Guía de Estudio: Edipo Rey de Sófocles
Guía de Estudio: Edipo Rey de Sófocles
Las tragedias griegas presentaban normalmente un esquema narrativo más o menos común:
solían estar divididas en diferentes partes (parecido a las divisiones actuales en escenas o actos),
cada una de ellas con una función teatral y entre una y otra parte la acción escénica se detenía, los
personajes salían de la escena y entonces el coro entonaba un canto que llamamos "estásimo".
1) La tragedia solía empezar con Prólogo: una escena recitada en la que uno o varios personajes
contaban la historia previa a lo que iba a suceder en la pieza, como el decorado argumental
de fondo, de forma que el público se centrase en el tema.
2) Luego venía la llegada del coro en el Párodos: era el primer momento importante de la
acción dramática (el coro durante una buena parte del SV a. C. era un elemento central). Su
entrada significaba que en ese momento comenzaba realmente la tragedia.
3) Después venía lo que podríamos denominar "Escena del Mensajero": llegaba a la escena un
personaje que contaba algo sucedido fuera y que sería el motivo de discusión de la tragedia
(el enfrentamiento de posturas es la esencia del Teatro). Este período es algo parecido a lo
que nosotros llamaremos "planteamiento" en el Teatro occidental como primer momento y
previo al "nudo" y al "desenlace". Ya tenemos, pues, el problema presente en el escenario.
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Laura Cano Santamaría
4) Luego venía la parte dedicada al debate del problema planteado: es lo que solemos llamar el
"agón" de la tragedia, en el que los personajes discuten y contraponen sus planteamientos.
5) Después hay una nueva escena de Mensajero, sólo que ahora de desenlace: las
consecuencias derivadas del conflicto han tenido lugar fuera del escenario, y ahora un
personaje trae la noticia
El autor puede alterar el esquema general en cada tragedia concreta, siempre en función de su
intencionalidad dramática, pero siempre terminamos descubriéndolo debajo de las alteraciones.
Y el percibir esa estructura general, así como las alteraciones específicas nos ayuda a entender
mejor cuál sea la intención última del poeta dramático. Y un ejemplo claro es Edipo Rey.
- Sófocles decide convertir esta tragedia en una pieza casi policíaca: hay que descubrir al
asesino de Layo, puesto que esa muerte ha dado lugar a una mancilla que está asolando la
ciudad; la única solución es descubrir al asesino (progresión del nudo dramático).
o Aquí no hay un debate clásico, sino que cada escena es un paso hacia la investigación.
Por ejemplo, la escena siguiente a la Párodos, la de Tiresias, debería ser la típica escena
de Mensajero, y en este sentido empieza, pero en un momento se tuerce y termina en
un enfrentamiento entre el rey y el adivino, que es el primero que abandona al
soberano.
- Y esta es la directriz general de la obra : Edipo es un soberano honesto, pone todo su empeño
es solucionar el problema de la ciudad que gobierna, y se esfuerza en llegar hasta el final en el
descubrimiento de la verdad, lo que efectivamente conseguirá al final muy a su pesar.
- En este recorrido hasta llegar a la verdad se va viendo abandonado por todos los suyos, lo
que pone de manifiesto una idea de Sófocles: la soledad del héroe frente a su destino,
destino éste que enmarca otra idea central: la pequeñez del hombre frente a la divinidad
(Edipo es víctima, sin merecerlo, de un oráculo cruel de Apolo).
- Al lado del personaje central vemos intervenir a toda una rica gama de personajes
secundarios que reaccionan de manera muy concreta sobre la marcha de los
acontecimientos-indagación.
o De esta forma, y determinados por el motivo dramático central, van apareciendo otros
grandes temas-reacciones en boca de los restantes personajes: el ansia de poder, el
anhelo del dinero, la vacilación ante la divinidad, el pánico ante el horror de la verdad...
Sobre las ideas generales y problemas que subyacen al argumento: se trata de la inexorabilidad
en el cumplimiento de la voluntad de los dioses, expresada en ese oráculo en torno a Edipo.
- En esta ocasión es un oráculo ciego, lo que hace más terrible la pequeñez del hombre ante el
destino que los dioses le han asignado por adelantado. Esta cuestión no es algo antiguo,
propio de sociedades arcaicas, sino que este dilema es el mismo que dio lugar, entre otros
motivos, a la escisión de los cristianos en católicos y protestantes en el SXVI y que perdura
hasta nuestros días: ¿es el hombre libre para salvarse o condenarse?
El planteamiento de esta pregunta del Edipo Rey en la Atenas de Pericles tiene una explicación
intelectual: A mediados del SV a.C. avanzan las posturas racionalistas de la naciente filosofía, el
hombre y su racionalidad van ocupando el centro de la explicación del mundo (hasta ahora todo
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se atribuía a la voluntad de los dioses, pero el avance la ciencia va descubriendo que muchas
cosas tienen una causa natural y no divina).
- Entonces la medicina hipocrática se dio cuenta de que lo que se llamaba "enfermedad
sagrada", enviada por los dioses, es un desarreglo en los componentes del cuerpo, la
epilepsia; que algunas realidades que antes tenían una categoría de entes divinos, como el
sol, realmente no son más que cuerpos como la Tierra que pisamos.
- Hay, pues, una creciente desmitificación de lo divino por una parte de la sociedad ateniense.
- Pero al lado hay otro grupo social, conservador, que se aferra a los viejos valores e intenta
perseguir todo lo que suene a impiedad, fruto de lo cual será los procesos judiciales contra
Anaxágoras y Fidias. Y en este contexto socio-político Sófocles escribe su Edipo Rey, donde
queda de manifiesto su visión del poder omnímodo de los dioses.
Si, desde una perspectiva de los hombres, Edipo puede considerarse inocente, desde la
perspectiva de las leyes no escritas de los dioses, Edipo es culpable.
- Es una obra que con un llamamiento a renunciar el relativismo antropológico para recuperar
la perspectiva teonómica de la existencia que, a juicio de Sófocles, se estaba perdiendo.
Introducción de la edición
Aunque la fecha exacta de la representación de Edipo Rey se ignora, algunos estudiosos
consideran que debe ser entre antes del 424 a.C., al tener muchas semejanzas con la obra de
Sófocles Antígona:
- Elementos comunes: soberanos legítimos y paternalistas de su pueblo en apariencia que en
realidad son tiranos (Edipo, por instalarse en el poder mediante el parricidio y el incesto), el
adivino Tiresias ocupa un lugar central que marca el desarrollo de la acción dramática y
tienen una actitud racionalista frente a los oráculos que les hace incurrir en blasfemia (en
ambas tragedias se expone el triunfo de la religiosidad tradicional).
- Freud: el rey Edipo, que mató a su padre Layo y se casó con su madre Yocasta, nos muestra el
cumplimiento de nuestros deseos de infancia, pero más afortunados que él, hemos
conseguido despegar los impulsos sexuales de nuestras madres y olvidar los celos de nuestros
padres; lleva a cabo una especie de psicoanálisis colectivo.
- La atracción que ejerce el drama sofocleo sobre el hombre moderno se busca en las
emociones y reflexiones que suscita la ambivalente personalidad del héroe: inocente en el
plano de la ética y culpable en el de los hechos como símbolo de la realidad universal
humana ambivalente
o Edipo es un hombre de arrebatos (muerte de Layo) y testarudo (llevar hasta el final la
investigación de la muerte de Layo), lo que le conduce a la ruina; pero también posee
excelentes cualidades; valiente, honrado, decidido e inteligente.
o Edipo puede considerarse por esta mezcla más próximo a nosotros que los héroes de
dimensiones descomunales de la epopeya.
- Hay bastantes elementos novelescos del folklore universal: el niño expuesto, la muerte del
monstruo por el héroe, la boda con la princesa como recompensa…
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1) Edipo, rey de Tebas, se dirige a una muchedumbre encabezada por el sacerdote de Zeus, que
se ha congregado ante el rey para pedir un remedio a la peste que asola la ciudad de Tebas.
Para conocer las causas de esta desgracia, el propio Edipo ha mandado a su cuñado Creonte
a consultar el oráculo de Delfos-Apolo (“yo os prestaría mi ayuda por entero”), que dice que
es el resultado de una contaminación religiosa, puesto que el asesino del anterior rey, Layo,
no ha sido atrapado.
a. Edipo pregunta por qué no se esclareció antes: amenaza de la Esfigne.
b. Edipo pregunta si hay alguien vivo testigo de lo sucedido: un pastor que huyó.
2) Por consejo de Creonte, Edipo llama al adivino ciego Tiresias para que ayude a esclarecer lo
sucedido. Cuando llega Tiresias dice que conoce las respuestas, pero se niega a hablar y en
lugar de eso le dice que deje su búsqueda. El diálogo entre Edipo y el adivino degenera por
ello en un enfrentamiento (agón), en el que ambos se insultan y Edipo lo acusa de
complicidad en el asesinato de Layo.
a. Irritado, Tiresias declara que Edipo es el asesino que está buscando e incluso le
anuncia que vive en incesto con su madre y ha tenido hijos con ella; aunque se crea
extranjero es tebano de nacimiento y dentro de poco se quedará, como él, ciego.
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Edipo relata a Yocasta cómo sus padres fueron Pólibo y Mérope, reyes de Corinto. Hace muchos
años, en un banquete en Corinto, un hombre borracho acusó a Edipo de no ser el hijo de su padre.
Edipo se fue a consultar el oráculo de Delfos y le preguntó al oráculo sobre su linaje. Apolo no
respondió sus dudas y en cambio le dijo que algún día asesinaría a su padre y se acostaría con su
madre. Más tarde, en sus andanzas, había tenido un incidente en el mismo cruce de caminos
donde fue muerto Layo. Se desarrolló una discusión y mató a los viajeros, incluyendo a un hombre
cuya descripción casaba con la que Yocasta hizo de Layo. La esperanza que tiene Edipo de no ser el
asesino de Layo es que el único testigo había afirmado que Layo fue asesinado por varios ladrones.
Si el pastor confirma que Layo fue atacado por varios hombres, entonces Edipo no es el culpable.
7) Yocasta manda llamar al testigo y también se presenta como suplicante ante el templo de
Apolo para que resuelva sus males. Mientras, llega un mensajero trae noticias de Corinto:
Pólibo ha muerto y quieren proclamar a Edipo como rey de Corinto. Edipo, para sorpresa del
mensajero, queda feliz por las noticias, porque prueba que la mitad de la profecía era falsa,
ahora jamás podrá matar a su padre. Sin embargo, aún teme que pueda de alguna manera
cometer incesto con su madre. El mensajero, ansioso de tranquilizar a Edipo, le dice que no se
preocupe, porque Mérope no es su verdadera madre.
8) Surge entonces el hecho de que este mensajero fue anteriormente un pastor en el monte
Citerón, y que le entregaron un bebé, que fue adoptado por Pólibo, quien carecía de hijos.
a. El niño, explica, se lo dio otro pastor de la casa de Layo, a quien le habían dicho que se
deshiciera del niño. Edipo pregunta al coro si alguien conoce quién era este hombre, o
dónde podría estar ahora.
b. Le responden que es el «mismo pastor» que fue testigo del crimen de Layo
9) La reina Yocasta, tras oír el relato completo del mensajero, ha comprendido todo el profundo
misterio y desesperada, le ruega a Edipo que deje de hacer preguntas. Pero él se niega.
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10) Llega el testigo del crimen. Ante las amenazas de Edipo de torturarlo o ejecutarlo, revela que
el niño que le habían entregado para que lo abandonara en el monte Citerón era hijo del rey
Layo y la reina Yocasta y que lo habían entregado para que muriera. Sin embargo, él lo había
entregado al mensajero por piedad.
11) Edipo comprende que Yocasta y Layo eran sus verdaderos padres y que todas las predicciones
de los oráculos se han cumplido. Edipo se maldice a sí mismo y al destino.
12) Cuando Yocasta entró en la casa, corrió al dormitorio del palacio y ahí se ahorcó. Poco
después, Edipo entró furioso, llamando a sus criados para que le llevaran una espada de
manera que pudiera cortar el vientre de su madre. Cuando recorre la casa, descubre el
cuerpo de Yocasta. Edipo la baja, le quita las agujas de oro de su vestido y se los clava en sus
propios ojos.
13) Edipo sale del palacio con los ojos ensangrentados y pide ser desterrad. Dice que ha
preferido cegarse porque no puede permitirse ver, después de sus crímenes, a sus padres en
el infierno, a los hijos que ha engendrado, ni al pueblo de Tebas.
Estructura:
- Es una obra dramática en un solo acto, pues toda la obra se desarrolla en una unidad de
tiempo.
- La obra es una tragedia: presenta a personajes de elevada condición social, utiliza un lenguaje
solemne y elevado y concluye con el sacrificio de varios personajes (Yocasta y Edipo), que
pagan con la muerte (Yocasta) o la ceguera y el exilio (Edipo) sus acciones.
- Consta de un prólogo seguido de ocho episodios, entre los que se intercalan las
intervenciones solistas del coro y el diálogo lírico del coro con los personajes.
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El mito de Edipo es complejo: de Polidoro, hijo de Cadmo y Harmonía, nació Lábdaco; y de este
Layo, el siguiente miembro de la familia tebana que nos interesa.
1) Lábdaco murió cuando Layo era un niño, por lo que el reino lo usurpó Lico, y posteriormente
Anfión y Zeto, los hijos de Zeus y Antíope. Layo huyó y buscó refugio junto a Pélope, donde
se enamoró del joven Crisipo, hijo de Pélope, inventando así el amor homosexual.
2) Layo raptó al muchacho y se lo llevó a Tebas, ciudad a la que volvía para reinar. Para los
griegos este fue el primer caso de secuestro pederasta; sus consecuencias mitológicas
sugieren que, a pesar de la aceptación de la pederastia en la cultura griega, su práctica podía
provocar una fuerte desaprobación social.
3) Crisipo, avergonzado, se mató, y su irritado padre lanzó contra Layo la maldición de que no
llegara a tener hijos, y que, si los tenía, muriera a manos de uno de ellos. El resultado de esta
maldición fue terrible para la familia real tebana, que fue heredando esta culpa.
La primera consecuencia fue la falta de hijos entre Layo y su esposa Yocasta. Deseosos de tener
descendencia, visitaron el oráculo de Delfos para preguntar por qué no engendraban hijos. El
oráculo vaticinó que si tuvieran un hijo este mataría a su padre y la desgracia se extendería por
toda la familia. Sin embargo, pasaron por alto esta advertencia, y tuvieron un hijo que
inmediatamente fue abandonado. Al niño le llamaron Edipo (“pie hinchado”) porque fue
abandonado con los tobillos perforados por una correa. Pero Edipo no murió, sino que fue
recogido por un pastor y adoptado por Pólibo, el rey de Corinto.
- Edipo descubre que no es hijo de Pólibo, sino que fue recogido en el monte, y decide ir a
Delfos –de nuevo aparece el oráculo– para saber acerca de sus orígenes.
- Pero el oráculo le predice algo mucho más aberrante de lo que le había vaticinado a Layo, le
aconsejó que no volviera a su patria porque, si lo hacía, mataría a su padre y se casaría con
su madre. Edipo ante tal respuesta se propone no volver a Corinto para evitar a Pólibo.
- Pero en un cruce de caminos surge un enfrentamiento con un desconocido, al que mata. El
desconocido no es otro que Layo, que volvía a consultar el oráculo para tratar de buscar una
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solución contra la Esfinge, monstruo enviado por Hera contra Tebas por el crimen que Layo
había cometido contra Crisipo. Edipo sigue su camino y llega a Tebas, sin saber que se trata de
su propia patria. Allí adivina el enigma que le propone la Esfinge, provocando el suicidio del
monstruo, y recibe como recompensa la mano de Yocasta, su madre. Edipo tiene con Yocasta
cuatro hijos, dos varones (Eteocles y Polinices) y dos mujeres (Ismena y Antígona).
Son momentos de bonanza en Tebas, pero una peste asoló la ciudad. Edipo consulta nuevamente
el oráculo, cuya respuesta es que se debe encontrar al asesino de Layo, ya que él es el origen del
mal. Edipo, como perfecto soberano que quiere lo mejor para su pueblo, se muestra implacable en
averiguar la verdad, sin saber que es él mismo quien mató a Layo.
- Cuando se descubre toda la verdad, Yocasta se suicida y su esposo-hijo se arranca los ojos.
- Edipo marchará al destierro y vagará varios años con la única compañía de su hija Antígona.
Finalmente, su vida acabará en Colono, una aldea de Atenas.
Una vez leída y repasada la obra entera, hay proceder a una lectura mucho más detenida y
reflexiva. Hemos podido ver ya que la acción dramática se reduce a dos etapas centrales:
1) Llega a escena la noticia de que hay que encontrar al asesino de Layo y castigarlo, porque
Delfos ha dicho que solo así Tebas se verá libre de la peste, y Edipo inmediatamente se erige,
una vez más, en defensor de la ciudad, como ya hizo con el episodio de la Esfinge, y planifica
el descubrimiento del culpable; y
2) El resto de la tragedia transcurre en constante enfrentamiento de Edipo con varios
personajes, y es claro que en esos agones reside el nudo dramático de la acción.
Veamos las partes tópicas de una tragedia: tras el Prólogo (que enmarca, prepara e informa sobre
la situación de partida) llega el coro (la Párodos), y luego viene la escena de Mensajero (comienza
la acción dramática) Tiresias llega para dar la noticia, pero en un momento dado, el rumbo de la
acción cambia, y el adivino ya no funciona como mensajero sino como oponente a Edipo.
1. El Prólogo
1.1. Es la parte con que comienzan casi todas las tragedias.
En una primera etapa de la naciente Tragedia no debió de existir esta escena del Prólogo, sino que
la obra comenzaba con la llegada del coro en la Párodos al ritmo de los "anapestos de entrada",
para a continuación pasar a la parte propiamente lírica.
- Este esquema es el que encontramos en un par de obras de Esquilo. De aquí se pasó, ya en el
propio Esquilo, a desarrollar una parte estíquica, previa a la Párodos y a cargo de actores, a lo
que llamamos Prólogo.
- Esta nueva escena tuvo al inicio una forma sencilla; su contenido era narrativo, solía describir
la acción mediata e inmediata previa al momento preciso de la acción dramática que iba a
comenzar con la llegada del coro; y su función consistía en levantar una especie de decorado
narrativo de fondo, preparatorio de lo que iba a suceder a continuación.
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1.2. Pero la situación va a cambiar radicalmente con la llegada de Sófocles, al menos desde
el Áyax. Ahora hay una complejidad en todos los niveles: su forma se vuelve más compleja, se
amplían los parlamentos y los diálogos; su contenido no se circunscribe ya al pasado próximo o
más o menos lejano, sino que incluso hay referencias al futuro, o sea, a lo que va a pasar en
escena; finalmente, su función se vuelve mucho más compleja: ya no sirve simplemente para
enmarcar narrativamente la acción posterior, sino que da entrada a múltiples matices y
sugerencias, lo que aumenta las posibilidades expresivas del autor.
2. La Párodos
2.1. Tradicionalmente se afirma que con la Párodos el coro entra en la orchestra y da comienzo
la acción dramática, dada la importancia del coro en los primeros tiempos de la Tragedia griega.
Pero las cosas son un poco más complejas. Suele aceptarse que, efectivamente, en las etapas
iniciales de este nuevo género literario la obra comenzaba con la Párodos, que estaba formada a
su vez de dos partes: una amplia tirada de "anapestos de marcha", a cuyo ritmo penetraba el coro,
y tras esto, ya en su sitio, los coreutas entonaban un canto lírico.
- Su contenido era doble: la parte inicial solía tener un carácter narrativo, que aportaba los
datos necesarios para enmarcar la obra; y el segundo período era lírico, y el coro daba salida
así a sus sentimientos y puntos de vista sobre la situación.
- En conclusión, su función era la de dar comienzo a la acción dramática.
2.2. Pero la creación del Prólogo por delante iba a crear problemas y, así, la nueva estructura se
vio obligada a alterarse, puesto que esta nueva escena se ocuparía a partir de ahora de enmarcar
con una mayor eficacia narrativa la acción posterior. En Sófocles hay una clara progresión:
a) Duplicidad repetitiva: es la situación lógica en los primeros momentos. Ahora todavía el
Prólogo repite sencillamente lo que luego se nos va a decir en la Párodos. Es lo que
encontramos en Áyax y Traquinias, hasta el punto de que incluso podría prescindirse del
Prólogo, si no fuera por la fuerza estilística que supone en concreto el de Áyax.
b) Ausencia de relación: con el tiempo el nuevo esquema formal impone una remodelación en
profundidad. Ahora en el Prólogo se nos va a proporcionar una información que el coro
desconoce a su llegada, lo que hace que el público vaya por delante del coro y esto, como ya
he mencionado antes, da entrada al factor de la ironía.
a. Es lo que encontramos en Antígona y Electra.
b. Este comportamiento formal da lugar a que se produzca un distanciamiento mayor
entre el coro y una y otra heroína, lo que incrementa el sentimiento de soledad en uno
y otro caso, sensación que el auditorio comparte más directamente con los personajes
por encima del coro. El público es, de alguna manera, cómplice con las heroínas y
percibe más intensamente sus angustias.
c) Relación innovadora: la evolución descrita llega más lejos. En Filoctetes y Edipo en Colono el
coro a su llegada tiene ya conocimiento de lo que ha sucedido en el Prólogo, por lo que no
se produce ni la repetición de las etapas primeras ni la desconexión también mencionada,
sino que asistimos a una nueva situación teatral: ahora la acción comienza realmente en el
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3. La escena de Mensajero
3.1. Tras la llegada del coro en la Párodos tradicionalmente viene un período narrativo, en el que
un personaje (anónimo bajo la denominación genérica de Mensajero, o con nombre propio) llega a
escena trayendo una noticia que será la causa del nudo dramático de la tragedia. Ahora todo el
mundo se entera del problema.
- Formalmente el esquema consiste en una amplia resis expositiva con posibles ampliaciones
dialógicas previas preparatorias y/o posteriores continuadoras. Su contenido, distribución y
función son claros: se da noticia de un hecho en el punto de arranque de la acción argumental
con la finalidad de que, efectivamente, se llegue al punto central de debate.
4. El agón
El agón es el centro de la acción dramática. La parte anterior es preparatoria para que se plantee
el debate-núcleo del trazado argumental; mientras que, a su vez, la posterior describe la solución
que el poeta ha decidido dar a su tratamiento del relato mítico tradicional escogido.
- El contenido, la distribución y la función de esta parte de la Tragedia son, pues, evidentes: los
personajes enfrentados desarrollan sus posturas contrapuestas; con la finalidad de poner de
manifiesto sus puntos de vistas sobre el motivo del conflicto, lo que nos proporciona de
rechazo la posibilidad de percibir la intención última del autor, razón por la cual esta escena
suele ocupar el centro de la pieza.
5. El estásimo en falso
Típicamente sofocleo es este estásimo que aquí se califica "en falso". En los momentos finales del
período agonal el poeta dispone las cosas de forma tal que parece que se ha llegado a una cierta
solución del conflicto anterior. Sófocles pretende infundir en el auditorio la sensación de que las
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aguas están volviendo a su cauce y el coro en este punto de la acción estalla en un canto de
alegría.
- Pero en realidad es una alegría equivocada, la escena inmediatamente siguiente pondrá de
manifiesto que la situación se ha derrumbado, que el supuesto final feliz se ha trocado en
muerte. Hay, pues, en este punto de las tragedias un efecto dramático intenso, la ironía
trágica se manifiesta aquí en su máxima expresión. Sófocles añade este recio contraste para
conseguir que el desenlace sea todavía más duro.
Cuestiones concretas:
- El sacerdote habla en nombre del pueblo de Tebas, es una duplicación de la súplica
posterior.
- El corifeo es en todo el teatro griego la voz del coro. El pueblo y el coro son lo mismo. Y es el
introductor de la escena siguiente.
- Los agones son debates entre los personajes. Lo peculiar del Edipo Rey, como veremos, es
que Tiresias entra en escena como mensajero, pero en la mitad de la escena, la función
narrativa cambia y se transforma en un agón.
Es importante perfilar los rasgos de Edipo y de su situación. Desde el primer verso del Prólogo
Edipo se erige en defensor de la ciudad: ya ha salvado a Tebas del monstruo terrible de la Esfinge.
Y la ciudad se lo reconoce, y por eso acude a él, buscando una vez más su protección.
- Éste es un primer rasgo del héroe de la Tragedia : entra en escena lleno de poder y de
seguridad en sí mismo y en su capacidad de actuación. Y el coro coincide en ello.
- Edipo en el pasado probado su valía, y en el momento presente actúa con lógica y coherencia:
ha enviado a Creonte a Delfos a consultar a Apolo y, a instancias de este y ha hecho llamar a
Tiresias, el adivino que conoce las zonas oscuras del pasado y las incertidumbres del futuro.
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- De otro lado, en el gran parlamento tras la Párodos Sófocles hace una gran demostración de
“ironía trágica”: Edipo se compromete a encontrar al asesino de Layo, como si se tratase de
su propio padre; así, la grandeza del héroe de repente se nos antoja como hecha de papel, y
el público admira y al tiempo lamenta el destino del héroe.
Es clara la tensión dramática que se va creando en escena, hasta que estalle la bomba de la
verdad. Pero tal vez lo más importante es destacar la “ceguera” de Edipo, que ve pero no ve, y
esta ceguera está determinada por otro rasgo característico de los héroes: su creencia excesiva en
su capacidad humana, que le lleva a ir rompiendo los lazos que le unen con su entorno social : al
pelearse con Tiresias, portavoz de los dioses (en concreto de Apolo, el dios del oráculo de Delfos),
está cavando su propia fosa en el terreno de su relación con el mundo de los dioses: ¡está
llamando traidor al representante de Apolo!, lo que equivale a renegar de su fe religiosa.
- Así, en este primer debate Edipo se enfrenta a la esfera de lo sagrado: los adivinos son unos
mentirosos que se alían con los enemigos por dinero. Y así, observamos un nuevo rasgo:
Edipo, como todos los que están en el poder, acepta con dificultad las críticas y cree que
hay detrás una conjura con Creonte para desplazarlo del trono de Tebas.
- Su firme y honesta voluntad inicial de auxiliar a Tebas se empieza a transformar en
obstinación, al no pararse a reflexionar sobre las observaciones que le hacen, en este primer
momento desde el campo de los dioses. Es el primer paso de un tenso camino que terminará
en tragedia.
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Así tenemos perfilados a Tiresias y a Edipo. La escena y la figura de Tiresias han contribuido a
empezar a dibujar el auténtico perfil heroico de Edipo, su verdadera pequeñez o, mejor dicho, la
pequeñez de la estirpe humana- frente a la voluntad de la divinidad.
El pasaje mencionado (v. 716) tiene cierta dificultad de interpretación. Vayamos por partes:
A título de reflexión introductoria habrá que destacar el carácter templado y sensato de que hace
gala Creonte en esta tragedia, frente a la locura que paulatinamente se apodera del protagonista.
1) Desde la perspectiva metodológica que subyace en nuestro análisis, hay que tener siempre
presente que, en esta obra, como en la Tragedia griega en general, las cosas se definen por
su oposición a otros elementos. Así, en nuestro caso el poeta busca ir definiendo el proceso
de Edipo a través de su contraposición a otros personajes.
2) Ya desde el comienzo Edipo califica a Creonte de “asaltador manifiesto de mi soberanía”, es
decir, para Edipo su cuñado lo que busca es arrebatarle el poder. Y, así, en una primera parte
del enfrentamiento trata de demostrarlo imaginando una conjura de Creonte con Tiresias
contra él. Y trata de razonarlo: si Tiresias es tan buen adivino, ¿por qué no hizo público en su
momento quién había sido el asesino de Layo? Sin embargo, lo hace ahora, al poco de que
Creonte haya aconsejado a Edipo pedir ayuda al adivino.
3) Y ante tal acusación Creonte intentará poner de manifiesto que, en su situación, el poder no
le produce un beneficio especial. Y concluye que Edipo “no está en su sano juicio”. Aquí
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Edipo una vez más pierde el norte, se olvida del bien de la ciudad, y deja al descubierto su
interés personal. Finalmente, estalla en una afirmación inesperada: “Todos, incluido
Creonte, deben obedecer al poder establecido”, lo que nos recuerda al Creonte de la
Antígona.
4) En conclusión, la escena de Creonte persigue dejar en evidencia un nuevo desacuerdo en la
caracterización de Edipo. En la escena de Tiresias, Edipo rompía sus lazos con el mundo de la
religión, y ahora lo hace con el de la política. De la sensatez que hacía gala al comienzo de la
tragedia, pasa ahora a una actitud autoritaria e intransigente.
1. Primero es necesario precisar el perfil de Yocasta, para lo que hay que evitar criterios modernos,
de nuestra época, donde es claro que la independencia mental de la mujer es mucho mayor que
en los viejos relatos, en los que los tipos son más rígidos, más estereotipados.
- Yocasta representa, en parte, el rol de la mujer en las sociedades premodernas : su futuro
está predeterminado, puesto que se ha atenido al acuerdo social establecido de que, en
calidad de reina-viuda, se casará con el benefactor de la ciudad que acabe con la Esfinge
como premio y, además, de recurso ágil para que ese personaje masculino se convierta en el
nuevo rey.
- Hay, pues, que evitar ver en ella a una persona egoísta que busca solo el conservar el poder.
En conclusión: Yocasta, simplemente, se casa con Edipo para así cumplir la recompensa
acordada por la colectividad y, a partir ahí, adoptará el papel de esposa tradicional, que
busca ayudar a su marido en las situaciones problemáticas.
2. La parte central de la tragedia está orientada a la progresión de la acción dramática, que tal vez
con la escena de Creonte había sufrido cierta detención. Y en este momento hay una clara
voluntad de colaboración entre el matrimonio, en especial por parte de ella. Ella es en primer
lugar un instrumento en manos de Sófocles para hacer avanzar la acción dramática a su punto
más álgido.
- Y al tiempo su relación estrecha con el héroe, como mujer suya que es, va a llevar el conflicto
hasta la parte más personal. El enfrentamiento pasa de las zonas externas de la religión o la
política al terreno de la relación matrimonial, de los afectos más estrechos.
- Yocasta entra en escena con una actitud conciliadora entre Edipo y Creonte, pero en seguida
Sófocles comienza a dar los pasos necesarios para el desenlace-descubrimiento, todo ello
teñido de una cruel ironía trágica: ante las progresivas dudas de Edipo, Yocasta buscará una
solución al conflicto; pero en cada paso hacia delante se irá asentando a la vez una progresiva
desconfianza mayor ante el poder de los dioses.
1. Primer paso. Edipo se duele de la maquinación de Creonte: éste le acusa de haber sido el
asesino de Layo, basándose en el testimonio de un hombre-adivino (Tiresias); y en este punto
Yocasta reacciona acudiendo al oráculo consabido: un vaticinio había dicho que Layo moriría
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a manos de su hijo, pero éste al nacer fue expuesto en un lugar inaccesible del bosque,
mientras que Layo murió en un cruce de caminos a manos de unos salteadores.
a. Pero todavía aquí matiza la reina: bueno, realmente no fue Apolo el autor del oráculo,
sino sus servidores, y es que ningún mortal posee el arte adivinatoria, lo que
equivale a desconfiar por ahora solo del personal dedicado al culto del dios,
personal formado por hombres. Es decir, la situación todavía no se ha descontrolado.
2. Segundo paso. Edipo se intranquiliza con la alusión de Yocasta a la muerte de Layo en un
cruce caminos. Y de nuevo ella trata de calmarlo, dándole más información, que en teoría
deberá infundirle confianza, al tiempo que vuelve a acudir al argumento del oráculo de la
muerte a manos de su hijo, cosa que evidentemente no se produjo, con lo que vuelve a
poner en duda la oportunidad de los oráculos, solo que ahora ya no entra en distinciones.
a. Y el coro deja entrever también su desconfianza para con Apolo, y concluye: "A la
ruina se desliza lo divino".
3. Tercer paso. La llegada del Mensajero de Corinto despeja la duda de la falsa paternidad de
Pólibo, a la que ciegamente se agarraba hasta ahora Edipo. Y en este punto de la acción por
primera vez Yocasta y Edipo se separan: ella se percata de todo y ruega encarecidamente a su
esposo que desista en su empeño de averiguarlo todo. Edipo, por el contrario, hace la mayor
demostración de obcecación de toda la tragedia: tal vez realmente sus padres reales fueron
gente de bajo nivel y, por esa razón, Yocasta se avergüenza, pero él seguirá hasta el final en la
búsqueda ahora de sus padres verdaderos. Así se quiebra el único apoyo que le quedaba, una
vez rota su relación con Tiresias y después con Creonte.
3. Edipo es el modelo de héroe que avanza sin vacilación por el camino que cree que es su destino,
en este caso salvar la ciudad. Y en este trayecto va rompiendo con las diferentes esferas en las
que está inmerso (la religión, la política, la familia), porque considera que todas ellas realmente
se han convertido en un obstáculo en su tarea heroica, tarea que, en principio, le ennoblece,
pero que luego se va a convertir en causa de obcecación.
- Es la grandeza y al tiempo la miseria del héroe de la Tragedia, y en especial en la sofoclea. El
héroe no cede en su deber heroico, aunque éste le lleve a la ruina.
- Pero convendría tal vez precisar un punto: nosotros hablamos de la obcecación de Edipo
porque sabemos (como Tiresias) la verdad, pero los personajes de la tragedia lo desconocen,
y lo más verosímil es seguir el camino que recorren Edipo, Yocasta y el coro, hasta el punto
terrible de poner en duda el poder del dios, si no se cumplen los oráculos, cosa que parece
imposible de que suceda.
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5. En paralelo a esta consideración se yergue el supremo poder de los dioses, que han dictado un
oráculo ciego, sin justificación, pero que habrá de cumplirse por encima de todo y de todos. En
algunos momentos de la obra Yocasta y, sobre todo, el coro pone en duda la validez de la esfera
de los dioses. Pero al final todo queda bien claro, y una vez más Sófocles pone de manifiesto la
pequeñez del hombre ante la divinidad, incluso aunque se trate de un hombre-héroe.
- Y a esto se refiere Aristóteles con el concepto de la “metábasis” (cambio) en su Poética: a lo
largo de una simple tragedia la grandeza inicial del héroe queda hecha pedazos en la escena
del desenlace. Éste es para él uno de los rasgos centrales de Tragedia como género literario.
1) Párodos (literalmente “llegada al lado de”, “entrada en escena”): momento en que el coro
llega
2) Agón (“lucha”): son las escenas de enfrentamiento entre los personajes. El debate.
3) Anapesto: tipo rítmico de pie (unidad en poesía) entre el verso recitado y el lírico.
a. Marca normalmente un ritmo de entrada o de salida del coro a escena.
4) Resis (“que fluye”): parlamento en prosa en boca de los personajes.
5) Estásimo: (“que para, detiene” la marcha de la acción teatral): intervención, siempre
cantada, del coro que detiene la acción de la obra entre un episodio y otro.
6) Episodio, parte de la acción teatral, semejante a lo que nosotros llamaríamos Acto.
7) Éxodo (“salida”). Final de la obra con la salida ceremonial del coro.
1. Un coro canta una tirada de versos en una ceremonia ritual. Hay cantos corales más cortos y
solo laudatorios; otros son más amplios porque dan estrada a una parte de contenido
narrativo. A todo esto, lo llamamos lírica coral.
2. En un momento dado, y a fin de darle más vida a la ceremonia, del coro se desgaja un
individuo-portavoz del coro (sin nombre propio). Es lo que luego, en pleno teatro, llamamos
“corifeo”. Es, pues, una primera variante, ampliadora, de la primera etapa.
3. En esta línea de ir dando más vitalidad a la monotonía inicial, surge un “personaje, ahora
con nombre propio”. Es una especie de jefe del coro, pero que, al tener nombre propio, tiene
ya una cierta independencia. Hasta aquí se trata de una variante más de los conocidos rituales
de las diversas religiones hasta nuestros días.
Hasta aquí no hay realmente teatro, porque, aunque tenga cierta acción, no hay formalmente
“nudo dramático”, hace falta que aparezca “el problema”, que traerá a escena un “oponente”,
aunque pueda dar entrada al conflicto sin presentarse, pero ya hay un “conflicto”. Eso será el
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TEATRO. Pero, eso sí, debe quedar claro que el componente central en el nacimiento es la figura
del coro, que, en realidad, representa a la ciudad.
4. Pero en un momento dado empieza a aparecer el teatro, que consta de: una acción teatral
con “problema”, y que está llevada adelante por el CORO, que representa a la ciudad con la
colaboración del corifeo, y por otros personajes individuales, que se van añadiendo,
haciendo que la acción sea más rica. Pero tal vez lo más importante es que se trata de una
“fiesta” de la ciudad, lo que explica su notable desarrollo, dado que unos pocos años después
va a coincidir con la aparición de la Democracia. Esta primera etapa suele situarse en torno al
535 a.C., y no se conserva ningún resto textual al respecto.
5. La estructura general de una tragedia griega consta de una serie de partes fijas:
a. En una época inicial la obra comenzaba con la Párodos, llegada del coro, que hacía una
información muy general de la futura trama. A partir de un momento se crea el
Prólogo, recitado por los actores, que cumple la función inicial de la Párodos.
b. Párodos: entrada del coro en escena.
c. Escena de Mensajero: entra un personaje y trae la noticia que dará lugar al problema
de la tragedia en cuestión.
d. Agón (agones): enfrentamiento en relación con la noticia traída. Suele haber varios.
e. Salida del conflicto: un personaje entra en escena y cuenta el desenlace de lo discutido
(Sófocles incluye antes de esta salida un “canto en falso” del coro, que parece sugerir
que todo se va a solucionar, aunque luego queda patente que era un error).
f. Desenlace de la acción.
g. Salida del coro de la escena.
6. Esquilo es el primer autor dramático con obra conservada (siete de unas noventa, contando
los dramas satíricos). De esas siete hay dos que carecen de Prólogo, lo que pone de
manifiesto que esta escena era de origen e importancia secundaria, puesto que lo originario
es que empezaran con la llegada del Coro, que en ese momento sigue siendo importante. La
técnica dramática esquílea es sencilla, como se refleja en los mencionados Prólogos, que
aportaban una enmarcación muy general.
7. Sófocles (siete obras conservadas de unas ciento veinte compuestas) es el que tiene una
técnica teatral más lograda, y eso se refleja en el contenido y fuerza teatral de sus prólogos.
8. Eurípides (diecinueve de unas noventa) es más moderno en cuanto que su planteamiento
trágico es más próximo a nosotros. Así, sus prólogos son más simples.
La función del Coro en la Tragedia griega sigue siendo motivo de debate entre los helenistas. Suele
decirse que el coro representa a la ciudad, y que en consecuencia habla por ella. Pero esta visión
es demasiado simple, porque cosas no tiene en cuenta el proceso diacrónico que experimenta la
Tragedia, de forma que tal vez no debería hablarse del Coro en general, sino que hay que tener
siempre presentes las diversas etapas de la evolución de la Tragedia.
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El Edipo Rey ofrece un ejemplo perfecto de cómo el papel del Coro se adapta maravillosamente a
la progresión de la pieza. Está perfectamente diseñada su progresión emocional para con Edipo,
con el que en un primer momento se siente estrechamente unido como rey y salvador de la
ciudad, para luego a lo largo de la obra ir dando entrada a las dudas y temores.
1) En la Párodos lo vemos llegar a escena entristecido por el infortunio que agobia a la ciudad,
pero al tiempo seguro en su postura ante los dioses, a los que reverencia y pide ayuda.
2) Pero en el primer estásimo se le plantea la duda, fruto del enfrentamiento anterior entre
Edipo y Tiresias. El Coro sigue confiando en su rey, y también en el poder de los dioses, pero
le surge su primera turbación: ¿cómo entender las palabras de Tiresias, que es un reconocido
augur, pero al tiempo se ha atrevido a lanzar acusaciones contra Edipo, su rey? Y en tal
tesitura el Coro opta por poner en duda el testimonio del adivino, lo que implícitamente
supone un primer paso para llegar sentir desconfianza de los dioses. Así pues, el Coro sigue al
lado de Edipo, pero en cierta medida ya se ha quebrado la seguridad que dejaba ver en la
Párodos.
3) La escena con Creonte es para el Coro una cuestión de enfrentamiento entre personas, y no
supone un problema grave; pero a su vez es el primer momento en que censura a su rey por
la desmesura que ha manifestado ante la actitud razonable de Creonte, y acude a Yocasta
para que haga de intermediaria y apaciguadora. De todas formas, sigue fiel a Edipo.
4) Tal vez uno de los momentos más impresionantes de la pieza sea el estásimo tras la escena
con Yocasta. Sófocles con gran maestría ha presentado a la reina pasando del repudio a los
adivinos al rechazo al propio poder oracular del mismísimo Apolo. Y ahora el Coro realiza una
progresión bastante paralela: comienza en este estásimo elogiando las leyes eternas del
mundo, pero al final termina poniendo en duda el poder Apolo y su mundo oracular, lo que
supone un nuevo apoyo a Edipo, pero al tiempo una actitud crítica para con el mundo
religioso de Apolo: su firme confianza en el héroe le lleva a poner en duda su fe en el dios. Es
el núcleo del conflicto de la tragedia: es incuestionable que Edipo es el gran defensor de
Tebas y que toda su actuación ha sido honesta, ¿cómo, entonces, pueden ser ciertos los
oráculos?
5) Ante este dilema Edipo decide seguir adelante hasta que consiga poner todo en claro, como
es característico del héroe trágico sofocleo. Yocasta en un momento se percata de la verdad y
se retira. El Coro decide acompañar a aquel en su empeño.
6) Al final se descubre toda la verdad y el Coro estalla en un profundo lamento por su rey, pero
al tiempo experimenta una sensación de alivio: se han cumplido los oráculos, todo adquiere
sentido, la vieja situación se mantiene en pie.
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El Coro en esta tragedia es un perfecto compañero no solo de Edipo sino de la acción dramática.
El poeta lo utiliza como instrumento perfecto para describir el planteamiento del conflicto, su
tenso nudo dramático y su apoteósico desenlace.
Es claro que el sentido último de la obra sofoclea es destacar el fatalismo al que está uncida la
vida de los hombres: Edipo es un hombre honesto, y un excelente gobernante, que ha librado a
Tebas de la amenaza terrible de la Esfinge; en los mismos términos, ahora se dispone con toda su
buena voluntad a solucionar el nuevo problema: la peste que asola la ciudad, derivada de una
mancha que no ha sido limpiada, según el informe del oráculo de Layo. Sin embargo, esa
honestidad va a quedar sin recompensa: por encima está fuerza inesquivable del destino
prefijado para los hombres.
Este fatalismo, esta predestinación de la vida humana, es una constante en todas las religiones
de todos los tiempos: en qué medida el hombre es libre de elegir su destino.
- Pensemos en Lutero en el contexto cristiano: en los postulados básicos de la doctrina luterana
se da el mismo determinismo apriorístico en ese campo complejo que es el de la salvación
del hombre dentro de las creencias cristianas: es bien sabido que Lutero defendía el criterio
de que la salvación o condena del hombre estaba previamente determinada.
- Realmente este punto del determinismo, de si realmente el destino del hombre está
prefijado, es un interrogante que se plantea en los contextos de casi todas las religiones.
- Otro ejemplo de la presencia de ese poder del destino está en el pensamiento popular,
cuando decimos tal acontecimiento estaba predeterminado. Por ello, uno de los mayores
atractivos de esta tragedia es que plantea interrogantes universales sobre los que el hombre
una y otra vez ha vuelto en la historia de Occidente.
Esta es la idea general que quiere destacar Sófocles. Pero hay más aún. Sófocles es un intelectual
políticamente conservador, que quiere acentuar ese lado tradicional de la existencia humana en
un momento en que en Atenas está surgiendo una corriente intensa de agnosticismo, protegida
por la línea política demócrata de Pericles y su grupo. Y para ello nos da esta versión suya del mito
de Edipo, cuando unos decenios antes Esquilo había escrito otro Edipo con un planteamiento
distinto, y donde el oráculo délfico, que en Sófocles es ciego (sin explicación), en Esquilo estaba
justificado.
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Layo es hijo de Lábdaco y padre de Edipo (dentro de la cadena de personajes míticos tebanos que
va de Cadmo a los hijos de Edipo), y da comienzo al derrumbamiento de la estirpe de los
Labdácidas. Lábdaco muere cuando Layo es aún joven, y esta circunstancia da lugar a la llegada de
Lico al trono de Tebas, luego depuesto por Zeto y Anfión. En ese tiempo Layo huye a Élide, al lado
de Pélope, pero más tarde retornará a Tebas, recuperará al trono, se casará con Yocasta según la
tradición más extendida, y de esta unión nacerá Edipo.
La historia mítica de Layo no es muy amplia. El primer episodio tiene lugar en el entorno de
Pélope, lo que sugiere colocarlo en la primera etapa de su vida con ocasión de la mencionada
estancia en Élide. Allí conoce a Crisipo, uno de los hijos de Pélope, y se enamora de su belleza,
dando así comienzo al amor homosexual entre los humanos. Contra la voluntad del muchacho
Layo lo rapta con la intención de llevárselo a Tebas, pero aquél, llevado de la vergüenza, termina
suicidándose con una espada, y Pélope lanza contra Layo una terrible maldición, en la que pide
para el trasgresor el castigo de no tener ningún hijo y, si lo tuviera, de morir a manos de él.
- Aquí tenemos una causa objetiva y real del destino funesto de Edipo, puesto que la
maldición contra Layo se propaga a toda la familia. Este era muy probablemente el
tratamiento del mito en la versión de Esquilo, de la que solo conservamos algunos
fragmentos.
- En esa otra, además, sabemos también que el encuentro entre el padre y el hijo no tuvo lugar
en el camino que va de Tebas a Delfos (Layo volvía de Delfos y Edipo se dirigía allí): en Esquilo
el motivo originario del conflicto fue esa maldición lanzada contra Layo, y que heredaría su
hijo Edipo: algo, pues, concreto, y que da sentido al terrible castigo.
- Pero Sófocles prescinde del tema de la maldición y de la falta previa que la motivó. Sófocles
convierte el oráculo contra Edipo en un oráculo ciego, sin explicación, de forma que la
cuestión de la pequeñez del hombre ante la divinidad se hace mucho mayor: el dios dicta un
oráculo sin fundamento y, por supuesto, se cumple.
o Y para dar más apoyo a este planteamiento convierte Delfos en el centro del conflicto:
el padre y el hijo se encuentran en ese camino, el uno viniendo y el otro yendo.
o Sófocles cambiará radicalmente su versión. Ahora ya no se tratará de la historia de una
estirpe, sino de un problema teórico y concreto: ¿se cumplen los oráculos de Apolo?;
¿son de fiar los designios de los dioses en general?; en definitiva, ¿deberemos seguir
creyendo en los dioses?
Y para plantear este interrogante acude a recurso sencillo: desconecta la historia de Edipo de su
etapa precedente y encara al héroe frente a la divinidad.
- Sófocles, como buen conservador, tiene las cosas muy claras, aunque su pericia dramática
lleva al espectador en un momento dado a un estado de gran angustia. Y todo ello en unos
años en que se ha levantado en Atenas una ola creciente de agnosticismo, con Anaxágoras a
la cabeza.
Llegados a este punto, uno se plantea el tema de si el público conocía los mitos que se
escenificaban en el teatro de Dioniso en Atenas. Sí que los conocían, pero el material mítico en la
cultura griega (a diferencia de otras culturas arcaicas) estaba permanentemente sometido a
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cambios en función de la intención del poeta, puesto que no formaban parte rígida del ámbito
religioso, sino que eran materia narrativa en manos de los intelectuales, que lo utilizaban y
retocaban en función de su intención última, El Edipo de Sófocles es un ejemplo perfecto de una
utilización conservadora.
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