EL LIBRO DE LOS SALMOS
Introducción
A lo largo de toda la Biblia podemos encontrar oraciones que diversos
personajes dirigieron a Dios, pero hay un libro que contiene exclusivamente
oraciones y es el libro de los Salmos, también llamado Salterio. Cada uno de
estos salmos se gestó en una situación concreta, siendo “la respuesta de
Israel” que no permaneció mudo ante las acciones salvíficas de su Dios, que
se dirigió personalmente a Yahvé, lo alabó, le agradeció, le formuló nuevas
preguntas, se lamentó en sus sufrimientos, etc.
Algunas de las infinitas plegarias dirigidas a Dios, se pusieron por
escrito y se coleccionaron, hasta quedar fijado el conjunto del Salterio
definitivo que contiene 150 Salmos que podríamos decir que son la
selección y destilación de lo mejor de lo mejor de muchos años de oración
del pueblo de Israel.
Los salmos son verdaderos poemas, que como se dijo se originaron en
circunstancias concretas, y se cree que la mayoría de ellos se ha gestado en
un ambiente cultual. Reflejan las preocupaciones de su época, sus hábitos,
costumbres siendo el fruto de una experiencia religiosa, testigos de una
experiencia individual y colectiva. Fueron escritos originariamente en
hebreo; primero cantados y transmitidos oralmente, luego puestos por
escrito. Algunos se cantaban en el Templo, en peregrinaciones, otros usados
en la liturgia del culto, aunque no se puede identificar con certeza en que
celebración concreta se utilizaban.
El nombre “salmo” viene del griego psalmoi y se trata de una canción
con acompañamiento de un instrumento musical de cuerda, y “salterio” del
griego, psalterion se llamaba al instrumento de cuerda. En hebreo se los
llamó tehillim que significa himnos o cantos de alabanza. El término Salterio
designa también a todo el conjunto del libro de los Salmos.
Autores
El Salterio no es una obra escrita por un solo autor, es como un árbol
milenario que guarda en sí una larga historia. Cada salmo tuvo su autor
concreto (tal vez renombrado en su tiempo) pero su composición pasa poco
a poco a integrarse en el patrimonio religioso de la comunidad y su nombre
se esfuma. No sabemos entonces quienes fueron sus autores, pero sí
sabemos que estas oraciones brotaron de situaciones reales, individuales o
colectivas de todo tipo, alternando prosperidad, desastre, felicidad,
sufrimiento. A David se le atribuyen 73 pero en la mayoría de los casos las
alusiones al Templo, al destierro, a la reconstrucción de las murallas, etc.
hacen imposible esta atribución. El Salterio es el resultado de varias
recopilaciones, siendo una colección de colecciones menores. Algunos
salmos primero se fueron agrupando con otros surgiendo así pequeñas
colecciones formadas por varios salmos, por ejemplo, el grupo de las
súplicas (salmos 25 al 28; 54 al 57; 140 al 143) o el grupo de los himnos (96
al 100; 145 al 150). También es probable que hubiera colecciones mayores
que las anteriores y esto se percibe en el final del Salmo 72,20 “Fin de las
oraciones de David, hijo de Jesé.” lo que hablaría de una colección que en
su mayoría lleva un encabezado que lo relaciona con David (lo que no
quiere decir que éste fuera su autor). Posteriormente esta colección de
salmos davídicos se enriquece con nuevo material, las colecciones “de los
hijos de Coré” (42 al 49; 84 al 88), “de Asaf” (50; 73 al 83) y así se va
formando lentamente el Salterio que es el resultado de un largo proceso de
acumulación de textos y de sucesivas revisiones. No sólo se añaden salmos
nuevos, sino que se interpretan de un modo nuevo salmos antiguos, (el
Salmo 89 es un ejemplo donde se observan estratos redaccionales) y este
nuevo modo de entender un salmo (su nueva lectura o relectura) se traduce
en retoques al texto anterior o en la añadidura de palabras, versículos,
estrofas o hasta salmos enteros.
Fecha de composición
Es imposible determinar la fecha de composición de cada salmo. Sólo el
salmo 137 es datado de forma indirecta por la misma Biblia (alude a
situación histórica conocida, el destierro babilónico). Los demás no
contienen una referencia histórica precisa, lo cual es característico de la
poesía, (no en la prosa, más sobria y puntual) que estiliza y pone de relieve
un aspecto preferido y silencia otro. Las situaciones descriptas a veces
resultan ambiguas y dependerá de cada estudioso.
A veces un texto base se fue ampliando: ejemplo Sal 19,2-7 se amplía
en los versículos 8-15 en época posterior que muestran otras
preocupaciones. También el Sal 68,16-36.
Por ello suelen escalonarse entre los siglos VIII y II a C. (aunque
algunos autores proponen una fecha anterior, es decir desde comienzos de
la monarquía, fines del siglo X). Es posible que alrededor del siglo III a.C. se
haya realizado una primera recopilación para luego en el siglo II a.C. el
Salterio adquiriera su forma actual.
Estructura del Salterio
El salterio está compuesto por 150 salmos que están repartidos en 5
bloques (es posible que cuando se fue imponiendo su uso en la sinagoga se
haya adoptado el método de la Torah y por ello se dividió de esta manera),
cada uno termina con una doxología, excepto el último libro ya que el
Salmo 150 sirve de doxología a esa parte y a todo el salterio. Veamos los
cinco libros y el final de cada uno.
1. Salmos 1—41 …… Sal 41,14 “¡Bendito sea Yahvé, Dios de Israel,
desde siempre y hasta siempre! ¡Amén! ¡Amén!”
2. Salmos 42—72 …… Sal 72,18-20 “¡Bendito Yahvé, Dios de Israel, el
único que hace maravillas! ¡Bendito su nombre glorioso por siempre, la
tierra toda se llene de su gloria! ¡Amén! ¡Amén! 20 Fin de las oraciones de
David, hijo de Jesé.”
3. Salmos 73—89 …… Sal 89,53 “¡Bendito sea por siempre Yahvé!
¡Amén! ¡Amén!”
4. Salmos 90—106 …… Sal 106,48 “¡Bendito Yahvé, Dios de Israel,
desde siempre y para siempre! Y todo el pueblo diga: ¡Amén!”
5. Salmos 107—150 Todo el salmo 150 es una doxología que cierra el
Salterio.
Algunas consideraciones respecto a la numeración de los salmos
Suele sucedernos que al buscar un salmo nos encontramos en muchos
de ellos con una doble numeración. Esto se debe a que a partir del Salmo
10 la traducción griega empieza a dar un número distinto al de la Biblia
hebrea. El número que figura fuera del paréntesis corresponde a la
numeración hebrea, y el que está entre paréntesis a la del texto griego, que
luego pasará a la traducción latina, la Vulgata, y por ende la que se utiliza
en la liturgia de la Iglesia. Muchas Biblias ya empiezan a utilizar
únicamente la numeración hebrea, es decir la que está fuera del
paréntesis, y a partir de acá será la que usaremos en el presente módulo
por ser la que corresponde utilizar en los estudios bíblicos. Veamos un
ejemplo:
- SALMO 11 (10) El número 11 corresponde entonces a la Biblia
hebrea. El número 10 a la versión griega que luego pasó a la
Vulgata, y de ahí su uso en la liturgia de la Iglesia.
Cabeceras o suscripciones (llamados también “títulos”)
Se llaman “cabeceras” o “suscripciones” a las indicaciones en prosa
que preceden a la mayoría de los salmos. Algunos no tienen (llamados
huérfanos), pero sí la mayoría. Veamos algunos ejemplos:
- SALMO 5 Oración de la mañana 1 Del maestro de coro. Para flautas.
Salmo. De David. 2 “Escucha mi palabra, Yahvé, repara en mi
plegaria…
- SALMO 48 Sión, monte de Dios 1 Cántico. Salmo. De los hijos de
Coré. 2
¡Grande es Yahvé y muy digno de alabanza! En la ciudad de nuestro
Dios está su monte santo…
SALMO 80 Súplica por la restauración de Israel 1 Del maestro de coro.
Según la melodía: «Lirios es el dictamen». De Asaf. Salmo. 2 Escucha,
Pastor de Israel, que guías a José como a un rebaño, brilla, desde tu trono
de querubes…
En los ejemplos precedentes se señaló con color rojo la cabecera del
salmo que como vimos se trata de la atribución a determinado autor o la
relación con esa persona, o bien la pertenencia a su colección, (Ej. David,
Asaf, Etan, Coré, etc. siendo éstos últimos cantores del Templo pre-exílico).
A veces se trata de indicaciones relativas al instrumento musical, al modo
de ejecución o a la persona encargada (ej., maestro de coro). A veces
palabras hebreas que indican la categoría del salmo: plegaria, alabanza,
canto. Estas cabeceras no deben ser confundidas con el título que cada
Biblia en particular pueda ponerle al salmo y que fue indicado con color
verde y que puede variar en cada versión. Tengamos presente que el salmo
propiamente dicho comienza en los casos precedentes en el versículo 2. A
continuación ponemos un ejemplo de salmo sin cabecera:
- SALMO 1 Los dos caminos 1 Feliz quien no sigue consejos de
malvados ni anda mezclado con pecadores ni en grupos de necios
toma asiento…
Este salmo no tiene cabecera, y el título que en este caso pone la Biblia
de Jerusalén es “Los dos caminos” pero que como se dijo puede variar en
otras Biblias. También, algunas versiones directamente omiten la cabecera
del salmo ya que no es un elemento totalmente necesario y comienzan
directamente con el salmo. Los salmos carecían al principio de cabeceras y
éstas fueron colocadas por los recopiladores, miembros del segundo
Templo.
Géneros literarios
Distinguir los géneros literarios presentes en el libro de los Salmos
puede resultar una herramienta útil para su comprensión y para rezar con
ellos.
Súplicas
Es el género más frecuente dentro del Salterio ya que más de un tercio
está constituido por salmos de súplica, que a su vez pueden ser súplicas
individuales o comunitarias. En una súplica individual, (5; 6; 7; 13; 17; 22;
42; 61; etc.) una persona víctima de una desgracia o enfermedad pide y
reclama ayuda a Yahvé:
- Sal 54 “¡Sálvame, oh Dios, por tu nombre, hazme justicia con tu
poder; escucha, oh Dios, mi oración, atiende a las palabras de mi
boca! Contra mí han surgido arrogantes, rabiosos buscan mi muerte,
sin tener presente a Dios. Pero Dios viene en mi auxilio, el Señor
defiende mi vida. ¡Recaiga el mal sobre los que me acechan,
destrúyelos, Yahvé, por tu fidelidad! Te ofreceré de corazón
sacrificios, te daré gracias por tu bondad, porque de toda angustia
me has librado y mi vista se recreó en mis enemigos.”
Es probable que la súplica se celebrara en el Templo por un sacerdote.
En algunos casos en que a primera vista parecen rezados por un israelita, lo
que haría pensar en un salmo individual, es posible que pueda tratarse de
un “Yo colectivo”, es decir que el salmista, en ciertos casos esté hablando
en nombre de la comunidad.
Otras súplicas son claramente de carácter comunitario (ej. 44, 74, 79,
80, 83,89, etc.) donde el sujeto que sufre es el pueblo. Estos salmos reflejan
derrotas y desastres nacionales. Los participantes se rasgaban las
vestiduras, se golpeaban el pecho, se vestían de saco (vestido de luto –
sayal), se rapaban la cabeza, se cubrían de ceniza, todas estas
manifestaciones de dolor que acompañaba también algún sacrificio. (Cf. Am
5,23 donde se ve los sacrificios acompañados de cánticos). Notar que no
son puro lamento sino también oración confiada, es decir que están abiertas
a la confianza de ser escuchado.
Es común en estos salmos de súplica la descripción de la situación que
origina el sufrimiento y suele aparecer entonces la figura del “enemigo”
descripta a través de metáforas. Podríamos preguntarnos: ¿Quién es el
enemigo que se describe en los salmos? Es difícil establecer la índole de
estos enemigos, en las súplicas colectivas los enemigos son externos a
Israel, puede ser una tragedia nacional; en las súplicas individuales pueden
ser enemigos de cualquier índole (enfermedad grave que ponía en riesgo la
vida y esto en la perspectiva de la retribución era señal de maldición). El
enemigo también puede ser interior: el pecado que separa al hombre de
Dios y se experimenta el silencio de Dios: ej. 38; 51; 130. En este drama
surge la pregunta clásica: ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? 6,4; 13,2-3; 35,17.
Estas preguntas parecen una acusación a Dios y a su indiferencia.
Cuando la confesión del propio pecado domina todo el salmo de
súplica se lo llama Salmo Penitencial, Salmo 51.
Acción de gracias
No son tan numerosas como los salmos de súplicas. Hay acciones de
gracias colectivas (menos frecuente) e individuales. Son ejemplo de este
tipo de salmos: 9; 30; 32; 34; 40,2-12; 41; 92; 115; 138.
Se trata de una respuesta del hombre a un beneficio recibido quien
reconoce de donde viene el bien. Es posible que la persona hubiera hecho
el voto de realizar un sacrificio de acción de gracias y, luego de recibido el
beneficio, el salmo solía acompañar a la realización de este sacrificio de
acción de gracias en el Templo. Puede haber una alabanza (por algo
“agradecer” y “alabar” en hebreo se expresan con el mismo verbo)
motivada por el don recibido. La acción de gracias también puede ser la
conclusión a una súplica y en este caso también la encontramos en los
salmos de súplica.
- Sal 30 “Te ensalzo, Yahvé, porque me has levantado, no has dejado
que mis enemigos se rían de mí. Yahvé, Dios mío, te pedí auxilio y
me curaste. Tú, Yahvé, sacaste mi vida del Seol, me reanimaste
cuando bajaba a la fosa. Cantad para Yahvé los que lo amáis,
recordad su santidad con alabanzas. Un instante dura su ira, su
favor toda una vida; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana
gritos de júbilo. Al sentirme seguro me decía: «Jamás vacilaré». Tu
favor, Yahvé, me afianzaba más firme que sólidas montañas; pero
luego escondías tu rostro y quedaba todo conturbado. A ti alzo mi
voz, Yahvé, a mi Dios piedad imploro: ¿Qué ganas con mi sangre,
con que baje a la fosa? ¿Puede el polvo alabarte, anunciar tu
verdad? ¡Escucha, Yahvé, ten piedad de mí! ¡Sé tú, Yahvé, mi
auxilio! Has cambiado en danza mi lamento: me has quitado el sayal,
me has vestido de fiesta. Por eso mi corazón te cantará sin parar;
Yahvé, Dios mío, te alabaré por siempre.”
Confianza
Todo el Salterio está impregnado de una atmósfera de confianza en
Dios, que aparece también en los salmos de petición. Pero en algunos
salmos la confianza en Dios constituye el único tema convirtiendo a éstos en
salmos específicos de confianza, como por ejemplo los salmos 16; 23; 27 y
131 (este último también es un salmo gradual).
- Sal 131 “Mi corazón, Yahvé, no es engreído, ni son mis ojos
altaneros. No doy vía libre a la grandeza, ni a prodigios que me
superan. No, me mantengo en paz y silencio, como niño en el
regazo materno. ¡Mi deseo no supera al de un niño! ¡Espera,
Israel, en Yahvé desde ahora y por siempre!”.
Himnos
Si bien la expresión hímnica está presente a lo largo y ancho de todos
los libros veterotestamentarios, la colección más abundante, variada y
mejor lograda de la literatura hímnica israelita se encuentra en el Salterio.
Incluso el término “himno” (tehillim) fue puesto posteriormente como título
general de todo el libro, a pesar de no convenir a todos sus poemas. Esos
himnos son alabanzas que se estructuran en tres partes, una introducción,
un cuerpo y una conclusión.
En la introducción se ve la invitación que se dirige a un tercero o a sí
mismo (Sal 33,1 “Aclamad con júbilo, justos, a Yahvé”) a la alabanza y
suelen aparecer los verbos alabar (aleluya) aclamar, dar gracias, cantar,
tocar, bendecir.
En el cuerpo del himno se dan los motivos de la alabanza y en la
conclusión que tienen la mayoría de estos salmos no hay una forma definida
ya que a veces se retoman expresiones, en otras se sintetiza el tema, etc.
(Sal 8; 19; 33; 135; 145—150, etc.). Es posible que los himnos acompañaran
a todas las celebraciones festivas.
La alabanza puede ser descriptiva (más general) o narrativa (más
específica) dedicada a una acción histórica o cósmica de Dios. El himno en
su estado puro tiene dos raíces: la creación y sus misterios y la historia en
la que Dios obra y se revela.
Existen dos pequeñas colecciones de salmos que, si bien se hallan
dentro de la línea de himnos presentan particularidades respecto a su
temática: son los Salmos o Cánticos de Sión y los Salmos de la realeza de
Yavheh o del Reino que figuran a continuación.
Cánticos de Sión
Sión es el nombre que se le da a Jerusalén o a la parte más santa del
Templo. Estos salmos celebran a Sión, elogiando a la ciudad santa por la
presencia de Dios en medio de ella. Son un elogio indirecto a Dios a través
de su ciudad. 46; 48; 76; 87, 122.
- Sal 76 “Dios es conocido en Judá, grande es su fama en Israel; su
tienda está en Salem, su morada en Sión. Allí quebró las ráfagas del
arco, el escudo, la espada y la guerra. Fulgurante eres tú, magnífico
en medio de montones de botín. Los valientes han sido despojados,
durmiendo están su sueño; les fallaron los brazos a los guerreros. A
tu amenaza, oh Dios de Jacob, se pasmaron carro y caballo. Tú eres
terrible, ¿quién puede resistir ante ti, bajo el golpe de tu ira? Desde
el cielo pronuncias la sentencia, la tierra se amedrenta y enmudece
cuando Dios se levanta a juzgar, a salvar a los humildes de la tierra.
La cólera humana te reconocerá, te rodearán los que escapen a la
Cólera. Haced votos a Yahvé, vuestro Dios, y cumplidlos, los que lo
rodean traigan presentes al Terrible: el que corta el aliento a los
príncipes, a quien temen los reyes de la tierra.”
Salmos reales
Estos salmos evocan o reviven la entronización de un rey. Recordemos
que Israel copió de los pueblos vecinos la institución real, excepto en que
nunca creyó en la divinidad del rey (este era el lugarteniente, el defensor
del pueblo, el encargado de las batallas y el pastor de su pueblo). Israel
tomó entonces también los ritos de entronización de estos pueblos. Los
salmos reales (2; 21; 45; 72; 89; 101, etc.) ayudan a descubrir las líneas
generales de la entronización que constituía un acto religioso y político; el
rey era consagrado en el Templo, ungido con aceite por un sacerdote, luego
un profeta le entregaba el protocolo real (pequeño rollo donde descubría
sus nuevos nombres y la misión que Dios le encomendaba). Luego en el
palacio real recibía su cetro y espada (homenaje del ejército). En cada uno
de estos salmos se revive alguna que otra parte de este rito de toma de
posesión del rey. Estos salmos más que haberse compuesto para una
entronización, se piensa que evocan y recuerda una de ellas. Es probable
también que la intención fuera mantener la esperanza mesiánica.
- Sal 45 “Un bello tema bulle en mi corazón; voy a recitar mi poema
para un rey: mi lengua es pluma de ágil escriba. Eres la más
hermosa de las personas, la gracia se derrama por tus labios, por
eso Dios te bendice para siempre. Ciñe tu espada al costado,
valiente, es tu gloria y tu esplendor; marcha, cabalga, en pro de la
verdad, la piedad y la justicia; que tu diestra te enseñe a hacer
proezas. Agudas son tus flechas, sometes a los pueblos, pierden el
coraje los enemigos del rey. Tu trono es eterno, como el de Dios; un
cetro de equidad es tu cetro real. Amas la justicia y odias la
iniquidad, por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de fiesta más
que a tus compañeros. A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde salones de marfil arpas te recrean. Entre tus predilectas hay
hijas de reyes, la reina a tu derecha, con oro de Ofir. Escucha, hija,
mira, presta oído, olvida tu pueblo y la casa paterna, que
prendado está el rey de tu belleza. Él es tu señor, ¡póstrate ante
él! La ciudad de Tiro llega con presentes, la gente más rica busca tu
favor. Aparece, espléndida, la princesa, con ropajes recamados en
oro; vestida de brocados la llevan ante el rey. La siguen las
doncellas, sus amigas, 16 que avanzan entre risas y alborozo al
entrar en el palacio real. En lugar de tus padres, tendrás hijos;
príncipes los harás sobre todo el país. ¡Haré que tu nombre se
recuerde por generaciones, que los pueblos te alaben por los siglos
de los siglos!”
-
Salmos del Reino o himnos a Yahvé rey
Son similares a los salmos reales, ya que se trata también de una
entronización, pero simbólica: la de Yahveh rey (24; 29; 47; 68; 93; 96; 97;
98; 99). En el centro de estos salmos se percibe la aclamación Yahvé malak:
“Yahvé se ha convertido en rey”. Yahvé es reconocido como rey eterno,
universal y perfecto.
- Sal 47 “¡Pueblos todos, tocad palmas, aclamad a Dios con gritos de
alegría! Porque Yahvé, el Altísimo, es terrible, el Gran Rey de toda la
tierra. Somete pueblos a nuestro yugo, naciones pone a nuestros
pies; él nos elige nuestra heredad, orgullo de Jacob, su amado. Sube
Dios entre aclamaciones, Yahvé a toque de trompeta: ¡tocad para
nuestro Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad! Es rey de toda
la tierra: ¡tocad para Dios con destreza! Reina Dios sobre todas
las naciones, Dios, sentado en su trono sagrado. Príncipes paganos
se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán. De Dios son los
gobernantes de la tierra, de él, inmensamente excelso.”
Salmos graduales
Llamados también cantos de subida (o peregrinación) a Jerusalén (del
120 al 134).
Son un grupo de salmos breves que por su ritmo se prestaban para ser
cantados durante la marcha. En Ex 23,17; 34,23 y Dt 16,16 vemos las
peregrinaciones en las tres fiestas del año.
- Sal 122 “¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa de Yahvé!
¡Finalmente pisan nuestros pies tus umbrales, Jerusalén! Jerusalén,
ciudad edificada toda en perfecta armonía, adonde suben las tribus,
las tribus de Yahvé, según costumbre en Israel, a dar gracias al
nombre de Yahvé. Allí están los tronos para el juicio, los tronos de la
casa de David. Invocad la paz sobre Jerusalén, vivan tranquilos los
que te aman, haya calma dentro de tus muros, que tus palacios
estén en paz. Por amor de mis hermanos y amigos quiero decir: ¡La
paz contigo! Por la Casa de Yahvé, nuestro Dios, pediré todo bien
para ti.”
Salmos imprecatorios
El término “imprecar” significa pedir o desear un mal a otro, sería
como maldecir. Estos salmos (a veces son sólo versículos dentro de un
salmo) reciben el nombre de imprecatorios porque en ellos el salmista
desea el mal de sus enemigos y por su tonalidad que choca con la
sensibilidad, han sido excluidos del uso litúrgico católico luego del Concilio
Vaticano II. A continuación, transcribimos todo el salmo 137 completo para
que se vea el contexto de la imprecación que solo aparece al final de dicho
salmo.
- Sal 137 “A orillas de los ríos de Babilonia,
estábamos sentados llorando, acordándonos de Sión. 2 En los
álamos de la orilla colgábamos nuestras cítaras. 3 Allí mismo
nos pidieron cánticos nuestros deportadores, nuestros
raptores, alegría: «¡Cantad para nosotros un canto de
Sión!». 4 ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahvé en un
país extranjero? 5 ¡Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me
seque la diestra! 6 ¡Se pegue mi lengua al paladar si no me
acuerdo de ti, si no exalto a Jerusalén como colmo de mi gozo!
7 Acuérdate, Yahvé, contra la gente de Edom, del día de
Jerusalén, cuando decían: ¡Arrasad, arrasadla hasta sus
cimientos! 8 ¡Capital de Babel, devastadora, feliz quien
pueda devolverte el mal que nos hiciste, 9 feliz quien
agarre y estrelle a tus pequeños contra la roca!”
Como hemos notado este salmo claramente habla del destierro en
Babilonia y del dolor y la nostalgia que sufrían los desterrados en tierra
extranjera al recordar a su ciudad santa. En medio de este dolor el salmista
se expresa al final con rabia y desea el mal de sus enemigos. Al principio la
maldición va dirigida a los edomitas ya que éstos en el momento del asedio
a Jerusalén se pusieron de parte de los babilonios. Finalmente declara feliz
(o bienaventurado) al que vengue a Israel destruyendo a los babilonios y
estrellando a sus hijos contra la piedra (práctica macabra que se realizaba
en el Antiguo Oriente).
Este lenguaje que nos sorprende dentro de la Biblia debe ser entendido
a la luz de otros salmos imprecatorios, el 58 y el 109 siendo signo de la
tragedia y la desesperación del pueblo oprimido y el recuerdo de tanta
devastación en el último día de Jerusalén y luego el sarcasmo de sus
opresores.
Salmos sapienciales
Son aquellos salmos donde se encuentran muy marcadamente temas
sapienciales como por ejemplo Sal 1; 14; 37; 128; 133.
Finalizando el tema de los géneros literarios en el libro de los Salmos,
tengamos presente que muchas veces en un mismo salmo podemos hallar
varios géneros literarios, es común por ejemplo en un salmo más
específicamente de súplica encontrar en algún versículo una acción de
gracias.
Mensaje teológico
Por ser el libro de los Salmos una teología de la oración, lo que
sobresale entonces es el encuentro con Dios expresado en las múltiples
formas de comunicarse con Él en la oración de alabanza, de súplica, de
acción de gracias, de pedido de perdón y de expresión de confianza. Hay
dos palabras en los salmos que pueden resumir al conjunto, tratándose de
dos gritos o exclamaciones representativas:
1) “Ayúdame” (en heb. azar) “Ven aprisa a socorrerme”, “Misericordia
Señor que desfallezco”, “Piedad Señor que estoy en peligro,
“Sálvame Señor Dios nuestro”.
Oración del que sufre, o bien del que es sensible al sufrimiento. El
salmista sabe que todo sufrimiento debe ser llevado a Dios.
2) “Aleluya” (en heb. Hallel) “Alabad al Señor”, que aparece más en la
última parte del Salterio (100 al 150). Es el grito de alabanza, es el
llamado que nos hace el Señor a alabarlo. Define en general el clima
de oración de los salmos.
Los salmos nos invitan entonces a poner la confianza en Dios, a llevar
nuestra vida en sus múltiples circunstancias ante la presencia del Señor, a
pedir, a agradecer, a alabar, a quejarnos también y lamentarnos porque es
parte de la oración, pero sobre todo a confiar.
Los salmos nos invitan al diálogo personal con Dios, pero también al
comunitario porque el orante pertenece al pueblo de Dios y se solidariza
con cada uno de sus hermanos compartiendo su sufrimiento y también su
alegría. Jesús mismo, solidarizándose con toda la humanidad clamó desde
la cruz “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” haciéndose
uno con cada persona que se siente abandonada por otros y por el mismo
Dios.
Como orar con los salmos
Toda la Biblia puede ser objeto de oración, de hecho siempre lo es para
todo el que se acerca a ella con humildad, con oído atento, con corazón
dispuesto. Pero el libro de los Salmos particularmente se nos presenta como
un texto ideal para la oración personal y comunitaria.
Los salmos fueron la oración del A.T., en ellos encontramos la
inspiración de Dios en los hombres. Los cantaron Jesús, la Virgen, los
Apóstoles. Si bien tuvieron que ver con un tiempo y pertenecieron a una
época y a un lugar, trascienden al tiempo, no pasan de moda, son antiguos
pero no están envejecidos y en ellos encontramos la actitud que todo
hombre debe tener ante Dios.
A continuación les ofrecemos algunas sencillas indicaciones para hacer
de los salmos nuestro libro de oración:
Reconstruir la situación de vida del salmo. Teniendo en
cuenta que los salmos brotaron de situaciones concretas, será útil dentro de
lo posible intentar reconstruir la situación de vida del salmo para ver
primero que quiso decir a sus primeros destinatarios. A veces la clave
situacional del salmo se halla en un detalle en un rincón del salmo. Ej.
Salmo 85 ¿Qué situación dio origen a esos pensamientos, súplicas y
oráculos? “El Señor nos dará la lluvia”, con gran seguridad el problema era
la sequía, el peligro de perder la cosecha, y la situación de vida es una
rogativa para pedir la lluvia. En la medida en que reconstruimos la
situación de vida de un salmo entendemos mejor su sentido y al
encontrarnos en una situación similar el salmo nos saldrá como cosa propia.
Hay que hurgar en el texto, tratar también de reconocer su género literario
viendo si se trata de una súplica, una acción de gracias, etc. y para ello
ayudarnos de los comentarios, notas al pie de página, etc. Luego
meditaremos que quiere transmitirnos a nosotros ahora. Conociendo lo que
el autor sagrado quiso decir de parte de Dios a sus oyentes originarios que
se encontraban en determinadas circunstancias históricas, tendremos que
reflexionar como se aplican aquellas palabras sagradas a quienes viven
problemas análogos. Conocer su género literario.
Conocer los restantes libros de la Biblia. Los salmos son
una parte de la Biblia, pero en cierto modo son como una síntesis de todo el
resto, o un resumen. Lo que los demás libros cuentan, los salmos lo cantan,
es decir lo hacen tema de oración. Por ejemplo el Salmo 51 se dice que es
“Ezequiel rezado” porque tiene gran afinidad con dicho profeta. Los salmos
tratan de aquello de que habla el resto de la Biblia, pero en forma de
oración. Si no se conocen los restantes libros difícilmente se advierte a que
se refiere el Salmo por ello es necesario conocer el mundo de la Biblia
porque esto le dará solidez a nuestra oración.
Quedarse en un versículo, el que más nos haya gustado o
llamado la atención. Rezarlo, meditarlo, memorizarlo.