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Responsabilidad Civil del Estado: Conceptos Clave

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FREULIN YON CASILLA

NOMBRE

2022-3300370
MATRICULA

Responsabilidad Civil
ASIGANTURA

Carmen Lidia Castro Frías


MAESTRO

La presencia de responsabilidad.
Como consecuencia del trascendental hito que significó y significa la Revolución
Francesa, y su más encomiable legado, el Estado de Derecho, se ha constituido en un
axioma que el Estado es una persona jurídica; esa personalidad jurídica que le es dable
le hace no solo sujeto de derechos, sino también pasible de responsabilidad. Dentro de
las responsabilidades imputables al Estado existe la responsabilidad civil o patrimonial,
la cual le impone, tanto a él como a sus funcionarios, la obligación de responder por los
hechos u omisiones que, en el ejercicio de sus actividades, causen daños a particulares,
a quienes deben resarcir o reparar, cosa que era impensable en el antiguo régimen,
pues la corona, el rey, no era imputable, no veía comprometida su responsabilidad en
ningún caso.

La responsabilidad civil o patrimonial en el Estado se define como la obligación que


tienen sus entes, órganos y funcionarios de reparar los daños que, como consecuencia
del ejercicio de sus actividades, generen a los particulares; este concepto se ha
universalizado, a lo que han tributado, y siguen tributando significativamente la
doctrina, el derecho positivo y la jurisprudencia, contribuyendo con ello a la
pulverización de la tesis que clamaba por la irresponsabilidad del Estado, sobre la base
del criterio de que este, por su condición de soberano, no daña, no produce actos
lesivos a los ciudadanos y ciudadanas, en consecuencia, no tiene, bajo ninguna
circunstancia, la obligación de resarcir. Tesis que, sin duda, sumerge a los ciudadanos
en un estado de autoritarismo e indefensión

Es importante entender que la imputabilidad patrimonial del Estado no solo encuentra


justificación en el Estado de Derecho, sino también en los mecanismos de control a los
que está sometida la Administración Pública; también se fundamenta en el sistema de
garantías y de seguridad jurídica de la ciudadanía, de lo que deriva la obligación de
indemnizar a las personas cuando se verifican daños causados por su actuación. Esta
materia jurídica, en el pasado se regía por el Derecho Civil, mientras que hoy día hace
parte del contenido del Derecho Público, específicamente del Derecho Administrativo,
aunque es preciso reconocer que recibe una gran influencia de las normas de carácter
civil, las que le sirven incluso como derecho común.

La responsabilidad en el Estado vincula y se impone a todos los poderes públicos y


órganos constitucionales, como a sus agentes.

En otras entregas podremos desarrollar con calma lo concerniente a la responsabilidad


por actuación legislativa y por error y anormalidad en la actuación judicial.

En lo que respecta a la responsabilidad de la Administración Pública, existen unos


requisitos y principios jurídicos generales que la condicionan, los que son especificados
y desarrollados por el Derecho Administrativo, aunque es preciso advertir que se
requiere en cada caso de una oportuna interpretación y de un ponderado juzgamiento
de estos, pues se deben aquilatar no solo los hechos concretos, sino también las
circunstancias en las que estos se producen.

Dentro de lo referidos requisitos y principios se citan los perjuicios y daños causados a


los particulares que deben ser provocados por actos antijurídicos; los daños deben ser
efectivos, evaluables económicamente e individualizados; en otro orden, debe existir
una o varias instituciones estatales, o uno o más funcionarios públicos imputables por
los hechos dañosos; también se exige que haya una relación de causa y efecto entre la
actuación u omisión lesiva que se imputa a la Administración y los daños provocados
que se alegan.

Es importante destacar que los perjuicios ocasionados por actuación u omisión


administrativa son indemnizables cuando dicha actuación es ilegal o cuando los
particulares no tienen el deber jurídico de soportar los referidos perjuicios.

En cuanto a la responsabilidad civil en el Estado, la Constitución de la República reza en


su artículo 148: “Las personas jurídicas de derecho público y sus funcionarios o agentes
serán responsables, conjunta y solidariamente, de conformidad con la ley, por los
daños y perjuicios ocasionados a las personas físicas o jurídicas por una actuación u
omisión administrativa antijurídica”.

Es importantes reiterar, lo hemos dicho antes, que en varias leyes adjetivas se


consigna, de forma muy general, la responsabilidad civil de los funcionarios públicos,
tales como la No. 10-04, de la Cámara de Cuentas, la No. 41-08, de Función Pública, la
No. 107-13, de Derechos de las Personas en Relación con la Administración y
Procedimiento Administrativo, entre otras.

De todas formas, de conformidad con el citado artículo constitucional, se está en


espera de la aprobación de una ley que de forma específica desarrolle la
responsabilidad civil en el Estado, que deberá regular de forma detallada los aspectos
jurídicos y procedimentales que hacen parte de la temática, tales como tipos de
responsabilidad civil, sujetos de responsabilidad civil o patrimonial, actuaciones y
omisiones administrativas antijurídicas, ausencia del deber jurídico de los particulares
de soportar daños, la falta del servicio, elementos objetivos y subjetivos de la
responsabilidad civil en el Estado, responsabilidad patrimonial solidaria y
mancomunada, responsabilidad subsidiaria, procedimientos, plazos, entre otros temas
de interés.

Desde lo interno del Derecho Civil se asume la tesis de que todo aquel que ocasiona un
daño a otro tiene la obligación de resarcirlo; haciendo acopio de esta, y siendo que es
un hecho jurídico fundamental la personificación del Estado, en tanto sujeto de
derechos y deberes, también es una tesis axiomática que toda actuación administrativa
que lesione los derechos e intereses de las personas activa el principio de
responsabilidad en el Estado, por el cual se obliga a sus entes, órganos y funcionarios,
según corresponda, a resarcir los daños causados, con base en los supuestos, principios
y elementos condicionantes antes expuestos. Esto, a pesar de que en los primeros años
de su evolución solo se aceptaba la imputación por responsabilidad civil de los
funcionarios públicos.

La garantía jurídica que debe ofrecer el Derecho Administrativo a los ciudadanos no se


completa ni concreta si no se regula con precisión la posibilidad de que la
Administración sea regulada por un régimen de consecuencias que implique la
obligación de indemnizar a las personas cuando sus derechos e intereses legítimos
resultan perjudicados por su actuación o inactividad; esto solo se logra a través de un
adecuado régimen de responsabilidad patrimonial ubicado, con carácter autónomo, en
el ordenamiento jurídico público. Una atinada regulación de la responsabilidad civil en
el Estado ofrece a los ciudadanos la certeza jurídica de que el Estado daña y de que, en
consecuencia, el Estado debe indemnizar; es sin duda una garantía de derechos.

La obligación de indemnización que deriva de la responsabilidad civil o patrimonial de


la Administración Pública debe diferenciarse de otros tipos de indemnizaciones, por
ejemplo, de la obligación de indemnización que resulta de la expropiación forzosa,
pues esta actuación se enmarca en el ejercicio de una potestad expresa para la que la
ley habilita a las autoridades administrativas, y con la que se persigue, es el supuesto
jurídico, el interés público. También se diferencia de la obligación de indemnizar que
resulta de la destitución de un servidor público de estatuto simplificado, la que
constituye una facultad legal, de ejercicio discrecional, de la autoridad competente.

La ley y la presunción de falta.


El artículo 1384.1 del Código Civil dispone: "No solamente es uno responsable del daño
que causa El articulo hecho suyo, sino también del que se causa por hechos de las
personas de quienes se debe responder, o de las cosas que están bajo su cuidado".
Nadie duda que, de habernos atenido a su orden gramatical y a la función que le dio el
legislador napoleónico, este texto carecería de autonomía. Su finalidad sería sólo la de
introducir las disposiciones subsiguientes que establecen los casos específicos de
responsabilidades civiles cuasi delictuales por el hecho de otro (pares: 1384.2;
comitentes: 1384.3; maestros y artesanos: 1384.4) y por el hecho de ciertas cosas
(animales: 1385; edificios: 1386).

Ahora bien, todos sabemos que, a finales del siglo XIX, la jurisprudencia francesa,
inspirada en la idea de jurista Belga Laurent e influenciada por los maestros franceses
Saleilles y Josserand, "descubrió" el artículo 1384.1 (Cass.16 jun. 1896: DP1897. I.433,
nota Saleilles), dotándolo de total autonomía en lo que respecta la responsabilidad civil
por el hecho de las cosas. Este descubrimiento fue adoptado por nuestra
jurisprudencia a partir del 21 de Diciembre del 1931 (S.C.J.: Fallo "Manatico":
B.J.254.116). Así, desde entonces se entiende el artículo 1384.1 no juega un simple
papel introductorio, sino que consagra el principio general de la responsabilidad civil
por el hecho de las cosas inanimadas, el cual coexiste con las hipótesis especiales
previstas para los animales (art. 1385) y los edificios (art. 1386), entre otras.

Conforme este principio, el guardián de una cosa se presume responsable de los daños
causados por ella, sin que la víctima tenga que probar la falta. Es una presunción juris
et de jure, de la cual el responsable sólo puede liberarse probando la intervención de
un caso fortuito o de fuerza mayor.

A pesar de las encarnadas polémicas que surgieron sobre su ámbito de aplicación,


enfrentando los defensores de la teoría subjetiva (fundada en la falta) a los defensores
de la teoría objetiva (fundada en el riesgo), el principio general de la responsabilidad
civil por el hecho de las cosas inanimadas logró una firme consolidación, tanto en
derecho francés como en derecho dominicano (V. Víctor J. Castellanos, in Gaceta
Judicial, 18/9 a 2/10 de 1997.31). Al punto que, siendo de origen pretoriano, ha
eclipsado largamente las hipótesis legales de responsabilidades especiales por el hecho
de ciertas cosas Sin lugar a dudas, esta realidad constituye un fiel testimonio del papel
creador de la jurisprudencia en el derecho.

Y he aquí que, a finales de siglo, la jurisprudencia francesa vuelve a darnos otra


muestra.

La presunción de falta contra el propietario.


La accionante solicita que se declare la inconstitucionalidad del
artículo 1384 del Código Civil dominicano, debido a que mediante la
presunción de responsabilidad consignada a cargo del guardián de la
cosa inanimada se viola el derecho a la igualdad procesal,
componente del derecho a la tutela judicial efectiva y debido proceso
de todo justiciable.

A tales fines, plantea que: a. La calidad de la accionante se destaca


en el hecho de que la misma ha sido condenada a pagar diez millones
de pesos (RD$10,000,000.00) por aplicación en su contra de una
presunción de responsabilidad civil de guarda prevista en el artículo
1384 del Código Civil dominicano, presunción esta que a la luz de lo
consagrado en el artículo 69.4 de la Constitución de la República del
26 de enero de 2010 y el artículo 14.1 del Pacto Internacional de los
Derechos Civiles y Políticos, es una presunción inconstitucional.

la cosa inanimada, contraviene el principio de igualdad en el orden


procesal previsto en el artículo 69.4 de la Constitución de la República
el cual dispone las garantías del debido proceso al consagrar el
derecho a un juicio en plena igualdad, así mismo al artículo 14.1 del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el cual dispone:
“Todas las personas son iguales ante los tribunales y corte de justicia.
c.

El artículo 1384 del Código Civil dominicano, establece una


presunción de responsabilidad en perjuicio del guardián de la cosa
inanimada, presunción de responsabilidad que solo puede destruirse
probando el caso fortuito o de fuerza mayor, la falta de la víctima o el
hecho ajeno de un tercero, lo que evidencia de manera
incontrovertible que el guardián de la cosa inanimada comparece al
juicio en desigualdad de condiciones con la víctima, que demanda la
reparación del daño, en razón de que de antemano al guardián de la
cosa inanimada se le presumirá culpable del hecho que generó el
daño;

La presunción de la acción.
La presunción de legalidad son las presunciones conforme a las que, mientras no se
demuestre lo contrario, un acto administrativo es conforme al ordenamiento jurídico y
es correcto.

La presunción de legalidad consiste en que los actos administrativos deben ser


obedecidos, tanto por las autoridades como por los particulares, desde el momento
que comienza su vigencia y mientras no hayan sido anulados o suspendidos por la
jurisdicción en (sic) lo contencioso administrativo. Quiere decir lo anterior que, el acto
administrativo puede ser expedido viciado por alguna de las causales de nulidad, pero
se presume legal y conserva su vigencia hasta que no sea declarado nulo por la
jurisdicción contencioso administrativa.

La presunción de legalidad, según el diccionario es prerrogativa reconocida por el


ordenamiento jurídico a los actos que dictan las administraciones públicas, por la que
se presumen válidos mientras no sean anulados, bien por la propia Administración,
bien por los tribunales.

Esta presunción deriva de la circunstancia de que la Administración no es un mero


poder de hecho, sino que se trata de un poder jurídico que define derechos y crea
obligaciones de forma unilateral y ejecutoria. De este modo, la Administración no
precisa la declaración de legalidad de sus actos para que estos sean ejecutivos. Sus
decisiones son inmediatamente eficaces y, por ello, la consecuencia es la carga que se
impone al administrado de recurrir el acto administrativo para que éste no se ejecute.

El principio de legalidad de la Administración opera, pues, en la forma de una


cobertura legal de toda actuación administrativa: sólo cuando la Administración cuenta
con esa cobertura legal previa, su actuación es legítima.

La presunción de legalidad permite al acto desplegar sus efectos de forma inmediata


en tanto no se demuestre su invalidez y traslada, de este modo, al administrado la
carga de impugnarlo, bien en la vía administrativa o bien en la contencioso-
administrativa, si desea obtener su anulación y suspender temporal o definitivamente
su eficacia.

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