Matilda: es una niña de aspecto normal, con cerca de cinco años al comenzar el relato.
Posee una
extraordinaria inteligencia y una gran afición a la lectura. Por otro lado, comprende la estupidez y
la fanfarronería de muchas personas, lo que la pone enferma. A esas personas las castiga con
travesuras hirientes y pesadas. Sin embargo, busca la amistad y el amor en su ámbito familiar,
pero no lo encuentra. Lo hallará posteriormente en la figura de su maestra Honey.
-Honey: joven maestra, dulce (como indica su nombre en inglés, “Miel”), tranquila, cariñosa y
sufrida. Ha sufrido mucho en la vida a causa de las tropelías de su tía Trunchbull, pero lo ha sabido
llevar con dignidad y entereza. Su vocación docente hacen de ella un personaje simpático con el
que el lector pronto empatiza.
-Señorita Trunchbull: Es la antagonista en este texto. Mujer de facciones grandes y groseras, con
vestimenta y andares ridículos, odia a los niños. Su inquina al mundo infantil, paradójico si
tenemos en cuenta que es la directora de la escuela, se manifiesta en insultos constantes,
vejaciones violentas y dolorosas a los alumnos y actos sádicos de especial inquina, como arrojar a
los niños como si fueran un martillo del juego atlético del lanzamiento de martillo. Finalmente, se
descubre su cobardía y su maldad, quedando en ridículo.
-Matrimonio Wormwood: son los padres de Matilda. Él es un mecánico tramposo y vendedor de
coches fraudulento. Engaña a los clientes sin parar para lucrarse desvergonzadamente. Carente de
ética y de estética, se vanagloria ante su mujer y sus hijos de sus “hazañas” mercantiles. Hombre
vulgar e inculto, posee el atrevimiento del zafio que engaña a los demás con facilidad.
-Los niños compañeros de Matilda en la escuela (Nigel, Lavender, Erik, etc.): son infantes
totalmente normales, con los rasgos propios de la infancia. Apuntan ciertos caracteres de
comportamiento, pero el miedo a Trunchbull los acoca a todos.
-Ironía y sarcasmo: aplicados, lógicamente, a los personajes negativos y deplorables, como la
señora Trunchbull. Sus ropas ridículas, casi a modo de dictador, y sus palabras agresivas e
insultantes la caracterizan como zafia, vulgar, envidiosa y amargada.
-La metáfora y la metonimia también hacen acto de presencia. La identificación de Trunchbull con
un animal salvaje se repite en varias ocasiones.