TELARES
El telar es una máquina para tejer, construida con madera, en la que se colocan unos
hilos paralelos, denominados urdimbres, que deben sujetarse por ambos extremos;
mediante un mecanismo, estos hilos son elevados individualmente o en grupos,
formando una abertura denominada calada, a través de la cual pasa la trama.
La confección de una prenda no sólo debe entenderse exclusivamente con una finalidad
funcional: abrigarse, sino que responde a una serie de etapas donde interactúan la lana,
el telar, las manos, los tintes, los movimientos corporales y el saber tradicional. Tanto
las prendas como las técnicas textiles tienen un alto valor simbólico, pues resumen
pensamiento y conocimiento (Arendt 2014, pág. 184)
El sonido de los golpes de pala atraviesa los patios, manos incansables deslizan la trama
para formar el tejido bajo la parra, la galería o el enramado. Los pedales del telar criollo
acompañan el ritmo con la subida y bajada de los lizos. La tejedora posee el saber de
dos tradiciones, la americana y la europea.
El telar aldeano europeo de dos o cuatro cuadros que trajeron los jesuitas o los primeros
colonos españoles se adaptó a los patios de tierra, fabricado con postes de maderas de la
zona, y en lugar de peines la herencia andina aportó las palas de madera dura y lisa que
ajustan las pasadas haciendo un tejido bien compacto y parejo. Esas palas son el legado
de abuelas y madres de estirpe tejedora a sus hijas, que las atesoran y utilizan para
continuar con algo que mas allá de una tradición, es un estilo de vida.
Cordoba es una provincia poseedora de un patrimonio cultural muy vasto, rico en
expresiones materiales e inmateriales, pero muchas veces poco conocido o
desvalorizado. Desde el punto de vista arqueológico su territorio albergó a las culturas
prehispánicas más representativas de nuestro país, particularmente a aquellas que
formaron parte del llamado “período de integración regional del Noroeste argentino”.
(Pérez Gollán 1991)
El arte textil ha sido siempre un gran refinamiento, silencioso y discreto como sus
autores, que con sabiduría, con criterio estético y en armonía con la naturaleza que los
rodea, logran transmitir su sentido de pertenencia a la tierra. Preservando el sueño de
sus ancestros, indios, españoles, árabes, conformaron la identidad criolla, capaz de
resistir la sequía y el polvo, las guerras y los saqueos, tejiendo y bordando los cifrados
secretos de la cosmovisión diaguita calchaquí o los paraísos perdidos del viejo mundo.
El Noroeste argentino fue en tiempos anteriores a la colonia un puente cultural y de
intercambio comercial entre la Puna y el Chaco, entre el Pacífico y la Amazonia, como
lo demuestran los hallazgos arqueológicos y los caminos incas que aún perviven.
Catamarca siguió siendo un puente entre culturas, las coloridas flores en bordado chino
de los mantones de Manila se tradujeron a las lanas de la tierra en las colchas
tinogasteñas, terminadas con rejas moriscas a la usanza andaluza, o la seda del monte y
la vicuña que formaron rebozos y mantillas para las damas devotas de la Virgen del
Valle así lo atestiguan.
Quienes valoren este camino y continúen andándolo serán privilegiados poseedores de
un saber único, y los encargados de transmitirlo al ámbito popular, ya que desde el
mundo académico se lo puede estudiar y documentar, pero es el mismo pueblo quien
puede ocuparse de mantenerlo vivo y de hacerlo suyo.
Historia del Tejido en Telar
En la Era Paleolítica (piedra antigua), desde 2.500.000 a.C. hasta los 8000 a.C. años, el
hombre fue en busca de abrigo para protegerse de la intemperie, Imitando a la
naturaleza de los nidos de pájaros y diversas raíces, descubrió fibras vegetales y
animales y comenzó a entrelazarlas hasta formar un tejido.
En la Era Neolítica (piedra nueva), desde 8000 a.C. hasta los 3000 a.C. años
aproximadamente, se desarrolla la industria de los Metales y la rueda, la agricultura, la
domesticación de animales y los primeros telares
El primer telar fue el vertical griego, parecido a un arco de fútbol, en la cual
pendían las fibras desde el travesaño hasta el suelo y colocaban piedras para
tensar las fibras y formar una urdimbre más firme y así tejían desde abajo hasta
arriba. Esta labor facilitó el manejo de las fibras siendo más finas y suaves,
favoreciendo la textura en la indumentaria textil. A este telar lo llamaron
Penélope y se utilizó en Medio Oriente y norte de Europa.
El telar egipcio era similar al de los tapices y alfombras siendo de manera
vertical, de suelo y horizontal.
En América se utilizaban los telares de cintura, en la cual el hombre estaba
sentado en el suelo, con la urdimbre atada al cinturón que llevaba puesto, lo
sujetaba con el peso del cuerpo y tejía manteniendo su posición.
Con el desarrollo de la Humanidad y los avances industriales que iban progresando,
avanzaron la tejeduría con otros modelos de telares que facilitaban el diseño de la trama.
Primero fue el estilo de calada, que permitía levantar los hilos y trazar lizos cortos que
estaban atados a un palo de madera para atravesar la calada y formar la trama. Luego se
inventó el peine, formado por varios palitos de madera con sus orificios y separados por
una ranura. Los hilos se formaban en dos capas, una pasaba por los orificios y otra por
las ranuras. Esto permitía formar una calada favoreciendo al hilo atado al palo atravesar
tantas veces mientras el peine subía y bajaba en cada pasada.
Luego llegaron los telares de pedal, que separaban la urdimbre con la presión de los
pies y accionaban unos bastidores que contenían los lizos que estaban enhebrados.
Leonardo Da Vinci, en el siglo XVI, inventó la lanzadera, que permite realizar los
tejidos en forma manual para completar la labor de manera más eficiente.
Estos telares produjeron un avance tecnológico textil, que aumentó la producción en
gran escala, favoreciendo la economía mundial y la vida de los pueblos.
En la actualidad abundan diferentes tipos de telares que responden a cada uso de
acuerdo con sus necesidades y tiempos, como ser el telar de triángulos, cuadrados,
hexagonales, redondos, de peine también llamado María o sureño, tanto manual como
eléctrico.
Cada tejedor utiliza su telar y lo va trabajando a su modo de hacer, tiempo de hacer y
sentido de hacer.
Los Telares
Vamos a enumerar y describir los diferentes modelos de telares usados, pero antes
vamos a establecer lo más importante; qué es un telar.
Podemos definirlo partiendo de la dinámica del tejido en telar, que es sencillamente el
cruce recurrente de los hilos de urdimbre en cada cruzada al hilo de trama. El telar es
el elemento encargado de mantener alineados y estirados esos hilos de urdimbre,
separados en dos planos para recibir el hilo de trama y cruzarse. Ambos planos
contienen un número igual de hilo de urdimbre, ya que están formados por la mitad de
un par, y uno de los planos tendrá “lizos”, que son cuerdas auxiliares que sujetan los
hilos para facilitar el cruce en forma rítmica y mecánica sin tener que cruzar hilo por
hilo.
Los telares aborígenes poseen lizos movidos manualmente, y si el ancho del tejido
lo justifica, esos lizos se fijan o enhebran en una vara o caña para poder accionarlos a
todos con un solo movimiento (tonon o tononhué para los mapuches).
Los telares criollos, derivado por los traídos por los españoles, tienen otro tipo de lizos,
accionados por pedales o por manijas colgantes.
Telares Aborígenes
Son varios los tipos de telares que los indígenas de Sudamérica nos han legado, y los
vamos a dividir en grandes grupos verticales y horizontales:
Los verticales del Norte Argentino (Chaco) y los del Alto Perú (Tarabuco,
Potolo) consisten en un cuadro formado por dos parantes y dos travesaños. Los
del Sur Argentino y Chileno tienen agregado dos parantes suplementarios para
sostener la vara de los lizos (tonohue), que llaman param-tononhué (Mapuches,
Tehuelches, Patagonia, la Pampa, sur de Mendoza). Actualmente se prefiere
dividir los telares verticales en verticales propiamente dichos y oblicuos.
Creemos que tiene que ver más que nada con la longitud de los largueros
del telar, porque si se apoya contra una pared tendrá cierta oblicuidad, mientras
que si el apoyo es un tronco del techo de la ruca o rancho tenderá a la vertical.
También se vio (y aun se ve) en el sur Argentino y Chileno el telar vertical
afirmado contra dos parantes oblicuos terminados en horquetas. Hay un telar que
también es vertical, pero con particularidades. Es el denominado de faja pampa o
de tablillas. Son dos estacas verticales clavadas en el suelo, a una distancia
equivalente a la longitud deseada para la faja a tejer. La urdimbre no es vertical
sino transversal, posee generalmente un solo lizo y varias tablitas o palitas para
mantener el cruce y para sostener los hilos elegidos para el dibujo.
Entre los telares aborígenes horizontales se destaca el de suelo o de cuatro
estacas. Estas estacas se clavan firmemente en la tierra formando los vértices de
un rectángulo y allí se traban los travesaños para mantener la urdimbre tensa,
que queda casi tocando el piso. Aquí, los lizos apoyan directamente sobre la
urdimbre, en tanto que en otro tipo se agregan dos horquetas para sostener la
vara del lizo. Como estas estacas están frecuentemente clavadas a cielo abierto,
las tejedoras, destraban por la noche la urdimbre, la envuelven y la guardan en
su rancho, para volver a desplegarla el día siguiente. A veces, la tejedora se
sienta sobre la tela ya tejida a medida que va avanzando en el mismo, en tanto
que en otras ocasiones opta por ir envolviéndolo al tejido en el
travesaño proximal o ayudado por otro palo proximal “envolvedor”. En este
último caso, ata los extremos del travesaño distal a las estacas con una soga
gruesa de lana y la soga se irá alargando a medida que la artesana se vaya
aproximando al final de su labor. También se consideran como telares
horizontales los de cintura, es decirlos que tienen un travesaño atado a un árbol o
a un poste y el otro a la cintura de la tejedora. El mayor ancho que se teje en los
telares horizontales no excede los 0,85 m., por ser este el alcance de los brazos
de la artesana para pasar la trama.
Telares de Origen Europeo
El telar criollo es copia del de origen europeo traído por los colonizadores y tuvo gran
difusión en el Noroeste desde la Puna a Cuyo. Sigue siendo utilizado por las tejedoras
de estas provincias. Consta de cuatro postes u horcones que sostienen dos largueros,
sobre los que asientan los travesaños necesarios para sostener la soga de los lizos
accionada por los pedales o las manijas; a veces tienen travesaños accesorios para
colgar la caja del peine, pieza destinada a apretar la trama. Los envolvedores se fijan
con ataduras (similares a las coyundas) a la altura deseada por la artesana. A medida que
se progresa en la producción del tejido, el envolvedor de la urdimbre se va
desenrollando y el proximal va envolviendo la tela. Dicho telar se utilizaba en todos los
obrajes jesuíticos. Así como en el Norte y centro argentino, Cuyo, Bolivia, Perú y norte
de Chile han usado telares horizontales, verticales y criollos, (aunque la mayoría del
NOA eran criollos, en Bolivia y Perú horizontales de cintura y de cuatros estacas) en el
sur fue y es excluyente el telar vertical, denominado Witral.
Período Actual
En este momento el tejido hecho en telares manuales está siendo revalorizado en casi
todo el mundo ya que conlleva en su elaboración un alto sentido de representatividad
puesto que en toda pieza que hoy se hace en telar, sea de la provincia que sea, y de la
forma que ésta haya sido hecha, con solo tocarla, mirarla, apreciar su textura y sus
colores, encontramos algo, sentimos algo que nos transporta a otra época, nos conecta
con nosotros mismos, nos hace sentir protegidos, abrigados y por sobre todo nos hace
formar parte de una identidad que llevamos dentro.
Hoy una pieza hecha en telar se la utiliza para casi todo, tanto en la casa como en
prendas de vestir, por lo que los invitamos a todos lo que quieran vivir esta experiencia
a acercarse a una pieza hecha en telar, ya que estará viviendo una experiencia única, y
además estará aportando un grano de arena a que no se pierdan este tipo de expresiones
en nuestro país, pero por sobre todo en la economía de los tejedores, ya que las personas
en la que hoy reside el conocimiento del tejido, son en su gran mayoría personas poco
valoradas en la tarea, por lo que es recomendable que si desea adquirir una pieza hecha
a telar, se asegure que el dinero que represente el costo de ésta vaya a manos de quien
los produce, y no solo de quien los comercialice.
Todos hemos visto un telar, desde los más modernos que tal vez alguien de nuestra
familia aún utilice, hasta los antiguos que se conservan en museos y otros espacios
dedicados a este arte y, sin embargo, la mayoría de la gente no sabe cómo es y cómo fue
inventado. Vamos a repasar esas cuestiones en profundidad.
Si hablamos de los orígenes de los telares, podemos afirmar que los primeros indicios
acerca de su existencia tal y como la conocemos hoy en día, datan del Antiguo Egipto,
civilización que utilizaba fibra de papiro, extendiendo lentamente esa técnica a muchos
territorios cercanos.
Poco a poco más sofisticados, los telares fueron ganando lugar en las distintas
sociedades, y se sabe que también en el continente americano se los adoptó muchos
siglos atrás, aprovechando la lana de vicuña o de llama, o el algodón más hacia el norte,
para abrigo de jóvenes y adultos
Justamente una de las virtudes fundamentales de los telares es esa, que se adaptan
gracias a su increíble versatilidad, a cualquier tipo de tejidos. En lo que hoy es Brasil y
otros territorios asociados a la Amazonia, se servía la gente de las fibras de las
palmeras y otros árboles.
Por ese entonces, los telares eran aparatos predominantemente manuales, y fueron los
árabes los que introdujeron los pedales, ya en el siglo X, permitiendo que la extremidad
inferior desplazara la urdimbre, separando los hilos que iban por debajo y por encima,
facilitando así el tejer.
Durante la época medieval, en tiempos en los que los avances no se producían con
la velocidad a la que nos hemos acostumbrado hoy, los telares apenas modificaron su
apariencia y funcionamiento, mientras se volvían indispensables para combatir el frío y
distinguir clases sociales.
Fue en 1589 cuando William Lee, un clérigo escocés, desarrolló lo que podríamos
considerar “el padre del telar moderno”, aunque apenas contaba con un prototipo, y ese
modelo no se volvió popular sino hasta la llegada de la Revolución Industrial y sus
motores a vapor.
Desde mediados del siglo XVIII se evidenció un progreso ya sin freno, en el que se
inventaron accesorios como la lanzadera volante, las tarjetas perforadas con sus
patrones de prendas para repetirlas las veces que fuera necesario, etc. Y todo ello, con
cada vez más y mejores tejidos.
Hasta nuestros días, el telar se ha ido automatizando, ganando en potencia y
capacidad de adaptación a los requerimientos, y también se han visto ayudados por
la aparición en escena de nuevas materias primas, que le convierten en una máquina
clave en la industria textil.
Los telares artesanales se clasifican en tres grandes familias: bastidores, verticales y
horizontales. Los telares industriales se clasifican según el tipo de tejido que producen:
hay planos, circulares y textiles.
Los bastidores son todos aquellos marcos de madera cuadrados, rectangulares,
triangulares y hexagonales, con medida menor a 50 × 70 cm, para hacer tejidos planos -
no elásticos. Los bastidores circulares y el llamado erróneamente "maya" (en realidad,
"de malla") son para hacer tejido de punto —elástico—.
Los verticales son rectángulos de madera, que se sostienen verticalmente sobre una
base y que a veces tienen una tabla, a manera de asiento, adicionada a sus vigas
verticales. Se utilizan principalmente para fabricar tapices, tapetes y cojines en tejido
anudado.
Los horizontales son máquinas con marcos de madera que contienen las agujas o
mallas por donde pasan cientos y miles de hilos para tejer la tela, principalmente en
algodón o utilizando la lana de los camélidos andinos (guanaco, llama, alpaca o vicuña),
también las de oveja y cabra.
Funcionamiento
En los telares para tejido plano o rectangulares, los hilos base, sobre los cuales se teje
son la urdimbre, se colocan verticalmente. Los hilos con los cuales se teje, colocados
horizontalmente, se denominan trama. El tejido o tisaje es un proceso por el cual se va
pasando la urdimbre por arriba y debajo de la trama, cruzándola. Con este cruzamiento
entre trama y urdimbre se consigue la tela.
Telar de cintura
Tejedora con telar de cintura. Nótese la faja en el sector bajo de su espalda.
El telar de cintura es un telar simple que tiene sus raíces en civilizaciones antiguas. Los
textiles producidos en las culturas de los Andes, que todavía se fabrican hoy con el telar
de cintura, se originaron hace miles de años con el mismo proceso de telar de cintura.
Consiste en dos palos (enjulios) entre los que se estiran las urdimbres. Un enjulio está
sujeto a un objeto fijo y el otro a la tejedora, generalmente por medio de una faja que
pasa alrededor de su espalda. La tejedora se inclina hacia atrás y usa el peso de su
cuerpo para tensar el telar. En los telares tradicionales, las dos caladas principales se
manejan por medio de un rollo de calada sobre el que pasa un juego de urdimbres
y lizos de hilo continuo que encierran cada una de las urdimbres en el otro conjunto.
Para abrir la calada controlada por los lizos de hilo, el tejedor relaja la tensión en las
urdimbres y levanta los lizos. La otra calada generalmente se abre simplemente llevando
el rollo de la calada hacia el tejedor.
En este telar se pueden tejer tejidos simples y complejos. El ancho se limita a la
distancia que puede alcanzar el tejedor de lado a lado para pasar la lanzadera. En la
actualidad, los pueblos indígenas de todo el mundo tejen textiles con efecto de
urdimbre, a menudo decorados con intrincados patrones recogidos tejidos en técnicas de
urdimbre complementarias y complementarias. Producen cosas como cinturones,
ponchos, bolsos, cintas para sombreros y paños para llevar. El patrón de trama
complementario y el brocado se practican en muchas regiones. Los tejidos equilibrados
también son posibles en el telar de cintura. Hoy en día, los kits de telar de cintura
producidos comercialmente a menudo incluyen un lizo rígido.
BIBLIOGRAFIA:
- Historia de Tejido en telares. El tejedor de prendas en telar artesanal. Centro de
Acción Comunitaria “Nehuel” (2012) [Link]
- ARTE Textil y tradición en la Provincia de Catamarca. Noroeste Argentino.
Datatextil 32, Ximena González Elicabe.
- Industria textil, fomento regional y función social. La experiencia de la
corporación argentina de tejeduría doméstica y de las fábricas nacionales de
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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES ARGENTINA. Travesía, N° 16, 2014,
ISSN 0329-9449 – pág. 51-78.
- Producción textil Prehispánica – María Soledad Bastiand Atto. Investigaciones
Sociales Año IV número 5, 2000. (pág. 137)
- Selecciones Folklóricas Codex. Editorial Codex S.A. Buenos Aires 1965. La
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