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El Caótico Rodaje de Legend (1985)

El documental detalla el tumultuoso proceso de producción de la película 'Legend' de Ridley Scott, protagonizada por Tom Cruise y Tim Curry, que enfrentó múltiples desafíos, incluyendo un incendio devastador en el set y problemas en la postproducción. A pesar de la visión ambiciosa de Scott y el apoyo inicial de Universal Pictures, la película se convirtió en un fracaso crítico y comercial. El relato destaca cómo un proyecto personal y apasionante se transformó en una pesadilla para su director.

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El Caótico Rodaje de Legend (1985)

El documental detalla el tumultuoso proceso de producción de la película 'Legend' de Ridley Scott, protagonizada por Tom Cruise y Tim Curry, que enfrentó múltiples desafíos, incluyendo un incendio devastador en el set y problemas en la postproducción. A pesar de la visión ambiciosa de Scott y el apoyo inicial de Universal Pictures, la película se convirtió en un fracaso crítico y comercial. El relato destaca cómo un proyecto personal y apasionante se transformó en una pesadilla para su director.

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Es increíble pensar que uno de los fracasos más misteriosos, costosos y caóticos de la historia

del cine tuvo como protagonistas a dos titanes como Tom Cruise y Ridley Scott. Legend, de
1985, prometía convertirse en un antecedente espiritual de El Señor de los Anillos, con
criaturas míticas, una batalla entre la luz y la oscuridad, y un director en pleno auge. Pero
entre medio algo salió mal. Muy mal. Vayan dejando su Like porque hoy veremos cómo una
fantasía inolvidable pasó por incendios en el set, carreras arruinadas y un corte final
destrozado
por el estudio. Y lo que es peor: cómo un proyecto personal y apasionante terminó
convirtiéndose
en la peor pesadilla de su director. Estos videos están hechos gracias a
nuestro curso de guion cinematográfico definitivo. Quédense hasta el
final para un 20% de descuento. Un director al borde del abismo
A principios de los 80, Ridley Scott ya era uno de los grandes nombres del cine.
Venía de reinventar el terror espacial con Alien (1979) y de llenar salas con imágenes
que parecían salidas de un sueño. Pero ahora quería hacer algo distinto. Alejarse del metal,
del futuro, de los pasillos fríos de las naves… y construir un universo de árboles infinitos, de
criaturas mágicas, de luz filtrada por el follaje. Una fantasía total. Salvaje, hipnótica. Scott
quería hacer un cuento de hadas para adultos. Mientras aún editaba Blade Runner (1982),
Scott contactó al novelista William Hjortsberg y le pidió que lo ayudara a construir esa
historia que lo obsesionaba. En sus sueños, un unicornio era perseguido por una entidad
maligna. A partir de esa idea, Hjortsberg escribió una y otra vez. Llegó a entregar quince
versiones
del guion, que iban desde lo ridículamente largo hasta lo completamente irrealizable.
No solo había ideas que hubieran sido extremadamente caras, sino que además eran
directamente incómodas: en un primer borrador, la protagonista se transformaba en una
criatura
peluda, que era esclavizada y azotada por el villano. Aquellas versiones tenían giros demasiado
siniestros incluso para un director como Scott, que venía de mostrar a una criatura
con un aspecto un tanto fálico, irrumpiendo del pecho de un astronauta.
Después de incontables idas y vueltas, y al menos 15 versiones distintas escritas entre
1981 y 1983, Ridley Scott y William Hjortsberg por fin lograron dar forma a un guion que
capturaba exactamente la visión que compartían. La historia sigue a Jack, un joven del bosque
que debe enfrentarse al mismísimo Señor de la Oscuridad para evitar que el mundo caiga en
la penumbra total. Todo comienza cuando la princesa Lily comete un error que pone en peligro
la existencia de los últimos unicornios, criaturas mágicas cuya presencia mantiene el equilibrio
entre la luz y las sombras. Con la ayuda de hadas, elfos y otros seres encantados, Jack se
embarca
en una travesía épica para restaurar el orden. Con un guion único —en el mejor y el peor de
los sentidos—, Scott puso todas sus fuerzas en encontrar al estudio perfecto para
realizarlo. Pero esto no iba a ser fácil: de por sí el guion tenía sus complejidades,
pero además se sumó otro obstáculo. El estreno de Blade Runner había sido un fracaso total.
Ridley Scott venía golpeado. Los estudios ya no lo veían como un visionario, sino como un
director complicado, caro y difícil de vender. Pero Scott no dudó y redobló la apuesta:
decidió jugarse todo con Legend. No solo quería hacer una gran película. Quería demostrar
que todavía era un autor con voz propia, capaz de construir mundos como nadie. Se obsesionó
con
la idea de una fábula oscura, barroca, elegante, sin estrellas rutilantes y con una estética
completamente opuesta al sci-fi que lo había hecho famoso. Legend no sería solo su nuevo
proyecto, sino que también sería su revancha. La gran apuesta
Scott y Hjortsberg presentaron la versión final del guion a Disney, esperando que el
estudio que había creado los cuentos animados más icónicos del cine apostara por esta nueva
fábula. Pero no. Disney rechazó el proyecto casi de inmediato: les parecía demasiado sombrío,
demasiado raro, y demasiado alejado del tono familiar que querían sostener en ese momento.
Pero como en toda historia épica, apareció un aliado inesperado. Universal Pictures, en
asociación con Embassy International Pictures, vieron el potencial del proyecto y dieron
luz verde bajo un presupuesto de $20.000.000 de dólares. El estudio, y en especial
Sid Sheinberg, presidente de Universal, decidieron mantener su confianza en el nombre
de Ridley Scott y en su capacidad para convertir mundos imposibles en algo tangible.

Ridley Scott VS. el mundo real Con el guion terminado, la financiación y el apoyo
del estudio, era momento de materializar la visión de Scott. Quería hacer una película que
mezclara
los paisajes épicos y las criaturas fantásticas de J.R.R. Tolkien, padre de la fantasía moderna;
con
el tono sombrío y simbólico del Infierno de Dante, ese viaje al corazón del pecado escrito
en la Edad Media que todavía hoy nos atormenta. Al mismo tiempo, buscaba que todo eso
se sintiera como una producción animada de Disney: mágica y visualmente encantadora, pero
con
un lado oscuro que no se podía ignorar. Con eso en mente, la preproducción de Legend dio
inicio. Pero antes de pensar en los decorados y en las criaturas, Scott tenía una prioridad
máxima:
que el villano fuera perfecto. Y es que Darkness, o el Señor de la Oscuridad, no era un
villano típico... era LITERALMENTE la encarnación del mal. Los primeros bocetos
lo mostraban como una criatura gigantesca, casi demoníaca. Una figura teatral e imponente
que
se roba cada plano y deja al público temblando. ¿Qué actor podría interpretar a alguien así?
Según Scott, solo existía una persona capaz de convertirse en todo eso: Tim Curry.
Curry venía de una formación clásica en teatro británico. Con una voz que podía
llenar cualquier sala sin micrófono, sus dotes lo llevaron a obtener el rol del
Dr. Frank-N-Furter en la comedia musical The Rocky Horror Picture Show (1975). En ella,
Curry demostró que podía ser impactante, aterrador y ridículamente magnético, todo a la
vez. El público no solo lo reconoció por ese rol: lo ADORABAN. Todos hablaban de su presencia,
su
forma de caminar, de mirar y de cantar. En los 80, Curry ya era un mito viviente. Y cuando
Ridley
Scott lo vio por primera vez en Rocky Horror, entendió de inmediato que ese magnetismo era
justo lo que necesitaba para su criatura infernal. Ante la propuesta, Curry no dudó. Aceptó el
reto sin siquiera preguntarse en dónde se estaba metiendo. Lo que le esperaba en el rodaje
de Legend serían sesiones de maquillaje de cinco horas diarias, prótesis que lo cubrían de pies
a cabeza, y un par de cuernos gigantes que no le permitían siquiera sentarse entre
tomas. Pero ya vamos a llegar a eso… Para el rol de Jack, el joven héroe del
bosque, pasaron por el casting nombres como Johnny Depp y Robert Downey Jr. Pero el que
convenció completamente a Scott fue Tom Cruise, que en aquella época venía del éxito
adolescente Risky Business (1983) y buscaba un papel que lo alejara de la etiqueta
de galán de secundaria. Legend era su pase a un cine más ambicioso. Pero al igual que Curry, él
tampoco tenía idea del infierno que le esperaba. El personaje de Lily, la princesa, también
fue fruto del azar. La favorita inicial era Jennifer Connelly, pero fue ella quien sugirió
que Scott probara con una compañera: Mia Sara, que en aquel momento no tenía mucha
experiencia y apenas tenía 15 años. Su audición fue tan precisa
que quedó elegida en el acto. Pero un elenco no basta para construir un
mundo. Scott lo sabía. Y si algo se propuso desde el primer día fue hacer que esa fantasía
se sintiera real. No animada. No paródica. Real. Por eso convocó a Charles Knode,
el diseñador de vestuario que había trabajado en Blade Runner (1982) y The Dark
Crystal (1982). Knode no se guardó nada: diseñó trajes con aluminio, túnicas de telas
envejecidas y armaduras hechas a mano, como si salieran de una Edad Media que nunca
existió.
Pero todavía faltaba una pieza fundamental: el maquillaje. Fue entonces cuando
Scott logró convencer a Rob Bottin, un joven prodigio de los efectos especiales que
ya había revolucionado el cine de terror con The Howling (1981) y The Thing (1982). Bottin se
puso al frente con ideas delirantes que incluían prótesis colosales y piezas animatrónicas
más complejas que una nave espacial. Scott se mostraba extasiado, y su ambición no
terminó ahí. En un momento hasta quiso alterar las proporciones y los tamaños de algunos
personajes
utilizando perspectivas forzadas y trucos de cámara. Hollywood ya usaba este tipo de técnicas
en películas de monstruos y para algunos efectos especiales, pero Scott lo quería llevar a otro
nivel... Planeaba filmar en 70 mm, un formato de celuloide mucho más grande que el que se
usaba
en aquella época, y luego adaptar ese formato al 35 mm habitual para que algunos personajes
parecieran diminutos. Si ya con solo decirles esto cuesta entender, imagínense lo que habrán
pensado
los ejecutivos de Universal. De más está decir que esta idea fue rechazada instantáneamente.
Pero fue por este tipo de ideas que empezaron los murmullos. En los pasillos de Universal,
los productores y jefes del estudio comenzaron a hacerse preguntas. El presupuesto
original era alto, pero alcanzable: unos 20 millones de dólares. Sin embargo,
algunas ideas de Scott amenazaban con inflarlo peligrosamente. ¿Estaban frente a otro
caso de director brillante fuera de control? Scott, como buen ilusionista,
sabía cómo calmar las aguas. Les repetía una y otra vez la misma frase: “Fox
pensó lo mismo durante Alien… y miren cómo terminó eso.” Y con esa sola comparación,
lograba que
todos respiraran hondo y siguieran adelante. Mientras tanto, había que construir el mundo. Y
no
era una forma de decir: Scott literalmente mandó a construir un bosque entero dentro de un
estudio.
El director no quiso filmar en exteriores: quería tener el control total de la atmósfera.
El equipo eligió Pinewood Studios, en Inglaterra, uno de los pocos lugares del mundo con el
tamaño
necesario para semejante locura. Allí levantaron un ecosistema artificial hecho de árboles
falsos, niebla controlada, charcos, rocas y luces cuidadosamente ubicadas. Fueron semanas de
trabajo artesanal, con equipos diseñando ramas, musgo, sistemas de niebla, charcos y hasta
insectos artificiales. El resultado fue tan impresionante que parecía un bosque real, solo que
hecho a mano para que se luzca plano por plano. Era un entorno onírico, trabajado al detalle
durante meses por un equipo técnico gigantesco. Pero no se emocionen mucho, porque toda
esa belleza duró poco. El bosque encantado estaba a punto de enfrentarse a
un desastre que nadie vio venir. Pero antes de pasar a eso, quiero agradecerles a
todos aquellos que inician su carrera en cine con nuestro curso de guion cinematográfico
definitivo.
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finalizar tu compra para un 20% de descuento. La oscuridad que rondaba el rodaje
26 de marzo de 1984. Scott finalmente gritaba “acción” en el set de Legend. La magia cobraba
vida. Cruise explotaba de energía, era finalmente el papel donde comenzaría a coquetear con
el cine
de acción. El rodaje había comenzado, pero lejos de marcar el inicio de un cuento mágico, ese
día
fue el primero de muchos en una filmación que se iba a convertir en un auténtico campo
minado.
Y tal como les habíamos mencionado, el primero en sufrir este rodaje fue Tim Curry. Cada día,
el
encargado de FX Rob Bottin sometía al actor a 5 horas y media diarias sentado en el
departamento
de maquillaje para transformarse en el Señor de la Oscuridad. Una vez finalizado el día de
rodaje, pasaba una hora en una bañera caliente, solo para que las doce prótesis que utilizaba
se ablandaran y pudieran retirarse sin dañar su piel. Cabe destacar que, por encima de todo,
Scott estaba obsesionado en ocultar a Curry de las cámaras para mantener la sorpresa del
villano (como ya había hecho en Alien). Pero un día, el actor dijo basta.
Agotado y con un brote de claustrofobia, Curry intentó arrancarse el maquillaje con
desesperación, lo que le dejó lesiones graves en el rostro por el adhesivo que sostenía las
doce piezas prostéticas que cubrían su cara. La reacción de Scott fue inmediata. Se sintió
responsable. Le pidió a Bottin que rediseñara todo el sistema, y este logró reducirlo a nueve
prótesis, más simples y fáciles de aplicar. Además, Scott tomó otra decisión: detener
durante una semana todas las escenas que requerían al personaje completo, para darle
tiempo
a Curry de recuperarse. Esto marcó un quiebre en los ejecutivos del estudio, quienes dejaron
de
tragarse las anécdotas de Alien que les contaba Scott y se volvieron mucho más estrictos.
Pero a pesar del incidente con Curry, la producción siguió adelante. Todo parecía
volver a encaminarse correctamente hasta que llegó el golpe más inesperado.
El 27 de junio de 1984, cuando faltaban solo diez días para finalizar
el rodaje principal, el equipo hizo una pausa para almorzar. Fue entonces cuando una chispa
encendió una de las estructuras de madera del set 007. En minutos, las llamas devoraron
todo. El bosque entero se redujo a cenizas. No hubo heridos, pero el trabajo de
meses desapareció en una nube de humo. Para muchos, fue el final del proyecto. Los
productores entraron en pánico, pensando que la película se retrasaría meses mientras
reconstruían
el set. Pero había algo que los aterraba aún más: los números de presupuesto estaban al rojo
vivo. Scott no pensaba rendirse. No quería volver a vivir la tortuosa experiencia que padeció
en Alien y estaba dispuesto a terminar el proyecto incluso con la presión máxima del estudio
sobre
sus hombros. Reescribió rápidamente el plan de rodaje y trasladó las escenas restantes a
los jardines reales de Pinewood Studios, un rincón verde y silencioso que encajaba
perfecto con la atmósfera onírica de la película. Fue así como el rápido accionar del
director logró que la película se completara, aunque varios días más tarde de lo planeado.
Lejos de echarse hacia atrás, Scott demostró ser un líder competente e incluso implacable
cuando las cosas estaban más tensas que nunca, algo que hasta Tom Cruise reconoció y
alabaría
públicamente en varias ocasiones futuras. Dicen que en postproducción haces o rompes
la película… y acá parece que se rompió Scott parecía inmune ante las trabas que la
vida quería ponerle; pero no se iba a salvar del maligno proceso de posproducción. Porque
una película puede tardar años en escribirse y meses en rodarse, pero solo bastaron
un par de malas decisiones en la sala de edición para que una película del calibre
de Legend fuera destruida en un instante. Con el rodaje terminado, Scott
pasó al momento de afinar detalles, equilibrar tonos, pulir ritmo. Y si todo salía
bien, coronar su visión con una sinfonía épica. Para eso llamó a dos colaboradores de
confianza:
Terry Rawlings y Jerry Goldsmith. Rawlings fue el montajista que lo acompañó en Alien (1979) y
Blade
Runner (1982). Por su parte, Goldsmith era uno de los compositores más respetados de
Hollywood y
también estuvo a cargo de la inolvidable música que consagró la oscura identidad de Alien.
Scott sentía que tenía todo bajo control. El primer corte de Legend duró 150 minutos. Era
ambicioso, denso, con desarrollo de personajes y una narrativa que se tomaba su tiempo. Jack,
interpretado por Cruise, recorría perfectamente un camino del héroe con un desarrollo
profundo de
su personaje. Se construía de manera perfecta la tensión hacia la revelación del majestuoso
y terrorífico personaje interpretado por Curry. Scott pensaba que había logrado una obra
maestra. Una fantasía oscura con alma de clásico. Pero entonces llegaron las proyecciones de
prueba. Y con ellas, el principio del fin. El público quedó desconcertado. Algunos la
encontraron aburrida. Otros dijeron que era demasiado lenta. Hubo críticas al ritmo,
a la estructura y, para sorpresa de Scott, incluso la banda sonora de Goldsmith,
que varios calificaron de “anticuada”. Hay una anécdota que, valga la redundancia,
se volvió leyenda: en una de esas funciones, Scott se sentó en la parte trasera de la sala y
escuchó a un grupo de espectadores visiblemente alterados y con olor a sustancias ilegales, Se
quejaban en voz alta. Decían que no entendían nada, que la película era ABURRIDISIMA.
Aunque
el director no podía creer lo que escuchaba, tomó nota. Y si los ejecutivos de
Universal venían aterrados del rodaje, pueden darse una idea de cómo
reaccionaron en esta etapa. Cortando negativos a lo loco
El montaje original se redujo a 89 minutos, y al igual que sucedió con Blade Runner (1982),
los ejecutivos decidieron incluir un texto al principio que explicaba el universo de la película
como si fuera una clase de mitología fantástica. Aparentemente, según ellos, era la única forma
de
que la audiencia entienda las películas de Scott. Por otro lado, la idea de ocultar la imagen de
Curry hasta el final también se perdió. El Señor de la Oscuridad ahora aparecía en los primeros
minutos. Nada de misterio. Todo directo al grano. Cruise fue a ver el corte de la productora
con
cierta expectativa pero quedó devastado. Aunque no había estado presente en el proceso de
edición,
había podido ver la versión original en una de las proyecciones de prueba. Para él, la versión
recortada arruinaba el alma de la película. Pero los minutos de metraje no fueron los
únicos que se esfumaron. El soundtrack orquestal de Goldsmith fue eliminado
por completo. En su lugar, Universal optó por algo que consideraba más moderno:
una banda sonora electrónica, sintetizada, compuesta por Tangerine Dream, un grupo alemán
con muy buena trayectoria que ya había trabajado en películas como Sorcerer (1977) y Thief
(1981). Si bien la banda sonora es buenísima en cuanto a calidad artística, el contraste
con la composición original de Goldsmith no podía ser más extremo y Scott odió la idea.
Pero para ese momento, el director estaba agotado. Había luchado contra negativas de
otros estudios, contra problemas de rodaje y hasta contra incendios. Pero las funciones de
prueba lo habían quebrado y no estaba seguro de poder aguantar otro golpe de taquilla como
el
de Blade Runner. Humillado y sin atreverse a levantar la cabeza, Scott aceptó el corte
final de Legend destrozado por Universal. Buscando luz, encontrando oscuridad
A pesar de todos los cambios, de los recortes, de la música reemplazada y del nuevo montaje
aprobado por el estudio, Ridley Scott aún creía que Legend tendría suerte en la taquilla
doméstica. Había apostado todo: su prestigio, su carrera, su obsesión personal por llevar la
fantasía a otro nivel. El resultado final no era exactamente el que había imaginado, pero
confiaba
en que el público iba a entender la propuesta. En los pasillos del estudio, en cambio, se
respiraba
otra cosa: tensión, nervios, silencios incómodos. El presupuesto final había aumentado un 25%
sobre el original, y si Legend no funcionaba, no habría forma de justificar semejante gasto.
Y entonces llegó el 18 de abril de 1986, el día del estreno en Estados Unidos.
En estos videos amamos cuando después de todo el sufrimiento, la película termina siendo
exitosa…
pero en este caso, el fracaso comercial de Legend fue digno de una tragedia griega. A pesar del
esfuerzo por hacer la película “más accesible para el público”, los críticos la destrozaron.
Muchos la describieron como una mezcla sin alma de otras historias del género fantástico.
Dijeron que
sus personajes eran planos, que la trama se perdía en su propia bruma, y que toda la belleza
visual
no alcanzaba para sostener una historia vacía. En taquilla, el golpe fue brutal: Ni siquiera
logró recuperar los costos de producción. Hay que decirlo: el contexto tampoco
ayudó. En 1985, el público estaba viendo otro tipo de fantasías. Ese mismo año
se estrenaron Volver al Futuro (1985) y Los Goonies (1985), dos éxitos arrolladores
que captaron la atención de las audiencias y dejaron a Legend como una rareza oscura en
medio del boom del entretenimiento familiar. Para Ridley Scott fue como una muerte
profesional.
No solo había entregado el corte final de la película que soñó durante años al estudio, sino
que ese mismo corte arruinó toda la mística de director que acumuló tras el éxito de Alien.
Con
otro fracaso comercial después de Blade Runner, parecía que la carrera de Scott
había terminado para siempre. Durante años, Legend fue una película olvidada,
defendida solo por un pequeño grupo de fans que la mantuvieron viva como una obra de culto.
Pero el tiempo, a veces, da revancha. En 2002, Scott supervisó el armado de una nueva
versión: el famoso Director’s Cut. Con una duración de 113 minutos, esta edición restauraba
gran parte del material eliminado en el corte de Universal. Volvieron escenas claves para el
desarrollo de personajes y se eliminaron atajos narrativos que habían achatado la estructura.
Lo más emocionante fue la recuperación de la banda sonora original de Jerry Goldsmith,
que se creía perdida. Gracias a copias que el propio compositor había guardado, pudo ser
restaurada e incorporada de nuevo a la película. Pasaron casi 2 décadas hasta que
Scott pudo mostrar su visión original, siendo respaldada por Tom Cruise, quien la
ve como la versión definitiva de la película. La vida después de Legend
Legend no fue el inicio de una saga. Tampoco fue el hito de fantasía
que Ridley Scott había planeado. Pero como en toda historia con héroes y caídas, sus
protagonistas encontraron otros caminos. Tom Cruise siguió escalando. Un año después, se
subió a un avión de combate en Top Gun (1986) y no volvió a mirar atrás. Luego vinieron Days
of Thunder (1990), Jerry Maguire (1996), y por supuesto, el nacimiento de una de las
franquicias más longevas del cine con Mission: Impossible (1996). Para muchos, Legend fue
apenas
una nota de color en sus comienzos. Pero él nunca olvidó lo que esa película pudo haber sido.
Scott, en cambio, siguió desafiando a la industria. En 1987 filmó otra rareza llamada
Someone to Watch Over Me (1987), y dos años más tarde cerró la década con Black Rain
(1989).
Pero su verdadero segundo acto llegó en los 90s, con obras como Thelma & Louise (1991), que
le valió su primera nominación al Oscar, y explotó con títulos como Gladiator
(2000) y Black Hawk Down (2001), obteniendo dos nominaciones consecutivas a mejor
director. Nunca ganó. Pero a esta altura, Ridley ya no necesita estatuillas
para demostrar lo que vale. En cuanto a Mia Sara, la actriz que interpreta
a la princesa, en 1986 tuvo su minuto de fama con Ferris Bueller 's Day Off (1986), pero no
logró que su carrera despegara mucho más y quedó relegada a películas de bajo presupuesto
o hechas directamente para televisión. Durante años, Legend vivió en el recuerdo de
unos pocos fanáticos como una joya imperfecta. Nació y murió como un sueño plagado de
frustraciones y una ambición que siempre fue más grande que su presupuesto. Pero con
el tiempo, las reediciones restauradas y las discusiones entre cinéfilos devolvieron la
película al lugar que le correspondía: el de una obra de culto. Gracias al catálogo de alguna
plataforma o la nostalgia de algún aficionado, Legend reaparece. Y aunque sea por un rato,
la fantasía de Scott vuelve a cobrar vida.

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