0% encontró este documento útil (0 votos)
6 vistas12 páginas

Reflexiones sobre soledad y amor

Cargado por

shashita
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
6 vistas12 páginas

Reflexiones sobre soledad y amor

Cargado por

shashita
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Mis manos estas manos queridas ya

no saben a qué cosa aferrarse. Creía


haber llegado. Ser. Dije que eso era
todo. Y lo es. Pero había olvidado algo
o renunciado tranquilamente a ello. Y
ahora me pregunto si en mis noches
vacías no anhelaré la estrella.
Siempre tengo la necesidad de hablar
contigo. Incluso cuando no tengo
nada de qué hablar, contigo parece
que sigo adelante y lo invento. Lo
invento para ti. Porque parece que
nunca me quedo sin ternura por ti y
porque necesito sentirte
[Link] la mala escritura y
disculpe el desbordamiento
emocional. Lo que quiero decir, tal
vez, es que, de alguna manera, nunca
estoy vacío de ti; ni por un momento,
ni un instante, ni un solo segundo.
Quien se ha recostado en tu pecho
sabe que no existe sitio en el mundo
ni existirá nada que te haga caer en
un sueño profundo con solo recostar
su cabeza. Estar allí, cerquita de tu
corazón, es la cura para cualquier
insomnio porque en ese lugarcito se
escucha una y otra vez el sonido de
olas cantándome que todo estará
bien, enredando mis oídos y
haciéndome naufragar como
marinero en tormenta. Yo no me
siento sola, me siento abandonada,
que es peor y que significa una
soledad trágica, recorrida de odios,
no una soledad creadora, rilkeana. En
suma, me doy asco. Cada vez que
hablo y sonrío y soy cordial y afable,
me doy asco porque sé que lo hago
para defenderme: simulo bondad,
para que no me castiguen ni
abandonen, para que me quieran y
me ayuden, etc. Pero me desprecio y
me repugno y sólo amaré al ser que
me ame como soy, callada y de hielo,
hecha de silencio y dolor. Y cuando no
precise ser otra ni fingir más, o al
menos fingir muy poco, entonces
habrá llegado la paz, el amor, la
dulzura. Toda esta farsa me rompe el
ser, me desarticula, me pierde y me
enloquece. Hay que aceptar el
abandono y la soledad. ¿Por qué
protesto? Es muy simple: nunca en mi
vida pensé en mis circunstancias
personales: escuela, familia, trabajo,
relaciones, amigos. Me limité a
sufrirlos como testimonios opuestos
al clima de magia y ensueño de mi
memoria. Luego, es natural que me
dañen. Me sobrecoge mi carencia de
defensas. Pienso en el suicidio.
(Coqueteo con él. Como si al decirlo
quisiera asustar a alguien. Pero mamá
está lejos. Y tal vez no existe.) Como
si aceptarme en mis circunstancias
actuales llevara implícito un
renunciamiento a algo fabuloso. Es el
viejo problema. De todos modos, yo
no existo. Soy un ser evanescente: la
hija del aire, enamorada del viento.
Estuve pensando que nadie me
piensa. Que estoy absolutamente
sola. Que nadie, nadie siente mi
rostro dentro de sí ni mi nombre
correr por su sangre. Nadie actúa
invocándome, nadie construye su
vida incluyéndome. He pensado tanto
en estas cosas. He pensado que
puedo morir en cualquier instante y
nadie amenazará a la muerte, nadie
la injuriará por haberme arrastrado,
nadie velará por mi nombre. He
pensado en mi soledad absoluta, en
mi destierro de toda conciencia que
no sea la mía. He pensado que estoy
sola y que me sustento sólo en mí
para sobrellevar mi vida y mi muerte.
Pensar que ningún ser me necesita,
que ninguno me requiere para
completar su vida. Dolor. Dolor de ser.
Dolor de amar y de no ser amada.
Dolor de la noche acariciándome los
cabellos. Dolor del mar. Dolor de que
la vida pase sin detenerse en mi
puerta. Dolor de hablar y que mis
palabras queden adheridas al viento
quien las dispersará por parajes
inmemoriales. Dolor de ser y de no
tener vocación para ser. Dolor de
sobrellevar tanto amor y no poder
dejarlo en parte alguna porque nadie
quiere recibirlo. Dolor en el cielo y en
la tierra. Duele ser, duele vivir, duele
llorar o reír, duele castigar y
castigarse, de morir. El amor es otra
cosa. Y no me importa que maltraten
el mío ni que lo castiguen con la
indiferencia más extrema. Yo sé que
es real, yo sé que existe y me duele
más que mi vida, o igual, porque es
mi vida. Lo mismo que la poesía. ¿En
qué la desmedra el análisis o la
disección? Está, y es lo único
importante. Pero ahora, sobre
materiales rotos y raídos, entre el
caos y la angustia, trataré de
reconstruirme. Sobre tanto dolor.
Sobre tantas ganas de morir y de no
sufrir más el peso de este amor, he
de reconstruirme. Con humildad y
silencio. Nadie puede venir aquí aun
cuando venga y me hable. Si no viene
quien yo quiero no viene nadie. Si no
me ama quien yo sé todos me son
hostiles. Y se piensa, se medita, se
masculla. No viene, no vino, no
vendrá. Por eso: negarse a todas las
visiones, a todos los encantamientos.
(Yo no soy don Quijote: a lo sumo
quiero ser correspondida en cuerpo y
alma.) Lenguaje maldito: por qué no
despierta su deseo, por qué no le
obliga a correr en la noche en mi
busca, correr hasta llegar a esta casa,
a este lecho, a este cuerpo. Por qué
no corroe la mierda de las
convenciones inmundas que nos
esperan. Por qué no le da un alma
ciega y heroica. El amor imposible es
tan imposible como yo pensaba. Más
aún: es absolutamente imposible.
Cuando el cielo baje a la tierra,
cuando los tigres reciten a William
Blake, cuando 2+2 sean 5, cuando los
hombres sean felices, aun entonces el
amor imposible persistirá en la
imposibilidad. ¿Debo confiar en un
encuentro posterior a la vida, en una
cita eterna de nuestras almas? Aun
cuando creyera en ello, su alma no
querrá encontrarse con la mía sino
con otra, con otra elegida. Ahora
bien: yo lo olvidaré. Quiero ser libre,
aunque me vuelva loca, aunque sufra
como nadie, seré libre. Prefiero una
libertad árida, empobrecida antes que
esta adoración carente de sentido,
irreconciliable con la realidad. Cuando
uno no quiere
amar no ama. Y yo no quiero amar
así. Tengo la seguridad que me estoy
volviendo loca otra vez. Creo que no
podemos pasar a través de otro de
aquellos terribles momentos. Y no me
voy a recuperar esta vez. Comienzo a
oir voces y no me puedo concentrar.
Así que estoy haciendo lo que parece
ser la mejor cosa que hacer. Me has
dado la mayor felicidad posible. Has
sido en todos los sentidos todo lo que
cualquiera pudiera ser. Pienso que
dos personas no pudieran haber sido
mas felices hasta que llegó esta
terrible enfermedad. No puedo luchar
por mas tiempo. Se que estoy
arruinando tu vida, que sin mí podrías
trabajar. Y lo harás, yo sé. Ya ves, ni
siquiera puedo escribir esto
correctamente. No puedo leer. Lo que
quiero decir es que te debo toda la
felicidad de mi vida. Has sido
completamente paciente e
increíblemente bueno conmigo.
Quiero decir que... todo el mundo lo
sabe. Si alguien pudiera haberme
salvado hubieras sido tú. Todo se ha
ido de mí salvo la certeza de tu
bondad. No puedo seguir arruinando
tu vida por más tiempo. No creo que
dos personas pudieran haber sido
más felices de lo que hemos sido. No
me quiere más. Me ha abandonado.
No estoy triste por mí, sino por ella.
Ahora yo no podré quererla. Y nadie
pudo haberla querido más que yo.
Ella maltrató mi amor. Un amor puro y
abstracto. Pocas veces he querido
tanto a alguien. Ahora no sé si la
quiero, pero ya no daría mi vida, no
me interesa su destino. Es más: algo
lejano me dice que yo la hubiera
podido salvar y que ella no quiso
salvarse. El error está, tal vez, en el
hecho
de que yo exijo demasiado de mí.
Debiera partir de mi carencia de
voluntad y de mi odio al trabajo y al
estudio. Me gusta soñar, y a veces
leer, y a veces escribir. He aquí todo.
(Me sube la angustia.) Ahora bien: yo
me hice un arquetipo de mí misma,
intento alcanzarlo y no puedo, lo que
es señal de su inautenticidad.
Necesitaría una temporada de
descanso, es decir, no hacer nada por
obligación ni por causas o intereses
externos. Esto que digo es muy serio.
De otra manera, tal vez enloquezca.
Pero no me importa: no sé tomarme
en serio. Quiero estudiar, quiero
aprender, quiero escribir. Tengo
veintidós años. No sé nada. Nada
fundamental. No sé lo que debería
haber aprendido hace
muchos años. Nadie me enseñó nada.
Sé, en cambio, lo que debería saber
mucho después. De allí que me sienta
anciana y niña al mismo tiempo. Me
perdí. No me refiero a un lugar, calle
o ciudad. Perdí todo lo que era; mi
poesía, mis libros, los cafés, la
pintura, mis metáforas, mi pureza, mi
esencia, mis flores... Estoy buscando
el camino a casa, pero no puedo
encontrarme, las dudas y mis
lágrimas nublan mi razón, y yo solo
quiero volver. Las lágrimas jamás
habían quemado tanto. El dolor en mi
pecho jamás había sido tan intenso.
Creí que conocía todos los tipos de
dolor existentes, pero acabo de
descubrir que no es así, y he llegado
a la insoportable conclusión de que
no hay uno peor que el de la
decepción y la impotencia. Estoy
decepcionado. Estoy sentado al borde
del colchón de mi cama y sé que no
hay manera alguna de limpiar de mi
cuerpo la aversión y asco que siento
hacia mí mismo. No soporto estar en
mi propia piel y no entiendo porqué
mierda me siento de éste modo. Su
mirada está perdida en la nada. Está
aquí, pero no está realmente. No al
menos aq

También podría gustarte