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CAPITULO 4: UNA NUEVA PERSPECTIVA ECOLÓGICA DE TRABAJO: LA
EVALUACIÓN EN EL PROPIO CAMPO DE ENTRENAMIENTO.
4.1. Consideraciones preliminares
Con demasiada frecuencia la imagen que los psicólogos del deporte hemos
ofrecido a los profesionales que trabajan en el ámbito deportivo, ha sido la de una
persona que teoriza y que domina los aspectos psicológicos implicados en el
funcionamiento cognitivo y emocional de las personas pero que, por otra parte, no es
capaz de aterrizar estos conocimientos a las necesidades emergentes que suceden en la
práctica real.
Esta crítica, que tiene una gran parte de razón y vigencia aun en nuestros días, es
una de las causas por las que consideramos que la integración del rol del psicólogo del
deporte no ha llegado a instaurarse y a consolidarse de un modo definitivo. Si el
preparador físico cumple sus objetivos de entrenamiento en el campo y no solo señala
cómo se mejora la resistencia aeróbica o anaeróbica, la fuerza y la velocidad, si el
preparador de porteros realiza ejercicios adaptados a las necesidades de cada uno de los
guardametas, si el fisioterapeuta diseña ejercicios de potenciación de las zonas
lesionadas o las que tienen una mayor probabilidad de sufrir lesiones (aunque sea a
través del preparador físico), ¿por qué los psicólogos del deporte no somos capaces de
llevar nuestros objetivos de trabajo al propio campo de entrenamiento más allá de
recomendar que se cumplan una serie de aspectos por parte del propio deportista?.
Al igual que le sucede a los preparadores físicos cuando les dan los planes de
trabajo físico para la pretemporada, o el médico que señala los ejercicios que hay que
hacer en casa para rehabilitar la lesión, también psicológicamente existen dificultades
frecuentes en conseguir la verdadera adhesión de los deportistas a nuestros programas
de entrenamiento y esto debe explicarse, no tanto por el mal trabajo del preparador
físico, del médico o del psicólogo, sino porque no debemos perder la perspectiva del
gran número de entrenamientos que se tienen a la semana y de que la realidad del
jugador no se limita a la deportiva, sino que tiene estudios que cumplir, una familia que
mantener y una esposa que acompañar, un trabajo por cumplir además del fútbol, etc.
Lo que pretendemos señalar es que el entrenamiento psicológico no puede ser
ajeno a esta realidad sino que, como ya ha sucedido en la educación física, que se acerca
cada vez más a una perspectiva ecológica encaminada a la investigación y a la
evaluación en el propio terreno deportivo en donde se desempeña la actividad, así
también deben ser cuidadas las habilidades psicológicas. En este sentido, cualquier
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psicólogo que quiera trabajar en el ARD deberá aumentar su formación en este terreno,
para ser capaces de llevar los aspectos sobre los que teorizamos al campo mismo de
entrenamiento.
A lo largo de este capítulo vamos a profundizar sobre los requisitos y condiciones
básicas que se deben cumplir a la hora de hacer este tipo de entrenamiento y que
engloban, desde la necesidad formativa a la que acabamos de hacer mención en el
párrafo anterior, pasando por la consideración de la necesidad de realizar un trabajo
multidisciplinar que aumente las probabilidades de obtener el éxito deportivo, hasta la
necesidad inminente de que todo el trabajo sea revisado y aceptado por el máximo
responsable del trabajo realizado: el entrenador. Con posterioridad se describen algunos
de los objetivos básicos y de las aplicaciones del entrenamiento psicológico aplicado al
campo de entrenamiento, objetivos que comprenden el entrenamiento de la
concentración, del nivel óptimo de activación, de la visualización y del control del
pensamiento.
Por último, cerraremos este capítulo con el análisis de las limitaciones que
presenta este tipo de trabajo, unas limitaciones que deben conocerse para que no se
creen expectativas equivocadas sobre los resultados que se pueden esperar y que nuestro
trabajo cotidiano nos dice que, quizás con demasiada frecuencia, se pueden llegar a
producir.
Gráfica 4.1. Como aparece en la imagen, el psicólogo deportivo que trabaja en el deporte,
debe ser capaz de aplicar sus conocimientos en ejercicios de entrenamientos aplicados al propio
campo de juego.
4.2. Requisitos previos del trabajo psicológico aplicado al campo
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Cuando se plantea la necesidad de estructurar y de realizar un trabajo
psicológico aplicado al campo de entrenamiento, resulta irremediable que surjan
algunas cuestiones referentes a la formación actual que poseen los psicólogos que
trabajan en deporte y a la forma de incluir este tipo de trabajo en la planificación
metodológica habitual. Para responder a estas cuestiones, vamos a dividir este apartado
en tres partes: en primer lugar, analizaremos la formación que tiene que poseer el
psicólogo del deporte para poder llevar a cabo con garantías este trabajo; en segundo
lugar, los pasos lógicos que deben seguirse para poder llevarlo a cabo, entre los cuales
se encuentra la reunión previa con el entrenador y la aceptación de este tipo de trabajo
y, en tercer y último lugar, la importancia del trabajo multidisciplinar para poder
entender de un modo completo el enfoque que presentamos.
4.2.1. La formación del psicólogo del deporte.
La línea argumental que defendemos a lo largo del presente módulo es que las
diferentes variables psicológicas implicadas en el ARD, pueden entrenarse por dos
figuras fundamentales: el psicólogo del deporte y el propio entrenador. Esta afirmación,
que en teoría parece lógica, cuando se habla de trabajo multidisciplinar, llega a incluir,
en la definición de algunos contenidos de entrenamiento, al resto del cuerpo técnico.
Debido a que la práctica habitual ha llevado a que el propio entrenador era el
encargado de mejorar “psicológicamente” a los deportistas, y a que presentan grandes
limitaciones para hacerlo, la situación más idónea que se propone es por un lado, la de
aumentar la formación psicológica de lo entrenadores y, por otro, aumentar la deportiva
de los psicólogos especializados en deporte.
Las siguientes líneas se centran en un análisis superficial de los requerimientos
básicos que debería cumplir cualquier psicólogo para poder realizar un tipo de trabajo
aplicado al campo de juego –y que la mayoría, por supuesto, no cumplen-.
Los planes de estudio actuales para poder desempeñar la labor como psicólogo
del deporte implican, por un lado, la obtención del título de licenciado por un centro
autorizado por el Ministerio de Educación y Cultura y, posteriormente, la obtención del
título de Máster Universitario en Psicología del Deporte que garantice, mediante unos
estudios suficientes, la adaptación de la formación académica recibida a los principios
básicos de las ciencias del deporte.
Hasta este punto, el trabajo que se suele realizar en psicología del deporte
capacita, solo en parte, la posible actuación del psicólogo con las herramientas que se
han descrito hasta el momento pero, sin lugar a dudas, impide que se pueda realizar este
tipo de trabajo por el cual abogamos por el simple hecho de que la formación recibida es,
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a todas luces, insuficiente y, desde nuestro punto de vista, sobrecargar al entrenador con
más trabajo para que diseñe ejercicios destinados a trabajar ciertos aspectos, puede ser
útil en algún momento pero sirve tan solo de parche porque, a la postre, la labor
psicológica se llega a percibir más como una carga extra de trabajo, que como un apoyo
(máxime cuando hasta la fecha, en la mayoría de los deportes, se ha trabajado a la
perfección sin psicólogo y sin entrenar estas habilidades de un modo estructurado).
Por lo tanto, si consideramos que este tipo de trabajo es útil, resulta necesaria
una ampliación de la formación recibida en la línea que presentamos a continuación:
1. Obtención del título de primer nivel de entrenador del deporte de que se
trate. Un psicólogo que desee poner en practica un trabajo psicológico
aplicado al campo de entrenamiento, debe conocer en profundidad las
bases del entrenamiento deportivo de manera que sea capaz de poner en
práctica ejercicios de entrenamiento capaces de responder a las
demandas que se producen en el deporte. En este sentido, consideramos
que el nivel I de formación, que capacita a entrenar hasta equipos
juveniles, puede ser el idóneo, no porque no sea positivo obtener niveles
superiores, sino porque la experiencia nos dice que los técnicos pueden
llegar a percibir como una amenaza a un profesional que se encuentre
igual de capacitado que él con, además, otros estudios extras.
2. Adquisición de un tiempo mínimo de un año de experiencia como
entrenador o como ayudante del entrenador. La experiencia alcanzada
sobre la infinidad de variables a las que debe atender un entrenador
cuando está trabajando, permite “descentrar” el pensamiento del
profesional y darse cuenta de la enorme dificultad de variables que deben
dominarse cuando se trabaja como técnico.
3. Cursos de formación en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.
Del mismo modo que la especialización en el deporte es esencial, existe
la necesidad de no conformarse con poseer unos conocimientos mínimos,
sino que cuanta más formación y conocimientos se obtengan, mejor se
podrán entrenar las habilidades psicológicas básicas -en tanto que
mantienen una íntima relación con los demás aspectos implicados en el
juego en donde destacan, esencialmente, la técnica, la táctica y la
preparación física-. En este sentido, una formación ideal que complete
los estudios realizados pueden ser cursos de formación específicos o
programas de doctorado sobre ciencias de la actividad física y el deporte,
en donde se comience a utilizar un lenguaje común con los profesionales
con los que se va a tener la necesidad de interactuar en el futuro.
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Una vez presentados los principales aspectos que consideramos necesarios para poder
optimizar el trabajo psicológico en el campo de entrenamiento, es el momento de llamar
la atención sobre por qué, con mucha frecuencia, han surgido casos de psicólogos del
deporte que no han obtenido los resultados esperados.
Sin entrar a polemizar en profundidad sobre varias cuestiones que trascienden a la
formación de los psicólogos del deporte, sí que parece cierto que ésta es susceptible de
ser mejorada respetando la lógica formación que hasta el momento han tenido que pasar
los demás profesionales que trabajan en el deporte. Así, los preparadores físicos, pese a
tener la maestría en el deporte en el que trabajan, buscan la obtención del título de
entrenador para poder adaptar mejor sus conocimientos a la realidad deportiva actual,
se preocupan por hacer cursos de psicología aplicada que les ayude a mejorar sus
recursos de trabajo para obtener un mayor rendimiento de su grupo. Los entrenadores,
por su parte, también buscan realizar cursos de las diferentes áreas de trabajo para
completar su formación y poder trabajar, codo con codo, con todos los profesionales
que tengan a su disposición y lo mismo sucede con todas y cada una de las figuras que
integran el cuerpo técnico.
Pues bien, este punto de partida ideal es el que tratamos de defender porque, al
fin y al cabo, si todos los profesionales se “empapan” de conocimientos de otras áreas
para mejorar su labor y su desempeño profesional, ¿por qué no debe hacerlo el
psicólogo del deporte, máxime cuando permite su integración en mucha mayor medida
que si no lo hace?.
4.2.2. Pasos necesarios para poder realizar el entrenamiento psicológico aplicado al
campo de entrenamiento.
Cuando un profesional del deporte posee la suficiente formación psicológico-
deportiva como para plantear un trabajo aplicado al terreno de juego, resulta
imprescindible que sea consciente de la necesidad de respetar una serie de pasos que son
ineludibles para poder llevar esta planificación a buen término. En concreto, estos pasos
a los que estamos haciendo referencia incluirían:
• La reunión previa con el entrenador, en donde se explicitan los objetivos, lógica del
trabajo que vamos a realizar, material necesario, grupos de trabajo ideales y todos
los aspectos que se consideren necesarios para el momento concreto de la temporada
en el que se encuentren, de manera que se eliminen las dudas que el técnico pueda
tener y se le puedan presentar algunos ejemplos del trabajo que se quiere poner en
marcha.
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• El siguiente paso consistiría en implicar a todo el cuerpo técnico y, más
concretamente, al preparador físico y al entrenador, puesto que la lógica del trabajo
exige, en varias de sus fases, de la integración del trabajo psicológico con una
elevada carga física que debe estar controlada en todo momento por los
profesionales que se encargan de ellas.
• Una vez que se han efectuado estas reuniones y que contamos con el visto bueno del
técnico, se le presenta una planificación general del trabajo que se desea poner en
marcha y de los primeros ejercicios de entrenamiento que se quieren implantar para
que, de esta manera, se puedan realizar las modificaciones oportunas y sea un
trabajo totalmente integrado dentro de la planificación general que se había
establecido con anterioridad.
A continuación se presenta una planificación más detallada de todos y cada uno
de estos pasos:
I. Reunión con el entrenador.
Esta reunión debe planificarse y establecerse a principio de temporada con el fin
de integrar el trabajo psicológico desde un comienzo y que se perciba como una parte
más de la planificación deportiva. Está claro que, siempre que no vaya a trabajar un
psicólogo en el cuerpo técnico, y que vaya a ser el mismo entrenador el que realice el
trabajo, esta planificación debería ser igualmente válida y planificada.
Suele resultar muy adecuado entregar una serie de material y de bibliografía
donde se apoye este tipo de trabajo y donde el entrenador perciba que no se trata de
utopías ni de un sistema ideal de trabajo sin ninguna practicidad, sino de una realidad
que permite la mejora del jugador y del equipo y que, por esta misma razón, va a poder
aumentar el rendimiento de los jugadores y del equipo.
Una vez que se han planteado los principios básicos en los se fundamenta este
trabajo, suele ser común la respuesta inmediata, por parte del técnico, sobre el escaso
tiempo del que dispone para trabajar sus contenidos técnico-tácticos, lo que imposibilita
llevar a cabo el trabajo psicológico que se le presenta. En este sentido, es muy
importante hacerle ver que los aspectos psicológicos deben ser integrados en la realidad
deportiva del equipo porque, de no ser así, resulta imposible mejorar en esta área por
“ciencia infusa”. En todo caso, si el entrenador continúa mostrando su interés pero se
muestra reacio a incluir este tipo de trabajo dentro de su organigrama por problemas de
tiempo, resulta recomendable proponerle incluir algunos aspectos del entrenamiento que
teníamos diseñado dentro de los ejercicios que él mismo prepara cada semana, lo que
exige un esfuerzo por acomodar ambos trabajos y que implica, a su vez, el aumento de
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las reuniones periódicas semanales que se mantienen con el técnico.
Por otra parte, uno de los miedos más frecuentes de los entrenadores cuando se
les presenta esta metodología, es de perder parte de su autoridad a favor del psicólogo,
lo cual se basa en ideas irracionales generadas por desconocimiento del trabajo, por
épocas anteriores en las que los preparadores físicos ocupaban el espacio dejado por los
entrenadores en el momento en el que a éstos les despedían por obtener malos
resultados (lo que, a la postre, fue en contra de la figura del preparador físico), y por
problemas de autoconfianza en donde la autoridad se percibe de una manera
distorsionada en donde lo que prima no es la labor de dirección y de asesoramiento para
obtener los mejores resultados posibles de la plantilla, sino más bien ensalzar la
autoestima de uno mismo situándose por encima de las demás personas que trabajan en
el equipo incluyendo, como no, los jugadores.
Este tipo de situación se está subsanando en la actualizan con las nuevas
generaciones de entrenadores que comienzan a surgir y que poseen un nivel de
formación muy completo en todas las áreas, eliminando esos problemas de confianza
previos que existían y comprendiendo perfectamente la necesidad de incluir un trabajo
psicológico aplicado dentro de la metodología de trabajo habitual del equipo.
Hablar de que el trabajo del psicólogo puede llegar a restar autoridad al
entrenador es, desde nuestro punto de vista, una falacia que debe evitarse y un error en
la comprensión de la lógica que subyace al trabajo psicológco en el deporte que, al fin y
al cabo, tan solo permite aumentar, aunque sólo sea en un porcentaje pequeño, el
rendimiento posterior del deportista, pero que es un porcentaje que, sin duda alguna, en
el alto rendimiento puede definir la diferencia entre el éxito y el fracaso (este
planteamiento no quiere negar que puede que haya psicólogos que también tengan este
mismo problema de querer asumir una excesiva responsabilidad en el equipo y de tener
un rol que en ningún momento le corresponde, pero que existan malos profesionales no
invalida la lógica del razonamiento que acabamos de presentar).
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Gráfico 4.2. La comunicación entre los diferentes integrantes del cuerpo técnico debe ser, en todo
momento, fluida. En la imagen aparece el entrenador con el preparador físico y con el psicólogo del
deporte cambiando impresiones sobre el partido que se va a disputar.
II. Implicación de todos los componentes del cuerpo técnico.
Cuando se quiere integrar el trabajo psicológico dentro del campo de
entrenamiento, son múltiples las variables que se tienen que manipular para obtener
buenos resultados y que trascienden los aspectos meramente psicológicos y cognitivos
para introducirse en los técnicos, los tácticos y los físicos, de manera que un
entrenamiento para la mejora de las habilidades psicológicas básicas no está exento,
aunque no sea ese el objetivo principal del trabajo, de ciertos componentes que aparecen
en cualquier competición y que son necesarios para acercar el entrenamiento
psicológico a la disciplina deportiva de que se trate.
Así por ejemplo, como ya se comentará al introducir el entrenamiento en
concentración, puede resultar interesante entrenar a los deportistas en condiciones de
presión cognitiva alta y, una de las variables que nos puede ayudar a cumplir este
objetivo, es el aumento de la fatiga física que lleva consigo una ralentización en la
rapidez del procesamiento cognitivo, una aceleración en la toma de decisiones y una
peor calidad de ejecución técnico/táctica. Pues bien, la implicación del preparador físico
es, bajo este planteamiento, muy importante porque debe supervisar el volumen y la
intensidad de los ejercicios que planteamos, de manera que nuestra labor no perjudique
el trabajo que realiza sino que sirva, incluso, para mejorarlo.
La cantidad de esfuerzo que se imprime en el trabajo evaluado desde un punto
de vista integral, resulta necesario en el entrenamiento psicológico aplicado al campo,
de manera que la implicación del cuerpo técnico en nuestra labor resulta indispensable.
Por último, resulta importante que se destaque que debe existir un canal de
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comunicación lo más abierto posible entre todos sus integrantes porque, si en algún
momento existe algún problema o se considera que un tipo de trabajo no va a producir
los efectos deseados, o no resulta oportuna su inclusión por algún motivo, es necesario
que se pueda discutir y que exista la suficiente confianza como para que la capacidad de
crítica constructiva sea bien entendida y pueda tener lugar para permitir la evolución de
los sistemas de entrenamiento.
III. Presentación de la planificación general del trabajo.
Uno de los aspectos que consideramos más importantes porque ofrecen una
visión global de los objetivos generales que se persiguen, es la entrega al entrenador de
la planificación general de la temporada, en donde se incluyen el número de sesiones
que se consideran necesarias, un resumen del material que se va a necesitar para poder
cumplirlo con el máximo de garantías y, al mismo tiempo, recomendamos apoyar esta
planificación con un programa más concreto que sirva de apoyo y de ejemplo al
entrenamiento en las primeras sesiones de trabajo que se deseen poner en práctica. Así
por ejemplo, si se opta por comenzar a entrenar la concentración de los deportistas en
condiciones de fatiga física, es adecuado que se presenten algunas sesiones -como las
que ponemos en el capítulo dedicado a la concentración-, en donde el entrenador se
forje una idea más clara y concreta sobre la manera en la que vamos a llevar a la
práctica nuestro entrenamiento.
Resulta pertinente remarcar que, al igual que sucede en el entrenamiento de
nociones técnicas o tácticas, la mejora que se produce no es ni mucho menos inmediata,
sino que sigue un proceso determinado, en gran medida, por la calidad del trabajo que
se realice y por el número de sesiones en las que se pueda entrenar. En este sentido,
nuestra experiencia es que resulta complejo realizar más de una sesión semanal -de
aproximadamente 40 minutos dividida en varios grupos de trabajo-, lo que significa que
el resto de entrenamientos que se tienen en la semana no deben ser ajenos a los
contenidos que se han trabajado en ese breve espacio de tiempo y, por lo mismo, resulta
necesario que el entrenador ponga énfasis en su mejora aún cuando los ejercicios que se
realicen no estén específicamente diseñados para ello.
IV. Evaluación y adaptación continua del plan de trabajo.
Como cualquier persona que trabaja en el ARD sabe, los resultados de las
competiciones son los que marcan el tipo de trabajo posterior que se realiza: si
hablamos de deportes colectivos y se ha fallado en las coberturas defensivas, una parte
del volumen de entrenamiento de esa semana estará encaminado a mejorarlas; si se falla
en el juego aéreo, se realizarán ejercicios donde se puedan pulir estos defectos, etc. Sin
entrar en un debate sobre la adecuación de esta metodología más reactiva que proactiva,
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sí que merece la pena que, además de destacar esta realidad de la alta competición,
seamos capaces también de considerar el trabajo psicológico dentro de esta lógica.
A modo de ilustración y de ejemplo de lo que estamos comentando, la realidad y
la experiencia nos indica que, si en un partido se achaca la derrota a la pérdida de
concentración de una línea de juego en concreto, como puede ser la defensiva, entonces
la demanda del entrenador estará encaminada a trabajar, durante esa semana y en el
tiempo que dure esta percepción, sobre los defectos encontrados, de manera que el
psicólogo deportivo debe asumir la parte de responsabilidad que tiene en este tipo de
trabajo y exigir, al igual que lo hace el preparador físico en su faceta, la máxima
implicación de los jugadores en estos entrenamientos.
Una buena planificación psicológica será, no solo la que es capaz de describir de
una manera perfecta toda una metodología aplicada, sino también la que es capaz de
adaptarse a las demandas que la realidad competitiva le manifiesta, de manera que no
puede ser un plan cerrado y completo que funcione a modo de recetario, sino más bien
un plan flexible capaz de modificarse en cierta medida, aunque no en su estructura
básica ni en su lógica interna (de ser así probablemente estaríamos ante un mal plan de
trabajo y de entrenamiento general), de manera que se puedan obtener buenos resultados
en todo momento porque se haya sido capaz de adaptar el trabajo a las necesidades
imperantes en el momento. Pese a todo, como es lógico, debe existir una estructura
general que nos permita que no estemos continuamente modificando nuestro modo de
trabajar pero, si bien esto es cierto, no lo es menos que la realidad competitiva exige
resultados inmediatos y sólo unos pocos afortunados pueden permitirse el lujo de
permanecer en sus puestos de trabajo aun si éstos no se consiguen.
La alta competición exige inmediatez en cuanto a los resultados se refiere, se
contrata a un técnico y se le exige que sea capaz de sacar el potencial máximo de sus
deportistas en un periodo breve de tiempo y que, además, practiquen su deporte de un
modo brillante. La persona que asume el reto de penetrar en este mundo debe asumir
que también para él existe este riesgo y deberá aprender a convivir con la ansiedad
constante que produce estar a expensas de que un objeto con forma esférica penetre en
una línea llamada portería.
Debido a todos estos aspectos que acabamos de mencionar, parece coherente que
expresemos la necesidad de trabajar desde la base a partir de una filosofía formativa
más que competitiva en donde los resultados ocupen un segundo término y donde se
puedan trabajar ciertos factores que correlacionan con el alto rendimiento a medio y
largo plazo con un elevado nivel de tranquilidad. El deporte de base, en este sentido,
debe considerarse como el “caldo de cultivo” del deporte de alta competición
profesional y, para que éste sea de gran calidad, necesita de un plan de trabajo integral e
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integrado por varios especialistas que comprendan que en el deporte “no está todo
inventado”, y que los métodos de trabajo y de entrenamiento pueden continuar
mejorándose y progresando a cada instante.
4.3. Objetivos básicos y aplicaciones
Una vez que se han presentado las bases procedimentales para poner en marcha
el proceso de entrenamiento psicológico en el campo de entrenamiento, vamos a
profundizar en los objetivos básicos que nos proponemos a la hora de realizar este tipo
de entrenamiento, así como sus aplicaciones fundamentales en el deporte de
competición utilizando, como viene siendo habitual a lo largo del módulo, ejemplos
tomados del fútbol de manera que el alumno los pueda extrapolar, con las
modificaciones oportunas, a su especialidad deportiva.
Los objetivos básicos del entrenamiento psicológico de campo, así como sus
aplicaciones, se presentan en los siguientes puntos:
• Mejora de la concentración en condiciones de fatiga física y de ansiedad elevada.
En las competiciones en las que se debe rendir a un alto nivel, tienen determinada
duración y el resultado es incierto, es importante que se sepa responder en
condiciones adversas de fatiga física y mental, de manera que, si somos capaces de
controlar el pensamiento en esas situaciones, aumenta la probabilidad de obtener
mejores resultados, ya sea a nivel individual o colectivo.
• Mejora de la concentración como consecuencia de la mejora en el dominio del nivel
de activación en condiciones de excesiva activación cognitiva (exceso de
nerviosismo). En el ejemplo del fútbol, este tipo de problemas se encuentran a nivel
colectivo cuando el equipo es criticado por diferentes sectores (prensa, público,
directiva, etc.); a nivel grupal cuando, por ejemplo, una línea de juego como la
delantera, no consigue goles y se les comienza a echar en cara este déficit de
rendimiento y, a nivel individual, cuando un jugador concreto, por ejemplo,
necesita demostrar en veinte minutos de tiempo que tiene un puesto en el once
inicial o, después de salir de una lesión, está en disposición de volver a luchar con
un puesto y todavía tiene algo de inseguridad en la zona ya recuperada.
• Mejora de la concentración como consecuencia de la mejora en el dominio del nivel
de activación en condiciones de baja activación cognitiva (exceso de relajación).
Existen múltiples situaciones en las que un deportista se considera superior
teóricamente al contrario y, como consecuencia de este exceso de confianza, se
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produce una bajada evidente en el rendimiento. Al igual que sucede en los puntos
anteriormente descritos, este problema también puede aparecer a nivel grupal e
individual.
• Mejora de la concentración como consecuencia de la mejora del mecanismo
perceptivo. Este trabajo está orientado a que el deportista oriente su atención ante
estímulos pertinentes y sepa separarla de los “ruidos potenciales” que se le pueden
presentar en el desarrollo de un partido. En este sentido, la capacidad y la rapidez
con la que se controlen los cambios en el foco de atención son vitales, de manera
que el deportista que sea capaz de mantenerlo siempre en los aspectos adecuados,
será el que mejores resultados obtenga. Por último, tan solo señalar que la famosa y
difundida tarea de la rejilla de concentración y la prueba de Toulouse-Pieron,
realizan un intento de trabajar este reducido apartado de la concentración de un
modo tan alejado de la realidad deportiva que, si su empleo excede al de la labor
pedagógica de presentación de la existencia de diferentes focos de atención y de la
necesidad de obtener buenos resultados en función de la rapidez con la que éstos se
pueden cambiar superando cualquier distracción, consideramos que es un enfoque
erróneo del entrenamiento psicológico aplicado al deporte.
• La mejora de la concentración como consecuencia del mantenimiento de la atención
en condiciones adversas. Este tipo de entrenamiento suele realizarse con el del
punto anterior y se refiere a los momentos en los que un deportista puede “entrar”
en disputas dentro de la competición que esté disputando, de manera que le
descentran. Estas distracciones pueden ser externas (como una dura entrada o una
cartulina amarilla que no se merece), e internas (como sus propios pensamientos y
emociones). El modo de entrenar estos aspectos consiste en provocar distracciones
continuas, de manera que necesiten responder de forma óptima en esas condiciones.
Pensemos, por ejemplo, en los problemas y miedos que tiene un guardameta en los
saques de esquina y en el juego aéreo; de manera paulatina le haremos someterse a
distracciones mayores como un contrario que tenga solo la misión de molestarle en
la salida, de manera que aprenda a reaccionar en ese tipo de situaciones.
• La mejora de la concentración en función de la duración de la competición. No cabe
duda de que una de las dimensiones de la concentración es la necesidad de
mantenerla durante el tiempo que dure la competición –por ejemplo, los noventa
minutos de un partido-. Si bien esto es cierto, no cabe la menor duda de que esta
relación no es lineal, sino más bien curvilínea y motivada por las numerosas
interrupciones que pueden suceder. Nuestro planteamiento en su trabajo aplicado al
campo se dirige, más que a entrenar la concentración como resistencia a la
monotonía, trabajarla respecto a la recuperación del nivel de activación y de
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concentración en cada momento de interrupción, de manera que éstos afecten lo
menos posible y, por el contrario, motiven la “lectura de su propia actuación hasta
el momento” para propiciar que, si las condiciones son negativas y se están pasando
apuros, se pueda atacar la concentración del contrario mediante la adecuación de la
ruptura del ritmo de competición empleando varias estrategias -siempre dentro de la
normativa del juego limpio que exige el reglamento-.
• La mejora de la concentración en los deportes colectivos en condiciones en las que
se deben tomar decisiones tácticas complejas. El punto de vista del que partimos es
que, en este tipo de deportes, la táctica explica todo el trabajo psicológico, técnico y
físico que se debe realizar con el equipo. Si no se entiende este planteamiento
resulta complejo comprender la necesidad de entrenar la concentración en
condiciones en donde la complejidad de las situaciones exigen tomar decisiones
complejas. La diferencia entre un buen y un gran jugador quizás radica en que éste
último ha aprendido a dirigir todos sus recursos de manera óptima hacia las
variables pertinentes en situaciones en donde el buen jugador no es capaz de
obtener la máxima ventaja posible. Consideramos, por lo tanto, que resulta
absolutamente necesario el entrenamiento en estas condiciones para confrontar al
jugador ante las numerosas condiciones del juego que le pueden perjudicar y
permitirle solucionarlas de un modo óptimo.
• La mejora de la concentración respecto al mecanismo de ejecución motriz. Esta
parte del entrenamiento de la concentración exige implicar también las variables
que implican que el deportista necesite responder técnicamente ante las demandas
de la situación, siendo capaz de mantener la concentración en todo momento aun
cuando las demandas técnicas son muy exigentes. En el fútbol, un delantero que
afronta un “uno contra uno”, no debe bloquearse pensando en la mejor solución
posible, sino que necesita responder de un modo automático a esas situaciones para
poder maximizar su rendimiento. Aún sin darse cuenta, en el momento en el que los
técnicos trabajan la técnica están trabajando al menos en parte, la concentración del
jugador puesto que, entre otras cosas, impiden que se produzcan errores posteriores
que conllevan posibles distracciones del juego.
• La mejora de la concentración tras varios errores consecutivos. Cuando un
deportista comete varios errores seguidos, aumenta la probabilidad de que pierda la
confianza y, como consecuencia, de que tenga más pensamientos de este tipo y de
que su ansiedad aumente provocando un empeoramiento de las destrezas técnicas
más sutiles. Como en el ARD estos errores se producen, resulta necesario preparar
al deportista para que sepa responder ante ellos, sepa “levantarse” y pueda
conseguir un buen rendimiento.
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Este tipo de ejercicios pretenden provocar errores de ejecución (sin que el
deportista conozca que éste es el objetivo) y, contando con la ayuda del técnico
como variable de presión, provocar los errores lógicos de ejecución de manera que,
a partir de ahí, entrenemos las técnicas más elementales del control del pensamiento
para mejorar el rendimiento.
Una última recomendación en este sentido es hacer que los calentamientos
previos sean siempre con aquellas variables que ayuden a mejorar la confianza de
los deportistas –en el caso del fútbol, por ejemplo, que se realicen con balón-. En
consonancia con este ejemplo y continuando con la línea argumental, en los
partidos se puede observar con claridad meridiana como los jugadores suplentes
calientan en la banda realizando ejercicios de acondicionamiento físico general, de
manera que suelen entrar en el terreno de juego sin tener las sensaciones que
propician una adecuada confianza en sus posibilidades. En el momento en el que se
comienza a perder, correlaciona de manera estrecha con la pérdida de la
concentración y la génesis de pensamientos negativos sobre la suplencia, la
imposibilidad de rendir como lo hacía el jugador en etapas anteriores de su carrera
deportiva, etc. Desde nuestro punto de vista, en este caso, el contacto con el balón
mediante pases cortos y largos debería estar siempre presente en los jugadores
suplentes, de manera que la salida al campo supusiera una continuidad respecto al
calentamiento previo que se ha realizado.
4.4. Limitaciones del entrenamiento psicológico aplicado al campo
A lo largo de este último punto del capítulo vamos a presentar algunas de las
limitaciones más comunes que detectamos que existen en el trabajo de entrenamiento de
campo que hemos propuesto en este capítulo. En concreto, las principales críticas que le
podemos formular son las siguientes:
• Este tipo de trabajo es pionero en el enfoque psicológico deportivo actual, de
manera que resulta absolutamente necesario que se abran vías de investigación y
desarrollo que demuestren los sistemas que se revelan más eficaces, el nivel de mejoría
de cada uno de ellos en el terreno deportivo, el número mínimo imprescindible para que
se produzcan mejoras evidentes, así como, si se trata de deportes colectivos, establecer
las necesidades particulares derivadas de los puestos concretos dentro del campo que
ocupan cada uno de los jugadores.
En este sentido, la evaluación de necesidades en el propio campo es también
muy importante y consideramos que será uno de los caminos principales de trabajo e
investigación que marquen los próximos años. Al igual que sucede en el terreno de la
educación física en donde se ha producido un giro evidente en la investigación hacia
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una vertiente más ecológica de la misma, también la psicología debe responder a las
principales preguntas que se le presentan en el propio terreno de juego más que en el
laboratorio en donde todas las situaciones están controladas porque una vez más
remarcaremos que todo el trabajo, en los deportes colectivos, se explica a partir del
componente táctico del juego que, como ya vimos en el primer capítulo, posee un
carácter abierto de continuo cambio y es a partir de este planteamiento como debe
comprenderse el entrenamiento psicológico.
• No existen panaceas, solo trabajo y orientaciones en el entrenamiento. Con esto
queremos subrayar que este tipo de trabajo no va a impedir que existan situaciones,
como muchas veces piensan los entrenadores, en las que el deportista pueda perder la
concentración y se pierda. Lo que buscamos es aumentar los recursos del deportista para
que los efectos sean lo menos negativos posibles y se pueda hacer de esa situación un
nuevo reto de aprendizaje que reduzca la probabilidad de que se pierda la concentración.
• Por otra parte, como ya sabemos por las investigaciones realizadas por la psicología
social acerca de la “desgana social” o “efecto Ringelman” en donde el resultado final
obtenido en actividades que exigen de la participación de un quipo se presenta como
claramente inferior al supuesto de antemano si se analiza la calidad de cada uno de sus
integrantes, parece evidente que el trabajo psicológico y de entrenamiento en general
debe presentarse en pequeños grupos de cinco o seis deportistas a lo sumo, en donde
este efecto se reduzca al máximo y se pueda maximizar el rendimiento deportivo.
• Como ya se han comentado en párrafos anteriores, una de las principales
limitaciones de este tipo de trabajo estriba en la pobre formación que posee el psicólogo
del deporte en el terreno deportivo. Somos contrarios, en este sentido, a la labor del
psicólogo ajeno a la realidad del deporte en el que trabaje.
• El tiempo disponible puede provocar que este tipo de entrenamiento más específico
deba integrarse en el planteamiento más general desarrollado por el entrenador. En este
caso es importante destacar que puede esperarse que los efectos del mismo sean
menores, por lo que la responsabilidad del psicólogo debe percibirse también como más
limitada en estos aspectos. Somos partidarios de asumir al máximo las
responsabilidades de nuestro trabajo pero para que pueda hacerse deben garantizarse
unas mínimas condiciones de entrenamiento que permitirán conseguir ciertos resultados
y no otros. Este aspecto es importante por las expectativas erróneas que pueden
formarse en la mente del entrenador; nuevamente debemos señalar que el entrenamiento
psicológico de campo, al igual que el resto del trabajo que se desempeña con la
plantilla, no es una pócima mágica que asegura el mejor resultado posible, pero sí que
aumenta las probabilidades de conseguirlo.
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Gráfico 4.3: El trabajo psicológico no evita que en situaciones como las de la imagen, en la que el
portero acaba de encajar un gol, no existan emociones negativas ni sentimientos de rabia, pero sí
que permite tener herramientas para reconducir la situación.
4.5. Consideraciones finales
Las nuevas vías de trabajo y de entrenamiento que están presentes en el ARD
exigen, como hemos podido analizar a lo largo de los diferentes puntos de este capítulo,
que las diferentes ciencias implicadas en el rendimiento deportivo puedan integrar sus
esfuerzos para que los resultados se optimicen y se obtengan los mayores beneficios
posibles de nuestros jugadores y equipos.
En este sentido, la psicología del deporte aplicada necesita llevar los
conocimientos teóricos que posee al ámbito en donde se produce la realidad
competitiva, es decir, al campo de entrenamiento. Además de las numerosas ventajas
que hemos ido detallando, hablar de la posibilidad de realizar un trabajo psicológico en
el campo de entrenamiento hace posible que se abran nuevas perspectivas y líneas de
investigación con las que, en un futuro que esperamos próximo, se puedan ofrecer
algunas respuestas relevantes a muchas de las preguntas que se suscitan en la actualidad
y ante las que consideramos que es muy complicado ofrecer una respuesta satisfactoria
desde un laboratorio que poco tiene que ver con la práctica deportiva.
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Al igual que sucede con el resto de factores implicados en el rendimiento
deportivo, nos parece relevante volver a destacar que, en el caso de los deportes
colectivos, los psicológicos sólo pueden encontrar significado a partir del componente
táctico, puesto que es la brújula principal que dirige y marca los pasos en los que hay
que orientar el trabajo que se desee realizar con el equipo. Si se aparta el entrenamiento
de la realidad en la que se ve inmerso el propio jugador, se está modificando una parte
esencial del juego que constituye su esencia.
En este sentido, el trabajo que debe realizar el psicólogo del deporte es el de
tratar de asemejar al máximo las condiciones y obstáculos psicológicos que se producen
en las competiciones, en los diferentes ejercicios de entrenamiento que, como ya hemos
descrito, pueden ser realizados por el mismo psicólogo, siempre y cuando posea una
formación adecuada y esté autorizado y supervisado por el entrenador, o puede llevarlo
a efecto éste último introduciendo, dentro de su propia metodología, aspectos que
complementen los ejercicios que se realicen.
Por último, respecto al debate que existe en la actualidad acerca de la idoneidad
de realizar un entrenamiento más globalizado o más analítico y que también alcanza de
lleno a la filosofía que subyace a los aspectos mencionados en este capítulo, partimos de
que el primero iguala en mayor medida las condiciones reales de la competición y en
realidad ahí radica su verdadero interés mientras que, por otro lado, un entrenamiento
más analítico puede servirnos de ayuda en momentos puntuales en los que nos interese
trabajar algunos aspectos concretos del juego aunque, como es lógico, deberemos
conocer los límites que presentan porque a buen seguro que será sólo una parcela de la
realidad a la que estemos atendiendo.
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PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN
1. Cita las principales ventajas e inconvenientes que encuentras en la
evaluación de las principales habilidades psicológicas en el campo de
entrenamiento. Justifica tu respuesta respecto al deporte en el que trabajas.
2. ¿Qué figuras consideras que deben integrar el cuerpo técnico en el que
trabajas para poder desarrollar este tipo de pruebas?.
3. Cita los objetivos básicos del entrenamiento psicológico aplicado al
campo/cancha.
Céntrate en un deporte, el que quieras, y trata de explicar algunas conductas que
observas que se realizan, aunque sea de un modo “informal” y desestructurado, para
mejorar las destrezas psicológicas de los deportistas.
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