Sirio, la estrella más brillante
Situada en la Constelación de Canis Major (El Perro Mayor), de la que ostenta la
denominación Alpha, Sirio (Sirius en latín) es no sólo la estrella más importante de la
constelación, sino también la más brillante de la noche en todo el cielo. Tanta es su
notoriedad que su brillo es casi el doble que la estrella que le sigue en esta
clasificación, Canopus, la principal componente de la Constelación de Carina (La Quilla).
Su magnitud visual de -1.47 la hace brillar con más intensidad que muchos planetas, como
veremos.
s visible desde prácticamente todas las zonas habitadas de la Tierra, a excepción de las
situadas más al norte del paralelo +73 (que he remarcado sobre el mapamundi), ya
claramente en el interior del Círculo Polar Ártico (Longyearbyen, en Noruega, la población
más importante en esas latitudes, sólo tiene 1.600 habitantes). Por contra, al sur del paralelo
-73º, ya en la Antártida, es circumpolar, lo que significa que no se oculta bajo el horizonte en
ningún momento, en su movimiento circular aparente alrededor del Polo Sur Celeste. Todo
esto es debido a su declinación de casi 17º al sur del ecuador celeste. Exactamente, su
declinación es de -16º 42m 09s.
No debería haber problemas para localizar a la estrella más brillante de la noche, a no ser por
el riesgo de confundirla con algunos planetas. Venus y Júpiter superan a Sirio en brillo, y
ocasionalmente también lo hacen Marte y Mercurio. Pero ninguno de ellos aparece por las
inmediaciones de Canis Major, donde se encuentra Sirio, pues su órbita se separa bastante
de la región, al situarse en las constelaciones zodiacales por donde transcurre la eclíptica.
Las más próximas a Sirio son las constelaciones de Cáncer, Géminis y Tauro, a más de 40º
de distancia. Además, los planetas ofrecen un brillo constante, sin parpadeo, mientras
que Sirio titila, como lo hacen todas las estrellas.
De todas formas, indicaré un par de métodos que resultarán definitivos para la identificación
de nuestra estrella. El más fácil e inmediato consiste en localizar a la célebre Constelación de
Orión y, dentro de ella, a las tres estrellas que conforman el conocido Cinturón, llamadas Las
Tres Marías, y también Los Tres Reyes Magos, y prolongar hacia el sureste la línea
imaginaria que las une. Llegaremos así hasta Sirio, sin posibilidad de confusión.
El segundo procedimiento consiste en servirse de las brillantes estrellas Betelgeuse (Alpha
Orionis), la supergigante roja de Orión, y Procyon (Alpha Canis Minoris), que constituyen
junto a Sirio el Triángulo de Invierno, casi perfectamente equilátero, y que destaca en el cielo
de esta época del año. El Triángulo de Invierno es igualmente visible desde prácticamente
todas las zonas habitadas del planeta. Procyon significa antes que el Perro, y anuncia la
próxima aparición por el horizonte del este de Sirio, que también es conocida como La
Estrella Perro.
Precisamente en la misma constelación de Canis Major encontraremos otra estrella, cuyo
nombre significa «El Heraldo», pues su aparición en el cielo precediendo inmediatamente
a Sirio parece pregonar su llegada. Se trata de Murzim, llamada también Mirzam (Beta
Canis Majoris), una gigante azul de brillo similar al de la Estrella Polar, y por lo tanto visible
sin problemas a ojo desnudo. En la imagen aparece a la derecha de Sirio.
La constelación de Canis Major es una interesante región del cielo, pues la presencia de
la Vía Láctea, que la cruza por el nordeste, provoca la aparición de frecuentes campos
estelares, amén de otros objetos de cielo profundo y de interesantísimas estrellas (además
de Sirio), como la colosal VY Canis Majoris. También el cúmulo abierto M41 merece una
visita detallada. Las nebulosas de la Gaviota y del Casco de Thor asimismo son paradas
obligatorias cuando se visita esta constelación.
Sirio es una de las estrellas más próximas al Sol. En concreto, es el quinto sistema estelar
más cercano a nosotros (la séptima estrella individualmente considerada), y ésta es la razón
principal de que exhiba un brillo tan intenso, aunque no la única, como veremos. Entre las
que están más cerca, sólo Alpha Centauri (que ocupa el primer lugar en esta clasificación) es
visible a ojo desnudo, pues las otras tres son de séptima magnitud o más, pero
el Centauro no puede verse desde Europa, así es que para latitudes al norte del paralelo
+30º Sirio resulta ser la estrella más cercana entre las visibles a simple vista.
Su distancia a nosotros es de 8.6 años-luz, aproximadamente el doble que Alpha Centauri,
y sin embargo brilla mucho más, así es que hay que buscar otras razones que expliquen esta
notoriedad. En efecto, si prescindimos de la distancia, la estrella es intrínsecamente 26 veces
más luminosa que el Sol, dato suficiente, junto con la proximidad, para explicar su magnitud
visual de -1.47, aunque ciertamente inferior a otras muchas estrellas, cientos de miles de
veces más luminosas, aunque mucho más alejadas de nosotros.
Y es que Sirio, siento decepcionarles, no es una estrella descomunal, ni mucho menos, pues
su radio es inferior centenares de veces al de las supergigantes como Antares o Betelgeuse,
por no hablar de VY Canis Majoris. Es una enana de color blanco, aunque irradia levemente
un tono azulado, de tipo espectral A1V, es decir, es una estrella de la secuencia principal, lo
que significa que todavía obtiene su energía de la fusión
del hidrógeno en su núcleo, igual que hace
nuestro Sol. Su temperatura superficial es de 9.880 grados Kelvin, y esto también la hace
brillar más que el Sol, que está a una temperatura 4.000 grados inferior (unos 5.800 grados
Kelvin).
Su diámetro se ha estimado en 1.75 veces el del Sol y su velocidad de rotación en 16 km/s,
muy inferior a la de Vega, que rota a 274 km/s, así es que no presenta achatamiento. A esa
velocidad, Sirio es capaz de dar una vuelta sobre sí misma en sólo 5,5 días.
Pero Sirio no está sola ahí arriba. En 1844, el astrónomo y matemático prusiano Friedrich
Wilhelm Bessel, que estudiaba el movimiento propio de Sirio comprobó que ésta estaba
afectada por un desplazamiento errático, que sólo podía ser debido a la presencia de una
compañera física, que resultaba invisible por ser pequeña y tenue. En efecto, las estrellas
dobles interactúan una sobre otra, a causa de la atracción gravitatoria mutua obedeciendo a
la Ley de Gravitación Universal enunciada por Isaac Newton, y esto es lo que afectaba al
movimiento de la estrella.
Sirio B, que así se llamó al nuevo astro, fue avistada el 31 de enero de 1862 por el
constructor de telescopios estadounidense Alvan Graham Clark mientras probaba una lente
que había construido con destino al telescopio de 47 cm de la Universidad de Mississipi,
aunque la lente nunca llegaría a su destino y terminaría instalándose en el Observatorio
Dearborn de Chicago. Sirio B fue apodada «El Cachorro», en contraste con su deslumbrante
compañera, Sirio A, que es conocida como «El Perro». La imagen de arriba es una impresión
artística realizada por la NASA.
La acompañante es 10.000 veces más débil
que la estrella principal, lo que explica la dificultad de su observación, pues además la
distancia media entre ambas es la misma que la que existe entre el Sol y Urano. De no ser
por la cercanía de la cegadora Sirio A, Sirio B habría sido perfectamente visible al
telescopio, dada su magnitud visual de +8.44. La órbita entre ambas estrellas es sin
embargo bastante excéntrica, y la separación real entre las dos oscila entre 8.1 Unidades
Astronómicas en el periapsis (punto de máximo acercamiento) y 31.5 UA en el apoapsis
(mayor separación), tardando 50.09 años en dar una órbita completa. El máximo
acercamiento se produjo en 1994 y volverá a ocurrir en 2044, y el máximo alejamiento se
dará en el año 2019.
El diámetro de Sirio B, una enana blanca, es sólo el 92 % del de la Tierra. Pero no siempre
ha sido así, pues la estrella ha sufrido una evolución desde la fase de gigante roja hasta
colapsar hasta su actual estado y, mucho antes, era una estrella blanco-azulada similar
a Sirio A, aunque mucho más masiva, unas 5 veces la masa del Sol, que debió ceder parte
de este material a su compañera. Esto explicaría el exceso de metalicidad en Sirio A, donde
se han registrado cantidades de hierro muy superiores a las del Sol, a pesar de que el
sistema parece tener sólo unos 250 millones de años de antigüedad.
El Telescopio Espacial Hubble consiguió en el año 2003 esta fotografía, donde puede verse
a Sirio B debajo a la izquierda de Sirio A. En ese momento, la separación angular entre las
dos permitió obtener la imagen, y a partir de entonces la distancia entre ambas aumentará
hasta que en 2019 se alcance el apoapsis.
En cuanto al nombre, no es de extrañar que haya recibido docenas de ellos, como
corresponde a la estrella más notable de todo el cielo
nocturno, que además han podido observar
todas las civilizaciones a lo largo de la Historia. El vocablo Sirio proviene del griego
clásico Seirios que viene a significar ardiente y también abrasador, muy apropiado para un
astro tan brillante. Era común entre los antiguos la creencia de que Sirio unía su poder al
del Sol, provocando así los días más calurosos del verano; los habitantes del Hemisferio Sur
saben bien que no es así, pues cuando Sirio y el Sol coinciden en la misma región del cielo
(están en conjunción), ellos soportan los días más crudos del invierno. En mitología, Sirio es
uno de los perros de Orión, el gigante cazador.
Los egipcios identificaron a Sirio con un dios, probablemente Sotis, muy relacionado
con Anubis el Chacal, señor de las necrópolis pero también de la resurrección, y su orto
helíaco (la primera aparición de la estrella en la madrugada, antes de amanecer), coincidía
con las crecidas del Nilo, tan determinantes para la supervivencia agrícola de esta antigua
civilización, aunque esto ya no es así, debido a la precesión de los equinoccios.
En Japón, la estrella es conocida como 天狼 (Tenrō), que significa El Lobo del Cielo (gracias,
Araceli), y esta denominación se repite entre los indígenas amerindios de los Pawnee de
Nebraska, quienes la llaman La Estrella Lobo; otras tribus la identifican con el Coyote. En
el imperio romano es La Canícula (la perrita) y para los esquimales del Estrecho de Bering
se llama El Perro de la Luna. Perros, chacales, lobos, coyotes… total coincidencia en
identificar a Sirio con animales de la familia de los Cánidos.
Por último, es necesario referirse a los Dogón. Se trata de un grupo étnico que habita al sur
de Tombuctú, en la República de Malí, en África, actualmente compuesto por unas 500.000
personas. Pues bien, este grupo parece ser que conocía la existencia de Sirio B antes de ser
descubierta por la Astronomía occidental, a pesar de no contar con ningún tipo de
instrumento que les ayudara. Los antropólogos franceses Marcel Griaule y Germaine
Dieterlen estudiaron sus costumbres a partir de la década de los años 30 del siglo XX, y se
sorprendieron al comprobar que estas personas conocieran no sólo la existencia de la
compañera de Sirio, sino también de los satélites interiores de Júpiter y de los anillos
de Saturno, que sólo conoció la Astronomía moderna a partir de la utilización del telescopio
por Galileo. La tradición oral de los Dogón cuenta que hace unos mil años, un arca llegó del
cielo en medio de un gran vendaval, y de ella descendieron unos hombres anfibios (hombres
peces) que fueron los que les transmitieron esos conocimientos. Pero muchas personas
piensan que simplemente la tradición de la tribu fue contaminada por la civilización
occidental, pues los Dogón tienen contactos con europeos al menos desde el siglo XIX. Otros
arguyen que una visión extraordinaria podría alcanzar a ver todos esos astros, sin necesidad
de telescopio, y parece que los Dogón sí tienen esa visión tan privilegiada. Pero es que
también conocen el periodo de rotación entre Sirio A y B, que cifran en 50 años (las dos
estrellas rotan en 50.09 años), afirman que Sirio B está compuesta por un material
inexistente en la Tierra y también aseguran que existe una tercera compañera (Sirio C),
estrella que los astrónomos occidentales se afanan en descubrir, pues existen ciertas
perturbaciones orbitales entre las otras dos estrellas y la existencia de esa tercera
componente sería la explicación. ¿Usted qué opina?.