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Neurofisiología y Neuropsicología en Adultos

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NEUROFISIOLOGÍA Y

NEUROPSICOLOGÍA

Módulo 2 – Unidad 2

1
UNIDAD 2. NEUROFISIOLOGÍA Y NEUROPSICOLOGÍA ......................................................................... 3

2.1. NEUROFISIOLOGÍA Y LAS FUNCIONES MENTALES EN ADULTOS ........................................... 3

2.1.1 FUNCIONES DEL SISTEMA NERVIOSO ........................................................................................ 3

2.1.2 FUNCIONES BÁSICAS DE DISTINTAS ESTRUCTURAS DEL SNC ........................................... 5

2.1.3 FUNCIONES DE LA CORTEZA CEREBRAL .................................................................................10

2.1.4 CONCEPTO DE CONTRALATERALIDAD ....................................................................................15

2.1.5 TEORÍAS DEL CEREBRO (ESPECIALIZACIÓN HEMISFÉRICA, CEREBRO TRIUNO Y


CEREBRO TOTAL) Y SU APLICACIÓN EN EL PROCESO DE ENSEÑANZA APRENDIZAJE .............18

2.1.6 MAPAS MENTALES .........................................................................................................................25

2.2. NEUROPSICOLOGÍA Y EL PROCESO DE ENSEÑANZA Y DE APRENDIZAJE EN ADULTOS


30

2.2.1 DEFINICIONES Y CARACTERÍSTICAS DE LA NEUROPSICOLOGÍA ...........................................30

2.2.2. CONCEPTOS DE NEUROPSICOLOGÍA .........................................................................................32

2.2.3. MÉTODOS DE LA NEUROPSICOLOGÍA .......................................................................................33

2.2.4. NEURODESARROLLO Y NEUROPLASTICIDAD .......................................................................36

2.2.5. FUNDAMENTOS NEUROPSICOLÓGICOS DE APRENDIZAJE EN ADULTOS .........................37

2
Unidad 2. Neurofisiología y neuropsicología

2.1. Neurofisiología y las funciones mentales en adultos

La neurofisiología, junto con otras ciencias, complementa a la educación, ya que se


encarga de estudiar cómo funciona el cerebro, cómo este órgano percibe la información,
cómo la interpreta y cómo la procesa. La información que interpreta el cerebro la recibe a
través de los cinco sentidos externos (olfato, vista, tacto, gusto y oído) (Quintanar, 2011, p.
11).

Por lo tanto, el sistema sensorial se convierte en protagonista. Este sistema, además de


ser indispensable para recibir la información a través de los sentidos, lo utilizamos para
obtener datos relativos al estado de los otros sistemas que va a coordinar. Esta información
sensorial y su relación con la memoria, el lenguaje, el aprendizaje, la emoción, el
pensamiento y el razonamiento, serán el foco de estudio, especialmente aplicado en los
estudiantes adultos (Quintanar, 2011, p. 11).

Como educadores, además de entender cómo funciona el cerebro, es relevante saber


que, en los espacios de aprendizaje, aparecen los elementos cognitivos, emocionales, y
también los fisiológicos, lo cual nos permitirá ofrecer instancias de aprendizaje más
ecuánimes, más disruptivas y en resonancia con quienes aprenden.

2.1.1 Funciones del sistema nervioso


Los seres humanos percibimos información a través de los sentidos y es allí donde
comienza el aprendizaje. Si bien hay otros seres vivos que aprenden, los humanos tenemos
un cerebro que nos permite percibir, interpretar y procesar esa información, almacenarla y

3
luego gestionarla; esto es lo que nos hace diferentes de las demás especies, la capacidad
para poder aprender (Braidot, 2016, p. 153).

El cerebro percibe la información que recibe, luego la interpreta según su mundo interno
y, en función de esa interpretación, crea su realidad. Citando a Braidot (2016): “[…] el
cerebro se ocupa de recibir los estímulos que llegan tanto del medio externo (a través de
los sentidos) como del interno (preconceptos, ideas, valores, etc.)” (p. 22). En la imagen 1
se muestra cómo se percibe la información en la corteza cerebral:

Imagen 1. Los sentidos en el cerebro


Fuente: Braidot (2016, p. 24).

Siguiendo lo que plantea Braidot (2016), podemos decir que:

• Cada ser humano percibe de una forma particular, por lo tanto, la construcción de
la realidad que hace nuestro cerebro es un fenómeno subjetivo.

4
• En toda percepción, intervienen los filtros que cada uno va construyendo a lo largo
de la vida. Esos filtros son los mapas mentales.

• Una vez interpretada la información recibida, el cerebro piensa, razona, se emociona


y puede tomar decisiones para pasar a la acción (Braidot, 2016, pp. 23-24).

Por lo tanto, el cerebro, como parte del sistema nervioso central, es el encargado de
“interpretar” esa información sensorial percibida (Braidot, 2016, pp. 23-24).

En este orden de ideas, Toro y Yepes (2018) expresan que: “El sistema nervioso puede
considerarse como una red de comunicaciones altamente sofisticada que a través de
señales eléctricas que se suceden en milésimas de segundo comunica al ser humano con el
medio que lo rodea” (p. 17). Para una mejor comprensión de sus funciones, al sistema
nervioso se le divide en tres partes: el sistema nervioso central, el sistema nervioso
periférico y el sistema nervioso autónomo (Toro y Yepes, 2018, p. 17).

2.1.2 Funciones básicas de distintas estructuras del


SNC
El sistema nervioso central es la piedra angular de nuestra existencia, un complejo
entramado de estructuras y funciones que orquestan cada aspecto de nuestra vida
consciente e inconsciente. En el corazón de este sistema se encuentra el cerebro, una
entidad poderosa y misteriosa que, junto con el cerebelo y el tronco cerebral, forma un
centro de comando para todas nuestras acciones, pensamientos y emociones. A medida
que nos adentramos en el estudio del SNC, descubrimos cómo estas estructuras no solo
coordinan la actividad nerviosa, sino que también son el escenario donde se desarrolla el
drama de la vida humana, desde los actos más simples hasta los pensamientos más
complejos. Se puede definir el SNC, según Toro y Yepes (2018), como:

[…] el centro de coordinación de toda la actividad nerviosa. Está formado por el


cerebro, al cual se encuentra unido en su parte más baja una estructura ovalada

5
que por semejar a un cerebro más pequeño se conoce con el nombre de cerebelo.
Al nivel del cuello, el cerebro y cerebelo se conectan a una formación cilíndrica
llamada tronco cerebral, la cual se continua con una estructura alargada y también
de forma cilíndrica conocida con el nombre de médula espinal, que discurre desde
el cuello hasta la cintura protegida por un canal formado por huesos llamados
vertebras. (p. 17)
En la imagen 2 podemos ver las principales partes del sistema nervioso central:

Imagen 2. Partes del sistema nervioso central


Fuente: Toro y Yepes (2018, p. 18).
Además de las partes que se aprecian en la imagen anterior, es importante destacar que
el sistema nervioso central “[…] está constituido por el encéfalo, que ocupa la cavidad
craneana, y el cordón espinal, que ocupa parte del conducto raquídeo” (Osuna, Caro y
Patiño, 2016, p. 21). Este sistema recibe información aferente o sensitiva de los nervios
periféricos del sistema nervioso periférico. Este último, “[…] está compuesto por los pares
craneanos, relacionados de alguna manera con el cráneo, y los pares raquídeos,
relacionados con las vértebras” (Osuna, Caro y Patiño, 2016, p. 21).

Por otro lado, el sistema nervioso central se ocupa de procesar la información que recibe
del medio ambiente y el estado del cuerpo para generar un pensamiento, una emoción y

6
luego un comportamiento adecuado que responde a los estímulos analizados (Osuna, Caro
y Patiño, 2016, p. 21).

En la imagen 3, se puede observar, de manera organizada, la estructura del sistema


nervioso.

Imagen 3. Estructura del sistema nervioso


Fuente: Osuna, Caro y Patiño (2016, p. 22).

Adentrándonos en el cerebro, como órgano protagonista del sistema nervioso central,


en la imagen 4 se muestran sus partes estructurales.

7
Imagen 4. Estructura del cerebro
Fuente: Hart (2002), citado en Carminati y Waipan (2017, p. 35).

Entre las funciones que controla el cerebro se pueden mencionar el pensamiento, la


interpretación, la memoria y la toma de decisiones. Cuando comenzamos a aprender algo
nuevo, la información se recibe a través de nuestros sentidos y luego el cerebro se encarga
de procesarla, organizarla y establecer conexiones entre los diferentes elementos
(Carminati y Waipan, 2017, p. 36).

En todo este proceso, intervienen: el tálamo, la amígdala, el hipocampo, el neocórtex y


el cerebelo (Carminati y Waipan, 2017, p. 36). A continuación, definiremos cada una de
estas partes.

• Tálamo: “[…] es la parte del cerebro que recibe los estímulos de los sentidos
(excepto el olfato) y se encarga de distribuirlos a los lugares correctos para ser
procesados” (Carminati y Waipan, 2017, p. 36). Por ejemplo, si en este momento
estás leyendo este material, “es el tálamo el que iniciará la distribución del

8
tránsito de la información, como una estación de peaje” (Carminati y Waipan,
2017, p. 36).

• Amígdala: “[…] recibe información del tálamo ligada a las emociones y a las
conductas” (Carminati y Waipan, 2017, p. 36). Recordemos que las emociones
siempre están relacionadas con el aprendizaje; siguiendo el ejemplo anterior,
desde un estado emocional es que registraremos el contenido de esta lectura
mientras la leemos, para luego ser guardado en la memoria.

• Hipocampo: como su nombre lo indica, tiene una estructura similar al caballito


de mar; este organiza, evalúa y cataloga los recuerdos y toda la información
almacenada, por ejemplo, nombres, lugares, sonidos y aromas (Carminati y
Waipan, 2017, p. 36). Mientras leemos estas líneas, ¿qué recuerdos aparecen?

• Neocórtex: “[…] es el encargado del orden más elevado del pensamiento”


(Carminati y Waipan, 2017, p. 36). En la corteza, como también se lo nombra, se
lleva a cabo la lectura, la planificación, el análisis, el lenguaje, la escritura, y
también la toma de decisiones (Carminati y Waipan, 2017, p. 36).

• Cerebelo: “[…] parece un cerebro en miniatura y controla el movimiento, la


coordinación motora y el equilibrio” (Carminati y Waipan, 2017, p. 36). Por lo
tanto, cuando nos movemos, se fortalece la memoria (Carminati y Waipan, 2017,
p. 36). ¿Y si ahora te levantas y caminas mientras verbalizas el contenido que
para ti es relevante?

De acuerdo con lo anterior, todas las acciones que llevamos a cabo diariamente
conllevan una percepción, como ver, leer, escuchar, captar sonidos, sentir aromas, percibir
los gestos faciales, nuestra expresión corporal y emocional, etc. Todo esto ingresa al cerebro
por nuestros sentidos, esos ventanales que abren nuestro cerebro a todo lo circundante.
Son estos sentidos quienes traducen lo que sucede afuera en procesos internos, que

9
suceden adentro del cerebro; por lo tanto, podemos afirmar que es nuestro cerebro quien
construye su hipótesis o interpretación de lo que percibe (Mora, 2014, p. 31).

Si leemos, y observamos, el párrafo anterior con lentes de educadores, este nos invita a
generar nuevos espacios para facilitar esa interpretación en los cerebros de los estudiantes
y a repensar nuestras prácticas educativas, considerando que en toda experiencia de
aprendizaje percibimos, pensamos, planificamos, accionamos y nos emocionamos.

2.1.3 Funciones de la corteza cerebral


El cerebro, órgano inmenso y complejo, con sus células muy particulares, las neuronas y
las glías, ha sido objeto de estudio desde hace muchísimos años, y se ha ido construyendo
a lo largo de la evolución del hombre para adaptarse a los cambios del medio ambiente en
el que está inmerso. El cerebro es una especie de masa gelatinosa, que está rodeada por el
líquido cefalorraquídeo; este líquido lo protege y lo sostiene (Carminati y Waipan, 2017, p.
32).

De acuerdo con Carminati y Waipan (2017), el cerebro está formado por millones de
células, las neuronas, que se interconectan y forman redes, las cuales gestionan las
funciones de la mente (p. 32). Asimismo, Carminati y Waipan (2017) especifican lo siguiente
respecto al cerebro:

Pesa alrededor de 1.200 gramos en el hombre y 1.100 en la mujer. Está dividido en


dos hemisferios conectados por el cuerpo calloso. Es una masa de consistencia
gelatinosa, de color rosado, con 100.000 millones de neuronas y las células glía
(sostén). (p. 32)

10
En la imagen 5, podemos ver el cerebro desde una mirada exterior:

Imagen 5. Una mirada exterior del cerebro


Fuente: Carminati y Waipan (2017, p. 32).

El cuerpo calloso desempeña un papel fundamental como un medio de comunicación,


funcionando como un puente que permite la transferencia de información entre el
hemisferio izquierdo y el derecho del cerebro. Es esencial para que la información
procesada en un hemisferio pueda ser utilizada por el otro hemisferio y viceversa (Braidot,
2016, p. 25).

La superficie que cubre ambos hemisferios se llama corteza cerebral, que es una
pequeña capa que, en promedio, mide 2,6 milímetros de espesor; si la imaginamos, sería
muy fina, con un espesor similar al de la cáscara fina de una manzana (Braidot, 2016, p. 26).

Para introducirnos un poco en la historia, el Homo sapiens, asociado al descubrimiento


de la agricultura, fue nuestro primer ancestro directo de hace más de cien mil años atrás. El
Homo sapiens comienza a desarrollar el córtex prefrontal, lo que le permitió evolucionar en

11
su estructura y sus funciones, y adaptarse a los cambios de clima, de alimentación, de
hábitat, a relacionarse con otros. Esta corteza cerebral nos permitió desarrollarnos y ser
más inteligentes que otras especies (Carminati y Waipan, 2017, p. 62).

La corteza cerebral guarda la información que recibe y, además, tiene la habilidad de


procesar y tomar decisiones; incluso, improvisar. El tamaño de la corteza es muy grande en
relación con todo el cerebro, por eso se pliega sobre sí misma. Estos pliegues y surcos
(circunvoluciones) le dan una apariencia rugosa (Carminati y Waipan, 2017, p. 36).

Para ahondar en las características de la corteza cerebral, podemos a las palabras de


Feldman (2018), quien afirma que:

[…] el cerebro varía significativamente de una persona a otra en la situación de cada


surco y circunvolución cortical, en el número de neuronas de cada capa concreta
de la corteza cerebral o de las regiones subcorticales, en el «microcableado» entre
las neuronas, y en la conectividad de las redes cerebrales. Cuando tenemos en
cuenta estos detalles, no existen dos cerebros en una misma especie que estén
estructurados de la misma manera. (p. 350)

Por lo tanto, es en la corteza cerebral donde se realizan los procesos mentales y


cognitivos más complejos. Para facilitar la comprensión de las funciones de la corteza
cerebral, las enumeraremos a continuación: la percepción, el lenguaje, la memoria, el
procesamiento de información, la conciencia, la imaginación, el razonamiento y la acción
motora (Feldman, 2018, p. 350).

Además, si hablamos de corteza frontal y procesos cognitivos, no podemos dejar de


nombrar a las funciones ejecutivas, que permiten gestionar nuestro comportamiento. Estas
funciones ejecutivas son las que permiten el diseño de objetivos, metas y un plan de acción
para el logro de esos objetivos, así como las habilidades necesarias para pasar a la acción
(Carminati y Waipan, 2017, p. 68).

12
En cuanto a los hemisferios del cerebro, cada uno está dividido en cuatro lóbulos: frontal,
temporal, parietal y occipital (Carminati y Waipan, 2017, pp. 65-66). A continuación,
definiremos las funciones de cada uno de los lóbulos:

• Lóbulos frontales

Los lóbulos frontales nos definen como seres humanos, gestionan nuestros impulsos y la
memoria de corto plazo. Intervienen al pensar, razonar, imaginar y planificar (Carminati y
Waipan, 2017, p. 66).

Las subregiones de los lóbulos frontales son:

- Corteza motora: “[…] activa los movimientos voluntarios de todos los músculos del
cuerpo” (Carminati y Waipan, 2017, p. 66).

- Corteza sensorial: “[…] está destinada a procesar la sensibilidad” (Carminati y Waipan,


2017, p. 66).

- Corteza premotora: “[…] ensaya mentalmente acciones intencionales futuras”


(Carminati y Waipan, 2017, p. 66).

- Corteza prefrontal: “[…] está relacionada con todas las acciones de la conciencia”
(Carminati y Waipan, 2017, p. 66).

• Lóbulos parietales

Los lóbulos parietales se localizan en la región superior del cráneo y se encargan de la


percepción consciente de estímulos sensoriales, así como del reconocimiento y la
orientación espacial (Carminati y Waipan, 2017, p. 65).

• Lóbulos temporales

13
Los lóbulos temporales se encuentran debajo de la superficie de los oídos, perciben los
sonidos y se encargan de la asociación de la memoria (Carminati y Waipan, 2017, p. 65).

• Lóbulos occipitales

Los lóbulos occipitales se encuentran en la parte más posterior de la cabeza y su función


primordial es procesar información visual; es decir, ven e interpretan las imágenes
(Carminati y Waipan, 2017, p. 65).

En la imagen 6 podemos ver los distintos lóbulos y sus ubicaciones:

Imagen 6. Lóbulos del cerebro


Fuente: Carminati y Waipan (2017, p. 65).

Como observamos en la imagen anterior, estos lóbulos se encuentran en ambos


hemisferios, y están, a su vez, recubiertos por la corteza cerebral

A modo de conclusión, con lo expuesto sobre el sistema nervioso, el cerebro y su corteza


cerebral, somos responsables, como educadores, de desarrollar y potenciar las
competencias cognitivas mencionadas. Este abordaje nos invita a diseñar nuevos estímulos

14
cognitivos, nuevos desafíos y entornos de aprendizajes para potenciar esas habilidades en
cada estudiante que tiene su propio modelo de aprendizaje.

2.1.4 Concepto de contralateralidad


Cuando observamos nuestro cerebro, podemos encontrar los hemisferios cerebrales,
que son dos grandes masas muy semejantes, cuya superficie está recubierta por una capa
de células denominada corteza cerebral. En palabras de Toro y Yepes (2018): “Aunque
estructuralmente ambos hemisferios cerebrales parecen muy similares, tienen funciones
muy diferentes” (p. 22).

A continuación, en la imagen 7 observamos una sección transversal del cerebro humano;


que está dividido en dos hemisferios, el izquierdo y el derecho. Estos hemisferios cerebrales
están conectados entre sí por el cuerpo calloso y la superficie del cerebro que está cubierta
por una capa de materia gris llamada corteza cerebral:

Imagen 7. Los hemisferios cerebrales


Fuente: Toro y Yepes (2018, p. 22).

15
Con respecto al hemisferio izquierdo, según Toro y Yepes (2018), esta masa “[…]
controla el lenguaje en las personas diestras y en 90% de las zurdas, al igual que la habilidad
para realizar cálculos matemáticos y pensar de forma analítica. Por convención, al
hemisferio que controla el lenguaje se le llama dominante” (p. 22).

Por otro lado, tenemos que “[…] el hemisferio derecho controla funciones relacionadas
con las emociones y el desarrollo de habilidades creativas, al igual que la capacidad de ser
conscientes de lo que pasa alrededor” (Toro y Yepes, 2018, pp. 22-23).

En cuanto a las funciones del cerebro, Campos (2010) expresa lo siguiente:

[…] el cerebro estando dividido domina procesos unilateralmente, sugiriendo


diversos modos de pensamiento. No obstante y si bien los hemisferios están
divididos, ambos comparten la función para la realización de acciones cognitivas,
es decir, si bien pueden especializarse, son más bien complementarios. (citado en
Cantú, Lera y Baca, 2017, p. 7)
Pareciera, entonces, que ambos hemisferios trabajan juntos, interconectados, pero con
una sutil especialización de uno sobre otro. De acuerdo con Carminati y Waipan (2017), sus
“[…] funciones, en parte, se presentan lateralizadas, y los mensajes llegan al cerebro a través
de dos vías paralelas” (p. 62); además, según se trate de uno u otro hemisferio, los canales
decodifican la información de manera distinta (Carminati y Waipan, 2017, p. 62).

Así, “[…] las personas son zurdas o diestras, es decir, es un predominio motor relacionado
con las partes del cuerpo que integran sus mitades derecha e izquierda” (Cantú, Lera y Baca,
2017, p. 8). La mayoría de las tareas que realizamos muestran una predominancia de un
lado del cuerpo sobre el otro; por ejemplo, los zurdos tienden a tener una lateralidad
izquierda, mientras que los diestros tienen una lateralidad derecha. Esto significa que cada
grupo tiende a utilizar, de manera preferente, un lado específico del cuerpo para llevar a
cabo diversas actividades (Cantú, Lera y Baca, 2017, p. 8).

16
Aunque la contralateralidad, es entendida como el predominio funcional, de un lado del
cuerpo sobre el otro, no se debe considerar como opuestos, sino más bien,
complementarios, influyendo en el proceso de aprendizaje (Cantú, Lera y Baca, 2017, p. 8).

Como educadores, es importante considerar que el cerebro tiene dos hemisferios con
los que puede distribuir las funciones y procesos; mientras que el derecho reflexiona y
conecta con nuestras emociones y conciencia, el izquierdo se encarga de analizar,
comparar, valorar y razonar cada idea. Este funcionamiento lateralizado permite gestionar
las maniobras de nuestro cerebro (Carminati y Waipan, 2017, p. 63).

En la imagen 8, mostrada a continuación, podemos identificar las funciones de cada


hemisferio:

Imagen 8. Funciones de cada hemisferio cerebral


Fuente: Ibarrola (2014, p. 47).
La imagen anterior muestra una representación simplificada de las funciones de los dos
hemisferios del cerebro. El hemisferio izquierdo se asocia con las funciones cognitivas
relacionadas con el lenguaje, la lógica, las matemáticas, la planificación y el control del
movimiento del lado derecho del cuerpo. El hemisferio derecho se asocia con las funciones

17
cognitivas relacionadas con la creatividad, las emociones, la música, la percepción espacial
y el control del movimiento del lado izquierdo del cuerpo. Los dos hemisferios del cerebro
están conectados entre sí por el cuerpo calloso, y esta comunicación es esencial para el
funcionamiento normal del cerebro.

2.1.5 Teorías del cerebro (especialización hemisférica,


cerebro triuno y cerebro total) y su aplicación en el
proceso de enseñanza aprendizaje
El cerebro triuno fue un concepto desarrollado en los setenta por el entonces director
del Laboratorio sobre Conducta y Evolución Cerebral del Instituto de Salud Mental en
Washington, Paul MacLean, quien dividió el cerebro en tres partes según su evolución
filogenética (Ibarrola, 2014, p. 28).

Nuestro cerebro se ha ido desarrollando a lo largo de la evolución humana y, a los fines


prácticos, para entender su estructura y su funcionamiento, MacLean divide el cerebro en
capas. En palabras de Ibarrola (2014), dichas capas son:

La más externa, el neocórtex, es la exterior y constituye el área específicamente


humana. En medio se halla nuestro cerebro de mamífero primitivo, el sistema
límbico, la sede de las emociones. Y en lo más profundo, en el tallo cerebral y
estructuras próximas, encontramos el cerebro reptiliano, que rígido, compulsivo y
ritualista, controla los impulsos más atávicos. (p. 28)

Comprender estas estructuras es fundamental para que el proceso de aprendizaje sea


más eficiente (Ibarrola, 2014, p. 28).

18
En la imagen 9 podemos ver la ubicación las tres capas del cerebro:

Imagen 9. Las capas del cerebro según MacLean


Fuente: Ibarrola (2014, p. 28).

Es importante conocer la función de cada una de esas capas, cuál es la que tiene más
protagonismo y cuándo aparece una u otra para comprender cómo los estudiantes se
comportan y procesan información en el aula y, así, poder acompañarlos a potenciar y
gestionar este cerebro a su favor. A continuación analizaremos dichas capas:

▪ El cerebro reptiliano

Según Ibarrola (2014), el cerebro reptiliano “Es la parte más primitiva de nuestro
cerebro, es el instintivo, el visceral y se encuentra en la posición más interior del cerebro.
Está compuesto de tronco encefálico y cerebelo” (p. 29). Esta parte representa el 5% del
volumen del cerebro (Ibarrola, 2014, p. 29).

La función del cerebro reptiliano es gestionar la supervivencia (lucha o huida) y se ocupa


de funciones elementales como la respiración, la circulación, el metabolismo, alimentación,
reproducción y el ciclo sueño-vigilia (Ibarrola, 2014, p. 29).

19
Al recibir información sensorial, el cerebro reptiliano es el que evalúa si hay que actuar
o no (Ibarrola, 2014, p. 29); por ejemplo, si en este momento sintieras una explosión, es el
reptiliano el encargado de analizar esa información y decidir si huir o defenderse.

Además, el cerebro reptiliano “Vive en el presente, no tiene memoria ni pasado, por lo


tanto, es incapaz de aprender y anticipar como incapaz de proyectarse hacia el futuro o
hacer planes” (Ibarrola, 2014, p. 29).

Como educadores, a menudo encontramos comportamientos de esta parte del cerebro;


por ejemplo, cuando un estudiante se sienta en el mismo lugar y va directamente a su silla,
cuando responde a una pregunta sin pensar y sin esperar su turno, o cuando ante el cambio
de alguna fecha de examen, la primera respuesta es la queja y el “no”. Cuando el estudiante
se siente amenazado, activa este cerebro reptiliano y, si no tiene desarrollada una buena
gestión de las otras capas, se defenderá de forma automática, muchas veces sin pensar lo
que dice ni hace. ¿Qué otras actitudes reptilianas puedes observar como educador? ¿Qué
recursos podemos usar como educadores para diseñar estos espacios seguros, “sin
amenaza”, para los estudiantes?

▪ El cerebro mamífero

Este cerebro aparece en los mamíferos, es el de las emociones y es conocido también


como sistema límbico. Se ubica sobre el cerebro reptiliano y, juntos, forman el cerebro
instintivo-emocional, como podemos ver en la imagen 10.

20
Imagen 10. Las partes del cerebro triuno
Fuente: Ibarrola (2014, p. 28).

Además, el cerebro mamífero evalúa los estímulos y decide si son una amenaza o no a la
supervivencia. Si este cerebro identificara algo como amenazante, reacciona de manera
rápida y, por lo general, no es asertivo en su respuesta. Esta capa constituye el 20% del
volumen del cerebro y está formado por la amígdala, hipocampo, tálamo e hipotálamo
(Ibarrola, 2014, p. 31).

A continuación, en la imagen 11 observamos las partes del cerebro límbico:

21
Imagen 11. Partes del cerebro límbico
Fuente: Carminati y Waipan (2017, p. 48).

Seguidamente, describiremos cada una de las partes del cerebro límbico, tomando los
aportes de Ibarrola (2014):

- Tálamo: registra lo que perciben los sentidos y la distribuye para que sea procesada.

- Amígdala: se encarga de las emociones y los recuerdos que estas generan.

- Hipocampo: es el centro de la memoria y tiene la función de convertir los recuerdos


de la memoria a corto plazo a memoria a largo plazo (p. 32).

Siguiendo con su descripción, el cerebro límbico se encarga de “[…] las emociones, el


sueño, la atención, la regulación de la temperatura del cuerpo y la presión sanguínea, la
tasa de azúcar en sangre, las hormonas, la sexualidad, el olfato y la elaboración de
sustancias químicas cerebrales” (Ibarrola, 2014, pp. 31-32).

En el cerebro límbico es donde se ubican los afectos, tanto positivos como negativos.
¿Pueden diferenciar el estado emocional de sus estudiantes? ¿Quiénes pueden gestionar

22
sus emociones y quiénes tienden a reaccionar ante un estímulo? ¿Qué estímulos pueden
activar la amígdala en el proceso de aprendizaje?

Asimismo, el “[…] sistema límbico es más sensible a los gestos y a las intenciones que a
las palabras (Ibarrola, 2014, p. 35)”. Es, además, el centro del placer; por eso, la importancia
de felicitar el logro, dada la necesidad biológica a la recompensa. Como educadores,
entonces, ¿qué sistema de recompensa diseñamos para nuestros estudiantes?
¿Acompañamos los procesos, o solo nos enfocamos en los resultados? ¿Cómo son nuestros
feedbacks?

Por otro lado, “El cerebro emocional funciona también como un filtro, selecciona lo
agradable y lo desagradable, lo interesante y lo poco a nada interesante” (Ibarrola, 2014, p.
35).

Cuando un estudiante está bajo la influencia de este cerebro, reacciona y no tiene


posibilidad de razonar; por eso, como educadores, es un desafío acompañarlo a poder
gestionar esas reacciones automáticas, invitarlos a pensar y a reflexionar sobre qué es lo
más conveniente para esa situación (Ibarrola, 2014, p. 35).

▪ El cerebro humano o neocórtex

El cerebro humano, o neocórtex, está ubicado en la parte superior del cerebro, y hace
posible que podamos interpretar la información que percibimos del entorno, para luego
tomar decisiones; además, es la parte más joven y la más evolucionada. Es también
conocido como cerebro cognitivo-ejecutivo. Tiene funciones específicas como el habla, la
lectura, la escritura, el pensamiento y el comportamiento (Ibarrola, 2014, p. 40).

El neocórtex es el cerebro más lento y por ello es importante que lo entrenemos, para
poder gestionar la parte más primitiva que reacciona en forma instintiva. El neocórtex
puede analizar, imaginar, crear, diseñar, emocionarse, planificar, proyectar, organizar,
evaluar, razonar, pero, sobre todo, pensar y aprender (Ibarrola, 2014, p. 40).

23
Todas estas funciones del neocórtex, a las que las neurociencias llaman funciones
cognitivas y ejecutivas, son necesarias para el aprendizaje, para la toma de decisiones y para
la vida cotidiana (Ibarrola, 2014, p. 40).

Las funciones cognitivas son los componentes de este sistema de la corteza cerebral, y
como tal están interrelacionadas para poder tomar decisiones y accionar en forma racional
en situaciones de aprendizaje.

Las funciones cognitivas podemos identificarlas en la imagen 12:

Imagen 12. Funciones cognitivas


Fuente: Carminati y Waipan (2017, p. 69).

Cuando un estudiante aprende, la atención es una de las funciones más significativas, ya


que habilita ese aprendizaje gestionando los procesos cognitivos, y es por ello que
profundizaremos más en esta función cognitiva.

24
La atención permite enfocarnos en ese estímulo que percibimos a través de los sentidos,
como por ejemplo un color, un olor, un sonido, un objeto, un aroma; por lo tanto, la
atención es percibida como la respuesta a un estímulo. En palabras de Carminati y Waipan
(2017), las fases de la atención son: selección de la atención en forma voluntaria,
mantenimiento de la atención y paso a otra actividad, donde decrece el foco de atención
(pp. 69-70).

Además, la atención está asociada a la forma en que el cerebro almacena información


en la memoria para luego ser recuperada. Siguiendo con la memoria, otra de las funciones
cognitivas, Carminati y Waipan (2017) la definen como: “La capacidad de retener y recordar
ideas, conceptos y sensaciones experimentados con anterioridad, a través de procesos
inconscientes […]” (p. 88).

En conclusión, las funciones cognitivas, que interactúan y se relacionan en todo proceso


de aprendizaje, nos invitan, como educadores, a pensar y rediseñar estrategias para facilitar
estos aprendizajes, para que los estudiantes entrenen su neócortex. El reto consiste,
entonces, en invitarlos a pensar, a razonar, a despertar su interés para que puedan enfocar
su atención y así generar instancias resonantes al aprender.

2.1.6 Mapas mentales


Para analizar lo relacionado con lo percibido con nuestros sentidos y la representación
que genera la mente, nos preguntamos: ¿cómo se relaciona este cerebro con nuestra
mente?

En palabras de Siegel (2007): “La mente surge de la actividad cerebral, cuya estructura y
función están directamente modeladas por la experiencia interpersonal” (p. 21).

25
La mente aparece por las conexiones neuronales que se generan en las interrelaciones,
es decir, en las relaciones con otros; entonces, nos preguntamos ¿qué es la mente?

Para Siegel (2007), la mente “[…] es tan real como el corazón o los pulmones o el cerebro,
aunque no pueda ser vista ni con el microscopio ni sin él” (p. 22). En efecto, Siegel (2007) la
define como “[…] una entidad funcional subjetivamente percibida, basada inicialmente en
procesos físicos, pero con complejos procesos propios: gobierna el organismo total y su
interacción con el contexto” (p. 22). La forma en que agrupamos nuestras conexiones
neuronales, y las de los demás, es lo que determina esa subjetividad.

Entonces, podemos entender la mente como el resultado de las relaciones entre las
neuronas en el cerebro, generando un flujo de energía, y también un flujo de información.
La mente tiene diferentes formas de representar la información que recibe (Siegel, 2007, p.
23). Sin embargo, si bien el sistema nervioso percibe información a través de los sentidos y
la interpreta según su experiencia subjetiva, mientras ese estímulo no esté siendo
percibido, hacemos una representación mental de él (Siegel, 2007, p. 23).

Además, la corteza cerebral diseña mapas o esquemas de neuronas activas que crean
una imagen de las cosas. La corteza prefrontal hace un mapa de la propia mente; el área de
atrás de la corteza crea mapas de lo que vemos; las áreas laterales hacen mapas de lo que
oímos; la zona frontal hace muchos tipos de mapas: de lo que sucedió en el pasado y lo que
posiblemente pasará en el futuro. También podemos percibir la mente de otra persona,
hacemos un mapa en nuestro cerebro del modelo mental del otro.

El autor Siegel (2014) denomina mindsight a “[…] la habilidad de ver o conocer la mente
de verdad” (p. 41). Esta mente de la que hablamos es plástica y se modifica por la
experiencia; es decir, podemos, de alguna manera, dirigir hacia dónde queremos ir, a
cualquier edad (Siegel, 2014, p. 41).

Existen tres competencias permiten gestionar este mindsight:

26
• La intuición, que conlleva observar y conectar con el pasado, presente y futuro.

• La empatía, que es la habilidad de percibir la vida mental interna de otro para


predecir qué pasos dará su mente. Es la puerta de entrada de la inteligencia
social.

• La integración, para relacionarnos con los demás (Siegel, 2014, p. 42).

En la imagen 13 resumimos las tres competencias que gestionan el mindsight:

Integración Intuición
MINDSIGHT

Empatía

Imagen 13. Mindsight


Fuente: Elaboración propia a partir de Siegel (2014, pp. 41-42).

Como seres humanos, nos emocionamos, sentimos, pensamos y recordamos. Nuestro


mapa mental, es decir, nuestro mindsight nos permite diseñar una imagen de la mente para
poder usar esos sentimientos, pensamientos y recuerdos de otras formas, para gestionarlos
y tomar decisiones; sería entonces como un dibujo, un modelo, que tenemos en nuestra
mente sobre nosotros y los demás (Siegel, 2014, p. 42).

27
En otras palabras, los modelos mentales son nuestras representaciones internas del
mundo exterior. Ante un evento o suceso, cada uno de nosotros puede diseñar distintas
representaciones internas; por ejemplo, si vemos una serie, cada uno hará una descripción,
según su modelo mental, y por eso habrá relatos distintos, aun habiendo visto lo mismo
(Siegel, 2014, p. 42).

Cuando un docente explica un contenido, cada estudiante hará su representación según


su modelo, y así habrá quiénes podrán generar conexiones fácil y rápidamente, mientras
que otros quizás necesiten otra forma de procesar esa información; por ejemplo, si en este
momento hablamos de neuronas, cada uno de nosotros creará la representación de estas
según su experiencia y conocimientos previos, de acuerdo con su modelo mental.

Retomando a Siegel (2007), nuestra mente “[…] construye su propia experiencia de la


realidad” (p. 292). La mente crea así conexiones entre las sensaciones, imágenes, conceptos
y palabras a partir de la realidad y de la interrelación con los demás. Diseñamos y creamos
un mundo, a partir del funcionamiento de la mente; conocer esa forma de representación
será el reto para poder comprender nuestras propias experiencias.

Con respecto a la lateralidad, y relacionándola con los modelos mentales, cada uno de
los hemisferios tiene su modo de representación. Por un lado, el hemisferio izquierdo, lo
hace en forma lógica; es decir, a partir de datos que recibe, crea su representación, los
razona y puede diseñar relaciones causa efecto. Por otro lado, el hemisferio derecho
representa el contexto, expresiones faciales, la empatía, el estado corporal, y dispone de
representaciones autobiográficas (Siegel, 2007, p. 292).

En palabras de Siegel (2007): “[…] el cerebro derecho percibe el output del cerebro
derecho de otra persona, mientras que el cerebro izquierdo percibe el output del otro
cerebro izquierdo” (p. 293). ¿Qué sucede entonces con la relación educador y estudiante?

28
Siguiendo con las funciones de cada hemisferio, Siegel (2007) expresa que:

El cerebro izquierdo emite afirmaciones basadas en el lenguaje, lógicas y


secuenciales que intentan dar sentido a las cosas. […] Al mismo tiempo, el cerebro
derecho está enviando mensajes no verbales a través de las expresiones faciales,
los gestos, la prosodia y el tono de voz, que son percibidos por el derecho de la otra
persona. (p. 293)

Por lo tanto, este cerebro que percibe esa información, la representa, crea la imagen del
modelo del otro, gestiona y regula la respuesta corporal, diseña representaciones
autobiográficas en la memoria, da sentido a los acontecimientos y activa una respuesta
emocional primaria; en otras palabras, podemos decir que los estados emocionales se
gestan en el hemisferio derecho (Siegel, 2007, p. 293).

Si relacionamos los modelos mentales y la lateralidad cerebral en una situación de


aprendizaje, las actividades que estimulen la forma de representar y procesar de cada
hemisferio y las que integren ambos, permitirán mejorar y potenciar las habilidades
cognitivas, resonancia de energía y de información hacia el desarrollo personal e
interpersonal (Siegel, 2007, p. 293).

En conclusión, entendemos que la mente genera un flujo de energía y de información;


además, observándonos, entendiendo el mapa del otro e integrando y fusionando nuestro
mundo interior con el de los demás, la mente puede regular y dirigir este flujo de manera
funcional y favorable. Como educadores, debemos ampliar la mirada, observar nuestras
prácticas y diseñar otras formas, considerando la variedad de modelos mentales que
marcan la diferencia en los procesos de aprendizaje.

29
2.2. Neuropsicología y el proceso de enseñanza y de
aprendizaje en adultos

A pesar de los importantes aportes de las neurociencias, se hacen necesarias otras


intervenciones que nos permitan entender cómo se relacionan los procesos de aprendizaje
con la anatomía y desarrollo del cerebro, en especial del adulto.

Pareciera entonces que el aprendizaje es permeable por otras ciencias como la


neuroeducación, la neurofisiología y, también, por la neuropsicología.

Citando a Arévalo (2022), la neuropsicología nos proporciona “[…] herramientas de


orden conceptual para comprender el proceso de aprendizaje ligado a las características
anatómicas y funcionales del desarrollo del cerebro, especialmente dentro del complejo
sistema de las aulas educativas” (p. 6).

En conclusión, en las instancias de aprendizaje, los aportes de la neuropsicología hacen


referencia a la relación entre las bases neuronales y la conducta de quienes aprenden.

2.2.1 Definiciones y características de la neuropsicología


Para comenzar a describir la neuropsicología, citaremos a Portellano (2005), quien
expresa que:

La Neuropsicología se inscribe en el ámbito de la Neurociencia, que es un abordaje


multidisciplinar del estudio del sistema nervioso cuyo objetivo es unificar el
conocimiento de los procesos neurobiológicos y psicobiológicos, después de que
durante mucho tiempo el estudio de la mente y el cerebro se hayan mantenido
como dos realidades distintas. (p. 3)
Siguiendo con Portellano (2005): “La Neuropsicología es una Neurociencia que estudia
las relaciones entre el cerebro y la conducta tanto en sujetos sanos como en los que han
sufrido algún tipo de daño cerebral” (p. 6).

30
Fusionar neurociencia, cerebro y conducta es intervenir en el ámbito de la
neuropsicología; por lo tanto, es importante detallar, como sigue, algunas de las
características de la neurospsicología:

• Carácter neurocientífico
La Neuropsicología es una neurociencia conductual que utiliza el método científico
natural para el estudio del cerebro y lo hace mediante el procedimiento
hipotético-deductivo o a través del método analítico-inductivo. […]

• Estudia las funciones mentales superiores


Se centra específicamente en el estudio de los procesos cognitivos superiores:
pensamiento, lenguaje, memoria, funciones ejecutivas, percepción y motricidad.
[…]

• Trata preferentemente de las manifestaciones del córtex cerebral asociativo


Hay dos razones que justifican este hecho: en primer lugar, la corteza asociativa
es la principal responsable de los procesos cognitivos superiores. En segundo
término ésta es una zona muy susceptible de resultar dañada, lo que puede
afectar a los procesos cognitivos. […]

• Estudia las consecuencias del daño cerebral sobre los procesos cognitivos
Existe una división entre Neuropsicología básica y Neuropsicología clínica. La
Neuropsicología básica aborda el estudio de las relaciones entre la cognición y el
cerebro en sujetos sanos y en cierta medida es claramente homologable a la
Neurociencia cognitiva. La Neuropsicología clínica estudia las consecuencias del
daño cerebral sobre la conducta: trastornos del pensamiento, síndrome
disejecutivo, afasias, amnesias, agnosias, apraxias y alteraciones
neuroconductuales.

• Utiliza modelos humanos


La Neuropsicología humana coexiste junto a la Neuropsicología de otras especies
de mamíferos, pero cada una tiene su propia especificidad. En primer lugar,
existen dificultades deontológicas, ya que no es posible inducir lesiones
experimentales del sistema nervioso en humanos, salvo en situaciones
excepcionales en las que hay que recurrir a la Neurocirugía Terapéutica.

• Carácter interdisciplinar
En sus orígenes la Neuropsicología surgió como una nueva especialidad autónoma
gracias a la convergencia y las aportaciones procedentes de disciplinas muy
diferentes como neurología, biología, neurofisiología, neuroquímica,
neurorradiología, medicina nuclear, psicología experimental, farmacología,
fisiología y psicología cognitiva. (pp. 7-8)

31
Cabe resaltar que la principal diferencia de la neuropsicología respecto a otras
neurociencias conductuales radica en su objeto de estudio, debido a que se enfoca en el
estudio de los procesos mentales complejos. En efecto, sus sujetos de estudio son casi
exclusivamente las personas, y las conductas estudiadas son principalmente el
pensamiento, la memoria, el lenguaje, las funciones ejecutivas, la percepción y la
motricidad (Portellano, 2005, p. 6).

2.2.2. Conceptos de neuropsicología


La neuropsicología es una ciencia que, en los últimos tiempos, ha tomado protagonismo,
siendo de su interés la comprensión de la estructura del cerebro, cómo se organiza y cómo
funciona en relación con el comportamiento humano. Este comportamiento puede ser
intrapersonal así como interpersonal (Trápaga, Pelayo, Sánchez, Bello y Baños, 2018, p. 15).

Los aportes de la neuropsicología, en palabras de Trápaga, et al. (2018): “[…] han


permitido el abordaje de las alteraciones neurocognitivas y la propuesta de diversas
estrategias terapéuticas” (p. 15).

La neuropsicología, al abocarse a estudiar la relación entre el funcionamiento del cerebro


y la conducta, se relaciona con la neurociencia e incluso se desprende de ella. La
neurociencia tiene su foco de estudio en el funcionamiento del sistema nervioso; y la
neuropsicolgía, a partir de los aportes de la neurociencia, relaciona el funcionamiento de
este sistema nervioso con el comportamiento conductual (Portellano, 2005, p. 7).

A principios del siglo XX, el interés de la neuropsicología estaba en las lesiones cerebrales
mediante pruebas neuropsicológicas; en otras palabras, su orientación era mecánica y
estática, y esto se debe a que la neuropsicología surge a partir de la neurología, cuyo interés
es el daño cerebral por sobre la conducta (Portellano, 2005, p. 7).

32
Ya adentrándose en la década de los sesenta, la neuropsicología amplía su mirada para
comprender los procesos psicológicos y cognitivos relacionados con una lesión cerebral; de
esta forma, la neuropsicología, en esta etapa, toma una orientación psicológica que pone
foco en la conducta, siendo esta condicionada por el funcionamiento cerebral (Portellano,
2005, p. 7).

En la década de los ochenta, comienza a gestarse una nueva forma de trabajo de la


neuropsicología, una forma más dinámica e interactiva, que relaciona el cerebro y la
conducta, los procesos psicológicos y el funcionamiento del cerebro. Alexander Luria es
quien profundiza en el estudio de esa interrelación de cerebro y conducta, estudiando los
factores neurológicos y la estructura de los procesos cognitivos (Portellano, 2005, p. 7).

En el cuadro 1, podemos visualizar la evolución del paradigma de la neuropsicología:

Orientación Época Paradigma

Neurológica Hasta 1970 Cerebro sobre la conducta

Psicológica Desde 1970 Conducta sobre el cerebro

Neuropsicológica Desde 1980 Conducta y cerebro:


interrelación

Cuadro 1. Evolución de la Neurospicología.


Fuente: Elaboración propia a partir de Portellano (2005, p. 21).

2.2.3. Métodos de la neuropsicología


De acuerdo con Portellano (2005), las pruebas de evaluación neuropsicológica
representan el método más empleado por la neuropsicología, debido a que estas son más
sensibles a los efectos del daño cerebral que otros métodos más avanzados. Estas pruebas

33
se han usado durante mucho tiempo para determinar las alteraciones cognitivas producidas
por daños cerebrales (p. 131).

Según Portellano (2005), la evaluación neuropsicológica es un proceso realizado de


forma individual, con el propósito de explorar las áreas siguientes: rendimiento intelectual,
lateralidad y lenguaje, memoria y aprendizaje, ejecución y atención, percepción y gnosias,
motricidad y praxias, y personalidad y emociones (p. 132).

Además, Portellano (2005) resalta que antes de la exploración neuropsicológica se debe


realizar una entrevista personal y familiar, con el propósito de conocer la anamnesis del
individuo. Esta técnica es fundamental en el proceso de diagnóstico neuropsicológico, ya
que aporta información complementaria para reconocer la situación previa al daño,
facilitando así la planificación de programas de rehabilitación más adecuados (p. 131).

De manera específica, los métodos de evaluación neuropsicológica de mayor empleo las


podemos identificar en el cuadro 2.

Área de exploración Prueba

Inteligencia Escalas de Inteligencia de Wechsler

Raven

D-48.

Lenguaje Evaluación de la Afasia de Boston (Goodglass y Kaplan)

Test de lateralidad de Harris

Cuestionario de Lateralidad de Edimburgo (Olfield)

Atención y funciones ejecutivas Stroop. Trail Making

Test Cartas de Wisconsin

Torre de Hanoi

34
Potenciales Evocados

Tests de “Go-No go”

Tests de Fluidez Verbal.

Percepción y gnosias Figura Compleja de Rey

Bender

Retención Visual de Benton (VRT)

Orientación espacial de Benton

Ishihara

Reconocimiento de caras

Clasificación de colores de Holmgren

Poppelreuter

Figuras mezcladas de Lilia Ghent

Tests dicápticos

Estimulación en dos puntos de la piel

Tablero de formas de Seguin-Godard

Test del mapa locomotor de Semmes

Token. Kimura

Esquema Corporal de Piaget-Head

Escucha dicótica

Tests de ritmo

Test de discriminación musical de Seashore

Motricidad y praxias Evaluación clínica

Test de Ozereski

Cuadro 2. Pruebas de evaluación neuropsicológica

35
Fuente: Elaboración propia a partir de Portellano (2005, p. 133).

Sumado a lo anterior, se encuentran las escalas de cribado, definidas por Portellano


(2005) como “un método de rastreo cognitivo que se utiliza como paso previo a la
exploración neuropsicológica en profundidad y también en aquellos casos en los que es
necesario realizar una valoración global del deterioro, realizada de un modo rápido” (p.
134).

Asimismo, se encuentran las escalas neuropsicológicas, que permiten “evaluar


numerosas funciones perceptivo-motoras y cognitivas. Su utilización tiene mayor difusión
en el ámbito anglosajón, aunque cada vez se encuentra en mayor desuso, tras la aparición
de otras baterías de evaluación neuropsicológica más sofisticadas” (Portellano, 2005, p.
136).

De acuerdo con lo antes expuesto, podemos deducir que existen muchos métodos que
pueden ser empleados en neuropsicología, su elección dependerá del propósito y del área
a explorar. En líneas anteriores, presentamos métodos empleados en la evaluación
neuropsicológica; no obstante, hay múltiples métodos para otros objetivos como la
rehabilitación, el envejecimiento cerebral, la estimulación cognitiva, entre otros.

2.2.4. Neurodesarrollo y neuroplasticidad


Cuando hablamos de neurodesarrollo, hacemos referencia a los cambios de nuestro
sistema nervioso a lo largo de la vida. Como expresan Förster y López (2022), el
neurodesarrollo es “[…] la secuencia ordenada y orquestada de cambios que experimenta
nuestro sistema nervioso durante la vida que da lugar a la adquisición de nuevas y más
complejas habilidades funcionales” (p. 338).

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En todos los cambios que van sucediendo intervienen cuestiones biológicas, sociales,
familiares y del entorno; además, la formación de la estructura cerebral se ve influenciada
por la experiencia, y el desarrollo neurológico se basa en la plasticidad del sistema nervioso.
La plasticidad se refiere a la capacidad del sistema nervioso central (SNC) para adaptarse y
cambiar tanto en su estructura como en su función en respuesta a estímulos ambientales.
Estos cambios se producen con el fin de ajustarse a las demandas del entorno en el que se
encuentra el individuo (Förster y López, 2022, p. 338).

Por otro lado, cuando hablamos de neuroplasticidad, podemos decir que es la capacidad
del cerebro para regenerarse y reorganizarse después de una lesión o degeneración,
permitiendo la recuperación de funciones afectadas (Trápaga, Pelayo, Sánchez, Bello y
Baños, 2018, p. 29).

2.2.5. Fundamentos neuropsicológicos de aprendizaje en


adultos
Es importante y necesario que quienes estemos en el ámbito educativo conozcamos las
bases neuropsicológicas implicadas en el aprendizaje: emoción, atención, memoria,
lenguaje, percepción y funciones ejecutivas. Estas habilidades, las cuales son las habilidades
cognitivas, son parte de un sistema complejo (Carminati y Waipan, 2017, p. 53).

La atención, junto a la percepción, son las protagonistas del proceso cognitivo. Según
Mora (20144), la atención es:

[…] el mecanismo cerebral que se requiere para ser consciente de algo. El


mecanismo de la atención consigue el ensamblaje funcional de neuronas dispersas
de corteza cerebral y tálamo activando el mecanismo de la conciencia. Aprender y
memorizar, al menos en lo que se refiere a la enseñanza, requiere de ese foco
preciso absoluto que es la atención. (p. 45)
Entonces, la atención, permite hacer foco en algo. Si el estímulo es interesante, se
mantiene la atención, y esta, a su vez, modela la percepción de los estímulos. Los factores

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que intervienen en la atención son: la motivación, la personalidad, el estilo cognitivo, la
edad, el sexo y el paradigma cultural. (Carminati y Waipan, 2017, p. 82).

Según Carminati y Waipan (2017), es importante respetar el tiempo atencional de


acuerdo a la edad, entendiendo que el comienzo y el final de la clase son los espacios de
mayor atención (p. 83). Lo antes expresado podemos verlo gráficamente en la imagen 14.

Imagen 14. Curva de atención


Fuente: Carminati y Waipan (2017, p. 83).

Si hablamos de memoria como la capacidad de retener y recordar ideas, conceptos y


sensaciones experimentados con anterioridad, a través de procesos inconscientes. Esta
también se relaciona con el aprendizaje. El aprendizaje es un proceso continuo que
aumenta la inteligencia y que sucede a lo largo de toda la vida (Carminati y Waipan, 2017,
p. 109).

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Cada persona percibe los estímulos, atiende, almacena, guarda y codifica la información
que recibe de una manera distinta. Son tres los estilos de representación de esa información
sensorial percibida (Carminati y Waipan, 2017), a saber:

• Visual

• Auditivo

• Kinestésico (p. 117).

Estar atentos a los modos de representación, los tiempos atencionales, y cómo aprenden
los alumnos, facilitará el enseñar y el aprender, en concordancia con estas formas en que el
cerebro atiende, se estimula, recuerda y aprende.

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