1.
INTERIOR – DEPARTAMENTO – NOCHE
El tic tac del reloj se confunde con el goteo de una llave
mal cerrada.
Sebastián (32) escribe en su laptop, encorvado sobre el
escritorio de madera gastada. Una taza de café frío descansa
junto al teclado, con un anillo de humedad en la base.
Hay hojas arrugadas esparcidas por el suelo, un cenicero
desbordado de colillas, libros apilados sin orden. La luz
cálida de una lámpara de pie apenas sostiene la escena,
proyectando sombras largas sobre las paredes.
VOZ EN OFF (Sebastián)
"No sé si esto sea para ti o para mí, pero tenía que
escribirlo. A veces, cuando algo se rompe, uno intenta
arreglarlo aunque ya no sirva, solo para no aceptar que se
rompió"
Sebastián duda. Relee lo que escribió, frunce el ceño. Borra
una línea con golpes secos de teclas. Suspira profundo.
Levanta la mirada del monitor y observa el departamento.
Un suéter azul doblado con cuidado sobre el sillón. En el
librero, dos tazas idénticas, una con el asa rota que
Mauricio nunca quiso tirar. En el baño, visible desde donde
está sentado, dos cepillos de dientes en el vaso junto al
lavabo.
Todo lo que fue una casa de dos, ahora le queda grande.
Sebastián toma la taza de café, la acerca a sus labios. Está
helado. Hace una mueca pero se lo toma de todas formas.
La lluvia comienza a golpear las ventanas, primero suave,
luego con más fuerza.
El viento silba por la ventana.
Sebastián vuelve a escribir. Sus dedos se mueven más rápido,
como si tuviera que terminar algo antes de que sea demasiado
tarde.
Una gota cae sobre el teclado.
Sebastián mira hacia arriba. Una mancha de humedad en el
2.
techo.
Otra gota. Esta vez sobre la tecla de espacio.
La pantalla parpadea.
Un zumbido eléctrico.
Chispa, una explosión se genera.
Luz blanca aparece.
Un sonido agudo, como un timbre que no para.
Luego, silencio total.
2. INTERIOR – DEPARTAMENTO – MAÑANA (SUEÑO)
Sebastián despierta en el piso de madera. Su mejilla está
pegada contra la superficie fría. Abre los ojos lentamente.
La habitación está igual, pero algo cambió.
La luz que entra por las ventanas es distinta. Más fría, más
pálida, como si el mundo respirara despacio. Como si todo
estuviera bajo agua.
Se incorpora con dificultad, desorientado. Le duele la
cabeza. Se toca la sien, revisa su mano. No hay sangre.
La laptop está intacta sobre el escritorio, como si nada
hubiera pasado.
En la pantalla, la carta sigue abierta, pero cuando se
acerca, las palabras finales están borrosas, ilegibles. Como
tinta corrida.
Sebastián frunce el ceño. Intenta enfocar la vista. Nada.
Se levanta, camina hacia la ventana.
Afuera, en la calle, la gente pasa sin ruido. Ve sus bocas
moverse pero no escucha nada. Como una película muda. Un
perro ladra en silencio. Un carro avanza sin motor.
Sebastián toca el vidrio de la ventana. Está frío, demasiado
frío.
3.
VOZ EN OFF (Sebastián)
"Desperté, pero nada se siente real. Ni el aire, ni la
lluvia, ni siquiera yo."
Mira sus manos. Se ven normales, pero cuando las mueve, dejan
un rastro leve en el aire, como humo.
Respira hondo. El aire entra sin peso, sin resistencia.
Se acerca al suéter azul del sillón. Lo toca. Está tibio,
como si alguien acabara de dejarlo ahí.
Sebastián se pone una chamarra y sale del departamento.
3. EXTERIOR – CALLES VACÍAS – DÍA
Sebastián camina sin rumbo por las calles de la colonia.
Todo está ahí, pero se siente vacío. Los edificios, las
banquetas, los árboles. Todo en su lugar pero sin vida.
El sol parece lejano, casi artificial. No calienta. Solo
ilumina.
Pasa frente a un puesto de flores en la esquina. Las flores
están quietas, como si no hubiera viento. Ni una hoja se
mueve. Los pétalos parecen de plástico.
La señora que siempre vende flores no está.
Sebastián se detiene, mira alrededor. Las calles están más
vacías de lo normal. Hay gente, pero poca. Y todos parecen
sombras que se deslizan sin propósito.
Sigue caminando.
Gira una esquina y ve: la cafetería donde solía ir con
Mauricio.
"Café El Jarocho" dice el letrero pintado a mano en la
ventana.
Sebastián se queda parado frente a la puerta de vidrio. Ve su
reflejo: ojeras profundas, barba de tres días, el mismo
suéter gris que trae desde hace no sabe cuántos días.
4.
Respira hondo.
Empuja la puerta.
4. INTERIOR – CAFETERÍA – DÍA
La puerta suena al abrirse. Una campanilla antigua, este
sonido sí lo escucha.
Todo está igual: las mesas de madera desgastada, las sillas
desparejas, el mismo menú escrito con gis en la pared, el
mismo barista joven que siempre está ahí.
Y detrás del mostrador… Mauricio.
Sebastián se queda paralizado en la entrada.
Mauricio (30) está limpiando la máquina de espresso,
concentrado. Lleva una camisa de mezclilla arremangada, un
delantal café atado a la cintura. El pelo un poco más corto
de como Sebastián lo recuerda.
Levanta la vista cuando escucha la campanilla.
Sus ojos se encuentran.
Sebastián siente que se le cierra la garganta.
SEBASTIÁN
(apenas puede hablar, temblando)
¿Mau?
Mauricio sonríe. Esa sonrisa amable, profesional, que le da a
todos sus clientes.
No lo reconoce.
MAURICIO
(amable, casual)
Buenas tardes. ¿Lo de siempre?
Sebastián no responde. Sus piernas no se mueven.
MAURICIO (continuando)
5.
Un mocha con hielo, ¿verdad?
Sebastián siente que algo se rompe dentro de su pecho.
Solo asiente, porque no puede hablar.
Mauricio se da vuelta y comienza a preparar el café.
Sebastián lo observa. Cada movimiento es familiar,
dolorosamente familiar.
La forma en que Mauricio alcanza los vasos sin mirar, como si
su cuerpo supiera exactamente dónde está cada cosa. La forma
en que se muerde el labio inferior cuando se concentra. El
gesto pequeño, casi imperceptible, que Sebastián conoce de
memoria.
El sonido del café saliendo de la máquina retumba en la
cabeza de Sebastián, amplificado. El hielo cayendo en el vaso
suena como cristales rompiéndose.
Todo alrededor comienza a volverse borroso. Los bordes de las
cosas se deshacen.
VOZ EN OFF (Sebastián)
"Lo soñé tanto, que ya no sé si esto también lo inventé."
Mauricio termina de preparar el café. Le pone una tapa de
plástico, una servilleta alrededor.
Se acerca al mostrador y lo coloca frente a Sebastián.
MAURICIO
(sonriendo)
Listo.
Sus dedos se rozan cuando Sebastián toma el vaso.
Sebastián siente el contacto como electricidad. Como si todo
su cuerpo despertara de golpe.
Levanta la vista. Los ojos de Mauricio, esos ojos cafés que
conoció de todas las maneras posibles, ahora lo miran como a
un extraño.
SEBASTIÁN
(apenas un susurro, desesperado)
6.
Gracias, Mau.
Mauricio sonríe de nuevo, pero sus ojos no reconocen nada.
Nada en absoluto.
MAURICIO
De nada. Que tengas buen día.
Se da vuelta para atender a otro cliente que acaba de entrar.
Sebastián parpadea, tratando de contener las lágrimas.
Cuando abre los ojos, Mauricio ya no está.
El mostrador está vacío. El otro cliente tampoco está.
Solo queda el vaso de mocha con hielo en sus manos, los
hielos parecen que nunca se derretirán por el aire frío de la
cafetería.
Sebastián mira a su alrededor. Está prácticamente solo. Mau
sale del baño, Sebastián se da cuenta que se ha quedado mucho
tiempo ahí.
5. EXTERIOR – CALLE / FLASHBACKS MEZCLADOS – TARDE
Sebastián sale de la cafetería y camina por la calle con el
vaso en la mano.
No sabe a dónde va. Solo camina.
A cada paso, la luz cambia sutilmente.
Una luz dorada y cálida lo envuelve.
FLASHBACK: Sebastián y Mauricio bajo la luz de la lampara del
parque. Primera cita. Mauricio se ríe de algo que Sebastián
dijo. Se acercan lentamente. Se besan por primera vez. Suave,
tembloroso, perfecto.
La luz cambia.
Ahora es una luz más dura, sombras marcadas, contrastes
fuertes.
FLASHBACK: La cocina del departamento. Platos sin lavar
apilados en el fregadero. Mauricio grita algo. Sebastián
grita de vuelta. Las palabras no se escuchan, solo la furia
7.
en los rostros. Mauricio avienta una taza. Se rompe contra el
piso.
La luz vuelve a cambiar.
Una luz gris, difusa, sin textura.
FLASHBACK: Los últimos días. Sebastián y Mauricio en el mismo
espacio pero sin mirarse. Mauricio lee en el sillón.
Sebastián trabaja en la laptop. El silencio es denso, pesado.
Ninguno de los dos habla. Ninguno de los dos intenta hacer
contacto con el otro.
Imágenes rápidas, como fragmentos rotos proyectándose en el
aire:
Mauricio riendo con la cabeza echada hacia atrás, esa risa
que llenaba habitaciones.
Mauricio empacando una maleta, doblando ropa con cuidado, sin
voltear.
Sebastián llorando en la puerta del departamento, apoyado
contra el marco, viendo a Mauricio alejarse por el pasillo.
Una canción los atraviesa desde algún lugar lejano, apenas
audible. Una melodía que solían escuchar juntos. Las notas
flotan en el aire como ceniza.
Sebastián se detiene en medio de la calle.
El vaso tiembla en sus manos.
6. INTERIOR – CASA DE MARIANA – TARDE
Sebastián se encuentra frente a una puerta conocida. No
recuerda cómo llegó ahí, pero sus pies lo trajeron.
Toca la puerta tres veces.
Mariana (35) abre. Lleva un vestido naranja con flores, el
cabello recogido en un chongo despeinado. Su mirada es
tranquila, pero se sorprende al verlo.
Está vestida de colores cálidos, como si fuera lo único vivo
en ese mundo gris.
MARIANA
8.
(sorprendida, pero con suavidad)
Sebas… ¿qué haces aquí?
SEBASTIÁN
(perdido, agotado)
No lo sé. Caminé… y terminé aquí.
Mariana lo observa. Nota el vaso en su mano, el temblor en
los dedos, la mirada perdida.
No pregunta más. Solo se hace a un lado para dejarlo pasar.
La casa huele a incienso de lavanda y café recién hecho. Hay
plantas por todas partes, libros apilados, una manta tejida
sobre el sillón. Es cálido, vivo.
Sebastián se sienta en el sillón sin que se lo pidan. Se
desploma, realmente.
Mariana va a la cocina. Se oye el sonido del agua hirviendo.
Sebastián, mientras tanto, deja su taza sobre la mesa. Está
casi vacía.
Mariana regresa con una taza. Se la ofrece.
MARIANA
(suave)
Toma. Este está caliente.
Sebastián la sostiene entre las manos, sin beber. Mira el
vapor con cansancio.
Silencio. Afuera, el canto de los pájaros.
MARIANA
(despacio)
¿Quieres hablar?
SEBASTIÁN
(negando con la cabeza)
No sé ni por dónde empezar.
9.
MARIANA
Entonces no empieces. Solo quédate.
Sebastián asiente. Sus ojos se humedecen.
SEBASTIÁN
(muy bajo)
Soñé con alguien… Mauricio.
MARIANA
(levemente confundida)
¿Quién es?
SEBASTIÁN
(al borde del llanto)
Alguien que ya no está.
Mariana no responde. Solo baja la mirada, entiende el peso
sin entender la historia.
Deja que el silencio lo diga todo.
MARIANA
(pausada, con ternura)
A veces el cuerpo recuerda antes que la mente.
Y cuando duele… es porque algo dentro se está acomodando.
Sebastián respira hondo. Finalmente, bebe un sorbo.
SEBASTIÁN
(susurrando)
No sé cómo vivir sin él.
Mariana levanta la vista, tranquila.
MARIANA
Nadie sabe. Pero el corazón aprende.
10.
Aunque tarde… aprende.
Silencio.
Sebastián deja la taza sobre la mesa. La mira fijamente, como
si algo en ella empezara a tener sentido.
SEBASTIÁN
(entre susurros)
Gracias.
MARIANA
No me agradezcas. El café se hace solo cuando alguien lo
necesita.
7. MONTAJE / RECUERDOS Y DESPEDIDAS – VARIOS LUGARES
INTERIOR – COCINA – MAÑANA
Saca una taza del gabinete.
Azul, con estrellas pintadas.
Solo hay una.
Sebastián la sostiene un largo momento.
Parece esperar otra al lado, pero el estante está vacío.
El agua corre sobre sus manos mientras la lava.
Su respiración es pausada, casi temblorosa.
A veces, cierra los ojos como si intentara recordar algo que
no pertenece a ese lugar.
La deja secar.
Mira el espacio junto a ella, donde falta algo que nadie más
notaría.
INTERIOR – SALA – CONTINÚA
Frente al librero, un marco vacío.
11.
No hay foto, solo el reflejo distorsionado de su cara.
Sebastián lo toma.
Pasa el pulgar sobre el vidrio, delineando el contorno de un
rostro que solo él puede imaginar.
Sonríe sin querer.
Una sonrisa leve, que enseguida se apaga.
Coloca el marco de nuevo, esta vez un poco más lejos,
como si quisiera protegerlo de la luz.
EXTERIOR – CALLES – ATARDECER
Sebastián camina bajo la lluvia.
No lleva paraguas.
Deja que el agua lo empape.
La gente corre, se cubre, pero él no.
Camina despacio, con la mirada en el suelo.
La lluvia cae sobre su rostro; parece reconocer algo en el
sonido.
Como si el agua le hablara en un idioma que ya había
olvidado.
EXTERIOR – PARQUE – CONTINÚA
Llega al parque.
El mismo donde, en otro tiempo, se conocieron.
Pero aquí —en este sueño— es solo un parque.
Se sienta en una banca mojada.
Observa el lago.
Los círculos que deja la lluvia después de chocar con el
suelo y se disuelven.
12.
Una pluma cae de su bolsillo.
La recoge.
La tinta está corrida, irreconocible.
La guarda igual.
VOZ EN OFF (Sebastián)
“Hay sueños donde todo ocurre antes de tiempo.
Donde las manos que busco aún no saben quién soy.
Donde él pasa cerca,
y no me mira,
y aun así lo siento.”
Un pato cruza el lago.
Sebastián lo sigue con la mirada hasta que desaparece entre
los juncos.
Cierra los ojos.
Respira.
Como si esperara que, al abrirlos, el sueño terminara.
8. INTERIOR – DEPARTAMENTO – NOCHE
El ambiente vuelve a llenarse de la misma luz cálida del
inicio. La lámpara de pie proyectando sombras.
Pero algo es diferente. El espacio respira distinto.
Sebastián enciende la computadora.
La pantalla parpadea al encender. Por un momento piensa que
no va a funcionar, pero se enciende.
La carta sigue abierta en el procesador de texto.
Lee lo que escribió al principio. Luego, con lentitud,
comienza a escribir las últimas líneas.
Sus dedos se mueven seguros sobre el teclado.
13.
La pantalla muestra:
"Aprender a vivir sin ti no es olvidarte. Es recordar sin que
duela tanto. Es saber que fuiste real, que lo que tuvimos fue
real, y que por eso mismo tengo que dejarte ir."
Él sonríe. No es una sonrisa completa, pero es la primera
sonrisa genuina en mucho tiempo.
SEBASTIÁN
(en voz baja, para sí mismo)
Gracias… por haber sido mi dosis perfecta.
Guarda el archivo.
Cierra la laptop con cuidado.
Se queda ahí sentado en la silla del escritorio, mirando la
pantalla negra.
Silencio.
Respira hondo. Cierra los ojos.
Siente el aire entrando y saliendo de sus pulmones.
Está aquí. Está vivo. Está presente.
Un zumbido eléctrico, apenas perceptible, comienza a crecer.
Esa es la prueba que necesita, que nada de eso es parte de su
imaginación, que todo eso fue real.
9. INTERIOR – DEPARTAMENTO – CONTINÚA
El zumbido crece más fuerte.
Las luces parpadean.
El monitor de la laptop lanza un destello brillante.
Sebastián abre los ojos de golpe, desorientado.
Está en el suelo de madera, en la misma posición que al
inicio.
La laptop está frente a él, chamuscada, un leve humo negro
14.
sale del teclado. El cable está derretido en partes.
El mismo sonido de la chispa original resuena en eco,
desvaneciéndose lentamente.
Sebastián se incorpora con dificultad. Le duele todo el
cuerpo. Tose por el humo.
Mira alrededor, confundido.
Todo es real otra vez:
La lluvia todavía cae afuera, golpeando las ventanas. La luz
de la calle entra por las cortinas. El reloj en la pared
marca las 3:47 AM. Apenas unos minutos después de la
explosión.
¿Fueron minutos? ¿Horas? ¿Días?
Sebastián se toca la cara. Está sudando. Su corazón late
desbocado.
Mira la laptop quemada.
Se levanta despacio, todavía mareado.
10. INTERIOR – COCINA – MADRUGADA
Sebastián camina a la cocina.
Enciende la luz. El fluorescente parpadea antes de prenderse
completamente.
Llena la cafetera con agua, pone café molido en el filtro.
Los movimientos son automáticos, mecánicos.
Mientras el café se hace, se apoya contra la barra.
Mira hacia la sala. La caja con las cosas de Mauricio no
está, por supuesto. El suéter azul sigue sobre el sillón. Los
dos cepillos de dientes siguen en el baño. Las dos tazas en
el gabinete.
Nada cambió.
Pero algo cambió en él.
El café termina de pasar. El borboteo final.
15.
Abre el gabinete. Ve las dos tazas: la café con la luna, la
azul con estrellas.
Duda por un momento.
Toma solo una. La café con la luna.
Se sirve café. El vapor sube despacio, iluminado por la luz
tenue del amanecer que empieza a filtrarse por la ventana de
la cocina.
Se sienta en la mesa.
Toma un sorbo. Está caliente, fuerte, amargo.
Cierra los ojos.
VOZ EN OFF (Sebastián)
"Quizá nunca deje de doler. Quizá siempre habrá mañanas donde
despierte buscándolo en la cama. Quizá siempre piense en él
cuando llueva. Pero aprendí algo: aprendí a vivir con la
dosis justa del recuerdo. Ni tanto que me ahogue, ni tan poco
que lo borre."
Abre los ojos.
Afuera, el cielo comienza a aclararse. Las primeras luces del
día.
Sebastián bebe otro sorbo de café.
Respira.
FADE OUT.
11. CRÉDITOS / EPÍLOGO
Pantalla negra.
El sonido del café goteando sobre la base, lento, rítmico.
Un último plano:
La taza humeante sobre el escritorio, junto a la laptop
quemada. La luz del amanecer ilumina la escena desde la
ventana, creando un contraste entre la oscuridad de la
habitación y la claridad que entra.
16.
Sobre la pantalla negra, con tipografía simple, se lee:
"La dosis perfecta"
El goteo del café continúa por un momento más.
Luego, silencio.
FIN.