🌿 GUÍA DEL LECTOR Y SALMISTA
Servir con la voz y el corazón en la Liturgia de la Palabra
1. Sentido del ministerio del lector
El lector es un ministro de la Palabra, un servidor que hace presente la voz de Dios en
medio del pueblo. Su tarea no es simplemente leer, sino proclamar con fe viva, claridad y
reverencia el mensaje de las Escrituras, permitiendo que la comunidad escuche y medite el
misterio que Dios revela en su Palabra.
Por el Bautismo, todos los fieles somos partícipes del “pueblo santo y sacerdocio real” (1
Pe 2,9). Algunos ejercen un servicio particular dentro de la liturgia: los lectores, salmistas,
acólitos, ministros de la comunión, etc. Cada uno colabora en la misma acción sagrada, la
Eucaristía, que es la “acción de toda la Iglesia” (IGMR, Introducción 5).
📖 “Cuando se leen las Sagradas Escrituras en la Iglesia, es Dios mismo quien habla a su
pueblo.”
— IGMR 29
2. Espiritualidad del lector
Ser lector es una vocación de servicio y de fe.
Su función nace de la escucha y del amor a la Palabra, y requiere una vida espiritual
coherente.
a) Orar con la Palabra
Antes de proclamar, el lector debe leer y meditar el texto, buscando comprender su sentido
y su mensaje. La proclamación debe nacer de la oración interior: “Habla, Señor, que tu
siervo escucha”.
b) Testimoniar con la vida
El lector comunica la Palabra no solo con su voz, sino con su testimonio. Quien proclama
debe vivir lo que anuncia, para que su lectura tenga credibilidad espiritual.
c) Servir con humildad
El lector no busca ser admirado, sino que el pueblo escuche a Dios.
Su servicio debe reflejar serenidad, reverencia y desapego de todo protagonismo.
3. Símbolos de la Liturgia de la Palabra
En la Liturgia de la Palabra, los elementos materiales expresan realidades espirituales
profundas:
El Leccionario o Evangeliario:
Libro digno que contiene la Palabra de Dios. Debe tratarse con reverencia, nunca
reemplazarse por hojas o dispositivos electrónicos.
El Ambón:
Es el “altar de la Palabra”. Desde allí se proclaman las lecturas, el salmo y las
intenciones. Es símbolo de Cristo que habla. Por tanto, debe ser permanente,
sobrio y nunca usado para avisos.
El Silencio:
Parte esencial de la liturgia. Se debe guardar silencio antes de la lectura, después de
proclamar “Palabra de Dios” y tras el salmo, para que la comunidad interiorice el
mensaje.
El Lector:
Es signo vivo del Dios que se comunica. Su presencia, su voz y su fe son
instrumentos de la acción del Espíritu.
4. Instrucciones para los lectores durante la Misa
Antes de la celebración
Llegar 15 a 20 minutos antes.
Revisar el Leccionario, la lectura asignada y los nombres difíciles.
Confirmar con el sacerdote o diácono si habrá procesión con el Evangeliario.
Verificar la iluminación del ambón y el micrófono.
Orar brevemente pidiendo que el Espíritu Santo guíe la proclamación.
Mantener una actitud de silencio y recogimiento en el templo.
Primer lector
1. Si hay procesión con el Evangeliario, acompaña al sacerdote con el libro en alto.
2. Coloca el Evangeliario sobre el altar, haz reverencia y dirígete a tu asiento.
3. Durante la Liturgia de la Palabra, acércate al ambón cuando la asamblea esté
sentada.
4. Espera unos segundos en silencio, ajusta el micrófono y proclama la primera
lectura con calma y claridad.
5. Termina diciendo solemnemente: “Palabra de Dios.”
6. Espera la respuesta: “Te alabamos, Señor.”
7. Guarda un breve silencio antes de retirarte del ambón.
🔹 Segundo lector
1. Al concluir el salmo, acércate al ambón con reverencia.
2. Proclama la segunda lectura con tono pausado y firme.
3. Finaliza con la fórmula litúrgica: “Palabra de Dios.”
4. Si no hay diácono, proclama la Oración de los Fieles después del Credo.
5. Si hay segunda colecta, anúnciala al final de la Oración Universal.
6. Regresa a tu asiento en actitud orante.
🔹 En presencia del diácono
El diácono proclama el Evangelio y puede leer las intenciones.
Los lectores realizan las lecturas previas y colaboran con orden y recogimiento.
5. Aspectos técnicos y de postura
a) Ajuste del micrófono
El micrófono no debe tocarse mientras se habla.
Ajusta su altura antes de comenzar: a la altura de la boca, ni muy lejos ni muy
cerca.
No te inclines excesivamente hacia él; guarda una distancia aproximada de 20 cm.
Habla con voz firme y natural, sin gritar.
Si el micrófono es sensible, pronuncia las consonantes “p” y “t” con suavidad para
evitar estallidos sonoros.
No golpees, soples ni pruebes el micrófono durante la liturgia.
b) Postura y expresión
Permanece erguido, con los dos pies firmes.
Evita movimientos bruscos o distracciones.
Usa gestos sobrios y expresiones acordes con el tono del texto.
Mira ocasionalmente a la asamblea, especialmente al finalizar un párrafo.
No leas “agachado”: tu rostro debe reflejar serenidad y atención.
c) Coordinación con el sonido
Antes de la misa, verifica con el encargado del sonido que todo funcione
correctamente.
Si el micrófono está apagado, no lo manipules: avisa discretamente.
Asegúrate de que la voz se escuche clara y sin eco en toda la asamblea.
d) Ritmo litúrgico
Toda lectura debe respetar el ritmo de la liturgia: ni apresurada ni prolongada.
Deja pausas significativas después de:
o “Lectura del libro de…”
o Al final del texto antes de “Palabra de Dios”.
o Entre la primera lectura y el salmo.
6. El salmista: voz orante del pueblo
a) Identidad del salmista
El salmista o cantor tiene una función propia dentro de la Liturgia de la Palabra.
Es quien proclama o canta el Salmo Responsorial, que es respuesta orante de la
comunidad a la Palabra proclamada en la primera lectura.
El salmo no es un “canto de intermedio”, sino Palabra inspirada por Dios. Por tanto, se
proclama o canta con el mismo respeto y solemnidad que las demás lecturas.
🎵 “El salmo responsorial es parte integrante de la Liturgia de la Palabra; su finalidad es
favorecer la meditación de la Palabra de Dios.”
— IGMR 61
b) Cuando el salmo se canta
Siempre que haya un salmista o cantor capacitado, el salmo debe cantarse.
El cantor entona la estrofa y la asamblea responde con el estribillo o antífona.
El salmista canta desde el ambón o un lugar cercano, nunca desde el presbiterio.
El canto debe mantener tono orante y respetuoso, no de espectáculo.
Es recomendable ensayar previamente con el músico o pianista.
c) Cuando el salmo no se canta
Si no hay salmista o no se dispone de música apropiada, el lector proclama el
salmo en tono de lectura orante.
Se lee con pausas, ritmo meditativo y respetando el estribillo, que puede ser
repetido por la asamblea.
Evita leerlo rápidamente; debe invitar al silencio y la reflexión.
No debe sustituirse por otro canto no bíblico.
d) Actitudes del salmista
Orar el texto antes de cantarlo.
Cuidar el tono de voz, la afinación y la claridad en la pronunciación.
Usar expresiones faciales que acompañen el sentido del salmo (alegría, súplica,
confianza).
Mantener la compostura: no aplaudir ni gesticular excesivamente.
Recordar que el salmo no es “su momento de lucirse”, sino su momento de servir.
7. Qué hacer y qué evitar (lectores y salmistas)
🟩 Qué hacer
Preparar el texto con oración y estudio.
Ensayar la pronunciación y la entonación.
Revisar el micrófono y la iluminación.
Vestirse con decoro y sobriedad.
Leer o cantar con voz firme y clara.
Mantener la calma y las pausas.
Mirar de vez en cuando a la asamblea.
Orar después de la proclamación.
🟥 Qué evitar
Llegar tarde o sin preparación.
Leer sin comprender el texto.
Correr, improvisar o teatralizar.
Golpear o probar el micrófono durante la misa.
Usar el ambón para comentarios personales.
Gritar, hablar monótonamente o cantar sin devoción.
Vestir de forma informal o llamativa.
Conversar en el ambón o distraerse.
8. Dimensión espiritual del ministerio
Tanto el lector como el salmista son puentes vivos entre Dios y su pueblo.
La eficacia de su servicio no depende solo de su voz, sino de su vida interior.
Proclamar o cantar la Palabra exige una disposición del alma que una fe, amor y respeto.
Cada vez que un lector o salmista sube al ambón, la Iglesia entera escucha al Señor.
✨ “El lector y el salmista son las manos y la voz del Espíritu; a través de ellos, la Palabra
se hace oír, se hace canto y se hace vida.”
9. Oración final del lector y salmista
Señor Jesús, Palabra viva del Padre,
gracias por llamarme a ser instrumento de tu voz.
Que al proclamar o cantar tus Escrituras,
mi corazón esté unido al tuyo
y mi voz sea eco fiel de tu mensaje.
Dame humildad para servir,
sabiduría para comprender
y amor para anunciarte con alegría.
Haz que tu pueblo escuche y crea,
que tu Palabra sea semilla de vida,
y que cada lectura y cada canto
sean para gloria de tu Nombre.
Amén.