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Poemas sobre el amor y la tristeza

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Mariano Melgar

Bien puede el mundo entero conjurarse...


Bien puede el mundo entero conjurarse contra mi dulce amor y mi ternura, y el odio infame y
tiranía dura de todo su rigor contra mí armarse;
bien puede el tiempo rápido cebarse en la gracia y primor de tu hermosura, para que cual si
fuese llama impura pueda el fuego de amor en mí acabarse;
bien puede en fin la suerte vacilante, que eleva, abate, ensalza y atropella, alzarme o abatirme en
un instante;
que al mundo, al tiempo y a mi varia estrella, más fino cada vez y más constante, les diré: Silvia
es mía y yo soy de ella.

Todo mi afecto puse en una ingrata...


Todo mi afecto puse en una ingrata, y ella inconstante me llegó a olvidar.
Si así, si así se trata un afecto sincero, amor, amor, no quiero, no quiero más amar.
Juramos ser yo suyo y ella mía: yo cumpli, y ella no se acordó más.
Mayor, mayor falsía jamas hallar espero, amor, amor, no quiero, no quiero más amar.
Mi gloria fue otro tiempo su firmeza, y hoy su inconstancia vil me hace pensar.
Fuera, fuera bajeza;
¿que durará mi esmero?, amor, amor no quiero, no quiero más amar.

Poema a la mujer
No nació la mujer para querida, por esquiva, por falsa y por mudable; y porque es bella, débil,
miserable, no nació para ser aborrecida.
No nació para verse sometida, porque tiene carácter indomable; y pues prudencia en ella nunca
es dable, no nació para ser obedecida.
Porque es flaca no puede ser soltera, porque es infiel no puede ser casada, por mudable no es
fácil que bien quiera.
Si no es, pues, para amar o ser amada, sola o casada, súbdita o primera, la mujer no ha nacido
para nada.

Vuelve que ya no puedo...


Vuelve que ya no puedo vivir sin tus cariños, vuelve, mi palomita, vuelve a tu dulce nido.
Mira que hay cazadores que con intento inicuo te pondrán en sus redes mortales atractivos;
y cuando te hagan presa te darán cruel martirio:
no sea que te cacen, huye tanto peligro.
Vuelve, mi palomita, vuelve a tu dulce nido.
Ninguno ha de quererte, como yo te he querido: te engañas si pretendes hallar amor más fino.
Habrá otros nidos de oro, pero no como el mio: por quien vertió tu pecho sus primeros gemidos.
Vuelve, mi palomita, vuelve a tu dulce nido.
Bien sabes que yo siempre en tu amor embebido, jamás toqué tus plumas, ni ajé tu albor divino;
si otro puede tocarlas y disipar su brillo, salva tu mejor prenda, ven al seguro asilo.
Vuelve, mi palomita, vuelve a tu dulce nido.
¿Por qué, dime, te alejas?
¿Por qué con odio impío dejas un dueño amante por buscar precipicios?
¿Así abandonar quieres tu asiento tan antiguo?
¿Con que así ha de quedarse mi corazón vacío?
Vuelve, mi palomita, vuelve a tu dulce nido.
No pienses que haya entrado aquí otro pajarillo: no, palomita mía, nadie toca este sitio.
Tuyo es mi pecho entero, tuyo es este albedrío;
y por ti sola clamo con amantes suspiros.
Vuelve, mi palomita, vuelve a tu dulce nido.
Yo solo reconozco tus bellos coloridos, yo solo sabré darles su aprecio merecido, yo solo así
merezco gozar de tu cariño; y tú solo en mí puedes gozar días tranquilos.
Vuelve, mi palomita, vuelve a tu dulce nido.
No seas, pues, tirana, haz ya paces conmigo;
ya de llorar cansado me tiene tu capricho: no vueles más, no sigas tus desviados giros;
tus alitas doradas
vuelve a mí, que ya expiro.
Vuelve que ya no puedo vivir sin tus cariños, vuelve, mi palomita, vuelve a tu dulce nido.

Carlos Augusto Salaverry


A la esperanza
Yo sé que eres una ave fugitiva,
Un pez dorado que en las ondas juega, Una nube del alba que desplega
Su miraje de rosa y me cautiva.
Sé que eres flor que la niñez cultiva Y el hombre con sus lágrimas la riega;
Sombra del porvenir que nunca llega,
¡Bella a los ojos, y a la mano esquiva!
Yo sé que eres la estrella de la tarde
Que ve el anciano entre celajes de oro, Cual postrera ilusión de su alma, bella;
Y aunque tu luz para mis ojos no arde, Engáñame joh mentira! yo te adoro, Ave o pez, sombra o
flor, nube o estrella.

Acuérdate de mí
¡Oh cuánto tiempo silenciosa el alma
Mira en redor su soledad que aumenta!
Como un péndulo inmóvil, ya no cuenta Las horas que se van, No siento los minutos cadenciosos
Al golpe igual del corazón que adora, Aspirando la magia embriagadora
De tu amoroso afán.
Ya no late, ni siente, ni aún respira
Petrificada el alma allá en lo interno:
Tu cifra en mármol con buril eterno
Queda grabada en mí.
No hay queja al labio ni a los ojos llanto;
Muerto para el amor y la ventura, Está en tu corazón mi sepultura Y el cadáver aquí.
En este corazón ya enmudecido
Cual la ruina de un templo silencioso, Vacío, abandonado, pavoroso,
Sin luz y sin rumor;
Embalsamadas ondas de armonía
Elevábanse un tiempo en sus altares,
Y vibraban melódicos cantares
Los ecos de tu amor.
¡Parece ayer!... De nuestros labios mudos
El suspiro de ¡Adiós! volado al cielo, Y escondías la faz en tu pañuelo
¡Para mejor llorar!
¡Hoy.... ¡nos apartan los profundos senos De dos inmensidades que has querido, Y es más triste
y más hondo el de tu olvido
Que el abismo del mar!
Pero ¿qué es este mar? ¿qué es el espacio?
¿Qué la distancia, ni los altos montes?
¿Ni qué son esos turbios horizontes
Que miro desde aquí,
Si al través del espacio de las cumbres, De ese ancho mar y de este firmamento, Vuela por el
azul mi pensamiento Y vive junto a ti?
¡Sí yo tus alas invisibles veo, Te llevo dentro el alma, estás conmigo,
Tu sombra soy y adonde vas te sigo
De tus huellas en pos!
¡Y en vano intentan que mi nombre olvides;
Nacieron nuestras almas enlazadas, Y en el mismo crisol purificadas
Por la mano de Dios!
Tú eres la misma aún: cual otros días
Suspéndense tus brazos de mi cuello;
Veo tu rostro apasionado y bello
Mirarme y sonreír;
Aspiro de tus labios el aliento
Como el perfume de claveles rojos, Y brilla siempre en tus azules ojos.
¡Mi sol, mi porvenir!
Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido;
Mi nombre está en la atmósfera, en la brisa, Y ocultas al través de tu sonrisa
Lágrimas de dolor;
Pues mi recuerdo tu memoria asalta, Y a pesar tuyo por mi amor suspiras, Y hasta el ambiente
mismo que respiras
Te repite imi amor!
¡Oh! cuando vea en la desierta playa, Con mi tristeza y mi dolor a solas, El vaivén incesante de
las olas
Me acordaré de ti;
Cuando veas que una ave solitaria
Cruza el espacio en moribundo vuelo, Buscando un nido entre la mar y el cielo,
¡Acuérdate de mí!

Manuel González Prada


Un dolor jamás dormido
Un dolor jamás dormido, Una gloria nunca cierta,
Una llaga siempre abierta,
Es amar sin ser querido.
Corazón que siempre fuiste
Bendecido y adorado, Tú no sabes, jay!, lo triste De querer no siendo amado.
A la puerta del olvido,
Llama en vano el pecho herido:
Muda y sorda está la puerta;
Que una llaga siempre abierta
Es amar sin ser querido.

Enamorado, en júbilo infinito


Enamorado, en júbilo infinito,
Muero de amores en tus labios rojos, Y de la dulce muerte resucito
En el azul sereno de tus ojos.
No hay en mi vida páramo de abrojos, Noche sin luz, Invierno sin verdura,
Agudo mal, ni fútiles enojos;
Que en la divina flor de tu hermosura
Libo néctar y miel, sin gota de amargura.
Libo néctar y miel, sin gota de amargura.

Al fin volvemos al primer amor


Al fin volvemos al primer amor, Como las aguas vuelven a la mar.
Con tiempo, ausencia, males y dolor, Al fin volvemos al primer amor.
Si un día, locos, en funesto error, Mudamos de bellezas y de altar, Al fin volvemos al primer amor,
Como las aguas vuelven a la mar.

La adolescencia
La adolescencia, con la taz de rosa,
Iluminada de candor la frente, Abre las puras alas de su mente,
Ve corto el mundo a su ambición fogosa Y busca el Sol de un inmortal oriente.
Es río que entre flores se desata, Es lago que en su virgen transparencia
Al firmamento del amor retrata
La adolescencia.
Pasan en vuelo asolador los anos, Prodiga la vejez sus desenganos, Se hunde en olvido y noches
la existencia;
Mas siempre el hombre a divisar alcanza
Las horas de ilusión y de esperanza,
La adolescencia.

José María Eguren


Los reyes rojos
Desde la aurora combaten dos reyes rojos, con lanza de oro.
Por verde bosque y en los purpurinos cerros
vibra su ceño.
Falcones reyes batallan en lejanías de oro azulinas.
Por la luz cadmio, airadas se ven pequeñas sus formas negras.
Viene la noche y firmes combaten foscos
los reyes rojos.

La niña de la lámpara azul


En el pasadizo nebuloso cual mágico sueño de Estambul, su perfil presenta destelloso la niña de
la lámpara azul.
Ágil y risueña se insinúa, y su llama seductora brilla, tiembla en su cabello la garúa de la playa de
la maravilla.
Con voz infantil y melodiosa en fresco aroma de abedul, habla de una vida milagrosa la niña de la
lámpara azul.
Con cálidos ojos de dulzura y besos de amor matutino, me ofrece la bella criatura un mágico y
celeste camino.
De encantación en un derroche, hiende leda, vaporoso tul; y me guía a través de la noche la niña
de la lámpara azul.

César Vallejo
Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el
alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo mas fuerte.
Serán tál vez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos
quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una
palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

El poeta a su amada
Amada, en esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso; y Tu
pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.
En esta noche rara que tanto me has mirado, la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su
hueso.
En esta noche de Setiembre se ha oficiado mi segunda caída y el más humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos; se irá secando a pausas nuestra excelsa
amargura; y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos; ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura los dos
nos dormiremos, como dos hermanitos.

Piedra negra sobre una piedra blanca


Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro-tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso estos versos, los húmeros me he puesto a la mala y,
jamás como hoy, me he vuelto, con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos los días jueves y los huesos húmeros la soledad, la lluvia, los
caminos...

Los nueve monstruos


I, desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato, crece a treinta minutos por
segundo, paso a paso, y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces y la condición del martirio,
carnívora, voraz, es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor dos veces
y el bien de sér, dolernos doblemente.
Jamás, hombres humanos,
hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la
aritmética!
Jamás tánto cariño doloroso, jamás tan cerca arremetió lo lejos, jamás el fuego nunca jugó mejor
su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal
y la migraña extrajo tánta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor, el corazón, en su cajón, dolor, la lagartija, en su cajón, dolor.
Crece la desdicha, hermanos hombres, más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece con
la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos y es una inundación con propios líquidos, con propio
barro y propia nube sólida!
Invierte el sufrimiento posiciones, da función en que el humor acuoso es vertical al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída, y esta oreja da nueve campanadas a la hora del rayo, y nueve
carcajadas a la hora del trigo, y nueve sones hemoras a la hora del llanto, y nueve canticos a la
hora del hambre y nueve truenos y nueve látigos, menos un grito.
El dolor nos agarra, hermanos hombres, por detrás, de perfil, y nos aloca en los cinemas, nos
clava en los gramófonos, nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente a nuestros
boletos, a nuestras cartas; y es muy grave sufrir, puede uno orar...
Pues de resultas
del dolor, hay algunos que nacen, otros crecen, otros mueren, y otros que nacen y no mueren,
otros que sin haber nacido, mueren, y otros que no nacen ni mueren (son los más)
Y también de resultas del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo, de ver al pan, crucificado, al nabo, ensangrentado,
llorando, a la cebolla, al cereal, en general, harina, a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo, al
vino, un ecce-homo, tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
¡Cómo, hermanos humanos, no deciros que ya no puedo y ya no puedo con tánto cajón, tánto
minuto, tánta lagartija y tánta
inversión, tánto lejos y tánta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer.

Alberto Hidalgo
Estética
Yo conocía la emoción del ritmo;
pero desde el punto que te quise, entiendo
el ritmo de la emoción.
Creía
que la poesía consiste en los ritmos, y en las imágenes, y en la música de las palabras, y en la
rima, y en las bellas frases, y en la armonía o la melodía del verso.
¡Mentira!
la poesía consiste en ir juntando un poquito de emoción a otro poquito de emoción, aunque cada
verso sea solamente una palabra o una modesta
SÍ-
la
-ba.
Y esta estética
la he bebido en tu cuerpo y en tu alma;
porque en ti se hallaba,
sin que tú lo supieras
ni
sos-
ре-
cha-
ras...

Función de tu presencia lejana


Sólo el recuerdo nos separa con su empecinamiento de montaña
Sólo el recuerdo nos desune con su hacer ver que estás distante.
Mujer por todos lados, de la cabeza a los pies, principio a fin, mujer sin treguas, en este lado de
mi vida y al otro lado de mis años todavía te alcanzo, todavía
Entre los dos hay un incendio de llamas cárdenas perladas, pues por servirte cambia color el
mismo fuego.
Entre los dos hay llamaradas horizontales, pues en tu honor cambia la geometría de las cosas
Entre los dos está tu cuerpo
Tus dos propósitos bien realizados de dar mirada a lo profundo como si fueran expresión de la
fatiga de los siglos, por los rincones de mis noches me persiguen e iluminan el remanso de mi
sueño con su luz negra, y sé por eso que lo negro no es tan negro como el color triste de tus
ojos.
Paso en medio de avenidas de campanas, con armónica sucesión de escuchados terciopelos, o
tus silencios a mis lados forman filas
y yo me tiendo entre ellas como un camino largo que inevitablemente lleva a ti.
Te acumulé en mis oídos y aún me siento millonario de tu voz.
Te bebí me bebiste nos bebimos con la saciada sed que encendiera el ardor de nuestras tardes
Entonces todos fueron alivios en tu boca, desde la que partían a reventarse en mi alma, hecha ya
espacio, tus cohetes luminosos en profusión de grados y colores.
Y hoy me queman, me queman esos besos.
¡Cicatrices de besos me dejaste!
Pero el recuerdo nos separa porque es echar de menos
En la memoria sólo vive lo sucedido, no lo actual, y no hay dolor más grande que saberlo
sucedido.
La posesión otra vez es una forma de anular la memoria, la ausencia lo contrario que el olvido
requiere.
Y si al recuerdo sólo lo cura la presencia,
¡Ven de nuevo a mis brazos para olvidarte un poco!

Papá
Tenía el padre un parecido grande con la bondad
La misma frente iguales ademanes
Idéntica manera de moverse hacia los lados
Como distribuyéndose en las cosas
Como soltando partes suyas para que las asieran las personas
El padre y la bondad eran sosías
Entiendo que el tórax era poco
Año tras año ampliaba el domicilio en que alojaba el corazón
Y de tal modo éste llegó a ocupar todo su cuerpo
Allí a sus huéspedes brindaba atención de primera
En costumbre de abrazos en que cabían miles
Sin promiscuarse y sin hacinamiento
Porque al espacio su conducta cual si fuera de goma lo estiraba
No era una vela pero ardía
Pasiones contenidas no exportadas quemábanlo
Los libros que pensaba y no escribía eran su incendio
Las lecturas el ver el ansia de escuchar lo combustían
En la voz en las manos en los ojos se le pulsaban 39 grados
Hizo llamar a médicos y su diagnóstico fue absurdo
Por no dar en la tecla y no auscultarle el alma no advirtieron
Que él quería ser cielo y se iba en fuego
En lo que sale de la hoguera en fibra
La profesión que ejerció fue el entregarse
Proporcionaba una amistad de higuera que daba alimento y sombra
Y por eso después de atacarlo la muerte se dio cuenta De que había abatido no solamente a un
hombre sino a un árbol
Aún quedan sus raíces en la tierra

César Moro
Vienes en la noche con el humo fabuloso de tu cabellera
Apareces
La vida es cierta
El olor de la lluvia es cierto
La lluvia te hace nacer
Y golpear a mi puerta
Oh árbol
Y la ciudad el mar que navegaste
Y la noche se abren a tu paso
Y el corazón vuelve de lejos a asomarse
Hasta llegar a tu frente
Y verte como la magia resplandeciente
Montaña de oro o de nieve
Con el humo fabuloso de tu cabellera
Con las bestias nocturnas en los ojos
Y tu cuerpo de rescoldo
Con la noche que regas a pedazos
Con los bloques de noche que caen de tus manos
Con el silencio que prende a tu llegada
Con el trastorno y el oleaje Con el vaiven de las casas
Y el oscilar de luces y la sombra más dura
Y tus palabras de avenida fluvial
Tan pronto llegas y te fuiste
Y quieres poner a flote mi vida
Y sólo preparas mi muerte
Y la muerte de esperar
Y el morir de verte lejos
Y los silencios y el esperar el tiempo
Para vivir cuando llegas
Y me rodeas de sombra
Y me haces luminoso
Y me sumerges en el mar fosforescente donde acaece tu estar
Y donde sólo dialogamos tú y mi noción oscura y pavorosa de tu ser
Estrella desprendiéndose en el apocalipsis
Entre bramidos de tigres y lágrimas De gozo y gemir eterno y eterno
Solazarse en el aire rarificado
En que quiero aprisionarte
Y rodar por la pendiente de tu cuerpo
Hasta tus pies centelleantes
Hasta tus pies de constelaciones gemelas
En la noche terrestre
Que te sigue encadenada y muda
Enredadera de tu sangre
Sosteniendo la flor de tu cabeza de cristal moreno
Acuario encerrando planetas y caudas
Y la potencia que hace que el mundo siga en pie y guarde el equilibrio
de los mares
Y tu cerebro de materia luminosa
Y me adhesión sin fin y el amor que nace sin cesar
Y te envuelve y que tus pies transitan
Abriendo huellas indelebles
Donde puede leerse la historia del mundo
Y el porvenir del universo
Y ese ligarse luminoso de mi vida
A tu existencia

El fuego y la poesía
I
Amo el amor
El martes y no el miércoles
Amo el amor de los estados desunidos
El amor de unos doscientos cincuenta años
Bajo la influencia nociva del judaísmo sobre la vida monástica
De las aves de azúcar de heno de hielo de alumbre o de bolsillo
Amo el amor de faz sangrienta con dos inmensas puertas al vacío
El amor como apareció en doscientas cincuenta entregas durante
cinco años
El amor de economía quebrantada
Como el país más expresionista
Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias
Para adoptar esas sencillas armas del amor
Donde el crimen pernocta y bebe agua clara
De la sangre más caliente del día
II
Amo el amor de ramaje denso
Salvaje al igual de una medusa
El amor-hecatombe
Esfera diurna en que la primavera total Se columpia derramando sangre
El amor de anillos de lluvia
De rocas transparentes
De montañas que vuelan y se estuman Y se convierten en minúsculos guijarros
El amor como una puñalada
Como un naufragio
La pérdida total del habla del aliento
El reino de la somora espesa
Con los ojos salientes y asesinos
La saliva larguísima
La rabia de perderse
El frenético despertar en medio de la noche
Bajo la tempestad que nos desnuda
Y el rayo lejano transformando los árboles
En leños de cabellos que pronuncian tu nombre
Los días y las horas de desnudez eterna
III
Amo la rabia de perderte
Tu ausencia en el caballo de los días
Tu sombra y la idea de tu sombra
Que se recorta sobre un campo de agua
Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo
Que me deshace y te recrea
El tiempo que amanece dejándome más solo
Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en la
somora de los días
Como una bestia desdentada que persigue su presa
Como el milano sobre el cielo evolucionando con una precisión de
relojería
Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti
Con una fatalidad de bomba de dinamita
Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre
Luchando con el dia lacerando el alba
Zafando el cuerpo de la muerte
Yal fin es mio el tiempo Y la noche me alcanza el sueño que me anula te devora
Y puedo asimilarte como un fruto maduro
Como una piedra sobre una isla que se hunde

Antonio es Dios...
ANTONIO es Dios
ANTONIO es el Sol
ANTONIO puede destruir el mundo en un instante
ANTONIO hace caer la lluvia
ANTONIO puede hacer oscuro el día o luminosa la noche
ANTONIO es el origen de la Vía Láctea
ANTONIO tiene pies de constelaciones
ANTONIO tiene aliento de estrella fugaz y de noche oscura
ANTONIO es el nombre genérico de los cuerpos celestes
ANTONIO es una planta carnívora con ojos de diamante
ANTONIO puede crear continentes si escupe sobre el mar
ANTONIO hace dormir el mundo cuando cierra los ojos
ANTONIO es una montaña transparente
ANTONIO es la caída de las hojas y el nacimiento del día
ANTONIO es el nomore escrito con letras de fuego sobre todos los planetas
ANTONIO es el Diluvio
ANTONIO es la época megalitica del Mundo
ANTONIO es el fuego interno de la Tierra
ANTONIO es el corazón del mineral desconocido
ANTONIO fecunda las estrellas
ANTONIO es el Faraón el Emperador el Inca
ANTONIO nace de la Noche
ANTONIO es venerado por los astros
ANTONIO es más bello que los colosos de Memnón en Thebas
ANTONIO es siete veces más grande que el Coloso de Rhodas
ANTONIO ocupa toda la historia del mundo
ANTONIO sobrepasa en majestad el espectáculo grandioso del mar enfurecido
ANTONIO es toda la Dinastía de los Ptolomeos
México crece alrededor de ANTONIO

Carlos Oquendo de Amat


madre
Tu nombre viene lento como las músicas humildes y de tus manos vuelan palomas blancas
Mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombres miran desde aqui distante
Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura
A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso
Entre ti y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos
Porque ante ti callan las rosas y la canción

poema del manicomio


Tuve miedo
y me regresé de la locura
Tuve miedo de ser
una rueda
un color
un paso

PORQUE MIS OJOS ERAN NIÑOS

Y mi corazón
un botón
más
de
mi camisa de fuerza
Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos veo a la calle que está mendiga de pasos.

poema
Para ti
tengo impresa una sonrisa en papel japón
Mírame
que haces crecer la yerba de los prados
Mujer
mapa de música claro de río fiesta de fruta
En tu ventana
cuelgen enredaderas de los volantes de los automóviles
y los expendedores disminuven el precio de sus mercancías
déjame que bese tu voz
Tu voz
QUE CANTA EN TODAS LAS RAMAS DE LA MAÑANA

Martín Adán
Poesía, mano vacía...
—Poesía, mano vacía...
Poesía, mano empuñada Por furor para con su nada
Ante atroz tesoro del Día...
Poesía, la casa umbría
La defuera de mi pisada...
Poesía, la aún no hallada
Casa que asaz busco en la mía...
Poesía se está defuera:
Poesía es una quimera...
¡A la vez a la voz y al dios!...
Poesía no dice nada:
Poesía se está, callada, escuchando su propia voz.

Quarta ripresa
Bien sabe la rosa en qué mano se posa.
Refran de Castilla
Viera estar rosal florido, cogí rosas con sospiro:
vengo del rosale.
Gil Vicente
—La que nace, es la rosa inesperada;
La que muere, es la rosa consentida;
Sólo al no parecer pasa la vida, Porque viento letal es la mirada.
—¡Cuánta segura rosa no es en nada!
¡Si no es sino la rosa presentida!...
¡Si Dios sopla a la rosa y a la vida Por el ojo del ciego... rosa amada!
– Triste y tierna, la rosa verdadera
– Es el triste y el tierno sin figura, Ninguna imagen a la luz primera.
– Deseándola deshójase el deseo...
Y quien la viere olvida, y ella dura...
¡Ay, que es así la Rosa, y no la veo!

Ottava ripresa
How many loved your moment of glad grace, And loved your beauty with false love and true, But
one man loved the pilgrim soul in you, And loved the sorrows of your changing face...
Yeats
Je sais qu'une âme implique un geste
D'où vibre une sonorité
Qu'harmonieusement atteste
La très adéquate clarté.
Gide
—No eres la teoria, que tu espina
Hincó muy hondo; ni eres de probanza De la rosa a la Rosa, que tu lanza Abrió camino as que
descamina.
— Eres la Rosa misma, sibilina
Maestra que dificulta la esperanza
De la rosa perfecta, que no alcanza A aprender de la rosa que alucina.
– ¡Rosa de rosa, idéntica y sensible, A tu ejemplo, profano y mudadero, El Poeta hace la
rosa que es terrible!
– ¡Que eres la rosa eterna que en tu rama
Rapta al que, prevenido prisionero, Roza la rosa del amor que no ama!

Escrito a ciegas
(fragmento)
¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso, De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato.
¿Por qué preguntas quién soy, Adónde voy?... Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro Y sensible volumen de ser mi humano,
Que es un cuerpo y vocación,
Sin embargo.
Si nací, lo recuerda el Año
Aquel de quien no me acuerdo, Porque vivo, porque me mato.
Mi Ángel no el de la Guarda.
Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo, Que me lleva sin término,
Tropezando, siempre tropezando, En esta sombra deslumbrante
Que es la Vida, y su engaño y su encanto.
Cuando lo sepas todo...
Cuando sepas no preguntar...
Sino roerte la uña de mortal, Entonces te diré mi vida,
Que no es más que una palabra más...
La toda tuya vida es como cada ola:
Saber matar,
Saber morir,
Y no saber retener su caudal, Y no saber discurrir y volver a su principio, Y no saber contenerse
en su afan...
Si quieres saber de mi vida,
Vete a mirar al Mar.
¿Por qué me la pides, Literata?
¿gnoras acaso que en el Mundo, Todo de nadas acumuladas, De desengrandar infinitudes,
No sino un trasgo
Eterno, sombra apenas de apetito de algo?
La cosa real, si la pretendes No es aprehenderla sino imaginarla.
Lo real no se le coge: se le sigue, Y para eso son el sueno y la palabra.
¡Cuídate de su atajo!
¡Cuídate de su distancia!
¡Cuídate de su despeñadero!
¡Cuídate de su cabaña!
¿Quién soy? Soy mi qué, Inefable e innumerable
Figura y alma de la ira.
No, eso fue al fin... y era al principio, Antes de donde el principio principia.
Soy un cuerpo de espíritu de furia
Asentada y de aceda ironía.
No, no soy el que busca El poema, ni siquiera la vida...
Soy un animal acosado por su ser
Que es una verdad y una mentira.
¿Es tan simple mi ser, y tal ahogo, Con punzada en nervio y carne!
Yo buscaba otro ser, Y ese ha sido mi buscarme.
Yo no quería ni quiero ya ser yo, Sino otro que se salvara o que se salve, No el del Instinto, que
se pierde, Ni el del Entendimiento, que se retrae.
[...]

Emilio Adolfo Westphalen


Te he seguido...
Te he seguido como nos persiguen los días
Con la seguridad de irlos dejando en el camino
De algún día repartir sus ramas
Por una mañana soleada de poros abiertos
Columpiándose de cuerpo a cuerpo
Te he seguido como a veces perdemos los pies
Para que una nueva aurora encienda nuestros labios
Y ya nada pueda negarse
Y ya todo sea un mundo pequeño rodando las escalinatas
Y ya todo sea una flor doblándose sobre la sangre
Y los remos hundiéndose más en las auras
Para detener el día y no dejarle pasar
Te he seguido como se olvidan los años
Cuando la orilla cambia de parecer a cada golpe de viento
Y el mar sube más alto que el horizonte
Para no dejarme pasar
Te he seguido escondiéndome tras los bosques y las ciudades
Llevando el corazón secreto y el talismán seguro
Marchando sobre cada noche con renacidas ramas
Ofreciéndome a cada ráfaga como la flor se tiende en la onda
O las cabelleras ablandan sus mareas
Perdiendo mis pestañas en el sigilo de las alboradas
Al levantarse los vientos y doblegar los árboles y las torres
Cayéndome de rumor en rumor
Como el día soporta nuestros pasos
Para después levantarme con el báculo del pastor
Y seguir las riadas que separan siempre
La vid que ya va a caer sobre nuestros hombros
Y la llevan cual un junco arrastrado por la corriente
Te he seguido por una sucesión de ocasos
Puestos en el muestrario de las tiendas
Te he seguido ablandándome de muerte
Para que no oyeras mis pasos
Te he seguido borrándome la mirada
Y callándome como el río al acercarse al abrazo
O la luna poniendo sus pies donde no hay respuesta
Y me he callado como si las palabras no me fueran a llenar la vida
Y ya no me quedara más que ofrecerte
Me he callado porque el silencio pone más cerca los labios
Porque sólo el silencio sabe detener a la muerte en los umbrales
-Porque sólo el silencio sabe darse a la muerte sin reservas
Y así te sigo porque sé que más allá no has de pasar Y en la esfera enrarecida caen los cuerpos
por igual
Porque en mí la misma fe has de encontrar
Que hace a la noche seguir sin descanso al día
Ya que alguna vez le ha de coger y no le dejará de los dientes
Ya que alguna vez le ha de estrechar
Como la muerte estrecha a la vida
Te sigo como los fantasmas dejan de serlo
Con el descanso de verte torre de arena
Sensible al menor soplo u oscilación de los planetas
Pero siempre de pie y nunca más lejos
Que al otro lado de la mano

Gustavo Valcárcel
I
Te escribo triste un verso alegre, un verso que declare mi amor a tus cabellos y se quede entre ti,
pequeña patria, abrazado a tu cuello, siempre mío.
Desde lejos mi voz se te declara, rocío sobre el tiempo, canto humano, oh, marinera de mi amor
terrestre, oh, campesina de mi amor marino.
Mi voz se te declara y yo me siento el hijo de tus hijos perpetuando tu existencia de amor sobre
la tierra.
Me siento estrella en ti, de ti brillante.
¿Quién ha dicho que en plena medianoche no debe hacerse un canto de amor puro?
Si somos gota de alba entre las sombras cantemos al amor amaneciendo.
Hoy caminan tus pasos en mis versos, puerto de ti, bahía de ti misma, quédate en ellos, ancla en
sus espumas, conviértete en la orilla de sus besos.
Toma el cuaderno de mi juventud, dibuja en él al barco de tus sueños, pinta el timón, las velas, el
destino y zarparemos juntos a vivir.
Escribe en el cuaderno el alfabeto de la dicha soñada por los pobres; te declaro mi amor, escribe
el sí; te declaro mi sí, escribe amor.
Vámonos a querernos junto al pueblo, vámonos a hacer versos desde el pueblo, vámonos a
hacer hijos para el pueblo, que tú misma eres hijos, verso y pueblo.
Te declaro mi amor, ¿me lo recibes?
¡Qué gran felicidad! Ya lo sabía.
Ven hacia mí, voy hacia ti: besémonos, ha nacido el amor sobre la tierra.
VI
Viernes, este es un día para escribir poemas. partiendo desde el alba, a bordo de la vida,
temprano a fin de oir al lado de tus pasos la música veloz que cabalga el rocío.
Este día es un dia para escribir poemas incluso en la cocina, entre verduras pálidas, enfrente del
gran ojo de la sartén tiznada y al lado de la olla que esta hirviendo de amor.
Para escribir también que hoy día estás cosiendo mis calcetines viejos, recorridos de mundo,
que estás blanqueando el cuello de mi alma de estudiante o planchando una tarde que lucirá
mañana.
Yo podría este viernes sollozar de vigilia, pero no lo deseo, me opongo carnalmente, prefiero
recitar un poema en la cama, mientras ahorramos besos para los nuevos viernes.
Haré un poema al plato de las mil papas fritas me inspiraré en el alma devota de los panes
haré un libro completo que embriagara a las uvas y que hará sonreír a la propia cebolla.
Y porque este es un día para escribir poemas te digo tiernamente y seguiré diciendo: tú serás un
puñado de rosas en mi vida y serás un puñado de versos en mi muerte.

X
Tras la noche está el alba, tras lo viejo lo nuevo, en la semilla un árbol y un ser nuevo en la
madre;
así mi amor hoy siemora tu poema final, porque aquí callaré y quién sabe hasta cuándo.
Debo viajar al mundo a seguir otras luchas, debo escribir del pobre que se muerde la frente, urge
dejar al niño un amor más extenso, que te comprenda a ti y que comprenda al mundo.
Hoy debo despedirme de esta forma de hablar.
No, amor, no me arrepiento: lo bello quedará, y si algo bello ha habido en todos estos versos, si
un verso vivirá, ese verso eres tú.
Hoy debo despedirme, mas no te pongas triste, con el viento de mí seguiré yo besándote;
pasarán muchos años y en este libro tuyo escucharás mi voz de amante que ha partido.
Como todo termina, mi corazón un día dejará de latir. Sin embargo, estas páginas dedicadas a ti
proseguirán latiendo cada vez que las leas y repases mi amor.
Adiós, no llores, piensa que cuando seas lirio, mañana, nuestros hijos nos tendrán a su alcance y
hablarán con nosotros bajo las tardes bellas al deshojar la brisa que en tu nombre escribí.
No importa que la lluvia nos borre contra el tiempo y todo acabe en yerba, porque si un eco
humano recoge tus poemas terrestres que aquí acaban dormiremos tranquilos, gozosos en la
muerte.

Jorge Eduardo Eielson


Poesía en forma de pájaro
azul
brillante
el Ojo el
pico anaranjado
el cuello
el cuello
el cuello
el cuello
el cuello
el cuello
el cuello
herido
pájaro de papel y tinta que no vuela que no se mueve que no canta que no
respira animal hecho de versos amarillos de silencioso plumaje impreso
tal vez un soplo desbarate la misteriosa palabra que sujeta
sus dos patas
patas
patas
patas
patas
patas
patas
patas
patas a mi mesa

Cuerpo enamorado
Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo enamorado
Y no soy yo que veo sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el remanso y rie
Amo el espejo en que contemplo
Mi espesa barba y mi tristeza
Mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
Mi glande puro y mis testículos
Repletos de amargura
Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora
Primera muerte de María
A pesar de sus cabellos opacos, de su misteriosa delgadez, de su tristeza áurea y definitiva
como la mía, yo adoraba a mi esposa, alta y silenciosa como una columna de humo.
María vivía en un barrio pobre, cubierto de deslumbrantes y altísimos planetas, atravesado de
silbidos, de extrañas pestilencias y de perros hambrientos.
Humedecido por las lágrimas de María
todo el barrio se hundía irremediablemente en un rocío tibio.
María besaba los muros de las callejuelas y toda la ciudad temblaba de un violento amor a Dios.
María era fea, su saliva sagrada.
Las gentes esperaban ansiosas el día en que María, provista de dos alas blancas, abandonase la
tierra sonriendo a los transeuntes.
Pero los zapatos rotos de María, como dos clavos milenarios, continuaban fijos en el suelo.
Durante la espera, la muchedumbre escupía la casa, la melancolía y la pobreza de María.
Hasta que aparecí yo como un caballo sediento y me apoderé
de sus senos.
La virgen espantada derramó una botella de leche y un río de perlas
sucedió a su tristeza.
María se convirtió en mi esposa.
Algún tiempo más tarde, María caía a tierra envuelta en una llamarada.
Esposo mío —me dijo— un hijo de tu cuerpo devora mi cuerpo.
Te ruego, señor mío, devuélveme mi perfume, mi botella de leche, mi barrio miserable.
Yo le acerqué su botella de leche y le hice beber unos sorbos redentores.
Abrí la ventana y le devolví su perfume adorado, su barrio polvoriento.
Casi enseguida, una criatura de mirada purísima abrió sus ojos ante mí, mientras María cerraba
los suyos cegados por un planeta de oro: la felicidad.
Yo abracé a mi hijo y cai de rodillas ante el cuerpo santo de mi esposa: apenas quedaba de él un
hato de cabellos negros, una mano fría sobre la cabeza caliente de mi hijo.
¡María, María —grité nada de esto es verdad, regresa a tu barrio oscuro, a tu melancolía, vuelve a
tus callejuelas estrechas, amor mío, a tu misterioso llanto de todos los días!
Pero María no respondía.
La botella de leche yacía solitaria en una esquina, como en un cono de luz divina.
En la oscuridad circundante, toda la ciudad me reclamaba a mi hijo, repentinamente henchida de
amor a María.
Yo lo confié al abrigo y la protección de algunos bueyes, cuyo aliento cálido me recordaba el
cuerpo tibio y la impenetrable
pureza de María.
Blanca Varela
Juego amoroso
las manos a la altura del aire a dos o tres centímetros del vacío
no se mirará nada preciso la polvareda que pasa el inesperado cortejo de plumas
arrancadas al vuelo
la nubecilla rosada y tonta
que ya no es
el cierraojos y el ábrelos en la breve opacidad de una luz que no se ve
y el sueño pies de goma
y azules y brillantes las estrellas
rientes
párpado sobre párpado
labio contra labio
piel demorada sobre otra
llagada y reluciente
hogueras
eso haremos a solas

Monsieur Monod no sabe cantar


querido mío
te recuerdo como la mejor canción
esa apoteosis de gallos y estrellas que ya no eres que ya no soy que ya no seremos y sin
embargo muy bien sabemos ambos que hablo por la boca pintada del silencio con agonía de
mosca al final del verano
y por todas las puertas mal cerradas
conjurando o llamando ese viento alevoso de la
memoria
ese disco rayado antes de usarse teñido según el humor del tiempo y sus viejas enfermedades
o de rojo o de negro
como un rey en desgracia frente al espejo
el día de la víspera y mañana y pasado y siempre
noche que te precipitas
(así debe decir la canción)
cargada de presagios
perra insaciable (un peu fort)
madre espléndida (plus doux)
paridora y descalza siempre
para no ser oída por el necio que en ti cree para mejor aplastar el corazón
del desvelado
que se atreve a oír el arrastrado paso de la vida a la muerte
un cuesco de zancudo un torrente de plumas
una tempestad en un vaso de vino
un tango
el orden altera el producto error del maquinista
podrida técnica seguir viviendo tu historia
al revés como en el cine un sueño grueso y misterioso que se adelgaza
the end is the beginning una lucecita vacilante como la esperanza
color clara de huevo
con olor a pescado y mala leche oscura boca de lobo que te lleva de Cluny al Parque Salazar
tapiz rodante tan veloz y tan negro que ya no sabes si eres o te haces el vivo o el muerto y sí una
flor de hierro
como un último bocado torcido y sucio y lento para mejor devorarte
querido mío
adoro todo lo que no es mío
tú por ejemplo
con tu piel de asno sobre el alma y esas alas de cera que te regalé y que jamás te atreviste a
usar no sabes cómo me arrepiento de mis virtudes ya no sé qué hacer con mi colección de
ganzúas
y mentiras
con mi indecencia de niño que debe terminar este
cuento
ahora que ya es tarde porque el recuerdo como las canciones la peor la que quieras la única no
resiste otra página en blanco y no tiene sentido que yo esté aquí
destruyendo lo que no existe
querido mío
a pesar de eso todo sigue igual
el cosquilleo filosófico después de la ducha el café frío el cigarrillo amargo el Cieno Verde en el
Montecarlo
sigue apta para todos la vida perdurable intacta la estupidez de las nubes
intacta la obscenidad de los geranios
intacta la vergüenza del ajo
los gorrioncitos cagándose divinamente en pleno
cielo
de abril
Mandrake criando conejos en algún círculo del infierno
y siempre la patita de cangrejo atrapada en la trampa del ser o del no ser
o de no quiero esto sino lo otro
tú sabes
esas cosas que nos suceden y que deben olvidarse para que existan
verbigracia la mano con alas y sin mano
la historia del canguro —aquella de la bolsa o la vida— o la del capitán encerrado en la botella
para siempre vacía
y el vientre vacío pero con alas y sin vientre
tú sabes
la pasión la obsesión la poesía la prosa el sexo el éxito o viceversa
el vacío congénito el huevecillo moteado
entre millones y millones de huevecillos moteados
tú y yo you and me
toi et moi
tea for two en la inmensidad del silencio en el mar intemporal en el horizonte de la historia
porque ácido ribonucleico somos
pero ácido ribonucleico enamorado siempre

Casa de cuervos
porque te alimenté con esta realidad mal
cocida
por tantas y tan pobres flores del mal por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío
no es tuya la culpa ni mía
pobre pequeño mío del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce y la hermosisima distancia de tu cuerpo
tu náusea es mia
la heredaste como heredan los peces la
asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera bajo el que sombras tejen sombras y
tentaciones
y es mía también la huella de tu talón estrecho de arcángel
apenas posado en la entreabierta ventana y nuestra para siempre la música extranjera de los
cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
Juegas con mis huesos y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
como tu sangre que ya no deja lugar para nada ni nadie
aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa de tus pasos a todas las primaveras que inventas y destruyes
a tenderme —nada infinita— sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya que ilumine mis restos
porque así es este amor que nada comprende y nada puede
bebes el filtro y te duermes en ese abismo lleno de ti música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris que es despertar en la gran palma de dios calva vacía sin extremos y allí te
encuentras
sola y perdida en tu alma sin más obstáculo que tu cuerpo sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y él mismo con tantos nombres que a ninguno responde y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
adonde no has de volver

Alejandro Romualdo
Sobre la infancia
La infancia nos llena la cabeza de luciérnagas, de polvo las rodillas y los ojos nos cubre
dulcemente. La infancia nos llena las manos de globos y limosnas; la boca, de pitos y azucenas y
nos cubre las espaldas con sus plumas de cigüeña.
En la infancia son monarcas los ratones y los dientes.
¡Oh la infancia, la hora blanca del reloj, el tierno silabario, el bonete de los ángeles y el duende!
Uno se siente nuevo, herido por un corcho, muerto heroicamente sobre un caballo de madera:
amo mi infancia, mi corazón en pantalones cortos.

En alta voz
No he de callar.
Quevedo
No he de callar mordiéndome la vida, callar con todo el cuello, muerto o vivo.
Debo decir palabras desolladas, o taparme la boca con un grito
de sol, de paz, de amor. Es necesario, trinar a plena luz, echarse el alma a la esperanza, alzarse
hacia la vida.
Es necesario un vuelo de campana
doblando a sol. A paz en sol mayor.
Ya que esta herida del Perú nos habla con la voz de la sangre tinta en turia.
No he de callar mordiendo mis palabras.
Debo gritar: caer de boca al viento.
Sosteniendo una luz y una tonada.
Y no callar: caer de voz al tiempo con la boca cerrada y empozada.
Dejadme solo, si queréis. Dejadme.
Solo el amor me deje sin palabras.
No he de callar. He de seguir trenzando mi canto. Como un nudo en la esperanza.

Canto coral a Túpac Amaru, que es la libertad


Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto.
Micaela Bastidas
Lo harán volar con dinamita. En masa, lo cargarán, lo arrastrarán. A golpes le llenarán de pólvora
la boca:
Lo volarán:
¡y no podrán matarlo!
Lo pondrán de cabeza. Arrancarán sus deseos, sus dientes y sus gritos.
Lo patearán a toda furia. Luego lo sangrarán:
¡y no podrán matarlo!
Coronarán con sangre su cabeza; sus pómulos, con golpes. Y con clavos sus costillas. Le harán
morder el polvo.
Lo golpearán:
iy no podrán matarlo!
Le sacarán los sueños y los ojos.
Querrán descuartizarlo grito a grito.
Lo escupirán. Y a golpes de matanza lo clavarán:
¡y no podrán matarlo!
Lo pondrán en el centro de la plaza, boca arriba, mirando al infinito.
Le amarrarán los miembros. A la mala tirarán:
¡y no podrán matarlo!
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.
Querrán descuartizarlo, triturarlo, mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.
Al tercer día de los sufrimientos, cuando se crea todo consumado, gritando ilibertad! sobre la
tierra, ha de volver.
Y no podrán matarlo.

Manuel Scorza
Epístola a los poetas que vendrán
Tal vez mañana los poetas pregunten por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
tal vez mañana los poetas pregunten por qué nuestros poemas eran largas avenidas por donde
venía la ardiente cólera.
Yo respondo:
por todas partes oíamos el llanto, por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
¿ba a ser la Poesía una solitaria columna de rocío?
Tenía que ser un relámpago perpetuo.
Mientras alguien padezca, la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire el pan con envidia, el trigo no podrá dormir;
mientras llueva sobre el pecho de los mendigos, mi corazón no sonreirá.
Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
No digáis el romance de los lirios.
Hay cosas más altas que llorar amores perdidos:
el rumor de un pueblo que despierta
¡es más bello que el rocío!
El metal resplandeciente de su cólera
¡es más bello que la espuma!
Un Hombre Libre
¡es más puro que el diamante!
El poeta libertará el fuego de su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera donde se queme este mundo sombrío.
El poeta encenderá la hoguera donde se queme este mundo sombrío.

Serenata
Íbamos a vivir toda la vida juntos. íbamos a morir toda la muerte juntos.
Adiós.
No sé si sabes lo que quiere decir adiós.
Adiós quiere decir ya no mirarse nunca, vivir entre otras gentes, reírse de otras cosas, morirse de
otras penas.
Adiós es separarse, ¿entiendes?, separarse, olvidando, como traje inútil, la juventud.
¡lbamos a hacer tantas cosas juntos!
Ahora tenemos otras citas.
Estrellas diferentes nos alumbran en noches diferentes.
La lluvia que te moja me deja seco a mí.
Está bien: adiós.
Contra el viento el poeta nada puede.
A la hora en que parten los adioses, el poeta sólo puede pedirle a las golondrinas que vuelen sin
cesar sobre tu sueño.

Crepúsculo para Ana


Sólo para alcanzarte escribí este libro.
Noche a noche, en la helada madriguera cavé mi pozo más profundo, para que surgiera, más
alta, el agua enamorada de este canto.
Yo sé que un dia las gentes
querrán saber por qué hay tanto rocio en las praderas, yo sé que un dia irán ansiosas a los
campos, seguirán los hilos de los prados, y a traves de las florestas llegarán hasta mi pecho, y
comprenderán,
—lo siento, estoy sintiéndolo—,
que es mi amor quien platea por ti el mundo en las mañanas.
y verás esta hoguera.
Desde ciudades enterradas, desde salones sumergidos,
desde balcones lejanísimos, verás este amor, y escucharás mi voz ardiendo de hermosura, y
comprenderás que sólo por ti he cantado.
Porque sólo por ti estoy cantando.
¡Sólo por ti resplandece mi corazón extraviado!
¡Sólo para que me veas, ilumino mi rostro oscurecido!
¡Solo para que en algún lugar me mires enciendo, con mis sueños, esta hoguera!
¡El Mudo, El Amargo,
El Que Se Quedaba Silencioso, te habla ahora a borbotones, te grita cataratas, inmensidades!
Algún día amarás, alguna vez
en las lianas de la ternura enredada comprenderás que cuando el dolor nos llega es imposible
hablar;
cuando la vida pesa, las manos pesan:
es imposible escrioir.
Hasta que con los años las escamas se nos caen.
Yun día, al volver el rostro, vemos a lo lejos, como remotos barcos encallados,
cosas que creíamos llevar dentro, y miramos que son musgo los amores más ardientes.
¡El hombre enceguecido
no escucha las campanadas silenciosas de la hierba, hasta que encuentra en los caminos, como
culebra, su antigua piel, y reconoce entre las ruinas su vieja máscara oxidada, y descubre
agujeros rotos do eran ojos fulgurantes, porque el tiempo crudelísimo injurió el Rostro Puro, y los
años nos pusieron anteojos de melancolía, con los ojos que se mira la ruina, el otoño,
la grosura de las mujeres!
Surge entonces el Dolor inextinguible, cual surge ahora esta voz que llora por los días hermosos,
cuando la vida era azul.
Porque todo lo que nace ha de morir.
¡No digo más porque me entiendes!
Tú sabes que sólo quiero que, en algun lugar, leas esta carta, antes que envejezcan los carteros
que te buscan a la salida de las iglesias,
entre las recién casadas, a la hora del jazmín rendido.
¡Quiero que el rayo de mi ternura traspase con lanza a los que no conozco, y salte noche
hirviendo a los ojos de los que abran este libro, y en algún lugar un día de este mundo, me oigas
y te vuelvas,
como quien se vuelve extrañado al sentir detrás el resplandor de un incendio, y comprendas que
estoy ardiendo por ti, quemándome sólo para que veas, desde tan lejos, esta luz!
A la hora en que parten los adioses, el poeta sólo puede pedirle a las golondrinas que vuelen sin
cesar sobre tu sueño.

Viento del olvido


Como a todas las muchachas del mundo, también a lla,
tejiéronia
con sus sueños, los hombres que la amaban.
Y yo la amaba.
Pudo ser para otros un rostro que el Viento del Olvido borra a cada instante.
Pudo ser,
pero yo la amaba.
Yo veía las cosas más sencillas volverse misteriosas
cuando Ella las tocaba.
Porque las estrellas de la noche
¡Ella con su mano las semoraba!
Los días de esmeralda, los pájaros tranquilos, los rocíos azules,
¡Ella los creaba!
Yo me emocionaba con sólo verla pisar la hierba.
¡Ah si tus ojos me miraran todavía!
Esta noche no tendría tanta noche.
Esta noche la lluvia caería sin mojarme.
Porque la lluvia no empapa a los que se pierden en el bosque de sus sueños relucientes, y sus
días no terminan y son sus noches transparentes.
¿Dónde estás ahora?
¿En qué ciudad, en qué penumbra, en cuál bosque te desconocen las luciérnagas?
Tal vez mientras escribo, estás en un suburbio, sola, inerme, abandonada...
¡Abandonada, no!
En tu ausencia
mi corazón todas las tardes muere.

Juan Gonzalo Rose


Exacta dimensión
Me gustas porque tienes el color de los patios de las casas tranquilas...
y más precisamente:
me gustas porque tienes el color de los patios de las casas tranquilas cuando llega el verano...
y más precisamente:
me gustas porque tienes el color de los patios de las casas tranquilas en las tardes de enero
cuando llega el verano...
y más precisamente:
me gustas porque te amo.

Ojo de sabio
He gastado en mirar, miradas largas; en amar, largas vidas largas; y en alegría nada.
Ya es hora de sentarme a la sombra de un libro.
Y ser niño.
Por haberme ausentado de la infancia un sauce está llorando
en todos los espejos de mi casa.

La pregunta
Mi madre me decía:
si matas a pedradas a los pajaritos blancos,
Dios te va a castigar; si pegas a tu amigo, el de carita de asno,
Dios te va a castigar.
Era el signo de Dios de dos palitos,
y sus diez teologales mandamientos
cabían en mi mano como diez dedos más.
Hoy me dicen: si no amas la guerra, si no matas diariamente una paloma,
Dios te castigará;
si no pegas al negro, si no odias al rojo, Dios te castigará; si al pobre das ideas en vez de darle
un beso, si le hablas de justicia en vez de caridad,
Dios te castigará.
Dios te castigará.
No es este nuestro Dios,
¿verdad, mamá?

Carta a María Teresa


Para ti debo ser, pequeña hermana, el hombre malo que hacer llorar a mamá.
Yo me interrogo ahora
¿por qué no he amado sólo las rosas repentinas, las mareas de junio las lunas sobre el mar?
¿Por qué he debido amar la rosa y la justicia, el mar y la justicia, la justicia y la luz?
Fui un niño como todos.
También mi infancia la atravesaba un río y tenia una hora misteriosa en la cual las palomas a mi
alma obedecían.
Pero me preguntaba,
¿por qué en mi calle la alegría es un viento fugaz e inesperado?,
¿por qué no siembran trigo también sobre mi pecho, si aquí en mi corazón, todas las noches se
desbordan los ríos?
Por eso fue una noche el rostro de mi madre, astro de cera y llanto en el cielo apagado de mi
celda;
por eso me negaron el Perú en mi desvelo, y vanamente grito:
devolvedme mi patria, devolvedme mi escuela de palomas, mi casa frente al mar, devolvedme su
calle más pequeña, su lámpara más rota, su más ciego lugar.
A pesar de todo esto, para ti debo ser, pequeña hermana, el fantasma que vuelca la sal sobre la
mesa, el mal hado que rompe las puntas de los días: y es que a ti te hace daño ver llorar a mamá.
Mas una tarde, hermana, te han de herir en la calle los juguetes ajenos;
la risa de los pobres
ceñirá tu cintura y andando de puntillas
llegará tu perdón.
Cuando esa hora suene es que amarás las rosas, las mareas de junio, el jardín de diciembre
donde los niños van;
es que amarás mis sueños y mis cosas,
¡sabrás por qué se rompe
fácilmente
por la mitad el pan!
Cuando esa hora suene y se empadrine en padre mi orfandad, iremos de la mano por las calles
de Lima, en trinidad de gozo:
la risa de mamá.

Pablo Guevara
Un iceberg llamado poesía
4
Y de pronto apareció por ahí ese maldito iceberg llamado Poesía o Literatura o Aburrimiento o lo
que fuera con la única condición precisa de no devenir en Aburrimiento
ni por un instante...
Los viajes se podían repetir hasta el Aburrimiento pero una vez llegados allí / a ese cape
borrascoso o Cabo de Nueva Esperanza o cabo furioso ¿vencería una vez más el Aburrimiento /
el más temible malhechor de la Antigüedad
¿el más temido de los Tiempos Modernos?
2/3 de humanidad padece de hambres crónicas
-con frecuencia el tercio restante y muchos de los 2/3 se aburren se aburren inexorable-mente-
demencial-mente tonta-mente se aburren se aburren se aburren...
Naufragando a cada momento en un mar de dementes aburridos navegando en los bajeles
rutinarios del más tonto aburrimiento en un mar de aburridos aburrimientos...
Y había que vencer el Aburrimiento en el mismo huevo a como diera lugar
antes que un campesino enorme musculoso se volviera un guerrero lleno de astucias ¡Herakles
antes que fuera las Columnas de Hércules!
el Peñón de Gibraltar o Escila y Caribdis en el Estrecho de Messina... que nos llenarían de pavor
y harían del barco miles de fragmentos aburridos fotando sobre el mar...
¡Y no aburrise durante cinco días y cinco noches!
¡y poder atravesar el Cabo de Nueva Esperanza con la promesa de poder vencerlo! ¡Cómo no
salir corriendo a comprar pasajes para esa travesía famosa!
Parafraseando a Stevenson: «un barco es como una isla, una porción de sólido rodeado de
aburrimiento por todas partes
¡Qué podía pasar entonces con este mausoleo flotante prometido a la vida y no a la muerte! con
más de trescientos metros de eslora y unos ochenta metros de ancho y alto como un edificio de
once pisos que parecía haber tenido a la muerte larvada en su seno y estar lleno de adormideras
rojas y blancas (opio)
Y como yo no era heredero de nada y no prometia nada a nadie... salvo unas palabras sueltas
unas letras apenas garrapateadas... letras por escribir a mediano y a largo plazo aun por
redactarse...
Yo no podía condenar a nadie a vivir en mi compañía a vivir entre la luz y las tinieblas las tinieblas
y la luz y las soledades por muchos años luz...
Y yo debía.... ¡Jamás aburrirlos. sisucedía ya sabía a qué atenerme...

Mi padre
Tenía un gran taller. Era parte del orbe.
Entre cueros y sueños y gritos y zarpazos,
el cantaba y cantaba o se ahogaba en la vida
Con Forero Y Arteche. Siempre Forero, siempre con Bazetti y mi padre navegando en el patio
y el amable licor como un reino sin fin.
Fue bueno, y yo lo supe a pesar de las ruinas que alcance a acariciar. Fue pobre como muchos.
Luego crecio y creció rodeado de zapatos que luego fueron botas. Gran monarca su oficio todo
crecio con el, la casa y mi alcancia y esta humanidoa
Pero algo fue muriendo lentamente al principio, su fe o su valor los frágiles trofeos, acaso su
pasion algo se fue muriendo con esa gran constancia del que mucho ha deseado.
Se quedo un día, retorcido en mis brazos, como una cosa usada, un zapato o un troje, raiz
inolvidable quedó solo y conmigo.
Nadie estaba a su lado. Nadie.
Más allá de la alcoba, amigos y familia. que sé yo, lo estrujaban.
Murió solo y conmigo. Nadie se acuerda de el.

Luis Hernández
Ezra Pound: cenizas y cilicio
2
Ezra:
Sé que si llegaras a mi barrio
Los muchachos dirían en la esquina:
Qué tal viejo, che' su madre, Y yo habría de volver a ser el muerto
Que a tu sombra escribiera salmodiando
Unas frases ideales a mi oboe.
El milagro se oculta entre lo oscuro
Donde olvido y memoria son tan sólo
Los reflejos de lo áspero y amado, La ilusión que ha surgido de enebro.
Duramente recuerdo tus poemas,
Viejo fioca;
Mi amigo inconfesable.

Mi corazón
Se enredó
Y desde entonces
En tu alma
Dormían los paisajes
Y la flor perpetua
De los jardines
Jamás recorridos. Tú Y una tarde
Que acontece tu
Me hablabas
De algo me hablas
Pero el brillo de tu corazón
Te oculta
Algo me dices
Pero el estruendo De tu alma
Me impide
Sobre el mar
Veíamos el transcurso Del verano las flores
Del Estío las joyas
La armonía que
No debe ser quebrada.

Soy Luchito Hernández,


Soy Luchito Hernández Ex Campeon de peso welter
Poca gente me habla
Hasta oí a alguien
Preguntarme
¿De que te detiendes?
Y yo hublera respondido
Si no silencioso fuera.
Mas bien te defiendo De mi luz. Una luz
Que reuni y me friega.

Ricardo Silva-Santisteban
Poiesis
Al huir del correr de mi sangre
Te persigo en el polvo
En las arenas
Y en los ríos
En imágenes subiendo y descendiendo por el aire
Con pájaros enloquecidos
Árboles sin hojas
Hojas sin palabras
Persigo la implacable sucesión de lo concreto
Cuando retorno al ser primario
Para escuchar el rumor de los manantiales interiores
Creo por tanto en la posesión de los cuerpos
Y en la extinción de las almas
En el temblor de la luz
Cuando despunta el sol de un nuevo día
Ven pues multitud de sonidos
Y quiébrate en las mil aristas del sol y de la lluvia
Mi demonio Poesía

Destino
Hoy día 4 de marzo
Cercano de los cincuenta años de mi edad
Yo un pobre profesor y alumno todavía
Equilibrando aquí mis ganancias y mis pérdidas
Pero amontonando más las pérdidas
(Lo que más gané en los bordes de mi vida)
Esperando con ansias la llamada del destino
Que ha de ser — no lo dudo la muerte
Sorprendiéndome de estar vivo todavía
Cuando otros de más valía ya se fueron
Completo estos horrendos formularios
Cuando senalan las campanas el fin de la jornada
Nos alejamos entonces de los padres
Acercándonos al abismo impenetrable
¿Son muchos cincuenta años?
El Tiempo ha soltado sus amarras y nada lo detiene
¿Son muchas novecientas horas
En el furor del egoísmo?
Recoger un poco de hierba
Apagar un crepúsculo y quebrar su horizonte
Discurrir tembloroso en el sonido
La dicha se paga con esfuerzo
Los errores con un simple recuerdo
Dame tus manos
Hechiza la suerte
Arroja estos años que son solo polvo
En el manto de la tierra.

Fuego de tu fuego
(fragmento)
Nosotros, compañeros del juego de Eros,
solo una cosa deseamos:
ser fuego de tu fuego y abrasarnos.
Edith Södergran
[...]
(Despierta amada despierta
Ya las rosas del atardecer florecen en el aire
Primavera llega de nuevo entre rumores
Cántame de aquel bosque
Que moría entre ocasos y destellos
Cántame de las montañas de tus suenos
Y déjame extinguirme con un canto entre mis sienes
Más allá de la hondura de tus párpados cerrados
Déjame despertar sobre tu espalda
Que preserva los secretos de mis labios
Cuando descansa ya el sol sobre tu frente
En la tardanza y premura de las ropas entreabiertas
Me encuentro absorto entre tus brazos
Y acaricio tu cuerpo dichoso volcado sobre el mío
Beso tus blancos hombros y tus pechos de pluma
Y me disipo entre tus labios y tu aliento
Tus ojos son la respiración de las estrellas
Tus dientes los hilos de plata de la fuente más duice
Tu frente el candor del agua de un pozo
Tus piernas flores vertidas sobre mi pecho
Tu sexo aroma de frutas y de labios
Eres para mí el ardiente minuto de la nube
Cuando los planetas se despeñan
Y el universo se estremece en sus confines
Las nubes nos cubren con sus alas
El ardor del amor es más profundo que el fuego del amor
El amor es el secreto del recuerdo
La caricia de tu cuerpo el acceso a lo infinito
Ha llegado el momento más intenso
Oh música expandida en las estelas de los astros
No hay tiempo ya ni manantiales
Ni una rosa marchita en el tintero
Hay soledad y solitaria tortura
Pues la fruta fue hendida por los dientes del tiempo
No importa entonces haber revivido
Si luego iba a ser quemado por un cuerpo de estrellas
No importa si este fue un invierno de peces y luceros
Si solo iba luego a arder en el recuerdo
O tal vez en el poema
Como el rescoldo de un sueño inacabable
Aquel momento en que bajo la noche tugaz
Y el helecho del alba
Pude llegar a tu abismo
Para escuchar el latido de lo eterno

Oración por una mujer


Abrázame
Como un delirio de sonidos
Como la hiedra profunda Y asi luego me ames
Como el vuelo del árbol
Y asi me ames de nuevo
Como el llegar de la noche Y después ya no te apartes
Así amémonos de nuevo
Como el dia siempre es aurora
Que luego el polvo nos cubra
Y de mí ya no te apartes

Javier Heraud
Poema
El valle de Tarma es grande.
Pero más grande es mi corazón cuando lo miro, pero más amplio es mi pecho cuando aspiro aire,
y aire, cielo y cóndor, martes y jueves, más grande que el río es el hombre, más grande que el
valle son los ojos de tantos caminantes de costado..

El río
1
Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas, voy bajando por las rocas duras, por el
sendero dibujado por el viento.
Hay árboles a mi alrededor sombreados
por la lluvia.
Yo soy un río, bajo cada vez más furiosamente, más violentamente
bajo
cada vez que un puente me refleja en sus arcos.
2
Yo soy un río un río
un río
cristalino en la mañana.
A veces soy tierno y bondadoso. Me deslizo suavemente por los valles fértiles, doy de beber
mites de veces al ganado, a la gente dócil.
Los niños se me acercan de día,
y
de noche trémulos amantes apoyan sus ojos en los mios, y hunden sus brazos en la oscura
claridad de mis aguas fantasmales.
3
Yo soy el río.
Pero a veces soy bravo
y
fuerte
pero a veces no respeto ni a la vida ni a la muerte.
Bajo por las
atropelladas cascadas, bajo con furia y con rencor,
golpeo contra las piedras más y más, las hago una a una pedazos interminables.
Los animales
huyen, huyen huyendo cuando me desbordo por los campos, cuando siembro de piedras
pequeñas las laderas, cuando inundo
las casas y los pastos, cuando inundo
las puertas y sus corazones,
los cuerpos y
SUS
corazones.
4
Y es aquí cuando más me precipito cuando puedo llegar
a
los corazones,
cuando puedo cogerlos por la sangre, cuando puedo mirarlos desde adentro.
Y mi furia se torna apacible, y me vuelvo
árbol,
y me estanco como un árbol, y me silencio como una piedra, y callo como una rosa sin espinas.
5
Yo soy un río.
Yo soy el río eterno de la dicha. Ya siento las brisas cercanas, ya siento el viento en mis mejillas;
y mi viaje a través de montes, ríos, lagos y praderas se torna inacabable.

Canción del amigo


A Degenhart Briegleb, dégale para algunos.
1
Caminamos mucho tiempo
juntos, juntos llegábamos al colegio, juntos dejábamos la bicicleta, peleábamos juntos,
hablábamos, jugábamos, reíamos juntos como siempre y como ahora.
2
Es imposible situarte exactamente.
No recuerdo el preciso momento en que nos
vimos, seguramente fue en las aguas mutuas de la infancia.
(Un banco, una pequeña carpeta, no sé).
Pero mucho tiempo hemos andado juntos:
años que parecen
otoños fríos, días como rayos, fuegos como imágenes.
3
Pero ya no me acuerdo de ti.
Es claro todos pueden
decirme, que si lo conocí tanto tiempo, no puede haberse alejado de mi lado, aunque esté
ausente como
ahora.
Pero para mí no es así.
He visto rostros levemente y los recuerdo aún.
Pero dégale pocas veces
aparece en mis recuerdos:
hoy camino solo, claro, tengo amigos pero ninguno
como él.
4
Compartimos muchas cosas en el colegio: a la vez empezamos a escribir algunos versos que
luego se hicieron poemas con el tiempo.
Él debe seguir escribiendo como yo:
yo en mi suelo, y él desterrado voluntariamente
(bebiendo
fríos, escupiendo nieve, adelantando el aliento por el tiempo.)
5
Si tú supieras qué difícil es vivir entre cadáveres, qué difícil caminar con los ojos cerrados,
porque ya no se puede mirar.
Y aquí (tenías razón, toda la vida seré un niño)
yo vivo entre cadáveres
pero vivo entre los míos
(lo cual es siempre un
consuelo y tú sin embargo
recoges y bebes el polvo de la distancia.
6
Cuando tú te fuiste leíamos a Machado, a Vallejo, con fervor
descubrimos a
Darío,
Hölderlin
nos lo dio a leer Carlos
Espinoza,
Juan Ramón nos alegraba y sonreía.
Hoy Juan
Ramón yace olvidado,
Darío es siempre un poeta lo se, pero ya no me toca.
Conservo, (seguramente también tú)
vivo a Vallejo y a Machado, pero hay otros que surcan mi cabeza, otros que bajan en las noches a
tocar la ventana de mi cuarto.
7
Poco te recuerdo: sin embarao ahora,
quiero elevar un canto enorme de palomas y cantar a tu
regreso, que presiento
durara un
tiempo.
Dos años ya es mucho, mucho tarda tu retorno.

Antonio Cisneros
Cuatro boleros maroqueros
1
Con las últimas lluvias te largaste y entonces yo crei
que para la casa más aburrida del suburbio no habría primaveras
ni otoños ni inviernos ni veranos
Pero no
Las estaciones se cumplieron como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero no me volvieron a preguntar por ti.
2
Para olvidarme de ti y no mirarte miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
Gran Velocidad
Gran Altura.
3
Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible
Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.
4
No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble el triple las hojas de afeitar.

Imitación de Horacio
a)
Si quieres un amor (más o menos) eterno, no descuides detalle ninguno.
Afánate porque tenga la claridad y el peso de lo escrito.
Algo que puedas reclamar.
Estipula los plazos. No te fíes de una sonrisa amable y sin
motivo,
ni de un deseo mayor que lo previsto en las horas del amor.
No brindes la confianza, ni la tomes. Ama y sospecha del latido del día,
del suspiro en la noche donde todo está escrito. Igual que en el papel.
b)
Si optas en cambio, por un amor ligero (olor de hierba que cambia con la brisa)
sumérgete en el caos inevitable de amar y ser amado.
Y siente que cada media hora es (a su modo) una consistente eternidad.

Para hacer el amor


Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha, tampoco es buena la sombra si el
lomo del amante se achichara para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera: que ningún valle o monte quede oculto y
los amantes podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo y entonces
la muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo, los pulmones abiertos, las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.

Marco Martos
Veinticuatro
Aunque sea redundancia, lo repito una y mil veces:
amo al verano, amo al amor, eterna primavera, amo al amor endomingado, amo al amor sencillo
de los días de semana, amo al amor, eso me salva.

Diré algo de ti que suene a cascabeles


Diré algo de ti que suene a cascabeles:
tu piel y tus ojos son literatura, no existen sino cuando te pienso, cuando con violencia te dibujo
y desde el risco más escarpado te arrojo al mar
para darme el lujo de rescatarte.
Cuando sueñas, no existes, ni siquiera cuando balbuceante me cuentas algo de esa noche llena
de luces de bengala y fuegos fatuos.
Cuando te hallas inmersa en esos trajines diarios que te hacen de todos, cuando caminas por
galerías donde estalla la luz, cuando lees un libro, cuando hablas con otro, no existes, en
definitiva
estás borrada del mundo.
Por conceder algo y rematar el poema, diré que eres una planta, vives de noche, de día, ofreces
tus frutos sabrosos.
Pero vengo hacia ti, te miro como un dios, caminas.
Eres por primera vez mujer.
Escrito después de leer un ensayo de Leo Spitzer sobre la poesía de Pedro Salinas)

Cabellera de Berenice
Todo el tiempo me pareces un sueño que camina, sale de sus mares naturales y entra en la vida
causando asombro.
En tu sonrisa percibo el encanto que ejerces y el desencanto tuyo, por ahí, en una veta profunda.
Tú, tan concreta, tan evanescente, (esas contradicciones)
es en el dolor donde mejor te muestras. Te he visto sufrir, Berenice, ¡y de qué manera!, pero has
estado serena en esa oscuridad, y es que tienes luz propia y para ti no hay negro pozo.
He aquí mi utopía y mi trabajo:
llegar a tu centro.
Tengo el convencimiento de ser quien más te conoce, pero esta es mi sabiduría verdadera:
permanezco en los umbrales donde me encegueces, mas conservo los otros sentidos muy
atentos a lo que acontece con tu figura, gusto, tacto, oído, aguzados;
¡cómo hueles, Berenice, tu olor jamás lo equivoco!, ni tu voz suavísima, ni la piel que te contiene
y es tu limite.
Este es mi gusto: permanecer a tu lado, definirme como un hombre de tu bandería, por eso llevo
tu aura, te tomo de la mano, me anudo contigo, viajo en tu cabellera por los espacios siderales.

José Watanabe

Carmen Ollé

María Emilia Cornejo

Enrique Verástegui

Lorenzo Helguero

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