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Introducción a los Sólidos Platónicos

El documento explora los sólidos platónicos, poliedros regulares convexos que han fascinado a matemáticos desde la antigüedad, destacando su relación con la obra de Euclides y Platón. Se describen las características de los cinco sólidos platónicos: tetraedro, octaedro, cubo, icosaedro y dodecaedro, y su conexión con los elementos del cosmos según Platón. La exposición de Gego en el Museo Guggenheim Bilbao también se menciona, destacando la influencia matemática en su arte abstracto.

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Introducción a los Sólidos Platónicos

El documento explora los sólidos platónicos, poliedros regulares convexos que han fascinado a matemáticos desde la antigüedad, destacando su relación con la obra de Euclides y Platón. Se describen las características de los cinco sólidos platónicos: tetraedro, octaedro, cubo, icosaedro y dodecaedro, y su conexión con los elementos del cosmos según Platón. La exposición de Gego en el Museo Guggenheim Bilbao también se menciona, destacando la influencia matemática en su arte abstracto.

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SOLIDOS PLATÓNICOS

Recientemente, he tenido el placer de organizar una visita, con ojos


matemáticos, a la maravillosa exposición Gego, mirando el infinito,
que el Museo Guggenheim Bilbao acoge estos días, del 7 de
noviembre de 2023 al 4 de febrero de 2024. Gertrude Goldschmidt
(Hamburgo, 1912–Caracas, 1994), cuyo nombre artístico es Gego,
fue una artista venezolana, de origen alemán, pionera del arte
abstracto latinoamericano, cuya obra artística podemos enmarcar
dentro de las corrientes de la abstracción geométrica, el arte
cinético y el arte óptico, con una fuerte influencia matemática. Entre
las obras que se pueden admirar en esta exposición hay esculturas
colgantes como Esfera n. 2 (1976), Esfera n. 4 (1976) o Siete
icosidodecaedros (1977), de su serie Esferas, que son poliedros, esto
es, figuras geométricas tridimensionales, cuyas caras planas son
polígonos y se unen unas con otras a través de sus lados y que,
además, encierran un volumen finito. Algunos de esos poliedros, en
particular, los de la escultura Siete icosidodecaedros, pertenecen a
la familia de poliedros denominada sólidos arquimedianos, como
expliqué en la mencionada visita y sobre los que tenía la intención de
escribir en esta entrada del Cuaderno de Cultura Científica. Sin
embargo, no tiene sentido explicar qué son los sólidos arquimedianos
sin pasar primero por los sólidos platónicos, que es lo que vamos a
hacer finalmente en esta anotación.
Escultura colgante Siete icosidodecaedros (1977), de la artista venezolana, de origen alemán, Gego, que forma parte
de la exposición Gego, mirando el infinito, (Museo Guggenheim Bilbao, 7 de noviembre de 2023 – 4 de febrero de
2024). Fotografía: Raúl Ibáñez

Los sólidos platónicos


Para introducir a los sólidos platónicos primero vamos a definir de
forma sencilla qué es un poliedro. Un poliedro es una figura
geométrica tridimensional formada por caras poligonales planas
(triángulos, cuadriláteros, pentágonos, hexágonos, etc; aunque
también podrían ser estrellados, como la estrella pentagonal
(pentagrama o pentalfa), y la estrella hexagonal (hexagrama o
estrella de David), que generan curiosos poliedros que se
autointersecan, aunque en esta entrada no vamos a dedicar mucha
atención a estos), aristas rectas (que son los lados compartidos de
cualesquiera dos caras poligonales planas) y los vértices (que son los
puntos en los que se juntan las aristas).

Algunos ejemplos de poliedros, desde el tetraedro, que es una pirámide triangular, pasando por el prisma
y el antiprisma pentagonales, el icosaedro formado por 20 triángulos, el icosaedro truncado, formado por
pentágonos y hexágonos, que fue la forma de los balones de fútbol durante años, y un poliedro estrellado,
más complejo de ver, ya que sus caras son estrellas pentagonales y, por lo tanto, se autointersecan.
Imágenes de Tomruen, a través de Wikimedia Commons

La anterior definición es imprecisa. Aunque nuestro objetivo no es


dar una definición estricta de poliedro, si matizaremos un poco la
definición. Por una parte, cada cara del poliedro tiene que estar en
un plano distinto a los planos de las demás caras y, por otra parte,
consideraremos que los poliedros encierran un volumen finito (en
particular, no son abiertos).
Existen muchas familias de poliedros, por este motivo primero vamos
a centrarnos en los más sencillos y regulares, los sólidos platónicos.
Un sólido platónico es un poliedro regular convexo. Vamos por
partes. Un poliedro es regular si sus caras son polígonos regulares
(esto quiere decir que los lados del polígono, respectivamente, sus
ángulos interiores, son iguales entre sí) todos iguales y la estructura
de todos los vértices es la misma. Por ejemplo, el tetraedro de la
anterior imagen es un poliedro regular, puesto que todas sus caras
son triángulos equiláteros del mismo tamaño y la estructura de todos
los vértices es la misma, cada vértice recibe tres triángulos
equiláteros. Por otra parte, el concepto de poliedro convexo tiene
cierta complejidad, pero podemos explicarlo de la siguiente forma.
Un poliedro es convexo si dados dos puntos cualesquiera del mismo,
el segmento que los une está en el interior del poliedro, como en los
cinco primeros ejemplos de la imagen anterior, y no será convexo en
caso contrario, como en el poliedro estrellado anterior, en el que, por
ejemplo, los segmentos que unen cualesquiera dos vértices son
exteriores. Otra forma de definir la convexidad es que para cualquier
plano en el que se apoye una cara del poliedro, este estará colocado
completamente a un solo lado de dicho plano. Por ejemplo, en el caso
del tetraedro si consideramos el plano en el que descasa cualquiera
de sus caras triangulares, vemos claramente que el tetraedro estará
completamente colocado a un lado del plano, luego el tetraedro es un
sólido platónico. Sin embargo, si tomamos el plano que contiene a
cualquiera de las caras del poliedro estrellado anterior (que es una
estrella pentagonal), tenemos que hay partes del poliedro a cada
lado del plano, luego es no convexo.

A pesar de la existencia de infinitos polígonos regulares, que van


desde los sencillos triángulo equilátero (3 lados iguales), cuadrado
(cuatro lados) o pentágono (5 lados), subiendo en la cantidad de
lados, hexágono (6), heptágono (7), octógono (8), nonágono (9), así
hasta el infinito, solamente existen cinco sólidos platónicos. A saber,
el tetraedro (formado por 4 triángulos equiláteros y cuya estructura
en los vértices está formada por la confluencia de tres triángulos
equiláteros, lo cual podemos expresarlo como que tiene una
estructura {3, 3, 3}), el octaedro (8 triángulos equiláteros y
estructura de los vértices igual a {3, 3, 3, 3}), el cubo (6 cuadrados y
estructura de los vértices {4, 4, 4}), el icosaedro (20 triángulos
equiláteros y estructura de sus vértices {3, 3, 3, 3, 3}) y el
dodecaedro (12 pentágonos y estructura de sus vértices {5, 5, 5}),
que vemos en la siguiente imagen.
Imagen de los sólidos platónicos, tetraedro, octaedro, cuadrado, icosaedro y dodecaedro. Imagen de DTR,
a través de Wikimedia Commons
Antes de continuar, vamos a contar la cantidad de vértices, aristas y
caras que tienen estos cinco poliedros regulares convexos y que
recogemos en la siguiente tabla.

Los griegos ya lo sabían


Los antiguos matemáticos griegos ya demostraron que tan solo
existen cinco sólidos platónicos, es decir, poliedros regulares
(mismas caras y mismos vértices) convexos. Por ejemplo, en la gran
obra de la matemática griega, y universal, Los Elementos, del
matemático griego Euclides de Alejandría (aprox. 325 – 265 a.n.e.) se
estudian los sólidos platónicos (principalmente, en su libro número
XIII) y se demuestra que solamente existen cinco. La idea, que es
muy simple, consiste en estudiar las posibles estructuras en los
vértices. Puedes saltarte la demostración, aunque es tan sencilla e
intuitiva que merece la pena leerla.

Empecemos por los triángulos. Como en un plano, alrededor de un


vértice, podemos disponer de seis triángulos equiláteros, puesto que
6 x 60 = 360 grados (recordemos que los ángulos interiores de un
triángulo equilátero son de 60 grados), el número máximo de
triángulos equiláteros alrededor de un vértice del poliedro regular
convexo será, como mucho, cinco. Por lo tanto, obtenemos que
solamente hay tres sólidos platónicos formados por triángulos, a
saber, el tetraedro, con tres triángulos equiláteros {3, 3, 3}, el
octaedro, con cuatro triángulos equiláteros {3, 3, 3, 3} y el
icosaedro, con cinco triángulos equiláteros {3, 3, 3, 3, 3}. Y no hay
más posibilidades. Con tan solo dos triángulos es imposible formar
un poliedro cerrado, ya que no podemos cerrar la estructura en el
vértice. Y con seis triángulos equiláteros la figura en el vértice sería
plana, no hay manera de que sea tridimensional, y no hay espacio
para encajar más de seis triángulos equiláteros alrededor de un
vértice.

Imagen de los tres poliedros regulares convexos formados por triángulos, vistos con uno de sus vértices
en el centro, el tetraedro (3 triángulos equiláteros por vértice), el octaedro ((4 triángulos equiláteros)) y el
icosaedro (5 triángulos equiláteros) y, en cada caso, el mismo número de triángulos equiláteros en el
plano que los que están alrededor de un vértice. Imagen construida a partir de imágenes de los poliedros
de Stephen Wolfram y Eric W. Weisstein, realizadas con Mathematica

Si continuamos con los cuadrados, resulta que alrededor de un


vértice no podrá haber más de tres cuadrados, ya que 4 x 90 = 360
grados (recordemos que los ángulos interiores de un cuadrado son
de 90 grados), luego con cuatro cuadrados la figura sería plana y no
hay forma de construir un poliedro. Con dos cuadrados no llegamos a
nada, como en el caso anterior, pero con tres cuadrados por vértice
se obtiene el cubo.

Imagen del único poliedro regular convexo formado por cuadrados, visto con uno de sus vértices en el
centro, el cubo, con 3 cuadrados por vértice, y el mismo número de cuadrados en el plano. Imagen
construida a partir de una imagen del cubo de Stephen Wolfram y Eric W. Weisstein, realizada con
Mathematica

Algo similar pasa para los pentágonos, cuyo ángulo interior en sus
vértices es de 108 grados, luego el número máximo de pentágonos
alrededor de un vértice de un sólido platónico es tres, ya que con
cuatro nos pasamos de los 360 grados (108 x 4 = 432 grados).

Imagen del único poliedro regular convexo formado por pentágonos, visto con uno de sus vértices en el
centro, el dodecaedro, con 3 pentágonos por vértice, y el mismo número de pentágonos en el plano.
Imagen construida a partir de una imagen del cubo de Stephen Wolfram y Eric W. Weisstein, realizada
con Mathematica
Los hexágonos nos van a dar una idea de lo que ocurre con polígonos
de más lados. Ya hemos comentado más arriba que con dos polígonos
solamente, da igual el número de lados de estos, es imposible crear
un poliedro. El problema es que con tres hexágonos en un vértice
tenemos que la figura ya es plana, puesto que 3 x 120 = 360 grados
(los ángulos interiores de un hexágono son de 120 grados), luego es
imposible generar un poliedro con 3, o más, hexágonos. La cosa es
peor aún para polígonos de siete, o más, lados, puesto que es
imposible encajar tres, o más, polígonos en un vértice, ya que la
suma de sus ángulos siempre es mayor de 360 grados.

Por lo tanto, los únicos poliedros regulares convexos, es decir,


sólidos platónicos, son el tetraedro, el octaedro, el icosaedro, el cubo
y el dodecaedro.

Esculturas de los cinco sólidos platónicos (1996), realizadas por el artista alemán Ekkehard Neumann,
para el parque Bagno de la ciudad alemana de Steinfurt
Sin embargo, la mayoría de los historiadores atribuyen el contenido
del libro XIII de Los Elementos de Euclides al matemático griego
Teeteto (aprox. 417 – 369 a.n.e.), quien estudió bajo la dirección del
matemático pitagórico Teodoro de Cirene (465 – 398 a.n.e.), al igual
que el filósofo griego Platón (aprox. 427 – 347 a.n.e.), quien lo
incluiría, como interlocutor del personaje principal de todos sus
diálogos, el filósofo Sócrates (470 – 399 a.n.e.), en dos de sus
diálogos, el Sofista y Teeteto.

Cosmogonía platónica
El nombre de sólidos platónicos para los poliedros regulares
convexos viene del diálogo Timeo, de Platón. En este diálogo, se
describen los poliedros regulares convexos, que posteriormente,
recibirán el nombre de sólidos platónicos, y se relacionan con la
creación del cosmos. Para Platón los cuatro primeros poliedros
regulares, tetraedro, octaedro, icosaedro y cubo, están relacionados
con los cuatro elementos que forman el cosmos, fuego, aire, agua y
tierra. Así podemos leer en este diálogo (hemos tomado la edición
bilingüe de José María Zamora Calvo, publicada por Abada Editores,
en 2010):

A la tierra asignemos la figura cúbica, ya que es la más difícil de


mover de los cuatro géneros y la más plástica de entre los cuerpos; y
es del todo necesario que lo que posea tales características tenga al
nacer las caras más estables. Ahora bien, entre los triángulos
supuestos al comienzo, la cara de lados iguales es por naturaleza
más estable que la de lados desiguales, y la superficie de cuatro
lados iguales formada por dos equiláteros resulta necesariamente
una base más estable que el triángulo equilátero, tanto en sus partes
como en el todo. Por consiguiente, si atribuimos esta figura a la
tierra, aseguramos el discurso verosímil y, asimismo, al agua la
forma menos móvil de las restantes, al fuego la más móvil, y al aire la
intermedia. Y atribuimos el cuerpo más pequeño [tetraedro] al fuego,
el más grande [icosaedro] al agua, y el del medio [octaedro] al aire;
y, a su vez, el más agudo al fuego, el segundo más agudo al aire, y el
tercero al agua.

El universo está formado por los cuatro elementos fuego [tetraedro],


tierra [cubo], agua [icosaedro] y aire [octaedro], pero Dios utiliza el
dodecaedro, que en el diálogo solo se menciona como la “quinta
composición” (esto es, el quinto poliedro regular convexo), para
crear el universo, ya que el dodecaedro es el poliedro regular
convexo más próximo a la esfera. Platón escribe en el diálogo
(edición bilingüe de José María Zamora Calvo, publicada por Abada
Editores, en 2010):

Había aún una quinta composición [dodecaedro]; el dios la utilizó


para el universo, cuando lo pintó con diversos colores.

Dios habría tomado el quinto poliedro como modelo para crear el


universo y este es el motivo por el cual se ha considerado el
dodecaedro como el símbolo del universo. Si nos fijamos en la
pintura, La última cena (1955), o más exactamente El sacramento de
la última cena, del artista catalán Salvador Dalí (1904-1989), Jesús y
los apóstoles están rodeados en esa última cena de un enorme
dodecaedro.

Ilustración del libro Harmonices mundi (1619), del matemático y astrónomo alemán Johannes Kepler
(1571-1630), que incluye -en el centro a la derecha- la imagen de los cinco sólidos platónicos con dibujos
que los relacionan con la cosmogonía platónica

Algunas fuentes, entre las que están el filósofo neoplatónico griego


Proclo (412-485), atribuyen a Pitágoras la cosmogonía descrita en el
diálogo Timeo de Platón, aunque la mayoría de los historiadores
consideran bastante improbable que Pitágoras hubiese planteado
este origen del universo. Según muchas fuentes los primeros
pitagóricos conocerían solo tres de los cinco sólidos platónicos, el
cubo, el tetraedro y el dodecaedro, y se atribuye a Teeteto el
octaedro y el icosaedro.

¿Se conocían los poliedros regulares en


el neolítico?
En la siguiente imagen, del libro Time Stands Still; New Light on
Megalithic Science / El tiempo se detiene; Nuevos descubrimientos
en la ciencia del Megalítico (1979), del profesor de arquitectura,
escritor y artista británico Keith Critchlow (1933-2020), apasionado
de la denominada “geometría sagrada”, aparecen cinco “bolas de
piedra talladas”. Las bolas de piedra talladas son objetos artificiales
esféricos tallados en piedra, lo que se denomina petroesferas, que
datan de finales del neolítico (hace más de 4.000 años) y que han
sido encontradas principalmente en Escocia, aunque también en el
resto de Gran Bretaña e Irlanda. Su tamaño suele ser de unos 7
centímetros de diámetro y cuentan con entre 3 y 160 abultamientos.
Además, se desconoce cuál era el uso de estas bolas de piedra
talladas. Esta imagen ha sido utilizada por Critchlow para demostrar
que en el neolítico ya se conocían los cinco sólidos platónicos, más
de mil años antes de Platón.

I
magen del libro Time Stands Still; New Light on Megalithic Science / El tiempo se detiene; Nuevos
descubrimientos en la ciencia del Megalítico (1979), del británico Keith Critchlow, con las supuestas
cinco bolas de piedra talladas con la forma de los cinco sólidos platónicos

Sin embargo, algunas personas, como el artista y matemático


estadounidense George W. Hart, encontraron algunas
contradicciones en esta imagen. Por este motivo, hay quienes
acudieron a la fuente original. Las cinco bolas de piedra talladas que
menciona Critchlow se encuentran en el Museo Ashmolean de Oxford
(Inglaterra, Gran Bretaña) y son las que aparecen en la siguiente
imagen.
I
magen de las cinco bolas de piedra talladas que se encuentran en el Museo Ashmolean de Oxford. Imagen
de la página web del Museo Ashmolean

Si vamos revisando las cinco bolas de piedra tallada una a una


observamos lo siguiente. La primera, arriba a la izquierda, tiene
siete abultamientos, luego estos no pueden corresponderse ni con
vértices, ni con caras, de un poliedro regular convexo (véase la tabla
anterior), como ocurría en la interpretación que hacía Critchlow en
su imagen. La segunda bola, arriba en el centro, tiene seis
abultamientos y podríamos interpretarla tanto como un octaedro, si
los abultamientos se consideran como los vértices del poliedro, o
como un cubo si los abultamientos (que están bastante aplanados) se
consideran como las caras del poliedro. Esta doble interpretación
que estamos realizando, está relacionada con el hecho de que el
cubo y el octaedro son duales, como comentaremos más adelante. La
tercera bola, arriba a la derecha, tiene 14 abultamientos, que no se
corresponde con ningún poliedro regular, ya se consideren los
abultamientos como caras o vértices (véase la tabla anterior). La
cuarta bola, abajo a la izquierda, posee 6 grandes abultamientos, es
como segunda bola, pero con abultamientos un poco más grandes. Y,
finalmente, la última bola posee cuatro abultamientos, por lo que
podemos interpretarla como la representación del tetraedro, ya se
consideren los abultamientos como caras o vértices.

Por lo tanto, las cinco bolas de piedra talladas del Museo Ashmolean
no están relacionadas con los cinco sólidos platónicos, como
afirmaba Critchlow. En conclusión, la mencionada fotografía parece
estar amañada.
Existen más ejemplos de bolas de piedra talladas con estructura de
tetraedro o cubo/octaedro (en función de si los abultamientos son
más o menos planos parecerán más un cubo o un octaedro), similares
a las bolas del Museo Ashmolean. En las siguientes imágenes vemos
algunos de estos ejemplos.

Tres bolas de piedra talladas, que se encuentran en el Kelvingrove Art Gallery and Museum, de Glasgow
(Gran Bretaña), con seis abultamientos. Las dos primeras, con abultamientos más planos, nos recuerdan
más al cubo, mientras que la tercera, con abultamientos más pronunciados, nos remite a la estructura del
octaedro

Fotografía de la bola de piedra tallada, encontrada en Towie, Aberdeenshire (Escocia) y que se encuentra
en el Museo Nacional de Escocia, fechada alrededor del 3.000 a.n.e. Esta bola tiene estructura de
tetraedro. Imagen del Museo Nacional de Escocia
Incluso puede encontrarse alguna bola de piedra tallada en la que
podemos interpretar un dodecaedro. En la siguiente imagen vemos el
modelo 3d de una bola de piedra tallada, encontrada en Aboyne,
Aberdeenshire (Escocia), con 12 abultamientos, cada uno de los
cuales está rodeado de otros cinco, luego simulan caras
pentagonales lo que hace que la bola de piedra tallada parezca un
dodecaedro.
Dos vistas del modelo 3d, realizado por Hugo Anderson-Whymark, de una bola de piedra tallada,
encontrada en Aboyne, Aberdeenshire (Escocia), con 12 abultamientos, cada uno de los cuales está
rodeado de otros cinco (primera imagen), luego simulan caras pentagonales lo que hace que la bola de
piedra tallada parezca un dodecaedro (segunda imagen)

Por otra parte, si relacionamos los abultamientos con los vértices de


un poliedro regular, podríamos relacionar la anterior bola de piedra
tallada con el icosaedro, lo cual está relacionado con el hecho de que
el dodecaedro y el icosaedro son duales, como veremos.

Nos podríamos plantear si en el neolítico conocían los poliedros


regulares convexos, como sugería Critchlow. Todo hace pensar que,
aunque podamos relacionar algunas de las bolas de piedra talladas
con los sólidos platónicos, esto no demuestra que las personas que
tallaron estas piedras esféricas con abultamientos simétricos
tuvieran en mente los poliedros regulares a la hora de crearlos.
Claramente tenían cierta intuición geométrica, relacionada con la
simetría, pero no un conocimiento de los sólidos platónicos. La
relación de las bolas de piedras talladas con los poliedros regulares
es más bien una interpretación moderna de las bolas. Además, como
ya hemos comentado antes, existen bolas con muy distinto número
de abultamientos, que van desde 3 hasta 160.
Bolas de Piedra talladas del Hunterian Museum de Glasgow (Escocia)

Algunos poliedros regulares antiguos


Lo que sí podemos afirmar es que existen algunas representaciones
antiguas de algunos de los sólidos platónicos, como los dodecaedros
romanos, de bronce o piedra, encontrados (hasta un centenar de
ellos) en diferentes partes de Europa, que datan de entre los siglos II
y IV, luego no anteriores a Teeteto o Platón, y cuya función se sigue
desconociendo hoy en día, o el icosaedro romano encontrado en una
excavación de Alemania.

Fotografía de dos dodecaedros y un icosaedro romanos de bronce, del siglo III, encontrados en dos
excavaciones alemanas y que pertenecen al Museo regional renano Tréveris. Imagen de kleon3 a través
de Wikimedia Commons

Incluso existen algunos más antiguos, como el dodecaedro etrusco,


un dodecaedro de piedra encontrado en una excavación en Monte
Loffa (Véneto, Italia), datado por lo menos en el 500 a.n.e. En
algunos libros se acompaña esta afirmación con la imagen de un
dodecaedro romano, como los anteriores, sin embargo, esa imagen
no se corresponde con el dodecaedro etrusco. Amelia Carolina
Sparavigna, del Politécnico de Turín (Italia), en su artículo An
Etruscan Dodecahedron / Un dodecaedro etrusco, acude a la
investigación original, el artículo Intorno un dodecaedro quasi
regolare di pietra a facce pentagonali scolpite con cifre, scoperto
nelle antichissime capanne di pietra del Monte Loffa / Sobre un
dodecaedro de piedra casi regular, con caras pentagonales talladas
con figuras, descubierto en las antiguas cabañas de piedra de Monte
Loffa (1885), de Stefano De’ Stefani, quien estudia este pequeño
dodecaedro de piedra y lo acompaña con una ilustración del mismo
(la de la siguiente imagen).

Ilustración del dodecaedro etrusco perteneciente al texto Sobre un dodecaedro de piedra casi regular, con
caras pentagonales talladas con figuras, descubierto en las antiguas cabañas de piedra de Monte
Loffa (1885), de Stefano De’ Stefani
En opinión de De’ Stefani el dodecadero etrusco podría ser un dado y las marcas
corresponderse con algún tipo de representación de los números del 1 al 12.

También se han encontrado diferentes dados icosaédricos, realizados


con distintos materiales, del Antiguo Egipto, tanto del período
helenístico, como del romano, entre el siglo II a.n.e. y el siglo IV n.e.,
y con números, en griego o romano, en sus caras.
Dos dados icosaédricos, con 20 caras, con letras griegas en sus caras del Antiguo Egipto, entre los siglos
II a.n.e. y IV n.e. Imágenes del Museo Metropolitano de Arte

Dualidad
Antes de dar por finalizada esta entrada del Cuaderno de Cultura
Científica vamos a explicar el concepto de dualidad para los
poliedros. Se dice que dos poliedros son duales si las caras de uno se
corresponden con los vértices del otro, y recíprocamente.
Construyamos los poliedros duales de los sólidos platónicos.

Dado un poliedro regular convexo se construye el poliedro dual


uniendo los puntos centrales de las caras adyacentes, de esta forma
cada cara del poliedro original se corresponde con un vértice del
nuevo poliedro. De forma análoga, cada vértice del poliedro original
se va a corresponder con una cara del nuevo poliedro, ya que cada
vértice del poliedro original tiene alrededor una serie de caras
adyacentes dos a dos y conectadas de forma cíclica, de manera que
al unir sus centros, que son los vértices del nuevo poliedro, se
obtiene la cara de ese nuevo poliedro, que está conectada con el
vértice del que partíamos).

Por ejemplo, el poliedro dual del dodecaedro es el icosaedro, como se


muestra en la siguiente imagen. Como vemos, las caras del
dodecaedro se corresponden, por construcción, con los vértices del
icosaedro, así como los vértices del dodecaedro se corresponden con
las caras del icosaedro.

Imagen que ilustra que el icosaedro es dual del dodecaedro, realizada por la estudiante Klara Mundilova
(2012), utiñizando POV-Ray – The Persistance of Vision Raytracer, para la clase del profesor Hans
Havlicek, de la TU DMG Technische Universität Wien, de Austria
Resulta que los poliedros duales de los sólidos platónicos siguen
siendo sólidos platónicos. Más concretamente, el dodecaedro y el
icosaedro son duales, el cubo y el octaedro son duales, y el tetraedro
es dual de sí mismo, como podemos observar en la siguiente imagen.

Dualidad de los sólidos platónicos. Imagen del proyecto ATRACTOR de Portugal, a través de su página
web

La dualidad se puede obtener mediante otros procesos, pero no


vamos a entrar en ellos en esta ocasión.

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