual de
Soporte Vital Básico establece técnicas simples que pueden aplicarse sin equipos avanzados.
1. Apertura de la vía aérea: Maniobra frente-mentón
Es la técnica estándar en pacientes sin sospecha de trauma cervical.
Pasos:
Colocar una mano en la frente del paciente y realizar una ligera inclinación hacia atrás.
Colocar la otra mano debajo del mentón y elevarlo suavemente.
Esta maniobra desplaza la lengua hacia adelante, evitando que obstruya la vía aérea.
Importante:
No hiperextender el cuello, especialmente en lactantes.
2. Método de tracción mandibular
Se utiliza cuando se sospecha trauma cervical o lesión de columna.
El rescatista coloca ambas manos a los lados de la mandíbula.
Eleva suavemente la mandíbula hacia adelante sin mover el cuello.
Este método permite abrir la vía aérea sin riesgo de agravar una lesión cervical.
3. Ventilación boca a boca (adultos)
Después de abrir la vía aérea:
Sellar la boca del rescatista sobre la del paciente.
Cerrar la nariz del paciente para evitar escape de aire.
Insuflar aire durante 1 segundo, verificando elevación del tórax.
Evitar insuflar demasiado aire para prevenir distensión gástrica.
4. Ventilación boca a boca-nariz (lactantes)
En bebés pequeños, la boca del rescatista cubre nariz y boca al mismo tiempo.
Incluir la nariz facilita la entrada de aire.
La presión debe ser suave para evitar lesiones.
5. Ventilación con máscara de bolsillo
Si se dispone de mascarilla:
Colocar la mascarilla cubriendo nariz y boca del paciente.
Forma sellada con ambas manos (“E-C clamp”).
Insuflar aire por 1 segundo y observar expansión torácica.
La mascarilla reduce el contacto directo y mejora la ventilación.
6. Ventilación con bolsa-válvula-mascarilla (BVM)
El BVM es una herramienta esencial en SVB.
Colocar la mascarilla correctamente en el rostro.
Asegurar un buen sellado.
Comprimir la bolsa lentamente por 1 segundo.
Dar 1 ventilación cada 6 segundos si hay vía aérea avanzada.
Si solo hay un rescatista, la ventilación puede ser difícil por falta de sellado; idealmente deben ser dos.
7. Señales de ventilación efectiva
Las ventilaciones son adecuadas cuando:
Se observa elevación visible del tórax.
No hay escape de aire por la boca o nariz.
No hay distensión abdominal marcada.
El paciente mantiene una coloración estable si tiene pulso.
8. Errores comunes durante la ventilación
Insuflar demasiado aire → causa vómitos y riesgo de aspiración.
Ventilar rápidamente → provoca hiperventilación y disminuye retorno venoso.
No abrir la vía aérea adecuadamente → aire no entra a los pulmones.
Mal sellado con la mascarilla → pérdida de eficacia.
Importancia del manejo correcto de la vía aérea
Una ventilación efectiva:
Aporta oxígeno al corazón y cerebro.
Mejora la perfusión durante las compresiones.
Aumenta significativamente la probabilidad de recuperación.
Es crítica en niños y lactantes, donde la causa del paro suele ser respiratoria.
11. Obstrucción de la Vía Aérea por Cuerpo Extraño (Asfixia)
La obstrucción de la vía aérea por un cuerpo extraño ocurre cuando un objeto bloquea parcial o
totalmente el paso del aire hacia los pulmones. Es una emergencia frecuente y potencialmente mortal,
que requiere una intervención inmediata y adecuada. Los procedimientos varían según la edad del
paciente, ya que la anatomía de adultos, niños y lactantes es diferente.
Asfixia en Adultos
1. Signos de obstrucción
La víctima puede presentar:
Incapacidad para hablar o toser
Toser débil o nula
Manos en el cuello (señal universal de asfixia)
Coloración azulada (cianosis)
Respiración ruidosa
2. Obstrucción leve
Si la persona puede toser de forma efectiva:
Animar a seguir tosiendo
No intervenir bruscamente
Vigilar continuamente
3. Obstrucción grave
Si la persona no puede toser, ni hablar, ni respirar, se debe actuar de inmediato:
Maniobra de Heimlich (compresiones abdominales)
Colocarse detrás de la víctima
Rodear la cintura con ambos brazos
Colocar un puño justo por encima del ombligo
Tomar el puño con la otra mano
Realizar compresiones rápidas hacia adentro y arriba
Repetir hasta expulsar el objeto o hasta que la víctima quede inconsciente.
4. Si la víctima se vuelve inconsciente
Colocarla cuidadosamente en el suelo
Llamar a emergencias
Iniciar RCP inmediatamente
Cada vez que se abren las vías respiratorias, buscar si el objeto es visible
Si se ve, retirarlo con los dedos; si no se ve, NO intentar sacar a ciegas
B. Asfixia en Niños (1 año a pubertad)
El procedimiento es similar al del adulto, pero adaptado al tamaño del niño.
1. Obstrucción leve
Permitir toser
Supervisar atentamente
2. Obstrucción grave
Aplicar compresiones abdominales (Heimlich) igual que en adultos, pero con menos fuerza
Repetir hasta que expulse el objeto
3. Si pierde la conciencia
Acostar al niño en el suelo
Llamar a emergencias
Iniciar RCP
Buscar el objeto solo si es visible durante la apertura de la vía aérea
C. Asfixia en Lactantes (menores de 1 año)
Los bebés no reciben maniobra de Heimlich.
1. Obstrucción leve
Si el bebé tose fuerte:
NO intervenir
Vigilar continuamente
2. Obstrucción grave
Si no tose, no llora o tiene respiración muy débil:
Maniobra combinada: golpes en la espalda + compresiones torácicas
1. Colocar al bebé boca abajo sobre el antebrazo, sosteniendo la cabeza.
2. Dar 5 golpes fuertes con el talón de la mano entre los omóplatos.
3. Girar al bebé boca arriba y dar 5 compresiones torácicas con dos dedos en el centro del pecho.
Repetir el ciclo 5–5 hasta que expulse el objeto o quede inconsciente.
3. Si el bebé pierde la conciencia
Colocarlo sobre una superficie firme
Llamar a emergencias
Iniciar RCP
Cada vez que se abra la vía aérea, buscar el objeto si es visible
Nunca hacer barridos a ciegas
Importancia de este punto
La obstrucción de vía aérea es una de las principales causas de paro cardiaco en bebés y niños, por lo
que reconocerla y actuar correctamente puede prevenir el paro, o permitir una intervención más rápida
si ocurre.
12. Errores más frecuentes durante la Reanimación Cardiopulmonar (RCP)
La efectividad de la RCP depende de la calidad con la que se realicen las maniobras. Incluso pequeñas
interrupciones o errores técnicos pueden disminuir la perfusión cerebral y cardíaca, reduciendo
significativamente la probabilidad de éxito. A continuación se describen los errores más comunes
durante la RCP y por qué deben evitarse.
1. Interrumpir las compresiones con demasiada frecuencia
Uno de los errores más graves.
Cada pausa disminuye el flujo sanguíneo a cero y tarda varios segundos en recuperarse al reiniciar las
compresiones.
Regla:
➡️Pausas menores a 10 segundos siempre que sea posible.
2. Compresiones demasiado lentas o demasiado rápidas
Más lentas que 100/min → insuficiente circulación
Más rápidas que 120/min → disminuye el llenado cardíaco
El ritmo ideal es 100–120 compresiones por minuto.
3. Profundidad insuficiente
Compresiones superficiales no generan flujo sanguíneo útil.
Meta:
➡️Adultos: 5–6 cm
➡️Niños: 5 cm
➡️Lactantes: 4 cm
4. No permitir el retroceso completo del tórax
Si el tórax no regresa totalmente a su posición normal, el corazón no se llena y el flujo sanguíneo
disminuye.
Es uno de los errores más comunes.
5. Ventilaciones excesivas (hiperventilación)
Administrar demasiado aire o muy rápido puede:
Distender el estómago
Provocar vómitos y aspiración
Aumentar la presión intratorácica
Reducir el retorno venoso
Regla:
➡️1 segundo por ventilación, solo lo necesario para elevar el tórax.
6. Colocar las manos en una posición incorrecta
Manos demasiado arriba → lesiones en costillas
Manos muy abajo → riesgo de lesión hepática
Posición correcta: mitad inferior del esternón.
7. No abrir adecuadamente la vía aérea
Si el rescatista no eleva el mentón o no inclina la frente, el aire no entra a los pulmones, incluso aunque
ventile bien.
8. Esperar demasiado para usar el DEA
La desfibrilación temprana es clave.
Retrasar la descarga disminuye la supervivencia entre un 7–10% por minuto.
9. No revisar si el objeto es visible durante una asfixia
Muchas personas intentan sacar el cuerpo extraño “a ciegas”, lo que puede empujarlo más adentro y
empeorar la obstrucción.
10. No pedir ayuda o asumir que otro lo hará
En emergencias reales, la confusión y el miedo pueden retrasar la activación del sistema de
emergencias.
Regla: Siempre delegar:
“Tú, llama a emergencias y trae un DEA.”
Conclusión
La reanimación cardiopulmonar constituye una de las intervenciones más importantes en situaciones de
emergencia, ya que permite mantener la circulación y la oxigenación en momentos en los que el
corazón ha dejado de latir eficazmente. A lo largo de este trabajo se demostró que la RCP, junto con el
uso oportuno del Desfibrilador Externo Automático (DEA), puede aumentar significativamente la
probabilidad de supervivencia si se aplica de manera inmediata y siguiendo las guías del Soporte Vital
Básico.
Comprender la anatomía y la fisiopatología del paro cardiorrespiratorio permite entender la lógica
detrás de cada maniobra, mientras que la correcta aplicación del procedimiento tanto en adultos como
en niños y lactantes garantiza una atención segura y adaptada a cada etapa de la vida. El manejo
adecuado de la vía aérea, la ventilación efectiva y la identificación de la obstrucción por cuerpo extraño
son elementos esenciales para la resolución de emergencias frecuentes, especialmente en la población
pediátrica.
Por otro lado, la identificación de los principales errores durante la RCP resalta la importancia de una
formación continua y práctica, ya que pequeños detalles pueden marcar la diferencia entre la vida y la
muerte. En conjunto, dominar estas técnicas no solo mejora la capacidad de respuesta ante una
emergencia, sino que también contribuye a una atención más eficiente, humana y responsable dentro
del ámbito de la salud.
En conclusión, la RCP es una herramienta fundamental que todo profesional de la salud debe conocer y
aplicar con precisión. Su correcta ejecución representa una oportunidad real de salvar vidas y constituye
una habilidad indispensable en la práctica clínica y comunitaria.