Introducción
El sistema sensorial humano se basa en la transducción de energía
externa en señales neuronales, siendo la visión y el tacto pilares
fundamentales para la interacción con el entorno. La visión se procesa a
través del ojo, un órgano fotorreceptor altamente especializado donde la
luz incidente atraviesa la córnea y el cristalino para impactar finalmente
en la retina. Es en esta capa donde los conos y bastones inician la
cascada electroquímica que, viajando por el nervio óptico, culmina en la
representación visual en el córtex cerebral. Por otro lado, el tacto,
componente esencial del sistema somatosensorial, se encarga de la
percepción de estímulos mecánicos, vibratorios y térmicos a través de
receptores encapsulados y terminaciones nerviosas libres diseminados
por la piel, como los corpúsculos de Meissner y Pacini; estos
transductores convierten la presión y la textura en impulsos nerviosos
que son transmitidos hasta la corteza somatosensorial para su
interpretación consciente.
El ojo humano
El ojo es una esfera hueca formada por un conjunto de membranas que
contiene líquido en su interior (humor vítreo) y que se encuentra ubicado
en la órbita del cráneo, una cavidad ósea que le sirve de protección.
Debido a la gran cantidad de terminaciones nerviosas que posee, es un
órgano muy sensible. Los párpados y las pestañas se encargan de evitar
que los objetos extraños entren en contacto directo con él.
Una persona adulta suele tener dos ojos de aproximadamente 25 mm de
diámetro que funcionan de forma simultánea. Esta característica física
hace que los objetos se perciban en tres dimensiones.
Partes internas del ojo:
La conjuntiva:
La conjuntiva es una membrana mucosa transparente que protege el
interior de los párpados y la esclera. Está compuesta por dos secciones
continuas que evitan que los elementos extraños accedan a la parte
posterior del ojo:
•La conjuntiva bulbar cubre la parte frontal de la esclerótica.
•La conjuntiva palpebral vela la parte interna de los párpados.
El cristalino:
El cristalino es la lente del ojo y su función principal es enfocar los
objetos independientemente de la distancia a la que se encuentren. Para
lograrlo, utiliza el proceso de acomodación, que es la capacidad de
modificar en función de las circunstancias su curvatura, su espesor y su
potencia refractiva con la ayuda de los músculos ciliares.
El cuerpo ciliar:
El cuerpo ciliar es un músculo que se encuentra detrás del iris y se
encarga de cambiar la forma del cristalino para enfocar la visión. Además,
produce el humor acuoso del interior del ojo.
Humor vítreo:
Es una sustancia gelatinosa y transparente, que se encuentra dentro del
globo ocular para permitir que la retina se mantenga en su sitio y que el
ojo conserve su forma esférica.
La retina:
La retina es una capa de tejido neurosensorial que transforma la luz que
entra en el ojo en estímulos eléctricos a través de los fotorreceptores,
que pueden ser de dos tipos:
•Conos, que nos permiten distinguir los colores.
•Castoncillos, que aprecian el negro y el blanco.
La mácula:
Es una pequeña área ovalada, ubicada en el centro de la retina, la mácula
es la encargada de que veamos los detalles y captemos el movimiento.
La retina periférica:
La retina periférica es la extensa área de la retina que rodea la mácula
(retina central) y constituye aproximadamente el 95% de su superficie
total. Permite que identifiquemos la forma y la silueta de los objetos que
están fuera de nuestra línea de visión directa. Detecta, por lo tanto, lo que
tenemos alrededor.
El nervio óptico:
Compuesto por miles de fibras, el nervio óptico envía señales visuales al
cerebro.
Humor acuoso:
El humor acuoso es un líquido transparente que se encuentra dentro del
ojo, y su función principal es nutrir el tejido del ojo, mantener su forma y
drenar el exceso de líquido a través de un sistema de drenaje. Producido
por el cuerpo ciliar, circula desde la parte trasera del ojo hacia el
segmento frontal, llegando a la córnea y el cristalino.
Coroides:
La coroides es una capa de tejido vascularizado entre la esclerótica (la
parte blanca del ojo) y la retina, cuya función principal es nutrir la retina y
otras partes internas del ojo con oxígeno y nutrientes. También contiene
melanina, que absorbe la luz para evitar el deslumbramiento y la visión
borrosa, y desempeña un papel en la regulación de la presión y la
temperatura intraocular.
Partes externas del ojo:
La pupila:
La abertura circular negra en el centro del iris del ojo. Su función principal
es regular la cantidad de luz que entra al ojo: se agranda (dilata) en la
oscuridad y se achica (contrae) con mucha luz.
La córnea:
Es la cúpula transparente que cubre el iris y la pupila en la parte frontal.
Principal superficie de refracción (enfocado) de la luz que entra al ojo.
El iris:
Es la parte coloreada del ojo que rodea la pupila. Funciona como un
diafragma, usando pequeños músculos para ajustar el tamaño de la
pupila y controlar la cantidad de luz que entra al ojo.
La esclerótica:
Es la capa exterior, blanca, fuerte y fibrosa del ojo, comúnmente
conocida como el blanco del ojo. Su función principal es darle forma al
globo ocular y proteger las estructuras internas del ojo de daños externos,
extendiéndose desde la córnea hasta el nervio óptico.
La carúncula:
Es un término anatómico que se refiere a una pequeña elevación carnosa.
En el ser humano, la más conocida es la carúncula lagrimal, el pequeño
nódulo rosado que se encuentra en la esquina interior del ojo. También
existe la carúncula sublingual (donde desembocan conductos salivales) y
las carúnculas himenales (restos del himen).
El párpado inferior:
Es la estructura de tejido blando que cubre la base de la órbita y, junto
con el superior, protege el ojo y ayuda a su lubricación.
El párpado superior:
Es una capa de tejido blando móvil que cubre la parte superior del ojo y,
junto con el inferior, protege el globo ocular, distribuye las lágrimas y
controla la luz que entra en el ojo.
Pestañas:
Son pelos cortos que crecen en el borde de los párpados. Actúan como
filtro y sensor, evitando que el polvo y partículas entren al ojo.
Cejas:
Es un arco de pelo sobre la órbita. Desvían el sudor y la humedad de la
frente para que no caigan directamente en los ojos.
Aparato lagrimal (glándulas y conductos).
Esto incluye la glándula lagrimal y los conductos de drenaje hacia la nariz.
Produce y distribuye las lágrimas para lubricar, limpiar y desinfectar la
superficie del ojo.
Funcionamiento del ojo:
El ojo humano funciona de forma similar a una cámara fotográfica,
aunque con una definición mucho mayor. El proceso de visión comienza
cuando la luz se refleja en los objetos y entra a través de la pupila hasta la
retina, donde se transforma en impulsos eléctricos. Para que podamos
ver el mundo que nos rodea, el funcionamiento del ojo se basa en la
refracción de la luz.
¿Qué es la refracción de luz?
La refracción es un fenómeno por el que la luz, que es una onda, cambia
de dirección cuando pasa de un medio a otro. En el caso de la visión, se
produce cuando los rayos de luz que provienen de los objetos se desvían
al pasar a través de la córnea y del cristalino.
¿Cómo se comporta el ojo al recibir la luz?
Cuando las ondas lumínicas llegan al ojo, cada parte que lo forma
comienza a trabajar para que nosotros, a través de nuestro cerebro,
percibamos lo que tenemos alrededor:
1. La luz traspasa la córnea y, al ser una membrana transparente, la
refracta.
2. El iris modifica el tamaño de la pupila, que deja pasar la luz
refractada al interior del ojo.
3. El cristalino se ajusta para mejorar el enfoque y traslada los rayos
hasta la retina.
4. La retina utiliza sus células fotorreceptoras para transformar la luz
en impulsos eléctricos.
5. El nervio óptico lleva la información hasta el cerebro, que interpreta
las señales y permite que veamos.
El hecho de que los ojos funcionen del mismo modo que una cámara de
fotos supone que el cristalino forme imágenes invertidas, al igual que
todas las lentes. Es el cerebro el que, gracias a los datos que el resto de
sentidos le ofrecen sobre la realidad del espacio en el que nos movemos,
las gira para que percibamos el mundo tal y como es realmente.
El tacto
El tacto es uno de los cinco sentidos básicos del cuerpo humano, también
conocido como sentido somatosensorial. El órgano principal del tacto es
la piel, que recubre todo el cuerpo y lo convierte en el órgano más extenso.
En la piel se encuentran una variedad de receptores sensoriales (como
los corpúsculos de Meissner, Pacini, y terminaciones nerviosas libres)
que son responsables de captar diferentes estímulos y enviar la
información al cerebro a través de la médula espinal.
El sentido del tacto ( o sistema somatosensorial) es un proceso complejo
que involucra varias estructuras, que van desde el órgano que recibe el
estímulo (la piel) hasta la parte del cerebro que lo interpreta.
Las partes principales del tacto:
Pelo:
El pelo funciona como un receptor sensible del tacto, gracias a las fibras
nerviosas sensoriales que rodean la base de cada folículo piloso. Cuando
el pelo se dobla, estas terminaciones nerviosas se estimulan, permitiendo
sentir el movimiento.
Epidermis (externa):
La epidermis contribuye al sentido del tacto gracias a las células de
Merkel, que se encuentran en su capa más profunda (el estrato basal) y
están asociadas con fibras nerviosas para transmitir las sensaciones de
presión y tacto fino. Aunque la mayoría de los receptores táctiles (como
los corpúsculos de Meissner y Pacini) están en la dermis subyacente, la
epidermis contiene estas células clave para la percepción táctil.
Dermis (media):
La dermis contiene las terminaciones nerviosas y los receptores
sensoriales (como los corpúsculos de Meissner para el tacto superficial)
que permiten al cuerpo percibir el tacto, la presión, el dolor y la
temperatura.
Hipodermis (profunda):
La hipodermis (o tejido subcutáneo) contribuye al sentido del tacto al
albergar receptores sensoriales profundos como los Corpúsculos de
Pacini y Corpúsculos de Ruffini , que detectan la presión profunda y la
vibración, y las fibras nerviosas cutáneas que la traviesan. Aunque la
hipodermis es principalmente una capa de tejido adiposo que sirve para
aislar térmicamente, amortiguar golpes y almacenar energía, su relación
con el tacto radica en estos mecanorreceptores especializados que
transmiten información sobre el contacto más allá de la superficie de la
piel (epidermis y dermis).
Glándula sebácea:
La glándula sebácea no es un receptor del tacto; su función es secretar
sebo, una sustancia oleosa que lubrica y protege la piel y el cabello,
manteniendo su suavidad. Los receptores específicos para el tacto se
encuentran en la dermis, la capa de la piel donde también están estas
glándulas.
Glándula sudorípara:
Las glándulas sudoríparas ecrinas influyen indirectamente en el tacto, ya
que su secreción (el sudor) en las palmas de las manos y las plantas de
los pies mejora la adherencia y la fricción con la superficie. Esta función
de mejorar el agarre y la interacción mecánica es especialmente notoria
en estas zonas, contribuyendo a la sensibilidad táctil y la prensión. Su
función principal, sin embargo, es la termorregulación (enfriar el cuerpo
por evaporación).
El músculo:
El sentido del tacto no reside en un solo músculo, sino principalmente en
la piel, el órgano sensorial más grande. Sin embargo, los músculos (junto
con tendones y articulaciones) sí contienen propioceptores que envían
información al cerebro sobre la posición y el movimiento de las
extremidades y el cuerpo. Esta información se relaciona con la cinestesia,
un sentido complementario al tacto que nos da conciencia corporal.
El bulbo piloso:
El folículo piloso, que contiene el bulbo piloso en su base, funciona como
un receptor sensible del tacto. Fibras nerviosas sensoriales rodean el
bulbo, y cuando el pelo se dobla o se mueve ligeramente, estas
terminaciones nerviosas se estimulan, permitiendo a la persona sentir el
movimiento del cabello o un toque suave.
Los capilares:
Son esenciales para la piel al estar en la dermis, donde suministran
oxígeno y nutrientes a las células y ayudan a regular la temperatura
mediante la vasodilatación y vasoconstricción.
Arteriola:
La función de las arteriolas en el contexto del tacto está relacionada con
la regulación del flujo sanguíneo en la piel. Las arteriolas son vasos
pequeños que controlan la cantidad de sangre que llega a los capilares de
la superficie, y al variar su diámetro (vasoconstricción o vasodilatación),
ayudan a regular la temperatura cutánea. Dado que el sentido del tacto se
siente en la piel, esta regulación afecta indirectamente las condiciones
físicas (temperatura) en las que se perciben las sensaciones táctiles,
aunque su función principal sea el control térmico y de la presión arterial.
El tejido adiposo (la grasa):
El tejido adiposo, ubicado en la hipodermis (la capa más profunda de la
piel), tiene un papel indirecto pero significativo en el tacto. Actúa como un
amortiguador mecánico, protegiendo las terminaciones nerviosas y los
receptores táctiles, como los corpúsculos de Pacini (sensibles a la
vibración y presión profunda) que se encuentran en él o cerca. También
funciona como un aislante térmico, lo que afecta la percepción de la
temperatura que es parte de las sensaciones táctiles.
Las funciones del tacto:
Se dividen en varias categorías, cada una mediada por diferentes tipos de
receptores nerviosos en la piel y los tejidos internos.
1. La función protectora (nocicepción y termocepción):
Esta es quizás la función más crucial para la supervivencia. La piel actúa
como una primera línea de defensa, y el tacto nos alerta de cualquier
peligro físico potencial.
Detección del dolor (nocicepción):
El dolor es un mecanismo de alarma. Los nociceptores (terminaciones
nerviosas libres) se activan ante estímulos que causan daño tisular
(cortes, quemaduras, golpes, presión excesiva). Esta rápida señal al
cerebro permite una respuesta refleja inmediata, como retirar la mano de
una superficie caliente.
Detección de la temperatura (termocepción):
Nos permite percibir el frío y el calor. Los termorreceptores responden a
los cambios de temperatura, ayudando al cuerpo a mantener la
homeostasis (equilibrio interno) al iniciar la sudoración (para enfriar) o el
escalofrío (para generar calor).
2. La función exploratoria y discriminativa (mecanocepción):
Esta función permite al tacto ser una herramienta activa para el
conocimiento del mundo, similar a la vista, pero a través del contacto
físico.
Discriminación de textura y forma:
La capacidad de distinguir si una superficie es lisa, rugosa, áspera o
suave, y de identificar la forma tridimensional de un objeto sin verlo
(estereognosia). Esto es posible gracias a los corpúsculos de Meissner
(sensibles al tacto fino y el deslizamiento) y las células de Merkel
(sensibles a la presión y las texturas finas).
Discriminación de presión y vibración:
La percepción de la presión constante y la vibración de alta frecuencia.
Los corpúsculos de Pacini son cruciales para sentir vibraciones y los
cambios rápidos de presión, mientras que los corpúsculos de Ruffini
detectan el estiramiento y la presión profunda y prolongada.
Tacto fino VS Tacto grueso:
El tacto fino (epicrítico) nos permite localizar con precisión el punto de
contacto y distinguir detalles pequeños. El tacto grueso (protopático)
solo detecta el contacto general, pero es vital para la sensación de dolor y
temperatura.
3. La función propioceptiva y kinestésica:
Aunque no se percibe comúnmente como "tocar", esta es una función
fundamental del sistema somatosensorial que opera a nivel interno, sin
necesidad de contacto externo.
Propiocepción:
Es el "sexto sentido", la conciencia de la posición del cuerpo en el espacio.
Los receptores en músculos, tendones y articulaciones (huso muscular y
órganos tendinosos de Golgi) envían información continua al cerebro
sobre el estiramiento y la tensión, permitiéndonos caminar o escribir sin
tener que mirar constantemente nuestras extremidades.
Kinestesia:
Es la conciencia del movimiento. Permite que el cerebro siga y ajuste los
movimientos corporales a medida que ocurren, siendo esencial para la
coordinación y el equilibrio.
4. La función socioemocional y psicológica:
El tacto no es solo mecánico; es un potente canal de comunicación
emocional y social.
El tacto afectivo y social:
Ciertos nervios, llamados fibras C-táctiles (CT), son lentos y responden de
manera óptima a un contacto suave y cálido (como una caricia a 32°C).
Estas fibras no están conectadas a la parte discriminativa del cerebro,
sino al sistema límbico (centros de la emoción), lo que sugiere que su
función principal es transmitir el placer y el vínculo social.
Desarrollo infantil:
El contacto piel con piel (como el método canguro) es vital en el
desarrollo temprano. Fomenta la calma, reduce el estrés (disminuye el
cortisol), regula el ritmo cardíaco y la temperatura del bebé, y fortalece el
apego seguro con los cuidadores.
Comunicación no verbal:
Un apretón de manos, un abrazo, una palmadita en la espalda. El tacto
comunica confianza, apoyo, consuelo o advertencia de manera
instantánea y subconsciente, a menudo con más fuerza que las palabras.
Conclusión
La visión y el tacto son sistemas sensoriales fundamentales que,
actuando en conjunto, construyen la base de nuestra interacción y
comprensión del entorno. El ojo aporta la capacidad constructiva de
nuestra percepción del mundo, a través de la refracción de la luz y la
conversión fotorreceptora, dota a la conciencia de una perspectiva
espacial tridimensional y una riqueza de color indispensables para la
navegación y la apreciación detallada. Su función va más allá de ver; es el
principal motor que permite al cerebro planificar, orientarse y adquirir
información compleja a distancia. Por su parte, el Tacto nos proporciona
la integridad física y la conexión social. Es el sistema de alerta inmediata,
ante dolor y temperatura; que garantiza la supervivencia y
simultáneamente, actúa como una herramienta de exploración minuciosa
que distingue texturas y presiones. Internamente, asegura el balance
corporal. Sin embargo, su aporte más sutil y profundo reside en ser un
canal primario de la afectividad, estableciendo la confianza y el vínculo
emocional desde los primeros momentos de la vida, convirtiendo la piel
en un lenguaje de soporte y pertenencia. Ambos sentidos son, en esencia,
los pilares de la experiencia humana, brindando la orientación espacial y
el anclaje físico y emocional necesarios para vivir e interactuar
plenamente.
Bibliografía
General Óptica. (s. f.). Estructura y partes del ojo. Recuperado de
[Link]
Equipo de Enciclopedia Significados. (s. f.). Sentido del tacto.
Enciclopedia Significados. Recuperado de
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