MITOS
1. La Llorona
Cuentan los abuelos que, hace muchos años, vivía una mujer hermosa y humilde
que se enamoró perdidamente de un hombre acaudalado. Juntos tuvieron dos
hijos, quienes eran la luz de su vida. Durante un tiempo fueron felices, pero el
hombre comenzó a distanciarse: llegaba tarde, evitaba a su familia y, poco a poco,
dejó de reconocerla como su compañera.
Una noche, la mujer lo vio pasar montado a caballo con otra dama. Sintió que el
mundo se le derrumbaba. La rabia, la tristeza y la desesperación se combinaron
en su pecho hasta nublarle el pensamiento. En un impulso fatal llevó a sus hijos al
río, como si buscara que el agua calmara su dolor, pero el desespero se volvió
más fuerte que la razón. En un instante que nunca pudo deshacer, los hundió en
el cauce.
Cuando volvió a la cordura, ya era tarde: los pequeños no respondían. Gritó, lloró,
se arrancó el cabello y pidió al cielo que la castigara. Dicen que desde entonces
su espíritu vaga por las noches, vestida de blanco, con el cabello suelto y el rostro
desencajado, buscando a los hijos que ella misma perdió.
En los caminos, en los ríos y en las calles solitarias aún se escucha su lamento
arrastrado: “¡Ay, mis hijos!”
Quien la oye de cerca está a salvo; quien la escucha lejos, corre peligro.
2. El Nahual
Desde tiempos antiguos se dice que algunos hombres nacen con un misterioso
don: el de unirse espiritualmente con un animal para proteger su comunidad o
para aprovechar poderes secretos. A estos seres se les llama nahuales.
Una de las historias más contadas es la de un anciano que vivía en los límites del
monte. Nadie lo veía trabajar, pero siempre tenía comida, leña y agua en
abundancia. Los vecinos comenzaron a sospechar que algo extraño sucedía: en
las noches veían un enorme coyote merodear por las casas y nunca se le podía
espantar. A la mañana siguiente, el anciano aparecía con cansancio extremo,
como quien ha caminado kilómetros.
Un día, unos jóvenes decidieron descubrir la verdad. Lo siguieron de lejos hasta
ver cómo, al caer la noche, el anciano se arrodillaba frente al fuego. Murmuró
palabras antiguas y su cuerpo comenzó a deformarse. Sus manos se hicieron
patas, su rostro se alargó, y en cuestión de segundos, un coyote gigantesco ocupó
su lugar.
Los muchachos, aterrados, corrieron de regreso al pueblo. Desde entonces,
muchos entendieron que algunos nahuales no eran malignos; simplemente
protegían las tierras, vigilaban el ganado y espantaban a los espíritus malos.
Pero también se dice que otros usan ese don para causar miedo, robar o
vengarse.
Nadie sabe distinguirlos… hasta que es demasiado tarde.
3. El Chupacabras
A mediados del siglo XX comenzaron rumores en los campos mexicanos:
animales amanecían sin vida, sin una gota de sangre y con dos marcas profundas
en el cuello. Los pastores decían que no podía ser obra de lobos ni pumas, pues
no les faltaban pedazos de carne; era como si algo hubiera bebido solo su sangre.
Una noche, Don Evaristo, un campesino solitario, escuchó que sus cabras
gritaban alteradas. Salió con su lámpara y su machete. Al acercarse al corral vio
una figura encorvada, de piel grisácea, ojos brillantes y espinas recorriendo la
espalda. El ser se volvió hacia él con un siseo que helaba los huesos.
Don Evaristo cayó hacia atrás del susto, y cuando alzó nuevamente la luz, aquella
criatura ya saltaba por encima del cerco, huyendo entre los matorrales con una
velocidad imposible. Las cabras estaban tiradas en el suelo, sin heridas visibles…
excepto las dos marcas que se volverían famosas.
Desde ese día comenzó el nombre: el Chupacabras.
Algunos lo describen como un ser extraterrestre; otros, como un experimento
fallido; otros más, como un animal mutado que aparece en años de sequía. Pero
casi todos coinciden en lo mismo: su andar es silencioso, ataca de noche y
desaparece sin dejar rastro, excepto el miedo y el silencio extraño entre el ganado.
4. El Charro Negro
Dicen que, en caminos polvorientos y solitarios, se aparece un jinete vestido
completamente de negro: sombrero, chaqueta, botas y un caballo que parece
surgir de las sombras. Siempre elegante, siempre impecable.
Una vez, un viajero cansado regresaba a su pueblo ya entrada la noche. De
pronto oyó el ruido de cascos acercándose. El jinete oscuro apareció de la nada.
—“Buenas noches, amigo. ¿Necesitas ayuda?” —preguntó con una voz profunda.
El viajero, temeroso pero agotado, aceptó. El Charro Negro le ofreció subir al
caballo, asegurándole que lo acercaría a casa en un instante. Cuando el hombre
estuvo a punto de montar, notó algo extraño: los ojos del caballo brillaban como
brasas, y las manos del charro estaban frías como hielo.
—“No te preocupes… conmigo tendrás riquezas, tierras y una vida sin
preocupaciones” —susurró el jinete, extendiendo una bolsa llena de monedas
doradas, demasiado brillantes para ser reales.
El viajero retrocedió. Comprendió que algo no estaba bien. En cuanto pronunció
una oración temblorosa, el Charro Negro lanzó un relincho infernal, las monedas
se convirtieron en polvo y la figura se desvaneció en humo oscuro.
Desde entonces se dice que el Charro Negro ronda los caminos buscando almas
ambiciosas, cansadas o desesperadas. Siempre ofrece algo; y quien acepta,
queda marcado para siempre.
LEYENDAS
El callejón del beso
Cuenta la leyenda que Carmen era una joven hermosa y cariñosa que vivía con su
intransigente padre. Carlos era un apuesto galán humilde dedicado a cumplir con
su trabajo.
Un día, por casualidad, Carmen y Carlos se conocieron y entre ellos surgió un lazo
indestructible. Desde entonces, el joven se situaba bajo el balcón de la casa de
Carmen, quien le respondía siempre con una sonrisa. Así pasaron semanas hasta
que, más tarde, iniciaron una conversación.
Pasó el tiempo y los jóvenes planeaban un futuro juntos. Cuando menos lo
esperaban, el padre de la joven se enteró de sus encuentros. Entonces, amenazó
a su hija con recluirse en un convento. A pesar de esto, Carmen y Carlos
decidieron continuar con la relación en secreto.
Carlos alquiló una habitación situada frente a la casa de su amada, donde podría
hablar con ella de balcón a balcón. Un día, el padre de la joven les pilló besándose
desde el balcón y, lleno de furia, clavó una daga a su hija y le quitó la vida. Desde
entonces se conoce este lugar como Callejón del Beso.
Sac Nicté
Dice la leyenda que Sac-Nicté era una antigua princesa cuando Mayapán, Uxmal y
Chichén Itzá conviven como las grandes urbes de la cultura maya. Era una época
en la que sus reyes habían hecho un pacto de paz y no existían los ejércitos.
Cuando Canek tuvo 3 veces 7 años se convirtió en rey de Chichén Itzá y vió por
primera vez a la princesa Sac Nicté teniendo ella apenas 3 veces 5 años. Desde
ese momento, ambos supieron que sus vidas estarían destinadas a estar juntos
por la eternidad. En cambio, Sac-Nicté había sido destinada por su padre, rey de
Mayapán, para ser esposa de Ulil, un sub heredero del reino de Uxmal.
Faltando solo 37 días para la boda, un mensajero de Mayapán citó al príncipe
Canek para invitarlo a la boda, a lo que respondió que no faltaría. Esa misma
noche un enano viejo visitó a Canek y le susurró: “la flor blanca te espera entre las
hojas verdes”, ¿vas a dejar que otro la arranque? Justo después, el enano
desapareció.
En Uxmal todo se preparaba para la boda, la ciudad entera había sido decorada
para la gran ocasión. Justo cuando Sac-Nicté estaba a punto de contraer
matrimonio, Canek apareció con sus guerreros y se llevó a la princesa frente a la
mirada de todos, dejando al príncipe Ulil plantado.
Este hecho terminó con la paz y Uxmal y Mayapán se unieron en guerra en contra
de Chichén Itzá. Antes de que la guerra estallara, los habitantes del Chichén Itzá
partieron una noche con la luz de la luna para salvar su ciudad. Cuando llegaron
los enemigos de Uxmal y Mayapán se encontraron la ciudad de Chichén Itzá
vacía, la cual decidieron incendiar. Desde entonces la ciudad quedó abandonada
hasta nuestros días.
La china Hilaria
Cuenta la leyenda que, en la calle de la Alegría, hace muchos años vivió Hilaria
Macías, conocida por todos como china Hilaria, ya que tenía el cabello muy rizado
y hermoso.
Con el tiempo un hombre poco recomendable, conocido como el Chamuco, se
enamoró de Hilaria. Esta no quiso corresponderle ya que sentía cierto rechazo, no
solo a su aspecto, sino también a su personalidad. El cambio, el Chamuco insistía,
primero con modestia, después con palabras soeces.
Hilaria comenzó a sentir miedo y decidió visitar al cura para que hablara con
Chamuco. El padrecito le dijo al hombre que pidiera a Hilaria uno de sus rizos
afirmando: “Si consigues alisarlo, en unos 15 días, te corresponderá”.
Chamuco siguió las recomendaciones del cura y, pasadas dos semanas, harto de
querer enderezar el rizo, acudió a la magia negra. Asistió a un brujo que invocó al
Diablo. Este le pidió su alma como recompensa y el Chamuco aceptó. Tras días y
días de trabajo no pudo hacer nada.
Chamuco reclamó al diablo su falta de seriedad y este, enojado, se fue. Desde
entonces, Chamuco quedo loco andando por las calles del encino atormentado.
Cada vez que alguien le preguntaba cómo estaba, solo respondía: “De la china
Hilaria”.
Leyenda de la flor de cempasúchil
Dice la leyenda que hace mucho tiempo existieron una niña llamada Xóchitl y un
niño llamado Huitzilin.
Ambos crecieron juntos y pasaron mucho tiempo unidos durante la infancia,
incluso, iniciaron una historia de amor durante la juventud. Un día, decidieron subir
a lo alto de una colina, allí donde el sol deslumbraba con fuerza, pues sabían que
allí moraba el Dios del Sol. Su intención era pedirle a Tonatiuh que les diera la
bendición para poder seguir unidos. El Dios sol acepto y bendijo su amor.
Pronto, la tragedia llegó a ellos cuando Huitzilin fue enviado a participar en una
batalla para defender a su pueblo y tuvo que separarse de Xóchitl.
Pasó un tiempo y Xóchitl se enteró de que su amado había fallecido en el
conflicto. La muchacha sintió tanto dolor que le pidió a Tonatiuh unirse con su
amado en la eternidad. El Dios del Sol, al ver a la joven tan apenada, decidió
convertirla en una hermosa flor. Así que lanzó un rayo dorado sobre ella,
entonces, creció en la tierra un botón que permaneció cerrado durante mucho
tiempo.
Un día, apareció un colibrí atraído por el aroma de la flor y se posó sobre sus
hojas. Fue entonces que la flor se abrió y mostró su color amarillo, como el mismo
sol. La flor había reconocido a su amado Huitzilin, el cual ahora tenía forma de
colibrí.
Cuenta la leyenda que mientras exista la flor de cempasúchil y haya colibríes, el
amor de Xóchitl y Huitzilin vivirá por siempre.
FABULAS
La gallina de los huevos de oro
Érase una gallina que ponía
un huevo de oro al dueño cada día.
Aún con tanta ganancia, mal contento,
quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina de oro,
y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla; abrióla el vientre de contado;
pero después de haberla registrado
¿qué sucedió? Que, muerta la gallina,
perdió su huevo de oro, y no halló mina.
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,
enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos,
que sólo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses,
contando sus millones,
se vieron en la calle sin calzones!
Moraleja
El avaro que se desespera por la riqueza, se arriesga a perderlo todo.
La zorra y la cigüeña
Cuenta la historia que una zorra invitó a una cigüeña a comer en su casa, pero
cuando esta llegó, se encontró con que la zorra había servido sopa en platos
hondos. De ese modo, se aseguraba que la cigüeña no pudiera comer.
La cigüeña se entristeció, pero no dijo nada. A la primera oportunidad, convidó a la
zorra a su casa. Esta vez, le sirvió jigote en un recipiente de cuello largo y
estrecho, en el que la zorra no podía meter su hocico. La zorra no pudo más que
resignarse, mientras la cigüeña decía:
—Amiga, me hiciste pasar hambre deliberadamente cuando me invitaste a tu
casa, y hoy has sido tratada de la misma manera en que me trataste.
Moraleja
Trata a los demás como deseas que te traten a ti, y si no lo haces, luego no
te quejes de las consecuencias.
La rana y la gallina
Desde su charco, una parlera rana
oyó cacarear a una gallina.
«¡Vaya! -le dijo-; no creyera, hermana,
que fueras tan incómoda vecina.
Y con toda esa bulla, ¿qué hay de nuevo?»
«Nada, sino anunciar que pongo un huevo».
«¿Un huevo sólo? ¡Y alborotas tanto!»
«Un huevo sólo, sí, señora mía.
¿Te espantas de eso, cuando no me espanto
de oírte cómo graznas noche y día?
Yo, porque sirvo de algo, lo publico;
tú, que de nada sirves, calla el pico».
Moraleja
Al que hace hago se le puede perdonar que lo pregone; el que nada hace,
debe callar.
Tío tigre y Tío conejo
En una mañana cálida, Tío Conejo recolectaba zanahorias para preparar su
comida preferida, cuando escuchó por cerca de él un gran rugido que lo asustó.
Era Tío Tigre, que estaba buscando algo para cazar. Tío Tigre era un felino
grande y fuerte, que atemorizaba a los animales pequeñitos del monte, pero no al
astuto Tío Conejo, conocido en todas partes por su ingenio.
Al ver a Tío Conejo, Tío Tigre exclamó:
—¡Te encontré, Tío Conejo! No podrás escapar de mí esta vez, y serás mi
almuerzo del día.
Pero Tío Conejo no estaba dispuesto a dejarse comer, así que comenzó a pensar
en una solución. Miró alrededor y divisó en la cima de una colina unas grandes
rocas, y tuvo una idea. Entonces, le dijo a Tío Tigre:
—Yo soy una presa pequeña y con poca carne. ¿Para qué conformarte conmigo
cuando puedes obtener un banquete mayor y más suculento, siendo tú tan grande
y fuerte? Verás, en la colina hay un rebaño de vacas. Puedo subir hasta allá
rápidamente y lanzarte una novilla para ti.
Tío Tigre alzó la mirada y, como la luz del sol le daba directo en los ojos, solo
pudo divisar la sombra de unos bultos a lo lejos. Confiado en las palabras de Tío
Conejo, a quien tomaba por débil y cobarde, aceptó la oferta.
Ni corto ni perezoso, Tío Conejo subió a la colina y arrastró una de las pesadas
rocas hasta el borde del precipicio, y desde allí gritó a Tío Tigre:
—¡Tío Tigre, abre los brazos para que agarres a la novilla!
Entonces el gran y feroz Tío Tigre abrió sus brazos, y la roca le cayó encima,
dejándole un enorme chichón en su cabezota que le impidió cazar por varios días.
Y una vez mñas, a Tío Conejo lo salvó su astucia y no la fuerza bruta.
Moraleja
Más vale la astucia que la fuerza.
CUENTOS
La historia del Quetzal
Hace mucho tiempo, cuando los dioses crearon el mundo, su hijo Kuk pidió bajar a
la Tierra para jugar con los animales. Al llegar, todos quedaron asombrados por su
belleza, y Kuk se volvió presumido. Los dioses lo llamaron preocupados.
—No debimos dejarte en la Tierra, Kuk. Te quedarás en los cielos —dijeron.
—¡No! Aquí nadie me conoce, pero en la Tierra soy importante. ¡Todos me
admiran!
—De acuerdo, pero aprenderás a respetar nuestro mundo —respondieron los
dioses.
Al día siguiente, un hermoso pájaro de plumas verdes, pecho rojo y cuello azul
brillaba en el cielo. Era el quetzal, y mientras volaba por la selva, Kuk comprendió
lo valioso que era cuidar de la naturaleza. Así, se convirtió en el guardián de los
cielos, feliz de proteger su hogar y el de todos los seres vivos.
El conejo en la luna
Un día, el dios Quetzalcóatl decidió visitar la Tierra para ver de cerca el mundo
que ayudó a crear. Se disfrazó de hombre común para caminar entre la gente sin
ser reconocido. Mientras recorría los poblados, se maravilló con los hermosos
paisajes: verdes campos, altas montañas, lagos tranquilos y desiertos infinitos.
Tanto disfrutó su viaje que olvidó descansar y comer. Al caer la noche, se sentó a
contemplar el cielo, cuando un pequeño conejo gris apareció a su lado, moviendo
sus bigotes entre la maleza. Quetzalcóatl le preguntó:
—¿Qué estás comiendo?
—Un poco de zanahoria —respondió el conejo—, ¿quieres un poco?
—Gracias, pero no como zanahoria —dijo el dios.
El estómago de Quetzalcóatl gruñía de hambre, pero no quiso quitarle su comida.
Entonces, el conejo, con gran bondad, le dijo:
—Si tienes hambre, cómeme a mí. Aunque soy pequeño, podrías recuperar tus
fuerzas.
Quetzalcóatl, conmovido por la generosidad del conejito, lo tomó en sus brazos y
lo llevó a volar por los cielos, mostrándole las estrellas de cerca. Cuando
regresaron a la Tierra, el conejo vio algo asombroso: su imagen había quedado
grabada en la luna.
—Puede que seas un pequeño conejo, pero ahora todos te recordarán por tu gran
corazón —dijo Quetzalcóatl.
Desde entonces, cada vez que miramos la luna, podemos ver la figura del conejo,
recordándonos su generosidad y bondad.
El Cenzontle y su canto especial
Cuando los dioses terminaron de crear el mundo, el Señor de los montes llamó a
todos los pájaros. Al momento, el cielo se llenó de aves de todos los colores:
algunas con plumas brillantes, otras más oscuras, pero ninguna emitía un sonido.
El Señor del monte les pidió que formaran fila, y uno por uno, comenzó a darles un
canto especial. Al canario le dio una melodía dulce, y al jilguero, un canto suave.
Así, cada pájaro recibió su propio sonido.
Pero el cenzontle, un pequeño pájaro distraído, estaba ocupado buscando comida
y no llegó a tiempo. Cuando se dio cuenta, corrió a ver al Señor de los montes,
quien ya había terminado.
—¡Espera! —dijo el cenzontle— ¡Falto yo! ¿Qué canto me darás?
—¿Dónde estabas? —preguntó el Señor de los montes, sorprendido— Ya he
repartido todos los cantos... pero, ya sé, te daré algo especial. ¡Tendrás todos los
cantos! Podrás imitar a cualquier pájaro que quieras.
Y así, el cenzontle se convirtió en el único capaz de imitar el canto de más de
cuatrocientos pájaros. Aunque sus plumas son sencillas, su voz es tan especial
como el mundo que los dioses crearon.
El Cocay y su luz mágica
Había una vez un hombre muy querido por su pueblo, porque podía curar
cualquier enfermedad con una piedra verde. Solo tenía que sostenerla en sus
manos y susurrar, y así sanaba a quien lo necesitara.
Un día, mientras paseaba por la selva, comenzó a llover fuerte. Corrió a
refugiarse, pero no se dio cuenta de que la piedra se le había caído. Cuando
regresó a su casa, lo esperaba un niño enfermo que necesitaba ser curado, pero
al buscar su piedra, ya no estaba.
El hombre pidió ayuda a los animales de la selva: el venado, la liebre, el zopilote y
el cocay. Les prometió un premio a quien encontrara la piedra. Todos se
apresuraron a buscarla, pero sólo el cocay volaba bajo y con cuidado. Aunque el
venado fue el primero en encontrarla, se la tragó por egoísmo y terminó
enfermando, por lo que decidió devolverla.
Los demás animales se cansaron de buscar, excepto el cocay, que siguió volando
despacio. Un día, mientras se acercaba a la piedra, su cuerpo comenzó a brillar.
Finalmente, la encontró y se la llevó de vuelta al hombre.
El hombre, agradecido, le explicó que la luz que brotaba de su cuerpo era un
reflejo de su nobleza y su buen corazón. Esa luz ahora lo acompañaría siempre
para que nunca se perdiera en la oscuridad.
Así fue como el cocay, un pequeño escarabajo, se convirtió en una luciérnaga, un
ser de luz que ilumina su camino y el de los demás.
CANCIONES
Cielito Lindo
De la Sierra Morena, cielito lindo, vienen bajando
Un par de ojitos negros, cielito lindo, de contrabando
De la Sierra Morena, cielito lindo, vienen bajando
Un par de ojitos negros, cielito lindo, de contrabando
Ay, ay, ay, ay
Canta y no llores
Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones
Ay, ay, ay, ay
Canta y no llores
Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones
Ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca
No se lo des a nadie, cielito lindo, que a mí me toca
Ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca
No se lo des a nadie, cielito lindo, que a mí me toca
Ay, ay, ay, ay
Canta y no llores
Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones
Ay, ay, ay, ay
Canta y no llores
Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones
Siempre que te enamores
Mira primero, mira primero
Donde pones los ojos, cielito lindo
No llores luego
Ay, ay, ay, ay
Canta y no llores
Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones
Ay, ay, ay, ay
Canta y no llores
Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones
.
México Lindo y Querido
Voz de la guitarra mía
Al despertar la mañana
Quiere cantar su alegría
A mi tierra mexicana
Yo le canto a sus volcanes
A sus praderas y flores
Que son como talismanes
Del amor de mis amores
México lindo y querido
Si muero lejos de ti
Que digan que estoy dormido
Y que me traigan aquí
Que digan que estoy dormido
Y que me traigan aquí
México lindo y querido
Si muero lejos de ti
Que me entierren en la sierra
Al pie de los magueyales
Y que me cubra esta tierra
Que es cuna de hombres cabales
Voz de la guitarra mía
Al despertar la mañana
Quiere cantar su alegría
A mi tierra mexicana
México lindo y querido
Si muero lejos de ti
Que digan que estoy dormido
Y que me traigan aquí
Que digan que estoy dormido
Y que me traigan aquí
México lindo y querido
Si muero lejos de ti
Son de la negra
Negrita de mis pesares
Ojos de papel volando
Negrita de mis pesares
Ojos de papel volando
A todos diles que sí
Pero no les digas cuando
Así me dijiste a mí
Por eso vivo penando
Cuando me traes a mi Negra
Que la quiero ver aquí
Con su rebozo de ceda
Que le traje de Tepic
Cuando me traes a mi Negra
Que la quiero ver aquí
Con su rebozo de ceda
Que le traje de Tepic
Huapango
Todos dicen que es mentira que te quiero,
porque nunca me habían visto enamorado.
Yo te juro ni yo mismo lo comprendo,
el porque tu mirar me ha fascinado.
Cuando estoy cerca de ti y estas contenta,
no quisiera que de nadie te acordaras,
tengo celos hasta del pensamiento,
que pueda recordarte a otra persona amada.
Júrame... que aunque pase mucho tiempo,
no olvidaras el momento en que yo te conocí.
Mírame, pues no hay nada mas profundo,
ni mas grande en este mundo que el cariño que te di.
Besame, con un beso enamorado, como nadie me ha besado,
Desde el día que nací.
Quiéreme... Quiéreme hasta la locura...
Y así sabrás la amargura que yo estoy sufriendo,
Por ti...
Besame, con un beso enamorado, como nadie me ha besado,
Desde el día que nací.
Quiéreme... Quiéreme hasta la locura...
Y así sabrás la amargura que yo estoy sufriendo,
Por ti...
CORRIDOS
La Adelita
En lo alto de la abrupta serranía Al oírla, el sargento temeroso
Acampado, se encontraba un De perder para siempre a su adorada
regimiento Ocultando su emoción bajo el
Y una moza, que valiente los seguía embozo
Locamente enamorada del sargento A su amada le cantó de esta manera
Popular entre la tropa, era Adelita Y se oía que decía
La mujer que el sargento idolatraba Aquel que tanto la quería
Porque, a más de ser valiente, era
Si Adelita se fuera con otro
bonita
Le seguiría la huella sin cesar
Y hasta el mismo coronel la
Si por mar, en un buque de guerra
respetaba
Si por tierra, en un tren militar
Pues sabía que decía
Soy soldado y la patria me llama
Aquel que tanto la quería
A los campos que vaya a pelear
Adelita, se llama la joven Adelita, Adelita de mi alma
A quien yo quiero y no puedo olvidar No me vayas, por Dios, a olvidar
En el mundo, yo tengo una rosa
Y después que terminó una cruel
Que, con el tiempo, la voy a cortar
batalla
Si Adelita quisiera ser mi novia Y la tropa abandonó su campamento
Y si Adelita fuera mi mujer Por las bajas que causara la metralla
Le compraría un vestido de seda Muy diezmado, regresaba el
Para llevarla a bailar al cuartel regimiento
Una noche en que la escolta El sargento recordando los quereres
regresaba Los soldados que volvían de la guerra
Conduciendo entre sus filas al Recriéndoles su amor a otras mujeres
sargento Entonaban este himno de la guerra
En la voz de una mujer que sollozaba
Y se oía que decía
La plegaria se escuchó en el
Aquel que tanto la quería
campamento
Y si acaso yo muero en campaña
Y mi cadáver, en el campo, va a
quedar Correrán los arroyos de sangre
Adelita, por Dios, te lo ruego Que gobierne un tirano jamás
Que, con tus ojos, me vayas a llorar
Que si Adelita quisiera ser mi novia
Toca el clarín de campaña a la guerra Y si Adelita fuera mi mujer
Salga el valiente guerrero a pelear Le compraría un vestido de seda
Para llevarla a bailar al cuartel
La Cucaracha
La cucaracha, la cucaracha La cucaracha, la cucaracha
Ya no puede caminar Ya no puede caminar
Porque no tiene, porque le falta Porque no tiene, porque le falta
Marihuana que fumar Marihuana que fumar
La cucaracha, la cucaracha Ya murió la cucaracha
Ya no puede caminar Ya la llevan a enterrar
Porque no tiene, porque le falta Entre cuatro zopilotes
Marihuana que fumar Y uno que otro gavilán
Con las barbas de Carranza Ya murió la cucaracha
Voy a hacer una toquilla Ya la llevan a enterrar
Pa' ponérsela al sombrero Entre cuatro zopilotes
Del señor Francisco Villa Y uno que otro gavilán
Con las barbas de Carranza La cucaracha, la cucaracha
Voy a hacer una toquilla Ya no puede caminar
Pa' ponérsela al sombrero Porque no tiene, porque le falta
Del señor Francisco Villa Marihuana que fumar
La cucaracha, la cucaracha La cucaracha, la cucaracha
Ya no puede caminar Ya no puede caminar
Porque no tiene, porque le falta Porque no tiene, porque le falta
Marihuana que fumar Marihuana que fumar
Qué bonita cucaracha
Para echarme una bailada
Empezando por la noche
Hasta ahí en la madrugada
Qué bonita cucaracha
Para echarme una bailada
Empezando por la noche
Hasta ahí en la madrugada
El Barzón
Esas tierras del rincón Pero cuentas con mis tierras
Las sembré con un buey pando Para seguirlas sembrando
Se me reventó el barzón
Y sigue la yunta andando Y ahora vete a trabajar
Pa' que sigas abonando
Cuando llegué a medias tierras
El arado iba enterrado Nomás me quedé pensando
Sacudiendo mi cobija
Se enterró hasta la telera Haciendo un cigarro de hoja
El timón se deshojó Ay, qué patrón tan sinvergüenza
El yugo se iba pandeando Todo mi maíz se llevó
El barzón iba rozando Para su maldita troje
El sembrador me iba hablando Se me reventó el barzón
Yo le dije al sembrador Y sigue la yunta andando
No me hable' cuando ande arando
Se me reventó el barzón Cuando llegué a mi casita
Y sigue la yunta andando Me decía mi prenda amada
Cuando acabé de piscar ¿'Ontá el maíz que te tocó?
Vino el rico y lo partió Le respondí yo muy triste
El patrón se lo llevó
Todo mi maíz se llevó Por lo que debía en la hacienda
Ni pa' comer me dejó Pero me dijo el patrón
Me presenta aquí la cuenta Que contara con la tienda
Aquí debes veinte pesos
De la renta de unos bueyes Ahora voy a trabajar
Cinco pesos de magueyes Para seguirle abonando
Una nega, tres cuartillos
De frijol que te prestamos Veinte pesos, diez centavos
Una nega, tres cuartillos Unos que salgo restando
De maíz que te habilitamos Me decía mi prenda amada
Cinco pesos de unas fundas Ya no trabajes con ese hombre
Siete pesos de cigarros Nomás nos está robando
Seis pesos no sé de qué Anda al salón de sesiones
Pero todo está en la cuenta Que te lleve mi compadre
Además de los veinte reales Ya no le hagas caso al padre
Que sacaste de la tienda Él y sus excomuniones
Con todo el maíz que te toca ¿Que no ves a tu familia
No le pagas a la hacienda Que ya no tiene calzones?
Ni yo tengo ya faldilla De las penas del infierno
Ni tú tienes pantalones ¡Viva la revolución!
Nomás me quedé pensando ¡Muera el supremo gobierno!
¿Por qué dejé a mi patrón?
Me decía mi prenda amada Se me reventó el barzón
Que vaya el patrón al cuerno Y siempre seguí sembrando
Como estuviéramos de hambre
Si te has seguido creyendo
De lo que te decía el cura
La toma de Zacatecas
Era el 23 de junio
Hablo con los más presentes
Fue tomado Zacatecas
Por las tropas insurgentes
Ya tenían algunos días
Que se estaban agarrando
Cuando llego, Pancho Villa
A ver que estaba pasando
Las ordenes que dio Villa
A todos en formación
Para empezar el combate
Al disparo de un cañón
¡Qué viva mi general, Francisco Villa!
Al disparo de un cañón
Como lo tenían de acuerdo
Empezó duro el combate
Lado derecho e izquierdo
Le toco atacar La Bufa
A Villa, Urbina y Natera
Por allí tenían que verse
Lo bueno de su bandera
Las calles de Zacatecas
De muerto entapizada
Lo mismo estaban los cerros
Por el fuego de granada
Desde Guadalupe, Cerro El Grillo
Cerro de La Bufa, todos lados
¡Qué viva mi general Villa!
Ay, hermoso Zacatecas
Mira cómo te han dejado
La causa fue el viejo Huerta
Y tanto rico allegado
Ahora sí, borracho Huerta
Harás las patas más chuecas
Al saber que Pancho Villa
Ha tomado Zacatecas