Vida portuaria en San Blas, siglo XVII
Vida portuaria en San Blas, siglo XVII
México
Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones Históricas
Figuras, mapas y cuadros
(Historia Novohispana 95)
Alain Corbin
1. En este apartado se recurre más a lo anecdótico debido a que, como explica Pilar
Gonzalbo, cada hecho específico está inmerso en el universo mental y es una cons-
trucción elaborada que se ubica en una realidad. Estos casos (privados) deben ser
insertados en lo público para comprender lo cotidiano en una sociedad. Véase
Vivir en…, p. 15-16.
los niveles, edades y oficios entre los que hubo carpinteros, herreros, cala-
fates, aserradores, corchadores, toneleros, marineros, artilleros, grumetes,
pajes, aguadores, vendedores, cocineras, lavanderas, parteras, entre otros.
De la participación de cada uno de ellos, en su respectivo oficio, dependió
el funcionamiento del puerto.
No se sabe mucho de los trabajos que se realizaban durante los viajes que
partían de San Blas. Es de suponer que muchas de las labores que los
hombres desempeñaban eran similares a las realizadas en las embarcacio-
nes que cruzaron el Atlántico, de la cual existen más investigaciones.
Pablo Emilio Pérez-Mallaina ha explicado que los trabajos marítimos exi-
gían total disponibilidad de cada miembro de la tripulación. Cuando la
nave salía del puerto comenzaba el trabajo de gobernarla y mientras los
oficiales desde la popa daban órdenes, la marinería corría por las cubier-
tas cumpliéndolas. Una vez colocado el navío en ruta con vientos favora-
bles, los marinos se dedicaban a labores rutinarias como reparar aparejos,
remendar velas, o simplemente limpiar la cubierta. Sólo un cambio repen-
tino, provocado por vientos, tormentas o agresiones enemigas sacaba a
los hombres de su monotonía. Al caer el sol, tras el rezo de la oración, la
tripulación se dividía en grupos que hacían guardias en turnos para vigi-
lar el viaje.2 Entre los tripulantes, los pajes debían barrer y limpiar la
embarcación, preparar la distribución de alimentos, llamar a la tripulación
a recibir el rancho y recoger la mesa tras la comida. Los grumetes eran
marinos sin reconocimiento oficial por no haber desempeñado el puesto
demasiado tiempo. Ellos y los marinos se encargaban de recoger velas en
medio de tempestades o saltar desde la borda a un bote en pleno océano,
entre otras actividades. El carpintero, el calafate y el buzo se encargaban
del casco de la nave; el cirujano y el capellán de la salud de los cuerpos y
de las almas; el despensero, de los víveres y las raciones; el contramaestre
(...) el agua esta muy cambiada, que es lo que nos señal[a] no estar
muy separados de la costa, pero por el espesa neblina se puede avistar
si non de muy cerca como una legua y media de distancia.4
en caso de mal tiempo o para evitar algún tipo de robo. Los trabajos reali-
zados en el mar dependían en buena medida del objetivo de cada viaje, de
las órdenes que tuvieran que llevarse a cabo o de las condiciones en las que
se hubiera dado la travesía. Lo anterior principalmente se debía a la variada
duración de los viajes o a las diversas condiciones climáticas con las que las
tripulaciones se enfrentaran en los distintos destinos a los que se dirigían.
Los hombres se embarcaban con instrucciones precisas de lo que debían de
hacer durante el viaje; dichas instrucciones generalmente se daban a los
oficiales de mar para que ellos se encargaran de organizar las faenas en la
nave. Algunos de los objetivos de los viajes fueron llevar víveres a las pobla-
ciones del norte, explorar esas costas, buscar asentamientos enemigos, man-
dar mercancías o correspondencia a las Filipinas, traer herramientas, hom-
bres y correspondencia del reino del Perú, entre otros. Como ejemplo sobre
las instrucciones pueden verse las órdenes que fueron entregadas al nave-
gante Juan Pérez para que realizara su viaje de exploración al noroeste en
enero de 1774. Dicho navegante, junto con su tripulación, debía alcanzar
los 60º Norte y desembarcar en los puntos costeros más estratégicos así
como tomar posesión de esa tierra en nombre de la Corona con símbolos
habituales, como clavar una cruz o enterrar botellas que contuvieran docu-
mentos acreditativos de la posesión española; dichos desembarcos no tenían
la finalidad ni el permiso de establecer una fundación. En el caso de que
Pérez y sus hombres vieran establecimientos extranjeros debían limitarse a
informar sobre su emplazamiento, su fuerza y el número de navíos que
tuvieran. Si llegaban a encontrarse con embarcaciones extranjeras debían
evitar el contacto con ellos; de no poder evitarlo, ocultarían su verdadera
misión pretextando que llevaban provisiones a las Californias.5
Una de las principales obligaciones de los oficiales de mar era llevar
diarios de navegación donde registraran sus rumbos, sus cálculos de latitud
y longitud, la configuración de la costa con indicaciones sobre bancos de
arena, escollos e islas y todas las noticias posibles sobre la tierra visitada, sus
habitantes, sus recursos y las incidencias de la navegación (véase figura 9).
De cada viaje existen bitácoras, hechas por los pilotos, en donde se na-
rraron día a día los acontecimientos ocurridos, pero por muy rica que fuera
la información lo cierto fue que los datos que contenían estas bitácoras ge-
neralmente eran técnicos y señalaban los grados por los que se navegaba, las
características de las costas o las cuestiones climáticas. Poco se referían a los
trabajos en el barco, a menos que durante la travesía ocurrieran aconteci-
mientos que rompieran con la monotonía o la normalidad del viaje. La in-
formación obtenida de la vida de las tripulaciones durante las travesías gene-
ralmente va ligada a las desgracias. En un viaje normal y sin problemas la
narración cuenta con pocos detalles. En cambio, una travesía caótica o con-
flictiva es la que cuenta con información respecto a las dificultades padecidas
y un poco sobre la vida que las tripulaciones llevaban en los viajes.6
Los trabajos en altamar en cierta forma estuvieron sujetos a las con-
diciones climáticas que las naves enfrentaban. El mar podía ser traicione-
ro y sobrevivir en él no era tarea fácil. Lo podemos ver en la siguiente
descripción de viaje:
6. Bernabéu explica que desde finales del siglo XVIII las narraciones sobre viajes en el
Pacífico aumentaron considerablemente y fueron cada vez más amenas, principal-
mente por la influencia de las narraciones novelescas y de aventuras de piratas hechas
por los ingleses. Ver El Pacífico…, p. 91-92. En el caso de San Blas las narraciones más
detalladas son las de exploraciones pues era requisito que así se hiciesen, pero estaban
muy lejos de narrar aventuras o casos emocionantes; respecto a los diarios de nave-
gación comunes, éstos eran mucho menos ricos y detallados que los anteriores.
7. AGN, Marina, v. 58, f. 128. Isla Luzón, 7 agosto 1781. Carta del piloto Diego
Choquet al virrey Mayorga.
10. AGN, Historia, v. 329, f. 54-55. Puerto de San Diego, 6 julio 1769. Carta del nave-
gante Vicente Vila al virrey marqués de Croix.
11. AGN, Historia, v. 329, f. 66. México, 14 marzo 1769. Orden de retrasar salida del
paquebot Concepción.
las autoridades. Lo común era preparar las naves para que pudieran zarpar.
En ellas eran subidos objetos y materiales útiles a la navegación (o a las
actividades practicadas durante las travesías) como alimentos, herramien-
tas, cajas de botica y de capellán o armas.18 En caso de que los viajes se
retrasaran o tuvieran que regresar de emergencia, los trabajadores del puer-
to debían estar listos para llevar a cabo las faenas necesarias como trasla-
do de mercancías de una embarcación a otra, reparación de las naves y
abasto de víveres más frescos.
El personal de maestranzas de San Blas era el encargado de arreglar o
sustituir las piezas dañadas de los buques que partían de este puerto. También
reparaba los daños de las naves que llegaban de manera forzosa a esas costas;
dichas embarcaciones provenían de Acapulco, Filipinas o los establecimien-
tos del noroeste e incluso, hacia la década de 1790, de Perú. Los costos de
las reparaciones al parecer eran considerables. Las autoridades del puerto
debían llevar una relación detallada sobre dichos costos. Si las naves perte-
necían al rey las reparaciones corrían a cargo de la Corona y en ese caso se
intentaba reducir lo más posible los gastos. En junio de 1781 la fragata La
Favorita, originaria de San Blas, regresó a este puerto con el casco algo da-
ñado; luego de una revisión, se aconsejó que la nave no fuera carenada. Por
el momento podría continuar navegando siempre y cuando fuese en zonas
poco peligrosas. Es decir que mientras partiera a destinos donde la nave, su
cargamento y sus hombres no corrieran peligro de perderse, no habría ne-
cesidad de hacer gastos en la reparación del casco (véase figura 10).19
18. Algunos de los listados de utensilios útiles a las navegaciones de San Blas pueden
verse en AGN, Marina, v. 52, f. 87-95v. San Blas, 4 junio 1781. Lista de utensilios
y herramientas llevados en las embarcaciones que parten de San Blas; AGN, Ma-
rina, v. 52, f. 166-174v. San Blas, 7 mayo 1781. Lista de utensilios y herramientas
necesarios en las embarcaciones que parten de San Blas; AGN, Marina, v. 52,
f. 24-34. San Blas, 2 agosto 1782. Lista de utensilios y herramientas necesarios en
las embarcaciones que parten de San Blas.
19. AGN, Marina, v. 49, exp. 23, f. 29. 24 julio 1781. Informe sobre las condiciones
en las que se encuentra la fragata Favorita. La imagen que se expone deja ver la
forma en la que para fabricar o reparar naves en ocasiones había que hacer trazos
de ellas señalando cada una de sus partes y por eso se pone como ejemplo.
Este navío el Hércules de nuestro cargo que salió del puerto de Macao
(a donde fue en corso y mercancía del Perú) el 26 de junio varó en
San José del Cabo de San Lucas el 6 del corriente [noviembre]. Perdió
el timón, y ha quedado haciendo agua, la que trae sin intermisión
ocupada una bomba, con el auxilio de veinte hombres que nos facili-
tó aquel pueblo. En este estado, hallándonos frente de ese Departa-
mento de San Blas esperamos del favor de Vuestras Mercedes los más
breves auxilios de que estamos necesitados (...)20
20. AGN, Marina, v. 67, exp. 11, f. 297. A bordo del navío Hércules, 17 noviembre
1784. Solicitud del capitán del navío Hércules Francisco José Mendizábal para arribar
a San Blas. Hay que señalar que el caso de este navío es especial. Se trató de una
embarcación fletada en Cádiz por la Casa de Uztáriz con rumbo a las Filipinas.
Debido a la guerra que estalló entre Inglaterra y España en 1779 se le autorizó ir
a Acapulco vía Cantón. La nave cruzó varias veces el Pacífico haciendo navega-
ciones no acostumbradas. Eso explica que en 1785 llegara a San Blas provenien-
te de Macao, situación que no era la habitual. Al respecto ver Pinzón, “La inser-
ción…”, p. 273.
21. AGN, Marina, v. 67, exp. 10, f. 265-265v. México, 13 enero 1784. Orden de que
cargamento del navío Hércules sea llevado a los almacenes de San Blas.
22. AGN, Correspondencia de Virreyes, v. 70, f. 13v-15. México, 27 agosto 1775. Orden
a autoridades de San Blas de que hagan relación sobre herramientas y repuestos que
hacen falta en el puerto.
23. AGN, Marina, v. 44, f. 305-305v. San Blas, 10 noviembre 1781. Carta del comisario
Francisco de Trillo al virrey Mayorga.
24. AGN, Marina, v. 34, f. 9. México, 31 octubre 1774. Carta de Bruno de Hezeta al
virrey Bucareli.
25. Gutiérrez, San Blas…, p. 95-96.
Lo anterior demuestra que San Blas contaba con los medios necesarios
para proveer a cualquier embarcación que arribara al lugar.28 El personal
que trabajaba en las bodegas del puerto llevaba registro de todo lo que se
guardaba en ellos. Los productos que entraban o salían del lugar eran he-
rramientas, materiales de reparación y posteriormente mercancías de las
embarcaciones
Las funciones del personal del puerto no únicamente significaron traba-
jo físico sino también intelectual. San Blas funcionó como plataforma desde
donde partieron las exploraciones que reconocieron el noroeste novohispano,
y las que posteriormente comunicaron esas regiones con el resto del virrei-
nato. La experiencia adquirida permitió a la oficialidad del lugar elaborar
29. En el estudio introductorio que hace Juan Ortega y Medina a Humboldt, Ensayo…,
se listan las obras hispanas citadas por este viajero. Entre dichas fuentes se hace
mención a múltiples informes marítimos elaborados en San Blas por los oficiales
de mar de ese puerto. Ver p. ccxxiii-cxlii.
30. González, Malaspina…, p. 74-75.
31. Thurman menciona la importante participación de la población civil en las faenas
portuarias, véase Department…, p. 20-21.
32. Estos son productos que desde tiempo atrás obtenían los pueblos de indios de la
región, como antes se mencionó. Véase Ciudad Real, Tratado…, p. 117 y Mota,
Descripción…, p. 43.
las lavanderas, los zapateros, los sastres, los arrieros, los aguadores, entre
otros. Los aguadores tenían la responsabilidad de proveer a las embarca-
ciones de barriles con agua; ellos vigilaban que los arrieros llevaran dichos
barriles hasta las cubiertas. También es de suponerse que, como en otros
establecimientos, los aguadores del puerto cargaban sus odres para vender
agua, ya fuera a los pobladores del puerto o entregarla a los trabajadores
mientras realizaban sus respectivas faenas.33 El personal del lugar también
debía desempeñar labores que no siempre tenían que ver con su trabajo
cotidiano; esto principalmente sucedía cuando se presentaban emergencias
o acontecimientos inesperados en el puerto. Por ejemplo, en septiembre
de 1799 llegó un grupo de niños expósitos que debía ser enviado a las
Californias; su estancia, por breve que fuera, seguramente implicó el tra-
bajo del personal del lugar para alimentarlos, vestirlos y atenderlos en lo
que se hacían a la mar. 34 Otro acontecimiento fueron las inundacio-
nes que se presentaron en el puerto en septiembre de 1781 y que obliga-
ron a las autoridades a trasladar los almacenes de sal a terrenos más altos;
para que dicha labor se hiciera con rapidez tuvo que usarse el mayor nú-
mero posible de trabajadores.35 Los incendios también fueron un problema,
principalmente debido a los materiales con los que estaban hechas las cons-
trucciones del puerto. En una ocasión, la quema que se hizo de un montón
de basura provocó que el fuego se propagara y que muchas de las casas del
puerto fueran reducidas a cenizas, por lo que el personal tuvo que ayudar
a su reconstrucción.36 En otra, un rayo cayó sobre el arsenal, por lo que
37. AGN, Californias, v. 27, exp. 1, f. 3-4. San Blas, 24 agosto 1782. Informe sobre el
incendio que sufrió el arsenal de San Blas.
38. AGN, Marina, v. 34, f. 42v. México, 18 diciembre 1778. Autorización del virrey
Bucareli para que oficiales de mar vivan en Tepic.
Los oficiales que vivían en Tepic contaban con casas propias en las que
vivían con sus familias, mancebas o servidumbre. Sus viviendas general-
mente estaban hechas de materiales más resistentes (tal vez piedra y lodo)
que las que había en el puerto.39 La vinculación que tuvieron con los veci-
nos de Tepic puede apreciarse de cierta manera en algunos de los escánda-
los en los que llegaron a verse involucrados. Un ejemplo claro fue el caso
del oficial de mar Diego Choquet.
Choquet vivía sólo en una casa que tenía en Tepic. Se vio involucra-
do en tres escándalos por las relaciones que mantuvo con mujeres del
pueblo. La primera fue una esclava mulata que pertenecía al teniente
coronel del pueblo, Miguel Marín, llamada María Petrona; todas las no-
ches ella era sacada por la ventana de la casa de su amo y regresada en la
madrugada.40 Al parecer Choquet convenció a Miguel Marín para que le
concediera la libertad a su esclava y la entregara a su madre, quien vivía
en el mismo pueblo. Marín lo hizo y Choquet se la llevó a su propia casa
luego de comprarla,41 pero él la maltrataba; el tío de la chica denunció la
situación al cura y éste se encargó de sacarla de casa de Choquet y llevar-
la a Compostela. Se prohibió al oficial que se comunicara con la esclava,
pero éste se dio maña para llevarla nuevamente a su casa, donde conti-
nuaron los escándalos. Cuando los problemas con el cura comenzaron
de nuevo, Choquet intentó vender a María Petrona con algún vecino del
pueblo, pero no pudo lograrlo.42 Finalmente el cura la llevó a una casa
de recogidas en Guadalajara.43 Posteriormente Choquet se amancebó con
Francisca de la Cruz, vecina del pueblo. Al parecer el oficial también la
sometía a castigos. Ella huyó y pidió ayuda al cura, quien la llevó a casa
39. Así se refleja en los documentos que se refieren a actividades de los oficiales en
Tepic. AGN, Marina, v. 74, exp. 11, f. 80-80v. Tepic, 7 mayo 1787. Carta de Josef
Camacho a José Cañizares.
40. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f.183-184v. San Blas, 16 marzo 1779. Declaraciones
hechas en torno a las acusaciones levantadas en contra de Diego Choquet.
41. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 167-167v. San Blas, 23 noviembre 1778. Declara-
ciones...
42. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 184v-185. San Blas, 16 marzo 1779. Declaraciones…
43. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 183-184v. San Blas, 16 marzo 1779. Declaraciones….
44. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 188v-190v. San Blas, 19 marzo 1779. Declara-
ciones…
45. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 167-167v. 23 noviembre 1778. Declaraciones hechas...
46. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 185v-188. San Blas, 16 marzo 1779. Declaraciones…
(...) y siendo así que vuestra merced no acreditado desde aquel enton-
ces ser cierta la enfermedad que vuestra merced manifiesta en el oficio
de 4 del pasado [octubre] como lo acreditó en la noche del 23 del
corriente el asalto que dio al hospital y casa cural de este pueblo, in-
sultando a todos los individuos que ambas partes se hallaban y andan-
do a caballo por todo el pueblo como se verificó (...)49
47. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 190v-195v. San Blas, 22-27 marzo 1779. Declara-
ciones…
48. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 169-169v. San Blas, 4 octubre 1778. Declaraciones…
49. AGN, Marina, v. 44, exp. 14, f. 173-174. San Blas, 24 noviembre 1778. Declaracio-
nes…
vida de los oficiales de mar en ese pueblo. Eran varios los oficiales que vivían
ahí; todos mantenían relaciones entre sí y con el resto de los habitantes
del lugar y realizaban actividades diversas, ya fueran honestas o no. Algu-
nas veces invertían sus salarios en Tepic en lugar de hacerlo en San Blas y
algunas de esas inversiones se relacionaron con las casas construidas o,
como en el caso anterior, en tierras en la misma localidad.
No todos los oficiales vivieron lejos del puerto; había quienes se es-
tablecieron en San Blas, en el cerro de San Basilio. Al parecer las casas de
los oficiales de alto nivel estaban mejor construidas y ubicadas que las del
resto de los habitantes del puerto. Había viviendas que contaban con
varios cuartos, aunque eso seguramente dependió del nivel social y eco-
nómico de sus dueños. Algunas de las casas fueron de dos pisos: la parte
superior servía de vivienda y la inferior podía funcionar como bodega.50
Cuando las casas contaban con cuartos extra los propietarios podían ren-
tarlos a miembros de las tripulaciones que estaban en el puerto esperando
el momento de embarcarse. La negociación podía incluir asistencia de
alimento y lavado de ropa, lo que significaba que los caseros se hacían
cargo de esas actividades a cambio de dinero extra.51 Para ejemplificar
tanto la vivienda como la convivencia de algunos de los oficiales de mar
en el puerto puede verse el caso del contramaestre Carlos Ortega. Éste
tenía una casa de dos plantas en el puerto. La parte de abajo funcionaba
como bodega mientras que la de arriba era donde vivía con su esposa, una
hija adoptada y una sirvienta con sus respectivos hijos (estos últimos
dormían en la cocina). Ortega se ausentaba por temporadas de su casa
debido a las travesías en las que participaba y a principios de 1793 regresó
a San Blas luego de un viaje que hizo a Nutka. Al llegar a su casa se en-
contró con la noticia de que en ella vivía de manera temporal el sangra-
dor Luis Gálvez con su ayudante de 12 años. El sangrador había frecuen-
tado la casa con regularidad y posteriormente hizo arreglos con la esposa
50. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 2v. 29 marzo 1793. Proceso civil en contra
del sangrador Luis Gálvez.
51. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 18v. 17 abril 1793. Proceso civil...
de Ortega para que lo dejara comer ahí.52 Gálvez había sido asignado
para viajar en la goleta Mexicana, por lo que dejó el cuarto que rentaba para
embarcarse; pero el viaje se retrasó y Gálvez ya no pudo regresar a su vi-
vienda anterior porque ya había sido rentada a otra persona. Por ese mo-
tivo el sangrador pidió a la esposa de Ortega le permitiera vivir en su casa,
en la bodega, en lo que se embarcaba. El nuevo arreglo incluyó asistencia
de alimentos.53 La presencia de Gálvez en su casa no gustó a Ortega, pero
no dijo nada para evitar escándalos; además, supuso que la estancia de
aquel sería por poco tiempo. Sin embargo, la goleta Mexicana nuevamen-
te retrasó su partida, lo que significó la prolongación de la estancia del
sangrador en casa del oficial. A éste le molestaba ver que el extraño dis-
ponía de su casa como si fuese la propia, así como el hecho de que su
esposa y su hija le prodigasen cuidados. Un día vio a la hija preparándole
al sangrador agua de tamarindo; mas tarde la vio entrando en la cocina
para hacerle su cena. A su esposa la vio platicando con el sangrador en la
estancia de su casa. La tensión entre ambos hombres fue tal que la tarde
del 28 de marzo de 1793 tuvieron un enfrentamiento en la calle. Ortega,
algo tomado, llegó a su casa dando gritos, insultó a todos y amenazó con
quemar la vivienda. Gálvez salió y Ortega intentó golpearlo con un palo;
el sangrador terminó clavándole al contramaestre la punta de una espada
en el pecho. Por suerte para Ortega por el lugar paseaban un artillero de
mar llamado Antonio Romero y un empleado del puerto llamado Silvestre
Miranda.54 Ambos separaron a Ortega y a Gálvez; al primero lo llevaron al
hospital y le buscaron inmediatamente al cura, mientras que el otro fue
llevado a la Iglesia y posteriormente a la cárcel del puerto.55 Luego del in-
cidente, los vecinos recomendaron a la hija y a la esposa de Ortega salirse
52. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 16-16v. Marzo 1793. Proceso civil... (De-
claración de sirvienta Juana Francisca Cárdenas).
53. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 18v-23. 17 abril 1793. Proceso civil...
(Declaración del sangrador Luis Gálvez).
54. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 14v-16. 12 abril 1793. Proceso civil... (Decla-
raciones de testigos Antonio Romero y Silvestre Miranda).
55. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 2-5v. 29 marzo 1793. Proceso civil...
(Declaración del contramaestre Carlos Ortega).
56. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 13-14. 12 abril 1793. Proceso civil... (De-
claración de María Ignacia, hija del contramaestre Carlos Ortega).
57. AGN, Californias, v. 56, exp. 15, f. 202. 8 marzo 1784. Informe sobre inmueble que
es usado como hospital.
58. Thomas Gage describió las casas de Veracruz de la siguiente forma. “No paramos
mucho la consideración en los edificios, porque todos son de madera, tanto las
iglesias y los conventos como las casas particulares. Las paredes de la casa del ve-
cino más rico son de tablas, y esto y la violencia de los vientos del norte han sido
causa de que la ciudad se haya reducido a cenizas en diversas ocasiones.” Véase
Nuevo reconocimiento de las Indias Occidentales, introducción y edición de Elisa
Ramírez Castañeda, México, SEP/80, FCE, 1982, p. 88.
otro edificio del rey están hechos con alguna solidez, pero son estrechas
y mal repartidas.59
salir del lugar como si fuese un vecino más. Sin embargo, dicha relación
no prosperó y Mónica comenzó a frecuentar a otro hombre llamado Da-
macio Pano, originario de Acapulco. Él preguntó a Mónica si era mujer
libre, a lo que ella respondió que sí, que antes había tenido amistad con
otro hombre pero que ya lo había dejado. Pano era ahora quien frecuenta-
ba la casa. Una mañana de enero de 1798 fue a visitar a Mónica a la hora
del almuerzo para llevarle alimentos; saludó a las mujeres que estaban ahí
haciendo la comida (preparando lo que les llevarían a sus esposos). Pano
platicaba con Mónica cuando oyó pasos en las escaleras, pero pensó que
era gente de la misma casa. De pronto, sintió una herida en la espalda y,
sin saber quién lo atacaba, se defendió y se ocultó entre las sábanas que
colgaban en el patio; finalmente logró escapar de su agresor y llegar al
hospital para que lo atendieran y confesaran. Las mujeres, quienes presen-
ciaron la agresión, informaron que el atacante fue el grumete Ignacio
Casillas. Él pasó por la escalera saludándolas y diciéndoles que iba por unos
zapatos, pero se le fue encima a Pano y lo hirió en la espalda; posterior-
mente tomó a Mónica y la sacó de la casa. Casillas, luego de la agresión
que cometió, pidió refugio en la iglesia del pueblo y posteriormente fue
conducido al cuartel del lugar. Ahí confesó que nunca había visto antes a
Pano, que lo atacó debido a que le incomodó verlo hablando con Mónica
“llenándose de ira de ver a este sujeto que jamás había entrado en la no-
minada casa.”62
Con el ejemplo anterior puede verse que el tipo de viviendas de San
Blas no parece haber sido demasiado diferente al de otras poblaciones.
Había casas comunales donde vivían muchas personas y en ellas la convi-
vencia debió ser intensa, principalmente durante los momentos en los que
todos desarrollaban una misma actividad, como la hora de la preparación
de los alimentos. Al parecer las mujeres se quedaban en las casas mientras
que los hombres salían de ahí para trabajar. En dichas casas podían entrar
y salir personas ajenas a ellas, aunque seguramente debido a algún tipo de
62. AGN, Indiferente de Guerra, v. 527-A. San Blas, enero 1798. Proceso civil en contra
del grumete Ignacio Casillas. Todo el caso está en diversas fojas de este volumen, pero
no están numeradas.
relación con los habitantes de la misma; eso hace suponer que existían
vínculos entre los habitantes del puerto en general.
La convivencia entre las tripulaciones y la gente del pueblo podía crear
vínculos de solidaridad y de comunicación, pero también fuertes tensiones
y riñas.63 A pesar de que las autoridades portuarias hicieron el intento de
separar a los trabajadores del puerto del resto de los habitantes, en realidad
no lograron su cometido y todos formaron parte de una misma población
marítima.
66. AGN, Marina, v. 58, f. 1-2. San Blas, 25 abril 1782. Carta del comisario Trillo al
virrey Mayorga.
67. AGN, Californias, v. 79, exp. 7, f. 27 [julio 1779]. Bando donde se prohíbe estableci-
miento de estanco de mezcal en San Blas.
68. AGN, Marina, v. 52, f. 320-320v. San Blas, 28 febrero 1781. Carta del comisario
Francisco de Trillo al virrey Mayorga.
Por otro lado, había diferentes lugares para hombres en los que podían
reunirse y divertirse al final de sus jornadas. En el puerto, en una casa de
zacate, se estableció una mesa de trucos. La casa debía dejar de funcionar
a las diez de la noche y no debía recibir personas de “segunda clase”.69
Parecía ser un lugar especial para oficiales y personal apto para convivir
con ellos. Los dueños de la mesa de trucos no respetaron las restricciones
que les dieron. La casa no se apegó a los horarios indicados y muchas veces
terminaban de jugar pasadas las once de la noche. Esto provocó descon-
tento y temor entre los pobladores del puerto porque era peligroso mante-
ner fuego en las casas a altas horas. Debido al material del que estaban
hechas la mayor parte de las viviendas los pobladores de San Blas debían
de apagar todo tipo de fuego a las 7:30 en invierno y a las 8:00 en verano.70
Por dicho motivo esas reuniones fueron criticadas, a pesar de que a ellas
asistían algunas de las autoridades y de los oficiales de mar.
En un lugar como San Blas los desórdenes públicos también estuvieron
presentes. Hay que recordar que los hombres de mar tenían fama de ser
pendencieros, violentos, rebeldes y malos cristianos, y al parecer hubo
ocasiones en las que se vieron envueltos en desórdenes públicos. Estas si-
tuaciones se veían favorecidas con el hecho de que era común que esos
empleados estuvieran permanentemente armados con cuchillos, así como
de que hubiera población flotante que podía provocar inseguridad, falta de
respeto, malas costumbres, contrabando y robo; todo incrementado por el
disimulo y la tolerancia de las autoridades.71 Muchos de los problemas eran
generados por los mismos habitantes, como puede verse en los escándalos
antes mencionados. También había desórdenes provocados por la llegada
de personal marítimo ajeno al puerto.72 Esto era normal en otros estable-
cimientos costeros: en Veracruz se procuraba que los hombres de mar
69. AGN, Marina, v. 52, f. 436-436v. México, 30 marzo 1781. Autorización para que
Sebastián Luna establezca una mesa de trucos en San Blas.
70. AGN, Marina, v. 49, exp. 92, f. 258-260v. Tepic, 28 septiembre 1781. Carta del
comandante Ignacio de Arteaga al virrey Mayorga.
71. Cárdenas, San Blas…, p. 42.
72. Cárdenas, San Blas…, p. 171.
73. Adriana Gil Maroño habla de las zonas pobres de Veracruz. Ver “Espacio urbano…”,
p. 158-163.
74. Pérez-Mallaina, Los hombres…, p. 21,
75. Haring, Comercio…, p. 370.
marinero Xavier Pineay, ambos de 24 años, paseaban por las calles del
lugar aproximadamente a las seis de la tarde. Vieron en una puerta a Juan
Xalisco, marino del puerto a quien conocieron en una pulpería el día an-
terior. Al ser un rostro familiar se le acercaron para saludarlo y le pidieron
un poco de agua. El recibimiento que tuvieron fue hostil ya que el marino
comenzó a injuriarlos y amenazarlos de muerte; los corrió del lugar dicién-
doles que no los quería alrededor de su casa. Los dos artilleros se fueron
de ahí para evitar escándalos, pero el marino los alcanzó, continuó gritán-
doles e incluso comenzó a golpear a Pineay con un palo. Los agredidos
sacaron sus cuchillos y lograron que el marino huyera. Un calafate del
puerto que pasó por ahí fue testigo de que era Xalisco quien los agredía y
continuamente se les iba encima con el palo; incluso este calafate intentó
separarlos en dos ocasiones.76 Los visitantes avanzaron por el puerto y
Xalisco los volvió a alcanzar pero esta vez con una cuadrilla de compañeros.
A Añasco le tiraron tres puñaladas que pudo esquivar. Los agredidos echa-
ron a correr por el monte y se separaron. Añasco logró llegar a la pulpería
pero poco después llegó Xalisco, quien lo insultó, lo obligó a salir del lugar
y le tiró una puñalada al pecho; Añasco metió la mano y logró evitar que
lo apuñalara, pero su mano fue perforada por el cuchillo y tuvo que ser
llevado al hospital.77 La versión de Juan Xalisco fue que él hablaba con una
mujer conocida suya (de la cual ignoraba el nombre) cuando pasaron
Añasco y Pineay; intentaron trabar conversación con la mujer y Xalisco les
pidió que esperaran a que él terminara de hablar con ella. Los visitantes lo
insultaron; mas tarde los volvió a encontrar y se enteró de que hablaban
mal de él a sus espaldas y por ese motivo hirió a Añasco en la mano.78
Lo anterior muestra que los pelitos entre personal marítimo, tanto del
puerto como de las embarcaciones que arribaban a él, existían y posible-
76. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 5-5v. San Blas, 1798. Proceso civil contra
marinero Juan Xalisco (testimonios del calafate Juan Barreras).
77. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 3-5. San Blas, 1798. Proceso civil... (tes-
timonios de Xavier Pincay y de Pacual Añasco).
78. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 5v-6. San Blas, 1798. Proceso civil... (testi-
monio de Juan Xalisco).
mente con cierta regularidad. Los hombres estaban armados con cuchillos
en todo momento, ya que éste era una herramienta de trabajo. Las tripu-
laciones podían bajar y recorrer el pueblo de San Blas con relativa libertad,
pero seguramente había limitantes que mucho tenían que ver con las au-
toridades de sus embarcaciones. La convivencia de los visitantes con los
habitantes del lugar seguramente no siempre fue amistosa y pudo desen-
cadenar algunos disturbios locales. Los desórdenes públicos causados por
las marinerías del puerto es probable que fuesen comunes. Al parecer, re-
gularmente había hombres que cometían delitos y acudían a la Iglesia a
refugiarse; de ahí eran conducidos a la cárcel del puerto.79
Para castigar a los pendencieros las autoridades tenían implementados
ciertos métodos que variaban de acuerdo a la gravedad del delito cometido.
En San Blas el encargado de impartir la justicia era el comandante quien
investigaba los acontecimientos a partir de testimonios. Luego de escuchar-
los se dictaba la sentencia. Es posible que los castigos también variaran no
sólo a partir del delito, sino del nivel social y laboral de los acusados. Por
ejemplo, el marino Juan Xalisco, hombre de bajo nivel, fue condenado a
6 años de presidio;80 al sangrador Luis Gálvez lo condenaron a trabajar 6 años
en la Compañía de Acapulco;81 en cambio al oficial Diego Choquet no lo
condenaron y siguió con sus actividades cotidianas. Seguramente los desór-
denes y los castigos implementados para los acusados fueron muy llamativos
para la población del puerto.
Los desórdenes públicos también eran causados por la forma de actuar
de la población del lugar. Los escándalos acaecidos en el puerto provocaron
enfrentamientos entre las autoridades civiles y religiosas; unos criticaban
el mal comportamiento de los hombres y otros lo justificaban o hacían
caso omiso de él. En abril de 1781 las autoridades virreinales llamaron la
atención del comisario Trillo por permitir el concubinato de muchos hom-
79. Rubial, La plaza..., p. 46, explica que en la Nueva España los asesinos se retiraban
a menudo a los atrios de las iglesias para burlar a la justicia y hacer uso, aunque
sólo temporalmente, del medieval derecho de asilo.
80. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A, f. 6v. San Blas, 1798. Proceso civil...
81. AGN, Indiferente de Guerra, v. 525-A. San Blas, 30 mayo 1798. Proceso civil...
bres y, principalmente, por pelearse públicamente con el cura del lugar que
trataba de evitarlos:
82. AGN, Marina, v. 52, f. 441-441v. México, 4 abril 1781. Orden de que Trillo no
interfiera en labores del cura y en contra del concubinato en San Blas.