TRANSTORNOS RENALES
Los riñones son un par de órganos con forma de judía con una función crucial en el aparato
excretor. Su función principal es eliminar los desechos y el exceso de líquido mediante la formación
de orina, pero también producen hormonas que ayudan a mantener la presión arterial, la
producción de glóbulos rojos y el mantenimiento de los huesos. Cada día, unos 1500 litros de
sangre pasan por los riñones, lo cual se traduce en 1-2 litros de orina excretados al día. Existen
muchas enfermedades que pueden afectar a la función renal, tanto a corto como a largo plazo.
Las enfermedades renales, también conocidas a nivel general como nefropatías, son todas aquellas
condiciones que afectan al funcionamiento y estructura de los riñones. Estas patologías atacan a las
unidades anatómicas básicas de los riñones, conocidas como nefronas. Las nefronas tienen como
función principal filtrar la sangre para regular la concentración de agua y sustancias solubles en el
organismo, por lo que son esenciales para el funcionamiento de estos órganos.
INSUFICIENCIA RENAL
La insuficiencia renal es el daño transitorio o permanente de los riñones, que tiene como resultado
la pérdida de la función normal del riñón. Hay dos tipos diferentes de insuficiencia renal: aguda y
crónica. La insuficiencia renal aguda comienza en forma repentina y es potencialmente reversible.
La insuficiencia renal crónica progresa lentamente durante un período de al menos tres meses, y
puede llevar a una insuficiencia renal permanente. Las causas, síntomas, tratamientos y
consecuencias de la insuficiencia renal aguda y crónica son diferentes.
Los trastornos que pueden provocar insuficiencia renal aguda o crónica incluyen, entre otros, los
siguientes:
Sintomas
Los síntomas de la insuficiencia renal se dividen dependiendo de la gravedad, si es crónico o agudo
Los síntomas de la insuficiencia renal aguda pueden incluir los siguientes:
Hemorragia
Fiebre
Erupción
Diarrea con sangre
Vómitos severos
Dolor abdominal
Ausencia o exceso de micción
Antecedentes de infección reciente
Palidez
Antecedentes de ingesta de ciertos medicamentos
Antecedentes de traumatismo
Tumefacción de los tejidos
Inflamación de los ojos
Masa abdominal detectable
Exposición a metales pesados o solventes tóxicos
Los síntomas de la insuficiencia renal crónica pueden incluir los siguientes:
Falta de apetito
Vómitos
Dolor en los huesos
Dolor de cabeza
Atrofia en el crecimiento
Malestar general
Exceso o ausencia de micción
Infecciones recurrentes de las vías urinarias
Incontinencia urinaria
Palidez
Mal aliento
Deficiencia auditiva
Masa abdominal detectable
Tumefacción de los tejidos
Irritabilidad
Tono muscular deficiente
Cambios en la agilidad mental
Etiología
La diabetes y la presión arterial alta son las 2 causas más comunes y son responsables de la mayoría
de los casos. Muchas otras enfermedades y afecciones pueden dañar los riñones, por ejemplo:
Trastornos autoinmunitarios (como lupus eritematoso sistémico y esclerodermia)
Defectos de nacimiento (anomalías congénitas) de los riñones (como la poliquistosis renal)
Ciertos productos químicos tóxicos
Lesión al riñón
Infección y cálculos renales
Problemas con las arterias que irrigan los riñones
Algunos medicamentos como los antibióticos y los medicamentos del dolor (analgésicos) y
para el cáncer
Flujo retrógrado de orina hacia los riñones (nefropatía por reflujo)
La ERC lleva a una acumulación de líquido y productos de desecho en el cuerpo. Esta enfermedad
afecta a la mayoría de las funciones y de los sistemas corporales, incluso:
Presión arterial alta
Hemogramas bajos
Vitamina D y salud de los huesos
Tratamiento para la insuficiencia renal aguda o crónica
El médico determinará el tratamiento específico basado en lo siguiente:
Edad, estado de salud general e historia clínica del niño
Gravedad de la enfermedad
Tipo de enfermedad (aguda o crónica)
Tolerancia de su hijo a medicamentos, procedimientos o terapias específicos
Expectativas para la evolución de la enfermedad
Su opinión o preferencia
El tratamiento de la insuficiencia renal aguda dependen en gran medida de la causa principal. El
tratamiento puede incluir lo siguiente:
Internación
Administración de líquidos por vía intravenosa (IV, por sus siglas en inglés) en grandes
cantidades (para reemplazar el volumen de sangre disminuido)
Terapia o medicamentos diuréticos (para aumentar la cantidad de orina)
Control riguroso de los electrolitos importantes, como el potasio, el sodio y el calcio
Medicamentos (para controlar la presión arterial)
Régimen alimenticio específico
En ciertos casos, los niños pueden desarrollar alteraciones electrolíticas y niveles tóxicos severos de
ciertos productos de desecho que normalmente son eliminados por los riñones. Los niños también
pueden desarrollar una sobrecarga de líquidos. En estos casos, puede indicarse diálisis.
El tratamiento de la insuficiencia renal crónica depende del grado de función renal resultante. El
tratamiento puede incluir lo siguiente:
Medicamentos (para ayudar al crecimiento, a prevenir la pérdida de densidad de los huesos
o a tratar la anemia)
Terapia o medicamentos diuréticos (para aumentar la cantidad de orina)
Régimen alimenticio específico
Diálisis
Trasplante de riñón
CÁNCER DE RIÑÓN
El cáncer de riñón es un cáncer que comienza en los riñones. Los riñones son dos órganos con
forma de frijoles, y cada uno tiene aproximadamente el tamaño de un puño. Están ubicados detrás
de los órganos abdominales; hay un riñón a cada lado de la espina dorsal.
En los adultos, el carcinoma de células renales es el tipo más común de cáncer de riñón. También
pueden presentarse otros tipos menos comunes de cáncer de riñón. Los niños pequeños son más
propensos a desarrollar un tipo de cáncer de riñón llamado "tumor de Wilms".
La incidencia del cáncer de riñón parece ser cada vez mayor. Una razón de ello puede ser el hecho
de que las técnicas de imagen, como la tomografía computarizada (TC), se están utilizando con
mayor frecuencia. Estas pruebas pueden hacer que se descubran más tipos de cáncer renal
accidentalmente. El cáncer de riñón se descubre a menudo en una etapa temprana, cuando el
cáncer es pequeño y se limita al riñón.
Causas
No está claro qué causa la mayoría de los tipos de cáncer renal.
Los médicos saben que el cáncer de riñón comienza cuando algunas células del riñón desarrollan
cambios (mutaciones) en su ADN. El ADN de una célula contiene las instrucciones que le dicen a una
célula qué hacer. Los cambios les indican a las células que crezcan y se dividan rápidamente. La
acumulación de células anormales crea un tumor que puede extenderse más allá del riñón. Algunas
células pueden desprenderse y esparcirse (hacer metástasis) hacia partes distantes del cuerpo.
Aunque se ha relacionado con determinadas enfermedades genéticas, el consumo de tabaco y la
obesidad. Fumar cigarrillos aumenta aproximadamente en un 40% el riesgo de contraer carcinoma
de células renales.
Factores de riesgo
Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de tener cáncer de riñón se encuentran:
Edad avanzada: El riesgo de tener cáncer de riñón aumenta con la edad.
Tabaquismo: Las personas que fuman presentan un riesgo más alto de tener cáncer de
riñón que las que no fuman. El riesgo disminuye cuando la persona deja de fumar.
Obesidad: Las personas obesas tienen un mayor riesgo de presentar cáncer de riñón que
las personas que se considera que tienen un peso saludable.
Presión arterial alta (hipertensión): La presión arterial alta aumenta el riesgo de tener
cáncer de riñón.
Tratamiento de la insuficiencia renal: Las personas que reciben diálisis a largo plazo para
tratar la insuficiencia renal crónica corren más riesgo de tener cáncer de riñón.
Ciertos síndromes heredados: Las personas que nacen con ciertos síndromes heredados
pueden tener un mayor riesgo de presentar cáncer de riñón, como quienes tienen la
enfermedad de von Hippel-Lindau, el síndrome de Birt-Hogg-Dube, el complejo de
esclerosis tuberosa, el carcinoma hereditario de células renales papilares o el cáncer renal
familiar.
Antecedentes familiares de cáncer de riñón: El riesgo de cáncer de riñón es mayor si los
familiares cercanos han tenido la enfermedad.
Síntomas
Las personas con cáncer de riñón o de pelvis renal pueden o no tener uno o más de los síntomas
que se mencionan aquí. Estos síntomas también pueden producirse por otras causas.
Sangre en la orina.
Un bulto o hinchazón en el área del riñón o abdomen.
Dolor en la parte baja de la espalda o en el costado, que no desaparece.
Sentir cansancio frecuentemente.
Fiebre que vuelve a aparecer.
No tener ganas de comer.
Bajar de peso sin saber por qué.
Tener una obstrucción en los intestinos.
Tener una sensación general de mala salud.
Tratamiento
El control de la presión arterial retrasará un mayor daño al riñón.
Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) o los bloqueadores de los
receptores de angiotensina (BRA) se emplean con mayor frecuencia.
El objetivo es mantener la presión arterial en o por debajo de 130/80 mm Hg.
Hacer cambios al estilo de vida como los siguientes puede ayudar a proteger los riñones y prevenir
enfermedades cardíacas y un accidente cerebrovascular:
NO fume.
Consuma comidas con un contenido bajo de grasa y colesterol.
Haga ejercicio regularmente (hable con su proveedor o enfermera antes de empezar).
Tome medicamentos para bajar el colesterol, si es necesario.
Mantenga controlado el nivel de azúcar en la sangre.
Evite ingerir demasiada sal o potasio.
El medico recetara si es necesario medicamentos que ayuden a retrasar o mejorar la condición de
los síntomas:
Medicamentos llamados fijadores de fosfato para ayudar a evitar los niveles altos de
fósforo.
Hierro extra en la alimentación, comprimidos de hierro, hierro a través de una vena (hierro
intravenoso) inyecciones especiales de un medicamento llamado eritropoyetina y
transfusiones de sangre para tratar la anemia.
Calcio y vitamina D extra (siempre hable con su proveedor antes de tomarlos).
Su proveedor puede solicitarle que siga una dieta para la ERC especial.
Limitar los líquidos
Comer menos proteína
Restringir el fósforo y otros electrólitos
Obtener suficientes calorías para prevenir la pérdida de peso
Todas las personas con ERC deben mantener al día las siguientes vacunas:
Vacuna contra la hepatitis A
Vacuna contra la hepatitis B
Vacuna antigripal
Vacuna neumocócica (también llamada "vacuna contra la neumonía")
COVID-19
CALCULOS RENALES
Los cálculos renales (también llamados nefrolitiasis o urolitiasis) son depósitos duros hechos de
minerales y sales que se forman dentro de los riñones.
La dieta, el exceso de peso corporal, algunas afecciones médicas y ciertos suplementos y
medicamentos se encuentran entre las muchas causas de los cálculos renales. Los cálculos renales
pueden afectar cualquier parte de las vías urinarias, desde los riñones hasta la vejiga. En general,
los cálculos se forman cuando la orina se concentra, lo que permite que los minerales se cristalicen
y se unan.
Expulsar los cálculos renales puede ser bastante doloroso, aunque, normalmente, los cálculos no
producen daños permanentes si se detectan oportunamente. Según sea el caso, es posible que solo
tengas que tomar analgésicos y mucha agua para expulsar un cálculo renal. En otros casos (por
ejemplo, si los cálculos se alojan en las vías urinarias, están asociados con una infección de las vías
urinarias o causan complicaciones), es posible que necesites una cirugía.
Causas
Los cálculos renales, a menudo, no tienen una sola causa definida, aunque diversos factores pueden
aumentar el riesgo de presentarlos.
Los cálculos renales se producen cuando la cantidad de sustancias que forman cristales, como el
calcio, el oxalato y el ácido úrico, en la orina es mayor de la que pueden diluir los líquidos presentes
en esta. Al mismo tiempo, la orina puede carecer de sustancias que impidan que los cristales se
adhieran unos a otros, lo que crea un entorno ideal para la formación de cálculos renales.
Tipos de cálculos renales
Conocer el tipo de cálculo renal que tienes ayuda a determinar su causa, y te da un indicio de cómo
reducir la formación de más cálculos renales. Si es posible, trata de guardar el cálculo renal si logras
eliminarlo de tu cuerpo para que el médico pueda analizarlo.
Los tipos de cálculos renales son:
Cálculos de calcio: La mayoría de los cálculos renales son cálculos de calcio, suelen
producirse en forma de oxalato de calcio. El oxalato es una sustancia que produce el hígado
diariamente o que se obtiene en la alimentación. Ciertas frutas y verduras, así como los
frutos secos y el chocolate, tienen un alto contenido de oxalato. Los factores alimenticios,
las altas dosis de vitamina D, la cirugía de baipás intestinal y varios trastornos metabólicos
pueden aumentar la concentración de calcio u oxalato en la orina. Los cálculos de calcio
también se pueden producir en forma de fosfato de calcio. Este tipo de cálculo es más
común en trastornos metabólicos, como la acidosis tubular renal. También puede estar
asociado con ciertos medicamentos utilizados para tratar las migrañas o las convulsiones,
como el topiramato (Topamax, Trokendi XR, Qudexy XR).
Cálculos de estruvita: Los cálculos de estruvita se forman a partir de una infección de las
vías urinarias. Estos cálculos pueden crecer rápidamente y volverse bastante grandes, a
veces, con muy pocos síntomas o pequeñas advertencias.
Cálculos de ácido úrico: Los cálculos de ácido úrico se pueden formar en personas que
pierden demasiado líquido debido a la diarrea crónica o a la malabsorción, en aquellos que
llevan una dieta rica en proteínas y en aquellos con diabetes o síndrome metabólico.
Ciertos factores genéticos también pueden aumentar el riesgo de presentar cálculos de
ácido úrico.
Cálculos de cistina: Estos cálculos se forman en personas con un trastorno hereditario
llamado cistinuria que hace que los riñones excreten un aminoácido específico en grandes
cantidades.
Factores de riesgo
Los factores que aumentan el riesgo de desarrollar cálculos renales son los siguientes:
Antecedentes familiares o personales: Si alguien de tu familia ha tenido cálculos
renales, es más probable que tú también los tengas. Si ya has tenido uno o más cálculos
renales, el riesgo de que se forme otro es mayor.
Deshidratación: No beber suficiente agua todos los días puede aumentar el riesgo de
tener cálculos renales. Las personas que viven en climas cálidos y secos y las que sudan
mucho pueden correr un mayor riesgo que otras.
Ciertas dietas: Consumir alimentos con grandes niveles de proteínas, sodio (sal) y
azúcar puede aumentar el riesgo de que se formen algunos tipos de cálculos renales,
como ocurre con las dietas ricas en sodio. El exceso de sal en la dieta aumenta la
cantidad de calcio que deben filtrar los riñones e incrementa considerablemente el
riesgo de tener cálculos renales.
Obesidad: Un índice de masa corporal alto, un perímetro de la cintura ancho y el
aumento de peso se pueden asociar con un incremento del riesgo de tener cálculos
renales.
Cirugía y enfermedades digestivas: La cirugía de baipás gástrico, la enfermedad
intestinal inflamatoria o la diarrea crónica pueden causar cambios en el proceso
digestivo que afectan a la absorción de calcio y agua, lo cual aumenta las cantidades de
sustancias que forman cálculos en la orina.
Otras afecciones médicas: como la acidosis tubular renal, la cistinuria, el
hiperparatiroidismo y las infecciones recurrentes de las vías urinarias también pueden
aumentar el riesgo de tener cálculos renales.
Ciertos suplementos y medicamentos: como la vitamina C, los suplementos
alimentarios, los laxantes (cuando se usan en exceso), los antiácidos a base de calcio y
ciertos medicamentos utilizados para tratar las migrañas o la depresión, pueden
aumentar el riesgo de tener cálculos renales.
Tratamiento
El tratamiento de los cálculos renales varía en función del tipo de cálculo y de la causa.
Cálculos pequeños con síntomas mínimos
La mayoría de los cálculos renales pequeños no requiere un tratamiento invasivo. Es posible que
puedas expulsar un cálculo pequeño de las siguientes maneras:
Consumo de agua: Beber entre 2 y 3 cuartos de galón (1,8 a 3,6 litros) por día mantiene la
orina diluida y puede prevenir la formación de cálculos. A menos que tu médico te indique
lo contrario, bebe suficiente líquido, idealmente agua, para que la orina sea transparente o
casi transparente.
Analgésicos: Expulsar un cálculo pequeño puede provocar cierta molestia. Para aliviar el
dolor leve, es posible que el médico te recomiende analgésicos, como ibuprofeno (Advil,
Motrin IB, otros) o naproxeno sódico (Aleve).
Tratamiento médico: El médico puede administrarte un medicamento para ayudarte a
expulsar el cálculo renal. Este tipo de medicamento, conocido como alfabloqueador, relaja
los músculos del uréter y te ayuda a expulsar el cálculo renal más rápido y con menos dolor.
Los alfabloqueadores incluyen, por ejemplo, tamsulosina (Flomax) y la combinación de
dutasterida y tamsulosina (Jalyn).
Cálculos grandes y cálculos que producen síntomas
Los cálculos renales que son demasiado grandes para expulsar con la orina o que causan
hemorragias, daños en los riñones o infecciones de las vías urinarias en curso pueden requerir un
tratamiento más extenso. Los procedimientos pueden incluir:
Usar ondas sonoras para romper los cálculos: Para ciertos cálculos renales, según el
tamaño y la ubicación, el médico puede recomendar un procedimiento llamado "litotricia
extracorpórea por ondas de choque (LEOCH)". La litotricia extracorpórea por ondas de
choque usa ondas sonoras para crear vibraciones fuertes (ondas de choque) que rompen
los cálculos en pequeños pedazos para que puedan expulsarse con la orina. El
procedimiento dura entre 45 y 60 minutos y puede producir dolor moderado; por lo tanto,
es posible la sedacion o una anestesia suave. La litotricia extracorpórea por ondas de
choque puede provocar sangre en la orina, formación de hematomas en la espalda o en el
abdomen, sangrado alrededor del riñón y otros órganos cercanos, y molestias cuando
eliminas los fragmentos del cálculo a través de las vías urinarias.
Cirugía para extraer los cálculos renales muy grandes: Un procedimiento llamado
"nefrolitotomía percutánea" consiste en la extracción quirúrgica de un cálculo renal
mediante instrumentos y telescopios pequeños que se introducen a través de una pequeña
incisión que se realiza en la espalda. Se da anestesia general durante la cirugía y el paciente
se queda en el hospital durante uno o dos días para su recuperacion. Su médico puede
recomendar esta cirugía si la litotricia extracorpórea por ondas de choque no tiene éxito.
Usar un endoscopio para extraer los cálculos: Para extraer un cálculo pequeño alojado en
el uréter o en el riñón, el médico puede introducir un tubo delgado que posee una luz y una
cámara (ureteroscopio) a través de la uretra y de la vejiga hasta llegar al uréter.
Una vez que se localiza el cálculo, las herramientas especiales pueden atrapar el cálculo y
romperlo en trozos que se eliminarán con la orina. Después, el médico puede colocar un
pequeño tubo (estent) en el interior del uréter para mejorar la hinchazón y promover la
cicatrización. Posiblemente, se necesitará anestesia local o general durante este
procedimiento.
Cirugía de la glándula paratiroides: Algunos cálculos de fosfato de calcio se forman a causa
de glándulas paratiroides hiperactivas, las cuales están ubicadas en los cuatro extremos de
la glándula tiroides, justo debajo de la nuez de Adán. Cuando esas glándulas producen
demasiada hormona paratiroidea (hiperparatiroidismo), los niveles de calcio pueden
aumentar demasiado y, en consecuencia, se pueden formar cálculos renales.
A veces, el hiperparatiroidismo aparece cuando se forma un pequeño tumor benigno en
una de las glándulas paratiroides o si manifiestas otra afección que hace que estas
glándulas produzcan más hormona paratiroidea. Extirpar el crecimiento de la glándula
detiene la formación de los cálculos renales.
NEFROPATÍA DIABÉTICA
La nefropatía diabética es una complicación grave de la diabetes tipo 1 y tipo 2. También se la llama
enfermedad renal diabética. La nefropatía diabética afecta el funcionamiento normal de los riñones
para eliminar del cuerpo los desechos y el exceso de líquido. La mejor manera de prevenir o
retrasar la nefropatía diabética es llevar un estilo de vida saludable y tener bajo control la diabetes
y la presión arterial alta.
Con el transcurso de los años, la nefropatía diabética daña lentamente el sistema de filtración de
los riñones. Un tratamiento temprano puede prevenir esta afección o ralentizar su avance y reducir
la posibilidad de complicaciones.
La enfermedad renal diabética puede derivar en una insuficiencia renal. Esto también se conoce
como enfermedad renal en etapa terminal. La insuficiencia renal es una afección que pone en
riesgo la vida. Las opciones de tratamiento para la insuficiencia renal son diálisis o un trasplante de
riñón.
Causas
La nefropatía diabética se produce cuando se dañan los vasos sanguíneos y otras células de los
riñones a causa de la diabetes.
En los riñones, hay millones de conjuntos de vasos sanguíneos pequeños llamados glomérulos. Los
glomérulos filtran los desechos de la sangre. Si se dañan estos vasos sanguíneos, se puede generar
una nefropatía diabética. Debido al daño, es posible que los riñones no funcionen como deberían,
lo que derivaría en una insuficiencia renal.
Causas de la nefropatía diabética
La nefropatía diabética es una complicación común de la diabetes tipo 1 y tipo 2.
Con el tiempo, la diabetes que no está bien controlada puede dañar los vasos sanguíneos de los
riñones que filtran los desechos de la sangre. Esto puede causar daño renal y presión arterial alta.
La presión arterial alta puede causar más daño renal al aumentar la presión en el sistema de
filtración de los riñones.
Factores de riesgo
Si tienes diabetes, lo siguiente puede aumentar el riesgo de nefropatía diabética:
Hiperglucemia: nivel alto y no controlado de glucosa en la sangre.
Hipertensión: presión arterial alta no controlada.
Tabaquismo.
Nivel alto de colesterol en la sangre.
Obesidad.
Antecedentes familiares de diabetes y enfermedad renal.
Síntomas
En las etapas tempranas de la nefropatía diabética, no suelen aparecer síntomas. En etapas
posteriores, estos pueden ser algunos de los síntomas:
Presión arterial alta que es difícil de controlar
Hinchazón de pies, tobillos, manos u ojos
Orina espumosa
Confusión o dificultad para pensar
Falta de aire
Pérdida del apetito
Náuseas y vómitos
Picazón
Cansancio y debilidad
Tratamiento
El primer paso para tratar la nefropatía diabética es tratar y controlar la diabetes y la presión
arterial alta. El tratamiento incluye dieta, cambios en el estilo de vida, ejercicio y medicamentos de
venta con receta médica. Controlar los niveles de azúcar en sangre y la presión arterial pueden
prevenir o retrasar problemas en los riñones y otras complicaciones.
Medicamentos
En las primeras etapas de la nefropatía diabética, tu tratamiento podría incluir medicamentos para
controlar lo siguiente:
Presión arterial: Los medicamentos que se llaman inhibidores de la enzima convertidora de
la angiotensina y antagonistas de los receptores de la angiotensina II se utilizan para tratar
la hipertensión arterial.
Glucosa en la sangre: Los medicamentos pueden ayudar a controlar el nivel alto de glucosa
en la sangre en personas con nefropatía diabética. Estos incluyen medicamentos para la
diabetes más tradicionales, como la insulina, u otros más nuevos como la metformina
(Fortamet y Glumetza, entre otros), los agonistas del receptor del péptido similar al
glucagón tipo 1 (GLP-1) y los inhibidores de SGLT2.
Colesterol alto: Los medicamentos para reducir el colesterol, conocidos como estatinas, se
usan para tratar el colesterol alto y reducir la cantidad de proteínas en la orina.
Formación de cicatrices en el riñón: Finerenone (Kerendia) podría ayudar a disminuir la
formación de cicatrices en el tejido en casos de nefropatía diabética. Los investigadores han
demostrado que el medicamento podría reducir el riesgo de sufrir insuficiencia renal.
También podría disminuir el riesgo de morir por enfermedades cardíacas, de tener ataques
cardíacos o de necesitar ir a un hospital para tratar la insuficiencia cardíaca en adultos con
enfermedad renal crónica ligada a la diabetes tipo 2.
Tratamiento de la nefropatía diabética avanzada
En el caso de la insuficiencia renal, también llamada enfermedad renal en etapa terminal, el
tratamiento se centra en reemplazar el funcionamiento de tus riñones o hacer que te sientas mejor.
Estas son algunas opciones:
Diálisis renal: Este tratamiento elimina de la sangre los desechos y el exceso de líquido. La
hemodiálisis filtra la sangre fuera del cuerpo usando una máquina que realiza el mismo
trabajo que los riñones. Para la hemodiálisis, se tiene que acudir a un centro de diálisis
aproximadamente tres veces a la semana. Cada sesión dura de 3 a 5 horas.
La diálisis peritoneal utiliza el recubrimiento interno del abdomen o peritoneo para filtrar
los desechos. Durante este procedimiento, un líquido limpiador pasa a través de una sonda
al peritoneo. Este tratamiento se puede hacer en el hogar o en el lugar de trabajo. Sin
embargo, no todos pueden usar este método de diálisis.
Trasplante: Algunas veces, un trasplante de riñón o un trasplante de páncreas-riñón es la
mejor opción de tratamiento para la insuficiencia renal.
Control de los síntomas: Si tienes insuficiencia renal y no quieres la diálisis ni someterte a
un trasplante de riñón, posiblemente vivas solo algunos meses. El tratamiento puede
ayudar a que te sientas un poco mejor.
PIELONERFRITIS
Una infección renal es un tipo de infección de las vías urinarias. Puede comenzar en el conducto por
donde sale la orina del cuerpo (uretra) o en la vejiga, así como también propagarse a uno o ambos
riñones. La infección renal también se denomina “pielonefritis”.
Las infecciones renales requieren tratamiento médico inmediato. Si no se tratan adecuadamente,
pueden causar daños persistentes en los riñones. También es posible que las bacterias se
propaguen por el torrente sanguíneo y provoquen una infección peligrosa.
Causas
Las bacterias que ingresan a las vías urinarias a través de la uretra pueden multiplicarse y
trasladarse a los riñones. Esta es la causa más común de las infecciones renales.
Las bacterias de una infección en otra parte del cuerpo también pueden llegar a los riñones a través
del torrente sanguíneo. En pocas ocasiones, una articulación o una válvula cardíaca artificial que se
infecta puede causar una infección renal.
Por lo general, no se producen infecciones renales tras una cirugía renal.
Factores de riesgo
Entre los factores que aumentan el riesgo de una infección renal, se incluyen los siguientes:
Ser mujer: La uretra es más corta en las mujeres que en los hombres. Eso facilita el traslado
de las bacterias desde el exterior del cuerpo hasta la vejiga. El hecho de que la uretra esté
cerca de la vagina y el ano también hace que sea más fácil para las bacterias ingresar en la
vejiga. Una vez que la infección llega a la vejiga, puede extenderse a los riñones. Las
mujeres embarazadas corren un riesgo aun mayor de tener una infección renal.
Tener una obstrucción en las vías urinarias: Cualquier cosa que desacelere el flujo de orina
o dificulte el vaciamiento completo de la vejiga puede aumentar el riesgo de sufrir una
infección renal. Esto incluye un cálculo renal, una uretra estrechada o una glándula
prostática agrandada.
Tener un sistema inmunitario debilitado: Afecciones tales como la diabetes y el virus de la
inmunodeficiencia humana pueden debilitar el sistema inmunitario. Determinados
medicamentos también pueden reducir la inmunidad. Entre ellos, se incluyen los
medicamentos que se toman después de un trasplante de órganos para ayudar a prevenir
el rechazo.
Tener daño en los nervios alrededor de la vejiga: El daño en los nervios o en la médula
espinal puede bloquear la sensación de una infección en la vejiga. Eso puede hacer que
resulte difícil saber si una infección se extiende a un riñón.
Usar un catéter urinario: Los catéteres urinarios son sondas que se usan para drenar la
orina de la vejiga. A veces, los catéteres se usan después de un procedimiento quirúrgico o
de una prueba de diagnóstico. También se utilizan en las personas que están postradas en
un cama.
Tener una afección que hace que la orina fluya en la dirección opuesta: En el caso del
reflujo vesicoureteral, pequeñas cantidades de orina regresan desde la vejiga hasta los
conductos que conectan la vejiga con los riñones. Las personas que padecen esta afección
corren un mayor riesgo de sufrir infecciones renales durante la niñez y la adultez.
Sintomas
Los síntomas más habituales de la pielonefritis son: fiebre, dolor lumbar, malestar general, vómitos,
náuseas y escalofríos. El paciente también puede presentar los síntomas propios de otras
infecciones –cistitis, uretritis o prostatitis-, que han podido originar la infección del riñón. En este
caso, puede darse, por ejemplo, más ganas de miccionar -a veces de manera urgente-, picor y
escozor al hacerlo, sangre en la orina, orina de aspecto blanquecino o purulento, etc.
Si se trata de pielonefritis crónica, es necesaria una evaluación completa por si es precisa una
intervención quirúrgica.
Aunque suele ser más frecuente en las formas complicadas de la enfermedad, la pielonefritis puede
evolucionar a bacteriemia -presencia de bacterias en el torrente sanguíneo-, sepsis grave y shock
séptico.
Si la pielonefritis se produce en el embarazo, puede originar que el bebé tenga bajo peso al nacer.
Si se vuelve crónica, como hemos comentado, puede dañar de manera permanente de los riñones.
En algunos grupos de población determinados, por ejemplo, en ancianos, la sintomatología puede
no ser tan clara y manifestarse como un dolor abdominal difuso, somnolencia, afectación del
estado general o una fiebre sin un claro origen clínico.
Tratamiento
Antibióticos para las infecciones renales: Los antibióticos son la primera línea de
tratamiento para las infecciones renales. Los fármacos empleados y la duración del
tratamiento dependen de tu estado de salud general y de las bacterias halladas en la orina.
Los síntomas de una infección renal suelen empezar a desaparecer dentro de los pocos días
de tratamiento. No obstante, es necesario continuar tomado antibióticos durante una
semana o más. Termina todo el tratamiento de antibióticos, aunque te empieces a sentir
mejor.
Hospitalización por infecciones renales graves: Si la infección renal es grave, es posible que
tengas que ir al hospital. El tratamiento podría incluir la administración de antibióticos y
líquidos por vía intravenosa en el brazo. La duración de tu estancia en el hospital
dependerá de la gravedad de la infección.
Tratamiento para las infecciones renales recurrentes: Un problema médico subyacente,
como una deformidad en las vías urinarias, puede hacer que tengas infecciones renales de
manera reiterada. Si es así, es posible que te remitan a un especialista en riñones
(nefrólogo) o a un cirujano urinario (urólogo). Para reparar un problema estructural es
posible que necesites una cirugía.
ENFERMEDAD RENAL POLIQUÍSTICA
La enfermedad renal poliquística es un trastorno hereditario en el que se desarrollan grupos de
quistes principalmente dentro de los riñones, lo que hace que estos se agranden y pierdan su
función con el tiempo. Los quistes son sacos redondos no cancerosos que contienen líquido. Los
quistes varían en tamaño y pueden hacerse muy grandes. Tener muchos quistes o quistes grandes
puede dañar los riñones.
La enfermedad renal poliquística también puede hacer que se desarrollen quistes en el hígado y en
otras partes del cuerpo. La enfermedad puede causar complicaciones graves, como la hipertensión
arterial y la insuficiencia renal.
Causas
Los genes anormales causan la enfermedad renal poliquística, lo que significa que, en la mayoría de
los casos, la enfermedad es hereditaria. A veces, una mutación genética se produce por sí sola
(espontánea), de modo que ninguno de los padres tiene una copia del gen mutado.
Los dos tipos principales de enfermedad renal poliquística, causados por diferentes defectos
genéticos, son:
Enfermedad poliquística renal autosómica dominante (EPRAD): Los signos y los síntomas de la
enfermedad poliquística renal autosómica dominante a menudo se desarrollan entre los 30 y 40
años de edad. En el pasado, este tipo se llamaba enfermedad renal poliquística en adultos, pero los
niños pueden desarrollar el trastorno. Solo uno de los padres necesita tener la enfermedad para
que se transmita a los hijos. Si uno de los padres tiene enfermedad poliquística renal autosómica
dominante, cada niño tiene un 50 % de posibilidades de contraer la enfermedad. Esta forma es la
responsable de la mayoría de los casos de enfermedad renal poliquística.
Enfermedad poliquística renal autosómica recesiva (EPRAR): Este tipo es mucho menos común
que la enfermedad poliquística renal autosómica dominante. Los signos y síntomas suelen aparecer
poco después del nacimiento. En ocasiones, los síntomas no aparecen hasta después en la niñez o
durante la adolescencia.
Ambos padres deben tener genes anormales para transmitir esta forma de la enfermedad. Si ambos
padres son portadores de un gen de este trastorno, cada hijo tiene un 25 % de probabilidades de
contraer la enfermedad.
Síntomas
Los síntomas de la enfermedad renal poliquística pueden incluir lo siguiente:
Presión arterial alta
Dolor de espalda o en el costado
Sangre en la orina
Una sensación de plenitud en el abdomen
Aumento del tamaño del abdomen debido al aumento de tamaño de los riñones
Dolores de cabeza
Cálculos renales
Insuficiencia renal
Infecciones en las vías urinarias o en los riñones
Tratamiento
La gravedad de la enfermedad renal poliquística varía de una persona a otra, incluso entre
miembros de una misma familia. A menudo, las personas con enfermedad renal poliquística llegan
a la enfermedad renal en etapa terminal entre los 55 y 65 años. Pero algunas tienen una
enfermedad leve y puede que nunca lleguen a la enfermedad renal en etapa terminal.
El tratamiento de la enfermedad renal poliquística implica ocuparse de los siguientes signos,
síntomas y complicaciones en los estadios tempranos:
Crecimiento de un quiste renal: La terapia con tolvaptán puede recomendarse para adultos
con riesgo de enfermedad renal poliquística autosómica dominante de avance rápido.
Tolvaptán (Jynarque, Samsca) es una pastilla que se toma por vía oral y que actúa para
reducir la velocidad de crecimiento de los quistes renales y el deterioro de la función renal.
Existe el riesgo de que se produzca una lesión hepática grave al tomar tolvaptán, que puede
interactuar con otros medicamentos. Es mejor consultar a un médico especializado en
salud renal (nefrólogo) cuando se toma tolvaptán, para que se puedan controlar los efectos
secundarios y las posibles complicaciones.
Presión arterial alta: El control de la presión arterial alta puede retrasar la evolución de la
enfermedad y retrasar el daño renal. Combinar una dieta con bajo contenido de sodio y
grasa, que sea moderada en el contenido de proteínas y calorías, con no fumar; aumentar
el ejercicio y reducir el estrés pueden ayudar a controlar la presión arterial alta.
Sin embargo, suele ser necesario usar medicamentos para controlar la presión arterial alta.
Los medicamentos llamados inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) o
bloqueadores de los receptores de la angiotensina II se usan a menudo para controlar la
presión arterial alta.
Disminución de la función renal: Para que los riñones se mantengan lo más sanos posible
durante el mayor tiempo posible, los expertos recomiendan mantener un peso corporal
normal (índice de masa corporal). Beber agua y líquidos durante el día puede ayudar a
retrasar el crecimiento de los quistes renales, lo que a su vez podría retrasar el deterioro de
la función renal. Si consumes menos sal y proteínas, los quistes renales podrían responder
mejor al aumento de los líquidos.
Dolor: Es posible que puedas controlar el dolor de la enfermedad renal poliquística con
medicamentos de venta libre que contengan acetaminofén. Sin embargo, para algunas
personas, el dolor es más intenso y constante. El médico podría recomendar un
procedimiento en el que se extrae el líquido del quiste con una aguja y se inyecta un
medicamento (agente esclerosante) para reducirlo. Tal vez necesites una cirugía para que
te extirpen los quistes si son lo suficientemente grandes como para causar presión y dolor.
Infecciones de la vejiga o el riñón: Es necesario tratar de inmediato las infecciones con
antibióticos para prevenir el daño renal. El médico puede determinar si tienes una infección
de vejiga simple o una infección de quiste o de riñón más complicada. Si tienes una
infección más complicada, puede que necesites tomar un curso más largo de antibióticos.
Sangre en la orina: Deberás beber mucho líquido, preferentemente agua, apenas observes
sangre en la orina para diluirla. La dilución podría evitar que se formen coágulos
obstructivos en las vías urinarias. En la mayoría de los casos, el sangrado se detendrá solo.
De lo contrario, es importante que consultes al médico.
Insuficiencia renal: Si los riñones pierden la capacidad de eliminar los desechos y el exceso
de líquidos de la sangre, con el tiempo necesitarás diálisis o un trasplante de riñón. Ir al
médico regularmente para que te controlen la enfermedad renal poliquística permite
determinar cuál es el mejor momento para someterte a un trasplante de riñón. Tal vez
puedas recibir un trasplante preventivo de riñón, lo que significa que no sería necesario
iniciar la diálisis, sino que te harían el trasplante.
Aneurismas: Si tienes una enfermedad renal poliquística y antecedentes familiares de
aneurismas cerebrales rotos (intracraneales), el médico puede recomendar exámenes de
detección regulares de aneurismas intracraneales.
Si se descubre un aneurisma, el grapado quirúrgico del aneurisma para reducir el riesgo de
sangrado puede ser una opción, según su tamaño. El tratamiento no quirúrgico de los
aneurismas pequeños puede comprender el control de la presión arterial alta y el colesterol
alto en la sangre, como también dejar de fumar.
LOS ELECTROLITOS
Los electrolitos son minerales que tienen carga eléctrica cuando se disuelven en agua o fluidos
corporales, incluida la sangre. La carga eléctrica puede ser positiva o negativa. Usted tiene
electrolitos en la sangre, la orina, los tejidos y otros fluidos corporales.
Son importantes porque ayudan a:
Equilibrar la cantidad de agua en el cuerpo
Equilibrar el nivel ácido-base (pH) de su cuerpo
Llevar nutrientes a sus células
Eliminar los desechos de sus células
Apoyar el funcionamiento de sus músculos y nervios
Mantener su frecuencia y ritmo cardíacos estable
Manter estable su presión arterial
Mantener sus huesos y dientes sanos
Principales electrolitos del cuerpo
Los principales electrolitos de su cuerpo incluyen:
Bicarbonato: Ayuda a mantener el equilibrio ácido-base del cuerpo y cumple una función
importante en la circulación de dióxido de carbono por el torrente sanguíneo
Calcio: Ayuda a fortalecer y mantener los huesos y los dientes
Cloruro: También ayuda a controlar la cantidad de líquido en el cuerpo. Además, ayuda a
mantener un volumen de sangre y una presión arterial saludables
Magnesio: Ayuda a que los músculos, los nervios y el corazón funcionen bien. También
ayuda a controlar la presión arterial y los niveles de glucosa (azúcar) en sangre
Fosfato: Trabaja junto con el mineral calcio para formar huesos y dientes fuertes
Potasio: Ayuda a que el corazón y los músculos funcionen bien
Sodio: Ayuda a controlar la cantidad de líquido que hay en el cuerpo. También contribuye a
que los nervios y los músculos funcionen bien
Los electrolitos se obtienen de los alimentos que consume y de los líquidos que bebe.
Desequilibrio electrolítico
Un desequilibrio electrolítico significa que el nivel de uno o más electrolitos en su cuerpo es
demasiado bajo o demasiado alto. Puede ocurrir cuando cambia la cantidad de agua en su cuerpo.
La cantidad de agua que ingiere debe ser igual a la cantidad que elimina. Si algo altera este
equilibrio, es posible que tenga muy poca agua (deshidratación) o demasiada agua
(sobrehidratación). Algunas de las razones más comunes por las que podría tener un desequilibrio
del agua en su cuerpo incluyen:
Ciertos medicamentos
Vómito y/o diarrea intenso
Sudoración intensa
Problemas cardíacos, hepáticos o renales
No beber suficientes líquidos, especialmente cuando se hace ejercicio intenso o cuando
hace mucho calor
Beber demasiada agua
Tipos de desequilibrios electrolíticos
Los nombres de los diferentes tipos de desequilibrios electrolíticos son: