Capítulo I.
El acto administrativo: noción, elementos de
validez y tipología
Noción del acto administrativo
El Estado a través de la función administrativa efectúa un sinnúmero de actuaciones y
actividades destinadas a la satisfacción del interés general. En efecto, una de las
manifestaciones más importantes del ejercicio de la función administrativa lo constituye el
acto administrativo. Por ser expresión de la función administrativa, dicho acto jurídico debe
estar siempre al servicio del interés general. Reúne entonces el carácter instrumental en
cuanto al cumplimiento del interés general.
Sobre la noción de lo que se entiende por acto administrativo se han escrito muchas
reflexiones y apreciaciones al punto, y como es natural, que muchos estudiosos han insistido
que elaborar una noción exacta no resulta ser tarea fácil. Revisemos varias nociones ofrecidas
por la doctrina colombiana frente al acto administrativo.
Según Tafur Galvis (1996): “el acto administrativo es el acto jurídico de ejercicio
de la función administrativa; función administrativa que puede ser ejercida
directamente por el Estado o también en ocasiones por los particulares” (p.318).
Se trata de una noción de carácter funcional u objetiva en la medida en que dicho
acto jurídico debe ser el producto del ejercicio de la función administrativa.
Según Vidal Perdomo (2004): “declaraciones de voluntad de la administración
destinadas a producir efectos jurídicos”. Para el jurista, se está ante un acto
jurídico proveniente de la administración pública encaminado a producir efectos
jurídicos: creación, modificación o extinción de situaciones jurídicas.
Según Sánchez Torres (2007): “Los actos administrativos son declaraciones de
voluntad destinadas a producir efectos jurídicos, que determinan el nacimiento, la
modificación o la extinción de derechos y obligaciones” (p.23). Debe indicarse
que dichas declaraciones deben provenir de la administración pública o de quienes
ejercen funciones administrativas.
Según García-Herreros S. (1997): “Acto administrativo es una manifestación de
la voluntad del Estado, con contenido administrativo, que modifica el orden
jurídico”. Esta noción no se encuentra exenta de críticas en la doctrina en la
medida en que el acto administrativo no está encaminado a modificar el orden
jurídico, sino a producir efectos jurídicos.
Según Penagos Vargas (1992): “La manifestación unilateral de la voluntad
administrativa, a través de cualquier rama del poder público, o de los particulares,
que tiene por finalidad crear, modificar o extinguir una situación jurídica” (p.86).
Debe destacarse que el acto administrativo es el producto del ejercicio de la
función administrativa.
Polo Figueroa (1988): “Toda declaración concreta de la voluntad de un órgano de
la administración pública en ejercicio de la función administrativa” (p.172). Para
el jurista, se está ante un acto jurídico producto del ejercicio de la función
administrativa.
Rodríguez Rodríguez (2000): “Manifestaciones de voluntad de la administración
tendientes a modificar el ordenamiento jurídico, es decir, a producir efectos
jurídicos” (p.195). Para el jurista, elaborar una noción exacta de lo que se entiende
por acto administrativo no es tarea fácil, pero destaca que lo importante es saber
que dicho acto jurídico es susceptible de control judicial.
Según Santofimio Gamboa (1998): “toda manifestación unilateral de voluntad de
quienes ejercen funciones administrativas tendiente a la producción de efectos
jurídicos” (pp. 128-129). Esta noción es muy compartida por la doctrina.
Comprende entonces: a) manifestación unilateral de voluntad (acto jurídico
unilateral), b) proveniente de quien ejerce la función administrativa (criterio
funcional) y c) tendiente a producir efectos jurídicos (efectos en derecho).
Solano Sierra (2008): “El acto administrativo es, por consiguiente, la decisión
fundada en la voluntad de la administración, o conjuntamente con la voluntad del
administrado, que propende a la aplicación de la ley para determinar el derecho
en el caso concreto o individual” (p.155). Para el jurista, el acto administrativo
posee la pretensión de aplicar la Ley.
Según Rico Puerta (2013): “es la manifestación de voluntad unilateral de un
agente público en ejercicio de funciones administrativas orientada a producir
consecuencias jurídicas externas a la propia administración que interviene en su
formación o creación” (p.17). Se tiene que el acto administrativo es el resultado
del ejercicio de la función administrativa.
Revisando de nuevo las nociones ofrecidas por la doctrina colombiana frente al acto
administrativo, podemos afirmar que el acto administrativo se identifica como un acto
jurídico unilateral de quienes ejercen funciones administrativas encaminada a producir
efectos en derecho. Se considera como acto administrativo en el evento en que concurran los
siguientes componentes:
La existencia de la manifestación unilateral de voluntad de quienes ejercen
funciones administrativas (acto jurídico unilateral). Desde luego, quien ejerce la
función administrativa debe contar con la competencia administrativa para efectos
de expedir actos administrativos.
Producto o resultado del ejercicio de la función administrativa (criterio objetivo o
funcional). De manera excepcional, el legislativo, o la jurisdiccional, por ejemplo,
puede expedir actos administrativos cuando cumpla una función administrativa.
La producción de efectos jurídicos tales como la creación, modificación o
extinción de situaciones jurídicas particulares o generales (efectos en derecho).
Sin la producción de efectos jurídicos no podemos hablar de la existencia del acto
administrativo.
Desde luego, desde la academia hemos venido citando la noción ofrecida por la Corte
Constitucional por ser considerada la más adecuada en la medida en que destaca, además, el
sometimiento al derecho y el respeto de los derechos de los administrados: “manifestación
de la voluntad de la administración, tendiente a producir efectos jurídicos ya sea creando,
modificando o extinguiendo derechos para los administrados o en contra de éstos, tiene como
presupuestos esenciales su sujeción al orden jurídico y el respeto por las garantías y derechos
de los administrados” (Sentencia C-1436, 2000, p.15).
La anterior reflexión implica hablar que en sede del fenómeno de la
constitucionalización del derecho se debe difundir con frecuencia acerca de la teoría general
del acto administrativo garantista, compatible con los postulados de la fórmula Estado social
de derecho, pensada no siempre a la idea del estricto sometimiento del acto administrativo
frente al principio de legalidad, sino también, y de forma preferente, del respeto de los
derechos y garantías de los administrados.
Por su parte, en la actualidad se está hablando con reiteración el acto administrativo
electrónico, el cual hace parte de la tipología o clasificación del acto administrativo, y este
será entendido como la manifestación unilateral de voluntad de quienes ejercen funciones
administrativas encaminada a producir efectos en derecho, exteriorizada por medios
electrónicos, eso sí asegurando su autenticidad, integridad y disponibilidad. Este acto jurídico
también debe ser garantista.
La Ley 1437 de 2011, Código de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso
Administrativo (en adelante CPACA) no señala la definición de lo que se entiende por acto
administrativo electrónico, pero sí advierte que la expedición de este acto jurídico se debe
asegurar la autenticidad, integridad y disponibilidad: “Las autoridades, en el ejercicio de sus
funciones, podrán emitir válidamente actos administrativos por medios electrónicos siempre
y cuando se asegure su autenticidad, integridad y disponibilidad de acuerdo con la ley”.
Los elementos de validez del acto administrativo
La doctrina no ha sido uniforme para explicar respecto de cuáles son los elementos del acto
administrativo, como pasa a reseñarse.
Según Rico Puerta (2013): “1. Sujetos y órganos, 2. Competencia y capacidad en
el agente, 3. Voluntad y exteriorización, 4. Objeto, materia o contenido, 5. Causa
o motivos, o fundamento del acto, 6. Forma y, 7. Fin.” (p.19). Debe señalarse que
a juicio del jurista se están ante elementos de existencia del acto administrativo.
Según Tafur Galvis (1996): “Esos elementos generalmente aceptados son: el
sujeto, el objeto, la finalidad y la forma que son específicos del acto
administrativo” (p.324). A juicio del citado tratadista se están ante elementos de
validez del acto administrativo.
Según Vidal Perdomo (2004): “mirando hacia los aspectos que permiten la
elaboración del acto administrativo, otros elementos entran en juego: el sujeto del
acto, los motivos, el fin, el objetivo, las condiciones de su formación y las
formalidades de que se le reviste” (p. 240). Para el jurista, son elementos de
validez del acto administrativo.
Según Penagos Vargas (1992): “los elementos del acto administrativo son: 1)
órgano competente, 2) voluntad administrativa, 3) contenido, 4) forma o
procedimiento, y 5) fin” (p.373). El jurista en mención ha advertido que se tratan
de elementos de validez del acto administrativo.
Según Santofimio Gamboa (1998): “en el plano teórico podemos agrupar los
elementos esenciales para la existencia y validez del acto administrativo en tres
grupos; el primero es el que recoge los elementos externos del acto: el sujeto
activo que comprende la competencia y la voluntad; los sujetos pasivos y las
denominadas formalidades del acto. El segundo, el cual aborda sus elementos
internos como el objeto, los motivos y la finalidad del mismo. Y el tercero es el
que estudia, básicamente, el mérito u oportunidad para la producción del acto”
(p.139).
Como se ha evidenciado, no hay uniformidad en la doctrina para establecer los
elementos del acto administrativo. De hecho, tampoco hay uniformidad para determinar si se
tratan de componentes de validez o de existencia del acto administrativo. Desde luego, somos
partidarios de la explicación ofrecida por Sánchez Torres (2004): “Los elementos que
constituyen el acto jurídico administrativo son: 1) sujeto; 2) la voluntad; 3) objeto; 4) motivo;
5) el fin; y 6) la forma” (p.27).
Se comparte la explicación ofrecida por Sánchez Torres (2004) porque dichos
componentes se encuentran en conexidad, concordancia, con las causales de nulidad del acto
administrativo previstas en el inciso segundo del artículo 137 del CPACA (infracción de las
normas en que deberían fundarse, sin competencia, en forma irregular, con desconocimiento
del derecho de audiencia y defensa, mediante falsa motivación, o con desviación de poder).
Por dicha conexidad, se están ante elementos de validez, no de existencia. Ahora sí vamos a
reseñar, eso sí no a profundidad, sobre dichos componentes.
Elemento subjetivo. Estudia acerca de los sujetos que intervienen en la relación
jurídica concretada en el acto administrativo, en especial, del sujeto activo de
dicha relación, esto es, quien expide el acto administrativo. De hecho, se debe
contar con la competencia administrativa para poder expedir dicho acto jurídico.
La competencia es un elemento de validez del acto administrativo. En efecto, son
actos administrativos viciados de nulidad por falta de competencia (artículo 137)
aquellos actos jurídicos expedidos por autoridades o funcionarios en ejercicio de
la función administrativa con ausencia de competencia y dicho defecto de nulidad
puede provenir de distintos factores: a) la materia (como cuando un funcionario
expide un acto que compete a su superior), b) el territorio (cuando el alcalde
expide un acto que le compete al gobernador) y c) el tiempo (cuando la autoridad
administrativa dicta el acto por fuera del plazo fijado por la normativa).
Elemento objetivo. Analiza lo relacionado, y en conjunto, con: a) la materia o
contenido del acto administrativo (a lo que el acto administrativo ordena, dispone,
resuelve o manda) y b) la adecuada aplicación de la norma jurídica. Un acto
administrativo sin la adecuada aplicación de la norma jurídica equivale a acto
jurídico viciado de nulidad por infracción objetiva de normas jurídicas. En efecto,
los actos administrativos viciados de nulidad por infracción de las normas
jurídicas en que deberían fundarse (artículo 137) devienen aquellos actos jurídicos
que se expidan con ocasión a la transgresión de las normas en su expedición y
puede presentarse por: a) falta aplicación de la norma (no aplicar la norma a la
solución del caso); b) indebida aplicación de la norma (aplican normas no
pertinentes a la solución del caso); e c) interpretación errónea de la norma (asigna
la norma un sentido que no le corresponde).
Elemento formal (desde las facetas: forma y formalidades). Examina sobre a) la
forma (lo relacionado con la motivación del acto administrativo) y b) las
formalidades (con las etapas procedimentales para la expedición del acto
administrativo). La forma y las formalidades son aplicaciones del debido proceso
administrativo previsto en el artículo 29 de la Constitución Política. Los actos
administrativos sin observancia de la forma o de las formalidades equivalen a
actos jurídicos expedidos en forma irregular y, por tanto, se encuentran viciados
de nulidad. En efecto, los actos administrativos viciados de nulidad por
expedición en forma irregular devienen aquellos actos jurídicos expedidos: a) con
falta de motivación (no confundir con la falsa motivación), estando obligado a
motivarlo, y c) con la pretermisión de una formalidad o etapa de producción del
acto administrativo (no es cualquier omisión, sino aquellas pretermisiones con
vocación anulatoria del acto administrativo).
Elemento formal (desde la faceta del derecho de audiencia y defensa). Estudia
acerca de las etapas probatorias aplicables para la producción del acto
administrativo con respaldo probatorio, como aplicaciones procesales de la
garantía del derecho de defensa en sede administrativa (debido proceso
administrativo probatorio), como son: a) la fase de solicitud y aporte de pruebas,
b) decreto de pruebas, c) práctica de pruebas y d) decisión administrativa con
respaldo probatorio. Un acto administrativo con violación del debido proceso
administrativo probatorio equivale a un acto jurídico con desconocimiento del
derecho de audiencia y defensa. En efecto, los actos administrativos viciados de
nulidad por desconocimiento del derecho de audiencia y defensa (artículo 137)
devienen aquellos actos jurídicos expedidos con violación del debido proceso
administrativo probatorio, no practicar la prueba que ha sido decretada o cuando
se decreta una prueba ilícita, por citar algunos ejemplos. De paso, para que esta
causal se configure debe explicarse qué etapas del procedimiento administrativo
probatorio fueron pretermitidas o, como ocurre con frecuencia, qué
irregularidades se cometieron al punto de afectar el derecho de defensa.
Elemento causal. Analiza lo relacionado con los motivos o causas que condujeron
a la expedición del acto administrativo, esto es, de los antecedentes de hechos (o
supuestos fácticos), junto con las normas jurídicas, que conducen a la emisión del
acto administrativo. Los actos administrativos deben ser concordantes con los
hechos, con la realidad. Un acto administrativo contrario a la realidad (contrario
a los hechos) equivale a un acto jurídico viciado de nulidad por falsa motivación.
En efecto, los actos administrativos viciados de nulidad por falsa motivación
(artículo 137) devienen aquellos actos jurídicos expedidos contrarios a la realidad,
no acordes con la realidad, con los hechos. No confundir esta causal con la de
falta de motivación la cual es estudiada, como se evidenció, en el elemento formal
del acto administrativo, desde la faceta de la motivación del acto administrativo
(de la forma). Es decir, no confundir la causa con el motivo del acto
administrativo1.
Elemento teleológico. Examina sobre el fin que debe perseguir todo acto
administrativo: la consecución del interés general. No puede haber actos
administrativos que no estén al servicio del interés general. El fundamento
constitucional del interés general se encuentra, entre otras disposiciones, en el
artículo 209 de la Constitución Política, de la función administrativa y esta está al
servicio del interés general. Un acto administrativo que no esté al servicio del
interés general equivale a un acto jurídico viciado de nulidad por desviación de
poder. En efecto, los actos administrativos viciados de nulidad por desviación de
poder (artículo 137) devienen aquellos actos jurídicos expedidos con un fin
diferente del que la norma jurídica (de interés general) quería conferirla. De
hecho, la desviación de poder es un vicio del acto administrativo que se presenta
bajo una aparente legalidad, de ahí la dificultad probatoria para desvirtuar la
presunción de legalidad que ampara todo acto administrativo.
Clasificación de los actos administrativos
Se ha identificado en la literatura jurídica que la tarea de clasificar los actos administrativos
es inútil. En este texto destacamos la importancia de identificar la tipología de los actos
administrativos para efectos de distinguir, por ejemplo, la procedencia de controles internos
(recursos de vía administrativa) y externos (acciones judiciales) frente a determinados actos
administrativos. En las siguientes líneas vamos a señalar algunas clasificaciones.
Actos administrativos generales y particulares. Los actos administrativos de
carácter o contenido general son aquellos actos jurídicos unilaterales creadores de
situaciones jurídicas generales, objetivas (abstractas) o reglamentarias. Aquellos
que se refieren a personas indeterminadas. Se identifican también como actos
1
Criticamos la explicación ofrecida por Ocampo López (2018a) al indicar que los motivos aluden a las
explicaciones o justificaciones plasmadas en el acto administrativo. Confunde la motivación con el motivo.
Como se indicó, la motivación hace referencia a la justificación a reflejar en el acto administrativo, mientras
que el motivo alude a las causas que dieron lugar a la expedición del acto administrativo. No son equivalente,
pero sí se encuentran relacionados. Es bueno destacar de nuevo que la motivación es del elemento formal del
acto administrativo, desde la faceta de la forma del acto. Mientras que el motivo es del elemento causal del acto
administrativo. De paso, tales elementos son de validez del acto administrativo.
administrativos regla2. Mientras que los actos administrativos de contenido
particular se refieren a personas determinadas. Se requiere que el destinatario del
acto se encuentre plenamente identificado e individualizado. Los primeros no son
susceptibles de recursos de vía administrativa, pero sí de controles judiciales, del
medio de control de nulidad (simple) previsto en el artículo 137 del CPACA, por
ejemplo. En cambio, los actos administrativos de carácter particular sí son
susceptibles de recursos de vía administrativa, del recurso de reposición, por
ejemplo, y también es susceptible de control judicial, del medio de control de
nulidad y restablecimiento del derecho señalado en el artículo 138 del CPACA,
por ejemplo.
Actos administrativos preparatorios y de trámite. Los actos preparatorios y de
trámite son actos que se encargan de impulsar el procedimiento administrativo, o
la actuación administrativa. Desde luego, los primeros se encargan de reunir los
elementos de juicio para proferir el acto administrativo definitivo; los actos
preparatorios son actos previos, e indispensables, de los actos administrativos
definitivos3. De acuerdo con el artículo 43 del CPACA, los actos administrativos
definitivos son “los que decidan directa o indirectamente el fondo del asunto o
hagan imposible continuar la actuación”. Debe destacarse que los actos de trámite
poseen la vocación de convertirse en definitivos, como cuando en sede del acto
de trámite se ha imposibilitado continuar la actuación administrativa. De paso, los
actos preparatorios y de trámite no proceden los recursos de vía administrativa,
así lo destacó el artículo 75 del CPACA, mientras que los actos administrativos
definitivos sí proceden dichos recursos (artículo 74) y serán susceptibles de
controles judiciales, del medio de control de nulidad y restablecimiento del
2
No somos partidarios de la explicación ofrecida por Ocampo López (2018b) cuando precisa que el acto
administrativo regla equivale a acto administrativo reglado. Como se indicó, el acto administrativo regla es
aquel acto administrativo creador de situaciones generales, objetivas o reglamentarias. En tanto que el acto
administrativo reglado, en oposición del acto administrativo discrecional, es aquel que en su expedición existe
libertad de apreciación para decidir, es producto del ejercicio de la potestad discrecional en el ejercicio de la
función administrativa.
3
No estamos de acuerdo con la explicación ofrecida por Ocampo López (2018b) al advertir que el acto
preparatorio se encarga de cumplir o materializar lo decidido en el acto administrativo. El autor confunde el
acto preparatorio con el acto de ejecución. Como se indicó, el acto preparatorio es aquel acto jurídico que se
encarga de reunir los elementos de juicios para proferir el acto administrativo definitivo; es un jurídico acto
previo y necesario del acto administrativo definitivo. Mientras que el acto de ejecución, como se verá, se
encarga de instrumentalizar lo decidido en el acto administrativo en estado de firmeza.
derecho, por ejemplo. Por extensión, también procede los recursos de vía
administrativa frente a actos de trámites convertidos en definitivos.
Actos de ejecución y actos administrativos en firme. Los actos de ejecución se
encargan de materializar, instrumentalizar o efectivizar lo ordenado en un acto
administrativo. Son actos de carácter instrumental. Los actos administrativos en
firme son aquellos actos jurídicos que incurrieron en alguno de los eventos de
estado de firmeza señalados en el artículo 87 del CPACA, adquiere el estado de
firmeza el acto administrativo cuando contra dicho acto jurídico no proceda
ningún recurso administrativo, por ejemplo. De paso, los actos de ejecución no
son susceptibles de recursos de vía administrativa. Tampoco son susceptibles de
controles judiciales, a menos que el acto de ejecución excede lo ordenado en el
acto administrativo, ahí sí es susceptible de control judicial, demandarlo por vía
de nulidad y restablecimiento del derecho bajo la causal de nulidad de desviación
de poder, por ejemplo, por su extralimitación. Los actos administrativos en estado
de firmeza, como es apenas obvio, no son susceptibles de recursos de vía
administrativa, pero sí de controles judiciales, del medio de control de nulidad y
restablecimiento del derecho y conforme al artículo 163 del CPACA, de la
individualización de las pretensiones: “Si el acto fue objeto de recursos ante la
administración se entenderán demandados los actos que los resolvieron”.
Actos administrativos simples y complejos. Los actos administrativos simples son
aquellos que requieren de una sola voluntad administrativa para su expedición.
En cambio, los actos administrativos complejos se dan por la concurrencia de
varias voluntades de distintas autoridades administrativas para producir un solo
acto administrativo (concurren varias voluntades para formar un acto
administrativo único). Esta clasificación es importante en la medida en que el
artículo 163 del CPACA trae importantes reglas para demandar, entre otros actos
jurídicos, actos administrativos complejos y las vamos a resumir de la siguiente
manera: a) cuando se pretenda la nulidad de un acto administrativo este se debe
individualizar con toda precisión; b) si el acto fue objeto de recursos ante la
administración se entenderán demandados los actos que los resolvieron; c) cuando
se pretendan declaraciones o condenas diferentes de la declaración de nulidad de
un acto, deberán enunciarse clara y separadamente en la demanda.
Actos administrativos expresos y presuntos (o fictos). Los expresos son
susceptibles por los sentidos. De hecho, ya se está aplicando con frecuencia el
acto administrativo electrónico y, de acuerdo con el artículo 57 del CPACA,
en este acto jurídico se debe asegurar la autenticidad, integridad y disponibilidad.
Mientras que los actos administrativos presuntos son aquellos productos del
silencio administrativo. El silencio administrativo alude a la abstención u omisión
de pronunciar a cargo de la administración pública frente a peticiones o a recursos
presentados por los administrados y, ante el transcurso de un tiempo sin recibir
respuesta alguna, la normatividad le ha asignado una ficción (o presunción, para
algunos teóricos) de respuesta ora en sentido negativo (silencio administrativo
negativo) u ora favorable (silencio administrativo positivo). De paso, mientras el
silencio administrativo positivo es la excepción (en disposiciones especiales), el
negativo es la regla general. De acuerdo con el artículo 75 del CPACA, “los
recursos contra los actos presuntos podrán interponerse en cualquier tiempo, salvo
en el evento en que se haya acudido ante el juez”. Y según el artículo 161 del
CPACA, “cuando se pretenda la nulidad de un acto administrativo particular
deberán haberse ejercido y decidido los recursos que de acuerdo con la ley fueren
obligatorios. El silencio negativo en relación con la primera petición permitirá
demandar directamente el acto presunto” (numeral 2).
Actos administrativos discrecionales y reglados. Los primeros, en su expedición
hay un amplio margen de libertad para decidir, hay libertad de apreciación.
Mientras que los actos administrativos reglados en su expedición no hay cierta
libertad o discrecionalidad para decidir. Se advierte que dicha libertad o
discrecionalidad no pueden llegar a ser arbitraria o contraria al interés general. En
efecto, la discrecionalidad no debe ser absoluta. Esta clasificación es trascendental
para efectos de motivar sus actos administrativos, pero la doctrina constitucional
ha destacado que la regla general ha de ser la motivación de los actos
administrativos, independientemente de si son discrecionales o no. De hecho, el
artículo 44 del CPACA ha indicado de forma tímida acerca de la motivación de
los actos administrativos discrecionales al señalar lo siguiente: “En la medida en
que el contenido de una decisión de carácter general o particular sea discrecional,
debe ser adecuada a los fines de la norma que la autoriza, y proporcional a los
hechos que le sirven de causa”.
Actos administrativos precontractuales, contractuales y poscontractuales. Los
primeros son los emitidos antes, durante y en la finalización del procedimiento de
selección objetiva de contratistas, el acto administrativo de adjudicación del
contrato, por ejemplo. Mientras que los actos administrativos contractuales son
los expedidos en la ejecución y desarrollo del objeto contractual, el que impone
una multa pecuniaria al contratista, por ejemplo. Por su parte, los actos
administrativos poscontractuales son los proferidos luego del cumplimiento del
objeto contractual, luego de fenecido el contrato, el que declara siniestro, por
ejemplo. Los primeros no son susceptibles de recursos de vía administrativa pero
sí del medio de control judicial de nulidad y restablecimiento del derecho o del
medio de control de nulidad simple, según el caso. Los actos administrativos
contractuales y poscontractuales son susceptibles del recurso administrativo de
reposición, así como también del medio de control judicial de controversias
contractuales previsto en el artículo 141 del CPACA.
Referencias
Ocampo López, A. (2018a). Teoría del acto administrativo 4.0 – Motivo del acto administrativo y elementos
formales. Consultado desde: [Link]
Ocampo López, A. (2018b). Teoría del acto administrativo 2.0 – Tipos de actos y su clasificación. Consultado
desde: [Link]