Poemas sobre el amor y la tristeza
Poemas sobre el amor y la tristeza
Poema a la mujer
No nació la mujer para querida, por esquiva, por falsa y por mudable; y porque es bella, débil,
miserable, no nació para ser aborrecida.
No nació para verse sometida, porque tiene carácter indomable; y pues prudencia en ella nunca
es dable, no nació para ser obedecida.
Porque es flaca no puede ser soltera, porque es infiel no puede ser casada, por mudable no es
fácil que bien quiera.
Si no es, pues, para amar o ser amada, sola o casada, súbdita o primera, la mujer no ha nacido
para nada.
Acuérdate de mí
¡Oh cuánto tiempo silenciosa el alma
Mira en redor su soledad que aumenta!
Como un péndulo inmóvil, ya no cuenta Las horas que se van, No siento los minutos cadenciosos
Al golpe igual del corazón que adora, Aspirando la magia embriagadora
De tu amoroso afán.
Ya no late, ni siente, ni aún respira
Petrificada el alma allá en lo interno:
Tu cifra en mármol con buril eterno
Queda grabada en mí.
No hay queja al labio ni a los ojos llanto;
Muerto para el amor y la ventura, Está en tu corazón mi sepultura Y el cadáver aquí.
En este corazón ya enmudecido
Cual la ruina de un templo silencioso, Vacío, abandonado, pavoroso,
Sin luz y sin rumor;
Embalsamadas ondas de armonía
Elevábanse un tiempo en sus altares,
Y vibraban melódicos cantares
Los ecos de tu amor.
¡Parece ayer!... De nuestros labios mudos
El suspiro de ¡Adiós! volado al cielo, Y escondías la faz en tu pañuelo
¡Para mejor llorar!
¡Hoy.... ¡nos apartan los profundos senos De dos inmensidades que has querido, Y es más triste
y más hondo el de tu olvido
Que el abismo del mar!
Pero ¿qué es este mar? ¿qué es el espacio?
¿Qué la distancia, ni los altos montes?
¿Ni qué son esos turbios horizontes
Que miro desde aquí,
Si al través del espacio de las cumbres, De ese ancho mar y de este firmamento, Vuela por el
azul mi pensamiento Y vive junto a ti?
¡Sí yo tus alas invisibles veo, Te llevo dentro el alma, estás conmigo,
Tu sombra soy y adonde vas te sigo
De tus huellas en pos!
¡Y en vano intentan que mi nombre olvides;
Nacieron nuestras almas enlazadas, Y en el mismo crisol purificadas
Por la mano de Dios!
Tú eres la misma aún: cual otros días
Suspéndense tus brazos de mi cuello;
Veo tu rostro apasionado y bello
Mirarme y sonreír;
Aspiro de tus labios el aliento
Como el perfume de claveles rojos, Y brilla siempre en tus azules ojos.
¡Mi sol, mi porvenir!
Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido;
Mi nombre está en la atmósfera, en la brisa, Y ocultas al través de tu sonrisa
Lágrimas de dolor;
Pues mi recuerdo tu memoria asalta, Y a pesar tuyo por mi amor suspiras, Y hasta el ambiente
mismo que respiras
Te repite imi amor!
¡Oh! cuando vea en la desierta playa, Con mi tristeza y mi dolor a solas, El vaivén incesante de
las olas
Me acordaré de ti;
Cuando veas que una ave solitaria
Cruza el espacio en moribundo vuelo, Buscando un nido entre la mar y el cielo,
¡Acuérdate de mí!
La adolescencia
La adolescencia, con la taz de rosa,
Iluminada de candor la frente, Abre las puras alas de su mente,
Ve corto el mundo a su ambición fogosa Y busca el Sol de un inmortal oriente.
Es río que entre flores se desata, Es lago que en su virgen transparencia
Al firmamento del amor retrata
La adolescencia.
Pasan en vuelo asolador los anos, Prodiga la vejez sus desenganos, Se hunde en olvido y noches
la existencia;
Mas siempre el hombre a divisar alcanza
Las horas de ilusión y de esperanza,
La adolescencia.
César Vallejo
Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el
alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo mas fuerte.
Serán tál vez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos
quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una
palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
El poeta a su amada
Amada, en esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso; y Tu
pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.
En esta noche rara que tanto me has mirado, la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su
hueso.
En esta noche de Setiembre se ha oficiado mi segunda caída y el más humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos; se irá secando a pausas nuestra excelsa
amargura; y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos; ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura los dos
nos dormiremos, como dos hermanitos.
Alberto Hidalgo
Estética
Yo conocía la emoción del ritmo;
pero desde el punto que te quise, entiendo
el ritmo de la emoción.
Creía
que la poesía consiste en los ritmos, y en las imágenes, y en la música de las palabras, y en la
rima, y en las bellas frases, y en la armonía o la melodía del verso.
¡Mentira!
la poesía consiste en ir juntando un poquito de emoción a otro poquito de emoción, aunque cada
verso sea solamente una palabra o una modesta
SÍ-
la
-ba.
Y esta estética
la he bebido en tu cuerpo y en tu alma;
porque en ti se hallaba,
sin que tú lo supieras
ni
sos-
ре-
cha-
ras...
Papá
Tenía el padre un parecido grande con la bondad
La misma frente iguales ademanes
Idéntica manera de moverse hacia los lados
Como distribuyéndose en las cosas
Como soltando partes suyas para que las asieran las personas
El padre y la bondad eran sosías
Entiendo que el tórax era poco
Año tras año ampliaba el domicilio en que alojaba el corazón
Y de tal modo éste llegó a ocupar todo su cuerpo
Allí a sus huéspedes brindaba atención de primera
En costumbre de abrazos en que cabían miles
Sin promiscuarse y sin hacinamiento
Porque al espacio su conducta cual si fuera de goma lo estiraba
No era una vela pero ardía
Pasiones contenidas no exportadas quemábanlo
Los libros que pensaba y no escribía eran su incendio
Las lecturas el ver el ansia de escuchar lo combustían
En la voz en las manos en los ojos se le pulsaban 39 grados
Hizo llamar a médicos y su diagnóstico fue absurdo
Por no dar en la tecla y no auscultarle el alma no advirtieron
Que él quería ser cielo y se iba en fuego
En lo que sale de la hoguera en fibra
La profesión que ejerció fue el entregarse
Proporcionaba una amistad de higuera que daba alimento y sombra
Y por eso después de atacarlo la muerte se dio cuenta De que había abatido no solamente a un
hombre sino a un árbol
Aún quedan sus raíces en la tierra
César Moro
Vienes en la noche con el humo fabuloso de tu cabellera
Apareces
La vida es cierta
El olor de la lluvia es cierto
La lluvia te hace nacer
Y golpear a mi puerta
Oh árbol
Y la ciudad el mar que navegaste
Y la noche se abren a tu paso
Y el corazón vuelve de lejos a asomarse
Hasta llegar a tu frente
Y verte como la magia resplandeciente
Montaña de oro o de nieve
Con el humo fabuloso de tu cabellera
Con las bestias nocturnas en los ojos
Y tu cuerpo de rescoldo
Con la noche que regas a pedazos
Con los bloques de noche que caen de tus manos
Con el silencio que prende a tu llegada
Con el trastorno y el oleaje Con el vaiven de las casas
Y el oscilar de luces y la sombra más dura
Y tus palabras de avenida fluvial
Tan pronto llegas y te fuiste
Y quieres poner a flote mi vida
Y sólo preparas mi muerte
Y la muerte de esperar
Y el morir de verte lejos
Y los silencios y el esperar el tiempo
Para vivir cuando llegas
Y me rodeas de sombra
Y me haces luminoso
Y me sumerges en el mar fosforescente donde acaece tu estar
Y donde sólo dialogamos tú y mi noción oscura y pavorosa de tu ser
Estrella desprendiéndose en el apocalipsis
Entre bramidos de tigres y lágrimas De gozo y gemir eterno y eterno
Solazarse en el aire rarificado
En que quiero aprisionarte
Y rodar por la pendiente de tu cuerpo
Hasta tus pies centelleantes
Hasta tus pies de constelaciones gemelas
En la noche terrestre
Que te sigue encadenada y muda
Enredadera de tu sangre
Sosteniendo la flor de tu cabeza de cristal moreno
Acuario encerrando planetas y caudas
Y la potencia que hace que el mundo siga en pie y guarde el equilibrio
de los mares
Y tu cerebro de materia luminosa
Y me adhesión sin fin y el amor que nace sin cesar
Y te envuelve y que tus pies transitan
Abriendo huellas indelebles
Donde puede leerse la historia del mundo
Y el porvenir del universo
Y ese ligarse luminoso de mi vida
A tu existencia
El fuego y la poesía
I
Amo el amor
El martes y no el miércoles
Amo el amor de los estados desunidos
El amor de unos doscientos cincuenta años
Bajo la influencia nociva del judaísmo sobre la vida monástica
De las aves de azúcar de heno de hielo de alumbre o de bolsillo
Amo el amor de faz sangrienta con dos inmensas puertas al vacío
El amor como apareció en doscientas cincuenta entregas durante
cinco años
El amor de economía quebrantada
Como el país más expresionista
Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias
Para adoptar esas sencillas armas del amor
Donde el crimen pernocta y bebe agua clara
De la sangre más caliente del día
II
Amo el amor de ramaje denso
Salvaje al igual de una medusa
El amor-hecatombe
Esfera diurna en que la primavera total Se columpia derramando sangre
El amor de anillos de lluvia
De rocas transparentes
De montañas que vuelan y se estuman Y se convierten en minúsculos guijarros
El amor como una puñalada
Como un naufragio
La pérdida total del habla del aliento
El reino de la somora espesa
Con los ojos salientes y asesinos
La saliva larguísima
La rabia de perderse
El frenético despertar en medio de la noche
Bajo la tempestad que nos desnuda
Y el rayo lejano transformando los árboles
En leños de cabellos que pronuncian tu nombre
Los días y las horas de desnudez eterna
III
Amo la rabia de perderte
Tu ausencia en el caballo de los días
Tu sombra y la idea de tu sombra
Que se recorta sobre un campo de agua
Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo
Que me deshace y te recrea
El tiempo que amanece dejándome más solo
Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en la
somora de los días
Como una bestia desdentada que persigue su presa
Como el milano sobre el cielo evolucionando con una precisión de
relojería
Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti
Con una fatalidad de bomba de dinamita
Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre
Luchando con el dia lacerando el alba
Zafando el cuerpo de la muerte
Yal fin es mio el tiempo Y la noche me alcanza el sueño que me anula te devora
Y puedo asimilarte como un fruto maduro
Como una piedra sobre una isla que se hunde
Antonio es Dios...
ANTONIO es Dios
ANTONIO es el Sol
ANTONIO puede destruir el mundo en un instante
ANTONIO hace caer la lluvia
ANTONIO puede hacer oscuro el día o luminosa la noche
ANTONIO es el origen de la Vía Láctea
ANTONIO tiene pies de constelaciones
ANTONIO tiene aliento de estrella fugaz y de noche oscura
ANTONIO es el nombre genérico de los cuerpos celestes
ANTONIO es una planta carnívora con ojos de diamante
ANTONIO puede crear continentes si escupe sobre el mar
ANTONIO hace dormir el mundo cuando cierra los ojos
ANTONIO es una montaña transparente
ANTONIO es la caída de las hojas y el nacimiento del día
ANTONIO es el nomore escrito con letras de fuego sobre todos los planetas
ANTONIO es el Diluvio
ANTONIO es la época megalitica del Mundo
ANTONIO es el fuego interno de la Tierra
ANTONIO es el corazón del mineral desconocido
ANTONIO fecunda las estrellas
ANTONIO es el Faraón el Emperador el Inca
ANTONIO nace de la Noche
ANTONIO es venerado por los astros
ANTONIO es más bello que los colosos de Memnón en Thebas
ANTONIO es siete veces más grande que el Coloso de Rhodas
ANTONIO ocupa toda la historia del mundo
ANTONIO sobrepasa en majestad el espectáculo grandioso del mar enfurecido
ANTONIO es toda la Dinastía de los Ptolomeos
México crece alrededor de ANTONIO
Y mi corazón
un botón
más
de
mi camisa de fuerza
Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos veo a la calle que está mendiga de pasos.
poema
Para ti
tengo impresa una sonrisa en papel japón
Mírame
que haces crecer la yerba de los prados
Mujer
mapa de música claro de río fiesta de fruta
En tu ventana
cuelgen enredaderas de los volantes de los automóviles
y los expendedores disminuven el precio de sus mercancías
déjame que bese tu voz
Tu voz
QUE CANTA EN TODAS LAS RAMAS DE LA MAÑANA
Martín Adán
Poesía, mano vacía...
—Poesía, mano vacía...
Poesía, mano empuñada Por furor para con su nada
Ante atroz tesoro del Día...
Poesía, la casa umbría
La defuera de mi pisada...
Poesía, la aún no hallada
Casa que asaz busco en la mía...
Poesía se está defuera:
Poesía es una quimera...
¡A la vez a la voz y al dios!...
Poesía no dice nada:
Poesía se está, callada, escuchando su propia voz.
Quarta ripresa
Bien sabe la rosa en qué mano se posa.
Refran de Castilla
Viera estar rosal florido, cogí rosas con sospiro:
vengo del rosale.
Gil Vicente
—La que nace, es la rosa inesperada;
La que muere, es la rosa consentida;
Sólo al no parecer pasa la vida, Porque viento letal es la mirada.
—¡Cuánta segura rosa no es en nada!
¡Si no es sino la rosa presentida!...
¡Si Dios sopla a la rosa y a la vida Por el ojo del ciego... rosa amada!
– Triste y tierna, la rosa verdadera
– Es el triste y el tierno sin figura, Ninguna imagen a la luz primera.
– Deseándola deshójase el deseo...
Y quien la viere olvida, y ella dura...
¡Ay, que es así la Rosa, y no la veo!
Ottava ripresa
How many loved your moment of glad grace, And loved your beauty with false love and true, But
one man loved the pilgrim soul in you, And loved the sorrows of your changing face...
Yeats
Je sais qu'une âme implique un geste
D'où vibre une sonorité
Qu'harmonieusement atteste
La très adéquate clarté.
Gide
—No eres la teoria, que tu espina
Hincó muy hondo; ni eres de probanza De la rosa a la Rosa, que tu lanza Abrió camino as que
descamina.
— Eres la Rosa misma, sibilina
Maestra que dificulta la esperanza
De la rosa perfecta, que no alcanza A aprender de la rosa que alucina.
– ¡Rosa de rosa, idéntica y sensible, A tu ejemplo, profano y mudadero, El Poeta hace la
rosa que es terrible!
– ¡Que eres la rosa eterna que en tu rama
Rapta al que, prevenido prisionero, Roza la rosa del amor que no ama!
Escrito a ciegas
(fragmento)
¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso, De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato.
¿Por qué preguntas quién soy, Adónde voy?... Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro Y sensible volumen de ser mi humano,
Que es un cuerpo y vocación,
Sin embargo.
Si nací, lo recuerda el Año
Aquel de quien no me acuerdo, Porque vivo, porque me mato.
Mi Ángel no el de la Guarda.
Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo, Que me lleva sin término,
Tropezando, siempre tropezando, En esta sombra deslumbrante
Que es la Vida, y su engaño y su encanto.
Cuando lo sepas todo...
Cuando sepas no preguntar...
Sino roerte la uña de mortal, Entonces te diré mi vida,
Que no es más que una palabra más...
La toda tuya vida es como cada ola:
Saber matar,
Saber morir,
Y no saber retener su caudal, Y no saber discurrir y volver a su principio, Y no saber contenerse
en su afan...
Si quieres saber de mi vida,
Vete a mirar al Mar.
¿Por qué me la pides, Literata?
¿gnoras acaso que en el Mundo, Todo de nadas acumuladas, De desengrandar infinitudes,
No sino un trasgo
Eterno, sombra apenas de apetito de algo?
La cosa real, si la pretendes No es aprehenderla sino imaginarla.
Lo real no se le coge: se le sigue, Y para eso son el sueno y la palabra.
¡Cuídate de su atajo!
¡Cuídate de su distancia!
¡Cuídate de su despeñadero!
¡Cuídate de su cabaña!
¿Quién soy? Soy mi qué, Inefable e innumerable
Figura y alma de la ira.
No, eso fue al fin... y era al principio, Antes de donde el principio principia.
Soy un cuerpo de espíritu de furia
Asentada y de aceda ironía.
No, no soy el que busca El poema, ni siquiera la vida...
Soy un animal acosado por su ser
Que es una verdad y una mentira.
¿Es tan simple mi ser, y tal ahogo, Con punzada en nervio y carne!
Yo buscaba otro ser, Y ese ha sido mi buscarme.
Yo no quería ni quiero ya ser yo, Sino otro que se salvara o que se salve, No el del Instinto, que
se pierde, Ni el del Entendimiento, que se retrae.
[...]
Gustavo Valcárcel
I
Te escribo triste un verso alegre, un verso que declare mi amor a tus cabellos y se quede entre ti,
pequeña patria, abrazado a tu cuello, siempre mío.
Desde lejos mi voz se te declara, rocío sobre el tiempo, canto humano, oh, marinera de mi amor
terrestre, oh, campesina de mi amor marino.
Mi voz se te declara y yo me siento el hijo de tus hijos perpetuando tu existencia de amor sobre
la tierra.
Me siento estrella en ti, de ti brillante.
¿Quién ha dicho que en plena medianoche no debe hacerse un canto de amor puro?
Si somos gota de alba entre las sombras cantemos al amor amaneciendo.
Hoy caminan tus pasos en mis versos, puerto de ti, bahía de ti misma, quédate en ellos, ancla en
sus espumas, conviértete en la orilla de sus besos.
Toma el cuaderno de mi juventud, dibuja en él al barco de tus sueños, pinta el timón, las velas, el
destino y zarparemos juntos a vivir.
Escribe en el cuaderno el alfabeto de la dicha soñada por los pobres; te declaro mi amor, escribe
el sí; te declaro mi sí, escribe amor.
Vámonos a querernos junto al pueblo, vámonos a hacer versos desde el pueblo, vámonos a
hacer hijos para el pueblo, que tú misma eres hijos, verso y pueblo.
Te declaro mi amor, ¿me lo recibes?
¡Qué gran felicidad! Ya lo sabía.
Ven hacia mí, voy hacia ti: besémonos, ha nacido el amor sobre la tierra.
VI
Viernes, este es un día para escribir poemas. partiendo desde el alba, a bordo de la vida,
temprano a fin de oir al lado de tus pasos la música veloz que cabalga el rocío.
Este día es un dia para escribir poemas incluso en la cocina, entre verduras pálidas, enfrente del
gran ojo de la sartén tiznada y al lado de la olla que esta hirviendo de amor.
Para escribir también que hoy día estás cosiendo mis calcetines viejos, recorridos de mundo,
que estás blanqueando el cuello de mi alma de estudiante o planchando una tarde que lucirá
mañana.
Yo podría este viernes sollozar de vigilia, pero no lo deseo, me opongo carnalmente, prefiero
recitar un poema en la cama, mientras ahorramos besos para los nuevos viernes.
Haré un poema al plato de las mil papas fritas me inspiraré en el alma devota de los panes
haré un libro completo que embriagara a las uvas y que hará sonreír a la propia cebolla.
Y porque este es un día para escribir poemas te digo tiernamente y seguiré diciendo: tú serás un
puñado de rosas en mi vida y serás un puñado de versos en mi muerte.
X
Tras la noche está el alba, tras lo viejo lo nuevo, en la semilla un árbol y un ser nuevo en la
madre;
así mi amor hoy siemora tu poema final, porque aquí callaré y quién sabe hasta cuándo.
Debo viajar al mundo a seguir otras luchas, debo escribir del pobre que se muerde la frente, urge
dejar al niño un amor más extenso, que te comprenda a ti y que comprenda al mundo.
Hoy debo despedirme de esta forma de hablar.
No, amor, no me arrepiento: lo bello quedará, y si algo bello ha habido en todos estos versos, si
un verso vivirá, ese verso eres tú.
Hoy debo despedirme, mas no te pongas triste, con el viento de mí seguiré yo besándote;
pasarán muchos años y en este libro tuyo escucharás mi voz de amante que ha partido.
Como todo termina, mi corazón un día dejará de latir. Sin embargo, estas páginas dedicadas a ti
proseguirán latiendo cada vez que las leas y repases mi amor.
Adiós, no llores, piensa que cuando seas lirio, mañana, nuestros hijos nos tendrán a su alcance y
hablarán con nosotros bajo las tardes bellas al deshojar la brisa que en tu nombre escribí.
No importa que la lluvia nos borre contra el tiempo y todo acabe en yerba, porque si un eco
humano recoge tus poemas terrestres que aquí acaban dormiremos tranquilos, gozosos en la
muerte.
Cuerpo enamorado
Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo enamorado
Y no soy yo que veo sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el remanso y rie
Amo el espejo en que contemplo
Mi espesa barba y mi tristeza
Mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
Mi glande puro y mis testículos
Repletos de amargura
Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora
Primera muerte de María
A pesar de sus cabellos opacos, de su misteriosa delgadez, de su tristeza áurea y definitiva
como la mía, yo adoraba a mi esposa, alta y silenciosa como una columna de humo.
María vivía en un barrio pobre, cubierto de deslumbrantes y altísimos planetas, atravesado de
silbidos, de extrañas pestilencias y de perros hambrientos.
Humedecido por las lágrimas de María
todo el barrio se hundía irremediablemente en un rocío tibio.
María besaba los muros de las callejuelas y toda la ciudad temblaba de un violento amor a Dios.
María era fea, su saliva sagrada.
Las gentes esperaban ansiosas el día en que María, provista de dos alas blancas, abandonase la
tierra sonriendo a los transeuntes.
Pero los zapatos rotos de María, como dos clavos milenarios, continuaban fijos en el suelo.
Durante la espera, la muchedumbre escupía la casa, la melancolía y la pobreza de María.
Hasta que aparecí yo como un caballo sediento y me apoderé
de sus senos.
La virgen espantada derramó una botella de leche y un río de perlas
sucedió a su tristeza.
María se convirtió en mi esposa.
Algún tiempo más tarde, María caía a tierra envuelta en una llamarada.
Esposo mío —me dijo— un hijo de tu cuerpo devora mi cuerpo.
Te ruego, señor mío, devuélveme mi perfume, mi botella de leche, mi barrio miserable.
Yo le acerqué su botella de leche y le hice beber unos sorbos redentores.
Abrí la ventana y le devolví su perfume adorado, su barrio polvoriento.
Casi enseguida, una criatura de mirada purísima abrió sus ojos ante mí, mientras María cerraba
los suyos cegados por un planeta de oro: la felicidad.
Yo abracé a mi hijo y cai de rodillas ante el cuerpo santo de mi esposa: apenas quedaba de él un
hato de cabellos negros, una mano fría sobre la cabeza caliente de mi hijo.
¡María, María —grité nada de esto es verdad, regresa a tu barrio oscuro, a tu melancolía, vuelve a
tus callejuelas estrechas, amor mío, a tu misterioso llanto de todos los días!
Pero María no respondía.
La botella de leche yacía solitaria en una esquina, como en un cono de luz divina.
En la oscuridad circundante, toda la ciudad me reclamaba a mi hijo, repentinamente henchida de
amor a María.
Yo lo confié al abrigo y la protección de algunos bueyes, cuyo aliento cálido me recordaba el
cuerpo tibio y la impenetrable
pureza de María.
Blanca Varela
Juego amoroso
las manos a la altura del aire a dos o tres centímetros del vacío
no se mirará nada preciso la polvareda que pasa el inesperado cortejo de plumas
arrancadas al vuelo
la nubecilla rosada y tonta
que ya no es
el cierraojos y el ábrelos en la breve opacidad de una luz que no se ve
y el sueño pies de goma
y azules y brillantes las estrellas
rientes
párpado sobre párpado
labio contra labio
piel demorada sobre otra
llagada y reluciente
hogueras
eso haremos a solas
Casa de cuervos
porque te alimenté con esta realidad mal
cocida
por tantas y tan pobres flores del mal por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío
no es tuya la culpa ni mía
pobre pequeño mío del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce y la hermosisima distancia de tu cuerpo
tu náusea es mia
la heredaste como heredan los peces la
asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera bajo el que sombras tejen sombras y
tentaciones
y es mía también la huella de tu talón estrecho de arcángel
apenas posado en la entreabierta ventana y nuestra para siempre la música extranjera de los
cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
Juegas con mis huesos y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
como tu sangre que ya no deja lugar para nada ni nadie
aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa de tus pasos a todas las primaveras que inventas y destruyes
a tenderme —nada infinita— sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya que ilumine mis restos
porque así es este amor que nada comprende y nada puede
bebes el filtro y te duermes en ese abismo lleno de ti música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris que es despertar en la gran palma de dios calva vacía sin extremos y allí te
encuentras
sola y perdida en tu alma sin más obstáculo que tu cuerpo sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y él mismo con tantos nombres que a ninguno responde y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
adonde no has de volver
Alejandro Romualdo
Sobre la infancia
La infancia nos llena la cabeza de luciérnagas, de polvo las rodillas y los ojos nos cubre
dulcemente. La infancia nos llena las manos de globos y limosnas; la boca, de pitos y azucenas y
nos cubre las espaldas con sus plumas de cigüeña.
En la infancia son monarcas los ratones y los dientes.
¡Oh la infancia, la hora blanca del reloj, el tierno silabario, el bonete de los ángeles y el duende!
Uno se siente nuevo, herido por un corcho, muerto heroicamente sobre un caballo de madera:
amo mi infancia, mi corazón en pantalones cortos.
En alta voz
No he de callar.
Quevedo
No he de callar mordiéndome la vida, callar con todo el cuello, muerto o vivo.
Debo decir palabras desolladas, o taparme la boca con un grito
de sol, de paz, de amor. Es necesario, trinar a plena luz, echarse el alma a la esperanza, alzarse
hacia la vida.
Es necesario un vuelo de campana
doblando a sol. A paz en sol mayor.
Ya que esta herida del Perú nos habla con la voz de la sangre tinta en turia.
No he de callar mordiendo mis palabras.
Debo gritar: caer de boca al viento.
Sosteniendo una luz y una tonada.
Y no callar: caer de voz al tiempo con la boca cerrada y empozada.
Dejadme solo, si queréis. Dejadme.
Solo el amor me deje sin palabras.
No he de callar. He de seguir trenzando mi canto. Como un nudo en la esperanza.
Manuel Scorza
Epístola a los poetas que vendrán
Tal vez mañana los poetas pregunten por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
tal vez mañana los poetas pregunten por qué nuestros poemas eran largas avenidas por donde
venía la ardiente cólera.
Yo respondo:
por todas partes oíamos el llanto, por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
¿ba a ser la Poesía una solitaria columna de rocío?
Tenía que ser un relámpago perpetuo.
Mientras alguien padezca, la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire el pan con envidia, el trigo no podrá dormir;
mientras llueva sobre el pecho de los mendigos, mi corazón no sonreirá.
Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
No digáis el romance de los lirios.
Hay cosas más altas que llorar amores perdidos:
el rumor de un pueblo que despierta
¡es más bello que el rocío!
El metal resplandeciente de su cólera
¡es más bello que la espuma!
Un Hombre Libre
¡es más puro que el diamante!
El poeta libertará el fuego de su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera donde se queme este mundo sombrío.
El poeta encenderá la hoguera donde se queme este mundo sombrío.
Serenata
Íbamos a vivir toda la vida juntos. íbamos a morir toda la muerte juntos.
Adiós.
No sé si sabes lo que quiere decir adiós.
Adiós quiere decir ya no mirarse nunca, vivir entre otras gentes, reírse de otras cosas, morirse de
otras penas.
Adiós es separarse, ¿entiendes?, separarse, olvidando, como traje inútil, la juventud.
¡lbamos a hacer tantas cosas juntos!
Ahora tenemos otras citas.
Estrellas diferentes nos alumbran en noches diferentes.
La lluvia que te moja me deja seco a mí.
Está bien: adiós.
Contra el viento el poeta nada puede.
A la hora en que parten los adioses, el poeta sólo puede pedirle a las golondrinas que vuelen sin
cesar sobre tu sueño.
Ojo de sabio
He gastado en mirar, miradas largas; en amar, largas vidas largas; y en alegría nada.
Ya es hora de sentarme a la sombra de un libro.
Y ser niño.
Por haberme ausentado de la infancia un sauce está llorando
en todos los espejos de mi casa.
La pregunta
Mi madre me decía:
si matas a pedradas a los pajaritos blancos,
Dios te va a castigar; si pegas a tu amigo, el de carita de asno,
Dios te va a castigar.
Era el signo de Dios de dos palitos,
y sus diez teologales mandamientos
cabían en mi mano como diez dedos más.
Hoy me dicen: si no amas la guerra, si no matas diariamente una paloma,
Dios te castigará;
si no pegas al negro, si no odias al rojo, Dios te castigará; si al pobre das ideas en vez de darle
un beso, si le hablas de justicia en vez de caridad,
Dios te castigará.
Dios te castigará.
No es este nuestro Dios,
¿verdad, mamá?
Pablo Guevara
Un iceberg llamado poesía
4
Y de pronto apareció por ahí ese maldito iceberg llamado Poesía o Literatura o Aburrimiento o lo
que fuera con la única condición precisa de no devenir en Aburrimiento
ni por un instante...
Los viajes se podían repetir hasta el Aburrimiento pero una vez llegados allí / a ese cape
borrascoso o Cabo de Nueva Esperanza o cabo furioso ¿vencería una vez más el Aburrimiento /
el más temible malhechor de la Antigüedad
¿el más temido de los Tiempos Modernos?
2/3 de humanidad padece de hambres crónicas
-con frecuencia el tercio restante y muchos de los 2/3 se aburren se aburren inexorable-mente-
demencial-mente tonta-mente se aburren se aburren se aburren...
Naufragando a cada momento en un mar de dementes aburridos navegando en los bajeles
rutinarios del más tonto aburrimiento en un mar de aburridos aburrimientos...
Y había que vencer el Aburrimiento en el mismo huevo a como diera lugar
antes que un campesino enorme musculoso se volviera un guerrero lleno de astucias ¡Herakles
antes que fuera las Columnas de Hércules!
el Peñón de Gibraltar o Escila y Caribdis en el Estrecho de Messina... que nos llenarían de pavor
y harían del barco miles de fragmentos aburridos fotando sobre el mar...
¡Y no aburrise durante cinco días y cinco noches!
¡y poder atravesar el Cabo de Nueva Esperanza con la promesa de poder vencerlo! ¡Cómo no
salir corriendo a comprar pasajes para esa travesía famosa!
Parafraseando a Stevenson: «un barco es como una isla, una porción de sólido rodeado de
aburrimiento por todas partes
¡Qué podía pasar entonces con este mausoleo flotante prometido a la vida y no a la muerte! con
más de trescientos metros de eslora y unos ochenta metros de ancho y alto como un edificio de
once pisos que parecía haber tenido a la muerte larvada en su seno y estar lleno de adormideras
rojas y blancas (opio)
Y como yo no era heredero de nada y no prometia nada a nadie... salvo unas palabras sueltas
unas letras apenas garrapateadas... letras por escribir a mediano y a largo plazo aun por
redactarse...
Yo no podía condenar a nadie a vivir en mi compañía a vivir entre la luz y las tinieblas las tinieblas
y la luz y las soledades por muchos años luz...
Y yo debía.... ¡Jamás aburrirlos. sisucedía ya sabía a qué atenerme...
Mi padre
Tenía un gran taller. Era parte del orbe.
Entre cueros y sueños y gritos y zarpazos,
el cantaba y cantaba o se ahogaba en la vida
Con Forero Y Arteche. Siempre Forero, siempre con Bazetti y mi padre navegando en el patio
y el amable licor como un reino sin fin.
Fue bueno, y yo lo supe a pesar de las ruinas que alcance a acariciar. Fue pobre como muchos.
Luego crecio y creció rodeado de zapatos que luego fueron botas. Gran monarca su oficio todo
crecio con el, la casa y mi alcancia y esta humanidoa
Pero algo fue muriendo lentamente al principio, su fe o su valor los frágiles trofeos, acaso su
pasion algo se fue muriendo con esa gran constancia del que mucho ha deseado.
Se quedo un día, retorcido en mis brazos, como una cosa usada, un zapato o un troje, raiz
inolvidable quedó solo y conmigo.
Nadie estaba a su lado. Nadie.
Más allá de la alcoba, amigos y familia. que sé yo, lo estrujaban.
Murió solo y conmigo. Nadie se acuerda de el.
Luis Hernández
Ezra Pound: cenizas y cilicio
2
Ezra:
Sé que si llegaras a mi barrio
Los muchachos dirían en la esquina:
Qué tal viejo, che' su madre, Y yo habría de volver a ser el muerto
Que a tu sombra escribiera salmodiando
Unas frases ideales a mi oboe.
El milagro se oculta entre lo oscuro
Donde olvido y memoria son tan sólo
Los reflejos de lo áspero y amado, La ilusión que ha surgido de enebro.
Duramente recuerdo tus poemas,
Viejo fioca;
Mi amigo inconfesable.
Mi corazón
Se enredó
Y desde entonces
En tu alma
Dormían los paisajes
Y la flor perpetua
De los jardines
Jamás recorridos. Tú Y una tarde
Que acontece tu
Me hablabas
De algo me hablas
Pero el brillo de tu corazón
Te oculta
Algo me dices
Pero el estruendo De tu alma
Me impide
Sobre el mar
Veíamos el transcurso Del verano las flores
Del Estío las joyas
La armonía que
No debe ser quebrada.
Ricardo Silva-Santisteban
Poiesis
Al huir del correr de mi sangre
Te persigo en el polvo
En las arenas
Y en los ríos
En imágenes subiendo y descendiendo por el aire
Con pájaros enloquecidos
Árboles sin hojas
Hojas sin palabras
Persigo la implacable sucesión de lo concreto
Cuando retorno al ser primario
Para escuchar el rumor de los manantiales interiores
Creo por tanto en la posesión de los cuerpos
Y en la extinción de las almas
En el temblor de la luz
Cuando despunta el sol de un nuevo día
Ven pues multitud de sonidos
Y quiébrate en las mil aristas del sol y de la lluvia
Mi demonio Poesía
Destino
Hoy día 4 de marzo
Cercano de los cincuenta años de mi edad
Yo un pobre profesor y alumno todavía
Equilibrando aquí mis ganancias y mis pérdidas
Pero amontonando más las pérdidas
(Lo que más gané en los bordes de mi vida)
Esperando con ansias la llamada del destino
Que ha de ser — no lo dudo la muerte
Sorprendiéndome de estar vivo todavía
Cuando otros de más valía ya se fueron
Completo estos horrendos formularios
Cuando senalan las campanas el fin de la jornada
Nos alejamos entonces de los padres
Acercándonos al abismo impenetrable
¿Son muchos cincuenta años?
El Tiempo ha soltado sus amarras y nada lo detiene
¿Son muchas novecientas horas
En el furor del egoísmo?
Recoger un poco de hierba
Apagar un crepúsculo y quebrar su horizonte
Discurrir tembloroso en el sonido
La dicha se paga con esfuerzo
Los errores con un simple recuerdo
Dame tus manos
Hechiza la suerte
Arroja estos años que son solo polvo
En el manto de la tierra.
Fuego de tu fuego
(fragmento)
Nosotros, compañeros del juego de Eros,
solo una cosa deseamos:
ser fuego de tu fuego y abrasarnos.
Edith Södergran
[...]
(Despierta amada despierta
Ya las rosas del atardecer florecen en el aire
Primavera llega de nuevo entre rumores
Cántame de aquel bosque
Que moría entre ocasos y destellos
Cántame de las montañas de tus suenos
Y déjame extinguirme con un canto entre mis sienes
Más allá de la hondura de tus párpados cerrados
Déjame despertar sobre tu espalda
Que preserva los secretos de mis labios
Cuando descansa ya el sol sobre tu frente
En la tardanza y premura de las ropas entreabiertas
Me encuentro absorto entre tus brazos
Y acaricio tu cuerpo dichoso volcado sobre el mío
Beso tus blancos hombros y tus pechos de pluma
Y me disipo entre tus labios y tu aliento
Tus ojos son la respiración de las estrellas
Tus dientes los hilos de plata de la fuente más duice
Tu frente el candor del agua de un pozo
Tus piernas flores vertidas sobre mi pecho
Tu sexo aroma de frutas y de labios
Eres para mí el ardiente minuto de la nube
Cuando los planetas se despeñan
Y el universo se estremece en sus confines
Las nubes nos cubren con sus alas
El ardor del amor es más profundo que el fuego del amor
El amor es el secreto del recuerdo
La caricia de tu cuerpo el acceso a lo infinito
Ha llegado el momento más intenso
Oh música expandida en las estelas de los astros
No hay tiempo ya ni manantiales
Ni una rosa marchita en el tintero
Hay soledad y solitaria tortura
Pues la fruta fue hendida por los dientes del tiempo
No importa entonces haber revivido
Si luego iba a ser quemado por un cuerpo de estrellas
No importa si este fue un invierno de peces y luceros
Si solo iba luego a arder en el recuerdo
O tal vez en el poema
Como el rescoldo de un sueño inacabable
Aquel momento en que bajo la noche tugaz
Y el helecho del alba
Pude llegar a tu abismo
Para escuchar el latido de lo eterno
Javier Heraud
Poema
El valle de Tarma es grande.
Pero más grande es mi corazón cuando lo miro, pero más amplio es mi pecho cuando aspiro aire,
y aire, cielo y cóndor, martes y jueves, más grande que el río es el hombre, más grande que el
valle son los ojos de tantos caminantes de costado..
El río
1
Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas, voy bajando por las rocas duras, por el
sendero dibujado por el viento.
Hay árboles a mi alrededor sombreados
por la lluvia.
Yo soy un río, bajo cada vez más furiosamente, más violentamente
bajo
cada vez que un puente me refleja en sus arcos.
2
Yo soy un río un río
un río
cristalino en la mañana.
A veces soy tierno y bondadoso. Me deslizo suavemente por los valles fértiles, doy de beber
mites de veces al ganado, a la gente dócil.
Los niños se me acercan de día,
y
de noche trémulos amantes apoyan sus ojos en los mios, y hunden sus brazos en la oscura
claridad de mis aguas fantasmales.
3
Yo soy el río.
Pero a veces soy bravo
y
fuerte
pero a veces no respeto ni a la vida ni a la muerte.
Bajo por las
atropelladas cascadas, bajo con furia y con rencor,
golpeo contra las piedras más y más, las hago una a una pedazos interminables.
Los animales
huyen, huyen huyendo cuando me desbordo por los campos, cuando siembro de piedras
pequeñas las laderas, cuando inundo
las casas y los pastos, cuando inundo
las puertas y sus corazones,
los cuerpos y
SUS
corazones.
4
Y es aquí cuando más me precipito cuando puedo llegar
a
los corazones,
cuando puedo cogerlos por la sangre, cuando puedo mirarlos desde adentro.
Y mi furia se torna apacible, y me vuelvo
árbol,
y me estanco como un árbol, y me silencio como una piedra, y callo como una rosa sin espinas.
5
Yo soy un río.
Yo soy el río eterno de la dicha. Ya siento las brisas cercanas, ya siento el viento en mis mejillas;
y mi viaje a través de montes, ríos, lagos y praderas se torna inacabable.
Antonio Cisneros
Cuatro boleros maroqueros
1
Con las últimas lluvias te largaste y entonces yo crei
que para la casa más aburrida del suburbio no habría primaveras
ni otoños ni inviernos ni veranos
Pero no
Las estaciones se cumplieron como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero no me volvieron a preguntar por ti.
2
Para olvidarme de ti y no mirarte miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
Gran Velocidad
Gran Altura.
3
Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible
Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.
4
No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble el triple las hojas de afeitar.
Imitación de Horacio
a)
Si quieres un amor (más o menos) eterno, no descuides detalle ninguno.
Afánate porque tenga la claridad y el peso de lo escrito.
Algo que puedas reclamar.
Estipula los plazos. No te fíes de una sonrisa amable y sin
motivo,
ni de un deseo mayor que lo previsto en las horas del amor.
No brindes la confianza, ni la tomes. Ama y sospecha del latido del día,
del suspiro en la noche donde todo está escrito. Igual que en el papel.
b)
Si optas en cambio, por un amor ligero (olor de hierba que cambia con la brisa)
sumérgete en el caos inevitable de amar y ser amado.
Y siente que cada media hora es (a su modo) una consistente eternidad.
Marco Martos
Veinticuatro
Aunque sea redundancia, lo repito una y mil veces:
amo al verano, amo al amor, eterna primavera, amo al amor endomingado, amo al amor sencillo
de los días de semana, amo al amor, eso me salva.
Cabellera de Berenice
Todo el tiempo me pareces un sueño que camina, sale de sus mares naturales y entra en la vida
causando asombro.
En tu sonrisa percibo el encanto que ejerces y el desencanto tuyo, por ahí, en una veta profunda.
Tú, tan concreta, tan evanescente, (esas contradicciones)
es en el dolor donde mejor te muestras. Te he visto sufrir, Berenice, ¡y de qué manera!, pero has
estado serena en esa oscuridad, y es que tienes luz propia y para ti no hay negro pozo.
He aquí mi utopía y mi trabajo:
llegar a tu centro.
Tengo el convencimiento de ser quien más te conoce, pero esta es mi sabiduría verdadera:
permanezco en los umbrales donde me encegueces, mas conservo los otros sentidos muy
atentos a lo que acontece con tu figura, gusto, tacto, oído, aguzados;
¡cómo hueles, Berenice, tu olor jamás lo equivoco!, ni tu voz suavísima, ni la piel que te contiene
y es tu limite.
Este es mi gusto: permanecer a tu lado, definirme como un hombre de tu bandería, por eso llevo
tu aura, te tomo de la mano, me anudo contigo, viajo en tu cabellera por los espacios siderales.
José Watanabe
Carmen Ollé
Enrique Verástegui
Lorenzo Helguero