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Valor y dignidad en la eutanasia

ESTE TRABAJO DEFIENDE LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS HASTA SU ULTIMOS MOMENTOS. UNA MUERTE DIGNA E INTEGRAL

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Cuadernos de Bioética.

2019; 30(98): 43-53 Este trabajo se publica bajo una licencia de


DOI: 10.30444/CB.20 Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional
Copyright Cuadernos de Bioética

EL VALOR Y LA DIGNIDAD DE LA VIDA TERMINAL.


PROLEGÓMENOS FILOSÓFICOS PARA UNA
CRÍTICA DE LA EUTANASIA

THE VALUE AND DIGNITY OF TERMINAL LIFE. PHILOSOPHICAL


PROLEGOMENA FOR A CRITIQUE OF EUTHANASIA

IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA


Universidad Rey Juan Carlos
Madrid, España
[Link]@[Link]

RESUMEN::
Palabras clave: La actitud que se adopte sobre la licitud de la eutanasia depende de la posición que se mantenga acer-
Valor. Dignidad. Vida ca del valor y la dignidad de la vida humana terminal. Los debates morales en nuestro tiempo adolecen de
humana. Eutanasia. una anomalía derivada de la falta de posiciones básicas compartidas por los que intervienen en ellos. Sin

Recibido: 11/10/2018 embargo, no es imposible, aunque sí difícil, mantenerlos. Sobre la dignidad de la vida humana disputan,

Aceptado: 10/12/2018 al menos, dos actitudes. Para una, la dignidad de la vida depende del mantenimiento de alguna cualidad
decisiva, como la autonomía, la autodeterminación o la ausencia de sufrimientos intensos. Para otra, la
dignidad, inherente a la persona desde su nacimiento hasta su muerte, no depende de ninguna cualidad
o propiedad. Para ella, el sufrimiento no constituye una negación de la dignidad de la vida. Esta última
resulta filosóficamente más correcta. En cualquier caso, no debe dejarse de lado la distinción entre la moral
y el derecho.

ABSTRACT:
Keywords: The attitude we adopt towards the lawfulness of euthanasia depends on our position on the value and
Value. Dignity. Human dignity of the life of the terminal ill patient. Contemporary moral debates lacks of a shared basic position,
life. Euthanasia. but it is not impossible to discuss. On human dignity there are two attitudes. For one of them, dignity
depends on maintaining of one decisive quality, as autonomy, autodetermination or lack of intense suffe-
ring. For the other conception of dignity, it does not depend on any attribute of human life. Sufferance is
not a refutation of dignity. This second idea of dignity is more correct in philosophical terms. Anyway, the
difference between law and moral must be taken into account.

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Ignacio Sánchez Cámara el valor y la dignidad de la vida terminal. Prolegómenos filosóficos para una crítica de la eutanasia

1. Introducción pero les otorgamos sentidos diferentes y, en ocasiones,

El objeto de este trabajo es la consideración acerca antagónicos. Según él, la crisis moral de nuestro tiempo

del valor y dignidad de la vida humana terminal. Su se manifiesta en la inconmensurabilidad de las posicio-

perspectiva es, pues, filosófica. Desde luego, no trata de nes morales de quienes intervienen en los debates. Este

imponer lo que uno debe o no hacer ni juzgar, ni menos hecho conduce a la imposibilidad de justificar las eleccio-

condenar a nadie. Sólo aspira a un poco de claridad y, nes morales de cada persona frente a su interlocutor. Los

si acaso, a proponer lo que su autor considera mejor debates morales contemporáneos serían, por esta razón,

o menos malo. Cualquier decisión ante el sufrimiento arbitrarios. No existen criterios comunes que permitan

humano previo a la muerte, ya sea de quien lo sufre, ordenar racionalmente las discusiones. La primacía la

de sus familiares o de los profesionales de la sanidad tiene, de hecho, el emotivismo (relativista), aunque los

que lo atienden, tendrían, en cualquier caso, atenuantes argumentos de (casi) todos los intervinientes apelen a la

morales. Quien trata de evitar un mal y obra de buena existencia de criterios objetivos. Según MacIntyre, las ex-

fe puede, sin duda, equivocarse, pero no merece una presiones morales que utilizamos conservan la huella de

condena incondicional. Si se participa en un debate hay una época anterior en la que sí existían pautas y criterios

que presuponer la buena fe en los intervinientes y, si no objetivos. Realiza un sugestivo análisis del proceso que

fuera el caso, lo mejor es abstenerse. Tampoco es buen ha conducido a que la cultura moderna haya llegado a

principio la descalificación o el insulto. ser emotivista, una cultura moderna cuyos personajes
más expresivos son el esteta, el gerente y el terapeuta.
Aunque no trato de entrar en los debates sobre la
El emotivismo es la consecuencia del fracaso del ideal
eutanasia y sólo permanecer en los preámbulos filosó-
ilustrado a la hora de justificar racionalmente la moral.
ficos sobre la dignidad de la vida humana en su etapa
El liberalismo contemporáneo no sería sino una mani-
terminal, convendrá, quizá, hacer una mínima precisión
festación, un síntoma más, de la moderna enfermedad
conceptual. La eutanasia consiste en poner fin, intencio-
emotivista.
nadamente, por acción o por omisión de medios ordina-
rios de mantenimiento, a la vida del paciente. Cabe ha- La explicación se encuentra en el olvido y declive

blar de eutanasia activa o pasiva. Pero evitar el encarni- del aristotelismo, en la muerte de la teleología. Los pre-

zamiento terapéutico o la utilización de procedimientos ceptos de la moralidad sólo tienen sentido cuando se

extraordinarios no tiene nada que ver con la eutanasia, admite la idea de una naturaleza humana no educada y

ni activa ni pasiva, sino con la ortotanasia1. la idea de un telos o fin inherente a ella, que ésta deba
alcanzar o cumplir. Pero al eliminar la modernidad la
idea de un fin propio del hombre, todo el edificio moral
2. Anomalía de los debates morales
clásico de raíz aristotélica se viene abajo.
contemporáneos
Los debates morales en nuestro tiempo padecen,
“Los filósofos morales del siglo XVIII se enzar-
como afirma Alasdair MacIntyre, una profunda anoma-
zaron en lo que era un proyecto destinado inevi-
lía. Nuestras discrepancias son radicales, pero lo más gra-
tablemente al fracaso. Por ello intentaron encon-
ve es que, con frecuencia, ignoramos la naturaleza de
trar una base racional para sus creencias morales
nuestras discrepancias. Utilizamos los mismos términos,
en un modo peculiar de entender la naturaleza
humana, dado que, de una parte, eran herederos
1 Serrano Ruiz-Calderón, J. M., La eutanasia, Ediciones Inter-
nacionales Universitarias, Madrid, 2007, capítulo II. Ollero, A., Bio- de un conjunto de mandatos morales, y, de otra,
derecho. Entre la vida y la muerte. Thomson Aranzadi, Cizur Menor heredaban un concepto de naturaleza humana,
(Navarra), 2006, p. 141 s. Ballesteros, J., “Ortotanasia. El carácter
inalienable del derecho a la vida”, en F. J. ANSUÁTEGUI (coord..), lo uno y lo otro expresamente diseñados para
Problemas de la eutanasia, Dykinson, Madrid, 1999, p. 49. Marcos
del Cano, A. M. La eutanasia. Estudio filosófico-jurídico. Marcial que discrepasen entre sí. Sus creencias revisadas
Pons, Madrid, 1999, p.46 s.

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Ignacio Sánchez Cámara el valor y la dignidad de la vida terminal. Prolegómenos filosóficos para una crítica de la eutanasia

acerca de la naturaleza humana no alteraron esta to genuino de una determinada concepción metafísica
discrepancia. Heredaron fragmentos incoherentes que sustenta una idea teleológica de la naturaleza hu-
de lo que una vez fue un esquema coherente de mana. Los intentos de fundamentarlos en concepciones
pensamiento y acción y, como no se daban cuenta sociológicas, historicistas y positivistas fracasan. Una cosa
de su peculiar situación histórica y cultural, no es la explicación histórica del surgimiento de un valor
pudieron reconocer el carácter imposible y quijo- o idea, y otra la cuestión del fundamento. No se debe
tesco de la tarea a la que se obligaban”2. confundir el problema de la genealogía con el del fun-
damento. Por otra parte, si sólo se trata de convicciones
El análisis es inteligente y sugestivo, aunque acaso no jurídicas o morales compartidas, basta con que algunos
haya que renunciar a seguir entablando debates, ya que no las compartan para que se vengan abajo. Además,
aunque en ocasiones se diría que los intervinientes viven esta concepción omite que la verdadera cuestión moral
en mundos extraños e incomunicados, al fin no dejan no consiste en que algo, una acción, un principio, un
de pertenecer a una misma tradición filosófica, aunque valor, sean compartidos de hecho, sino en que deban ser
sus caminos se hayan separado hasta llegar a tener di- compartidos. La cuestión del deber es la cuestión moral
ficultad para encontrase y entenderse. Las discrepancias por excelencia. La claridad y coherencia de la concepción
radicales no son lo mismo que un diálogo de sordos. Tal clásica de los derechos humanos, que los fundamenta
vez podamos comprobarlo a propósito de la eutanasia. en una concepción -religiosa o metafísica- teleológica
Quizá quepa la posibilidad de encontrar argumentos de la naturaleza humana contrasta con la oscuridad y
comprensibles, e incluso, atendibles para las dos partes. confusión actuales.
Como ha escrito Rodríguez Paniagua, “sólo Dios, en

3. Los Derechos Humanos: fundamento y la concepción religiosa, sólo la moralidad, en la concep-

contenido ción subrogada o paralela, pueden contar como puntos


de referencia definitiva para determinar lo que corres-
Es cierto que el contenido de los derechos humanos
ponde al hombre en cuanto hombre, al margen y por
depende de la posición que se adopte sobre su funda-
encima del Estado o de cualquier otra instancia”3. Los
mento (o, en su caso, sobre su falta de fundamento). No
verdaderos fundamentos de la dignidad de la perso-
pueden coincidir en cuanto al contenido del derecho a
na y de sus derechos son Dios o la metafísica. El resto,
la vida quienes, por ejemplo, entienden la vida como un
como la mayoría social, la lucha contra el dolor, la au-
don de Dios, indisponible para el hombre, que quienes
todeterminación o la autoconsciencia, inevitablemente
la consideran como una propiedad de ciertos seres lla-
fracasan.
mados vivos, debida al azar y, por ello, disponible para
el hombre. Ello da lugar a posiciones divergentes en
asuntos como el aborto o la eutanasia. Como ha expues- 4. El valor y la dignidad de la vida humana
to José María Rodríguez Paniagua, el consenso acerca de terminal
los derechos humanos se sustenta bajo dos condiciones: El valor y la dignidad de la vida humana terminal de-
la omisión de la cuestión de su fundamento y la elimi- penderán de la idea que se tenga acerca del sentido de
nación del problema de la determinación del contenido. la vida en general, de su valor y dignidad y, con ellas, la
Por mucho que se intente ocultar, la teoría de los idea de la moralidad4. No me referiré, al menos en prin-
derechos, que dista de ser el fruto de la modernidad cipio, a la concepción religiosa en general o cristiana en
sino que tiene raíces medievales, obtiene su fundamen-
3 Rodríguez Paniagua, J. M., “Los derechos humanos del in-
dividualismo a la ética de la responsabilidad”, Anuario de Filosofía
del Derecho, Nueva Época, Tomo XV, (1998), Ministerio de Justicia-
2 Macintyre, A., After Virtue, University of Notre Dame Press, B.O.E., Madrid, 111-122.
Notre Dame, Indiana, 1981. Traducción española de Valcárcel A., 4 Bueno, G., El sentido de la vida. Seis lecturas de filosofía
Tras la virtud, Crítica, Barcelona, 1987, 79. moral, Penalfa, Oviedo, 1996, 200 s.

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particular. Kant y el utilitarismo gozan de elevado pres- mina Kant algunos ejemplos de deberes. Uno de ellos
tigio entre algunos de los más admirados filósofos con- se refiere a la licitud del suicidio en el caso de padecer
temporáneos, como Rawls y Habermas y, por lo tanto, desgracias lindantes con la desesperación y niega toda
entre la mayoría de quienes intervienen en los debates posibilidad de que una máxima tal pueda ser conforme
morales y jurídicos actuales. Pero Kant y los utilitaristas al deber, ya que “sería contradictoria y no podría sub-
pueden llegar a conclusiones opuestas acerca de la lici- sistir como naturaleza”8. La idea del suicidio tampoco
tud moral de la eutanasia. Jeremy Bentham afirmó que puede compadecerse con la idea de la “humanidad
el criterio de la moralidad, de lo que está bien o mal en como fin en sí”.
el orden moral, reside en el principio de utilidad, y ésta
debe ser entendida como la tendencia “a producir un “Si, para escapar a una situación dolorosa, se
beneficio, ventaja, placer, bien o felicidad”, o a preve- destruye él a sí mismo, hace uso de una persona
nir un daño, dolor, mal o desgracia”5. De esta manera como mero medio para conservar una situación
asume, siguiendo la tradición hedonista del epicureísmo, tolerable hasta el fin de la vida. Mas el hom-
la identificación entre el bien moral y el placer, y entre bre no es una cosa; no es, pues, algo que pueda
el mal moral y el dolor. A quien acepte esta premisa, usarse como simple medio; debe ser considerado,
no le será difícil argumentar en favor de la eutanasia. en todas las acciones, como fin en sí. No puedo,
Suprimir el dolor, eliminando la vida sufriente y termi- pues, disponer del hombre, en mi persona, para
nal, podría calificarse como un bien moral. En definitiva, mutilarle, estropearle, matarle”9.
dos son los argumentos principales que se esgrimen: la
autonomía y la piedad6.
Sobre la inmoralidad del suicidio basada en la indis-
Kant, por el contrario, no asume una ética conse- ponibilidad de la vida humana argumenta santo Tomás
cuencialista, como la del utilitarismo, sino que entien- de Aquino así:
de que el criterio de la moralidad se encuentra no en
la acción ni en sus consecuencias ni en la intención o
“Pues en las cosas que no son del dominio
fin que se espera conseguir, no se encuentra en nada
de la voluntad, como las naturales y los bienes
empírico, porque nada empírico puede proporcionar
espirituales, es mayor pecado inferirse a sí mismo
un imperativo categórico, es decir, absoluto e incondi-
un daño: pues se peca más gravemente el que se
cionado, que pueda fundamentar el deber moral, sino
mata a sí mismo que el que mata a otro”10.
en la actitud o disposición de ánimo de quien obra. Y
piensa que quitarse la vida nunca puede ser conforme
y aun deseando la muerte, conserva su vida, sin amarla, sólo por
al deber y que quien, pese a no tener ya apego a la deber y no por inclinación o miedo, entonces su máxima sí tiene
un contenido moral” (Kant, I., Grundlegung zur Metaphysik der
vida o incluso desea quitársela, si no lo hace y sólo por Sitten, edición de K. Vorländer, F. Meiner, Leipzig, 1906. Traducción
deber, entonces su máxima (el principio subjetivo del española de García Morente, M., Fundamentación de la metafísica
de las costumbres, Espasa Calpe, Madrid, 1977, 34).
obrar) sí tiene un contenido moral7. Más adelante, exa- 8 Kant, I., op. cit., 73.
9 Ibid., 85. Sobre la distinción entre valor y dignidad, afir-
ma Robert Spaemann: “Cuando Kant dice que el hombre no tiene
5 Bentham, J., An Introduction to the Principles of Morals valor, sino dignidad, la palabra dignidad significa lo inconmensura-
and Legislation, edición de J. H. Burns y H. L. A. Hart, The Atholon ble, lo sublime, lo que hay que respetar incondicionalmente. Esta
Press, Londres, 1970,11 s. condición absoluta, no relativa, se puede interpretar de dos modos;
6 Serrano Ruiz-Calderón, J. M., op. cit., 150 s. o bien desde la perspectiva de la inclinación instintiva, como algo
7 “En cambio, conservar cada cual su vida es un deber, y que, careciendo en sí mismo de valor, adquiere significado exclusi-
además todos tenemos una inmediata inclinación a hacerlo así. vamente por su relación con otra cosa igualmente insignificante,
Mas, por eso mismo, el cuidado angustioso que la mayor parte de con lo que la conexión significativa en su conjunto queda privada
los hombres pone en ello no tiene un valor interior, y la máxima de significación (ésta es la posición del nihilismo); o bien como
que rige ese cuidado carece de un contenido moral. Conservan su descubrimiento del carácter radicalmente absoluto del sujeto fini-
vida conformemente al deber, sí ; pero no por deber. En cambio, to, que le permite aparecer con un resplandor que no es el suyo”,
cuando las adversidades y una pena sin consuelo han arrebatado Spaemann, R., Felicidad y benevolencia, Rialp, Madrid, 1991, 150.
a un hombre todo el gusto por la vida, si este infeliz, con ánimo 10 Santo Tomás de Aquino, Suma de Teología, I-II, q. 73, art. 9,
entero y sintiendo más indignación que apocamiento o desaliento, respuesta a la objeción 2. Traducción de Antonio Sanchis Quevedo,

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Peter Bieri entiende la dignidad humana bajo distin- pérdida autónoma de la autonomía, de querer
tos aspectos, como encuentro, respeto, veracidad, au- decidir nosotros mismos sobre la pérdida de la
toestima, integridad moral, sentido de lo importante, autodeterminación?”14.
reconocimiento de la finitud, para él, pero, sobre todo,
como autonomía11. En realidad, el verdadero fundamen- No puedo compartir su premisa de que el funda-
to de la dignidad del hombre se encuentra en su auto- mento de la dignidad se encuentre en la autonomía
nomía. Siguiendo a Epicuro, afirma que “si la muerte es y autodeterminación sin más. Por un lado, esa preten-
el final de todas las vivencias, no debemos temerla, pues sión entrañaría la negación de la dignidad de todas las
solo se puede temer lo que se puede vivir”12. En el mis- personas que carecen de autonomía, y no sólo de los
mo sentido, escribió Wittgenstein: “Al igual que en la enfermos terminales. Por otra, cabría invocar aquí la
muerte el mundo no cambia sino que cesa. La muerte no distinción kantiana entre libertad y arbitrio. La digni-
es un acontecimiento de la vida. No se vive la muerte”13. dad del hombre reside, para Kant, en su libertad, pero
En su último capítulo, se ocupa Bieri de la dignidad la libertad no es la pura indeterminación de la voluntad
ante la muerte y ofrece un posible diálogo entre las dos o el arbitrio sino la posibilidad de obrar confirme al de-
posiciones, favorable y opuesta a la eutanasia. Aunque ber, conforme a la ley moral. Desde luego, pienso que
su posición se acerca, probablemente, más a la primera, aunque alguien no pudiera ya hacer uso de su libertad,
no queda del todo claro ya que crea cuatro persona- no perdería por ello su dignidad. ¿Dónde reside ésta,
jes: un enfermo terminal, su mujer y dos médicos. En pues?
realidad, lo fundamental de la argumentación a favor En el diálogo entre las cuatro personas antes men-
consiste en la defensa de la autonomía y la autodeter- cionadas se reflejan las posiciones enfrentadas, funda-
minación y, en definitiva, a la idea de que la pérdida de mentalmente dos. Para una, la dignidad reside en la
las capacidades y el sufrimiento socavan la dignidad. El autodeterminación y la autonomía y obliga a respetar la
breve debate entre los cuatro interlocutores es claro e voluntad del enfermo terminal por dos motivos: porque
instructivo. En cualquier caso, el autor apunta una po- una vida sin autodeterminación es indigna y porque hay
sible paradoja: que respetar, ante todo, la voluntad del paciente. Con
estas palabras lo expresa Sarah, la mujer del paciente:
“He comenzado el libro con el pensamiento:
la dignidad de un ser humano es su autonomía
“El bien supremo, inviolable, es la dignidad
como sujeto, su capacidad de decidir él mismo
de un ser humano. El núcleo de esta dignidad
sobre su propia vida. Respetar su dignidad es
no es la protección de la vida sino la autodeter-
respetar esta capacidad. El morir es el aconte-
minación. Usted pretende escatimar a mi marido
cer en cuyo trascurso se pierde la autonomía de
el proceso de la muerte natural, que él deseaba
un ser humano. ¿En qué sentido podemos, a pe-
para la situación actual”15.
sar de ello, decidir nosotros mismos sobre este
acontecer? ¿No es contradictorio hablar de una
Para otra, la dignidad no depende del estado de la
persona y al médico o enfermero no le está permitido
B.A.C. , Madrid, 1993, Tomo II, 582. acabar con la vida del paciente. En suma, aparecen dos
11 Bieri, P., Eine Art zu Leben. Über die Vielfalt menschlicher
Würde, Carl Hanser Verlag, Múnich, 2013. Traducción española de concepciones divergentes de la dignidad. El médico que
F. Pereña Blasi, La dignidad humana. Una manera de vivir, Herder, se opone a quitarle la vida afirma que “nuestra tarea es
Barcelona, 2017.
12 Peter Bieri, op. cit., 332. proteger la vida y no ponerle fin” y que “para mí, que
13 Wittgenstein, L., Tractatus logico-philosophicus, edición de
C. K. Ogden, Routledge&Kegan Paul Ltd, Londres y Nueva York,
2000. Traducción española de J. Muñoz e I. Reguera, Alianza, Ma- 14 Bieri, P., op. cit., 350 s.
drid, 1987, 6.431 y 6.4311, 179. 15 Ibid., 359.

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he hecho el juramento hipocrático, el bien supremo es nente noche de juerga o un eterno jardín de infancia.
la protección de la vida” . 16
No hay ninguna vida humana indigna, ni la del jo-
La vida humana terrena empieza en la concepción y ven sano y fuerte, ni la que se extingue por la edad y la
termina con la muerte. Por lo tanto, la dignidad de la enfermedad. Si no de otras fuentes, al menos debería-
persona comienza en la concepción y concluye con la mos aprender de los horrores del nazismo. Eutanasia y
muerte, con independencia de la continuidad de la vida eugenesia suelen ir de la mano. Frente a la eutanasia, se
personal y su dignidad más allá de la muerte. Y no hay levanta el precepto “no matarás”, nunca, ni siquiera por
vidas más o menos dignas de ser vividas. No hay ninguna compasión. La idea de un médico o enfermero homici-
vida indigna ni carente de sentido. das constituye, en sí misma, un sinsentido. El fin de las
Es curioso cómo la aceptación social del aborto, uno profesiones sanitarias es la curación y la supresión, hasta
de los dos peores errores morales del siglo XX, según donde es posible, del dolor. Y esto último es, cada vez,
Julián Marías, ha sido muy superior a la de la eutanasia, más real. Lo que necesita la vida que se acaba es amor,
acaso por la mayor visibilidad de la persona a la que se compañía y cuidados paliativos, no la inyección letal.
suprime la vida, y a pesar de que en el caso del aborto no Estamos ante otro episodio de la equivocada relación
existe el consentimiento de la víctima. Todo lo que precisa entre medios y fines. La legalización de la eutanasia
del eufemismo, declara por ello su indigencia moral. Así, pretende que el fin de suprimir el dolor justifica el me-
se prefiere hablar de “muerte digna” o de “interrupción dio de acabar con la vida. Pero sabemos que esto no es
voluntaria del embarazo”. La eutanasia goza de algunos así. Gregorio Marañón afirmó que ser liberal consiste
argumentos aparentes y prejuicios a su favor. Se cobija en negar que el fin justifique los medios, sino que, por
bajo la protección de la libertad y la autonomía. Si un el contrario, son los medios los que justifican el fin18. Y
hombre no desea continuar viviendo, habría que respetar aquí, el medio es matar. Algo parecido podría decirse
su voluntad. Seríamos absolutamente libres para hacer sobre la pena de muerte o la tortura. No es posible que
todo aquello que no entrañe ningún daño a otro. Ade- el bien surja del mal.
más, no se impone nada a nadie. Todos permanecemos En la valoración de la vida, no caben medias tintas.
libres. Quien la quiera, la tendrá a su disposición, y quien Nietzsche dijo: “¿Era esto la vida? Bien, que venga otra
no, a nada estará obligado. Perfecta libertad. Y acaso el vez”. Sí a la vida, a toda vida, también a la vida terminal.
más extendido argumento sea la piedad, el cese del sufri-
miento, el supremo mal, al parecer en nuestro tiempo17. 5. La dignidad de la persona
Pero la realidad no favorece a sus defensores. La acep-
La dignidad pertenece a la persona, no a las especia-
tación de la eutanasia niega la condición personal del
les condiciones de su vida. Es legítimo buscar uno o va-
hombre, y entiende que la vida no vale en sí misma, sino
rios elementos que definen la especificidad del hombre,
que se acepta a beneficio de inventario. Cuando el ba-
ya sea la racionalidad, el lenguaje, la libertad, la auto-
lance es negativo, se repudia. El dolor es un mal, pero no
consciencia, el saberse mortal, la sociabilidad o la risa.
todo en el dolor es un mal. Ni tampoco es el único ni el
Decimos que el hombre es una realidad personal,
peor mal. Cuando todos los valores superiores se niegan,
que es persona. ¿Qué significa ser persona? ¿En qué con-
sólo quedan el placer y la supresión del dolor. Muchos
siste la personalidad? La idea de persona entraña la de
contemporáneos pretenden que la vida sea una perma-
la posesión de una especial dignidad. El hombre sería el
único ser del mundo consistente en realidad personal. El
16 Ibid, 358 s. Sobre dignidad y vida, Kass, L., Life, Liberty
resto de los animales y de los demás seres no son per-
and the Defense of Dignity, Encounter Books, San Francisco, 2002;
y Recuero, J.R., En defensa de la vida humana, Biblioteca Nueva, sonas. Se trata de una realidad difícil de definir. Entre
Madrid, 2011.
17 Gilles Lipovetsky subtitula así su libro El crepúsculo del
deber: La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos, Ana- 18 Marañón, G., Ensayos liberales, Obras Completas, IX, Espa-
grama, Barcelona, 1994. sa-Calpe, Madrid, 1973, 197-269.

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sus características fundamentales podemos mencionar la La persona es digna porque es un fin en sí y nunca
individualidad, la unidad, la intimidad, la apertura a la un medio. En este sentido, la eutanasia podría entrañar
realidad social, la dimensión cultural e histórica, el cono- una despersonalización y deshumanización.
cimiento de sí misma, la vocación, el perfeccionamiento Existen dos concepciones sobre la dignidad. Para una,
y la búsqueda y realización del ideal, la exigencia de au- es algo condicionado por alguna circunstancia, como la
tenticidad, la apertura a la trascendencia, la autonomía, salud o la autonomía. Para la otra, es absoluta e incon-
la libertad y la responsabilidad. dicionada y no puede perderse nunca.
La personalidad está vinculada a la inmortalidad, al
destino eterno del hombre. La persona aspira a la vida 6. El sentido del dolor
perdurable y es ininteligible sin ella. A esta cuestión
¿Puede el sufrimiento anular la dignidad de la vida?
dedica Julián Marías los últimos capítulos de su libro La
¿Es indigna una vida extremadamente sufriente?
felicidad humana19.
El dolor es una de las más profundas y misteriosas
Sobre la persona son fundamentales las investigacio-
experiencias humanas. Ante el dolor, físico o espiritual,
nes de la fenomenología, y especialmente de Max Sche-
levantamos la vista hacia Dios. Y solo esto ya otorga
ler, en obras como El puesto del hombre en el cosmos o
un gran valor al sufrimiento humano. Sin embargo, es
De lo eterno en el hombre. El filósofo alemán considera
frecuente referirse al silencio de Dios ante el dolor de
al hombre como ens amans. Este aspecto de su obra lo
los inocentes, ante los campos de exterminio, ante la
ha analizado, con profundidad y acierto, Marta Albert20.
muerte de los niños, ante la enfermedad, la tortura y
Una persona puede haber perdido la mayoría de estos el hambre. ¿Por qué calló? ¿Por qué permitió? ¿Por qué
rasgos, pero nunca perderá su condición personal. Otra calla? ¿Por qué permite? ¿Puede ser ese un Dios omnipo-
cosa conduciría a posiciones nihilistas y antihumanistas21. tente y, a la vez, absolutamente bueno? Dolor humano
Tampoco el sufrimiento extremo y la desesperanza y silencio de Dios.
hacen perder al hombre su condición personal. Por el Tal vez la primera observación que quepa hacer con-
contrario, la capacidad de soportar el dolor y hacerle sista en negar que todo sea malo en el sufrimiento.
frente aumenta la dignidad de una vida. Lo que la hace Miguel de Unamuno decía que en el dolor nos hace-
menguar es, por el contrario, la cobardía. mos y en el placer nos gastamos. Y Beethoven, creo
La dignidad procede de la condición personal y, por que en la partitura de la Novena, escribió: A la alegría
ello, es igual para todas las personas. Todas poseen la por el dolor. Al final de la Barcarola de los cuentos de
misma dignidad. Lo que establece rangos y jerarquías es Hoffmann, de Offenbach, se canta: “El amor nos hace
la forma en que cada uno vive. Hay formas más o menos grandes, y el llanto aún más”. La verdad nos hace libres,
valiosas de vida, pero no personas más o menos dignas y el dolor grandes. Nadie ha sido más grande que Jesús
que otras. Es preciso distinguir entre la dignidad de la
vida y la dignidad de la persona22.
su fin, esté en las condiciones que esté, de salud, de enfermedad,
de riqueza, de raza, de pensamiento. La dignidad personal no se
19 Marías, J., La felicidad humana, Alianza Editorial, Madrid, fundamenta nunca en aspectos, biológicos, éticos o de otro tipo.
1987. Podría dar una profunda explicación metafísica, siguiendo la defi-
20 Albert, M., “Ordo amoris. Una gramática de los sentimien- nición clásica de un pensador romano, Boecio, que después asumió
tos”, en Díaz del Rey, M., Esteve, A. et altri, Reflexiones filosóficas San Agustín y Santo Tomás (...) pero simplemente les voy a decir
sobre compasión y misericordia, Cuadernos Scio, Valencia, 2016, que desde una metafísica del ser, desde una metafísica de lo más
83-102, especialmente 86 ss. profundo de la realidad, del último sentido de las cosas, la persona,
21 En este sentido, es incorrecto atribuir dignidad a los anima- a diferencia de todo lo demás, expresa directamente este núcleo
les y, con ella, derechos, como hace, entre otros, Peter Singer. esencial, este acto que explica racionalmente la realidad, por cierto
22 En su intervención ante la Comisión del Senado el 26 de misterioso, y que este ser propio de cada persona es lo que le da
octubre de 1999, Eudaldo Forment afirma: “En este argumento que su carácter permanente. Siempre se es una persona actual, nunca
hemos leído y oído todos muchas veces hay una grave confusión se es persona en potencia, siempre en acto, además siempre se es
entre la dignidad de la vida y la dignidad de la persona. La dignidad persona en el mismo grado” (citado por Serrano Ruiz-Calderón, J.
del hombre no está en su modo de vivir, sino en su ser personal. M., La eutanasia, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid,
La persona tiene siempre la misma dignidad desde su inicio hasta 2007, 220 s.).

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abandonado en Getsemaní y luego clavado en lo alto viaja enmascarado y muchas veces no lo advertimos. El
del Gólgota. dolor, por el contrario, es transparente, nos asalta sin
El dolor ajeno nos mueve a la compasión, nos con- careta, nunca engaña. Nada apresa nuestra atención y
mueve. El propio nos modela. El dolor es la forja del absorbe nuestra conciencia como el dolor; ni siquiera
alma. No se puede esculpir sin dar golpes con el cincel. el amor.
Cabría decir, parafraseando a Nietzsche, que un hombre Escribe Lewis: “El dolor no es sólo un mal inmedia-
vale en la medida de la cantidad de dolor que es capaz tamente reconocible, sino una ignominia imposible de
de soportar. Nada de esto significa que debamos buscar ignorar. Podemos descansar satisfechos en nuestros pe-
el dolor. No. Debemos evitarlo. Es un mal, pero repleto cados y estupideces; cualquiera que haya observado a
de cosas buenas. El dolor es un mal, pero sus consecuen- un glotón engullendo los manjares más exquisitos como
cias son casi siempre beneficiosas. si no apreciara realmente lo que come, deberá admitir
En este sentido, debe leerse el excelente ensayo El la capacidad humana de ignorar incluso el placer. Pero
problema del dolor de C. S. Lewis, si estoy en lo cierto, el dolor, en cambio, reclama insistentemente nuestra
uno de los más grandes escritores del siglo XX. Su tesis atención. Dios susurra y habla a la conciencia a través del
central es que Dios nos grita en el dolor. Dios no calla placer, pero le grita mediante el dolor: es su megáfono
mientras sufrimos. Habla, incluso grita, precisamente a para despertar a un mundo sordo. El hombre malo y
través de nuestro dolor. Lo que nos duele es la voz feliz no tiene la menor sospecha de que sus acciones no
aguda de Dios que nos llama. Y nosotros, ignorantes, “responden”, de que no están en armonía con las leyes
soberbios y sordos, aún hablamos de silencio de Dios… del universo”.
El dolor es el grito de Dios. Y habría que decirle a Él: El dolor puede ser también el despertador de la fe.
Gracias, Dios mío, por el dolor que me envías, pues con Dice un personaje del Cuento de invierno de Shakes-
él me has salvado. Él nos salvó con su dolor y nos conti- peare: “Es necesario que despiertes tu fe. Entonces todo
núa salvando con el nuestro. queda en calma”. En el fondo, la posibilidad de perfec-
El bien del hombre consiste en entregarse a Dios. cionarse a través de las tribulaciones forma parte de la
Pero esto resulta extraordinariamente difícil. Sólo el vieja doctrina cristiana.
bien puede proporcionar la felicidad. Por eso la desgra- Es cierto, como reconoce Lewis, que el dolor como
cia es tan frecuente. Los felices son siempre pocos, pues megáfono de Dios puede ser algo terrible y conducir a
pocos son los capaces de entregarse totalmente a Dios. la rebelión definitiva y a la desesperación, pero también
Escribe Lewis: “No somos meras criaturas imperfectas puede ser la única oportunidad del malvado para en-
que deban ser enmendadas. Somos, como ha señala- mendarse y, por lo tanto, salvarse. San Agustín nos ense-
do Newman, rebeldes que deben deponer las armas. ñó que el alma sólo puede ser feliz cuando descansa en
La primera respuesta a la pregunta de por qué nuestra Dios, porque Él nos ha hecho para sí. En eso consiste ser
curación debe ir acompañada necesariamente de dolor criatura. Dice también san Agustín que Dios nos quiere
es, pues, que someter la voluntad reclamada durante dar cosas pero no podemos tomarlas porque tenemos las
tanto tiempo como propia entraña, no importa dónde manos llenas de otras cosas. En este sentido el dolor es el
ni cómo se haga, un dolor desgarrador”. manotazo que nos arrebata lo que más queremos, pero
El primer principio de la educación consiste en “que- para que podamos recibir lo único que puede hacernos
brar la voluntad del niño”. Esto se puede hacer bien o felices: la entrega total a Dios. Y esta entrega total no
mal, con suave firmeza o con sórdida crueldad. Pero es posible sin el dolor. Así, tenía razón Beethoven: A la
debe hacerse, pues sin ello no hay educación. El hombre alegría, por el dolor. Y si alguien piensa que todo esto es
no se ve obligado a quebrar su voluntad para entregar- una apología del dolor y del masoquismo, sólo le pediría
la a Dios mientras las cosas le van bien. El error moral que pensara un poco más.

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Por otra parte, imaginémonos un mundo sin dolor. 7. Breve referencia al debate jurídico sobre la
Un mundo así se vería privado de la mayor parte de las eutanasia
cosas buenas. Para empezar sería un mundo sin compa- No entraré en el debate jurídico, pero sí haré una
sión y sin heroísmo, probablemente un mundo sin mé- brevísima referencia a él. Una evaluación moral negati-
rito moral. Pensemos en acciones realmente ejemplares. va de la eutanasia, derivada de la aceptación de la tesis
¿Cuántas de ellas se habrían realizado en un mundo sin de la dignidad incondicionada de toda vida humana
dolor? Como afirma Lewis, “el dolor proporciona una con independencia de sus condiciones concretas, no en-
oportunidad para el heroísmo que es aprovechada con trañaría necesariamente la exigencia de su tipificación
asombrosa frecuencia”. como delito. El ámbito de la moral no coincide con el
El dolor no testimonia en contra de la bondad divina. jurídico. No todo lo inmoral ha de ser prohibido por el
A veces podemos tener la impresión de que a Dios se le derecho.
ha ido la mano y de que tal vez hubiera bastado con El derecho ha de tener en cuenta la moral dominan-
una terapia más suave, pero para que tengamos las ma- te, la llamada moral social. Cuando la opinión pública
nos vacías debe quitarnos todo o, al menos, lo que más está dividida, el derecho ha de buscar, si es posible un
amamos. Una vez cumplida su función terapéutica, Dios término medio. El caso del aborto ha sido, en este sen-
nos puede devolver algo o mucho de lo que teníamos, tido paradigmático. Para unos, es un crimen; para otros,
incluso todo. Pero entonces ya lo poseeremos de otra un derecho. Las leyes deberían buscar, quizá, una vía
manera, a la manera de la criatura, a la manera feliz. La media. Tal vez, suceda algo parecido con la eutanasia.
ilusión de la autosuficiencia humana sólo puede quebrar- Pero no hay que olvidar que cuando se trata de bienes
se mediante el sufrimiento. El dolor es el último recurso jurídicos fundamentales, como la protección de la vida
de Dios para hacernos verdaderamente felices, es decir, humana, la solución correcta parece clara.
buenos y sabios, y salvarnos. El dolor es el grito de Dios23.
Las posiciones divergentes sobre la eutanasia deri-
En absoluto, es correcto identificar el dolor con el su- van de actitudes antagónicas sobre el hombre y la vida.
frimiento físico. “Hay dolor verdadero cuando lo que el No pueden coincidir quienes, por ejemplo, conciben la
hombre experimenta es la presencia auténtica del mal, vida como un don de Dios, indisponible, por tanto, para
y los restantes dolores y sufrimientos y molestias son el hombre, que quienes la consideran una mera pro-
sólo signos, ecos o preámbulos del dolor”24. El dolor es piedad inherente a ciertos seres. Si hay un derecho a
el sentimiento de la presencia del mal. la vida, no puede haber un deber de matar. Entre una
Al final, se trata de elegir lo mejor, no tanto de juz- concepción religiosa o metafísica y otra materialista o
gar y condenar. La moral consistiría así en la búsqueda hedonista, es muy difícil encontrar un acuerdo. ¿Existe
del ideal, de lo mejor. Según Brentano, la respuesta a una vía media conciliadora? No parece que lo sea dejar
cuál es el fin justo consiste en elegir “lo mejor entre lo la solución en manos de médicos, familiares y pacientes.
accesible”. Pero se trata de una respuesta oscura, pues En cualquier caso, los médicos no son meros servidores
hay que preguntar ¿qué significa eso de “lo mejor”?25. de la arbitrariedad del cliente o de un familiar en quien,
Entre nosotros, Julián Marías ha insistido en la relevan- eventualmente, haya podido delegar. Los médicos tie-
cia moral del concepto de “lo mejor”26. nen obligaciones derivadas de la moral general y de
la deontología profesional, incompatibles con la idea
mercantil de que el cliente, es decir, el paciente, siem-
23 Estos últimos párrafos sobre el dolor reproducen un artí-
culo, titulado “El grito de Dios”, que publiqué en el diario ABC de pre tiene razón.
Madrid en junio de 2014.
24 García-Baró, M., Del dolor, la verdad y el bien, Sígueme, Otra cosa es que el Derecho deba tener en cuenta la
Salamanca, 2006, 41.
moral social y atenerse a las convicciones dominantes.
25 Brentano, F., El origen del conocimiento moral, traducción
española de García Morente, M., Tecnos, Madrid, 2002, 20. Pero la solución no es fácil cuando la opinión pública se
26 Marías, J., Tratado de lo mejor, Alianza, Madrid, 1995.

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encuentra radicalmente escindida. La clave se encuentra, última. Ni el dolor ni la ausencia de ninguna otra cua-
como siempre, en la educación, y en la ejemplaridad de lidad inherente a la persona anulan su dignidad. Las
quienes poseen la autoridad espiritual, si es que hoy vidas humanas y las personas pueden ser más o menos
queda algún residuo de tal cosa. Pero nada tiene que valiosas, pero todas poseen la misma dignidad. Estas
ver la oposición a la eutanasia con la defensa del llama- consideraciones constituyen los prolegómenos filosófi-
do encarnizamiento terapéutico, ni con la adopción de cos a toda teoría, moral y jurídica, sobre la eutanasia.
medidas excepcionales para mantener a toda costa la La dignidad de la persona es incompatible con la licitud
vida que se apaga. de la eutanasia.
El declive actual de la protección jurídica de la vida
tiene mucho que ver con la propagación de una actitud Referencias
antihumanista y, por tanto, antipersonalista. Lo que está Albert, M., “Ordo amoris. Una gramática de los senti-
en crisis no es ya la dignidad de la persona, sino la con- mientos”, en Díaz del Rey M., Esteve, A. et altri, Re-
dición personal del hombre. Caminamos, tal vez y como flexiones filosóficas sobre compasión y misericordia,
mínimo, hacia una eutanasia sibilina y vergonzante. Y Cuadernos Scio, Valencia, 2016.
puede que este diagnóstico sea optimista. La crisis inte-
Ballesteros, J., “Ortotanasia. El carácter inalienable del
lectual y moral, en suma, espiritual, de nuestro tiempo
derecho a la vida”, en Ansuátegui F. J. (coord..), Pro-
parece evidente. Pero no sólo de éste. Un personaje de
blemas de la eutanasia, Dykinson, Madrid, 1999.
Pérez Galdós, en La corte de Carlos IV, afirma: “la eleva-
Bentham, J., An Introduction of Morals and Legislation,
ción de los tontos, ruines y ordinarios no es, como algu-
The Atholon Press, Londres, 1970.
nos creen, desdicha peculiar de los modernos tiempos”.
Bieri, P., Eine Artz zu Leben. Über die Vielfalt menschli-
Cuando luchan la verdad y la mentira, el bien y el mal,
cher Würde, Carl Hanser Verlag, Múnich, 2013.
la belleza y la fealdad, lo justo no se encuentra en el
Brentano, F., El origen del conocimiento moral, Tecnos,
término medio. No deberíamos olvidar nunca, y menos
Madrid, 2002.
en estos tiempos extraviados, pero no desesperanzados,
la vieja enseñanza de Antístenes: las ciudades sucumben Bueno, G., El sentido de la vida. Seis lecturas de filosofía

cuando dejan de distinguir entre el bien y el mal. moral, Penalfa, Oviedo, 1996.
García-Baró, M., Del dolor, la verdad y el bien, Sígueme,
Salamanca, 2006.
8. Conclusión
Kant, I., Grundlegung zur Metaphysik der Sitten, F. Mei-
La eutanasia entraña la asunción del principio de que
ner, Leipzig, 1906.
hay vidas que no merecen ser vividas, que son, por ello,
Kass, L., Life, Liberty and the Defense of Dignity, En-
indignas. La eutanasia voluntaria conduce lógicamente a
counter Books, San Francisco, 2002.
la eutanasia forzosa. ¿Es compatible la eutanasia, aun la
voluntaria, con la dignidad de la vida terminal? Lewis, C. S., El problema del dolor, Rialp, Madrid, 2012.

Si el hombre es cosa sagrada para el hombre, el hom- Lipovetsky, G., El crepúsculo del deber. La ética indolo-

bre no puede matar al hombre ni cooperar a su suicidio, ra de los nuevos tiempos democráticos, Anagrama,

aunque se trate de un enfermo terminal. Barcelona, 1994.

De las dos concepciones acerca de la dignidad de Macintyre, A., After Virtue, University of Notre Dame

la vida humana, una que la hace depender de ciertas Press, Indiana, 1981.

condiciones o propiedades como la autonomía, la au- Marañón, G., Ensayos liberales, Obras Completas, IX,
todeterminación o la ausencia de intensos sufrimientos Espasa-Calpe, Madrid, 1973.
y otra que la estima absoluta e incondicionada, desde Marcos del Cano, A. M., La eutanasia. Estudio filosófico-
el nacimiento hasta la muerte, hay que preferir esta jurídico, Marcial Pons, Madrid, 1999.

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Marías, J., La felicidad humana, Alianza Editorial, Ma- Anuario de Filosofía del Derecho, Nueva Época, XV,
drid, 1987. (1998), Ministerio de Justicia-B.O.E., Madrid, 111-122.
Marías, J., Tratado de lo mejor, Alianza Editorial, Ma- Serrano-Ruiz-Calderón, J. M., La eutanasia, Ediciones In-
drid, 1995. ternacionales Universitarias, Madrid, 2007.
Ollero, A., Bioderecho. Entre la vida y la muerte, Thom- Spaemann, R., Felicidad y benevolencia, Rialp, Madrid,
son Aranzadi, Cizur Menor (Navarra), 2006. 1991.
Recuero, J. R., En defensa de la vida humana, Biblioteca Tomás de Aquino, Suma de Teología, B.A.C., Madrid,
Nueva, Madrid, 2011. 1993.
Rodríguez Paniagua, J. M., “Los derechos humanos del Wittgenstein, L. Tractatus logico-philosophicus,
individualismo a la ética de la responsabilidad”, Routledge&Kegan Paul Ltd., Londres-Nueva York, 2000.

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