Trastorno por déficit de atención/ hiperactividad
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los
trastornos neuroconductuales más comunes de la niñez. Por lo general, se
diagnostica inicialmente en la infancia y a menudo perdura hasta la edad
adulta.
Características
Según el manual de trastornos mentales DSM-5, los niños presentan las
siguientes características y síntomas:
1. Inatención: Con frecuencia falla en prestar la debida atención a detalles o
por descuido se cometen errores en las tareas escolares, en el trabajo o
durante otras actividades (p. ej., se pasan por alto o se pierden detalles, el
trabajo no se lleva a cabo con precisión). Tiene dificultades para mantener la
atención en tareas o actividades recreativas (p. ej., tiene dificultad para
mantener la atención en clases, conversaciones o la lectura prolongada).
Parece no escuchar cuando se le habla directamente (p. ej., parece tener la
mente en otras cosas, incluso en ausencia de cualquier distracción aparente).
No sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares, los quehaceres o
los deberes laborales (p. ej., inicia tareas pero se distrae rápidamente y se
evade con facilidad). Tiene dificultad para organizar tareas y actividades (p.
ej., dificultad para gestionar tareas secuenciales, dificultad para poner los
materiales y pertenencias en orden, descuido y desorganización en el trabajo,
mala gestión del tiempo, no cumple los plazos). Evita, le disgusta o se muestra
poco entusiasta en iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido
(p. ej., tareas escolares o quehaceres domésticos; en adolescentes mayores y
adultos, preparación de informes, completar formularios, revisar artículos
largos). Pierde cosas necesarias para tareas o actividades (p. ej., materiales
escolares, lápices, libros, instrumentos, billetero, llaves, papeles del trabajo,
gafas, móvil). Se distrae con facilidad por estímulos externos (para
adolescentes mayo-res y adultos, puede incluir pensamientos no relacionados).
Olvida las actividades cotidianas (p. ej., hacer las tareas, hacer las diligencias;
en adolescentes mayores y adultos, devolver las llamadas, pagar las facturas,
acudir a las citas).
Hiperactividad e impulsividad: Con frecuencia juguetea con o golpea las
manos o los pies o se retuerce en el asiento. Se levanta en situaciones en que
se espera que permanezca sentado (p. ej., se levanta en la clase, en la oficina
o en otro lugar de trabajo, o en otras situaciones que requieren mantenerse en
su lugar). Corretea o trepa en situaciones en las que no resulta apropiado.
(Nota: En adolescentes o adultos, puede limitarse a estar inquieto.) Es incapaz
de jugar o de ocuparse tranquilamente en actividades recreativas. Está
"ocupado," actuando como si "lo impulsara un motor" (p. ej., es incapaz de
estar o se siente incómodo estando quieto durante un tiempo prolongado,
como en restaurantes, reuniones; los otros pueden pensar que está intranquilo
o que le resulta difícil seguirlos). Habla excesivamente. Responde
inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta (p. ej.,
termina las frases de otros, no respeta el turno de conversación). Le es difícil
esperar su turno (p. ej., mientras espera en una cola). Interrumpe o se
inmiscuye con otros (p. ej., se mete en las conversaciones, juegos o
actividades, puede empezar a utilizar las cosas de otras personas sin esperar o
recibir permiso; en adolescentes y adultos, puede inmiscuirse o adelantarse a
lo que hacen otros).
Causas
El Instituto Neurocognitivo INCIA (s. f.) informa que el TDAH es un trastorno de
origen neurobiológico que se inicia en la edad infantil. La etiología del TDAH es
multifactorial, pero la causa principal del TDAH es genética. El coeficiente de
heredabilidad del TDAH es de 0,76, es decir, que si un niño tiene TDAH, el 76%
del origen de dicha patología es genética. Los estudios de neuroimagen
cerebral han demostrado que hay varias regiones cerebrales afectadas en
niños con TDAH. Se han descrito alteraciones en: La corteza prefrontal:
encargada de la función ejecutiva como planificar acciones, iniciarlas, darse
cuenta de los errores y corregirlos, evitar distracciones por estímulos
irrelevantes, ser flexible si las circunstancias cambian. El cuerpo calloso: sirve
de comunicación entre los dos hemisferios cerebrales, para asegurar un trabajo
conjunto y complementario. Los ganglios basales: implicados en el control de
los impulsos al coordinar o filtrar la información que llega de otras regiones del
cerebro e inhibir las respuestas automáticas. El cíngulo anterior: se encarga de
la gestión afectiva y del manejo de las emociones y de la regulación de la
atención y de la eliminación de las distracciones. Los estudios realizados
indican que en el TDAH hay problemas en los circuitos reguladores que
comunican dos zonas cerebrales: córtex prefrontal y ganglios basales. Estas
áreas se comunican a través de los neurotransmisores dopamina y
noradrenalina. La alteración de estos neurotransmisores hace que disminuya la
atención y la capacidad de iniciar y continuar actividades, dificulta la memoria
de trabajo, la capacidad de neutralizar estímulos irrelevantes, y la capacidad
de bloquear respuestas inadecuadas. También dificulta la planificación de
actividades complejas y la organización, e incrementa la actividad física y la
impulsividad.
Tratamiento psicopedagógico
La escuela es el contexto donde más se manifiestan los síntomas del TDAH, por
lo que las adaptaciones deben ser prácticas y cotidianas. Se deben dar
Instrucciones claras, breves y secuenciadas. Los niños con TDAH tienen
dificultades para retener varios pasos a la vez.
Por eso, dar una orden larga provoca confusión y abandono de la tarea.
Ejemplo efectivo:
“1. Saca el cuaderno. 2. Copia el título. 3. Levanta la mano cuando termines.”
Este método reduce el error, la ansiedad y mejora la productividad. Se debería
hacer la segmentación de tareas. En vez de entregar 20 ejercicios, se dan 5
primero, luego otros 5. Esto evita la saturación mental y ayuda a experimentar
pequeños logros frecuentes, lo cual fortalece la motivación del niño. Se
necesitan apoyos visuales, los estudiantes con TDAH necesitan recordatorios
constantes. Los apoyos visuales cumplen esa función sin regañarlos ni detener
la clase. Pueden ser: pictogramas, listas de pasos pegadas en el pupitre, código
de colores, semáforos de conducta. Estos ayudan al niño a autocorregirse sin
depender únicamente de memoria. Se debería buscar una organización
espacial y ubicación estratégica como sentar al niño cerca del profesor o del
tablero limita distracciones externas. Además, mantener su puesto ordenado
(solo lápiz, borrador, cuaderno) reduce la sobrecarga visual y mejora el control
atencional. También es vital fortalecer funciones cognitivas y académicas
afectadas con la inclusión de ejercicios que ayudan a sostener el foco por más
tiempo con actividades graduales (de pocos a más minutos) como buscar
diferencias, completar patrones, escuchar y responder señales. La memoria de
trabajo es esencial para seguir instrucciones, resolver problemas y leer con
comprensión. Se fortalece con: secuencias para recordar, repetir información
mientras se realiza una acción, juegos de clasificación, actividades tipo “Simón
dice”. Las funciones ejecutivas permiten planear, organizar y terminar tareas.
El profesor debería enseña al niño a: usar agendas, dividir proyectos grandes
en pasos pequeños, revisar su trabajo antes de entregarlo, anticipar el tiempo
que necesitarán. El niño recibe apoyo en lectura, escritura y matemáticas a un
ritmo adecuado, para disminuir la brecha generada por sus dificultades de
atención. El refuerzo se centra en la calidad del aprendizaje, no en la cantidad.
El TDAH afecta el control inhibitorio y la capacidad de pensar antes de actuar.
Por eso la intervención se enfoca en que el niño aprenda herramientas
prácticas, como técnicas de autorregulación: respiración profunda, contar hasta
5 antes de reaccionar, pausas cortas para moverse.
Caso
Datos generales
Nombre: Samuel
Edad: 7 años
Curso: Segundo de primaria
Diagnóstico: Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad
Historia del desarrollo
Los padres reportan que desde los 4 años se observaba inquietud motora
intensa: corría, trepaba y parecía “incansable”. En preescolar ya mostraba
dificultades para esperar turnos, seguía muy pocas instrucciones y cambiaba
de una actividad a otra sin terminar ninguna. No hay antecedentes
neurológicos ni sensoriales. Sueño adecuado, alimentación normal. No hay
problemas de conducta severos ni dificultades emocionales mayores.
Características cognitivas y comportamentales
Se observa un patrón constante y significativo de comportamiento, presente
durante más de 6 meses, Se distrae con facilidad: Mientras se le explica,
Samuel mira por la ventana, juega con el lápiz o se levanta para preguntar
cosas que no vienen al caso. Inicia los ejercicios con entusiasmo, pero a los
pocos minutos deja de trabajar. Deja problemas incompletos o responde sin
leer las instrucciones completas. Cuando se le pide: “Copia la frase, subraya el
verbo y colorea el dibujo”, solo copia la frase y luego se queda mirando a los
compañeros, olvidando los demás pasos. Evita tareas que requieren esfuerzo
mental sostenido. Actividades como lectura, ejercicios de copiar del tablero lo
cansan rápidamente. Dice: “No puedo”, “Me aburro”, “Es muy largo”. Olvida
cuadernos, lápices, colores o las tareas. Cada semana sus padres tienen que
reponer materiales. Manifiesta inquietud motora constante; se mueve en la
silla, balancea los pies, juega con objetos y rara vez permanece quieto. Se
levanta sin permiso, aunque la clase requiere estar sentado, Samuel se levanta
varias veces, camina al baño o intenta hablar con otro compañero. Interrumpe
explicaciones para preguntar cosas irrelevantes o comentar lo que está
pensando. Su discurso es rápido e impulsivo. Durante actividades grupales,
interrumpe respuestas de otros niños y contesta antes de que la maestra
termine la pregunta. En juegos, pierde la paciencia y quiere avanzar antes que
los demás. Esto genera conflictos con sus compañeros. En actividades como
recortar o armar, actúa sin leer instrucciones, arruinando materiales o haciendo
la tarea incorrecta. Su rendimiento está por debajo de lo esperado para su
edad, especialmente en lectura, matemáticas y copia del tablero. Muestra
comprensión adecuada cuando se le explica de forma individual, lo que indica
que su dificultad principal es la autorregulación, no la capacidad intelectual.
Necesita apoyo constante para organizarse y completar trabajos.
Análisis del caso y recomendaciones escolares
El caso de Samuel muestra unas características consistentes con el Trastorno
por Déficit de Atención e Hiperactividad, pues desde la primera infancia se
observa un patrón persistente de inquietud motora, impulsividad y dificultades
atencionales que se han mantenido por más de seis meses y que afectan
significativamente su desempeño escolar y social. Su tendencia a distraerse
con estímulos irrelevantes, olvidar instrucciones de varios pasos, iniciar tareas
con energía pero abandonarlas rápidamente y cansarse ante actividades que
requieren esfuerzo mental sostenido refleja fallas en la atención selectiva, la
memoria de trabajo y la capacidad de mantener la concentración, funciones
que se encuentran alteradas en el TDAH según los criterios del DSM-5. Su
comportamiento impulsivo de interrumpir constantemente, responder antes de
tiempo, levantarse sin permiso, actuar sin leer instrucciones y perder la
paciencia con sus compañeros, evidencia un déficit en el control inhibitorio y
en la autorregulación emocional y conductual. Aunque su rendimiento
académico está por debajo de lo esperado, su adecuada comprensión cuando
recibe explicaciones individuales muestra que la dificultad no radica en la
capacidad intelectual, sino en la gestión de la atención, el esfuerzo y el
comportamiento. En conjunto, su historia de desarrollo, los síntomas actuales y
la interferencia en el ámbito escolar confirman un funcionamiento
característico del TDAH tipo combinado, donde la impulsividad y la
hiperactividad se suman a un marcado déficit atencional que compromete su
aprendizaje y sus relaciones con los demás.
Para favorecer el desempeño escolar de Samuel es necesario estructurar un
ambiente que reduzca la carga atencional y maximice su capacidad de
autorregulación, mediante instrucciones claras, breves y divididas en pasos
pequeños, así como mediante el uso permanente de apoyos visuales que le
recuerden qué debe hacer sin depender únicamente de su memoria de trabajo.
El docente debe ofrecer tareas fragmentadas y tiempos cortos de trabajo,
alternados con pequeñas pausas de movimiento que disminuyan la inquietud
motora y prevengan la frustración. Colocarlo cerca del profesor, minimizar
distractores y mantener en su mesa solo los materiales necesarios ayudan a
sostener el foco en la actividad. La implementación de rutinas estables,
anticipación de actividades y reforzamiento inmediato de los comportamientos
adecuados favorece la autorregulación y le brinda seguridad. Samuel se
beneficia también de actividades que fortalezcan gradualmente sus funciones
ejecutivas, como secuencias visuales, ejercicios de memoria, práctica de turnos
y tareas que se completen paso a paso. Finalmente, es importante mantener
una comunicación constante con la familia para reforzar hábitos de
organización y establecer estrategias coherentes entre el hogar y la escuela,
asegurando así un acompañamiento integral que promueva su aprendizaje, su
regulación emocional y una mejor convivencia con sus pares.