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SEGUNDA PARTE
TÉCNICAS BÁSICAS DE EVALUACIÓN EN PSICOLOGÍA DEL DEPORTE
CAPITULO 2. LA OBSERVACIÓN
2.1. Consideraciones previas
Un aspecto muy relevante a la hora de establecer el modo en que debe
desarrollarse el proceso de evaluación de las principales destrezas psicológicas
implicadas en el deporte, es el que hace referencia a tratar de profundizar, aunque
sea de forma breve y escueta, en las herramientas básicas con las que trabajan los
profesionales para conocer cómo funciona un equipo deportivo o en deportista en
sus diferentes niveles y manifestaciones, es decir, desde un nivel más “macro” o
global, hasta un nivel más “micro” o individual.
Como señalamos en el primer capítulo, abogamos por un proceso de
evaluación completo, y al mismo tiempo lo más sencillo posible, de la realidad
psicológica que acontece en un deporte y, como no podía ser de otra manera, esta
evaluación debe comenzar siempre por la observación científica y rigurosa de los
hechos y fenómenos que se desean evaluar.
El objetivo de este capítulo va a centrarse en el establecimiento de unas
bases sólidas sobre las que asentar el trabajo de observación intervención –que suele
realizar el psicólogo deportivo, pero que pueden emplear perfectamente los técnico-,
para poder pasar, a continuación, a comentar otras herramientas al servicio de los
profesionales y especialistas en deporte que deseen maximizar sus recursos y el
rendimiento de su trabajo.
Como es bien sabido, la observación como método científico de análisis y
de obtención de datos relevantes ha sido empleada, desde hace décadas, por los más
prestigiosos psicólogos dedicados a la investigación y profundización en las
diversas ramas que componen este ámbito de conocimiento. La Psicología del
Deporte, como ciencia que estudia el comportamiento humano en las diferentes
manifestaciones que puede llegar a tener la actividad física, ha asumido los
principales postulados de este método para adaptarlo a su fines concretos que van,
desde la observación y análisis de los procesos de grupo, hasta la codificación de
aspectos individuales que manifiestan los propios deportistas.
Para poder aclarar la realidad a la que se enfrenta un psicólogo del deporte
que trabaje, a continuación presentamos un cuadro resumen con los principales
aspectos psicológicos relacionados con el rendimiento deportivo y con la
productividad (Adaptado a partir de Katz y Kahn, 1989):
NIVEL NIVEL GRUPAL NIVEL INDIVIDUAL
ORGANIZACIONAL
Estructura de la Normas de grupo. Características de personalidad.
organización. Cohesión de grupo. Dominio de las habilidades
Diseño del trabajo. Estilo de liderazgo. psicológicas básicas.
Ambiente físico. Nivel de conflicto. Aceptación del rol dentro del
Sistema de evaluación del equipo.
desempeño. Adecuación con los objetivos
Premios. generales del equipo.
Cultura organizacional. Entorno inmediato del deportista
(familia, estudios, etc.).
Gráfica 2.1. Relación existente entre niveles de análisis del comportamiento humano y
manifestaciones psicológicas que se producen.
Como se puede apreciar, la realidad psicológica que se encuentra oculta
dentro de un deporte, puede llegar a ser muy compleja e intrincada de forma que,
como ya sabemos, la aparición de problemas o déficits en alguna de ellas suele traer
como consecuencia la aparición de otros problemas en ese mismo nivel en el que
surgió y en los niveles colaterales. Pensemos, por ejemplo, en un entrenador que
comienza a detectar cierta desgana en uno de los jugadores que considera claves del
equipo. Tras un par de derrotas consecutivas, solicita un trabajo de intervención con
él porque, un problema que él considera que es individual, ha pasado a afectar al
grupo por su influencia como líder y, al mismo tiempo, ha despertado la “voz de
alarma” en el club que, a su vez, ha comenzado a inquietarse con la situación del
equipo y se empieza a plantear la sustitución del técnico.
2.2. Medidas fundamentales del proceso de observación
En la línea de las ideas expresadas por Pino y Moreno (2000), cuando se
realiza una estimación de una conducta, el valor que le concedamos dependerá de la
confianza que nos merezca la medida que se utilice y esto depende, a su vez, de sus
características. En este sentido, es importante que distingamos entre cinco medidas
fundamentales que nos sirven para diferenciar entre cada uno de los casos que
observamos. Estas medidas son:
1. La ocurrencia. Consiste en la aparición o no del fenómeno o suceso que
observamos.
2. La frecuencia. Informa del número de veces que aparece uno de los
sucesos que queremos observar.
3. La latencia. Es el tiempo que pasa desde que aparece un estímulo hasta
que se reacciona ante él.
4. La duración. Es el tiempo durante el cual se manifiesta el fenómeno que
estamos observando.
5. La intensidad. Es la fuerza con la que aparece el fenómeno que se
observa.
A partir de un tema ya abordado como es el relativo a la toma de decisiones
en cuanto a las unidades de observación se refiere, podemos tratar la clasificación de
los tipos de datos. Esta clasificación obedece a un doble criterio: ocurrencia y base
(Bakeman y Dabbs, 1976; Bakeman, 1978; Anguera, 1988; Anguera et al., 1993).
De acuerdo con la ocurrencia, los datos pueden ser secuenciales y concurrentes y
atendiendo al criterio base se originan el evento y el tiempo. De la combinación de
todos ellos resultan cuatro tipo de datos:
OCURRENCIA
Secuencial Concurrente
Evento I II
BASE
Tiempo III V
Gráfica 2.2. Tipos de datos que surgen de la combinación de los criterios de ocurrencia y
base.
De acuerdo con Anguera (1988), en los Datos tipo I (secuenciales y evento-
base) el observador recoge el orden de los eventos, no su duración. El sistema de
categorías es mutuamente excluyente y por lo tanto sólo puede tener lugar una conducta
cada vez.
En los Datos tipo II (concurrentes y evento-base), al igual que en los anteriores,
se recoge el orden de los eventos sin tener presente su duración, pero con la diferencia
de que las categorías son mutuamente excluyentes intranivel y concurrentes internivel5 ;
por tanto pueden ocurrir varios eventos al mismo tiempo. Son los datos que ofrecen una
mayor dificultad para su análisis.
Por el contrario, en los Datos tipo III (secuenciales y tiempo-base) se anota el
orden de ocurrencia de los eventos y su duración. En este tipo de datos las categorías
son mutuamente excluyentes. Por lo que respecta al tiempo, se puede conceptualizar
como una secuencia de intervalos en los que la unidad de tiempo es menor o igual a la
más corta de las conductas.
En cuanto a los Datos tipo IV (concurrentes y tiempo-base) se recoge la
duración de los eventos, pudiendo ocurrir éstos simultáneamente., de modo que el
sistema de categorías no es mutuamente excluyente.
De acuerdo con los anteriores puntos, debemos señalar que el estudio de
patrones concurrentes (conductas que co-ocurren y forman un patrón estable) se realiza
a partir de los datos tipo IV (Bakeman y Dabbs, 1976; Bakeman, 1978; Anguera, 1988);
sin embargo, el estudio de patrones secuenciales (estudio de las conductas que preceden
o siguen una respecto a otra, mantenimiento de un orden, ciclos repetitivos de una
conducta criterio respecto a sí misma) se realiza con datos tipo I y III.
2.3. Maneras de realizar la observación
De modo adicional al conocimiento de este tipo de medidas, es importante
dominar los diferentes modos en que podrá realizar la observación que, a su vez, se
estructuran, como señalan León y Montero, 1999, en función de dos aspectos
esenciales:
a) La cantidad de estructuración que el investigador impone a la situación.
b) El grado de intervención del observador.
2.3.1. En función de la cantidad de estructuración que el investigador impone a la
situación.
[Link]. Observación natural. En este modo de proceder el observador es un mero
espectador de la situación y no interviene para nada en ningún momento del
proceso de evaluación. Este tipo de observación es quizás la más común y
demandada por la mayoría de los técnicos que consideran que el papel básico
del psicólogo del deporte consiste en mantenerse alejado del trabajo de campo,
observar desde fuera todo lo que acontece en el campo de entrenamiento y en
las competiciones y, como si de un detective se tratase, señalarle aquellos
aspectos que deben mejorarse y en qué se está fallando si es que los resultados
no acompañan.
Pese a que no es el momento de entrar a profundizar en esta perspectiva,
parece al menos importante que señalemos, llegados a este punto, que pese a
esta labor es buena y favorece la extracción de ciertas conjeturas e hipótesis,
no debe desdeñarse el hecho de profundizar más en la conducta de igual modo
que a un preparador físico no se le pide que, únicamente por observación
directa, trate de señalar los niveles aeróbicos y anaeróbicos del deportista,
cuando tiene que mejorar la resistencia y la velocidad de los jugadores.
[Link]. Observación estructurada. Como se indica en González (2001), la lógica
que subyace a este tipo de observación es francamente sencilla: se trata de
alcanzar un compromiso entre el respeto por el medio natural en el que se
produce la observación y el nivel de estructuración que se impone a la
situación que vamos a observar.
Pensemos, por ejemplo, que un club en el que trabajamos nos demanda que
uno de sus deportistas no rinde lo que se esperaba de él porque, en opinión del
entrenador, se bloquea cuando debe tomar decisiones importantes en el
desarrollo de un partido. Decidimos realizar un tipo de observación
estructurada y le solicitamos al entrenador que colabore con nosotros
diseñando situaciones similares a las planteadas en el partido y que generan
ese bloqueo, de manera que podamos observar y analizar qué es lo que
realmente sucede.
Con este tipo de observación se llega, sin duda alguna, a un acuerdo mayor
entre la observación natural anterior y el control total de la situación.
[Link]. La observación experimental de campo. Con el adjetivo “experimental” ya
estamos recogiendo uno de los aspectos claves de este tercer tipo de
observación: se lleva a cabo de manera que controlemos todo lo que puede
suceder y observemos cómo reacciona el jugador ante esos estímulos
propuestos (que puede ser un ejercicio físico, técnico o táctico donde se
manipule la carga psicológica que se ofrece).
El grado de estructuración de la situación, como se puede apreciar, es
máximo y un ejemplo en donde podríamos realizarla es si tuviéramos la
sospecha, por ejemplo, de que el bloqueo que sufre el jugador del ejemplo
anterior sólo se produce en situaciones en las que tiene que tomar decisiones
tácticas complejas con presión. Para comprobarlo, diseñamos, conjuntamente
con el resto del cuerpo técnico, un par de situaciones donde una de ellas
implique la preponderancia del mecanismo de toma de decisiones sobre el
perceptivo y el ejecutivo y la otra en la que sean éstos los principales aspectos
a tener en cuenta. Los resultados de esta observación nos permitirán verificar o
falsar esta hipótesis.
2.3.2. En función del grado de intervención del observador.
[Link]. Observación participante. Es aquella en la que el observador forma parte de
la situación que se está observando. Sería el caso, por ejemplo, de un
observador que, mientras se ejecutan una serie de saques de esquina, entra al
remate molestando al portero para provocarle el fallo al tiempo que el
entrenador le recrimina los errores en las salidas (este tipo de trabajo es
frecuente a la hora de entrenar la concentración en condiciones adversas).
[Link]. Observación no participante. El observador se mantiene alejado de la
observación que desea realizar. Digamos, por lo tanto, que es una observación
externa.
Referido a la labor que puede desempeñar un psicólogo del deporte, un
aspecto relevante y que interviene de forma decisiva para enmarcar su trabajo
y el nivel de participación que puede llegar a tener en el proceso de
entrenamiento, es el momento de la temporada en el que se incorpore. Cabe
esperar que si el trabajo se inicia de manera conjunta con el resto del cuerpo
técnico y de los deportistas en la pretemporada, la inserción del rol del
psicólogo se percibe de un modo mucho más natural que si lo hace con la
temporada avanzada y a modo de “apagafuegos”, en donde no cabe la menor
duda de que el papel que se jugará será más complicado y complejo, así como
sus dificultades para poder realizar un trabajo de campo con un elevado nivel
de participación.
2.4. Requerimientos esenciales de la observación científica
Una vez establecidas las bases sobre qué aspectos generales de la realidad
deportiva interesan observar, debemos intentar establecer las características y
requisitos básicos que debe cumplir cualquier proceso de observación que quiera
considerarse científico, así como las principales fuentes de error que podemos
encontrar durante el proceso de recogida de datos.
2.4.1. Fuentes potenciales de error.
En la línea de las ideas expresadas por Fernández-Ballesteros (1995), los
errores en la observación pueden derivarse de tres fuentes esenciales: el sujeto
observado, el observador y el sistema de observación elegido.
a) El sujeto observado. El simple hecho de sentirse observado genera en el
deportista, entrenador o sujeto objetivo de la observación, una modificación
en sus parámetros habituales de comportamiento, fenómeno que en
psicología conocemos como reactividad. El modo en el que este fenómeno
suele manifestarse se caracteriza por:
• Se modifica de manera sistemática la frecuencia de aparición de la
conducta que queremos estudiar. Pensemos, por ejemplo, que un
entrenador conoce que vamos a registrar en vídeo el modo en que utiliza
el lenguaje verbal y no verbal. Cabría esperar, y de hecho así sucede, que
la frecuencia de aparición de los refuerzos positivos y de los elogios
aumente porque él mismo percibe que eso es más deseable y que, por lo
tanto, saldrá mejor valorado en la evaluación que realicemos.
• La expresión verbal de que se está produciendo reactividad por parte de
las personas allegadas a la persona observada. Es frecuente que una vez
que se haya realizado la observación preguntemos a las personas
implicadas y allegadas cómo han percibido el comportamiento del sujeto
diana y, en un elevado porcentaje cuando se realizan las primeras
observaciones, encontramos que nos señalan que “no ha sido muy
normal”, que “hay ciertas cosas que no suele hacer y que ha hecho”.
Esto, lógicamente, muestra de forma clara y evidente la reactividad de
los sujetos observados.
• La discrepancia existente entre los resultados obtenidos en la observación
y los logrados por medio de otros procedimientos en situaciones
anteriores. Este aspecto llama la atención sobre la importancia que tiene
obtener valores similares aunque utilicemos procedimientos diferentes; si
no sucede así una de las posibles explicaciones podría darla la
reactividad mostrada por el sujeto observado.
Algunas recomendaciones oportunas para minimizar o tratar de controlar
los efectos de la reactividad serían las siguientes:
1. Utilizar observadores participantes siempre que sea posible. De esta
manera se evita en un elevado porcentaje, la percepción subjetiva del
observado sobre lo poco frecuente de la observación realizada.
2. Utilizar medios ocultos para la observación, de manera que no se perciba
que se está observando y, por lo tanto, se minimice al máximo la
reactividad.
Un aspecto importante asociado a este factor es el que hace
referencia a la ética de la observación y los límites que todo profesional
debe marcarse en su propio trabajo. Imaginemos, por un momento, que
nos parece interesante analizar la charla que da un entrenador a su equipo
en el vestuario. Podemos pensar en grabar la conversación en una
grabadora oculta en el abrigo pero, sin duda, hay un aspecto ético que
nos debe impedir hacerlo sin el consentimiento de la persona interesada.
Por otra parte, este tipo de medida es oportuna en casos en donde no
queremos que perciban nuestra presencia, como por ejemplo, en el
deporte de base, para analizar el proceso de interacción padres-jugadores
en donde se observe y se analice la conducta espontánea que se
manifiesta en el desarrollo de un partido.
3. Utilizar diferentes métodos de observación y también distintos
observadores, de modo que dispongamos de varios resultados obtenidos
de manera diferente y que nos ofrece una puntuación sobre la validez de
los resultados analizados.
4. Solicitar a los deportistas observados que actúen de la manera más
natural posible y tratar de motivarles para que así lo hagan (de modo que
perciban la importancia del proceso que estamos poniendo en juego).
5. Siempre que sea posible habituaremos a los deportistas a la observación
para que, de esta manera, tratemos de minimizar los efectos de la
reactividad. Si grabamos con frecuencia las evoluciones de un jugador,
resulta esperable que al cabo de una serie de observaciones la reactividad
haya disminuido sustancialmente.
b)Procedentes del observador. No puede pasar inadvertido, para los
profesionales interesados en la evaluación de las variables implicadas en el
deporte, el hecho de que el propio observador es, a menudo, la principal
fuente de error de la observación y esto es así porque, sin ningún tipo de
dudas, el observador lleva consigo una serie de expectativas previas sobre el
fenómeno que desea observar, así como un nivel de entrenamiento previo y
un nivel de participación e implicación en la tarea que pueden llegar a
generar problemas y sesgos que deberemos tratar de evitar. Los principales
se presentan a continuación:
1. Las expectativas previas. Este sesgo tiene lugar porque cualquier persona
que se enfrenta a una situación genera, como vimos en el segundo
capítulo, una serie de expectativas sobre los fenómenos que van a tener
lugar y, de este modo, anticipa y se prepara para reaccionar ante ellos.
Cuanto mayor haya sido el tiempo de exposición a ese tipo de
situaciones, más arraigadas estarán esas expectativas y mayor será la
influencia de la subjetividad en los juicios que se realicen. Debido a la
importancia que puede tener este efecto, resulta necesario tratar de
reducirlo al máximo, para lo cual, como es lógico, deberemos tratar de
utilizar lo que en psicología se conoce como “observador ciego”. Este
método se basa en la necesidad de tomar como observador a una persona
que no conozca, en la medida posible, información que pueda
distorsionar los resultados y que puede generar esas expectativas que ya
hemos señalado que son tan nocivas para nuestro proceso de
observación. Por otra parte, si resultara imposible acceder a un
“observador ciego” imparcial, resulta aconsejable que no contaminemos
al observador con nuestras propias expectativas para liberarlo, al menos
en parte, del sesgo que le podríamos generar.
2. Nivel de participación. Pese a que ya hemos mencionado en apartados
anteriores esta variable, conviene recalcar en este momento el papel que
puede jugar como fuente de error en la observación porque no cabe duda
de que un observador no participante, al no intervenir directamente en la
conducta a observar, interfiere menos y posibilita una observación más
natural que en los demás casos.
A menudo puede suceder un fenómeno paradójico que consiste en
que, para evitar la reactividad del sujeto observado, le solicitamos a una
persona allegada que realice la observación de las variables que le
indicamos pero, como también la cercanía facilita y fomenta más esa
génesis de expectativas, pues nos encontramos con que la objetividad
puede decrecer, con el peligro que eso conlleva. Suele ser el caso, por
ejemplo, de un deportista que no suele jugar y del que queremos obtener
información. Le solicitamos a un compañero suyo, también suplente, que
se fije en si suele contestar al técnico, si está atento al partido, etc. Las
expectativas que tiene el propio observador podrían orientar los
resultados hacia un polo o hacia el otro (también en función de sus
intereses).
3. Nivel de entrenamiento como observador. Uno de los aspectos más
relevantes a la hora de plantear cualquier observación, y que es muy
conocido por toda la comunidad científica, es el que hace alusión al nivel
de entrenamiento previo que debe tener todo observador, de modo que
sea capaz de desempeñar su labor de una manera eficiente y eficaz. Al
existir diferentes sistemas de observación y de conductas a seguir, resulta
pertinente que exista un tiempo prudencial para analizar las conductas
que vamos a estudiar, de manera que se sea capaz de reflejar, de la
manera más fiel posible, todos los aspectos que deseemos recoger.
Imaginemos que nos parece interesante reflejar el tipo de
refuerzos que utiliza el capitán del equipo con sus compañeros en las
diferentes situaciones que se pueden producir en un partido de fútbol
porque pensamos que podría ejercer una mayor influencia positiva que la
que tiene en la actualidad. Para hacerlo diseñamos nosotros mismos un
código de observación y pensamos que hay tres momentos esenciales y
diferentes que pueden surgir: cuando la situación en el partido es
favorable, cuando es desfavorable y cuando está igualada. Al mismo
tiempo, distinguimos varias categorías como son el refuerzo verbal y el
no verbal con las múltiples variantes que conlleva cada uno de ellos.
Parece lógico pensar que, si queremos que la observación la realice otra
persona, tratemos de asegurar que domina y conoce cada una de las
categorías que puede registrar para que, de esta manera, la observación
refleje de forma real y verídica lo que sucede en el partido.
c) Procedentes del sistema de observación elegido. Un último aspecto que
puede introducir sesgos en la observación es el que hace referencia al tipo de
registro elegido . Según Fernández-Ballesteros (1995), las características que
aumentan la bondad de estos instrumentos serían las siguientes:
1. Claridad de las definiciones conductuales. Cada una de las conductas que
se deseen registrar debería estar claramente delimitada y ser, además,
identificable y distinguible por parte del observador. Este aspecto haría
alusión a que toda categoría debe ser exhaustiva y excluyente.
2. La fiabilidad y la validez de un registro descienden en cuanto se
incrementan en exceso el número de categorías. Pese a que no exista un
número ideal de categorías, si que parece coherente pensar en que lo
ideal está en llegar a un acuerdo entre la necesidad de reflejar todo el
compendio de conductas que pueden aparecer y un mínimo indispensable
para dotar de exactitud al código de observación.
3. Utilizar un código estándar que haya sido suficientemente utilizado por la
comunidad científica y posea, por lo tanto, unas garantías suficientes en
su construcción. Este aspecto, para los psicólogos deportivos, es difícil
de cumplir debido a que multitud de variables que nos parecen
relevantes, carecen de códigos de observación al efecto y, por lo mismo,
resulta necesaria la construcción totalmente nueva de los instrumentos
que nos faciliten la toma de datos.
4. Como mencionábamos en el punto anterior, si el código de observación o
está suficientemente validado, al menos las categorías deberían estar
claramente especificadas de manera que el observador tenga claro lo que
va a medir.
2.5. Criterios que debe cumplir la observación: sistematicidad, fiabilidad y
validez.
Una vez establecidos los sesgos principales del proceso de observación, es
importante que establezcamos, de manera esquemática pero precisa y concreta, los
tres principales criterios que debería cumplir una observación científica -criterios
que ya sabemos que con frecuencia no se pueden cumplir en el trabajo diario de
campo por la inmediatez y la importancia de los resultados a obtener pero que, sin
duda, son igualmente valiosos y dignos de ser mencionados-:
• Sistematicidad. Una observación sistemática es aquella que delimita de
modo claro y conciso cuáles son los pasos que se han ido produciendo
para llegar a las conclusiones obtenidas. Este requisito es el que
permitiría a un segundo observador interesado la obtención de nuevos
datos siguiendo los mismos métodos y, por lo tanto, replicar la
observación.
• Fiabilidad. Hace referencia a que un mismo proceso de recogida de datos
debe dar lugar a obtener la misma información. Mediante un cálculo de
correlación sencillo se podría conocer el índice de fiabilidad alcanzado.
A continuación vamos a diferenciar entre dos tipos esenciales de
fiabilidad:
a. Fiabilidad interjueces. Este índice hace alusión a que dos
observadores independientes que realicen la misma observación
deben obtener, siempre que hayan utilizado idénticos métodos de
registro y de operativización de las variables, los mismos resultados.
Cuanto más similares sean, mayor será la fiabilidad interjueces
encontrada. Pongamos el ejemplo de una observación realizada
acerca del número de acciones realizadas por el lateral derecho, de
manera que tengamos un índice posterior sobre el nivel de
participación y de concentración durante el partido. Los resultados
que obtengamos serán tanto más fiables cuando dos o más
observadores obtengan un índice de fiabilidad interjueces más
elevado.
b. Fiabilidad temporal (test-retest). Este índice se refiere a que si
realizamos una serie de medidas de observación y las volvemos a
realizar pasadas un tiempo, deberíamos obtener resultados similares
siempre y cuando no se hayan modificado las condiciones de
aplicación ni existan evidencias de que la conducta ha observar se ha
podido modificar, por ejemplo, por un periodo de entrenamiento
realizado.
• Validez. Este concepto se refiere a que el procedimiento que hemos
seguido debe recoger los datos que realmente pretendemos obtener. Los
tipos más importantes de validez serían los siguientes:
a. Validez de contenido. Consiste en que el código de observación
que hayamos realizado contenga una representación de las conductas
que se desee medir. Este aspecto hace alusión, por tanto, a que no
dejemos fuera ninguna categoría que se piense que es importante y
susceptible de ser recogida en el código, de modo que i queremos
recoger la variable general “comportamiento del entrenador”, no nos
centremos únicamente en los refuerzos verbales que utiliza, sino que
también queden reflejadas sus conductas no verbales, los
antecedentes de sus conductas, etc.
b. Validez de criterio o predictiva. Es la capacidad que debe tener el
código diseñado para predecir la aparición de la conducta de un
sujeto. Si el mensaje punitivo del ejemplo anterior lo transmite el
entrenador siempre ante un error, la prueba diseñada debería ser
capaz de reflejar esta relación, pues es esencial para explicarnos qué
variable del entrenador debemos tratar de modificar.
c. Validez de constructo. Intenta establecer en qué medida el
instrumento de observación diseñado mide el rasgo o concepto
teórico que realmente pretende evaluar. Si por ejemplo deseamos
medir los mensajes punitivos que emite el entrenador a sus jugadores
en el transcurso de un partido, debemos de operativizar de manera
clara y precisa qué entendemos por mensajes punitivos, qué
conductas estarían dentro de esta categoría y cuáles fuera.
• Discriminabilidad. Si deseamos realizar una observación de dos
deportistas diferentes con un código que hayamos diseñado para el
efecto, es importante que sea capaz de establecer diferencias entre ellos,
es decir, que los discrimine en varios de sus parámetros básicos. Si esta
condición no se cumpliese estaríamos ante un código muy pobre en su
aspecto pragmático, puesto que una herramienta está diseñada, en un
principio, para diferenciar conductas y no sólo para registrarlas.
Imaginemos que pretendemos analizar a los dos medios centro de
un equipo porque se considera que existe una gran competitividad y que
no se pasan el balón e incluso, si tienen una opción clara de pase entre
ellos, prefieren girarse y buscar una nueva alternativa aún en detrimento
de una mejor situación de peligro. Para llevarlo a cabo, puede resultar
oportuno el diseño de un código de observación en donde una de las
categorías esenciales sea “opción de pase al compañero”, y otra “pases
realizados entre ellos”, de manera que se pueda establecer un porcentaje
final entre pases posibles y pases realizados entre ambos jugadores.
Una vez que hemos diseñado el código y pasamos al análisis de
los resultados, nos percatamos de que los resultados son los mismos en
ambos jugadores y, en varios partidos que lo hacemos, seguimos
encontrando valores muy parecidos. ¿Qué puede estar sucediendo?. La
respuesta, con un elevado porcentaje de probabilidad, deberemos
buscarla en el código que hemos diseñado, en las categorías que hemos
recogido y en su nivel de concreción y operativización de variables
puesto que, en definitiva, no es capaz de discriminar entre los jugadores
que se están analizando.
• Objetividad. Toda categoría de observación debe cumplir el requisito de
la objetividad, es decir, que se encuentre liberada de las posibles
interpretaciones subjetivas que impidan a nuevos observadores encontrar
resultados similares. Este criterio se encuentra muy relacionado con el
establecimiento correcto de la operativización de las categorías que
componen el código de observación.
2.6. Códigos de observación utilizados en el deporte
Una vez que hemos penetrado en los tipos de medidas que se pueden
emplear para la observación, en los modos en los que se puede realizar, en las
fuentes principales que pueden sesgar el proceso y producir errores, así como en los
requisitos básicos que deben cumplir, vamos a dar paso a la descripción de las
principales herramientas y códigos de observación que se utilizan en la actualidad,
instrumentos que, por otra parte, se van viendo modificados y mejorados para
conseguir observar los fenómenos que nos interesan en cada momento, de modo que
cada profesional puede y debe llegar a diseñar sus propios códigos en función de los
objetivos concretos que se persigan y de las indicaciones que hemos ido ofreciendo
a lo largo de este apartado.
2.6.1. El Sistema de Evaluación Conductual de los Entrenadores (SECE/CBAS).
Como muestra González (1992), esta prueba fue diseñada para analizar el
liderazgo que ejercen los entrenadores sobre sus equipos y los efectos que generan
en los jugadores. También conocido como CBAS (Coaching Behavior Assessment
System)(ver Smith, Smoll y Hunt, 1977), contiene doce categorías divididas en dos
grandes factores generales: las conductas reactivas y las conductas espontáneas. La
diferencia entre ambos factores es evidente: mientras que el primero hace alusión a
las acciones que realiza el entrenador una vez que el comportamiento del deportista
se ha producido, el segundo se refiere a aquellas conductas que inicia el entrenador
de modo proactivo sin que para su elicitación haya sido necesario ninguna conducta
particular del deportista o del equipo.
La importancia de este código radica en la toma de conciencia del valor
explicativo que posee, para cualquier profesional implicado en buscar las causas del
rendimiento deportivo, la conducta de liderazgo que ejerce un entrenador sobre el
grupo que dirige (ver capítulo 4), de manera que se realiza un interesante
acercamiento al ámbito deportivo de las técnicas científicas de análisis y
observación conductual que culminan en el diseño de este código de observación.
Su aplicación se revela de una gran utilidad aunque, como veremos
posteriormente, el código puede complementarse en ciertos aspectos prácticos de
manera que nos arroje una información más práctica para el trabajo que vayamos a
desarrollar.
A continuación se presentan dos tablas con los subfactores que incluye cada
uno de los factores generales que acabamos de mencionar:
FACTOR I: CONDUCTAS REACTIVAS
Respuestas ante ejecuciones deseables
• Refuerzo (R): Reacciones positivas (verbales o no), de premio, ante un buen
juego o esfuerzo.
• No-Refuerzo (NR): Fracaso en la emisión de una respuesta ante una buena
ejecución.
Respuestas ante errores
• Aliento contingente al error (AE): Aliento proporcionado a un jugador tras
un error.
• Instrucción técnica contingente al error (ITE): Instruir o demostrar a un
jugador cómo corregir el error que ha cometido.
• Punitiva (P): Respuesta negativa, ya sea verbal o no, ante un error cometido.
• Instrucción técnica punitiva (ITE+P): Instrucción técnica que sigue a un
error, pero proporcionada de forma punitiva u hostil.
• Ignorar los errores (IE): Fracaso en la emisión de una respuesta frente al
error del jugador.
Respuestas ante conductas inadecuadas
• Mantenimiento del control (MC): Reacciones encaminadas a restablecer o
mantener el orden entre los miembros del equipo.
FACTOR II: CONDUCTAS ESPONTÁNEAS
Relacionadas con el juego
• Instrucción técnica general (ITG): Instrucción espontánea de las técnicas y
estrategias del deporte (no con posterioridad a un error).
• Aliento general (AG): Aliento espontáneo que se muestra sin que le preceda
un error.
• Organización (O): Conducta administrativa que determina la organización
del juego mediante la asignación de tareas, responsabilidades, posiciones,
etc.
Irrelevantes para el juego
• Comunicación general (CG): Interacciones con los jugadores no relacionada
con el juego.
Gráfica 2.3: Categorías del SECE/CBAS (Tomado de González, 1999)
En concreto, la hoja de registro de datos que utiliza el sistema SECE es la
que se muestra a continuación:
Nombre del observador: _______________________________________________
Deporte: ___________________ Fecha: / / Lugar: _________________
Nombre del entrenador: ________________________________________________
Clase I. Conductas reactivas
Categorías Ocurrencias Totales
Ante conductas deseables
1. R
2. N-R
Ante errores
3. AE
4. ITE
5. P
6. ITE-P
7. IE
Ante conductas inadecuadas
8. MC
Clase II. Conductas espontáneas
Categorías Ocurrencias Totales
Relacionadas con el juego
9. ITG
10. AG
11. O
Irrelevantes para el juego
12. CG
Gráfica 2.4: Hoja de registro del SECE/CBAS (Tomado de González, 1999)
2.6.2. Sistema de observación del refuerzo social (Roberts et al. 1979).
El objetivo de este conjunto de autores fue el de crear un instrumento que, a
partir del CBAS, fuera capaz de dar respuesta a la influencia e importancia que
tienen los reforzadores sociales que los entrenadores utilizan con sus equipos, de
manera que se pudieran establecer una serie de cálculos rápidos que arrojasen en
qué medida resultaba pertinente el comenzar con un trabajo de intervención
psicológica aplicada al entrenador concreto sobre el que estuviera realizando la
evaluación.
Las categorías que se reflejan en este código de observación no se
preocupan, como en el caso del SECE, por la contingencia o no de las conductas
emitidas por el entrenador respecto de las situaciones del juego, sino que se centran
en analizar en qué medida los entrenadores utilizan y emplean un tipo de reforzador
social más colectivo o más individual para tratar, de esta forma, de extraer un perfil
ideal de entrenador que conjugase ambos aspectos. La pregunta a la que trataban de
responder estos autores podría formularse en los siguientes términos: ¿Qué tipo de
reforzadores utilizan los entrenadores que obtienen los mejores resultados?, ¿poseen
un carácter general o más específico?, ¿se centran más en mantener el clima del
grupo o más bien se interesan más por ofrecer instrucciones técnicas que mejoren el
rendimiento obtenido?.
Las categorías que se recogen en este código de observación serían las
siguientes:
1. Refuerzo específico positivo (RE+): Se produce siempre que el entrenador
refuerza positivamente a un jugador. P. e. “Así se pelea, Miguel”.
2. Refuerzo general positivo (RG+): Se produce en todas aquellas situaciones
en las que el entrenador refuerza a todo el equipo. P. e. “Estámos fenomenal,
así se juega, chicos”.
3. Punición específica (PE): Incluye todas aquellas ocasiones en las que el
entrenador critica o amonesta a uno de los jugadores. P. e. “Juan, por no
hacer ya ni peleas, que vergüenza”.
4. Punición general (PG): Las críticas y amonestaciones se aplican a nivel de
conjunto. P. e. “Me tenéis hasta las narices, aquí nadie hace lo que yo digo”.
5. Instrucción técnica específica (ITE): Incluye todos los momentos en los que
el entrenador realiza una corrección o aclaración de orden técnico. P. e.
“Trata de echar el cuerpo más abajo cuando golpees así”.
6. Instrucción técnica general (ITG): Cuando las instrucciones se ofrecen para
todo el equipo. P. e. “Cuando Miguel lo indique debemos salir todos en
bloque para provocar el fuera de juego”.
7. Mantenimiento del control (MC): Incluye todos los esfuerzos que realiza el
entrenador por mantener el orden y el control del equipo respecto a aquellos
comportamientos que se pueden considerar inadecuados. P. e. “Este tipo de
peleas no quiero que vuelvan a producirse dentro del campo, los trapos
sucios los lavamos dentro del vestuario”.
8. Organización (O): Son las órdenes que se ofrecen para organizar y
estructurar la sesión de trabajo y que, esencialmente, cumplen un objetivo
informativo. P. e. “Vamos a trabajar un total de media hora el golpeo de
balón y, a partir de hoy, incluiremos un trabajo de concentración que el
psicólogo dirigirá”.
La hoja de registro de datos que se emplea para este sistema de observación es
del mismo tipo que en el SECE, modificando tan sólo las categorías de registro que
dan sentido a los objetivos de trabajo que ya hemos comentado que tenían estos
investigadores:
LOS REFORZADORES SOCIALES
Nombre del observador: _______________________________________________
Deporte: ___________________ Fecha: / / Lugar: _________________
Nombre del entrenador: ________________________________________________
Categorías Ocurrencias Totales
1. RE
+
2. RG+
3. PE
4. PG
5. IET
6. IGT
7. MC
8. O
Observaciones:
Gráfica 2.5: Hoja de registro de los reforzadores sociales.
2.7. Un ejemplo de diseño de Código de Observación del rendimiento individual
adaptado al fútbol: El Sistema de Análisis del Rendimiento Individual en el
Fútbol -S.A.R.I.F.- (De la Vega y Martín)
2.7.1. Consideraciones preliminares
Uno de los aspectos que se revela más importante y significativo para poder
evaluar y trabajar sobre las destrezas psicológicas básicas es, como es bien sabido
por la mayoría de técnicos y entrenadores, el conocer con veracidad y exactitud
cómo ha sido el rendimiento del jugador en los diferentes parámetros del juego de
que consta su participación.
En este sentido, uno de los axiomas sobre los que partimos en el diseño del
código, es la necesidad de estudiar y contrastar el rendimiento del jugador –en este
caso de fútbol-, en el campo, de manera que resulte posible extraer una información
fiable sobre la importancia de comenzar un programa de trabajo con un jugador en
concreto y para conocer cuál es su evolución y su nivel de mejora real. Por lo tanto,
lo que buscamos es construir una herramienta capaz de servirnos de medida de
evaluación y control de la evolución y de los progresos que van experimentando los
jugadores. En concreto, el valor de la herramienta que presentamos podría resumirse
en los siguientes aspectos:
• Sencillez en su aplicación y corrección.
• Es capaz de establecer un vínculo claro entre rendimiento real en el campo y
las principales variables psicológicas básicas.
• Permite realizar una evaluación sobre la necesidad de introducir un programa
de entrenamiento específico en habilidades psicológicas básicas.
• Permite observar los progresos psicológicos alcanzados por el jugador en el
momento de la competición.
• Posee un valor de enganche con el técnico muy importante porque se utilizan
categorías y términos que dominan a la perfección.
Pensemos, por ejemplo, que el entrenador decide acudir a nosotros para
solicitarnos que comencemos a trabajar con el medio centro del equipo, un jugador
en el que el club ha invertido una cantidad extraordinaria de dinero y que, por lo que
él ha podido comprobar hasta la fecha, no está “explotando” todas las cualidades
que se le suponían en un primer momento. Este hecho se debe, según el técnico a
que hay momentos del partido en los que, tras algún fallo sin importancia,
sistemáticamente pierde el control de su juego y “se sale” del mismo, perdiendo una
gran cantidad de balones y bajando su rendimiento hasta el punto que opta por
sustituirlo para dar entrada a algún compañero que lo haga mejor.
Cuando en la realidad se nos hace un planteamiento de este tipo o similar, el
primer pensamiento que debe cruzar la cabeza del profesional es el que hace
referencia a comprobar la veracidad de la afirmación que se nos hace porque, aún
sin saberlo, el entrenador también está sujeto a multitud de presiones y expectativas
generadas sobre los jugadores y sobre el equipo mismo, de modo que no resulta
extraño que sobre cada uno de los jugadores se ponga un “cliché” que funciona a
modo de sesgo perceptivo y de valoración, que tiene además un elevado poder
práctico para responder ante las demandas del propio juego y del que, además,
pueden verse muy beneficiados los jugadores o, por el contrario, muy perjudicados.
Estamos hablando, claro está, de la influencia de las expectativas.
En el ejemplo que hemos planteado, el rendimiento del jugador puede que en
realidad no haya variado de manera significativa desde que comenzó la temporada
pero, por el simple hecho de obtener una serie de malos resultados, comienzan a
aflorar las tensiones clásicas de la alta competición y se buscan responsables.
Como sucede en este ejemplo, y en otros muchos que podríamos plantear
basados en nuestra propia experiencia, resulta importante analizar en qué medida la
demanda que nos realizan está fundamentada en hechos reales y objetivos. Si el
resultado de nuestra observación señala que el rendimiento del jugador
efectivamente disminuye respecto a los niveles iniciales, en el informe que le
entregaremos al técnico le haremos llegar esta información y, en el momento de
trabajar con el jugador, donde analizaremos si es consciente de esta situación, le
mostraremos los resultados reales para que comience a comprender la necesidad del
cambio.
El punto de vista que tratamos de defender intenta poner el énfasis en la
relación íntima que se establece entre los parámetros psicológicos y el rendimiento
técnico-táctico del jugador en el plano de la acción real del juego. Cuando
hablamos, por ejemplo, de concentración, no podemos hacerlo sobre la nada, sino
que nos debemos fijar en cuál es el problema concreto que manifiesta el jugador:
¿es un jugador al que le cuesta entrar en el partido por el nerviosismo y por eso
parece que está desconcentrado?, ¿pierde el control de sí mismo cuando alguien le
supera o comete un error comprometedor en el desarrollo del partido?, ¿deja de
participar en el juego y parece que está “desconcentrado” en los momentos en donde
el marcador está ya muy a favor o muy en contra?, ¿en los partidos fuera de casa le
cuesta asumir responsabilidades y estar centrado?.
Estas y otras muchas cuestiones relevantes son las que se agolpan en la
cabeza de los componentes habituales de cualquier equipo técnico. En este sentido,
un conocimiento adecuado de las bases del trabajo observacional, debería aportar
soluciones basadas en datos objetivos y fiables y que contrasten la información de
que se disponga, del mismo modo que nos servirían como evaluación y nos
permitiría establecer un programa de intervención con una estructura lógica y una
coherencia interna suficiente. Una vez más, queda patente que la evaluación es un
paso necesario para poder intervenir y entrenar obteniendo resultados óptimos y
demostrables.
El código que presentamos, pese a que sin duda puede mejorarse para dar
cabida a las categorías pertinentes para cada tipo de jugador, puesto de juego y labor
encomendada por el técnico, recoge las categorías que consideramos necesarias y
que se han establecido partir del consenso con numerosos entrenadores y técnicos
cualificados que han colaborado para que este código fuese útil y práctico1.
1
Al mismo tiempo, el carácter marcadamente técnico de este instrumento nos sirve para llamar la atención nuevamente de los
psicólogos profesionales que trabajan en el fútbol sobre la necesidad de formarse y de poseer una buena base del deporte en el que
se trabaja, de modo que si ésta no se posee será muy difícil realizar una labor coherente y útil.
2.7.2. El registro de datos
Las categorías que componen este código se dividen en dos grandes bloques:
las acciones ofensivas, que serían todas aquellas en las que el equipo posee el balón,
y las acciones defensivas, que incluirían las situaciones en las que el equipo no es el
poseedor del balón. Para cada uno de estos bloques las categorías que forman su
estructura serían las siguientes:
a. Acciones ofensivas
• Tiempo. La primera casilla del código establece los espacios temporales que
nos parecen adecuados para tomar medidas representativas del tiempo de
participación del jugador. Si estos espacios fueran muy superiores
encontraríamos problemas en el posterior análisis de la información y
perderíamos algunos parámetros muy útiles para la evaluación, como por
ejemplo el referido a la concentración; por otro lado, si los periodos de
observación fueran más breves, el análisis posterior se complicaría en exceso
debido a la amplia duración del partido de fútbol.
• Zona Campo. Esta segunda casilla que nos encontramos en el código hace
alusión a un aspecto que es necesario tener en cuenta en función del puesto
de juego del jugador y de las demandas que el entrenador le hace: las zonas
del campo en donde participa más el jugador. A su vez se divide en tres
subcategorías: zona de iniciación, zona de creación y zona de finalización.
Esta división se ha establecido obedeciendo a un criterio técnico del fútbol
que obedece a la división imaginaria del terreno de juego en estas tres zonas
. Cada vez que se anote la ocurrencia de alguna acción, en la casilla de “zona
campo” deberá apuntarse dónde se ha producido.
• Balones tocados. Cada vez que el jugador toque el balón se anotará en esta
casilla. En una de las dos columnas de anotación señalaremos la acción
siempre y cuando el jugador haya perdido la posesión del balón. Cabe
destacar que en esta categoría no incluiríamos los balones forzados que el
jugador toca sin intención (algún rebote o balón que le golpea sin que tenga
la intención clara de disputarlo), y esto se debe a que psicológicamente
carecen de interés real porque el componente intencional debe estar siempre
en la base de la acción misma.
• Asistencias. Entendemos por asistencia cualquier acción desarrollada por un
jugador que culmina en un pase a un compañero y que posee la condición de
entrañar peligro para el equipo contrario. Por tanto, una asistencia es algo
más que un pase por el valor añadido que se le otorga a la acción al ofrecerle
al equipo la posibilidad de marcar gol. Esta categoría es muy valorada por
los entrenadores, sobre todo respecto a aquellos jugadores a los que se les
solicita que generen peligro y que se les evalúa, al menos en parte, respecto a
este parámetro del juego. La división establecida en las dos subcategorías se
refieren a, dentro de las asistencias que realiza el jugador, si las hace bien o
no (ya sea porque no ve al compañero, porque toma una decisión errónea o
porque ejecuta mal el pase).
• Ocupación de espacios libres. Con esta categoría tratamos de cubrir un
aspecto esencial en el rendimiento de los jugadores y que hace alusión al
juego que realizan sin balón y que, sin duda alguna, también define una parte
del rendimiento del jugador. Anotaremos la ocurrencia de esta acción
siempre y cuando el jugador que evaluamos realice un movimiento claro e
intencional de desmarque, ya sea de apoyo o de ruptura, hacia una zona libre.
Esta categoría debe complementarse en su evaluación con la de los
desmarques intentados. Las dos subcategorías que lo componen hacen
nuevamente alusión a lo correcto o incorrecto de la acción realizada (que en
este caso debe atribuirse, en su esencia, al mecanismo de toma de
decisiones).
• Regate. Esta categoría hace alusión a todas aquellas situaciones del juego en
las que el jugador analizado trata de superar, mediante una acción individual,
la oposición a la que le somete el contrario. En este tipo de situaciones la
confianza que tenga un jugador en sus propias posibilidades de desbordar es
esencial, además del componente valorativo que debemos añadir, puesto que
son acciones que sirven con frecuencia de referencia para valorar el
rendimiento de os jugadores que ocupan posiciones ofensivas que pueden
entrañar peligro directo de gol (nos estamos refiriendo, claro está, a los
delanteros y jugadores que ocupen posiciones ofensivas, porque en las
demás situaciones puede ser un factor a tener en consideración, pero sin
duda deberemos de hablar de otras capacidades más íntimamente
relacionadas con el rendimiento defensivo). Las dos subcategorías que
componen el regate son, de nuevo, su componente cualitativo, es decir, si lo
ha realizado correcta o incorrectamente.
• Pase. Un aspecto esencial en el juego y que deja traducir un componente
muy importante es el momento en el que el jugador se pone en relación con
el resto de sus compañeros para poder conseguir el mantenimiento o la
progresión del balón hacia el área de meta contraria. Esta relación es, como
podemos imaginar, el pase. Mediante este componente tenemos un índice
bastante fiable de la participación del jugador en el partido, de modo que
aquél jugador que obtenga una mayor puntuación en esta variable será
también es jugador que más haya participado en el juego de conjunto y
viceversa. A su vez, y como sucede en el resto de las categorías, es
importante, como comentamos en la introducción, que conozcamos qué le
pide el entrenador al jugado para que podamos así establecer en qué medida
comprende lo que se le pide o no y proponer, si es que existe una distancia
clara respecto a la comprensión, cómo se puede facilitar ese aprendizaje
(campo relacionado con el ámbito del aprendizaje motor). Durante el trabajo
práctico con esta categoría, fuimos pasando de la consideración única del
pase bien o mal realizado, a tener en cuenta la sugerencia de los entrenadores
sobre la importancia de discriminar, al menos, dos tipos de pases: los largos
y los cortos. La coherencia de esta división radica en que hay jugadores a los
que se les solicita que realicen una labor de distribución del juego más
característica de los cambios del balón en largo, de modo que es importante
distinguir si el jugador los realiza o intenta y, dentro de éstos, si lo logra
hacer con eficacia o no. Del mismo modo, el pie que se utilice para la
ejecución nos ofrecerá un índice sobre el nivel técnico del jugador en el
manejo de ambas piernas, cualidad muy apreciable para ir alcanzando cada
vez niveles más óptimos de rendimiento y trabajo.
• Disparos. Cuando nos referimos a este tipo de acción la restringimos,
especialmente, a aquellas situaciones del juego en las que el jugador golpea
al balón con la intención manifiesta de conseguir un gol para su equipo. Es
notable, por ejemplo, la importancia que se le da en el fútbol a las “buenas”
o “malas” rachas que sufren los delanteros de cara al gol, cuando uno de los
aspectos que se deberían observar principalmente es el porcentaje de veces
que lo ha intentado y el de éxito/fracaso que ha tenido (algo parecido a las
gráficas y estadísticas que los americanos realizan con los jugadores de
baloncesto de la NBA, presentando retos por objetivos consistentes en ir, de
manera progresiva, mejorando los porcentajes obtenidos). Una vez que
tenemos estos porcentajes también podemos comparar el peso ofensivo real
del jugador respecto a la expectativa generada por el entrenador y trabajar en
la toma de conciencia y comprensión de las labores que debe desempeñar.
De igual modo que señalamos en el apartado anterior la importancia de
diferenciar el pie que se utiliza para dar el pase, en el golpeo del balón lo
hacemos así también añadiendo, para registrar mejor la información, un tipo
de remate que es muy importante en el fútbol: el golpeo de cabeza. Esta
subcategoría cobra una gran importancia cuando trabajamos con las
categorías inferiores del club y en las primeras edades, benjamines, alevines
e infantiles, detectamos miedos a golpear el balón que se disputa por el aire
(miedo al dolor del propio golpeo y la acción del contrario que trata de
arrebatarlo).
• Faltas recibidas. Cuando un jugador se encuentra implicado con los
objetivos comunes del resto de sus compañeros, uno de los parámetros del
juego que inciden en la evaluación que debe realizarse sobre su rendimiento
es el número de faltas recibidas por partido porque a partir de este tipo de
acciones el equipo puede sacar un buen provecho de las jugadas de estrategia
que tenga preparadas y de los recursos de que disponga a balón parado. Para
esta categoría lo que simplemente registramos es la frecuencia de las faltas
que recibe en cada uno de los subperiodos temporales establecidos.
• Desmarques. La importancia de esta categoría radica en analizar hasta qué
punto la aportación ofensiva del jugador es inteligente o no, es decir hasta
qué punto es capaz de sacar el máximo rendimiento de sus movimientos ante
un contrario que le marca, en un espacio limitado y en un tiempo también
restringido a unas pocas décimas de segundo iniciales que son las que
permiten que el jugador tome la distancia suficiente respecto a su defensor y
pueda optimizar la acción ofensiva que quiera realizar. Dentro de esta
categoría distinguiríamos los dos tipos principales de marcaje, a saber, el de
ruptura y el de apoyo, de modo que concretamos el tipo de movimientos
concretos que realizan los jugadores.
• Observaciones. Este apartado complementa siempre la información
registrada en el código, de manera que cada vez que anotamos la ocurrencia
de una de las acciones que componen las categorías del código, apuntamos
también alguna clave o dato que nos parezca relevante para su recuerdo y
posterior análisis.
b. Acciones defensivas
• Tiempo. La función es la misma que en las acciones ofensivas.
• Zona del campo. Esta categoría cumple la misma función que en las
acciones ofensivas pero orientándolas, lógicamente, al juego defensivo.
Es importante volver a incluirla porque nos ofrece una idea sobre hasta
qué punto se implica el jugador en el trabajo defensivo del equipo. Se
anotará en esta categoría siempre y cuando se observe en el jugador una
intención claro por robar el balón o por ejercer una acción que influya
directamente en la recuperación del mismo (como puede ser la presión
sobre un contrario que se encuentra con movimientos libres sin balón y
que espera recibirlo).
• Balones tocados. De manera conjunta con el juego ofensivo, esta
categoría nos permite establecer el número total de intervenciones del
jugador, de manera que anotaremos las veces que consigue tocar el balón
en acciones defensivas (como puede ser un despeje tras un rechace, una
entrada a un contrario y fuerza un saque de banda o de esquina, etc.). Un
dato interesante nos lo aporta la subcategoría “balones recuperados”, que
nos ofrece un índice fiable sobre la eficacia del juego defensivo del
jugador.
• Entra en la disputa del balón. Para intentar profundizar un poco más en
la aportación defensiva del jugador y en su implicación y motivación en
este tipo de tareas tan frecuentemente infravaloradas, es necesario
reflejar con un índice fiable el número de veces que el jugador, teniendo
posibilidad y resultando pertinente que entre en la disputa del balón, lo
hace, ya sea en el juego aéreo o por el suelo. En este sentido, y pese a la
información tan valiosa desde un punto de vista psicológico nos ofrece
esta información tomándola de modo general, es necesario ahondar en el
estereotipo que muchos entrenadores generan acerca de algunos de sus
jugadores en el sentido de considerar que no se entregan lo suficiente y
que no “sudan la camiseta como deberían”, por lo que esta categoría
resulta pertinente porque no hace sino dar una respuesta clara a esta
afirmación en el sentido de ofrecer un tipo de conducta que suele ser
antagonista o contraria a la pasividad de este estereotipo de jugador que
acabamos de mencionar. Consiste, por tanto, en contraponer pasividad
Vs. Entrega/pelea/lucha.
• Tras fallo retoma rápido el control. Un aspecto que suele revestir una
enorme importancia en la valoración que se realiza sobre la
concentración y el “grado de madurez” que tiene que tener un jugador
para jugar en un cierto nivel de competición, es la capacidad que debe
manifestar para no venirse abajo cuando realiza una acción errónea y
provoca una situación de peligro que, de no haber sido por su mala
actuación, no se hubiese producido. Por supuesto, estamos refiriéndonos
a los jugadores que más presión deben soportar en este aspecto: la línea
defensiva. Pese a que la subjetividad hay que tenerla siempre en
consideración, es cierto que existe un componente externo en la mayoría
de estas situaciones que nos puede apoyar la apreciación que se realice
sobre esta categoría. Cuando un jugador comete un error garrafal y se
produce una situación de peligro por su culpa, puede soltar una patada al
suelo o gritar un insulto que manifiesta los pensamientos y sentimientos
negativos que tiene en ese momento, o bien se puede observar que
controla su propia activación, se da una palmada de ánimo y se conjura
para que la próxima vez pueda demostrarle al delantero quién manda en
la zona defensiva. Los planteamientos son muy diferentes y, como ya
conocemos la importancia del modo de afrontamiento para la posterior
ejecución, con esta categoría podemos tener una idea aproximada sobre
cómo se encuentra el jugador en este sentido. En el apartado de
observaciones podremos señalar cuál ha sido la reacción del jugador2.
• Marcaje. Con la inclusión de esta categoría se pretende establecer, en
aquellos partidos en los que el jugador tiene que realizar algún tipo de
marcaje especial o apoyo al juego defensivo en el trascurso del partido o
en acciones puntuales de estrategia, cómo es la calidad de su
intervención. Una variable que en este sentido parece esencial es la
colocación del cuerpo y los movimientos que se deben realizar para
interceptar las posibles trayectorias más peligrosas que los atacantes
pueden adoptar. En concreto, las subcategorías que componen este factor
son:
- Orientación del cuerpo. Un jugador correctamente colocado en el
marcaje es aquel que domina las dimensiones espacio temporales del
juego en donde están incluido los contrarios con balón, el jugador
que marca y el espacio que tiene para impedir la progresión hacia
zonas que entrañen peligro y facilitar, en caso de ser superados,
zonas en las cuales el defensor se encuentre en serias dificultades
para progresar.
- Coberturas. Las coberturas defensivas se producen siempre que el
jugador que estemos evaluando guarde la espalda de uno de sus
compañeros que pueda ser rebasado por el atacante, de modo que
sirva de apoyo y de futuro defensor directo en el caso de que se vea
superado su compañero. Esta acción, al igual que sucedía con la
orientación corporal, incluye la noción de orientación de la cobertura.
Por último, como sucede en el resto de subcategorías de este factor,
lo que se evalúa es si están bien o mal realizadas.
- Permutas. Las permutas son todas aquellas acciones defensivas que
realiza un jugador para volver a recuperar su situación, una vez que
ha sido superado por el rival y éste se encuentra ante otro defensor
(que probablemente le realizaba la cobertura), de manera que
2
Esta categoría no la hemos incluido en el juego ofensivo por considerar que las demás nos aportan una
información suficiente sobre esos aspectos, si bien es cierto que en función del puesto de juego y de las
características de la situación, puede resultar pertinente su inclusión en el código.
recupera un sitio esencial en el espacio de juego colabora continua
colaborando con las labores defensivas del equipo. Al igual que
señalamos en las acciones de disputa del balón, la exigencia física y
de concentración que requieren este tipo de acciones presupone la
motivación del jugador y nos ofrece un índice sobre su nivel de
trabajo e implicación.
- Coordinación de líneas. Las líneas de juego, como todos sabemos, se
suelen clasifcar en tres: la que componen los defensas, los
centrocampistas y los delanteros. A cierto tipo de jugadores y en
puestos estratégicos, el entrenador decide que se asuma la
responsabilidad sobre el orden de la línea de juego, de modo que con
este tipo de jugadores esta categoría resulta esencial porque nos
permite establecer en qué medida comprende el rol que se le solicita
dentro del partido y cuál es su nivel de interacción y compenetración
con sus compañeros más directos, es decir, aquellos con los que tiene
una mayor proximidad funcional en el desarrollo del partido.
• Faltas realizadas. Cuando un jugador comete un elevado número de
faltas puede ser debido a varios factores: escasa tolerancia a la
frustración tras un resultado muy desfavorable, incapacidad de recursos
técnico-tácticos para defender, etc. Mediante este factor lo que se
pretende es captar en qué medida el jugador comete sanciones, de qué
tipo son (lo que anotaremos en el apartado de observaciones) y cuál es el
estímulo antecedente que las provoca (por ejemplo, si la realiza tras un
robo de balón anterior, si son faltas eminentemente técnicas, etc.). Los
casos de modificación de conductas agresivas se suelen ver claramente
reflejados por una elevada puntuación en este factor.
• Robos de balón. El principio defensivo por excelencia es la recuperación
del balón como base para la estructuración del posterior ataque o jugada
ofensiva. En este sentido, sería inviable hablar de código de conductas
defensivas del juego sin recoger cuál es la aportación del jugador en este
campo.
• Observaciones. Este apartado complementa la información registrada en
el código, de manera que cada vez que anotamos la ocurrencia de una de
las acciones que componen las categorías del código, apuntamos también
alguna clave o dato que nos parezca relevante para su recuerdo y
posterior análisis.
2.7.3. Consideraciones prácticas sobre el registro de datos
Una vez descritas las categorías principales que componen el código de
observación, merece la pena destacar algunos aspectos que nos parecen esenciales a
la hora de llevar a la práctica este tipo de trabajo:
• La ocurrencia de aparición de las acciones que componen cada una de las
categorías se registra situando, en la casilla que corresponde, un número (1,
2, 3, 4, etc.), de manera que se obtiene el orden temporal del desarrollo del
juego.
• Una misma acción puede anotarse en diferentes casillas. Pongamos por
ejemplo que el jugador que estamos evaluando recibe un pase, en el minuto
cuatro del primer tiempo, encara a un contrario, le regatea y dispara a
portería. Todos estos elementos que componen una misma jugada implican
varias acciones. El modo de registro sería el de ir completando, por orden,
las casillas que se corresponden con la fila de tiempo 0-5 del primer periodo,
de forma que se vaya colocando un número 1, si es la primera anotación que
le apuntamos en este periodo de observación, en cada una de las variables
(zona del campo en el que ha recibido el pase, etc.).
• Un aspecto muy importante es el de colocar, en la casilla de observaciones,
un breve comentario de la acción registrada de manera que se facilite el
análisis posterior.
• La exigencia de recursos atencionales es muy elevada. El observador emplea
todos sus recursos en seguir al jugador que evalúa, lo que implica estar
pendiente, en muchas ocasiones, de acciones aparentemente alejadas del
desarrollo inmediato del juego (por ejemplo si el jugador está en zonas
defensivas y el balón está muy adelantado y no participa directamente).
• La utilidad de este trabajo está supeditada a poder registrar y analizar varios
partidos del jugador. Que un jugador haya intervenido poco durante los
primeros quince minutos de un partido puede ser un dato interesante, pero si
además le hacemos un seguimiento y en dos partidos más registrados se
analiza que le cuesta entrar en el partido, ya tenemos información objetiva y
suficiente para saber que el jugador puede tener problemas para manejar su
nivel de activación antes de los partidos, que probablemente entre muy
nervioso o relajado y que puede resultar recomendable realizar un trabajo de
control y dominio del nivel de activación.
• Debe diferenciarse entre una tarea formativa, en la cual el objetivo último es
formar jugadores desde una perspectiva integral que cuide a la persona por
encima de las demás cosas, y una tarea de análisis de rendimiento, en donde
la observación se dirige a evaluar cuál es la productividad del jugador en el
partido que se disputa. Estos dos puntos de vista son totalmente diferentes y,
con frecuencia, antagonistas.
• La formación del psicólogo especialista en deporte debe ser amplia y
necesita conocer el deporte en el que trabaja, en este caso el fútbol, para
sacar el máximo rendimiento de su trabajo.
A continuación se presentan las hojas de registro que componen el código de
observación:
SISTEMA DE ANÁLISIS DEL RENDIMIENTO INDIVIDUAL EN EL FÚTBOL (S.A.R.I.F.)
NOMBRE Y APELLIDOS: FECHA: HORA: CAMPO:
PARTIDO: RESULTADO: ESTADO DEL CAMPO:
ACCIONES OFENSIVAS: PRIMER TIEMPO EQUIPO:
TIEM- ZONA BALONES ASIS- OCU. REGA PASE DISPARO FAL- DESMARQU OBSERVACIONES
PO CAMPO TOCADOS TEN- ESP. -TE TAS ES
CIAS LIBRE RECI-
BI-
DAS
ZI ZC ZF TO- PER- B M B M B M PC PL PI PD Cb APO RUP-
TAL DI- YO TURA
DOS
PI PD PI PD B M B M B M B M B M
B M B M B M B M
0-5
5-10
10-15
15-20
20-25
25-30
30-35
35-40
40-45
+45
Observaciones:
ACCIONES OFENSIVAS: SEGUNDO TIEMPO
TIEM- ZONA BALONES ASIS- OCU. REGA PASE DISPARO FAL- DESMARQU OBSERVACIONES
PO CAMPO TOCADOS TEN- ESP. -TE TAS ES
CIAS LIBRE RECI-
BI-
DAS
ZI ZC ZF TO- PER- B M B M B M PC PL PI PD Cb APO RUP-
TAL DI- YO TURA
DOS
PI PD PI PD B M B M B M B M B M
B M B M B M B M
0-5
5-10
10-15
15-20
20-25
25-30
30-35
35-40
40-45
+45
Observaciones:
ACCIONES DEFENSIVAS: PRIMER TIEMPO
TIEM- ZONA BALONES ENTRA EN LA TRAS FALLO MARCAJE FAL- ROBO DE OBSERVACIONES
PO CAMPO TOCADOS DISPUTA DEL RETOMA TAS BALÓN
BALÓN RÁPIDO EL REA-
CONTROL LIZA-
DAS
ZI ZC ZF TO- RE- PIE CABE. SÍ NO
TAL CU-
PE-
RA-
DOS
S N S N OR COB PER COOR
I O I O MU LÍNEAS
B M B M B M B M
0-5
5-10
10-15
15-20
20-25
25-30
30-35
35-40
40-45
+45
Observaciones:
ACCIONES DEFENSIVAS: SEGUNDO TIEMPO
TIEM- ZONA BALONES ENTRA EN LA TRAS FALLO MARCAJE FAL- ROBO DE OBSERVACIONES
PO CAMPO TOCADOS DISPUTA DEL RETOMA TAS BALÓN
BALÓN RÁPIDO EL REA-
CONTROL LIZA-
DAS
ZI ZC ZF TO- RE.- PIE CABE. SÍ NO
TAL CU-
PE-
RA-
DOS
S N S N OR COB PER COOR
I O I O MU LÍNEAS
B M B M B M B M
0-5
5-10
10-15
15-20
20-25
25-30
30-35
35-40
40-45
+45
Observaciones:
2.7.4. Análisis de los datos obtenidos.
El análisis de los resultados obtenidos mediante el código se realiza
de manera simple estableciendo los porcentajes totales para cada una de las
categorías ofensivas y defensivas que componen el código, así como del nivel
alcanzado por el jugador. La salida de resultados nos muestra, como veremos
en el ejemplo de análisis que se presenta a continuación, las gráficas
correspondientes a las categorías principales deL análisis.
La salida de datos del ejemplo se corresponde a un jugador de fútbol,
de 21 años de edad, con el que el entrenador no se encontraba conforme
porque rendía, según él, “por debajo de sus posibilidades y entraba al partido
muy nervioso y le costaba mucho entrar en él”. El jugador era
sistemáticamente sustituido en el descanso para dar entrada a otro
compañero. Para intentar abordar este caso, pensamos que sería conveniente
registrar el rendimiento real del jugador en ese periodo de tiempo y
compararlo con el resto del partido, de manera que tuviéramos datos
objetivos para contrastar con el entrenador, y más tarde con el jugador, sobre
la pertinencia de realizar una intervención en ese sentido. Como es lógico,
este trabajo se debe realizar en varios partidos para así tener una mayor
fiabilidad en los resultados encontrados.
El objetivo de presentar este breve informe de resultados es el de
orientar sobre la utilidad del S.A.R.I.F. como instrumento de evaluación y
medida basado en la observación. En concreto, los resultados porcentuales
generales y algunas de las gráficas obtenidas se muestran a continuación
(para el resto de categorías del código la lógica de trabajo es la misma):
Zonas de participación
0%
25%
Zona de inicio
Zona de creación
Zona de finalización
75%
Gráfica 2.6. Porcentaje de veces que el jugador participa en cada una de las zonas en
las que se divide el espacio de juego en el fútbol
Pases cortos Vs. largos
21,40%
Pases cortos
Pases largos
78,60%
Gráfica 2.7. Porcentaje de veces que el jugador realiza pases cortos y largos en el
tiempo que permanece en el campo. Los pases largos se consideran importantes porque
manifiestan que el jugador asume riesgos en acciones técnico-tácticas relativamente
complejas.
Pases efectivos
23%
Pases correctos
Pases perdidos
77%
Gráfica 2.8. Porcentaje de efectividad que manifiesta el jugador en los pases. Como se
puede apreciar en el ejemplo, es muy elevado para el nivel de competición y exigencia
en el que nos encontramos.
Distribución de tiempos de participación
20,00%
18,00%
16,00%
14,00%
12,00%
10,00%
8,00%
6,00%
4,00%
2,00%
0,00%
0-5 min 5-10 min 10-15 min 15-20 min 20-25 min 25-30 min 30-35 min 35-40 min 40-45 min Tmpo.
Extra
Gráfica 2.9. Diagrama de área correspondiente a los tiempos de participación del
jugador (tomados en sentido amplio). Como se puede apreciar, existen dos momentos,
al comienzo y al final del periodo, en donde el jugador se implica más en el juego. Un
aspecto interesante consistiría en analizar si esta tendencia se consolida en otros
partidos. Pese a todo, no hay un momento claro en donde deje de participar
activamente, lo que habla positivamente del jugador.
Distribución de veces que toca el balón
18,00%
16,00%
14,00%
12,00%
10,00%
8,00%
6,00%
4,00%
2,00%
0,00%
0-5 min 5-10 min 10-15 15-20 20-25 25-30 30-35 35-40 40-45 Tmpo.
min min min min min min min Extra
Gráfica 2.10. Diagrama de área sobre la distribución de los momentos en los que el
jugador toca el balón. Este gráfico suele correlacionar con el anterior.
Distribución de tiempo y balones perdidos
35,00%
30,00%
25,00%
20,00%
15,00%
10,00%
5,00%
0,00%
0-5 min 5-10 min 10-15 15-20 20-25 25-30 30-35 35-40 40-45 Tmpo.
min min min min min min min Extra
Gráfica 2.11. Diagrama de área de los momentos en los que pierde más balones. Esta
variable suele encontrarse correlacionada con los momentos del partido en donde la
autoconfianza del jugador es más baja. Como podemos apreciar en el gráfico, aunque
ya vimos que el jugador participaba más activamente en el comienzo y en el final del
periodo, también comprobamos como son las fases en las que pierde más balones junto
con un intervalo de diez minutos entre el primer y el segundo cuarto de hora de juego
(pese a todo hay que analizar el total de balones perdidos para poder extraer las
conclusiones pertinentes).
Distribución de tiempo y ocasiones en acciones defensivas en las que
entra en la disputa del balón
0,2
0,15
0,1
0,05
0
0-5 5-10 10-15 15-20 20-25 25-30 30-35 35-40 40-45 Tmpo.
min min min min min min min min min Extra
Serie1 20% 20% 20% 20% 20%
Gráfica 2.12. Diagrama de área en el que se pretende analizar la relativa pasividad que
nos manifiesta el entrenador que encuentra en el jugador a la hora de defender. Su
participación en el juego defensivo es, como muestra este gráfico, bastante uniforme.
Junto con estas gráficas y con el resto que componen el grueso del
análisis que se realizó, presentamos un informe al entrenador, borrador que se
presenta a continuación:
BORRADOR DE INFORME DE EVALUACIÓN
Fecha: X/X/X Partido: Rayo Vallecano “B
Categoría: 3ª División Nacional
Campo: Palomeras Hora: 20:00 Competición: Liga
Clima: Agradable Condiciones del campo: Estado irregular en algunos
puntos.
Incidencias:
1. A partir del minuto 18 del primer tiempo el equipo X jugó con un jugador
menos por expulsión del número 4.
2. El jugador evaluado fue sustituido en el descanso, periodo en el que
aprovechamos para evaluar a X una vez que saltó al terreno de juego.
3. Marcador: 1-0 (min. 7); 1-1 (min. 17); 2-1 (min. 31); 3-1 (min. 84).
Nombre del jugador evaluado: X
A continuación se presentan los principales aspectos analizados:
a) Análisis descriptivo de las acciones de juego:
a.1) Aspectos ofensivos:
1. Zonas de participación: Zona de inicio (0%), zona de creación (75%), zona
de finalización (25%). (Ver gráfica 1).
2. Momentos de participación: Primer cuarto de hora (34,6%), segundo cuarto
de hora (26,9%), tercer cuarto de hora (34,6%). (Ver análisis más
pormenorizado en gráfica 4).
3. Pases realizados: Correctos (77%), perdidos (23%). (Ver gráfica 3).
4. Distribución de pases cortos y largos: Cortos (78,6%); largos (21,4%). (Ver
gráfica 2).
5. Balones totales tocados: 14
6. Asistencias de peligro: 1 (en acción de falta indirecta).
7. Acciones individuales y regates realizados: 0.
8. Disparos a portería: 0.
9. Faltas recibidas: 0.
a.2) Aspectos defensivos:
1. Robos de balón: 0.
2. Disputas del balón (momentos en los que ayuda en la presión y existe
desplazamiento intencional por su parte): 6. (Ver gráfico de distribución por
tiempos; gráfico 8).
3. Faltas realizadas: 1
b) Análisis psicológico general del rendimiento de X:
• Desde un punto de vista psicológico, la participación del jugador en
el partido manifiesta un nivel adecuado de concentración en sus diferentes
momentos, con una buena regularidad en los niveles de intervención en el juego,
aspecto que demuestra cierto dominio en la capacidad de concentración que
mantiene el jugador en el transcurso del partido.
• La zona de participación es preferentemente la de creación y
finalización. Por lo que respecta a la valoración psicológica de este aspecto, se
encuentra en función de la medida en la que el jugador ha cumplido o no con la
tarea previamente encomendada por el entrenador.
• Es un jugador que muestra preferencia a la distribución del juego en
balones cortos, aunque no renuncia a los pases a media-larga distancia y un dato
relevante al respecto es el alto nivel de efectividad que mantiene (ver gráfica),
que manifiesta un nivel adecuado de concentración y su capacidad, al menos en
este partido, para mantenerse en un nivel adecuado de activación.
• Entre los minutos 20 y 30 existe una fase en donde toca menos
balones, fase que viene precedida por el empate del equipo X en el minuto 17.
Sería interesante analizar en qué medida percibe esta bajada del rendimiento (que
no es tampoco alarmante porque sí existieron aportaciones al juego aunque sin
balón) y conocer cómo el equipo colaboró a esta situación (sobre todo si tenemos
en cuenta que por X pasan muchos balones en la transición del juego ofensivo y
defensivo).
• Un detalle muy llamativo y que puede mejorarse y trabajarse es que
el 50% de los balones que pierde lo hizo en una situación forzada, en donde el
contrario le ganó la partida pese a tener el ganada la posición. Este aspecto debe
asociarse a que no se le señaló ninguna falta, por lo que no fue capaz de sacar
partido y beneficio a estos momentos del encuentro que, siguiendo una lectura
positiva del partido, también pueden romper su ritmo si así interesase al equipo.
• Su participación en el juego defensivo en este partido fue muy
escasa, de hecho no robó ningún balón, aunque sí que entra en la disputa y
presión por recuperarlo, lo que en dos ocasiones propició un pase incorrecto del
contrario y la recuperación del balón por parte del equipo. Nuevamente debemos
contrastar esta información con el entrenador para conocer hasta qué punto llega
su implicación en el aspecto táctico defensivo y contrastarlo con otros partidos
para, a partir de allí, elaborar las conclusiones precisas.
c) Análisis específico de las situaciones que, desde un punto de vista psicológico,
pueden afectar el rendimiento del jugador.
Estas situaciones fueron las siguientes:
El gol en el minuto 7 (puede propiciar tranquilidad en
el jugador, una disminución en su nivel de activación y un descenso en el
rendimiento).
El empate a uno en el minuto 17 (puede propiciar
nerviosismo una vez que el equipo contrario consigue igualar el
marcador).
La expulsión en el minuto 18 del jugador del X (puede
propiciar, de nuevo, una excesiva relajación en el jugador porque, con el
tiempo por delante que queda en el partido y con un jugador más, sin
duda las probabilidades de victoria aumentan).
El segundo gol del equipo en el minuto 31 (puede
acrecentar esa sensación de relajación por ir ganando y, además, tener un
jugador más en el terreno de juego).
Respecto a cada uno de estos puntos podemos señalar que:
Según podemos observar en la gráfica 4, la participación del jugador
desciende en los momentos en los que el equipo consigue ventaja y se
vuelve a incrementar cuando se vuelve a percibir el peligro del resultado.
Estos datos, pese a no ser muy preocupantes y pronunciados, sí que
llaman la atención sobre la necesidad de trabajar el aspecto que se refiere
al rendimiento en relación con los momentos “fáciles” del partido (en
donde la ansiedad cognitiva es baja). La expulsión del contrario no le
afectó para estar más relajado aún porque, en parte, no le dio tiempo
debido a que en el minuto siguiente el X conseguía el empate.
En todo caso, el final de la primera parte lo realizó con un nivel aceptable
de participación, lo que pone de relieve nuevamente en que el aspecto
resaltado en el punto anterior no es muy preocupante puesto que el propio
jugador se recuperó.
d) Análisis comparativo respecto al anterior partido:
X – Rayo “B” Rayo “B” – Y
Zonas de ZI ZC ZF ZI ZC ZF
participación (7,4%) (59,3%) (33,3%) (0%) (75%) (25%)
Momentos de Primer Segundo Tercer ¼ Primer ¼ Segundo Tercer
participación ¼ hora ¼ hora hora hora ¼ hora ¼ hora
(16,6%) (55,6%) (27,8%) (34,6%) (26,9%) (39,6%)
Pases realizados Correctos Perdidos Correctos Perdidos
(78,5%) (21,5%) (77%) (23%)
Asistencias de peligro 4 1 (a balón parado)
Disparos a puerta 5 0
Faltas recibidas 2 0
Robos de balón 5 0
Disputas del balón 2 5
Faltas realizadas 1 1
Conclusiones del análisis comparativo:
Las zonas de participación del jugador son, preferentemente, la de
creación y la de finalización, zonas del juego que deben estar regidas por
la rapidez de las acciones que en ellas se suceden y por la capacidad que
tenga el jugador por trabajar rápidamente la toma de decisiones acertadas.
En este sentido, el porcentaje de aciertos en los pases es elevado, lo que
manifiesta un buen dominio y control de estos aspectos.
En el partido contra el “Y” muestra una mayor regularidad que en el otro,
de modo que puede ponerse de manifiesto una mayor tranquilidad y
menor preocupación para afrontarlo (máxime si tenemos en cuenta la
entidad del rival y que jugaban con uno menos contra el “X”).
En el resto de parámetros del juego, salvo en el número de veces que se
entra de manera deliberada en la disputa del balón, se mostró más activo
en el partido contra el “X”, con porcentajes de asistencias, disparos a
puerta, robos de balón y faltas recibidas muy por encima de los
encontrados en el partido contra el “Y”, lo que deja traducir que este
jugador puede trabajar y sacar sus mejores virtudes en condiciones de
presión (porque probablemente su propia carrera deportiva le hace
percibirse un jugador muy válido).
Recomendaciones del Área de Psicología del Deporte:
• Trabajar con este jugador objetivos de rendimiento muy particulares de
manera que cada partido encuentre un reto particular que le obligue a
superarse a sí mismo y alcanzar objetivos de equipo y personales que le
resulten atractivos y deseables.
• Entrevistarle personalmente para evaluar sus objetivos, expectativas y
cómo percibe su rendimiento actual y futuro.
• Analizar la percepción que posee sobre sus virtudes y defectos.
• Analizar cómo percibe esa diferencia entre los dos partidos (pese a que su
rendimiento fuera bueno, quizás podría haber aportado más al conjunto).
• Analizar de forma conjunta con el resto del equipo técnico, cuál es el
techo del jugador para poder plantearle esos objetivos que le obliguen a
sacar su máximo potencial.
FDO. Dr. Ricardo de la Vega Marcos
Responsable del Área de Psicología del Deporte
Gráfica 2.13. El análisis de la propia acción del juego mediante instrumentos sencillos de
manejar resulta básico para el trabajo psicológico aplicado al fútbol por las múltiples
consecuencias que se pueden extraer.
2.8. Un ejemplo de diseño de Código de observación sobre el rendimiento
grupal del equipo
2.8.1. Consideraciones iniciales.
Para poder extraer el máximo rendimiento al trabajo psicológico que se
realiza en un equipo, es esencial tener en consideración no sólo el rendimiento
individual de cada uno de los jugadores, sino también el comportamiento del
equipo como tal y como entidad propia con características genuinas que lo hacen
algo más que la mera suma de cada una de sus partes componentes.
En palabras de Alvin Zander, sucesor de Lewin en la dirección del Centro
de Investigación de Dinámica de Grupo en la Universidad de Michigan, al
referirse a las características generales de un grupo señala que “Un equipo es un
grupo o conjunto de individuos que interactúan con y dependiendo unos de
otros. Un número de sujetos voluntariamente empeñados en una actividad –
viajando en un circuito turístico, recolectando manzanas, trabajando en un
departamento de personal, asistiendo a un seminario, etc.- no son
necesariamente un grupo, pero pueden llegar a serlo. Sabemos que las personas
han formado un grupo cuando charlan con libertad, se muestran interesados por
la realización de su colectivo como totalidad, sienten que su asociación les es
beneficiosa, intentan ayudar a sus colegas, se refieren a su colectivo como
nosotros y a los otros como ellos y participan fielmente en la captación de
miembros”(Zander, 1972).
En términos deportivos podría decirse, por lo tanto, que no podemos
tratar de formarnos una idea exacta sobre cuál es el funcionamiento de un
jugador concreto y de un equipo si no recurrimos al análisis grupal del mismo y
al intento por conocer las variables psicológicas que intervienen en la
productividad grupal y que, sin duda alguna, se encuentran en su mayor parte
implícitas a lo largo de todos los momentos en los que el grupo interacciona que
son, preferentemente, los partidos y los entrenamientos.
Tal y como presentan Moreno y Pino (2000), las situaciones básicas que
se deben observar son estas dos que acabamos de mencionar, donde, por un lado,
la competición nos permite “obtener, analizar y aportar datos relevantes al
entrenador con el fin de mejorar el rendimiento del equipo. Lo ideal sería poder
obtener información en tiempo real de lo que está sucediendo en el juego ya que
ésta información facilitaría la toma de decisiones constantes del entrenador” y,
por otro lado, la observación de los entrenamientos nos facilita el análisis del
trabajo por pequeños grupos que se intercambian de manera constante para
interactuar entre ellos y prepararse, de este modo, para afrontar las competiciones
del mejor modo posible.
La idea central que tratamos de defender es que toda labor psicológica
debe ir acompañada de un proceso de análisis y observación de todas las
conductas pertinentes que puedan incidir, a nivel psicológico, en el resultado
final, análisis que, como ya hemos señalado con anterioridad, debe incluir
algunos comportamientos deportivos en sus descripciones puesto que toda
conducta se ve influida por el contexto y el entorno en el que se produce.
Pese a que la lógica que hemos seguido hasta el momento nos permite
establecer una relación evidente entre conducta motriz y conducta psicológica,
no está de más indicar que todo análisis de la propia acción del juego que exceda
los parámetros psicológicos propiamente dichos, nos puede ofrecer una visión
más global del rendimiento del jugador que si sólo nos centramos en un aspecto
concreto del mismo.
Para poder establecer las pautas de análisis de la acción global del juego
tomaremos de nuevo el deporte en el que venimos desarrollando nuestra labor
profesional: el fútbol.
2.8.2. Categorías de análisis.
Las categorías básicas que componen este código de observación son las
siguientes:
• Minutos: como en las hojas de registro anteriores, esta casilla viene ya
dividida en los periodos de observación que vamos a seguir, de modo que
se ha considerado que cinco minutos es un margen aceptable para tomar
medidas.
• Goles: Número de goles a favor o en contra que se consiguen o encajan.
• Saques de esquina: esta categoría de registro permite recoger el número
de veces que se realizan lanzamientos de esquina a favor o en contra, así
como el las ocasiones en las que se realiza bien o mal el saque (o jugada
ensayada si es que se ha intentado poner en marcha).
• Faltas: Gracias a esta categoría podemos obtener información precisa
sobre el número de faltas que comete el equipo y el número de acciones
sancionables que realiza el equipo contrario.
• Tiros a puerta: Número de ocasiones en las que un jugador golpea el
balón para obtener gol. Puede ir entre los tres palos (3P), o bien fuera
(FU).
• Fuera de juego: Se codifica el número de veces que el árbitro sanciona el
fuera de juego .
• Balones perdidos: Se anota cada vez que el equipo pierde un balón y en
qué zona lo pierde (Zona de Inicio, Zona de Ceración o Zona de
Finalización).
• Balones robados: Se anota cada vez que el equipo arrebata el balón al
contrario, así como la zona en la que lo recupera (Zona de Inicio, Zona de
Creación o Zona de Finalización).
• Tarjetas: Se apunta el número de tarjetas amarillas o rojas que saca el
colegiado. En la casilla se señala, simplemente, el número del jugador
sancionado.
• Observaciones: En este apartado se deben incluir todas las sugerencias y
aclaraciones que nos parezcan oportunas para comprender mejor las
anotaciones realizadas.
A continuación se presenta el código de observación (código diseñado por el
grupo de trabajo del Rayo Vallecano, contando con la inestimable colaboración
de Pedro Llanos):
Equipo: Fecha: Hora: Campo: Competición:
Partido:
1er. Tiempo Observaciones:
Goles Saques de Faltas Tiros puerta Fuera Balones Balones Tarjetas
esquina juego perdidos Robados
Minutos F C F C F C F C F C Z ZC ZF Z ZC ZF A R Observaciones
I I
B M B M B M B M 3P FU 3P FU
0-5
5;10
10;15
15-20
20-25
25-30
30-35
35-40
40-45
+ 45
Equipo: Fecha: Hora: Campo: Competición:
Partido:
2º. Tiempo Observaciones:
Goles Saques de Faltas Tiros puerta Fuera Balones Balones Tarjetas
esquina juego perdidos Robados
Minutos F C F C F C F C F C Z ZC ZF Z ZC ZF A R Observaciones
I I
B M B M B M B M 3P FU 3P FU
0-5
5;10
10;15
15-20
20-25
25-30
30-35
35-40
40-45
+ 45
Rayo Vallecano de Madrid S.A.D. Área de Psicología del deporte.
Nº NOMBRE JUGADOR
CAMBIOS:
Una vez más, debe aclararse que este trabajo, desde un punto de vista
psicológico, permite contextualizar mucho mejor la actuación del equipo para
tratar de responder a las preguntas que con frecuencia se formulan sobre la
bajada repentina del rendimiento, la ausencia de concentración en una línea de
juego, etc.
En todo caso, como somos conscientes de que pueden existir situaciones
y partidos en donde el interés se centra en mayor medida en observar
manifestaciones conductuales propiamente dichas, vamos a incluir otro código de
observación de registro narrativo y de carácter abierto en el que se pueden
señalar las observaciones sobre las conductas que está observando en el partido,
ya sean a nivel colectivo o individual.
Las ventajas de trabajar con un código de registro de estas características
radica en la facilidad de su uso siempre y cuando los factores que deseemos
observar estén correctamente identificados y sean operativos. En este sentido, la
labor posterior al registro es la más importante porque es la que nos permite
obtener la máxima información posible sobre el jugador y su rendimiento en el
partido.
A continuación se presenta un código de observación que ejemplifica
perfectamente, basándonos en un análisis real del juego, la utilidad que tiene en
el terreno práctico este tipo de instrumentos:
EQUIPO: Juvenil “A” FECHA: PARTIDO:
CAMPO: ESTADO:
OBSERVACIONES: Registro del jugador X
MINUTOS ACCIONES DEL JUEGO OBSERVACIONES
0-5
Entra en la disputa del balón y le hacen Una vez que se recupera, se encara con el contrario, le recrimina la acción y tiene que intervenir el árbitro para que la
daño en el tobillo. disputa verbal “no pase a mayores”.
5-10
Devuelve la entrada al nº 7 del equipo Le muestran tarjeta amarilla y ni siquiera se disculpa con el contrario de la entrada realizada. Una vez que le enseñan la
contrario sin entrar a disputar el balón tarjeta le dice al árbitro que “la suya sí pero la del contrario nada”. A partir de ese momento entra muy poco en juego, ha
perdido la concentración por completo. El entrenador le recrimina su actitud y saca a calentar a un compañero, lo que
aumenta su desconcentración.
10-15
Falla un pase sencillo en corto y lanza una Pierde el balón y se queda quieto autorecriminándose el fallo durante más de cinco segundos, lo que provoca que el
patada al césped como gesto de rabia. entrenador le chille desde el banquillo.
15-20
Realiza una acción de calidad en la zona No deja que nadie realice el lanzamiento, lo hace el mismo y lo convierte en el primer tanto del partido. Se pone eufórico y le
de creación hacia la de finalización y, antes “lanza” una mirada de desafío al entrenador por sus comentarios anteriores.
de entrar en el área, le traban y le hacen
falta.
20-25
Participa mucho en el juego, aunque está El jugador ahora parece controlarse más y no realiza gestos ni comentarios disonantes con la situación.
sobreactivado y en dos acciones entra al
balón a destiempo aunque sin causar daño
al contrario. El árbitro le advierte que
tiene una tarjeta.
25-30
Realiza otra jugada individual de gran El jugador cae en primera instancia al suelo, el contrario trata de levantarle para que no pierda tiempo y él se levanta y le
calidad y, tras rebasar a dos contrarios, le suelta un manotazo al aire para quitárselo de encima. El árbitro se acerca y les enseña la segunda cartulina amarilla a los
realizan una entrada muy dura. dos, lo que significa la expulsión del jugador. Se pone a insultar al contrario, el árbitro le señala que se vaya del terreno de
juego y le dice que “se ha dejado caer porque sino no se hubiera levantado en la disputa”, el jugador entonces le dice que
está “loco” y tardan cuatro minutos en sacarle del terreno de juego.
Observaciones finales: El jugador ha sido sancionado con seis partidos de suspensión.
Como se puede comprobar, las principales conclusiones que se pueden extraer a
nivel individual de este jugador se refieren a que necesitamos trabajar con él las
habilidades sociales y el control de su actitud y de su agresividad en el terreno de juego.
Este tipo de trabajo podríamos realizarlo a partir del análisis del partido
basándonos en un tipo de información lo más objetiva posible (por ejemplo con la
filmación del mismo), de manera que se pudiera establecer un sistema de costes-
beneficios a nivel individual y de equipo de las consecuencias inmediatas de este tipo de
acciones. Como es lógico, tendríamos que contrastar previamente el historial del
jugador y el número de incidencias similares a la del ejemplo que ha tenido, de manera
que pudiéramos realizar un análisis funcional sobre cómo se han ido generando este tipo
de conductas y qué factores la están manteniendo (que pueden ser desde los padres que
le dicen que tiene que ser más agresivo, a la presión por hacerse con un sitio en el
equipo que le hace salir demasiado nervioso al campo, hasta el sistema de trabajo
implantado por el entrenador, etc.).
2.9. Reflexiones finales
El trabajo en ciencias del deporte exige la necesidad de realizar un intento de
aproximación del análisis del rendimiento individual y grupal del jugador hacia una
metodología de trabajo lo más objetiva y científica posible. En el terreno de la psicología
del deporte, consideramos que el empleo de instrumentos de observación que nos
permitan acercarnos al máximo a la realidad psicológica del jugador resulta esencial.
Como ya sabemos, la posibilidad de acceder de forma directa a las sensaciones,
cogniciones, emociones y conductas de los deportistas es compleja, exigiendo del
dominio y del conocimiento de una serie de herramientas que reúnan un mínimo de
garantías científicas y que, de un modo indirecto, nos permitan extraer una información
muy valiosa sobre el rendimiento del jugador y sobre el margen que podemos concederle
a las variables psicológicas en su explicación.
Nuestra experiencia personal nos hace percibir que el uso de esta metodología de
trabajo va en aumento y que, desde la perspectiva psicológica, el dominio, ya no solo de
los códigos, sino también de los principales conceptos del deporte en el que estemos
trabajando –ver capítulo 1-, se nos antoja indispensable para poder realizar un trabajo
profesional que responda a las necesidades existentes.
Del mismo modo, en la génesis de un código de observación como los que hemos
presentado, deberá de tenerse en consideración la colaboración multidisciplinar de un
conjunto de profesionales que conforman la idea global y estructurada de cuáles son los
Centro Olímpico de Estudios Superiores
principales aspectos conductuales que deben recogerse para poder dar sentido a la
información obtenida. De nuevo rescatamos, por lo tanto, la idea central de trabajo
científico multidisciplinar.
A lo largo de este capítulo hemos presentado la lógica que sustenta la
observación científica aplicada al deporte. Como es lógico, con esta metodología de
trabajo no se abarca más que un aspecto limitado de la evaluación psicológica que se
debe realizar en la alta competición. En el próximo capítulo abordaremos la utilidad de
los autoinformes en el trabajo real, diario y aplicado a la evaluación psicológica.
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PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN
1. ¿Cuáles son las medidas principales que encuentras en el proceso científico de la
observación?.
2. ¿Qué tipos de observación conoces en función de la cantidad de estructuración
que el investigador impone a la situación?.
3. Cita un ejemplo para cada una de las fuentes potenciales de error que puedes
encontrar en el proceso de observación.
4. ¿Qué criterios consideras que debe cumplir la obsevación para poder
considerarse científica?.
5. Cita qué situaciones de tu deporte favorito, serían las que consideras que te
ofrecen una información psicológica más interesante y justifica tu respuesta.
6. Cita las categorías de análisis que introducirías en tu código para las situaciones
escogidas en la pregunta anterior.
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