SUPUESTOS HECHOS
La señora MARÍA ELVIA PUENTES FUENTES contrajo matrimonio por rito católico con el señor LUÍS
GONZALO GÓMEZ SUÁREZ el día 10 de mayo de 1975, siendo registrado el mismo en la
Registraduría Nacional del Estado Civil de Duitama, unión en la que fueron procreados ROGER
ANDRÉS GOMEZ PUENTES Y EDITH MABEL GOMEZ PUENTES, quienes en la actualidad son mayores
de edad.
- Producto de dicho matrimonio se conformó entre LUÍS GONZALO GÓMEZ SUÁREZ y MARÍA
ELVIA PUENTES FUENTES una sociedad conyugal, la que procederán a liquidar con posterioridad a
este trámite procesal.
- Los señores LUÍS GONZALO GÓMEZ SUÁREZ y MARÍA ELVIA PUENTES FUENTES se encuentran
separados de cuerpos desde hace más de 18 años, configurándose así la causal 8ª del artículo 6 de
la Ley 25 de 1992
DE LA CONFIGURACIÓN DE LA CAUSA 8ª DEL ARTÍCULO 154 DEL CÓDIGO CIVIL: Lo primero a tener
en cuenta es que conforme al artículo 42 de la Constitución Política, el Legislador debe regular
todo aquello que circunde la institución del matrimonio, y que como quienes contraen matrimonio
lo hacen de modo voluntario, tienen el deber de someterse a lo que se haya establecido en la Ley
y asumir las obligaciones que derivan de esta clase de contrato. Como esta clase de procesos
aluden al vínculo matrimonial, conviene recordar que al celebrar el matrimonio adquieren los
contrayentes obligaciones recíprocas que aluden al deber de cohabitar bajo el mismo techo,
socorrerse entre ellos lo necesario para la congrua subsistencia y la de los hijos que llegaren a
procrear; brindarse recíproco apoyo intelectual, moral y afectivo, en todas las circunstancias de la
vida, lo mismo que a sus descendientes, y a la fidelidad, entendida como la prohibición de
sostener relaciones íntimas por fuera del matrimonio. Cabe advertir que esta causal 8ª del artículo
154 del C.C., modificado por el artículo 6º de la Ley 25 de 1992, es de carácter objetivo, más
concretamente Ref: 15238-31-84-002-2013-00407-01 10 emerge en un motivo para declarar el
divorcio, por supuesto que, en tratándose de la misma, no resulta de interés ocuparse de los
hechos o conductas que desencadenaron la ruptura de la comunidad de vida de la pareja, pues
basta tener en cuenta el transcurso del tiempo establecido por la Ley. Respecto de esta causal, la
Corte Constitucional en sentencia C-1495/00, hizo referencia a que el Estado no puede intervenir
para imponer la convivencia entre los cónyuges porque lo que busca el matrimonio es la
realización de dos personas y no el cumplimiento de un deber legal, de suerte que aquel no puede
obligar a una pareja a permanecer en convivencia si los cónyuges que la conforman así no lo
quieren. En estos términos se refirió la Corte: “Por el contrario, las causales objetivas pueden
invocarse conjunta o separadamente por los cónyuges sin que el juez esté autorizado para valorar
las conductas, porque éstos no solicitan una sanción sino decretar el divorcio para remediar su
situación. En este caso la ley respeta el deseo de uno de los cónyuges, o de ambos, de evitar el
desgaste emocional y las repercusiones respecto de los hijos, que implican, tanto para el
demandante como para el demandado, la declaración de la culpabilidad del otro y el
reconocimiento de la inocencia propia. “En consecuencia, la expresión en estudio en cuanto
permite a uno de los cónyuges invocar la interrupción de la vida conyugal, por más de dos años,
para obtener una sentencia de divorcio, no contraría sino que desarrolla debidamente la
Constitución Política, porque los cónyuges que no logran convivir demuestran por este solo hecho
el resquebrajamiento del vínculo matrimonial y, si además eligen una causal objetiva para acceder
al divorcio, están negando al Estado, estando en el derecho de hacerlo, una intervención
innecesaria en su intimidad. De tal manera que al parecer de la Corte le asiste razón a la Vista
Fiscal y al representante del Ministerio de Justicia cuando reclaman la constitucionalidad de la
expresión controvertida, porque el artículo 15 de la Constitución Política consagra como derecho
fundamental el impedir la intervención de terceros en los asuntos propios y el artículo 42 del
mismo ordenamiento reclama del Estado su intervención para mantener y restablecer la unidad y
armonía de la familia. Y, no se logra estabilidad manteniendo obligatoriamente unidos a quienes
no lo desean. (…) “Como la convivencia de la pareja que se une en vínculo matrimonial, no puede
ser coaccionada -como se dijo- resulta constitucional que probada la interrupción de la vida en
común se declare el divorcio, así el demandado se oponga, porque su condición de cónyuge
inocente no le otorga el derecho a disponer de la vida del otro -artículo 5° C.P.-. De tal manera que
cuando uno de los cónyuges demuestra la interrupción de la vida en común procede la declaración
de divorcio porque un vínculo que objetivamente ha Ref: 15238-31-84-002-2013-00407-01 11
demostrado su inviabilidad, no puede, invocando el artículo 42 de la Constitución Nacional,
mantenerse vigente debido a que es precisamente esta disposición la que promueve el respeto, la
unidad y armonía de la familia y estas condiciones solo se presentan cuando a la pareja la une el
vínculo estable de afecto mutuo.- (…) La tenencia de los hijos, en cambio, no se encuentra
vinculada a la culpabilidad o inocencia en la interrupción de la vida en común, porque los derechos
y deberes de las partes respecto de los hijos comunes subsisten aún decretado el divorcio y el Juez
deberá otorgar la custodia atendiendo, únicamente, los intereses de los hijos, de conformidad con
lo previsto en los artículos 44 y 45 de la Constitución Política.”1 De lo anterior se concluye que la
causal 8º prevista en el artículo 154 del C.C., le permite a los cónyuges invocar la interrupción de la
vida en común por más de dos años para obtener una decisión judicial, pues los esposos que no
logran convivir demuestran el “resquebrajamiento del vínculo matrimonial”, y en aras de evitar el
desgaste emocional y las consecuencias que ese hecho puede tener respecto de los hijos, eligen
una causal objetiva para acceder al divorcio. El artículo 174 del C. de P. C., exige que toda decisión
judicial “debe fundarse en las pruebas regular y oportunamente allegadas al proceso”, las que
serán apreciadas de acuerdo a las reglas de la sana crítica. A su vez, el artículo 177 ibídem, señala
que quien pretenda hacer valer un derecho, debe probar los hechos en que se fundamenta el
mismo, con sustento en el aforismo latino “Da mihi factum, dabo tibi ius”, el cual implora la
necesidad de aportar los medios de convicción necesarios a efectos de dispensar el derecho
reclamado.
Establecido que los sujetos de esta pretensión son casados entre sí, de acuerdo con el registro civil
que milita a folio 5 del expediente, el cual dicho sea de paso, no fue refutado ni tachado en punto
de su validez, sigue memorar el artículo 113 del C.C., que define el matrimonio como un contrato
solemne por el cual un hombre y una mujer se unen con el fin de vivir juntos (artículo 178 CC), de
procrear y de auxiliarse mutuamente (artículos 176 y 179 ibd). Sin duda, la inobservancia por parte
de alguno de los cónyuges a estas obligaciones, abre paso a que se pueda demandar la disolución
del matrimonio, cuando la convivencia se torna imposible o no sea viable restablecer la unidad de
vida2 para cuyo efecto el otro puede tomar fundamento en las causales del artículo 154 del C.C.
De esta manera y con el fin de dar apertura al presente análisis, es del caso hacer precisión en que
la pretensión del apelante se enfila en cuestionar la decisión de primera instancia, pues, en su
sentir, se realizó una valoración parcial de los medios de prueba y, por contera, se omitió asignar
el valor correspondiente a las atestaciones de los hijos de las partes, con los cuales era plausible
desestimar la existencia de la causal de divorcio alegada. La causal invocada como báculo para
pretender el divorcio apuntala en “La separación de cuerpos, judicial o de hecho, que haya
perdurado por más de dos (2) años.”, situación que impone una carga probatoria en cabeza del
extremo activo de la litis, en el sentido de demostrar la efectiva carencia de cohabitación de la
pareja por un periodo igual o superior a dos años previos a la promoción de la respectiva acción
judicial.