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Renuncia al Control y Encuentra Libertad

La decisión de renunciar al control y comprometerse al cuidado de Cristo es fundamental para romper el ciclo de desesperanza que resulta de heridas, complejos y hábitos destructivos. Este proceso implica dejar de lado el orgullo, la culpa, el temor, la preocupación y la duda que impiden la entrega total a Dios. Al hacerlo, se inicia un camino hacia la sanación y la transformación personal, donde Dios ofrece alivio y propósito renovado.
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Renuncia al Control y Encuentra Libertad

La decisión de renunciar al control y comprometerse al cuidado de Cristo es fundamental para romper el ciclo de desesperanza que resulta de heridas, complejos y hábitos destructivos. Este proceso implica dejar de lado el orgullo, la culpa, el temor, la preocupación y la duda que impiden la entrega total a Dios. Al hacerlo, se inicia un camino hacia la sanación y la transformación personal, donde Dios ofrece alivio y propósito renovado.
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DECISIÓN 3

Renuncie al CONTROL. Decídase por el COMPROMISO,


Tomamos medidas extremas tratando de mantener en el aire nuestras heridas, complejos y malos hábitos para que no
nos caigan encima. Nos esforzamos en mantener una buena fachada y aparentar que todo está bien, cuando en realidad
luchamos con dolores y problemas reales, que tratamos de ignorar como sea. Luego quedamos atascados. No podemos
avanzar tratando de mantener las apariencias mientras nuestra vida se desmorona.
Nos atascamos en las relaciones malsanas y hábitos adictivos. Nos atascamos en la tristeza o en las relaciones sexuales.
Quedamos atascados y no podemos salir de ahí por nuestras propias fuerzas. Nos desesperamos.
Empezamos a sentirnos culpables por nuestra conducta. Quisiéramos salir del embrollo, pero no podemos. Tras una serie
de intentos fallidos, nos enojamos con nosotros mismos y los demás: «Debería ser capaz de cambiar. Debería superar
esto de una vez por todas». Pero no podemos y nuestro enojo se intensifica. Con el paso del tiempo, nuestro enojo cede
el paso al temor de que las cosas nunca vayan a cambiar.
Empezamos a ver que nuestras heridas, complejos y hábitos nos controlan, y así es como el temor se convierte tarde o
temprano en depresión. Empezamos a sentir lástima de nosotros mismos y nos llenamos de más culpa todavía.
Por último, nos damos por vencidos y decimos: «No puedo cambiar. Me rindo». En ese punto vuelve a empezar el ciclo
de la desesperanza.

CICLO DE LA DESESPERANZA
¿Cómo se puede romper el ciclo de la desesperanza? Si usted ha seguido bien los pasos descritos en los primeros dos
capítulos de este libro, ya está saliendo del círculo vicioso. Ya se ha decidido por la realidad al admitir su necesidad y
también se ha decidido por la esperanza al creer que le importa a Dios y Él tiene el poder para ayudarle.
Ya está preparado para comprometerse. Aquí es donde usted toma la decisión de pasar al otro lado. Al cruzar esa línea
decisiva, usted da un paso hacia Dios en que lo entrega todo a Él y abandona sus propios métodos y mecanismos de
supervivencia. Si todavía no ha tomado esta decisión, será la decisión más importante de su vida.
Es la decisión de aceptar a Cristo. Para aquellos que ya han recibido a Cristo, esta decisión implica que renueven su
compromiso renunciando al cuidado y control de sus vidas, cediéndolo a Cristo sin condiciones.
 DECISIÓN 3 Renuncio al CONTROL Comprometo mi vida y mi voluntad al cuidado y control de Cristo.
Ahora mismo, Jesús le extiende una mano y espera que usted cruce la línea para que Él pueda recibirlo con los brazos
abiertos: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y
aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es
suave y mi carga es liviana».
 «Vengan a mí» nos dice Jesús. «Su vida será más fácil y más ligera su carga. Tendrán alivio, libertad y reposo.
Serán rejuvenecidos. Cédanme el control y el cuidado de su vida, para que vean todo lo que puedo hacer por
ustedes».
¡Es un negocio redondo! ¿Por qué habríamos de rechazarlo? Sin embargo, muchos han oído antes esta invitación sin
decidirse a cruzar la línea. Pasarse al otro lado para someterse al cuidado y control de Cristo es la decisión más
importante que usted tomará en su vida.
¿QUÉ LO DETIENE?
¿Hay algo que le impida tomar la decisión? ¿Hay algo que lo motive a postergar la decisión de someter sus problemas y
su vida al cuidado y control de Cristo? Se dice que nuestras opciones determinan nuestras circunstancias
y nuestras decisiones determinan nuestro destino. Hay cinco cosas que nos impiden tomar la tercera decisión sanadora:
orgullo, culpa, temor, preocupación y duda.

1. ORGULLO
El orgullo nos impide admitir que necesitamos la ayuda de Dios. «El orgullo acaba en fracaso; la honra comienza con la
humildad». Este proverbio presenta una imagen muy clara de la suerte que corren los autosuficientes:
«El necio y rezongón va camino al desastre». Dios no nos manda ser débiles, pero sí nos pide RENUNCIAR a nuestro
orgullo y ser mansos. «Dichosos los humildes», dice la bienaventuranza de esta decisión. Para muchos la humildad es lo
mismo que la debilidad, cuando en realidad son los extremos opuestos.
La palabra griega que se traduce humildad o mansedumbre significa «fuerza bajo control».
La palabra se usa para describir un corcel salvaje que es amansado para poder ser montado. El corcel no ha perdido ni
una fracción de su fortaleza, sino que ahora está bajo control, listo para ser usado por su amo. Dios no nos manda ser
débiles, pero sí nos pide renunciar a nuestro orgullo y ser mansos.
Mansedumbre significa rendición y sometimiento humilde, implica acceder a lo que Dios quiere hacer en nuestra vida.
Tal vez no esté listo para tomar esta decisión transformadora. Es posible que su orgullo le impida encomendar su vida y
su voluntad al cuidado y control de Cristo. Quizá necesite una mayor dosis de dolor. Si es lo que hace falta, puede ser que
Dios permita que eso suceda para captar por fin su atención.
2. CULPA
La culpa también es algo que nos impide cruzar la línea y descansar en los brazos de Dios. Puede ser que nos avergüence
pedirle a Dios que nos ayude:
«Porque me han rodeado males sin número; me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista»…
¿Alguna vez se ha sentido tan avergonzado que ni siquiera puede levantar la mirada? Nuestra culpa puede avergonzarnos
al punto de hacernos perder de vista la ayuda de Dios.
Tal vez haya intentado hacer este trato con Dios: «Dios, si me sacas de este lío, nunca más lo volveré a hacer».
Ahora, es posible que le avergüence pedir ayuda o tal vez piense que Dios no sabe todas las cosas malas que ha hecho y
no se las va a perdonar. Se equivoca porque Él lo sabe, y aunque lo sabe todo no existe ningún pecado que Dios no
pueda o no esté dispuesto a perdonar. Él quiere perdonar toda su culpa. ¡Por eso es que Cristo murió en la cruz!
3. TEMOR
¿Le atemoriza tener que sacrificar algo si rinde el cuidado y control de su vida a Cristo?
El temor se manifiesta en muchas formas.
1. A veces tememos confiar en Dios. Se cuenta la historia del tipo que cae por un despeñadero y logra aferrarse a una
rama a mitad de la caída, de tal modo que queda a treinta metros del suelo y a treinta metros de la cúspide se pone a
gritar «¡auxilio!». De repente oye la voz de Dios: «Te habla el Señor, confía en mí, suéltate de la rama, yo te sujetaré». El
tipo mira hacia abajo, luego mira hacia arriba y pregunta: «¿Hay alguien más por allá arriba?». Con frecuencia acudimos
a Dios cuando no nos queda otro remedio, tenemos miedo de soltarnos y confiar en Él. Ahora mismo usted puede estar
aferrado a alguna rama tratando de salvar su vida y diciendo: «Las cosas no están tan mal. No es ningún problema serio.
Estoy bien». Pues no, usted no está bien. Simplemente tiene miedo de soltarse y confiar en Dios.
2. A veces tememos perder control. Lo cierto del caso es que todos somos controlados por alguien o por algo todo el
tiempo. En cierta medida usted es controlado por la crianza que recibió. Es controlado por las opiniones de los demás.
Es controlado por ofensas que no puede olvidar. Es controlado por sus complejos y hábitos.
Parte de nuestro problema con el control es que tememos perder nuestra libertad. Pero, ¿sabe qué es la libertad
verdadera? La libertad real y duradera empieza cuando elegimos quién nos controla.
Tan pronto rinda el cuidado y control de su vida a Cristo, Él le pondrá en libertad. Dios dijo: «He disipado tus
transgresiones como el rocío, y tus pecados como la bruma de la mañana. Vuelve a mí, que te he redimido».
3. A veces tememos volvernos fanáticos. Quizá tenga reservas para someter su vida al cuidado y control de Cristo
porque piensa que Él vaya a convertirlo en un mojigato o un fanático de la religión. Pero Jesús hace todo lo contrario, Él
restaura la cordura allí donde la locura ha hecho de las suyas.
La Biblia cuenta la historia de un hombre que estaba lleno de demonios. Vivía en el cementerio, entre las tumbas, y era
tan salvaje que la gente del lugar había tratado de mantenerlo atado, pero él era demasiado fuerte. Los demonios lo
atormentaban, así como sus propios «demonios» internos lo atormentan a usted, mientras él daba alaridos día y noche
y se cortaba con piedras. A propósito, es interesante que la práctica de cortarse haya resurgido como un método
destructivo para lidiar con las heridas emocionales. Pero el endemoniado, tan pronto vio a Jesús, decidió pasar al otro
lado. La Biblia dice: «Cuando vio a Jesús desde lejos, corrió y se postró delante de él». Después que Jesús mandó salir
los demonios del cuerpo de ese hombre, la gente lo encontró «sentado, vestido y en su sano juicio».
No, Jesús no nos convierte en fanáticos religiosos, más bien nos hace perfectamente cuerdos y nos devuelve el sano
juicio… ¿De qué tiene miedo entonces? ¿A qué se mantiene aferrado de tal manera que no cree ser capaz de soltarse?
¿Será una relación, una ambición, un hábito, un estilo de vida o una posesión? La Palabra de Dios le plantea esta
interrogante: «¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? ¿O qué se puede dar a cambio de la vida?»

 Cuando usted toma la tercera decisión sanadora, lo abandona todo al control de Dios.
 Él toma lo que usted le da, lo limpia y lo transforma por completo.
 Él añade nuevo significado, nuevo propósito, nueva importancia y nueva vitalidad a su vida, y se la devuelve
de una manera totalmente renovada e integral.
No se preocupe por los detalles de todo lo que tenga que sacrificar. Si se enfoca en lo específico nunca tomará la decisión
general más importante que es dar el paso hacia una relación personal con Jesucristo. Tan solo acuda a Dios y diga:
 «Dios, ni siquiera sé qué es lo que no quiero sacrificar. Solamente sé que no quiero vivir más así y sé que
quiero que mi vida esté bajo tu control. Dios, te escribo un cheque en blanco. Aquí tienes mi vida».
Todo lo que necesita hacer es confiar en Él. Pues Él se encargará del resto.
4. PREOCUPACIÓN
La preocupación nos crea confusión entre la fase de tomar decisiones y la fase de resolver los problemas.
Considere el proceso de comprar una casa… Primero, usted toma la decisión inicial de comprar una casa. Ese es apenas
el comienzo. Existen varios pasos más que deben darse a fin de resolver los problemas de la compra hasta que
finalmente pueda mudarse. Necesita ir al banco y solicitar el préstamo. Necesita obtener un aval y diligenciar el pago
de la cuota inicial. Luego tiene que pagarle a una compañía de mudanzas y conectar los servicios públicos. Usted tiene
que hacer todo esto antes de pasar la primera noche en su nuevo hogar. Si se enfoca en los «problemas» que son
las tareas individuales necesarias para hacer realidad su sueño, tal vez nunca tome la decisión de comprar una casa.
Tome la decisión. Deje que Dios resuelva sus problemas.
5. DUDA
¿Alguna vez ha pensado, quiero creer, pero mi fe es demasiado pequeña? En ese caso, necesita oír la historia de un
hombre llamado Jairo, en el capítulo 5del evangelio de Marcos.
Cierto día Jairo acudió a Jesús con una necesidad: «Jesús, yo sé que tú puedes sanar a la gente, y mi hija necesita ser
sanada». Jesús dijo: «Si tienes fe, ella será sanada». Jairo era un hombre honrado y le dijo la verdad a Jesús: «Señor,
tengo muchas dudas. Quiero creer, ayúdame con mi incredulidad». Jesús dijo: «Eso me basta». Y sanó a la niña.
Quizá usted necesite decir como Jairo: «Dios, yo quiero creer que me vas a ayudar a sacar mi vida adelante; ayúdame a
creer». Eso es suficiente para Dios. Usted no necesita tener una fe inmensa para decidirse a ceder a Cristo el cuidado y el
control de su vida. De hecho, si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza... Para ustedes nada será imposible.
Lo importante no es el tamaño de su fe sino en quién o qué deposita su fe. Usted puede tener una fe gigante y ponerla
en cosas equivocadas como el dinero o las posesiones y terminar con las manos vacías. O puede tener una fe diminuta,
ponerla en nuestro gran Dios y obtener tremendos resultados.
En conclusión, no deje que ninguna de estas cinco cosas le impida tomar la tercera decisión sanadora. No permita que su
orgullo, su culpa, su temor, su preocupación o su duda lo detengan en su intención de entregar su vida y su voluntad al
cuidado y control de Cristo. Primero tome la decisión, luego póngase a resolver los problemas. Esta es su decisión:
Dispongo mi vida al cuidado y control de Cristo. No sé cómo va a hacerse realidad, pero sé que es lo correcto y debo
hacerlo. Por eso lo hago sin más dilación».

AVANCE DE INMEDIATO
La vida cristiana es una decisión seguida de un proceso.
Todo lo que requiere de nosotros este tercer paso es que tomemos la decisión. El proceso se iniciará a continuación.
Por ahora, veamos qué significa para usted cruzar esa línea y correr a los brazos de Jesús.
Todo empieza con un sencillo proceso de dos pasos. Puede verlo fácilmente al compararlo con la estrategia empleada
por las fuerzas militares norteamericanas en la segunda guerra mundial. Cada vez que liberaban de la ocupación
japonesa alguna isla del Pacífico, ellos usaban la misma estrategia de dos fases y siempre les funcionaba.
PRIMERA FASE: ABLANDAMIENTO
En primer lugar, los aviones volaban a la isla que había sido capturada y dejaban caer bombas y otros explosivos. Esta
parte de la estrategia se llamaba «período de ablandamiento».
En su vida estalla un sinnúmero de explosivos que despiden fragmentos por todas partes y usted dice: «La manera en
que vivo ya no me funciona, francamente dejó de funcionar hace tiempo». Tal vez haya llegado al punto en que admite:
«Sí, necesito algo fuera de mí mismo. Mis heridas, complejos y hábitos están ablandando mi orgullo, culpa, temores,
preocupaciones y dudas. Necesito ayuda. Necesito a Dios en mi vida».
SEGUNDA FASE: MONTAR UNA TRINCHERA
En la segunda fase, los marines establecían una trinchera. Quizá no estuviera a más de veinte metros de la playa y tuviera
apenas doscientos metros de ancho, pero el hecho es que establecían su presencia en la isla. ¿Acaso esto significaba que
hubieran liberado la isla? No. Ese simple parapeto era el comienzo, pues desde allí podían iniciar los ataques. A veces
avanzaban cien metros y otras veces tenían que retroceder cincuenta. A veces ganaban la batalla y otras veces perdían,
pero todos sabían que tan pronto establecieran el terraplén, la liberación total de la isla era inevitable. En la historia de la
segunda guerra mundial, cada vez que los marines tocaron tierra y montaron un parapeto, nunca perdieron una isla.
Era una simple cuestión de tiempo hasta que la isla entera fuera libertada. Cuando usted toma la tercera decisión, Dios
establece un terraplén en su vida. La Biblia lo llama conversión o nacer de nuevo. ¿Significa que todo en su vida quede
perfecto? De ningún modo, pero sí significa que Dios tiene una presencia clara en su vida; Él se ha instalado en su playa y
lo ha declarado libre. Durante el resto de su vida, Él va a continuar librándole de sus heridas, complejos y hábitos,
centímetro a centímetro y metro a metro. Es un proceso. Pero primero tiene que confiar en que Dios se encargará de
usted.
DIOS NO LO VA A SOLTAR
¿Le preocupa que en esta batalla de la vida no pueda mantenerse aferrado? Despreocúpese. A usted no le toca aferrarse.
Dios es quien le mantiene firmemente asido y Él nunca lo va a soltar. La Palabra de Dios nos lo asegura:
«En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron,
fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido».
Cuando usted pone su fe en Cristo, entra en comunión con Él y le pertenece a Él.
La confirmación de esto es que usted es marcado con un sello, una señal visible a todos de que efectivamente, pertenece
a Cristo. ¡Él no le va a soltar! Usted es su hija o hijo amado.
Podemos entender el instinto protector de un padre por su hijo o hija. Si usted fuera a ayudar a su niño pequeño a cruzar
la calle, le asiría con firmeza la mano. Como es normal, mientras cruzaran la calle, el niño tal vez quisiera soltarse, pero
sin importar cuánto quisiera el pequeño soltarle la mano, usted no lo soltaría por nada del mundo. ¿Por qué? Por el
amor que le tiene como padre o madre.
Hay veces en la vida cuando tal vez diga: «Dios, creo que yo quiero estar bajo tu cuidado ahora mismo». Puede ser que a
veces quiera recuperar el control y soltarse de la mano de Dios. Pero cuando nos asimos de la mano de Dios, Él la
sostiene con firmeza y dice: «Yo te sostendré, para que no tengas que preocuparte por eso».
Todo lo que Dios le pida hacer, Él le capacitará para hacerlo. Tan solo apóyese en Él mientras Él le sostiene con firmeza de
la mano: «El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús».
CRUCE AL OTRO LADO
Hemos hablado bastante sobre la decisión de encomendar nuestra vida y voluntad al cuidado y control de Cristo.
Veamos cómo sucede esto, paso a paso:
1. ACEPTE AL HIJO DE DIOS COMO SU SALVADOR
Lo primero que necesita hacer es admitir que necesita ser salvado y aceptar a Jesús como su Salvador. La Biblia dice:
«Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvado». ¿Qué significa esto? Significa entregarle a Cristo tanto como pueda en
este momento de su vida y voluntad. ¿Será suficiente? Sí, para Dios es suficiente.
2. ACEPTE LA PALABRA DE DIOS COMO SU GUÍA
Cuando se haya decidido a comprometer su vida y voluntad a Cristo, contará en adelante con un criterio conforme al cual
vivir su vida. Algunos dicen: «Esta vida es más bien un simulacro porque si fuera una vida de verdad nos habrían dado un
manual de instrucciones que nos dijera qué hacer y a dónde ir».
Lo que ellos no entienden es que sí tenemos un manual de instrucciones: la Biblia. Dios dice que su Palabra es el
parámetro por el cual podemos evaluar la vida. «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para
reprender, para corregir y para instruir en la justicia».
3. ACEPTE LA VOLUNTAD DE DIOS COMO SU PROPÓSITO
Lo primero que necesitamos decir al levantarnos cada día es: «Señor, tú me despertaste esta mañana. Eso significa
obviamente que tienes otro día planeado para mí, un día con un propósito. ¿Qué quieres que haga con él?».
David dice en los salmos: «Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí». Inspirado por David,
usted puede decir: «Dios, ni siquiera tengo que entenderlo todo ahora mismo, pero hoy he decidido a vivir mi vida en tus
términos porque me hiciste por alguna razón. Tú tienes un propósito y yo quiero cumplirlo». A medida que crezca con
Dios, su voluntad se convertirá en su estrategia para la vida.
4. ACEPTE EL PODER DE DIOS COMO SU FUERZA
De ahora en adelante esta será su declaración de poder: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».
Ya no tendrá que apoyarse en su propia energía. Dios le da su poder para ser todo lo que Él quiere que sea.
¿Está listo para cruzar al otro lado? Jesús le extiende su invitación:
«Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo».
Jesús está junto a la puerta de su vida y le dice que quiere entrar, pero Él es un caballero y por eso no va a tumbar la
puerta. En esta tercera decisión, necesitamos abrir la puerta y dejarlo entrar, y la llave que abre esa puerta es nuestra
buena disposición. Estar dispuestos significa que cambiamos nuestra definición de fuerza de voluntad.
Nuestra fuerza de voluntad necesita convertirse en la disposición voluntaria a aceptar el poder de Dios.
No necesitamos más la voluntad del ego porque ya hemos tratado de regir nuestras vidas a fuerza de voluntad y
hemos terminado quebrantados y vacíos. Ya es hora de cambiar la fuerza de voluntad por la disposición voluntaria a
aceptar el poder de Dios para que rija nuestra vida. Si está listo para tomar esta decisión y rendir su vida al cuidado y
control de Cristo, por favor conteste las siguientes preguntas:
1. ¿Cree que Jesucristo murió en la cruz por usted y demostró ser Dios al resucitar?
2. ¿Acepta el perdón gratuito de Dios por sus pecados?
3. ¿Quiere llevar a cabo el plan de Dios en su vida?
4. ¿Está listo para expresar su deseo de que Cristo sea el director de su vida?
Si respondió afirmativamente las cuatro preguntas, es tiempo que haga realidad su decisión optando por dar el tercer
paso.
TOME LA decisión
ACCIÓN 1: Ore por el asunto
Llegó la hora de recibir a Cristo en su vida. Puede pedírselo con esta simple oración:
Amado Dios, creo que enviaste a tu Hijo Jesús a morir por mis pecados para que yo pueda ser perdonado. Estoy
arrepentido de mis pecados y quiero vivir el resto de mi vida como tú quieres. Por favor, pon tu Espíritu en mi vida para
dirigirme. Amén.
¡Felicitaciones! Si hizo esta oración por primera vez, quiero darle la bienvenida a la familia de Dios. Por favor no sienta
que necesita entender todo acerca del compromiso que acaba de hacer. El entendimiento vendrá a medida que usted
crece y madura en su andar diario con Cristo. Por ahora, reciba el consuelo y ánimo de estas palabras de Jesucristo:
«Ustedes viven siempre angustiados; siempre preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar. Obedezcan mis
mandamientos y aprendan de mí, pues yo soy paciente y humilde de verdad. Conmigo podrán descansar. Lo que yo les
impongo no es difícil de cumplir; la carga que les hago llevar no es pesada».
Jesús quiere enseñarle a ir por la vida libre de cargas, ¡disfrute el viaje!
Hay más buenas noticias…
«Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera
de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva».
A medida que usted complete las cinco decisiones restantes, su vida nunca volverá a ser la misma.
¡Su vida nueva acaba de comenzar! Si ha recibido a Cristo en su corazón con anterioridad, dedique este tiempo
de oración a comprometerse para buscar a Dios continuamente y seguir su voluntad en su vida.
ACCIÓN 2: Póngalo por escrito
Dedique tiempo a reflexionar en el compromiso que acaba de hacer, bien haya sido su primer compromiso con Cristo o la
renovación de su compromiso para poner todo bajo su cuidado. Comprometerse con Cristo es la decisión más
importante de su vida. Usted jamás volverá a estar solo. Al disponerse a escribir en su diario las reflexiones de este
capítulo, empiece contestando las siguientes preguntas que le ayudarán a organizar sus ideas y emociones:
1. Vuelva a la ACCIÓN 2: Ponga por escrito la primera decisión.
Lea otra vez sus respuestas a las preguntas 1 a 3. Escriba en qué sentido se siente diferente en cuanto a eso.
2. ¿Cómo se siente ahora que la carga de tratar de controlar a todas las personas, los lugares o las cosas en su vida le ha
sido quitada de encima?23
3. Escriba lo que significa para usted la siguiente frase: «Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».24
4. ¿Cuáles son algunas de las cosas que va a pedirle a Dios que haga en su vida nueva?
5. ¿Hay algo en especial que le esté costando dejar atrás? ¿Qué le impide someter estas cosas al control de Dios?
ACCIÓN 3: Compártalo con alguien
Es importante que comparta con otros su decisión de recibir a Cristo en su vida. Siga la dirección de Dios que se
encuentra en su Palabra: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó
de entre los muertos, serás salvo».
Cada vez que usted da testimonio de su decisión, ratifica su compromiso. Además, informa a los demás la razón de la
libertad y el gozo que tiene ahora en su vida. Celebre la «buena nueva» de su compromiso con la persona que haya
elegido para rendirle cuentas. Hágale saber cómo se siente y qué le motivó a entregarle el cuidado y control de su vida a
Cristo. No olvide contarle sobre las cosas que ha tenido más dificultad para entregar (su respuesta a la pregunta 5).
Pídale a esta persona de confianza que ore con usted y por usted. Cuando oren juntos den gracias a Dios por haber
estado dispuestos a tomar de una vez por todas la decisión de recibir a Cristo en su vida como su Señor y Salvador.
Pídale a Dios que le ayude a elegir diariamente la voluntad de Dios para su vida nueva.
Acaba de pasar por la tercera decisión. Va por muy buen camino hacia una vida más dichosa y saludable, una vida que
vivirá conforme.
Renunciar al control y comprometerse con Cristo
🎯 Objetivo general
Que los participantes comprendan la enseñanza bíblica sobre la rendición del control personal y el compromiso con
Cristo, identificando los obstáculos (orgullo, culpa, temor, preocupación y duda) y aprendiendo a confiar en Dios como
fuente de descanso y propósito.

⏱️Distribución del tiempo


1. Apertura y conexión (10 min)
 Dinámica inicial: Preguntar: “¿Qué cosas en tu vida te cuesta soltar o dejar en manos de Dios?”
 Breve oración inicial pidiendo dirección y apertura del corazón.
 Lectura bíblica: Mateo 11:28-30 (“Vengan a mí todos ustedes que están cansados…”).

2. El ciclo de la desesperanza (15 min)


 Explicación: El documento describe cómo intentamos controlar heridas y hábitos, pero terminamos atrapados
en culpa y desesperanza.
 Texto bíblico de apoyo: Romanos 7:18-19 (“No hago el bien que quiero…”).
 Actividad: En grupos pequeños, compartir ejemplos de “ciclos” personales (sin necesidad de detalles íntimos,
puede ser hábitos, preocupaciones, etc.).
 Conclusión: Reconocer que el control humano no rompe el ciclo; solo Cristo lo hace.

3. La decisión de compromiso (15 min)


 Enseñanza: La tercera decisión es ceder el control a Cristo.
 Texto bíblico: Proverbios 3:5-6 (“Confía en el Señor de todo corazón…”).
 Ejemplo ilustrativo: La metáfora del caballo amansado: fuerza bajo control → mansedumbre.
 Discusión: ¿Cómo se ve la mansedumbre en la vida diaria?

4. Obstáculos para rendirse (20 min)


Cinco barreras que impiden entregar el control:
1. Orgullo → Proverbios 16:18 (“El orgullo acaba en fracaso…”).
2. Culpa → Salmo 40:12 (“Me han alcanzado mis maldades…”).
3. Temor → Marcos 5:15 (el endemoniado restaurado en su sano juicio).
4. Preocupación → Filipenses 4:6-7 (“No se inquieten por nada…”).
5. Duda → Marcos 9:24 (“Creo; ayuda mi incredulidad”).
 Actividad: Cada participante escribe en una hoja cuál de estas cinco barreras le cuesta más.
 Reflexión grupal: ¿Qué dice la Biblia frente a esa barrera?

5. Estrategia bíblica para avanzar (15 min)


 Ilustración militar (Segunda Guerra Mundial):
o Fase 1: Ablandamiento → Dios permite que nuestras heridas nos muestren necesidad.
o Fase 2: Montar una trinchera → Dios establece su presencia en nuestra vida (conversión).
 Texto bíblico: Filipenses 1:6 (“El que comenzó la buena obra la irá perfeccionando…”).
 Aplicación: La decisión es inmediata, el proceso es continuo.

6. Acción práctica y compromiso (10 min)


 Oración guiada: Basada en el documento: entregar la vida y voluntad a Cristo.
 Escritura personal: Cada participante redacta una breve oración o compromiso escrito: “Hoy decido entregar…”.
 Compartir en parejas: Expresar lo que significa “ceder el control” en su vida.

7. Cierre y envío (5 min)


 Lectura final: 2 Corintios 5:17 (“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”).
 Invitación a vivir diariamente la decisión de rendirse y confiar.
 Oración de cierre agradeciendo por la nueva vida en Cristo.
📌 Recursos sugeridos
 Pizarra o rotafolios para anotar las cinco barreras.
 Hojas y plumas para reflexiones personales.
 Biblia en mano para leer los textos clave.

✨ Resultado esperado
Al finalizar la clase, los participantes habrán:
 Reconocido el ciclo de la desesperanza.
 Entendido la enseñanza bíblica sobre rendirse y confiar en Cristo.
 Identificado sus propios obstáculos (orgullo, culpa, temor, preocupación, duda).
 Tomado un compromiso personal y práctico de entregar su vida al cuidado y control de Dios.

¿Quieres que te prepare también una guía de preguntas y actividades para que los participantes reflexionen durante la
clase (como un cuaderno de trabajo)?

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