Cusco
El Cuzco,[4] oficial y legalmente Cusco[5][6] (castellano [ˈ[Link]̞ ]; en quechua
cusqueño: Qusqu o Qosqo [ˈqo̝ s.qɔ]), es una ciudad del sureste del Perú ubicada en la vertiente
oriental de la cordillera de los Andes, en la cuenca del río Huatanay, afluente del Vilcanota. Es
la capital del departamento del Cuzco y, además, según está declarado en la Constitución
peruana, es la «capital histórica» del país.
La ciudad, según el INEI, es la séptima más poblada del Perú, y albergaba, en 2017, una
población de 437 538 habitantes.[1]
Fue capital del antiguo Imperio inca y una de las ciudades más importantes del virreinato del
Perú (funcionó como su última sede de gobierno desde diciembre de 1821 hasta la victoria
independentista en 1824).[7] Durante la época virreinal, bajo la soberanía de la Corona
española, se construyeron diversas iglesias, universidades, palacios y plazas barrocas y
neoclásicas. Estas construcciones son los atractivos que hacen que la ciudad sea el principal
destino turístico del país. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1972 y Patrimonio
de la Humanidad en 1983 por la Unesco. Suele ser denominada, debido a la gran cantidad de
monumentos que posee, la «Roma de América».[8]
Toponimia
Portal de carrizos en la plaza de Armas
Iluminación nocturna de la ciudad
Etimología
La forma original del topónimo, tal fue encontrado en quechua cuzqueño de la época de
la conquista del Imperio incaico, debe haber sido, como en el quechua cuzqueño actual,
/qusqu/ ['qos.qɔ][9]. Se estima que el topónimo tuvo un origen aimaraico, de la frase qusqu
wanka ('peñón de la lechuza') a partir de la leyenda de los hermanos Ayar,[9] donde Ayar Auca
ocupa el sitio del Cuzco volando con sus propias alas para posarse sobre un peñón de la zona y
convertirse en una marca de ocupación litificada:
"¡Ve allá volando (porque dicen le habían nacido unas alas), y sentándote allí toma posesión en
el mismo asiento donde parece aquel mojón, porque nosotros iremos luego a poblar y vivir".
Ayar Auca, oídas las palabras de su hermano, levantose sobre sus alas y fue al dicho lugar que
Manco Capac le mandaba, y sentándose allí se convirtió en piedra y quedó hecho mojón de
posesión, que en la lengua antigua de este valle se llama cozco, de donde le quedó el nombre
del Cuzco al tal sitio hasta hoy
Juan Díez de Betanzos[10]
Betanzos cita cómo el nombre Cuzco, registrado por él como <Cozco>, era el nombre antiguo
de la ciudad y que su significado ya se había perdido en el tiempo:
“...al cual pueblo [de hasta treinta casas pequeñas pajizas y ruines] llamaban los moradores de
él, desde su antigüedad, Cozco, y lo que quiere decir este nombre Cozco no lo saben declarar,
más que ansí se nombraba antiguamente”.
Una etimología diferente fue propuesta por el Inca Garcilaso de la Vega, quien afirma que:
Pusieron por punto o centro [del Tahuantinsuyu] la ciudad del Cozco, que en la lengua
particular de los Incas quiere dezir ombligo de la tierra: llamáronla con buena semejança
ombligo, porque todo el Perú es largo y angosto como un cuerpo humano, y aquella ciudad
está casi en medio
Comentarios Reales de los Incas, Libro II, Cap. XI[11]
Sin embargo, no existe ningún registro entre los diccionarios tempranos quechuas o aimaras de
un término para 'ombligo' semejante al nombre de la ciudad. Esta ausencia de documentación
corroborativa ha llevado a los filólogos contemporáneos a descartar la etimología ofrecida por
el Inca. Si bien la etimología exacta de este nombre de lugar aún está en disputa, por lo general
se acepta que el topónimo no es de origen quechua y se considera la hipótesis aimarista como
la más probable.[12] A pesar de lo anterior, la versión garcilasiana se ha mitificado en
el folclore de la región, ha pasado a formar parte de la tradición oral y el discurso turístico, y ha
generado que el Ombligo del Mundo sea un epíteto usual en castellano para referir a la ciudad.
Historia de sus formas escritas
La primera imagen del Cuzco en Europa en
1553. Pedro Cieza de León. Crónica del Perú.
La forma original en el español del topónimo es ⟨Cuzco⟩, que corresponde a la forma en que los
conquistadores entendieron ['qos.qɔ], entendiendo la uvular oclusiva [q] como la velar
castellana /k/ (representado con la letra ⟨c⟩), [o] como /u/ castellana (⟨u⟩) y [ɔ] como /o̞ /
castellana (⟨o⟩);[13] de la misma manera que escribieron ⟨México⟩ ['me.ʃ[Link]]. La escritura
con zeta ⟨z⟩ de Cuzco corresponde plenamente al estado de las sibilantes, tanto
en castellano como en quechua cuzqueño de la época antigua, y a una sólida ortografía
castellana para el mismo periodo, de tal forma que se escribía con ⟨z⟩ porque se
pronunciaba [s] y no con el sonido apical [ş] que se tiene en español de España el grafema ⟨s⟩:
estamos aquí, una vez más, ante dos tipos de sibilantes: una dorsal, representada por <ç, c(e, i),
z>, y otra, equivalente a la apical española, registrada con <s,ss>. Pues bien, que el dialecto
cuzqueño haya tenido dos sibilantes es algo que no sorprende ni menos escandaliza a quien
conozca las variedades centrales y norteñas de la lengua. [...] De manera que, así como la
variedad jaujina distingue dos sibilantes: /s/ dorsal y /š/ palatal, así también el cuzqueño del
siglo XVII diferenciaba dos de ellas, sólo que, en el presente caso, no es fácil dar con el
equivalente de la segunda de las citadas. ¿Habría sido ésta una palatal /š/ como la jaujina? No
lo parece, desde el momento en que el mismo Gonçález Holguín se adelanta en advertirnos, en
las páginas iniciales de su obra, que en la variedad cuzqueña “no ay vso” de la letra <X> (“Al
lector”, op. cit), y, como se sabe, esta grafía representaba por entonces a la sibilante palatal [š].
Por consiguiente, descartando dicha posibilidad, no es aventurado sostener que la naturaleza
de la articulación de la segunda sibilante cuzqueña debió estar muy próxima a la de la apical
castellana. [...] De todo ello ahora resulta perfectamente comprensible por qué, para registrar
el nombre de la capital imperial, se echó mano, no de la <s> sino de la <z>, pues entonces,
como ahora mismo, el topónimo se pronunciaba [qosqo] y no [qoşqo].
Rodolfo Cerrón-Palomino.[14]
Los primeros cronistas apuntaron el nombre de la ciudad casi invariablemente como <Cuzco> o
<Cozco>, que en la ortografía española del siglo XVI, en pleno proceso de reajuste de las
consonantes sibilantes, mejor se aproximaba al sonido de Qusqu [ˈqo̝ [Link]]. Así, podemos
encontrar Cuzco en las Reales Cédulas de Carlos I, en las crónicas de Francisco de Jerez (1534),
en distintos documentos de la Gaceta de Madrid y en los mapas del siglo XIX (desde 1815) y XX
(hasta por lo menos 1976). De esta forma, la lectura exacta pasa a los demás idiomas europeos,
perdurando hasta ahora como la forma más usada fuera del Perú.[4] La grafía <Cusco>, sin
embargo, sí es consignada en varios documentos coloniales para su lectura pública, aunque es
muy poco común entre los textos cultos. Puede encontrarse en los mapas que ilustran los
anexos Perú en los mapas históricos y ciudad de Pisco en los mapas históricos de los
siglos XVII, XVIII y XIX hasta 1814, adicionalmente al mapa de 1597 que ilustra este artículo (en
latín).
La forma gráfica de <Cuzco> se mantuvo como predominante hasta el siglo XX. A inicios del
siglo XX, intelectuales locales y limeños, muchos de ellos influidos por el indigenismo,
como Rafael Larco Herrera, Luis Eduardo Valcárcel, Horacio Urteaga y Carlos Alberto Romero[15]
[16][17]
escribieron textos importantes con la grafía <Cusco> para su lectura exacta. En la misma
ciudad del Cuzco, por propuesta del Instituto Americano de Arte, con apoyo de la Academia
Mayor de la Lengua Quechua, el 12 de marzo de 1971 la Municipalidad emitió una ordenanza
donde cambió la forma oficial del ayuntamiento de <Cuzco> a <Cusco>, proscribiendo la forma
anterior. Desde entonces, la escritura <Cusco> se halla generalizada en Perú y suele ser tenida
como la más válida justamente por la mayor parte de la población de la ciudad, pese a que
algunos filólogos e investigadores como el lingüista Rodolfo Cerrón-Palomino la consideran
apócrifa.[18] En 1986, el ministro de Educación de turno, por petición formal del burgomaestre
cuzqueño, promulgó una resolución ministerial oficializando esta grafía de <Cusco> a nivel del
gobierno central para su lectura exacta.[19] Este cambio produjo que en los textos oficiales de
educación pública se prefiriera la nueva escritura que la versión española.
Al recoger la ortografía quechua contemporánea, que incluye la letra q para la
consonante oclusiva uvular sorda, el 23 de junio de 1990, el Consejo Municipal del
Cusco aprobó un nuevo dispositivo, el acuerdo municipal n.° 078, por el cual se dispuso:
"Instituir el uso del nombre <Qosqo>, en sustitución del vocablo <Cusco>, en todos los
documentos del Gobierno Municipal del Cusco".[cita requerida] De ese modo, se pretendía escribir
en castellano el topónimo tal como este es escrito en la ortografía moderna quechua (en su
versión pentavocálica). Este uso nunca se generalizó, aunque pervive hasta hoy.
Otros nombres indígenas
Tanto Guamán Poma como el mercedario fray Martín de Murúa recogen un nombre que habría
sido anterior al de Cuzco y que escriben en ambos casos como «Acamama». Leído desde
el quechua, este topónimo ha sido interpretado como aqha mama ('madre de la chicha'), por
ejemplo por José de la Riva-Agüero y Osma y el diccionario de la Academia Mayor de la Lengua
Quechua. En tiempo más reciente, se ha propuesto una filiación puquina. En ese
sentido Rodolfo Cerrón-Palomino postula la forma subyacente puquina *aka pana o *aqa
pana,[20] identificable en el término <acapana> definido por el Arte y vocabulario quechua de
1586 como '«remolino de aire y nieve, o celaje o arreboles»'.[21]
Por otra parte, el franciscano José Francisco María Ráez registra nombres quechuas modernos
alternativos para esta ciudad en su contribución al Vocabulario políglota incaico de 1905, todos
relacionados con pupu 'ombligo': junto a Cuzco, se usaría también <Pupo> (en ortografía
moderna: pupu) en el quechua huanca, y <Cuzco-pupu> o <Pupute> en el quechua
ayacuchano.[22] No está claro si en esa época estos eran usados para referir a la ciudad, o solo
se trata de una anotación guiada por la hoy descartada etimología del Inca Garcilaso.
Los quechuas ayacuchano y puneño contemporáneos no han conservado la
forma [qosqɔ] (Qusqu), sino que usan la pronunciación [kusku] (escrito <Kusku>), es probable
que reingresada a la lengua desde el castellano.[23]